CAPITULO VII

Pasaron alrededor de dos semanas desde la visita de Okoi y hasta ese momento ni su padre ni su madre habían pasado a ver cómo le iba en su vida de casada. Mientras la joven esposa pensaba en el olvido de su familia, sintió un sabor salado y metálico subir por su garganta, llevó su mano a la boca para contener la tos y al retirarla vio una mancha oscura que le nubló la vista y se desmayó.

-Te dije que no estaba acostumbrada. La voz de Okoi en el pasillo despertó a Hana.

Las manos frías del médico palpando su frente la hicieron desviar su atención del pasillo. –¿Están discutiendo por mí? Preguntó –Señora por favor descanse. Tuvo un desmayo por agotamiento. Decía el medico mientras tomaba notas. –Tiene prohibido levantarse en dos semanas, por lo menos, necesita reposo… le daré las indicaciones sobre la medicina a su esposo.

Hana entornó los ojos y suspiró, el medico abrió la puerta corrediza para dejarlos pasar. Okoi y Juubei entraron y se sentaron al pie del futón. –Yo me encargaré de esto. Okoi le arrebató la receta al médico. –Y bien… ¿Juubei tienes algo que decir? Okoi sostenía con fuerza la mano de Hana mientras que le acariciaba el rostro. —Ve por la medicina Okoi. La joven obedeció.

Hana se incorporó en su futón al escuchar la voz de su esposo. –Estoy bien solo debo intentar hacerlo todo poco a poco. —mira a tu alrededor—. Su esposo la interrumpió. –mírame y luego mírate a ti misma ¿crees que puedes con esto? Yo no te tengo tanta fé— Juubei la miraba con severidad.

–Hay momentos en que creo que me canso de tus desprecios pero estaré bien mientras estemos juntos. –Soy un ninja, no estaré siempre por aquí… debo cumplir con ciertas misiones. —Mi esposo irá a misiones—. La joven sonrió.

—A veces creo que no eres real… ¿qué más quieres que haga para que entiendas que tu presencia me incomoda? ¿Cómo se supone que esto debe continuar? Tener que verte aquí… recordándome a cada segundo lo inútil que soy. — Juubei miró a un punto vacío en la pared en un intento por bloquear la mirada de su esposa.

—En este tiempo que llevamos viviendo juntos ¿ha nacido algo en su corazón? —. Un brillo fugaz apareció en los ojos de Hana.

—Puedes hablarme de tú—. Entornó los ojos — Es imposible no quererte, eres muy decidida… obstinada— Hizo una pausa—Y hermosa.

Por primera vez en mucho tiempo Hana se sintió feliz. —Calma mujer—. Juubei la examinaba sorprendido. —Algún día me dirás que me amas, tanto como yo —. La joven se peinaba con los dedos el cabello— Lo sé.

— Yo podría amarte, cualquiera podría. — Hizo una breve pausa y exhaló —Es que es muy injusto para cualquiera, estar amarrado a mí, estoy acostumbrado al desprecio pero esto es totalmente nuevo.

—Para mí también, solo me he enamorado una vez.

—Debes ser la comidilla del pueblo.

—No me importa.

Okoi entró con la medicina sin parar de regañar a Juubei quien comenzaba a tolerar más su comportamiento y Hana reía mientras la joven kunoichi se sentía cada vez más confundida.

Desde esa noche Juubei decidió que Hana dormiría en su habitación. La más grande de toda la casa. Y su relación mejoró notablemente aunque su esposo evitaba el contacto físico.

Un día lluvioso Okoi y su hermano Saemon visitaban a los esposos y habían decidido quedarse a esperar que dejara de llover. –Me alegra que te sientas mejor y hayas entrado en razón… contratar a más gente que te ayude era justo y necesario –Decía Okoi mientras se empinaba su copita de sake. –Okoi san por favor no beba más. –En vano trató de persuadirla Hana. –Déjala. –Reía Juubei. –Estoy seguro de que se desmayará en unos segundos, deberías preparar una habitación para ambos.

–Déjalo… pronto pasará. –Sonrió Saemon. –No es ninguna molestia. –Replicó ella –Ya mismo lo hago.

Mientras Hana preparaba la habitación de huéspedes, su esposo y sus amigos bebían hasta saciarse y reían mientras comían los platillos que ella preparó. La escena la completó, se sintió plena por contribuir con la felicidad de sus amigos.

Juubei dormía con el rostro mirando el techo mientras que Hana de lado, hacia él. Su esposa lo miraba con dedicación y devoción como si fuese la reliquia de Buda en un templo. Se inclinó un poco sobre él para recorrer con la vista su rostro. Varias cicatrices lo surcaban y el pelo caía delicadamente en mechones. Se veía tan tranquilo mientras dormía, que bien podría decirse que su yo despierto era alguien totalmente diferente. Hana motivada por el sake quizás, toco los labios con los suyos y Juubei no se movió, así que ella los presionó por unos segundos más. -¿Qué haces? –Los labios de Juubei se movían contra los suyos. –Lo siento, lo siento, lo siento. –Chilló roja de la vergüenza. –Acércate. –Dijo Juubei bajando la voz y en cuanto la tuvo cerca sus labios fueron inseparables, ella imitaba los movimientos de él con torpeza y ternura, pronto se quedaron sin aliento y se separaron y Hana vio algo que la sorprendió, una lágrima escapando de los ojos de su esposo. –Esto es una locura. –Dijo –Te amo. Hana posó la cabeza sobre el pecho de su marido, saboreando sus palabras "me ama" pensó con alegría y dejó que el sueño la abordara.

A partir de esa noche se volvieron inseparables al punto en que Juubei daba paseos con ella. Solo se distanciaban cuando él tenía que ir a misiones, tiempo que ella invertía rezando por su bienestar. Y al volver siempre la inundaba con regalos de todo tipo. Un día luego de varios años de vida en armonía, una carta llegó para intranquilizarla, sin muchas explicaciones salió en dirección a la casa de sus padres, al llegar al portón sintió la nostalgia de aquellos días en que se escabullía a jugar con Okoi, sonrió y pensó con cariño en sus padres. Entró sin ser anunciada hasta la habitación de su padre y lo vio tendido en su futón, pálido y mucho más envejecido que la última vez que lo vio hace 5 años. –Madre… Padre… -Hizo una reverencia. –Desde que te casaste con ese monstruo tu padre enfermó y se ha convertido en algo grave desde hace un año, pero tú… ingrata no entiendes razones. –Su madre secaba sus lágrimas con un pañuelo de seda. –Una vez muera tu padre nuestras propiedades serán subastadas y el dinero entregado a las autoridades. –Hizo una pausa tratando de contener el llanto. –Voy a quedarme en la calle.

–Madre puedes vivir con nosotros, además viajare a Edo y traeré al mejor medico… Papá no morirá.

Su madre apartó el pañuelo y la examinó sorprendida –No lo entiendes ni un poco ¿qué acaso todo tu honor lo succionó esa bestia? Es el patrimonio de tu familia el que morirá aquí. Quitarán la tablilla con nuestro apellido de la entrada y lo reemplazará otro. No quedará ni rastro de nosotros. –Luego hubo un silencio incomodo que se prolongó por 15 minutos. –Supongo que aún eres virgen.

–Madre. –Chilló Hana mientras se ruborizaba

–Siempre fuiste una tonta. Deja a ese hombre y consigue uno de verdad o juro que contrataré a alguien que te viole.

–Me cuesta creer que seas mi madre. –Hana se levantó. –Traeré a otro médico que lo revise.

–Solo le quedan 6 meses de vida, el medico lo dijo. –Mordió sus labios reprimiendo el llanto. –No hay nada que hacer.

Y por primera vez desde que entró a su casa Hana lloró. Le dedicó a su padre una mirada buscando señales de esperanza en él pero solo reducía su tiempo de vida, su piel se veía pálida y unas enormes ojeras marcaban sus ojos. Hana cruzó el pasillo principal envuelta en lágrimas y se lanzó sobre su futón buscando consuelo, pronto sintió a Juubei arrastrarse hacia su lado. -¿A dónde fuiste? –Preguntó.

Hana se giró para quedar frente a él. –Maté a mi propio padre. –Sollozó. –Está en cama desde hace un año y yo no lo sabía, la tristeza lo mató. Mi madre dice que el medico solo le da 6 meses de vida… cuando eso pase perderemos todo lo que tenemos porque mi padre no tiene hijos varones ni nietos.

Juubei tenía un hueco en el pecho a causa de las palabras de Hana, quería abrazar a su esposa, nunca antes la vio tan triste. Convenció a Kouga Danjo para que enviara una carta a Edo a algún conocido para que un médico viniese a ver al padre de Hana. Pero el diagnóstico fue el mismo, solo 6 meses de vida.

Esa noche mientras Hana dormía, Juubei salió a la casa de Okoi. –Los dioses me castigarán por esto pero debes entender mi situación. Yo también te haría el favor que me pidieras. –Saemon bostezaba confundido.

–Son las 3 de la mañana ¿qué ocurre Jimushi?

–Necesito que tomes mi forma, pero solo el rostro y que mantengas tu cuerpo tal como es.

–eso será un poco difícil ¿qué quieres que haga por ti?

–Quiero que me des un hijo. –Saemon abrió sus ojos de par en par.

–Tienes que estar bromeando. De ninguna manera deshonraré de esa forma a tu esposa y mi buen nombre. Ella te ama tal cual eres, lo he visto, no hay necesidad de esto.

–Su padre enfermó. –Lo interrumpió. –Morirá y como no existe un heredero varón, perderán todo, la madre de Hana ejerce demasiada presión sobre ella. Tengo miedo de que muera de tristeza igual que el viejo. Jamás te pediría algo así sino fuese extremadamente necesario. No lo había pensado antes pero incluso si yo llego a morir al no haber heredero quedará desprotegida.

Saemon rascó su cabeza y caminó de un lado a otro. –Ella sabrá que no soy tú, es tu esposa. –No peques de falsa modestia, tus capacidades de imitación superan a cualquiera.

–Tengo que pensarlo bien, no puedo decir que sí tan pronto.

–Gracias.

Cuando Juubei regresó Hana ya estaba despierta preparando el desayuno. -¿A dónde fuiste? –Preguntó mientras cortaba zanahorias. –Danjo-sama me llamó. Tuvo un extraño sueño y quería que viera su destino ¿sabías que se pensó en ti en un momento como posible candidata para Gennosuke-sama en caso de que el compromiso con Oboro Iga fracasara? –Trató de distraer su atención.

Hana sonrió. –Lo sé pero Gennosuke-sama tiene ojos terroríficos. –Se lavó las manos, las secó y tomó con ambas el rostro de su esposo. –Pero los tuyos son hermosos. –Lo besó y Juubei correspondió a su beso con el dolor en su conciencia por lo que estaba a punto de hacerle a su mujer.

Saemon parpadeó al ver el palanquín de Juubei acercarse. –Okoi ve a revisar las trampas que pusimos en el rio. Quiero comer pescado hoy. –La joven se levantó de mala gana mientras se rascaba vulgarmente el trasero. Saemon entornó los ojos. –Buenos días Juubei veo que tienes prisa por mi respuesta. –Dijo Saemon sin esperar a que el invitado se bajara del palanquín. –Así es. –La mirada de Juubei lo escrutaba de arriba abajo.

–Está bien, haré lo que me pides. –Hizo una pausa. –Con una condición.

–Sabía que no sería tan fácil.

–Si ella muere antes que tú, yo me quedaré con el niño. –Me parece justo, hable con la anciana, me dijo que los días fértiles serán a partir de la próxima semana. Deberás ir todos los días si queremos que sea efectivo.

Saemon abrió la boca sorprendido. –Le dijiste a esa vieja…

-Calma es de mi entera confianza, no dirá nada. Además solo le pregunté… no le di detalles.

-¿Qué dicen tus estrellas respecto a esto? –Preguntó Saemon

–Prefiero no preguntarles. –Finalizó Juubei.