Capítulo 7
Ella
Sakura
Contuve la respiración sin darme cuenta, mientras contemplaba estupefacta, a la persona parada frente a mí, cada musculo en mi cuerpo se agarrotó de forma irremediable, como siempre pasaba cuando pensaba en ella. Las manías, son increíblemente difíciles de dejar atrás, por ello, justo como venía pasando desde años atrás, mis pensamientos volaron a Sasuke, retratando en mi cabeza como solían caminar, con ella colgada de su brazo.
Me quede absolutamente quieta en mi lugar, aunque probablemente, no habría sido capaz de moverme de haberlo querido, pero la fuerza que estuvo creciendo en mi interior desde mi separación con Sasuke, comenzaba a desvanecerse, con esa mujer frente a mí, todos mis miedos pasados se alzaron sin que pudiera evitarlo, demostrando lo vulnerable que era y probablemente, siempre seria.
—¿Acaso no voy a recibir un abrazo de mis queridos amigos después de tanto tiempo?
Cuando Hinata y Naruto se adelantaron para saludarla y dedicarle palabras de bienvenida, baje la mirada, siendo apenas consciente comencé a morderme el labio con fuerza, de forma dudosa di un pasa atrás, apunto de correr en la dirección contraria al trío frente a mí, pero me detuve de golpe ante una voz llamándome.
—Sakura— ni siquiera intentó disimular la aversión que sentía por mí cuando ladro de forma brusca mi nombre —Hace tanto tiempo que no nos vemos, ¿que no me vas a saludar?
Apreté los puños y contuve la respiración mientras imágenes del pasado me atormentaban, como últimamente pasaba siempre.
... Siete años atrás...
Miré con tristeza a la furiosa chica que estaba frente a mí, no podía entender que alguien fuera capaz de odiar con esa intensidad, pero aquí estaba Hanabi, rechinando los dientes seguramente deseosa por volverme el rostro de una bofetada.
—¿Te sientes bien?— la preocupación en mi tono era tan real me hizo sentir vergüenza de mi misma, pero ella parecía apunto de desmoronarse frente a mis ojos y esa idea me asustaba de sobremanera, si algo le pasaba, Sasuke sufriría, y yo no podía permitir eso, con esta idea en mente me acerque a ella de forma lenta, cuando estaba por sujetar su brazo para llevarla a un lugar cómodo ella me apartó de un manotazo, su fuerza era casi nula pero la impresión de su brusco comportamiento me hizo retroceder rápidamente.
—¡Te odio!— la delgadez y fragilidad que su cuerpo había adquirido en los últimos meses no impidió que el desgarrador grito que me dedico, fuera menos fuerte, todo lo contrario, en ese momento la furia parecía alimentar su cuerpo y darle la fuerza que había necesitado los días anteriores, cuando no podía salir de la cama —¿¡Siempre tienes que ser tan buena!? Encantando a todos con tus grandes ojos de niña tierna y esa actitud de santa, ¡eres solo una idiota si crees que me lo quitaras, puedo estar enferma, tener un pie sobre la tumba y muchas cosas más, pero él me ama a mí!
—No creo que sea bueno que te pongas así en tu estado...— su mirada de odio se intensificó todavía más con cada palabra que dije, pero había dado justo en el clavo con sus acaloradas exclamaciones, Sasuke la amaba, lágrimas que había contenido desde mi regreso se hicieron presentes nublándome la mirada y luchando por caer, solo que, Sakura Haruno no lloraba ante cualquiera.
—¡No finjas que te importo!— gritaba más fuerte —Te juro que no moriré, no lo haré, y cuando vuelva, Sasuke me amara justo como lo hace ahora— por un momento, la duda lleno sus ojos, pero lo escondió antes de que pudiera decir algo —así que no creas que ganaste, él es mío y siempre será así.
—En ese caso... recupérate pronto.
Cerré los ojos un momento buscando la calma que me había abandonado en cuanto Hanabi me gritó el amor que Sasuke sentía por ella, un segundo después, una fuerte cachetada me volteo el rostro y dejó una marca, la cual se borró en menos de un día, pero la sensación de su mano impactando con mi rostro me acompañaría por mucho tiempo má.
Tres pares de ojos me miraban expectantes por mi prolongado silencio, pero me di el tiempo de repasar a Hanabi de pies a cabeza, se veía totalmente curada, como si nunca hubiera estado al borde de la muerte.
—Pareces bien— dije mientras me acercaba.
—Lo estoy— dijo sonriendo de una forma molesta —y vine porque...
Ya no pude contenerme, un momento estaba quieta como una estatua mirando a la persona que más me había odiado en esta vida y al siguiente mi mano ardía como nunca, mientras ella me miraba estupefacta desde el suelo.
—Sakura-chan— Naruto estaba tan sorprendido que habló en un tono normal.
—Nunca levantaría la voz o una mano a alguien que considero más débil que yo— la frialdad en mis palabras era tan real como una vez lo había sido mi preocupación —pero siempre cobro las deudas y nadie me golpea sin que yo haga algo— me di la vuelta evitando mirar a Hinata, quien no se había movido para ayudar a su hermana, que parecía un volcán a punto de explotar —no solo me refería a las deudas físicas— aclare sin dejar de caminar.
Hinata
Me debatía entre ayudar a mi hermana o correr tras Sakura como había hecho Naruto, no creía que la dulce Sakura pudiera tener esa mirada tan... vacía.
—¿Porque volviste?— susurré, aun sabiendo la respuesta.
—Él es mío— fue todo lo que dijo, como si esto explicara algo.
—Ellos están casados, tú no...
—Eso puede cambiar fácilmente.
—Hanabi...
—Cállate— me cortó, sabiendo que nunca apoyaría su horrible forma de pensar, con una altivez que solo ella podía expresar se puso en pie, sin apartar la vista del punto en que Sakura y Naruto habían desaparecido —podrán estar casados, él podrá amarla aún como antes, pero no permitiré que sean felices a mi costa, lo quiero y tiene que estar a mi lado, como lo prometió.
—Pero... Sasuke-san nunca...
—No tiene que amarme para estar conmigo.
—Eso es cruel— en ese momento deseé ser como Sakura, quien había golpeado y dejado sin habla a la indomable Hanabi, que mis manos se endurecieran y mi voz dejara de temblar.
—No soy tonta, ellos querían que la reemplazará, y eso es lo que haré.
No dije nada, me pareció innecesario, pero Hanabi tampoco lo hizo cuando me vio partir, esto era lo único que necesitaba para decidir en dónde estaba mi lealtad, y no era con mi hermana, sino con la chica que me miraba a mí y no solo la sombra de quien dejaba atrás.
Sasuke
El insistente timbre, sonando por toda la casa me sacó del sueño en que me encontraba felizmente sumido, ya que Sakura estaba a mi lado, envolviendo mi cuerpo con sus brazos y susurrando mi nombre en la oscuridad.
Me removí en la cama dispuesto a ignorar el llamado, pero la insistencia de la persona lo impidió, con una torpeza que me era extraña, me levanté de la cama y pasé la vista por la habitación, todo estaba como ella lo había dejado, nada fuera de lugar y las cortinas descorridas permitiendo que la luz entrara sin restricción, pero su olor ya no estaba, se había ido con el pasar de los días, ya no encontraba pequeñas notitas de amor en el espejo del baño por las mañanas, o frente al refrigerador cuando llegaba a casa por las noches.
Un par de días atrás le había anunciado a Itachi y a mi padre que me tomaría un descanso de la empresa, vi en sus rostros la intención de protestar, pero inteligentemente, guardaron silencio.
Ese día volví a casa y me recosté en nuestra cama, mirando el techo, con los brazos alrededor de su almohada, reteniendo las lágrimas que enserio quería derramar.
El timbre volvió a sonar y una idea iluminó mi cabeza, tal vez, solo tal vez era Sakura, ella había dejado las llaves de su carro y la casa cuando se fue, así que al volver no podría solo entrar como siempre, con este pensamiento cortándome la respiración corrí a la puerta, deje de lado el que me encontraba débil por la falta de comida e incluso ignore que por ropa, traía solo un pantalón, necesitaba verla.
Abrí la puerta de golpe y antes de que pudiera enfocar la vista en la persona frente a mí, esta se lanzó a mi cuerpo, envolviéndome con sus brazos, la aparté de golpe, solo dos personas tenían permitido ese comportamiento, una era mi madre y la otra, mi esposa. Cuando mis ojos se posaron en la chica que me miraba sonriente a pesar del rechazo, el mundo se me vino encima.
Hanabi Hyuga estaba frente mío, con los ojos brillantes y recordándome promesas que no tenía la intención de cumplir.
Recordé las palabras que había gritado a Sakura el día de su partida, su cruel y mezquino comportamiento, en ese momento lo había disculpado por su enfermedad y la culpabilidad que sentí al no amarla, pero ahora con la posibilidad de perder para siempre a Sakura, no podía darme el lujo de tener a Hanabi cerca; estaba por dar media vuelta y cerrarle en la cara cuando el sonido de su voz inundó mi mente.
—¿Te sientes bien?
—No creo que sea bueno que te pongas así en tu estado...
—En ese caso... recupérate pronto.
Respire profundamente, reuniendo toda la bondad en mi interior, tal vez de esa forma ella encontraría la manera de volver a mis brazos y no apartarse jamás, tenía que cambiar y aquí estaba mi oportunidad, le enseñaría a Sakura, que podía ser bueno, tanto o más que Naruto.
—¿Tienes hambre?— fue lo único que se me ocurrió preguntar.
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Y lo sentí, sentí a mi cuerpo llenarse no solo de valor, sino también de confianza; lo había amado más que a nada, fue cuando me olvide de amarme a mí misma, pero en esos momentos todo se esfumó. Probablemente, mis sentimientos permanecerán el resto de la vida, pero mi amor propio seguía tan latente en mi interior que afloro sin previo aviso.
-Ángel Caído
