HISTORIA DE TERROR

VII: EL CUERVO

Biblioteca, Templo de Athena

Saori recibió a las chicas en su templo. La única que no subió al templo del Patriarca fue Lydia, quien se quedaría en el templo de Piscis con Afrodita, sobre todo porque no quería dejarlo solo: el santo estaba muy preocupado por Death Mask.

Satu no dejaba de pasar sus dedos por las páginas del libro de Edgar Alan Poe que Lydia había sacado de la biblioteca. Sofi estaba sentada a su lado, ayudándola a cargar con el pesado volumen para evitar que la chica rubia hiciera demasiado esfuerzo.

-¿Y bien?- le dijo Saori a Satu- ¿ya les dijiste si tu bebé es niño o niña?-

-No, no hemos dicho nada- dijo Satu, sin dejar de sonreír, con sus manos sobre su abdomen- de hecho, Kanon y yo tampoco lo sabemos-

Saori sonrió con travesura.

-¿Quieres que te diga?- dijo la diosa.

Satu alzó las cejas. No se imaginaba que Saori podría saber el sexo del bebé. Pero finalmente sacudió la cabeza.

-No, gracias- dijo Satu, sonriendo levemente- Kanon y yo… decidimos que no queríamos saber el sexo del bebé hasta que nazca-

Saori sonrió y asintió. Volvió su vista a las demás chicas, que estaban revolviendo los libros de la biblioteca, buscando más pistas sobre lo que había sucedido con Death Mask.

-Satu, ¿ahí dice algo sobre como drogaron a los santos de bronce y a Death Mask?- dijo Sofía de pronto, cerrando exageradamente fuerte uno de sus libros al no encontrar nada ahí.

-No, en estas historias no hay nada semejante- dijo Satu, borrando su sonrisa y mordiéndose el labio- ya las revisé con cuidado-

-Quizá…- comenzó Cathy, pensativa- si tan solo tuviéramos la oportunidad de interrogar a alguno de los enemigos-

De pronto, Sofi hizo sonar los dedos y golpeó la mesa con una mano, haciendo que las chicas, incluso Saori, dieran un respingo de sorpresa.

-Lo tengo- dijo Sofi, sonriendo ampliamente- sí hay alguien a quien podemos interrogar, y que está aquí, en el Santuario-

-¿Quién?- preguntó Casandra, alzando las cejas, mientras observaba dormir a Kostas junto a ella.

-A Erick, que está encerrado en la prisión del Santuario- dijo Sofi.

-¿El médico que drogó a Elizabeth y a Shun en Catania?- preguntó Cathy.

-El mismo- dijo la chica pelirroja, cruzándose de brazos- yo trabajé con él, en el hospital, antes de conocer a Aioros. Él debe saber algo sobre los métodos de esas malvadas personas. Y está aquí, en la prisión. Iré a preguntarle-

-No deberías ir sola, Sofi- dijo Satu- recuerda que no es seguro-

Saori se quedó pensativa.

-Shion te puede acompañar, Sofi- dijo la diosa Athena- junto con Aioros. De hecho, me gustaría que vayan los dos contigo-

-De acuerdo, Saori- dijo Sofi, y se volvió a Satu, quien volvió a apoyar su espalda sobre el respaldo del sillón en el que estaba sentada y puso sus manos en su abdomen y suspiró- deberías ir a descansar, Satu. Mañana temprano le pediré a Lydia que te ayude a buscar patrones en el libro-

Satu sonrió y asintió, levantándose para salir de la biblioteca hacia la habitación que habían preparado para las chicas. Casandra la acompañó, llevando al dormido Kostas en sus brazos.

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Recinto de las Amazonas

Lena entró al recinto y se dirigió a su habitación a paso acelerado, sin mirar atrás para evitar que sus ojos se encontraran con Shaka. Estaba tan molesta que dio un pisotón furioso. ¿Quién rayos se creía que era ese Shaka para hablarle así? Justo cuando ella comenzaba a confiar en él y le daba un vistazo de sus pensamientos, él se burlaba de ella y la hacía parecer una niña celosa. ¿Qué le pasaba?

-¿Lena?- preguntó Marín, dudosa- ¿te sientes bien?-

Lena puso los ojos en blanco. Sabía que Marín tenía buenas intenciones, pero no tenía ganas de hablar del tema.

-No estoy de humor para escuchar tus sermones, Marín. Por favor…- dijo Lena en un tono cansado, pasando junto a ella sin voltear a verla. La amazona de Aguila alzó las cejas, pero no insistió. Era raro que Lena estuviera fastidiada, pero cuando lo hacía, era mejor dejarla en paz.

Finalmente, la chica llegó a su habitación, en la entrada de la cual se encontraba su aprendiz. Lena frunció el entrecejo. Sabía que ella no tenía la culpa, pero era parte de la razón de su discusión con Shaka.

-Maestra- dijo Deino- ¿porqué me hizo regresar al recinto?-

-Porque el Santuario y el exterior no son seguros en estos momentos, Deino- dijo Lena en un tono que no admitía réplicas- ve a dormir, mañana comenzaremos muy temprano-

-Pero maestra, yo solo estaba…- comenzó a decir la aprendiz.

-Realmente no estoy de humor para discutir contigo, Deino- la interrumpió Lena, quitándose su máscara y frotándose la frente.

-¡No!- dijo Deino, alzando la voz y haciendo que Lena alzara las cejas. Realmente no se esperaba esa rebelión por parte de su alumna- no sé que le he hecho para que me odie, maestra. ¡Yo siempre obedezco todo lo que me ordena!-

Lena suspiró, y de nuevo se frotó la frente.

-No te odio, Deino, y lo sabes muy bien. Estaba preocupada por ti, después de lo que vi que le sucedió a Death Mask. Si esto se trata del alumno de Shaka…- comenzó Lena, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantener la paciencia.

-¡Sí!- exclamó Deino- no sé porqué no me deja hablar con él. ¡Christoffer es mi amigo! No es mi culpa que usted no quiera ver a Shaka, y que por eso no me deje verlo-

Lena frunció el entrecejo, intentando suprimir un tic en su ojo derecho. Primero Shaka, y luego Deino. ¡Cómo se atrevía la mocosa! La tomó del cuello y la empujó contra la pared. Shaina y Marín, que estaban cerca, acudieron alarmadas, pero solo se quedaron observando.

-Mira, mocosa- comenzó Lena- ver o no a Shaka es de lo más inconsecuente para mí. Lo que hago lo hago por tu bien y el de él. Tengo un presentimiento, y…-

-¿Un presentimiento?- gritó Deino- ¿en eso te basas? ¡Arruinas mi tiempo en el Santuario! No tienes derecho a prohibirme…-

-Tengo todo el derecho del mundo, soy tu maestra- la interrumpió Lena- ¡da gracias a los dioses que no soy como fue mi maestra conmigo, o a estas alturas ya estarías convaleciente en la enfermería por tu insolencia!-

Deino se puso de pie, furiosa, y salió de la habitación de Lena dando un portazo. La chica castaña suspiró con paciencia. Si ella misma le hubiera hecho eso a su maestra, no hubiera vivido para contado. En vez de tomar represalias, la chica se dejó caer sobre la cama tras el largo y agotador día que habían tenido.

-¿Lena?¿te encuentras bien?- la chica escuchó la voz de Marín. Lena puso los ojos en blanco y se frotó la cicatriz en su cara con su dedo índice, como solía hacer cuando se sentía exasperada.

-Te dije que no estoy de humor, Marín- dijo la castaña.

-Solo quiero ayudarte- dijo la amazona pelirroja con cuidado de no hacerla enojar más. Lena sonrió levemente.

-Lo sé. Lo lamento, Marín- dijo Lena- antes de que me preguntes, no, no tiene nada que ver con mi relación con Shaka. Hay algo en mi tripa que me dice que no es una buena idea que Deino y Christoffer estén juntos. No puedo explicarlo. Ojalá pudiera, así me ahorraría muchas suposiciones-

Marín se sentó junto a ella.

-Yo solo sé que Shaka y tú fueron amigos en el pasado- dijo Marín, y Lena le dirigió una mirada de advertencia- y después algo pasó que los enemistó irreversiblemente. Quizá temes que lo mismo le pase a Deino, por tratarse de un alumno de Shaka…-

-No, no es así, no lo entiendes- dijo Lena, exasperada. ¿Porqué no podían comprender? Deino y ella eran tan diferentes como Christoffer era diferente de Shaka. Sabía bien que la historia no se iba a repetir. No, no tenía nada que ver eso- es un presentimiento, Marín. Como si… como si algo malo estuviera a punto de pasar-

Marín la miró, pero finalmente se encogió de hombros. Había comprendido, pero estaba segura de que no había ninguna razón por la cual preocuparse. Christoffer era amigo de Satu, y estaba segura de que, a pesar de su muy problemático y traumático pasado, el chico no tenía malas intenciones.

La amazona de Aguila no más insistió. Se dejó caer en su propia cama y se dispuso a dormir. Lena suspiró e hizo lo mismo. Ya lidiaría con Deino y su insolencia en la mañana.

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Prisión del Santuario

Shion guió a Sofi y a Aioros entre las celdas de la prisión del Santuario. La chica pelirroja recordaba ese sitio, cuando había ido a curar las heridas de Satu, cuando aún creían que era enemiga. Aioros recordaba cuando él y su hermano habían descubierto que Lydia era su hermana menor, hacía un poco más de un año. Pero esta visita no iba a hacer ni un poco agradable.

Finalmente llegaron a la celda donde estaba Erick. A pesar de todo el mal que había hecho el hombre, la celda en la que había sido confinado tenía todo lo necesario para hacer su estancia lo menos molesta posible. Sofi apretó la mano de Aioros, nerviosa. Recordaba a ese hombre acosándola por los pasillos del hospital, y no era una memoria agradable.

-Oh, si es Sofía Lombardi- dijo el hombre en un tono irónico- ¿a qué debo el honor de esta visita?-

Aioros sintió la mano de Sofi cerrarse aún más alrededor de la suya con aprensión, así que el chico le dio un suave apretón para tranquilizarla.

-Necesitamos… que nos digas algo- dijo Sofi, intentando que su voz no se quebrara del nerviosismo- tus compañeros están atacando el Santuario de nuevo. Necesitamos información-

-Oh- dijo Erick de nuevo, acercándose a los barrotes sin quitar su vista de Sofi, cosa que enfureció a Aioros- no creo que a Henry le guste mucho la idea de que les cuente sus planes-

-Henry está muerto- dijo Aioros de pronto, en un tono agresivo- igual que Greta y Bellini. Ninguno de los tres hará más daño. Más vale que nos des la información que necesitamos, y consideraremos hacer tu estancia aquí menos molesta-

Erick se echó a reír.

-Entonces, seguramente estarás hablando de un arma que Greta tenía preparada- dijo Erick- a una chica llamada Satu, que…-

-Satu está aquí, a salvo- interrumpió Shion, haciendo palidecer a Erick- al igual que Christoffer. No volverán a lastimar a ninguno de los dos-

Al escuchar eso, una sonrisa bastante peculiar se formó en el rostro de Erick que hizo que por un momento Sofi y Aioros temieran por Satu.

-No vinimos a darte noticias de tus compañeros- continuó Shion, manteniendo la calma- vinimos a pedirte información-

-¿De qué?- preguntó Erick en un tono aburrido.

-Hay una droga que están usando para paralizar a los santos de Athena- dijo Sofi- ¿qué es?¿como podemos revertirla?-

Erick volvió a sonreír, como si acabara de entender lo que estaba sucediendo.

-Una droga con la que estábamos experimentando es un extracto del hongo Falsa Oronja- dijo Erick- que es neurotóxico, causa alucinaciones y deja a los oponentes fuera de combate. Muy lindo-

Sofi vio a Aioros fruncir el entrecejo.

-¿Cómo podemos revertir los efectos de ese hongo?- dijo Sofi.

-No hay ningún antídoto- dijo Erick- tienen que esperar a que se depure del organismo. Grandes cantidades de agua pueden ayudar a acelerar el proceso. No es nada bonito-

Sofi asintió, pensando en revisar sus libros tan pronto como regresen a la biblioteca de Athena.

-Gracias, Erick- dijo Sofi.

-Y ahora, supongo que quieres tu recompensa- dijo Shion- ¿qué es lo que quieres por tu información?-

El hombre se echó a reír.

-Nada, Patriarca- dijo el hombre, echándose a reír- estoy justo donde quiero estar. Ustedes no tienen idea lo que les espera…-

Shion frunció el entrecejo, pero no dijo nada. Se volvió a Aioros y a Sofi, y asintió levemente, teletransportándolos fuera de ahí y de regreso a los Doce Templos. Una vez que se quedó solo, Erick se echó a reír.

-Satu y Christoffer están aquí- dijo el hombre, dejando caer al suelo, pensativo- muy interesante. Fleur de Lys sabrá que hacer…-

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Templo de Virgo, Santuario de Athena

Shaka llegó a su templo con una expresión de fastidio y un terrible dolor de cabeza. Christoffer, quien lo esperaba meditando de una esquina del pasillo principal, se puso de pie al verlo llegar y se apresuró a preparar un poco de té de hierba con limón para el santo dorado, cosa que Shaka agradeció.

Ambos tomaron té tranquilamente y en silencio, el santo de Virgo sin dejar de frotarse la frente. Christoffer mantenía la mirada baja, como esperando a que Shaka lo regañara. Como no sucedió, el chico se aclaró la garganta.

-¿Sí? ¿Hay algo que quieras mencionar?- preguntó el santo.

-Maestro…- comenzó Christoffer- creí que estaría molesto…-

-¿De que desobedeciste y distrajiste a la alumna de Lena otra vez?- dijo Shaka, y el chico se sonrojó- no te preocupes, no estoy molesto por eso- el chico cambió su expresión: estaba visiblemente aliviado- pero si yo fuera tú, no me acercaría a Deino en estos días, menos cuando Lena está tan molesta-

Chistoffer volvió a bajar la cabeza, y Shaka sonrió levemente.

-Concéntrate, y oculta tus pensamientos- dijo el santo de Virgo- es muy evidente lo que piensas. Oculta tus sentimientos, no te van a ayudar en una pelea-

El adolescente asintió. Shaka se frotó la frente de nuevo.

-Anda a dormir- dijo Christoffer- mañana te espera un largo día-

El chico asintió y, tras recoger las tazas, se apresuró a su habitación a dormir. Shaka lo vio alejarse con una sonrisa, estando seguro de que Lena estaba equivocada. No había razón por la cual preocuparse.

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Recinto de las Amazonas

A la mañana siguiente, cuando Deino se levantó y se apresuró a buscar a su maestra para continuar su entrenamiento y, quizá, pedirle perdón por su comportamiento de la noche anterior, se encontró cara a cara con una muy fastidiada Shaina, que la miraba con las manos en las caderas y una expresión sonriente.

-Esta vez sí que la armaste, Deino- dijo Shaina, tronándose los nudillos- Lena me pidió que te entrenara hoy-

-Pero, ¿porqué?- dijo Deino, abriendo los ojos desmesuradamente, y Shaina se encogió de hombros. La aprendiz alzó las cejas. ¿Tanto se había enfadado su maestra con ella? ¿La iban a transferir con otra maestra? ¡No podía ser! Si Lena era la amazona más poderosa del Santuario.

-¿Me… me vas a cambiar de maestra?- preguntó la chica, dudosa.

-Para nada- dijo Shaina, restándole importancia al asunto- es solo que Lena me pidió que te entrenara el día de hoy para repasar tu velocidad, así que estás bajo mi cargo. Y más vale que no te vea distrayéndote con los chicos aprendices, porque no seré tan benévola como Lena es contigo: te moleré a golpes-

Deino palideció.

-Y no creas que la vas a tener fácil, mocosa, como cuando entrenas con Lena- añadió Shaina- sí que te haré sudar el día de hoy-

La joven aprendiz se mordió el labio, deseando no haber hecho enojar a su maestra, si esa era la razón por la que había pedido a la amazona peliverde que la entrenara. Demasiado tarde, tendría que soportar a Shaina el resto del día.

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Terrenos del Santuario

Afrodita decidió entrenar nuevamente con Lydia en un sitio donde no pudieran lastimar a nadie con sus rosas. Sabía sobre la prohibición de estar solos o salir del Santuario, pero técnicamente no estaban solos y aún estaban dentro del Santuario.

Lena, quien había tomado el día libre y dejado a su aprendiz a cargo de Shaina, estaba cerca, observándolos atentamente desde lo alto de una roca. La verdad era que, para castigar a Deino por su insolencia, la dejaría entrenar un día con Shaina: enseñarle que había cosas peores. Lena sonrió y levantó la mirada

Tras un año de entrenamiento, la chica había logrado aguantar el veneno de las rosas del santo de Piscis. Conforme pasaba el tiempo, Lydia lograba ya generar rosas rojas cada vez más parecidas a las de Afrodita.

-Muy bien, Lydia- dijo Afrodita de manera aprobatoria al ver a la chica.

-Gracias, Afro- dijo Lydia sin dejar de sonreír.

Lena estaba observándolos distraídamente. Se había quitado su collar, el que Shaka le había regalado hacía todos esos años, y pasaba los dedos por las cuentas negras del mismo, pero mientras lo hacía algo llamó su atención. Un ave de color negro se posó en una roca junto a ella y, antes de que la chica pudiera reaccionar, se alejó volando con su collar en el pico.

-No, no lo harás- dijo la chica, levantándose de golpe y bajando de un salto hacia donde se encontraban Afrodita y Lydia, aún protegida con su máscara de plata.

-¿Lena?- dijo Afrodita, alzando las cejas- ¿qué sucede?-

-Ese maldito pájaro se llevó mi collar- dijo Lena sin mirar atrás- cuando lo atrape lo voy a convertir en pollo rostizado-

-Lena, espera…- dio Lydia, quitándose la máscara dorada y corriendo tras de ella- no puedes irte sola, ¿qué es tan importante de ese collar…?-

Lena no respondió, y siguió al ave tan rápido como pudo. La amazona comenzó a bajar entre los barrancos entre los terrenos, seguida del santo de Piscis y de Lydia, quienes no querían dejarla sola, además de sentirse curiosos sobre lo que estaba sucediendo. Los tres bajaron por el barranco, a una zona donde había una gran cantidad de ruinas: estatuas viejas, columnas rotas y tumbadas en el suelo, restos de adornos clásicos.

El ave, que era un negro cuervo, dejó caer el collar de cuentas negras que Shaka le había regalado cuando eran niños, y se posó sobre un busto de mármol, uno de los pocos objetos en aquel sitio que no estaban hecho pedazos. Lena se apresuró y, tras recoger el collar y comprobar aliviada que estaba intacto, levantó la vista hacia el animal. Lydia y Afrodita llegaron tras ella rápidamente.

-¿Qué es este lugar?- preguntó el santo de Piscis.

-Un tiradero al parecer- dijo Lena sin muchas ganas- disculpen que haya interrumpido su entrenamiento, es solo que… este collar tiene un gran valor sentimental para mí-

Afrodita sonrió levemente. Lydia, sin embargo, estaba mirando fijamente el busto sobre el cual se había posado el cuervo, y se llevó las manos a la boca, palideciendo-

-No… no deberíamos estar aquí- dijo Lydia de pronto- esto está mal-

-¿De qué hablas?- dijo Afrodita, alzando las cejas.

-Es una trampa- dijo Lydia- ¡corran!-

Lena alzó las cejas, confundida, pero Afrodita reaccionó. Tomó a la amazona de la mano, y ambos siguieron a Lydia fuera del basurero y de regreso a los terrenos del Santuario cerca de los Doce Templos. Los tres escucharon una explosión detrás de ellos que, de haberse quedado ahí, hubiera hecho polvo a los tres. Cuando Afrodita se volvió a mirar atrás, había un grupo de hombres con armaduras negras, pero éstos estaban lejos y al parecer se rindieron y salieron del Santuario.

Una vez que el templo de Aries estuvo a la vista, los tres dejaron de correr y se detuvieron a recuperar el aliento.

-¿Qué fue eso?- preguntó Lena.

-Era una trampa, estoy segura- dijo Lydia- no se como, pero nos guiaron a ese sitio para atacarnos-

-Pero, ¿cómo supiste?- dijo Afrodita.

-Sí, ¿cómo supiste?- preguntó Lena, cruzándose de brazos- te quedaste viendo raro a la estatua y al cuervo, y después…-

-Fue el cuervo- dijo Lydia- es otro cuento. Bueno, no un cuento, un poema, de Edgar Alan Poe. Un poema de un cuervo posado sobre un busto de Athena-

-No te creo…- comenzó a decir Lena- no puede ser-

-Vamos al templo del Patriarca- dijo Lydia- Satu tiene el libro…-

Lena estaba confundida. No podía creer lo que dijo. Parecía que los enemigos de Athena habían elegido a ese autor para intentar atemorizar a los guerreros de la diosa. La amazona se encogió de hombros. Estaba libre ese día y no tenía nada mejor que hacer. Los tres comenzaron a subir los templos hacia el recinto del Patriarca.

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Coliseo

Mu había llevado a Kiki a entrenar al Coliseo. El chico ya tenía diez años y había avanzado muchísimo en ese tiempo. Había pensado en hacerlo entrenar con Lydia, pero Afrodita le dijo que no, pues las rosas rojas de la chica ya eran lo suficientemente venenosas para meter en problemas a un aprendiz incauto. Pronto encontró la respuesta a su dilema.

Shaina fue al Coliseo a entrenar con Deino. La chica no parecía muy entusiasmada por entrenar con otra amazona que no fuera su maestra, pero no tenía más remedio que obedecer. Pronto, la amazona peliverde aceptó dejar que Deino entrenara con Kiki, atacándolo para que el chico practicara su CRISTAL WALL.

Durante el entrenamiento, tanto Mu como Shaina se dieron cuenta de que Deino era bastante hábil a pesar de solo llevar un año entrenando en el Santuario. De hecho, hubo un par de ocasiones en las que la aprendiz rompió la protección de Kiki y, aunque no lo golpeó con su ataque, estuvo muy cerca de hacerlo. ¿Cómo se había vuelto tan poderosa esa chica tan rápido? Quizá tenía que ver que Deino entrenaba con la amazona más poderosa del Santuario, capaz de rivalizar incluso con los santos dorados de la misma manera que algunos santos de plata como Orfeo. Quizá era una chica prodigio, como muchos antes habían existido.

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Templo del Patriarca

Cuando Lydia y Lena refirieron lo que había sucedido en el tiradero de estatuas, Satu se llevó las manos a la boca y apoyó lo que la aprendiz de Piscis había dicho. A Afrodita no le hizo nada de gracia que hubieran estado tan cerca de un ataque. Satu abrió el libro con el poema y se lo pasó a Lydia para que lo leyera.

-And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting, on the pallid bust of Pallas just above my chamber door; and his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming, and the lamp-light o'er him streaming throws his shadow on the floor; and my soul from out that shadow that lies floating on the floor shall be lifted—nevermore!-

-Eso pasó- dijo Lena, cruzándose de brazos- el cuervo se posó sobre el busto de Athena…-

-Es otra señal- dijo Satu, inconscientemente llevándose las manos a su crecido abdomen y acariciándolo- Dridika y Fleur de Lys nos están intentando atemorizar. O quizá… nos quieren distraer-

-¿Distraer de qué?- preguntó Afrodita.

-No lo sé- dijo Satu- no sé que traman, pero debemos estar alerta-

-Le avisaré a Saori- dijo Cathy, quien estaba sentada junto a ellas, con Mister Darcy en su regazo- creo que debería saber de esto-

Lena asintió y, tras despedirse, se dirigió de regreso al recinto de las amazonas. Aquello era cada vez más extraño. Mister Darcy ladró de contento, y siguió a Cathy mientras se dirigía a donde se encontraba Saori para contarle las noticias.

Antes de salir de los Doce Templos, y al pasar por el templo de Virgo, Lena sintió el cosmo de Shaka. Sabía que el santo debía estar meditando. Suspiró, pero decidió ignorarlo, y siguió de largo.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Las cosas cada vez se pondrán más peligrosas. Muchas gracias por sus reviews. Les mando un abrazo a todos.

Abby L.