INUYASHA NI NINGUNO DE SUS PERSONAJES ME PERTENECE. SOLO LOS TOMO SIN ÁNIMOS DE LUCRO.
Cuando la vida de Sesshomaru Taisho termina de ser destruida por una horrible calumnia, jamás imaginó que la idea de su hermano lo llevaría a vivir con Lin Susuhara. Ahora el destino lo obligaba a sacarla de un abismo y construir sobre una vida llena de heridas. ¿Podría encontrar los trozos del corazón de su pequeña pesadilla sin empeñar el suyo propio en el intento?
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CLAUDIA GAZZIERO
CAPÍTULO VII
ROTA
—Solo una hora. ¿Escuchaste? Nada más —sentenció una voz desconocida.
—Está bien, mujer. Toma tu dinero. —Aquella voz era dura, y parecía molesta. Era una voz masculina.
La mujer rió.
—Esto me agrada para empezar. Si te demoras más de lo pactado tendrás que pagar el doble.
—Está bien. Vete ya —dijo el hombre, ansioso.
—Adiós cariño. —Cerró la puerta tras de sí.
El lugar estaba completamente a oscuras. No podía ver nada.
—Ven aquí, preciosa. —Pero nadie respondió al sujeto. Al parecer este se movió—. Ven, cariño, vamos a pasarla bien los dos. Te gustará —insistió el hombre.
Unos gemidos se escucharon. Alguien estaba llorando. Eran tenues, sutiles, delicados, desvalidos. Parecían de una mujer, una mujer muy pequeña, una niña. Y el hombre insistía.
—¿Dónde fue mamá? —preguntó de repente temerosa de la respuesta.
—Mami fue a ver a un amigo, pero dijo que te portaras bien conmigo. Se enfadará si no lo haces —continuó el dueño de esa siniestra voz, exasperado—. Ahora, ven para acá. —El hombre comenzó a quitarse las ropas, ya que el ruido así lo indicaba.
—¡No! —se negó la niña—. Quiero ver a mamá.
El hombre se enfureció. Se escucharon pasos y un golpe seco.
—¡No, suélteme! Por favor… ¡Mamá! —chilló y lloriqueó la pequeña por largo rato. Mientras, podían sentirse golpes, movimientos, cosas rompiéndose. El maldito rió.
Y la niña lloró… a medida que el hombre gemía y decía cosas incomprensibles. La pequeña intentó escapar, pero fue reducida. Y sus gritos resonaban en el lugar llamando a una madre que nunca iba a llegar. Y entonces, pudo ver la escena con claridad. El hombre sobre la chica. La niña ultrajada. Sus ojos tristes y desesperados, angustiosos, aterrados. Sus ojos pardos…
Sesshomaru se sentó en la cama de golpe, otra vez el mismo sueño. La misma voz. ¡La misma pequeña! ¿Por qué todo le tenía que pasar a él? ¿No tenía bastante con tener que sobrellevar la culpa y los remordimientos? Ahora, también, tenía que acarrear con la situación de una muchacha que ni siquiera conocía. ¿Quién podría ser…?
Miró alrededor, estaba amaneciendo. La ventana estaba abierta y entraba el aire frío de la mañana. Sintió su piel helada y subió la sábana. Se quedó pensativo. ¿Por qué estaba desnudo? Se le erizó todo el cuerpo, y un mal presentimiento le subió hasta la boca. Se quedó congelado cuando al mirar a su costado, vio a una mujer en la misma condición que él, durmiendo plácidamente.
Gritó al instante. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Quién demonios era ella, y qué hacía en su cama?
Kagura, quién despertó con el escándalo que armó Sesshomaru, le sonrió. —Mi amor… —suspiró sensualmente y se sentó, al igual que el, sin cubrir su cuerpo desnudo—. ¿Qué sucede?
Él estaba impávido.
—¿Kaguya? —preguntó sin entender nada, con el corazón saltando del pecho, y ansioso.
La mujer se burló.
—Han pasado más de ocho años y aún me confundes con ella —se lamentó—. Eres un caso perdido.
Pero Sessh no lo tomó con la misma gracia, ya que había comprendido. ¡Era Kagura Touma! La hermana gemela de Kaguya. Se puso una mano en la cabeza, que, para empeorarla, se le estaba quebrando. Bajó la mirada y le hizo notar a esa mujer del pasado que estaba completamente sin ropa. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando ella sonrió con satisfacción, y una certeza invadió su pecho.
¿Qué había pasado?
—¿Qué sucede, cariño? ¿Ya no te gusto? Ayer creí que pensabas diferente —dijo, mientras se incorporaba para besarlo, sobre él.
Pero Sesshomaru no la dejó. ¿Ella estaba insinuando que ella y el…? ¡No podía ser! Se desesperó. ¡Eso no era posible! Dios… ¡Era un idiota!
—¡Maldita callejera, ni te atrevas! —gritó enardecido, mientras la tomaba de los codos y se la sacaba de encima. Sesshomaru se levanto de la cama, se puso los pantalones que estaban al pie de ella y la miró de aquella forma que indicaba que estaba muy furioso.
—Escucha, Sesshomaru… Yo… —Fue interrumpida.
—No tienes nada que explicar. El hecho de que te hayas aprovechado de la situación no te favorece en nada conmigo. Que te hayas metido en mi cama no te hace más importante para mí. ¡Vete! No se de donde saliste, pero no quiero volver a verte… ¿Me entendiste? —mascó con rabia cada palabra.
Kagura se levantó de la cama sin decir nada. Esto recién estaba comenzando, y había estado bien para llevar tan poco. Desnuda, buscó sus ropas, tratando de provocar alguna otra reacción con el, que la observaba sin decir nada.
—No puedes negar que lo de anoche te gustó —dijo, ofreciéndose.
—No eres mi tipo de puta —sentenció, pegó un portazo. Kagura Touma se sintió ofendida.
Sessh fue casi corriendo a la cocina. ¡Era un estúpido! Había caído en las redes de Kagura como un idiota, y había traicionado a Kaguya. ¡Se había acostado con su hermana! Era un miserable… ¡Un miserable! Se restregó el cabello y dio vueltas por el lugar. Se limpió los ojos, que estaban cada vez más mojados. Ni siquiera podía recordar qué había pasado. Solo sabía que había bebido mucho, ya que el dolor de cabeza era insoportable. Y toda la casa olía a alcohol. Sacó una botella del refrigerador y se sirvió en un pequeño vaso. Advertía rabia. Mucha rabia. Ira, decepción, culpa, languidez, frustración, desengaño. Se sentía arruinado, había caído bajo, muy bajo. Estaba arruinado pero por sobretodo, percibió su estupidez, veía su fracaso. Además, no podía dejar de distinguir aquella insatisfacción que se estaba acostumbrando a acompañarlo.
Estaba insatisfecho con todo. ¿En qué momento su vida se había trasformado de un problema a un caos? Todo estaba patas para arriba. Miró a su alrededor. Estaba todo vacío. Y reparó en la soledad de su espíritu. Miró para la habitación donde estaba aquella mujer que le causaba repugnancia. Y sintió que no tenía nada. Estaba solo y vacío. ¿Qué era lo que le faltaba? Anheló, deseó, con toda su fuerza algo que le diera la respuesta. Pero no era capaz de deducirlo. Sorbo tras sorbo se acabó el vaso y se sirvió otro.
—¿Estás tomando otra vez? —lo sorprendió Kagura, lista para irse.
Él no contestó. Ya no tenía las agallas. ¿Para qué si ya había cometido el error? Ya nadie lo repararía. Era un traidor, un infiel, felón y pagano, incapaz de dar y entregar algo. Su vida estaba podrida. Y no había solución.
La menor de las gemelas, que no obtuvo respuesta más que una mirada vana, se largó moviendo las caderas, movimiento que su víctima no advirtió, ya que estaba ocupado llenando nuevamente un vaso que se transformaría en su perdición, y en la oportunidad de ella.
Y bebió, por que quería saber nada de nada ni de nadie. Solo ansiaba desaparecer. Quería… Anhelaba ansiosamente, deseaba, necesitaba algo. ¡Pero no tenía ni la más remota idea qué podía ser! Solo reparaba en que lo quería pronto. Y que solo eso podía satisfacerlo, y llenar algo, que en ese momento, sentía sumamente vaco… y gélido, como el vaso que acababa de terminar.
—Por el horizonte va… —entonó mirando a la nada. Con voz desgana, abolido, y sin ritmo. Y su celular lo acompañó. ¿Dónde estaba? Salió de la cocina y fue a buscarlo. El aparato seguía sonando.
Recordó que lo había guardado en su saco. Cuando lo tomó, una voz desconocida le habló.
—¿Diga? —pronunció lento y molesto.
—Buenos días… ¿Habla el señor… Taisho?
—Sí… —respondió con molestia.
—Oh, me alegra. Lo llamo desde el Hospital Central —dijo con voz neutra el hombre, que parecía ser un vegete.
—¿El Hospital Central?
¿Qué rayos tenía que ver el con aquel hospital? Ni siquiera recordaba la última vez que lo había pisado.
—Si, bueno… tenemos aquí a la paciente Lin Taisho. Sus antecedentes dicen que usted es su tutor, así que…
—¿Dice que ella está allá? ¡¿Por qué? —preguntó preocupado. ¿Le había pasado algo malo?
—Ella llegó anoche. Su novio llamó una ambulancia, ya que tuvo una crisis que la hizo caer en la inconciencia.
¿Su novio? ¿Crisis? Claro, andaba con ese idiota. Esa ramera, siempre le iba a dar problemas, haberse echo de ella era una carga. Uno de los peores errores de su vida. Ahora el tenía que hacerse responsable de lo que le hubía pasado por andar revolcándose con ese cretino.
¡Hasta cuando!
Pero… ¿Y si le había pasado algo malo, en realidad? Sintió un golpe en el pecho. ¡El debería haberla alejado de ese idiota… no haberla dejado pervertirse! ¡Era un tarado! Y lo sintió más que en todo aquél día. Asustado, trataba de pensar con claridad. ¿Qué era esa sensación de incertidumbre que tenía su pecho completamente apretado?
—¿Señor…? —lo llamó el viejo.
Sesshomaru reaccionó y trató de limpiar su cabeza. —¿Dijo usted una crisis? —preguntó.
—Si, pero es algo que debemos hablar en mi oficina. Es bastante urgente y preocupante. ¿Podría venir de inmediato? Su pupila está estable en este momento, pero no por eso debemos olvidar lo que ocurrió —puntualizó.
—Está bien…Voy para allá —colgó. ¿Había dicho preocupante? ¡Dios! Se sintió alterado. Eso no podía estar pasando. La vida estaba siendo muy dura con el.
¿Se lo merecía?
Tal vez. Y entonces, tuvo que admitir, que eso era un tal vez demasiado cercano a un SI. Se merecía eso y más. Por que era un idiota. ¡Y jamás dejaría de serlo! Él era el culpable de todo… Corrió a vestirse.
En la habitación, recordando lo sucedido, dedujo que necesitaba una ducha y lavarse bien los dientes, si Dios se apiadaba, tal vez, le alivianara el fuerte dolor de cabeza, le dijera donde estaban las malditas llaves, dónde quedaba el Hospital y cuál era la manija del agua caliente. No podía pensar absolutamente nada con claridad.
¿Qué había pasado? El agua fría cayó por su cuerpo despertándolo del todo. El pequeño mareó desapareció. Recordó a Lin. Hacía un tiempo que no la veía… ¿Qué iba a hacer cuando la viera? Recordó también la última discusión. Cómo iba vestida. Sin duda era una ramera… pero no le importó. El agua se volvió caliente. Era linda, debía admitirlo. Pero era imposible. ¡Imposible! Tenía todos los defectos que nunca había visto en una joven. Y usaba las faldas más cortas de lo normal. Rememoró la imagen de ella vestida de aquella manera que lo enfureció, pero decidió borrarla de su mente antes de volver a enardecerse. Él se aseguraría de que ella no volviese a vestir así. ¡Ni menos para ese zoquete!
El resto del tiempo fue efímero. Se vistió, tomó un café casi frío, ya que no esperó a la cafetera. Se subió en el auto. Adelantó a muchos otros. Recibió muchos insultos y entró al Hospital. La secretaria lo mando para el piso cuatro, y ahí llegó. Sudando frío, y nervioso. Se sentía como un esposo en riego de viudez.
Un viejo calvo se acercó a el en las afueras del ascensor del piso cuarto.
—¿Señor Taisho?
—El mismo —respondió acelerado.
—Sígame, por favor. —Sesshomaru obedeció. Era irreconocible. ¿De qué manera estaba actuando? Ese no era él, parecía otra persona. Y estaba en un Hospital… ¡Cuánto odiaba los Hospitales! Sintió la espalda helada. No le gustaba para nada la situación.
—Verá… —habló el doctor, sentándose tras un escritorio. Sesshomaru lo interrumpió.
—¿Está bien…?
—Con calma… ella está bien ahora. Le hemos dado unos sedantes y está durmiendo, al fin.
—¿Pero qué ocurrió? —insistió.
—Es eso de lo que quiero hablarle —prosiguió—. Ayer llegó en la ambulancia. Su novio, al parecer, llamó para que fuéramos a buscarla.
¡Ese idiota! ¡¿Qué le había echo? No dijo nada. Se tragó sus palabras. No sería impulsivo.
—La razón, creíamos que era simple —confesó—. No paraba de llorar y por eso se había desmayado. Cuando despertó estaba muy nerviosa. El diagnóstico era sencillo, una crisis de pánico. —Sesshomaru se sorprendió. La muchacha que él conocía no parecía ser una persona de muchos sentimientos. El doctor continuó—: Al notar ciertas señales extrañas, decidimos doparla para hacerle un chequeo completo…
—¿Y cuál es el problema, entonces? —lo apuró. Sesshomaru se acomodó en la silla, a medida que el doctor se ponía serio y lo miraba con preocupación.
—Sin ignorar los problemas de desnutrición, y la debilidad de sus huesos. Creemos que encontramos la causa de su problema. Aunque no estaremos seguros del todo hasta que despierte.
Sesshomaru trató de parecer sereno. Una crisis nerviosa era algo que no se había imaginado.
—Ella tiene evidentes muestras de abuso sexual. Algunas cicatrices son recientes, pero otras… sucedieron hae muchos años, quizás en la infancia.
Esto lo tomó desprevenido. Abrió los ojos desmesuradamente pasmado. Estupefacto, patidifuso…
—¿Abuso? —preguntó, tratando de no pensar lo que estaba pensando. No podía ser posible.
—Abuso infantil, repito, es algo grave. Esto pudo provocar un trauma, y por eso la febrilidad… Seguramente, ella intentó tener o tuvo relaciones, y al hacerlo rememoró lo ocurrido en el pasado y reaccionó de aquella forma. Se puso muy angustiada, comenzó a llorar incesante, y se desmayó. Su novio, asustado por la reacción, llamó a la ambulancia.
Pero Sesshomaru Taisho siguió sin contestarle. Tampoco se contestó el mismo. ¿Era una broma de mal gusto? Rogó por que fuese mentira. Pero la pesadumbre en la mirada del doctor le indicó que aquella era la cruda realidad.
Y él… que la había llamado ramera… El balde de agua fría que cayó sobre su cabeza lo dejó impávido.
¿Qué debía hacer?
—InuYasha… Vine en cuánto me llamaste —lo alcanzó Kagome—. ¿Qué sucedió? —preguntó, olvidándose del enfado anterior.
—No lo sé. Tu amiga está internada… pero Sesshomaru no quiere decirme la razón. Tal vez, si tú entraras a verla, ella te lo cuente. Después de todo no está tan mal.
—¿Lin? Cielos… No lo sé, dejé de verla hace tiempo. Solo fue un mes a la preparatoria —explicó—. No somos tan cercanas… o por lo menos, no alcanzamos a serlo.
InuYasha bufó molesto.
Su hermano siempre le ocultaba todo.
El señor Sesshomaru Taisho entró a la habitación helada con paso lento. No sabía qué era lo que le pasaba. ¿Por qué, de repente, se sentía tan mal? Decaído, derrotado, inconsolable. Al centro del lugar había una cama blanca. Y dentro, estaba ella. Caminó hasta la orilla para verla mejor.
Estaba durmiendo. Tenía la cara pálida. El pelo revuelto, los ojos hinchados. Sessh quiso que la tierra se lo tragara. No sabía qué hacer, no tenía idea cómo iba a reaccionar cuándo ella abriese los ojos. Parecía tan frágil, abatida en exceso. Se veía sumamente pequeña en aquella cama de Hospital. Y ¡Dios! ¡Era terrible lo que había tenido que vivir! No podía creerlo, aún no lo asimilaba en su totalidad. Parecía irreal. Eso no podía estar pasándole. ¿Era la misma muchacha que se vestía de aquella forma, la que vivía con su novio en un departamento? ¿La que, seguramente, se había acostado con Ishida…? La pequeña delincuente que quería su dinero, que lo hacía revolcarse de la rabia… ¿todo eso era ella? Lucía tan… infantil, tan inocente. Tan buena… y tan delicada, a pesar de el rostro magullado y maltratado por la vida.
Sesshomaru puso su mano en la frente de ella. Tenía fiebre. Corrió su flequillo. Si, realmente era primorosa. No era del tipo de mujer que trataba cotidianamente. No era una superficial, aunque solo ella sabía lo que pasaba por su cabeza. Él jamás la entendería. Supo… muy a su pesar, que ella había pasado por todo eso sola. Nunca lo necesitó, y nunca lo necesitaría. Sintió que sobraba. ¡Él era un extraño para ella! Jamás habían sostenido una conversación pacífica. Nunca habían hablado algo trascendente. Nunca habían sido nada… Nunca se habían conocido.
Eran dos extraños.
Escudriñó su rostro. Era una niña… Una niña especial y, tal vez, desvalida… ¿La conocía? No lo sabía, pero por un momento le había parecido. Se sentó, era igual a…
—La niña del sueño —se lamentó.
Oh, por Dios…
Realmente, era una desgracia. ¡El lo sabía, y jamás se había dado cuenta! ¡Lo había soñado casi todas las noches desde hacía meses! ¡No había atado los cabos! Se cubrió la cara desesperado. Ella no habría estado ahí si el la hubiera protegido. ¡Era un miserable! Se mortificó.
—Dios, soy un tonto… Tonto… —se enjuició, no soportaba la presión. Se puso a llorar desconsoladamente—. Nunca protejo a los que están cerca de mí. Todo lo que quiero… se vuelve una maldición. Yo lo vuelvo maldito. Soy un estúpido… —murmuró, quedamente, con voz apenas audible, con la respiración entrecortada y el rostro húmedo. Solo sabía infringir dolor. Recordó las veces en que la llamó ramera, prostituta y se sintió desfallecer. La acarició en la frente con el corazón en la boca.
Estaba llorando nuevamente, pero esta vez… era de culpa.
Lin despertó con la cabeza en el piso. Le pesaba y le dolía. Trató de levantarse de la cama, pero le fue imposible. Sentía sus extremidades sumamente torpes y pesadas. Estaba adormilada. Se volvió a tirar sobre la almohada. Ya no había caso. Estaba perdida. Había fallado, y bajo sus principios había sido vencida, porque había sido endeble. ¡Por que era una tonta! Le había faltado a Kohaku, no había sido capaz de cumplir su promesa. No había podido vencer los fantasmas del pasado. ¿Hasta cuando ellos le ganarían?
Al parecer, para siempre.
No tenía dignidad, no tenía cara para mirarlo. Había echo al ridículo, si bien recordaba. Había llorado como una loca. ¿De dónde habían salido tantas lágrimas? Su pecho estaba hinchado de angustia. ¡No quería que eso estuviese pasando! ¡Quería liberarse! ¡Quería…!
Volteó la cabeza, en la mesilla de cama del hospital había un retrato. Sus pensamientos se detuvieron. Una dulce niña de mirada triste era abrazada por un hombre serio pero feliz. Era ella, y él era… Sesshomaru Taisho. ¿Qué hacía ahí? ¿Era posible que él…?
No, se negaba a creerlo, él no podía haber ido a verla y dejado eso ahí. Moriría de vergüenza si se enteraba de todo. No una vergüenza común, ella moriría de humillación. ¡Él no la vería en ese estado! La había llamado ramera. Y cuando cerraba los ojos, aún podía escuchar su insulto en la oscuridad. No sería humillada de esa forma nunca más.
Debía recuperar su perdida honra, la que había extraviado hacía tanto tiempo… Debía reponer su orgullo, debía obtener su respetabilidad. Sin saber por qué, cuando volvió a mirar la foto, comenzó a lagrimear silenciosamente. La realidad de esa foto era tan falsa como el montaje que había echo Kagome. Y entonces, notó lo sola que había estado siempre, y lo sola que estaba en ese momento. Nunca antes se había sentido tan vacía.
Y no le gustó para nada aquella soledad.
Kohaku entró a la pequeña sala de espera, pero se arrepintió de haberlo echo al momento justo en que Sesshomaru notó su presencia y se levantó de su asiento como alma que lleva el diablo.
Un certero puñetazo dio en la mandíbula del chico, y este retrocedió tres pasos de distancia.
—¡Bastardo! ¡Tú lo sabías, y aún así… ¡aún así! —gritó Taisho enardecido, ante la atónita mirada de su hermano y Kagome, que bebían un café, y comían galletas. ¿Qué estaba pasando? Sesshomaru jamás perdía el control de manera que golpeaba a otra persona. De hecho, esa era la primera vez. ¿Y si lo mataba? InuYasha se asustó y decidió levantarse e intervenir, pero su chica lo detuvo.
—Tal vez revele qué ocurrió con Lin, no ha dicho nada desde que salió de la habitación.
El joven lo pensó mejor. Era cierto, así que decidió esperar.
Sesshomaru tomó a Ishida de la camisa y le habló bajo, escupiendo cada palabra con un odio tal que lo dejó frío en su lugar.
—Eres un maldito pervertido; no te importó lo que ella tuvo que pasar. ¡Ni siquiera eso te detuvo! ¿Tan ansioso estabas para no poder esperar a llevarla a tu cama? No quiero que vuelvas a aparecerte por aquí. Si te veo, te matare, ¡oíste! —Lo arrojó al piso.
InuYasha y Kagome no pudieron escuchar nada. Kohaku lo miró asustado. Era verdad, mas no había podido resistirlo, la deseaba, y aún lo hacía. Sabía todo de su pasado, tal vez… Y no había podido evitar lo que ahora estaba ocurriendo. Era su culpa que Lin estuviese en crisis. ¡Y por Dios que no había podido evitarlo!
—No te preocupes por eso —masculló con ironía—, no estoy interesado en ayudar a Lin a superar nada, para que al final otro lo aproveche. Solo dile que vaya a buscar sus cosas cuando salga —comentó, dándose la vuelta.
¡Canalla! ¡Era un canalla! ¡Dios, si no desaparecía de su vista lo iba a matar a golpes! Sesshomaru caminó hasta el, y Kohaku se dispuso a recibirlo con un buen contraataque, pero InuYasha encerró a su hermano de tal forma que no pudo seguir avanzando; mientras Kagome, a empujones corría a Ishida hasta el ascensor.
—No sé lo que hiciste, pero no tienes cara de buena persona. Es mejor que no vuelvas —le habló la chica, antes de que el ascensor se cerrara.
—No lo haré. —Y las puertas se cerraron con el adentro.
—¡Suéltame! —ordenó Sessh. Su hermano menor lo dejó en libertad y se fue a sentar sin preguntar nada. InuYasha tenía mucha fuerza—. Maldito…
—Señor Taisho… —llamó el doctor. Sesshomaru se levantó, y en un segundo, ya se había ido con el anciano.
—¿No crees que está demasiado preocupado? El mismo fue quién la echo del departamento, el que le dijo que no la quería volver a ver y todas esas cosas… —cotorreó Kagome.
—Se debe sentir culpable. Tal vez mi hermano haya encontrado una persona para su vida. Debe estar muriendo de celos —rió InuYasha con complicidad.
—De ser así, me alegro mucho por el. Espero que todo salga bien, aunque sea algo depravado.
—¿Depravado? —preguntó el pintor descolocado.
—Claro, Sesshomaru es un vegete al lado de ella, que es menor de edad. —InuYasha quedó pensativo.
—Es verdad, solo espero que no siga sufriendo. No creo que soporte otra decepción —manifestó el joven antelando un problema—, ya está bastante loco…
—¿Lo ayudaremos? —sugirió Kagome.
—Creo que me basta con solucionar mi vida amorosa —se burlo. La estudiante se puso como tomate al recordar lo sucedido el día anterior. Y se acordó de su enojo.
—Eso me recuerda que…
—Me odias, ya lo se, aunque no se nota —volvió a reírse. ¡Se estaba riendo de ella! Era un tonto, pero un tonto adorable. Y ella estaba enojada, no enamorada.
¡Maldición!
—Voy a entrar a ver a Lin. Tal vez haya despertado con el escándalo —se excusó la chica, con ganas de evitarlo.
—Como quieras… —respondió el mientras se levantaba.
—¿A dónde vas? —preguntó desde su lugar.
—Contigo, claro —Kagome suspiró pidiendo ayuda al cielo.
Inuyasha era un bebe y ella parecía su mami.
—Hemos hablado con la señorita, pero no nos ha dicho nada. Esperamos que una terapia sicológica pueda ayudarla a superar el trauma que le ha causado el incidente —explicó el doctor—. ¿Está dispuesto a que ella asista a una en este mismo Hospital?
—Claro que sí —dijo sin pensarlo—. Pagaré lo que sea.
—Bien. Ahora, lo que debe preocuparle a usted es tomar las acciones legales que correspondan.
Sesshomaru no supo qué hacer. ¿Encontrar a un culpable? ¿No sería mucho peor para Lin? Ella debía olvidar, no rememorar con eso todo lo vivido.
—Sé lo que está pensando. Todos los familiares de víctimas de estos casos tienen la misma duda, pero no es así. Ella no debe olvidar, debe superar… y para eso es necesario remontarse al inicio para que ella encuentre paz, y qué mejor forma que hacer justicia con ella y para ella. Ella debe sobreponerse, revivir sus traumas y entender que la vida continúa a su alrededor, para que pueda ser una persona normal.
—Está bien. —Si eso era lo mejor para ella… eso se haría. Él iba a vengar todo el sufrimiento que le estaban causando, debía pagar sus culpas. Sus errores eran mucho peores que los convencionales—. Buscaré un abogado e iniciaré una investigación.
El doctor sonrió aliviado.
—Eso será de mucha ayuda. Espero que todo resulte bien. —Sesshomaru puso una mano en la barbilla pensativo—. Como es de esperarse, la joven necesitará un apoyo incondicional… y usted es la única persona que veo más cercana. Es necesario que usted sea su soporte, no debe dejarla sola, debe protegerla y ayudarla.
La vida era muy irónica. ¿Él, un apoyo? ¡Ella lo odiaba! Y con justa razón, era un maldito estúpido. Él no podía ser apoyo de nadie, ya había defraudado a Kaguya una vez. No era capaz de ver a otra persona a su cuidado otra vez. Él no estaba hecho para ser ayuda de nadie. Años atrás había dejado a su novia morir y morir, y ahora, dejaría a una muchacha caer a un abismo. Definitivamente era inhábil para esa tarea.
No supo qué responder. Era un cobarde, eso era. Tenía miedo, estaba atemorizado de volver a vivir lo mismo que con Kaguya. Fallar. Fracasar nuevamente. No podría soportarlo.
No una segunda vez.
—¿Puede hacerlo, Señor Taisho? ¿O tiene otro tutor más cercano a la joven? ¿Una dama, tal vez? —insistió el viejo doctor mientras llenaba un formulario.
No, ella no tenía a nadie. Jamás nadie la llamaba. Jamás estuvo con nadie. Él era lo único que ella tenía, ahora que Ishida estaba lejos. Era su culpa otra vez, y debía asumir la responsabilidad. No había una excusa. No sería un medroso. El era capaz… ¿verdad?
¡¿Verdad?
—Claro que sí. Yo seré esa persona. —Era capaz de eso y mucho más. Le demostraría a su espíritu que ahora sí podría. Iba a proteger a su pupila siempre. Por que Lin era, ahora, lo más importante para él.
Era su prioridad.
—Sesshomaru Taisho, entonces —dijo, mientras llenaba el espacio del apoderado con su nombre—. ¿Puede darme un número telefónico donde ubicarlo siempre? —Sesshomaru busco en su saco y sacó una tarjeta.
—Siempre —repitió.
—¿Lin? —llamó su atención.
Era Kagome. Sesshomaru se había encargado de dar la mala noticia a todo el mundo, era un desconsiderado. ¿Amaba verla derrotada? Sonrió melancólicamente.
—Dios… Me preocupe por ti. Pensé que habías tenido un accidente o algo así —infirió la chica.
—No te preocupes… Estoy bien. Solo fue una crisis de llanto por… por claustrofobia. Me quedé encerrada en un baño sin ventanas —mintió.
—Cielos… pero ya estás bien. Espero que vuelvas pronto a estudiar. Te extraño. Habíamos comenzado a llevarnos bien, sin contar lo del último día —rió la chica, sin creer totalmente en lo que le había dicho la muchacha. Aquella mirada de tristeza no era por claustrofobia.
—Es verdad —contestó con desgana.
—Últimamente he estado muy sola y han estado molestándome. Necesitamos estar unidas. Ahora más que nunca —le tomó la mano. Kagome confiaba en ella. No era una persona mala… y la valoraba. Apretó la mano de la chica.
—Gracias… —dijo, mientras se le escapaba una pequeña lágrima. ¡Estaba llorando otra vez! Definitivamente no tenía remedio… Kag la estaba apoyando, y ella solo podía… mentirle.
Su compañera se quedó hablando un buen rato. Conversaron de las cosas que habían pasado en la escuela, de cómo había estado Lin… y la vida en general. Por primera vez en mucho tiempo, Lin… sintió que tenía una amiga de verdad.
Una enfermera le indicó a Kagome que debía salir.
—Debo irme, InuYasha está esperándome afuera. Te ha mandado muchos saludos. Dice que te recuperes para que pongas en su lugar a Sessh —se despidió. Lin la saludó con una mano.
—Adiós… —la despidió fingiendo alegría.
¿Sessh? Era verdad…alguien debía poner en su lugar a ese miserable, pero no sería ella quien lo hiciera, porque sin Kohaku… ella estaba en la calle otra vez.
Suspiró con pesar. Qué maldita vida tenía.
Sesshomaru volvió a su departamento. Entró a la habitación de Lin y la ventiló. La traería de vuelta a casa, donde era su lugar. Esa misma tarde llamó al abogado amigo de InuYasha… Miroku, que era excelente en su trabajo. Ojalá su hermano no hubiese estado alardeando de sus habilidades. Le encomendó que averiguara lo que pudiera sobre Lin Susuhara, antes de ser una Taisho. Luego decidiría qué hacer. Él también investigaría. No podía solo sentarse a mirar.
Aquella noche volvería al Hospital para traer a Lin a casa. A las nueve de la noche la daban de alta. El mayor desafío de su vida estaba por comenzar. Tomó una bolsa de basura para llevarla al bote. Cuando la tiró por el agujero de su piso un centenar de botellas se sintieron romper desde abajo. Lo superaría… esforzándose como nunca. No podía ser apoyo de nadie estando ebrio todo el tiempo.
Si no se apoyaba a sí mismo, ¿entonces quién?
Lin se vistió lo mejor que pudo con las pocas ropas con que había llegado. Seguramente Kohaku estaba tan enfadado con ella que la había llevado al Hospital con lo primero que encontró. A penas tenía algo que ponerse arriba, para qué hablar de sostén o calcetines. Se puso la polera que había usado el día anterior y unos jeans que le prestó una enfermera para casos de emergencia.
Miró la hora, eran las nueve de la noche y tendría que pasar la noche en la calle. Suspiró resignándose.
—¿Está lista, señorita? —preguntó una enfermera que entraba.
—Sí, sí… ya voy —dijo mientras trataba de arreglar inútilmente su cabello.
La enfermera se corrió dándole lugar a Taisho, con su porte divino. Miró a Lin de pies a cabeza y le tendió algo a la enfermera, un paquete.
—¿Qué haces aquí? —preguntó la chica molesta. Tenía la cabeza muy alta. Ella tenía un orgullo al cual defender.
Claro que sí, y ese hombre no la humillaría más.
—Vine a buscarte, volveremos a casa —sentenció con su vozarrón duro y fuerte. La enfermera lo miró confundida. ¿Ese no era su tutor? ¿Por qué era tan agudo con ella? Bueno, eran problemas de familia y lo mejor era no husmear.
Lin lo observó sin poder creer sus palabras, no porque estuviera sorprendida positivamente, sino porque no le cabía en la cabeza que él la estuviera invitando a regresar a la tortura que él llamaba "convivencia".
Definitivamente, Sesshomaru Taisho era su última opción. No volvería con él, el ya era parte de su pasado.
—¡Tienes que estar bromeando! —lo miró iracunda. Su sola presencia la enfermaba—. Podría morir tres veces antes de regresar a tu casa. No, diez veces. Mátenme mil veces antes de volver a vivir contigo.
CONTINUARÁ...
Oh sí, chicas... les traje dos capítulos de corrido, aprovechando que tengo un computador prestado. Llevo algún tiempo sin PC, así que mi vida como ficker ha estado detenida, también mi vida como escritora. Aprovecho de comentarles que ya pueden visitar la versión original de esta historia, como novela original en mi sitio web claudiagazziero punto com. El título definitivo de esta historia es "La vida es un barco de papel". Si tienen problemas para llegar avísenme vía inbox, me haría muy feliz que me acompañaran en esta aventura. Y qué mejor que empezar mi carrera como escritora con un remake de mi primera historia. Espero sinceramente que disfruten los capítulos. Estoy segura de que les gustarán mucho los cambios y mejoras que le he hecho. Hay que considerar que en el 2007 tenía solo 17 años, y llevaba poco tiempo escribiendo, así que tengo el perdón de Dios por los errores, jajaja.
En fin, disculpen mi chárara. Las espero a todas en mi página claudiagazziero punto com, y también espero sus reviews! Este fanfic al fin se ha puesto bueno, aquí empieza lo importante.
Un besito a todas y gracias por leerme!
Domingo 10 de Junio, 2007. 4:38 AM
REPUBLICACIÓN: 29/03/2015
