Distancia
Vampire Knight no me pertenece
Lo veo acercarse lentamente, dudando en venir hacia donde estoy o no. Mi corazón se acelera, quiero salir corriendo, no quiero verlo, no quiero hablarle. No comprendo bien el por qué, pero tengo miedo. Sé que debería enfrentar a Zero de una vez, pero no sé cómo hacerlo. Debo cerciorarme que no hay ningún error en lo que escuché, pero cómo decirle que estaba espiando, si sé que se va a molestar. No comprendo cómo nuestra relación se volvió tan tensa. Es peor que antes, cuando quería esconder el hecho de ser un vampiro. Al menos, antes, con un poco de esfuerzo de mi parte, lograba sacarle algún monosílabo. Ahora… no sé como acercarme a él. No se me ocurren motivos, excusas para intentar entablar una conversación. Y sé que él se da cuenta, puedo verlo en sus miradas confundidas. Sé que soy un poco obvia, pero no puedo evitarlo, me pone demasiado nerviosa. Me arrepiento de haber espiado su conversación con Yori-chan.
Me siento tan culpable. Pero, ¿cómo debería sentirme? Mi mejor amigo, el que más me conoce, el chico al que quiero atesorar, y proteger para siempre, para que nada ni nadie mas lo dañe… y yo soy la que más daño le hace. ¿Cómo pude ser tan tonta, tan ciega? No puedo dejar de pensar en él… ¿Cómo pudo enamorarse de mí? ¿Por qué? ¿Qué tengo de especial? Además sabe que amo a Kaname-senpai. Lo hablamos tantas veces. Bueno, en realidad, ahora que lo pienso, quien hablaba siempre fui yo. Siempre hago sufrir a Zero…
Él siempre me escucha, no importa lo que le diga. Es cierto que tiene un carácter terrible, y que muchas veces se molesta, pero siempre está ahí para mí. Y así le pago, ignorándolo por completo. Mi querido Zero, sé que debe estar preguntándose qué es lo que me ocurre. Desde que lo escuché hablando con Yori-chan, hace una semana que trato de evitarlo. Oh no… mi corazón dio un vuelco… ¿Cómo puedo haberlo olvidado? Zero debe estar completamente hambriento. ¿Cómo pude ser tan egoísta? Hace más de una semana que no bebe mi sangre, y yo preocupada en mis propias inseguridades.
¿Dónde se metió? Hace unos instantes solamente venia hacia mí, y ahora parece que se lo hubiese tragado la tierra. Me distraje dos segundos y lo perdí completamente de vista. Debo encontrarlo. Corro hacia el salón de clases, pero no está aquí. El profesor me mira con cara de pocos amigos… seguramente esto me costará una charla con el director, pero eso es lo que menos me preocupa en este momento. Voy hacia su habitación, pero estoy segura que no estará ahí. Cada lugar que sé que frecuenta y no lo encuentro me desespera un poco más. Zero… ¿Qué es este sentimiento? Este dolor, esta desesperación… ¿Por qué no me dice las cosas importantes? Que impotencia. No puedo creerlo. Si no lo arrincono y lo obligo a beber mi sangre, él ni siquiera menciona que esta sediento. Tengo tanto miedo. Siento que en cualquier momento puede caer en el Nivel E, o que puede marcharse para vengarse y no voy a enterarme. Creo que debería decirme ese tipo de cosas… como que está enamorado…
No puedo evitar imaginar otra situación, en la que se enamora de otra chica, y lo abrazo, lo felicito, salto a su alrededor mientras palmeo su cabeza. Las cosas serian más fáciles, más felices. Pero no es así.
"Te encontré" le digo. "Te busqué por todos lados" insisto, pero siquiera me dirige la mirada. Siempre encuentra un lugar nuevo para esconderse de mí. Lo veo ahí, apoyado sobre el tronco de un árbol, cerca de la fuente del jardín de la academia, con una de sus largas piernas doblada, apoyando sobre ella uno de sus brazos. "¿Estás dormido?" le pregunto, y sigue sin moverse. No sé si es eso o si intenta evitarme, pero no voy a irme, no voy a dejarlo. "El profesor se va a molestar, ya que nos saltamos la clase" le digo, sólo para hacer conversación, ya que estoy casi convencida que está dormido. Me siento a su lado, apoyando mi espalda contra el mismo árbol. Sigo hablándole, como si nada pasara. Y me doy cuenta que es así, nada pasa, al menos nada malo. Al estar a su lado, puedo darme cuenta que mis temores eran infundados. Estar así con Zero se siente tan cotidiano, tan pacifico, pero solo porque está durmiendo, sino estoy segura que ya estaría quejándose por algo. Jejeje, pobre Zero. Me rio mentalmente. De ninguna manera logrará deshacerse de la fama de malhumorado. Pero así es él, y lo acepto como es. No quiero que cambie por nada del mundo, no quiero que nada lo dañe, que nada lo afecte, que nada lo toque. No quiero que sufra.
Puedo escuchar su respiración, tan tranquila. Sólo en este momento me animo a escudriñarlo libremente. No puedo hacerlo cuando está despierto, porque le incomoda. Zero me fascina, podría mirarlo todo el día. Sobre todo sus ojos, que lamentablemente están cerrados ahora. Observo sus pestañas, sus cejas, su nariz. No puedo evitar pensar que es perfecto. Siento el impulso de acariciar su rostro, pero me contengo, no quiero despertarlo. Recuerdo cuando recién llego a vivir con nosotros, cuando las pesadillas no lo dejaban dormir, y yo acostumbraba acariciar su cabeza hasta que lograba dormirse tranquilamente. La nostalgia es muy fuerte, y logra arrancarme unas cuantas lágrimas de dolor. Ya, todo estará bien… pienso, mientras me recuesto sobre su hombro.
Abro mis ojos sobresaltada, mientras me siento. No sé en qué momento me quedé dormida. Me tranquilizo un poco al ver que estoy en mi habitación. Ya es de noche. ¿Cuánto tiempo estuve dormida? Zero debe haberme traído hasta aquí. ¿Me habrá cargado? Me sonrojo al imaginarlo. ¿Cómo me habrá traído? ¿Como una bolsa de papas sobre su hombro, o en brazos? Sonrío y me sonrojo aun más.
No puedo acostumbrarme a que Zero sienta algo por mí. Es tan raro. Me tiro sobre mi cama mientras suspiro fuertemente. "Finalmente despertaste" escucho una voz grave. Me levanto sobresaltada nuevamente, mirando en todas direcciones, hasta que distingo un bulto acurrucado en un rincón de mi habitación. "¿Zero?" digo, tontamente. "¿Qué haces ahí, en el suelo?" le pregunto. Debe estar congelado. En esta época del año y a esta hora de la noche no es una buena idea estar en el suelo. "El director me pidió que no te deje sola. Parece que pescaste un resfriado por dormirte afuera" me dice, sin mirarme. "¿Por qué no trajiste una silla, o te sentaste sobre mi cama, o la de Yori-chan?" le pregunto. No creo que a Yori, que de momento está en su casa por temas familiares, le moleste que Zero se siente en su cama. "No quiero incomodarte" me dice, en un susurro. Veo como esconde su rostro entre sus brazos, apoyados sobre sus rodillas. "Zero, ven" le digo, palmeando con mi mano mi cama. Siento un ambiente muy tenso entre nosotros, y no me gusta.
Toda la tranquilidad que sentí en el jardín se esfumó. Lo veo dirigirme una mirada de enojo, aunque puedo estar equivocada, ya que está oscuro. Me volteo sobre mi mesa de luz, para encender mi lámpara, pero Zero me detiene "No. No la enciendas. Vuelve a dormir". ¿Es resentimiento eso que noto en su voz? Me paralizo por un instante. No soporto más esta situación. Me levanto de la cama y enciendo la luz. Con determinación me acerco hacia él y le digo que se levante. Me repite que vuelva a dormir. Eso me enfurece, no me gusta la manera en que me habla, mucho menos que me dé órdenes de esa manera. Me arrodillo delante suyo y tomo uno de sus brazos. Como si le hubiese dado un choque de electricidad, se levanta de repente, tomando fuertemente mi muñeca. Duele. Y no solo físicamente. Duele mi corazón. Puedo ver sus ojos, completamente enrojecidos, puedo escuchar su respiración, entrecortada. Esta completamente sobresaltado, hambriento. Nunca lo vi así. Me asusta verlo de esta manera. Comienza a respirar por su boca, y escucho un ruido como de dolor. Mis ojos se abren sobremanera… puedo ver sus colmillos, completamente extendidos. "Zero" le digo, completamente temblorosa. Lo veo fruncir el ceño a más no poder. "Ya no te contengas" le digo, comprensiva, mientras muevo mi cabeza hacia un lado. Sé lo que necesita, sé lo que estuve negándole este tiempo.
En un instante, me voltea. Siento como mi cabeza choca contra la pared. Me sorprende, Zero nunca es brusco conmigo. Me duelen los brazos, su agarre es muy fuerte. En el momento que me muerde… siento desmayar. El dolor es indescriptible. El sonido de mi sangre siendo succionada… quiero llorar. Me duele… pero no puedo emitir una palabra de queja. Siento su desesperación, su hambre. Me doy cuenta que me comporté de una manera muy cruel.
Me reconforta que ya no beba tan vorazmente, parece que ya apaciguó su sed. Cuando se detiene completamente, coloca su cabeza sobre mi hombro, respirando apresuradamente. "¿Saciaste tu sed?" le pregunto, cuando lo siento un poco más calmado. "Nunca voy a poder saciarme Yuuki. Podría beber tu sangre hasta que me muera. Soy tan desagradable…" dice entrecortadamente, su voz cargada de sentimientos. No sé que responder a eso. No pienso que sea desagradable, pero no tiene sentido que le diga algo tan hueco. Me gustaría poder decirle algo para que cambiara su percepción de sí mismo, pero no creo poder lograrlo.
Siento tanta impotencia. No soy buena con las palabras, solo puedo abrazarlo en este momento. Es lo único que se me ocurre y sé que es la única manera en que puedo afectarlo. "Yuuki" me dice, mientras me aferra fuertemente contra su cuerpo. Comienzo a sentirme un poco incómoda. Siento que Zero comienza a besar mi cuello, en el lugar donde sus colmillos perforaron mi piel minutos atrás. No comprendo que hace… no creo que pueda soportar que siga bebiendo mi sangre, me siento un poco débil. Me empuja aun más contra la pared, sin dejar de besar mi cuello. No sé cómo reaccionar, no me siento bien… debo detenerlo. Debo desviar su atención… "¿Has hablado con Shindo-san? Creo que deberías darle una oportunidad…" le digo, intentando desesperadamente distraerlo. "No me interesa Shindo" me dice bruscamente, sin separarse de mi "Eso ya lo sabes" dice luego. "Zero, suéltame" le digo finalmente, tratando de empujarlo.
Me incomoda la situación, no sé qué hacer, pero me ignora, y no se mueve ni un centímetro. "Sé que escuchaste mi conversación con Wakaba. Puedo sentirte a kilómetros de distancia". Me sorprende escucharlo así, su voz suena tan dura, con tanto rencor. Me quedo sin palabras. ¿Todo este tiempo supo que escuché todo? ¿Qué podría responder a eso? Sabe que sé lo que siente por mí… "¿Y qué pretendes que haga al respecto?" le digo sin pensar. Estoy temblando y ya no sé lo que digo. "Nada. No es como si tuviera algo para ofrecerte" me responde, y se me rompe el corazón. "Además, nunca fue mi intención enamorarme de ti". Mi corazón ya roto da un vuelco. Y es que el escucharlo decirme que me ama directamente no tiene el mismo efecto que al decírselo implícitamente a Yori-chan. Ya no queda ninguna duda al respecto. El precioso chico que me tiene acorralada está enamorado de mí.
Lo aparto con un poco de fuerza que no sé de donde saqué. Lo miro a los ojos, y me cautiva. Esta ruborizado, y sudoroso. Parece que él también está nervioso. Tomo su rostro con ambas manos, y me mira, como desesperado, sin saber qué hacer. "Yuuki… preferiría haber muerto ese día…" la angustia que puedo ver en sus claros ojos me deshace. "Si no hubieras estado ahí…" me dice, tomando mis manos en las suyas. Sus manos son tan cálidas… mi respiración se detiene. Zero acerca su cara a la mía… pretende… ¿besarme?
Mi corazón quiere salirse de mi pecho. En el último instante, antes que nuestros labios se toquen, gira su rostro hacia mi cuello. "Soy despreciable…" murmura. Está temblando fuertemente ahora. Puedo sentir su transpiración a través de su camisa. "Yuuki, yo…" comienza a decir, pero se detiene y siento sus labios en mi cuello nuevamente. No comprendo que es lo que pasa por su mente.
Es un sentimiento tan extraño, sus labios cálidos sobre mi piel, aun sensible por haber sido mordida previamente. Se siente tan diferente a cuando bebe mi sangre… una corriente eléctrica recorre todo mi cuerpo, a la vez que emito un ¿gemido? Me sobresalto por la sorpresa, y en ese momento lo aparto fuertemente. Nunca había sentido algo así. Estoy tan avergonzada… pero no gano para sorpresas…
Zero toma mi nuca y me besa. Al principio no comprendo que pasa, estoy como atontada. Mi mejor amigo, a quien quiero como un hermano, esta besándome. Mi primer beso, que toda mi vida pensé que daría a Kaname-senpai, Zero me lo arrebató. Quiero llorar, pero no quiero dañar más a Zero. Pero es tan incómodo. Jamás pensé que besaría a Zero. Comienza a acariciar mi cabeza, a la vez que comienza a mover sus labios contra los míos. No puedo dejar de pensar… ¿habrá besado a alguna otra chica alguna vez? No sabría decir exactamente si tiene experiencia o no, pero no parece. Apostaría que para él es tan extraño como para mí.
¿Qué vamos a hacer después de esto? No creo que pueda mirar a Zero de la misma manera ahora. Siento mi puño aferrarse aun más fuertemente a su camisa. ¿En qué momento lo abracé y tomé su camisa? No lo sé. Lo que sí sé es que su mano que no está en mi nuca está en mi cintura ahora, moviéndose en círculos. Me aprieta con su cuerpo aun más contra la pared.
No sé cómo debe sentirse un beso, pero este se siente tan suave, tan delicado. Es como si Zero tratara de demostrarme lo que siente, físicamente. Y no creo que haya palabras que se le comparen, porque realmente puedo sentir lo que trata de transmitir. Es como si me dijera silenciosamente, Yuuki, aquí estoy. Déjame cuidarte, déjame amarte. Y me duele. Pues no lo amo en la misma manera que me ama, y nunca le mentiría ni viviría una mentira. Sólo me queda esperar que esto sea un sueño, poder despertar y que todo vuelva a la normalidad.
Finalmente nos separamos, y empiezo a sollozar, un sonido tan lastimero, que Zero me mira confundido, sin saber cómo proceder. Me muevo lentamente, acercándome hacia mi cama. "Yuuki… perdóname" me dice, extendiendo su mano hacia mí, viéndome a los ojos, como si con ese acto me ofreciera todo y aun más. Al escucharlo tan derrotado, arrepentido, comienzo a llorar más fuertemente, por Zero, por mi, por un amor que nunca podrá ser, porque amo a Kaname-senpai, y eso no va a cambiar ni en un millón de años.
Me tiro en mi cama, boca abajo, y lloro desconsoladamente. Se me dificulta respirar, me duele el pecho. Escucho un sonido como algo que se arrastra. Sé que si me atreviera a mirar a Zero ahora, lo encontraría en el suelo, acurrucado sobre sí mismo, tapándose la cara con sus manos, pero no me atrevo a hacerlo, no puedo verlo así.
Dicen que amar duele, pero lo que no dicen es que no amar como el otro pretende también duele, y quizás más.
Continuará...
Próximo capítulo: Cálidas manos
