Buenos días a todos! Espero me hayan extrañado~ Estuve muy ocupada con el cortometraje y por eso tarde en publicar pero acá estoy. Un capítulo nuevo y más largo que el anterior! Aquí se sabrán muchas cosas del pasado de Aderu y además un ROMANTICO momento! ya no diré más :DD Sayounara!

Disclaimer: Inuyasha y su historia no me pertenecen si no a la gran Rumiko Takahashi. Únicamente algunos personajes orginales que agregué y por supuesto la trama de éste fanfic salió de mi cabeza. Escribo sin ánimos de lucro, por y para fans.


••Fate's red thread••

Capítulo 6
El libro

Época Feudal

Normal POV

La mañana se apresuró a llegar, Haru pudo admirar el amanecer porque no durmió esa noche. Hana a su lado, Keichi un poco más allá y en la otra habitación sus padres y su hermana menor. Vio a su padre partir muy temprano pasando enfrente de su choza y su madre que comenzó a lavar ropa también.

Vio pasar a Shippou y su corazón tembló. Pero no iba a quedarse allí siempre, se recordó que ya no había un "mejor" que eso, por lo que se levantó y tomando agallas inició su día como cualquier otro. Se colocó su Yukata violeta con cerezos en los extremos y el cuello, peinó su cabello que le llegaba ya a sus hombros, pretendía dejarlo crecer mucho más.

Salió viendo aún a sus dos perezosos hermanos dormidos y apenas el sol le dio en el rostro se encontró con su madre que regresaba con un cesto que apenas podía cargar.

-¡Okasan! Deja, te ayudo. –le dijo trotando suavemente hacia ella. Sango parpadeó y miró el rostro amable y sonriente de su hija, preguntándose por su puesto el porqué de aquel cambio. Haru tomó el cesto como si nada y caminó junto a su madre- Muy buenos día, Okasan.

-Buenos días, Haru. –respondió aún sin quitar el rostro de sorpresa- Tú… Cariño. ¿No estabas…?

-¿Hmm? –preguntó fingiendo a la perfección que no sabía de lo que hablaba-

-Ayer, ayer tú… Yo. Cariño, queríamos ofrecerte una disculpa. –Relamió sus labios antes de seguir hablando pero Haru le sonrió, con la misma inocencia de siempre-

-¿Disculpas por qué?

-Por, porque te hemos hecho enfadar.

-Okasan. ¿Cómo crees que me enfadaré? Ayer no sucedió nada, sólo cenamos y nos fuimos a dormir. –Le recordó como si su madre estuviese loca- ¡Ay Okasan! Estás en las nubes desde tan temprano. ¿Comenzó Otousan a coquetear con alguna otra forastera?

-Ah. No. No, aún no. –Dijo sin importancia aún observando el rostro de su hija- Haru ¿Te sientes bien? Ayer…

-Ayer no ocurrió nada, Madre. Cenamos juntos, y nos fuimos a dormir directamente. Estábamos cansados. Nada más. –le habló mirando al frente desvaneciendo un poco su tono alegre. Sango lo comprendió, ese asunto se borraría, ella así lo había decidido- ¿Está bien?

-Está bien. –simplemente dijo.

Definitivamente Hana tenía razón. Haru enojada era todo un misterio y una amenaza que Sango estaba segura no quería enfrentar por ninguna razón. Haru le dio la oportunidad de arrepentirse y retractarse y Sango sabiamente la tomó. Haru: una peligrosa combinación entre la ferocidad de Sango y la inteligencia de Miroku.

-¿A dónde ha ido Otousan tan temprano? –preguntó Haru mirando a su madre ahora ya completamente normal-

-Sólo ha ido a inspeccionar los alrededores. Shippou ha ido con él. –Respondió Sango dándole una mirada de reojo instantánea al pronunciar el nombre del Demonio, Haru no mostró desencajo-

-Ya veo. Espero que no consigan problema alguno. –respondió siempre amable y con su mirada al frente- Oye mamá. ¿Qué almorzaremos hoy?

-¿Tan temprano y piensas en eso? –Preguntó sonriente Sango-

-¡Claro! Quiero saber si puedo intentar aquella mezcla de sabores que te comenté la otra vez.

-Pero… Te he dicho que son sabores muy raros para intentar. A las personas no les gustará eso. –Opinó Sango deteniéndose en la cuerda para guindar la ropa que había hecho tras la casa-

-No lo sabes, no lo has probado. Yo si lo hice y quedó excelente. Apenas termine de ayudarte me iré a buscar lo que necesito al bosque, por eso me levanté temprano.

-Preferiría que no fueras.

-¡Okasan! ¡En serio les gustará! ¡Dame una oportunidad! –Insistió con voz acongojada la menor, Sango suspiró y tomó una prenda mojada entre sus manos-

-No me refiero a eso. Si no a salir al bosque. –Negó- Los ataques no han disminuido, y aunque eres una de las principales exterminadoras eso no significa que puedes estar sola por allí. Si quieres espera a que tu padre regrese y le pides que te acompañe, o que vaya contigo Shippou. –usó otra indirecta más, y le vio, ella miraba hacia el bosque de forma calmada-

-Otousan no querrá venir. Inventará excusas. Déjame ir sola.

-Shippou puede vigilarte. –Tercer indirecta-

-No. No me agrada. –Arrugó la nariz- Me enseñaste a ser autosuficiente, puedo sola. No puedo depositar mi confianza en un demonio, Madre. –Esas palabras sonaron tan crueles para ella misma que sintió como si las heridas de su mano estuvieran vivas de nuevo-

-¡Haru! –replicó Sango viendo a su hija asombrada.-

-Me retiro madre. Ya te ayudé con el cesto. –musitó antes de irse corriendo y pasando justo frente a la mujer y más allá hasta el puente, iría a la reserva donde guardaban sus armas que no estaba muy lejos de la aldea y se cambiaría para cazar los ingredientes de su sopa.

Haru era inteligente, sabía lo que su madre pretendía con esas frases que mencionaban al demonio pero se dejó llevar por la rabia al contestar algo que no era apropiado aún, si quería que su familia pensara que ella odiaba a Shippou debió esperar un tiempo, no justo el día luego de que supieron toda la verdad. Había quedado en ridículo pero ya no había vuelta atrás.

El recorrido a la reserva y el cambio de ropas no tardó demasiado, Haru estaba caminando firmemente hacia el bosque con su traje de exterminadora de coraza color púrpura gracias a la piel de unos ogros. Sus ojos avellana muy claros y el cabello lacio y suave que bailaba con el viento, el arma rodeando su brazo y aquella cuchilla enorme en su mano derecha. Repasaba mentalmente aquellos sabores extraños en su mente pero a la vez estaba pendiente de su alrededor.

Haru jamás cometía un error, jamás se distraía. Era una máquina de pelea, la más poderosa y mortal entre la familia de Sango y Miroku, incluyendo a los mismos.

-Hongos. Hongos y uvas. Ah… Las Uvas están bastante lejos… Podría usar mejor zarzamoras. –Se dijo a sí misma con una mueca en sus labios, negó súbitamente- No. Deben ser Uvas. ¡Ah! ¡Los campos de verduras si están muy lejos! –Se detuvo, pensó a cuanta distancia estarían y negó- Ash… Si Kirara ya hubiera regresado me llevaría en un santiamén. Lo haré, con lo que esté a mi alcance.

Su camino continuó hasta el río buscando los peces, luego los hongos y algunas verduras que estaban en un campo a varios metros más pero sin llegar hasta el pozo, era la zona más peligrosa. Usando una bolsa tejida en su espalda caminó hasta el otro lado en busca de las Uvas, tendría que pasar por el pozo pero iba preparada y muy alerta.

Escuchó a varios animalitos corriendo en el pasto, los vio y continuó, el pozo estaba relativamente cerca y lo supo cuando encontró en el suelo uno de los pergaminos que su padre y la abuela Kaede habían colocado, pero ella no era un demonio ni alguien sagrado por lo que podría pasar sin problema alguno. Miró el pozo, normal y quieto. No sabía por qué los demonios ansiaban llegar hasta el otro lado. ¿Aquella época era tan emocionante acaso? Y la curiosidad le picó.

Suspiró y dejó la bolsa tejida en el césped, con el arma aún en mano –no era estúpida- caminó hasta encontrarse a una distancia nula de la madera que construía el pozo, asomó su cabeza primero, el sonido del vacío era muy fuerte y hasta le intimidó, no veía nada al fondo. Se separó y escrutó la madera en silencio. Vieja, agujerada pero firme aún. Miró entonces el Árbol sagrado recordando la historia que su abuela le había contado, ese pozo estaba hecho con la corteza de aquel árbol: Goshinboku. Pero ese árbol le recordaba a ese Demonio amigo de sus padres, Inuyasha.

Aquel Demonio mitad bestia que se convirtió en parte de la familia, de pequeña siempre jugaba con él aunque, mejor dicho, lo fastidiaba mucho y él se enojaba con facilidad.

"Odiosos cachorros del demonio. ¡Fastidien a Shippou!"

"Aaaaah. ¡¿Porqué yo?! ¡Inuyasha eres un abusivo! ¡Te voy a acusar!"

"Tú cállate Shippou. No repliques a los mayores."

Haru rió ante éste recuerdo, cuando Shippou era un cachorro apenas y se aguantaba las indulgencias de aquel Hanyou. Sentía a veces pena por él, el tiempo que estuvo en la aldea se la mantenía callado, con el ceño fruncido como si estuviera en un constante enfado sin fin, dormía en la copa de los árboles y cuando quería estar solo iba al Goshinboku, por eso le recordaba ese árbol a su querido tío Inuyasha. Un incomprendido Hanyou.

La sola palabra era despectiva pero eso era, nacido de la unión de una mujer humana y un demonio perro. Malhumorado, orgulloso, siempre queriendo hacer las cosas solos, poderoso, imponente, pero buena persona. Todas esas cualidades calzaban también en su demonio de cabello naranja.

-¡Bueno ya! ¡Tengo mucho que recorrer hasta llegar a los campos de Uva! –se animó a sí misma caminando hasta el cesto con los hongos y el pescado.- He llevado demasiado, si dejo algo en el bosque quizá alguna criaturita se los coma. –pensó en voz alta quitándose su arma de su brazo y sacando dos enormes pescados para dejarlos en el suelo.

En ese momento el campo de energía se activó, no como cuando un demonio intentaba atravesarla, su superficie adquirió una luz rosada fuerte que hizo mirar a Haru hacia arriba sorprendida, las ondas estaban saliendo desde el centro desde arriba y terminaban en el suelo, miró detrás y vio el pozo resplandeciendo también, no se sentía amenazada pero igualmente tomó su arma y miró el pozo, si algo saldría lo mataría a como dé lugar.

Tomó aire y se acercó cual ninja, sus pisadas no se sentían, su cuerpo estaba ligeramente inclinado y encorvado por si debía saltar hacia atrás, el pozo estaba alumbrado como si tuviera otro campo de energía pero nadie salía del. ¿Entonces porqué se había activado?

Segundos luego Haru cayó para atrás sorprendida viendo como una gran cantidad de demonios era expulsada. La humana soltó su arma aunque segundos luego ya estaba buscándola y colocándose de pie, estaban atrapados y ella con ellos. En el campo, no dejarían salir a nadie ni entrar tampoco así que no le quedaba de otra que matarlos.

Le cortó la cabeza al primero que voló en su dirección, la sangre cayó en su cara pero continuó. Muchos se lanzaron a sus piernas, Haru inteligentemente los cortó y se movió hacia el otro lado, no parecían atacar con sus poderes sino tirarse a morderla como animales. ¿Tendrá algo que ver el campo? Si tenías poderes era obvio usarlos.

Y sucedió, se distrajo, un demonio tomó su mano y la tiró al suelo pero Haru se compuso y tomó su arma, demasiado tarde pues ya tenía a cinco demonios que iban hacia ella.

Pero ella podía. Dio una vuelta con su cuerpo en el césped y el campo volvió a activarse en ese momento, ahora desprendiendo descargas por doquier: alguien intentaba entrar.

Haru no se tomó la molestia de ver, siguió con su trabajo. Lanzó su cuchilla a un demonio que iba desde arriba pero sostuvo la cadena para devolver su arma hacia ella sin contar que otro demonio mordería la misma para partirla en dos.

"No… ¡no!" exclamó en su mente Haru. Ya no tenía su arma, ahora era simplemente una humana ordinaria, sin embargo los monstruos no atacaron de inmediato, parecían más desesperados por salir de aquel campo, chocaban con las paredes de energía, se quejaban, gritaban y volvían a atacar torpemente como desorientados.

Entonces el campo titiló queriendo destruirse, solo unos segundos, los monstruos no tuvieron tiempo de escapar, estaban enfurecidos y rabiosos por lo que un segundo ataque fue su idea. Haru corrió pero no tenía demasiado espacio más que a donde estaba el mismo pozo, estaba agitada tratando de pensar alguna solución ¡Y no había otra! Era matar o morir, con un 80% de morir.

-¡No se atrevan a tocarla! –exclamó una voz dentro de aquel campo, los demonios e incluso Haru buscaron al dueño de la voz, ahí estaba Shippou con un brazo lastimado y sangrando más su cuerpo cubierto de descargas, un ojo cerrado y sus colmillos amenazantes afuera. Los demonios fueron hacia él y comenzó a atacarlos usando únicamente sus garras, tampoco usó sus poderes. ¿Por qué razón?

Haru le miraba desde su lugar y como la batalla estaba consumiéndole, la barrera le quitaba los poderes a cualquier demonio que estuviese dentro y desde afuera no los dejaba entrar, por lo menos no fácilmente se veía que Shippou las había pasado negras para ingresar.

Pero ya no podía dar más de él, cansado con los golpes que le dio al campo para entrar y ahora con un brazo inservible y mordidas en el otro Haru parecía más propensa a ser la heroína, si tuviera aún su arma.

"Claro." Pensó mirando el arma hasta el otro lado, estaban entretenidos y ella podía correr y matarlos desde atrás, ni se detuvo a pensarlo, perdería tiempo. Sus pies ágilmente la llevaron al otro lado barriéndose en el césped y tomando su arma rota se echó encima del más grande y lo acabó cortándolo en dos, terminó justo frente a Shippou que yacía de pie pero lastimado.

-Se suponía fuera, al revés. –comentó Shippou agotado y cerrando los ojos de vez en cuando, las descargas en su cuerpo volvían y se quejaba bajito. Haru no respondió, no podía distraerse, cortó las patas de un ciempiés y aún quedaban unos 10 más. La exterminadora giró su arma en su propia mano y su semblante pasó a uno más amenazador-

-Vengan. Estoy esperando parásitos. –comentó entre dientes, Shippou simplemente no podía dejar de verla. Pero justo antes de que ella atacara otra luz salió del pozo, los demonios se detuvieron mirando hacia atrás, Haru deseando que no fuesen más porque su energía comenzaba a fallarle.

Pero no era nada de lo pensado, sino lo que Shippou sintió hacía días. Frío. Un frío intenso que Haru lo sintió como lo contrario, un sentimiento cálido. Aquellas luces blanquecinas aparecieron para después apoderarse una verdosa intensa y cubrir a los demonios, éstos comenzaron a quemarse a medida que avanzaba aquel poder, Shippou temió lo peor.

Se lanzó contra Haru y la cubrió con su cuerpo quedando él arriba, cerró sus ojos azules y esperó por aquella purificación inminente, Haru le miraba con miedo y aferrando sus manos a la ropa de Shippou comprendió lo que iba a sucederle.

-No. –logró murmurar con falta de voz. El terror la cubrió por completo y su rostro lo demostró sin pudor, sus manos temblaron y atrajo más aquel cuerpo fuerte pero herido al suyo delicado y pequeño que fueron cubiertos con la oleada de purificación que… no les hizo nada.

Los gritos cesaron y al cabo de segundos Haru separó su rostro esperando algo más, Shippou incrédulo también le miró y en la mirada del otro intentaron buscar respuestas, encontrando solamente una posición bastante embarazosa.

Jamás antes estuvo tan cerca de la criatura demoníaca como ahora, podía ver esos colmillos tan sensuales que poseía, los rasgos varoniles y fieros que no estaban tan marcados ahora, las esferas azules y tan expresivas, el cabello pelirrojo, pómulos, labios. Labios.

Shippou estaba en la misma situación, debido a que ella parecía asquearse de él jamás intentó acercarse más allá de un apretón de manos casual, y ahora sus rostros estaban en una distancia ridícula porque se había dado cuenta de cómo el par de ojos avellana escrutaba su rostro como una niña que miraba algo jamás antes visto. Una punzada de dolor le recorrió el pecho al pensar esto pero lo que encontró en la mirada de la otra le hizo reconsiderar todo lo pensado, no estaba escrutándolo, estaba admirándolo que era muy diferente.

-¡HARU! –el grito le despertó y casi al mismo tiempo empujó el pecho del Demonio para salir de aquella prisión, Shippou se encontraba muy débil y aún así a Haru le costó deshacerse de su cuerpo sobre el propio. Shippou de nuevo obtuvo esa mirada de dolor y se quedó a un lado en el suelo, Haru se levantó pues no estaba herida y sacudió sus ropas, miró a sus padres correr hacia ella y por un momento pensó que había sido Sango la que sugirió a Shippou que la siguiera, le miró con reproche, sí, al demonio pero al ver como se quejaba para levantarse se le apretó el corazón de una forma violenta.

Ella era una mujer fría por no haberlo ayudado aún cuando él había ingresado al campo por ella. No le importó en ese momento su orgullo y fue hasta él tomando su brazo, una descarga también la recorrió a ella pues seguían en el campo, Shippou no podía estar de pie y parecía que el aire le faltaba.

-¡PADRE! ¡QUITA EL CAMPO! –Le gritó aunque aún no habían llegado, se volvió hacia Shippou y exhaló con fuerza- Fue mi madre ¿Verdad?

-Enójate si gustas. De no ser por mí estarías muerta. –Habló firme pero ahogado mirando el césped- No pretendo que me des las gracias, no me interesan. Sólo hice lo que me mandaron a hacer.

Haru lo sabía pero que lo dijera de aquella forma tan despectiva le molestó más. Cuando su padre quitó el campo y Sango llegó a su lado lo soltó, quería alejarse de él y comenzar a cumplir con su cometido: Eliminar ese sentimiento.

"Éste no es el mejor que yo quería." Pensó la humana tomando su arma de nuevo y comenzando a caminar hasta la aldea pasando por un lado del padre.

-Shippou. ¡¿Cómo rayos se han metido en éste gran alboroto?! –preguntó Sango un tanto alterada, Shippou suspiró y se sentó en el suelo apoyando un brazo en una de sus rodillas y la otra mano en el césped- ¿Qué ocurrió?

-El pozo expulsó una gran cantidad de demonios del otro mundo, quedaron atrapados en el campo, Haru estaba dentro… -explicó con enfado y mirando su mano derecha.

Recordando la impotencia que sintió cuando la vio allí dentro y él no podía entrar. El campo lo rechazaba, lo mandaba lejos y quemaba su ropa, perdió la cuenta de las veces que gritó su nombre y golpeó a secas el campo hasta que su ira y desesperación le dejaron entrar y acabó más lesionado antes de comenzar a pelear. No pudo evitarlo, su cuerpo entero pidió a gritos proteger a la humana, como cuando no puedes decirle que no a algo. Cuando no puedes mandar.

-Le dije que no fuera a cazar sola… Es increíble, pensé que Haru era la obediente de mis hijos. –se quejó con las manos en la cintura y suspirando. Shippou ya de pie no dijo nada pero Miroku le miró extrañado-

-¿Qué hacías tú por los alrededores Shippou?-preguntó inteligentemente-

-Merodeaba por si veía alguna inusualidad cerca del pozo. –respondió instantáneamente, casi mecanizado. Tanto Sango como Miroku le miraron sin decir nada y luego entre ellos.

"Ahhh. Con que eso pasó." Pensaron ambos, un brillo en su mirada les hizo saber que pensaban lo mismo pero por fuera continuaron como si hubieran tragado la mentira absurda de Shippou.

-Te lo agradezco Shippou. –Dijo amablemente Sango, Shippou suspiró y llevó sus manos tras su nuca dejando una mueca en sus labios-

-No agradezcas por algo que fue coincidencia. –Se encogió de hombros- Bien pude no haber llegado a tiempo, o… o que no se me haya ocurrido pasar por aquí.

-Hai, hai, hai. Igualmente, gracias Shippou. –Respondió ahora Miroku con un gesto con la mano- Vayamos a la aldea, debemos curarte y yo debo buscar otros pergaminos para volver a colocar el campo de energía.

-Adelántense ustedes. Yo debo hacer algunas cosas. –musitó bajando las manos de su nuca preparado para irse-

-¿A dónde vas con esas heridas? –Preguntó Sango-

-Son un rasguño apenas, vuelvo en un rato. –anunció y se marchó saltando sobre los árboles, Miroku y Sango se quedaron en el lugar con una sonrisa tenue incluso luego que el demonio ya no se veía a lo lejos.

-La amabilidad y dulzura de Kagome, pero el temperamento y orgullo de Inuyasha. A veces me pregunto si de verdad no será un hijo de ambos. –Dijo Miroku conservando la sonrisa anterior, Sango rió bajito y cubrió su boca-

-Houshi-sama. Es obvio que no es su hijo.

-¿Houshi-sama? –Preguntó Miroku- ¿Porqué me llamas así? ¿Ya no me amas Sanguito? –preguntó con gesto de niño lloroso-

-No comiences con eso. –Dijo Sango suspirando y rodando los ojos comenzando a caminar sola de regreso-

-¡Pero…! ¡Sanguito! ¿Por qué me llamas tan fríamente? ¿Por qué no me dices Anata, o cariño? ¿Cielo? ¿Amor? ¿Ternura? –sugirió siguiéndola como perro faldero-

-Idiota. –Murmuró Sango negando con resignación-


Época Actual

Aderu POV

Miré como entraba el enfermero de ojos azules con todo lo que se necesitaría para limpiar mis heridas, mi cuerpo en una camilla, usando una venda que cubría mis pechos pero dejaba todas las heridas expuestas –eso lo hizo una enfermera mujer claro-.

Yo no iba a decir nada, me sentía descubierta como cuando quieres ocultar las sobras de comida debajo de la cama siendo un niño, si tu mamá te descubre sientes que es el apocalipsis.

El enfermero me sonrió amable y se sentó a mi lado, preparó el algodón y yo ví sus manos, grandes, con sus venas marcadas, me gustaban.

Su cabello negro y corto, sus cejas tupidas, y una profunda voz.

-¿Cuál es tu nombre? –rompió el silencio dicha voz en la que estaba tratando de acordarme, el dolor no me había dejado grabar nada de lo que había hecho luego que se llevaron a mi abuela de la casa.-

-Aderu. –Contesté solo mi nombre pues era obvio que mi apellido era conocido.-

-¿Aderu? –Preguntó confundido- ¿Qué significa?-eso me hizo sonreír, no era la primera vez que me hacían esa pregunta, y era pues porque los caracteres de mi nombre eran en Katakana, en japonés mi nombre no significaba nada-

-No lo sé, sinceramente. No sé en qué pensaban mis padres. –dije un momento antes que el enfermero llevara el algodón a la herida más grande, toda la camilla estaba ensangrentada pero ya no sangraba. La sangre estaba coagulada y además seca en mi clara piel. Sentí los escalofríos por el algodón húmedo y cerré los ojos-

-¿Puedo preguntar cómo te hiciste esto? No le consigo explicación aún. –confesó y yo simplemente suspiré. No quise tomarme el tiempo para la excusa. ¿Cómo iba a mentir sobre eso? Por lo mismo lo escondí, son heridas que solamente las causa la criatura que me atacó, no hay otra forma.

-Solo sucedió. –Terminé contestando dándole a entender que no quería preguntas-

-Ésta no es la cita que planeaba pedirte, pero por lo menos te he vuelto a ver. –dijo luego y yo me ruboricé furiosamente. Mis ojos seguían cerrados, estaba loco. ¿Cómo decirme eso cuando estaba medio desnuda frente a él? ¿Qué decir? ¡¿Qué decir?!- Eventualmente buscaría otra razón, pero esperaba que no fuera por un asunto médico.

Sentí un ardor en mi hombro y abrí los ojos por primera vez, el enfermero sonreía tranquilamente con ese aire tan atractivo, incluso su respirar era…

-¿Porqué tan callada? No dices ni Ouch. –Bromeó, me hizo sonreír por segunda vez y parpadeé con calma-

-¿Cómo te llamas? –pregunté sintiéndome un poco atrevida, pues, el coqueteaba conmigo medio desnuda en una camilla de hospital, por lo menos yo debía responder con algo-

-Yamato. Yamada Yamato. –dejó los algodones sucios a un lado y preparó otros. Un nuevo silencio invadió el lugar, yo cerré mis ojos y me dediqué a relajarme, el ardor había aumentado gracias al alcohol.- ¿Te arde?

-Bastante.

-Entonces significa que estás bien. –asintió una vez, yo abrí un ojo y capté su sonrisa una vez más. Me sentía idiota. Era una idiota y me pasé sonriendo como idiota con las tonterías que él me habló mientras me trataba. Yamato era atento, divertido, sin embargo no me hizo hablar demasiado, casi nadie puede hacerlo porque puedo ser muy cerrada con los desconocidos y ahuyento a la gente con mi cara de "perro".

Me quedé en la camilla por unas dos horas más hasta que el efecto de la morfina desaparecía de mi cuerpo, estaba con Sango platicando sobre Yamato porque lo había visto y oído todo la muy atrevida. Entre risillas hablamos, pero yo más sonrojada que riendo. Cuando me sentí en condiciones subí al piso de mi abuela y la encontré despierta platicando con una enfermera.

-¡Abuela! –le llamé casi sin pensarlo, con mi brazo vendado a mi torso, la chaqueta sobre mis hombros y el vestido aún manchado de sangre, pero tenía conciencia… No sé si lo comprenden.

Ya estaba a su lado y le abracé dulce y suavemente, ella besó mi mejilla y sonrió cálida, acarició mi nariz y mi cabello para luego mirarme a los ojos y suspirar triste.

-Oh, mi pequeña. Mira cómo quedaste… -se lamentó, yo negué de inmediato-

-He estado peor abuela, como cuando no he dormido por los exámenes. –le bromeé, ella me regaño con la mirada pero me sonrió de nuevo abrazándome. Si yo no tenía ese calor toda mi vida, no quería estar viva. ¿Era malo apegarse a las personas? Pero mi abuela era todo, mi madre y padre a la vez.

-¿Cuándo podremos irnos a casa? –Preguntó recostada y yo a su lado tomando su mano, Sango se había ido hacía minutos-

-Tres días abuela, solo tres.

-Me siento tan fresca como una lechuga. –Musitó en un buen humor y eso me animó bastante, además que me hizo pensar en otra cosa-

-Abuela… Necesito preguntarte sobre algunas cosas. ¿Crees que podríamos hablar? O, no sé, mañana, pasado… Pero, necesito… Abuela, sé que, no sé por algo estás evitando…

-Te lo diré. –Me interrumpió, yo paré y mis labios quedaron en la última sílaba pronunciada- Solo estaba esperando, esperaba… -dejó la frase al aire. Estaba, como perdida mirando al frente, pero el brillo triste embargaba la sabia mirada de mi querida abuela- Pero es peligroso para ti, si sigo esperando.

Me senté por inercia como si ella me lo hubiera pedido, como si fuera una petición ante una noticia fuerte. Cuando me sentí cómoda en la silla quise tomar un baño caliente por un tiempo, mi cuerpo estaba adolorido y sentido pero mi mente preparada para escuchar lo que no podía deducir por mí misma.

-Lamento esto, mi niña. Traté de protegerte pero estos huesos viejos no pueden con tanto.

-No digas eso abuela.

-Si tu padre, si tan sólo él…

-No hables de mi padre. No lo necesitamos.

-Aderu, no hables de esa forma. Tu padre te ama, tu madre también.

-Estaría aquí entonces. No soy tonta abuela, ya puedo comprender todo. –le dije mirando mi mano izquierda ya que la derecha estaba inmovilizada debajo de mi busto.

-Hay razones, cariño. Todo este tiempo a mi lado… incluso antes, está plagado de razones. –me dijo cansada, cerrando sus ojos y tomando aire. Me pregunte si quizás le estaba costando hablar de el y yo la presionaba- Desde el momento, que te cargué en mis brazos, le juré a mi hijo y a tu madre protegerte. Me sentía indefensa porque… No podía más que protegerte con mi humano cuerpo. Tan pequeña… tan indefensa… Eras, así de pequeña. –me enseñó el tamaño con sus manos, yo sonreí de lado ya con mis ojos acuosos. – Y el rostro de mi hijo al verte… ¡Oh! Era de ensueño, te amó desde que te vio.

Yo tomé aire y miré hacia arriba queriendo tragar mis lágrimas, debía repetirme que era fría y fuerte.

-Pero, así de hermosa naciste… Suponía demasiado cuidado, pienso, en el tiempo atrás… -miró el techo y dejó sus manos sobre su abdomen- Y cuánto te cuidé, trece años, lo hacía muy bien. –me miró con orgullo y le sonreí de vuelta- Pero si no hubiera sido por mi hija, no lo hubiera mantenido bien por mucho tiempo más. Era tan difícil. –la primera lágrima salió del ojo de mi abuela pero yo trataba de adentrarme en su relato y ubicar las fechas- Cuando mi hija te dio ese amuleto, todo cambió y pude ser más capaz de cuidarte cariño.

Ahí fue cuando todo tocó el punto que quería.

-Entonces, si sirve. –dije dubitativa-

-Claro que sirve, siempre sirvió. Ahora también lo hace. Te protege. –sonrió maternalmente y yo toqué mi pulsera verde-

-Entonces… Esto que sucede, esto es de mi tía. –aclaré-

-Es tuyo.

-¿Qué… es? –Entrecerré mis ojos sin hallar la pregunta correcta- ¿Qué soy? ¿Qué era ella? ¿Qué fue esa criatura? ¿Qué es esa sensación, ese poder que usé hoy? ¿Qué es todo esto? –solté por completo un tanto exaltada, debían comprenderme, el no entender me tenía fatigada y exhausta.

-Todo es cierto, cariño mío. Mi hija, Kagome Higurashi, era una Miko. Más valiente que cualquiera, tan poderosa. Y en parte tú has heredado la misma valentía, y poderes. Hoy me recordaste tanto a ella, tan impetuosa y con coraje, queriendo resolver un problema aún sin saber cómo funcionaba realmente. Mi corazón, no me permitió ver demasiado pero fue suficiente. Kagome creó ese amuleto para ti, es un sellador.

-¿Un sellador? –pregunté cuando se detuvo, ella tomó aire y supe que lo estaba pasando mal- Tranquila abuela, no tienes porqué continuar. Debes descansar, no hablar. Yo no me iré, obligaré al hospital a que me pongan una cama a tu lado. –dije levantándome pero ella me tomó de la mano y negó-

-Debo, terminar. No puedes regresar a casa sin saberlo. –Tragó fuertemente y humedeció sus labios antes de continuar- Por alguna razón, el pozo está abierto nuevamente. Kagome usó todo su poder en crear un sello nuevo para el pozo cuando apenas eras una niña, se suponía no se debilitaría nunca pero ha sucedido. Esas criaturas son demonios que vienen del otro, lado del pozo. –me explicó con paciencia ya que le costaba hablar-

-¿Qué hay del otro lado del pozo? –Pregunté pero de inmediato pensé que quizá era una dimensión negra dónde habitaban puros demonios, o quizá hasta el mismo infierno-

-Nunca te acerques al pozo, cariño. ¿Lo prometes? Jamás pases más allá de las puertas de la pagoda, jamás pienses en entrar.

Bien, no era la respuesta que quería pero me dejó algo muy en claro: NO debía entrar al pozo.

-El amuleto de cuentas de jade, es un sellador de poderes que debería sellar los tuyos, pero por alguna razón ha reaccionado al mismo tiempo que el pozo. Y puedes usar tus poderes a través de tu mano derecha.

-Bien, si, eso lo supuse. –Asentí- Pero. ¿Qué son? ¿Qué… cómo se llama esto?

-Poderes de purificación. Sagrados. En casa hay un libro de nuestros ancestros que te quitará muchas dudas.

Genial, un libro. Los libros nunca mentían y más exactos no podían ser. Amaba los libros.

-Entonces, nuestra sesión se ha acabado abuela. –me levanté de golpe y mis costillas y brazo me reclamaron. Me incliné a besar en la frente a mi abuela y le sonreír, ella tomó mi brazo y lo acarició con dulzura-

-Cariño. Ten cuidado, como te dije, tu mano…

-Uso la mano para matar a los monstruos, no me acerco al pozo ni para limpiarlo, lo que es un alivio, menos cosas para limpiar en el templo. Y… debo leer el libro. –Asentí una vez alejándome de ella unos pasos-

-Pasa la noche en casa. –casi me ordenó y eso si que me extrañó-

-Pero… sólo iba por ropa y para la ducha y…

-No. Debes quedarte. Quédate, piensa, lee el libro que está en dónde guardamos las reliquias. Debes abrir el compartimiento de abajo, está en una caja vieja roja y totalmente sellada. Ten cuidado al manipularlo.

-Lo sé. Es antiguo y caro. –le guiñé el ojo. Realmente yo no me comportaba como una chica del templo en lo absoluto- Te quiero abuela, entonces… Nos veremos mañana en la mañana.

-Descansa cariño. –me lanzó un beso y me sonrió todo el camino hasta que salí del hospital.

Pedí un taxi que me dejó en el templo, ya era de noche y los grillos cantaban. Las inmensas escaleras se multiplicaron, lo juro, y el patio estaba más sucio que nunca. Y ahí en medio de todo observe mí alrededor.

Monstruos. Demonios.

Poderes. Ambiciones.

Estaba rodeada de eso, de peligro, pero ya lo sabía, mi sangre me lo decía cada vez que pasaría algo. ¡Diablos! ¡Ahí iba otra pregunta más para mi abuela! ¿Era normal que sintiera el peligro… no sé… como Spiderman? Así, tan intenso como eso, o sólo lo supongo. Me regresé en el camino pero no hasta las escaleras sino hasta Goshinboku y me senté sobre sus raíces, la sonrisa abarcó mis labios apenas lo toqué, era como la sensación de que esperaba que volviese sana y salva.

Dejé que mi cabeza se recostara en el tronco de Goshinboku y cerré mis ojos.

-Estoy bien. No te enfades. –Respondí a una voz imaginaria en mi cabeza, quise reír y decirle tonto pero sentía en sus raíces frías la preocupación.- No cortaron mi brazo, sólo está muy mal herido. Mi abuela está en el hospital de nuevo, por lo que no estaré por demasiado tiempo aquí. –me sentí mal por ello, cuando abrí mis ojos vi las puertas de la pagoda del pozo abiertas como las había dejado temprano, no debía acercarme porqué ahí había otra dimensión llena de Demonios, o eso había entendido yo- ¿Qué hay ahí?

Sentí un palpitar repentino que me hizo sentirme más rara, me apoyé con la mano en el suelo y miré a los lados, mi corazón latió fuerte pero era distinto. Era, distinto al peligro, no era peligro ¡Ni se parecía!

Ese palpitar no era mío pero palpitaba conmigo, como uno solo.

-¿Qué hay ahí? –pregunté de nuevo pero ya no tenía que ver con el pozo, sino más bien ya estaba harta de sentir cosas y que nadie me explicara qué demonios estaba sintiendo. Era como poseer taquicardia.

Mis piernas se movieron solas hasta la pagoda pero no la del pozo sino la que estaba tras la casa, donde mi Bis abuelo guardaba todas las reliquias de la familia. La casa estaba tan silenciosa que si lo pensaba un momento me daba miedo estar allí, con todo lo que he vivido nada me extrañaría ni sorprendía a la vez.

Abrí la puerta de madera y el polvo se levantó en el lugar, obvio, mi abuela me había dicho que lo limpiara pero yo lo evité durante mucho tiempo. Apenas entré me llevé una telaraña y ¡ASCO! ¡Yo odiaba esas cosas! La quité con fuerza del frente y con rostro asqueado me limpié el pecho y la cara, suspiré sonoramente y dejé mi mano en el pecho, mi corazón estaba aún acelerado y el sonido de aquellos latidos aún se escuchaban, más rápido…

Veloces. Como si aquel corazón corriera en plena maratón.

Mis pies se detuvieron justo frente a una estantería que poseía jarrones y pergaminos pero yo buscaba el indicio de un compartimiento, miré el techo pero Tsk, los compartimientos estaban en el suelo. Moví mis pies y el suelo sonó hueco, retrocedí y a duras penas hallé un cuadrado dibujado en el suelo, bajé mi cuerpo y la taquicardia aumentó, estaba muy acelerada. Usé mis uñas para encontrar el borde que se abría y levanté la madera con más polvo, me costó demasiado hacerlo con una sola mano porque mi brazo derecho seguía tan delicada… tosí y sacudí mi mano y no tuve que buscar demasiado.

Era la única caja allí, justo en el medio y herméticamente cerrada, la tomé y quité el polvo con mi mano izquierda dejando la caja por momentos en mi pierna derecha, al salir cuando la luz me iluminó entonces pude detallar que la caja era roja y tenía pergaminos por los lados donde se abría. Que yo escuchara de la abuela eso lo usaban para sellar cosas malignas en la época antigua pero según ella era sólo un libro informático.

Mi corazón estaba calmado ahora pero mi respiración aún se hallaba ligeramente alterada, sudaba. De pronto la idea de que mi abuela regresara al templo ya no era agradable para mi.

El teléfono de la casa sonó y yo lo escuché aún estando afuera, me apresuré en ingresar y atender.

-Moshi Moshi? –atendí y jadeé luego-Ah, Sango. Si. –me recosté en la pared con la caja en una mano, el cuello ladeado para sostener el teléfono con mi hombro y con los ojos cerrados- No, estoy en casa porque mi abuela insistió. Me mandó tarea para la casa. –le bromeé con una sonrisa ladina- Yo me encuentro bien, no lo sé. Me revisaré luego. Si, mañana me iré temprano al hospital. –aspiré y relamí mis labios- Gracias Sango, te debo demasiado… En serio, no tienes ni idea de lo que has hecho por mí. –Me senté en el banquito y dejé mi mano izquierda sobre la caja- Necesito ésta noche para reflexionar, tengo un libro que leer. –Abrí mis ojos y detallé los pergaminos polvorientos pero se veían en buen estado- Oh… ¿En serio? –pregunté interesada en lo que me decía ahora- Eso, eso podría servirme. Por favor, si. Necesito acabar con esto de una vez por todas.

Sango colgó y me tomé un largo tiempo para ducharme, debía cambiar las vendas tal cual Kouga me lo había dicho. El resultó ser muy simpático y amable, reconocía ciertas acciones de coqueteo pero yo las sobrellevé muy bien o eso creía.

Al salir del baño con el cabello mojado miré mi cuerpo desnudo en el espejo, y entré en un leve Shock. Jamás pensé que encontraría mi cuerpo así, amoratado, con hematomas por lo fuerte del agarre del Demonio y peor con aquellas aberturas oscuras en mi hombro y pecho, podía ver mi carne debajo sin piel y eso me hizo pensar que sin duda la cicatriz quedaría. Mi mano derecha estaba algo hinchada porque esa cosa me agarró muy fuerte en la muñeca y también tenía sus garras marcadas ahí, mi antebrazo estaba normal pero al comenzar mi hombro ahí iniciaba una delgada línea de sangre coagulada y se agrandaba hasta dar vuelta a mi hombro y tocar mi espalda, mi cuello también sufrió y los moretones adornaban los alrededores.

La situación era irreal.

Me vestí la parte de abajo y luego comencé a vendarme también como me fue explicado y en minutos estaba lista, incómoda pero segura. Me coloqué la pijama y sentada en la silla giratoria frente a mi escritorio miré la caja en mi cama. Esperaba a Sango que estaría conmigo esa noche, me había avisado que su abuela le encargó investigar unas cosas por su cuenta para ayudarme y así lo había hecho ya que mi abuela estaba demasiado débil para decirme todo. Estaba de acuerdo, apenas y podía hablar y no quería someterla a recordar cosas dolorosas para ella. Sabía que su hija, es decir mi tía Kagome Higurashi había sido muy amada por todos, podía incluirme también aunque era demasiado pequeña para recordar todo, la sensación de estar a su lado podía compararla con un paseo por una fresca tarde de primavera, viendo los cerezos caer sobre mi rostro.

El timbre sonó y me sacó de mis pensamientos, me asomé por la ventana y ahí estaba sango con un bolso y carpetas en las manos. Bajé sin prisa y le dejé entrar, apenas tocó la casa comenzó a cotorrear, podía notar que seguía nerviosa.

-¡Esto ha sido increíble! –Exclamó sentándose frente a la mesa del comedor y yo del otro lado- en serio, yo, he tenido tiempo de recrear todo en mi mente y… imposible. Por eso tu abuela se portaba tan rara la primera vez que vine.

-No, ella normalmente es así. –Descarté la posibilidad-

-Analizándolo bien, desde mi perspectiva, tenía mucho interés en que supiéramos que tu… Ya sabes.

-Puedes decirlo.

-¡Me cuesta trabajo creerlo! Si lo digo me sentiré tonta. –yo sonreí porque me di cuenta que aunque no lo dijera yo estaba igual que Sango- tu abuela me pidió que buscara información acerca de unas palabras y caracteres chinos.

-Genial. Odio el chino. –admití levantándome y mirándola desde arriba- Ve a mi cuarto, subiré té y unos dulces para que comencemos a hojear todo.

-No, ve tú. Yo sé donde está todo en tu cocina. Es mejor que descanses ese brazo. –me señaló, ahora podía moverlo porque lo había vendado diferente, podía flexionarlo y llevar cosas pero hasta la mínima cosa que pesara me molestaba en el hombro. Sango era demasiado astuta y lo suficientemente autoritaria como para convencerme.

Sango estaba en el suelo de mi cuarto mientras leía algunos significados que había anotado en su celular y posteriormente investigado más a fondo en internet.

-Youkai. –concretó y me miró, el silencio reinó entre nuestras miradas y su tensión en la quijada- Apariciones, espíritus, Monstruos, Demonios, son una clase de criaturas en la cultura japonesa que van desde el malévolo oni al travieso kitsune o la mujer pálida Yuki-onna. Unos poseen parte de animal y parte de rasgos humanos.

-Hey, hey… Aguanta. –Le detuve subiendo mi mano izquierda y ella me miró curiosa- ¿Wikipedia?

-Wikipedia. –Me certificó, yo sonreí burlona- ¿Qué? ¿No debí? ¡La certifiqué en otros lugares!

-Wikipedia puede editarla cualquiera, necesitamos una información más seria. –le dije sincera-

-Pero lo confirmé en un libro también, los términos son los mismos. –Me explicó enseñándome un libro azul en manos-

-¿Biblioteca? –pregunté sospechando, ella asintió- Continúa. –Ella aclaró la garganta y asintió para volver a ver la hoja en la carpeta-

-Los Yōkai son generalmente más poderosos que los seres humanos, y debido a esto, tienden a actuar con arrogancia sobre los mortales. Los Yōkai también tienen valores diferentes de los seres humanos, y cuando estos entran en conflicto pueden conducir a la enemistad. Ellos son generalmente invulnerables al ataque humano, pero pueden ser derrotados por expertos exterminadores yōkai (退治屋, taijiya) y monjes budistas con la bendición de Buda.-finalizó, me miró con rostro serio y expectante, yo no podía más que darle vueltas a lo que había escuchado.-

-Tiene sentido. En las dos ocasiones que me enfrenté a uno me trataba como si fuera un insecto que podía pisar sin dificultades. –Me apoyé en mi mano izquierda con el codo en la rodilla y suspiré- Pero ambos me llamaron Miko.

-Porque eres una Miko, tu familia proviene de un Templo e imagino que tus antepasados fueron Monjes y Sacerdotes. Tu abuela me comentó que su hija fallecida también lo fue.

-Sí, también me lo dijo. Pero hay algo que no termino de creerme.

-Si vamos a hablar de cosas que cuesta creer, podríamos comenzar por TODO. –me dijo buscando otra hoja que había impreso-

-¿Por qué está sucediendo esto ahora? He vivido aquí toda mi vida y no había ocurrido esto antes. Éramos solamente mi abuela y yo, no comprendo porqué no sucedió hace un año… o hace dos años. Cinco. Cuando la hija de mi abuela estaba viva, cuando mis padres vivían conmigo. No comprendo el porqué ahora, justo ahora. Y eso no lo vamos a encontrar en ningún libro o en Wikipedia.

-Son ¿Cosas que pasan? –preguntó insegura-

-Cosas que pasan. Cosas que pasan es que te caigas en el escalón Veinticinco, que no veas la luz verde en la calle y te atravieses, que tropieces con tus propios pies o te golpees la rodilla con la cama. Que dejes encendida la estufa. Olvidar que tenías examen. Esas si son cosas que pasan, esto… -le hablé intensa, porque ya estaba harta- Esto es otra cosa.

Sango se quedó callada, estaba cohibida y bajó el rostro.

-Lo siento, lo siento Sango… No deseaba sonar así. Esto es algo muy fuerte para pasar sola, debo pasar esto por mí y por mi abuela. No es sencillo. –Admití llevando mi mano a mi frente y acariciando la superficie-

-Por eso estoy aquí, yo quiero ayudar. Sonará exagerado pero necesito ayudarte. ¡Siento que debo!

-No me debes nada, lo que has hecho por mi abuela hoy fue más que suficiente. Y estamos muy agradecidas. –Le sonreí un poco pero ella negó-

-Siento que debo ayudarte a descubrir todo esto, pero no comprendo tantas cosas. He hecho mi mayor esfuerzo en buscar libros y en internet, pero cada vez que consigo algo no hay sentido de cómo llegué ahí, no hay razones lógicas para que suceda. Si a mí me frustra imagino que también tú estás igual, o peor.

-Sí, algo así. Sé que mi abuela sabe mucho que nos puede ayudar pero no quiero forzarla. Hoy a duras penas me ha contado cosas que aclararon unas pocas que me rondaban en la cabeza, pero veía sus ojos, no quería hablar de eso. Parecía que le dolía desde el momento que yo llegué a quedarme con ella.

-No digas eso Aderu-chan. Eso no tiene sentido. Tu abuela te ama. –me respondió segura-

-No lo dudo, pero digo esto objetivamente. Por lo que me relató, los problemas no comenzaron ahora para ella.

-¿A qué te refieres?

Yo me acomodé en la cama y me apoyé con mi mano izquierda en la colcha mirando a la pared del frente.

-Capté, una ligera desesperación mientras decía que ella no podía conmigo sola. Quizá pudo sonar normal para muchos pues, ella ya anciana cuidaba a una niña muy inquieta de seis años pero, mencionó que su hija le ayudó al darme la pulsera de jades.

-Seguro… su hija le ayudaba a cuidarte…

-No. Ella no duró demasiado con nosotras, cuando mucho unos meses. –Negué- Ella fue muy clara, cuando tuve esto conmigo para ella todo fue más fácil.

-No lo comprendo Aderu. No sé a qué se pudo referir. –Se disculpó, yo exhalé y negué de nuevo-

-¿Qué más investigaste? –pregunté volviendo a verla atentamente-

-Algunos yōkai simplemente evitan a los seres humanos y así el problema que conllevaban; generalmente habitan áreas aisladas lejos de viviendas humanas. Otros yōkai, sin embargo, deciden vivir cerca de asentamientos humanos conviviendo en buena armonía. Algunas historias cuentan que los yōkai crían con los humanos para tener han'yō, o "Humanos mitad demonios". La mayor parte de estos cuentos comienzan como historias de amor, pero a menudo acaban con tristeza, resultado de los muchos obstáculos que tienen que afrontar los yōkai y los mortales en sus relaciones.-leyó corrido pero en voz clara, pero la información me sonó inútil sin embargo no dije nada- Bueno, de una cosa estamos seguras… -me miró- Youkais y humanos se odian.

-¿Qué otra cosa hay? –Sango hojeó la carpeta de nuevo-

-Todos estos términos se unían a otros más que, no traje pero los leí superficialmente. Sengoku Jidai es el principal.

-Sí, los Youkai existían en ese entonces. Supuestamente.

-Desde el año 1467, hasta el período Edo. –musitó revisando otras cosas más, yo asentí-

-Casi… Hmm. Quinientos… Más de Quinientos.

-Quinientos cuarenta y seis. –Me corrigió Sango- Hay distintos tipos de Youkai, los más famosos están familiarizados con animales y representaciones de dioses de los mismos. Aparte estaban los Hanyou. –yo asentía a todo eso-

-¿Y las Miko? ¿Qué papel desempeñaban con respecto a los Youkai? ¿Eran las Taijiya?

-Uhm. No. Los Taijiya eran exterminadores, dice aquí que usaban las mismas pieles y corazas de los Youkai para elaborar sus armas y armaduras. Las Miko servían a los templos, purificaban los malos espíritus y eran enemigos de los Youkai, batallaban seguido en la época que la Shikon no Tama estuvo perdida y posteriormente dividida en 1000 trozos.

-¡Ah! Yo tengo un llavero de eso. –Musité reconociendo el nombre-

-¿De qué cosa? –preguntó Sango, yo me levanté y busqué en mi gaveta, entre lápices y borradores encontré aquel llavero que me dio mi abuela hacía cuatro cumpleaños atrás-

-La Shikon no Tama. –se la tendí para que la tomara con su mano, era un llavero normal para mi y el nombre hasta pensé que mi bis Abuelo lo había inventado. Una esfera rosada como una metra pero más grande estaba siendo sostenida por un hilo y arriba plastificado el nombre de Shikon no Tama- Me la dio mi abuela, era de su hija. ¿Entonces esa perla si existió?

-Sí. Aquí dice que muchos Youkai poderosos anhelaban esa joya para poder llevar al máximo su fuerza y resistencia, querían más poderes de los que ya tenían. Los humanos la deseaban para poseer más tierras y someter a los Youkai e incluso algunos Hanyou la buscaban para convertirse en su totalidad en una de sus dos partes. –Explicó leyendo en su mente, miró la joya de nuevo en su mano-

-¿Una de sus dos partes? –pregunté-

-Sí. Los Hanyo son parte humana y parte Youkai, ellos querían la perla para convertiste en uno de los dos. La Shikon no Tama era capaz de conceder un deseo de cualquier índole a quién la poseyera sin embargo ésta debía estar purificada, si los poderes malignos le tocaban la perla se contaminaría y las desgracias irían a nuestro mundo.

-Pero dijiste que esa perla se dividió en 1000 trozos. –Musité mientras me sentaba en la alfombra y frente a Sango-

-Sí. Se dividió en 1000 fragmentos pero su poder persistía, cada fragmento tenía el poder suficiente para revivir muertos o aumentar pequeñas cualidades y habilidades en los humanos y youkais.

-Entonces imagino que, si eso hubiera ocurrido en serio, los trozos estarían todavía por ahí. –dije lógicamente, 1000 trozos era imposible de recolectar incluso para Youkais-

-No. La Shikon no tama se restauró y fue purificada. –Dijo Sango buscando ahora en el libro azul que llamó mi atención primeramente- Es todo lo que dice. Que fue purificada.

-Da igual. Mi abuela no la mencionó así que eso no tiene que ver, puede ser ficticio incluso. ¿Qué hay sobre el pozo? ¿Investigaste sobre eso?

-¡Sí! –exclamó emocionada y eso me sorprendió un poco, sin embargo yo no estaba muy distinta. ¡Quería saber que había ahí! ¿Porqué mi abuela me hizo jurar no acercarme?- Aquí está, el pozo devora-huesos.

-¿Devora-huesos? Eso no suena bien.

-En la era Sengoku, los civiles de una de las aldeas del oeste construyeron el pozo devora-huesos para arrojar los restos de los Youkai que exterminaban y atacaban la aldea. Usaron la corteza del árbol del tiempo, Goshinboku para construir el pozo. Se dice que cuando depositan los restos de cualquier criatura su cuerpo se descompone de una forma asombrosa quedando solo los huesos que con el tiempo van desapareciendo misteriosamente. –finalizó. Sango volvió a mirarme. Yo no dije nada.

Estaba un poco estupefacta, el saber que mi Goshinboku tenía que ver con ese pozo directamente me dio respuestas, no respuestas con palabras pero sin con sensaciones. Goshinboku reaccionó cuando yo le pregunté sobre el pozo y no había duda alguna.

-¿Qué es un árbol del tiempo? –pregunté rompiendo el silencio, Sango solo me miró y negó suavemente- ¿Acaso se viaja en el tiempo por él?

-No… lo sé… No encontré nada de Goshinboku. Bueno, no busqué tampoco…

-Ese pozo, debe contener una dimensión de Youkais o algo así. Los está liberando.

-¿El alma corrupta de todos los Youkais que depositaron en el pozo hace Quinientos años está invadiendo ahora el presente? –preguntó Sango, y es que todas las respuesta podían parecer la correcta. Llevé mi mano a mi cabello y lo despeiné-

-¡Mierda! ¡Ya no puedo! ¡No entiendo nada! –Exclamé restregando mi rostro- ¿Ves? Todo encaja y al mismo tiempo faltan… como partes entre cada pieza.

-¿Y el libro que tu abuela te dijo? –me recordó Sango, por un momento ya lo había olvidado. Volteé mi cuerpo y tomé la caja con mi mano izquierda, dejé la caja en la alfombra y se lo señalé a Sango-

-Ahí está. Ábrelo tú porque si lo hago yo, lo abriré con los dientes de la desesperación. –exageré un poco, me daba igual ahora con Sango sabía cómo me ponía cuando estaba tensa y desesperada. Sango rió bajito y tomó la caja con ambas manos, además yo tenía mi brazo inservible por los momentos, quitó los pergaminos con cuidado y los dejó enteros a un lado, después desató el lazo y tomó los extremos. Sentí un nudo en la garganta y de pronto mi estómago me recordó que no había cenado nada. Sango apretó la caja un poco más para abrirla, me sentía como si estuviera a punto de subir a una montaña rusa, pero ya me quería bajar.

Sango exhaló y soltó la caja.

-¿Qué? ¿Hmm? –pregunté buscando explicación-

-Está muy bien sellada. –dijo ahora apoyando la caja en su vientre para usar ambas manos en presionar la abertura de la caja en lados opuestos, la oí quejarse y cerrar los ojos. Sus mejillas se enrojecieron y sus dedos se pusieron blancos, apretó los dientes y su corazón se aceleró pero ni eso funcionó, volvió a respirar tomando una bocanada de aire y agitada me vio- Demasiado bien sellada.

-¿Debo abrirla con los dientes? –pregunté tomándola con mi única mano y traté de acomodarme para abrirla, pero fue difícil, con mi mano inútil la sostuve por un lado y hasta usando mi rodilla para que presionara hacia abajo use la izquierda para la parte de arriba, tomé aire y me preparé- Hai! Exclamé antes de aplicar toda mi fuerza pero tan pronto como comencé a ejercer fuerza. ¡Plop! La caja se había abierto demasiado fácil. Sango me miró estupefacta y con la boca abierta, tratando de decir alguna palabra pero nada salía de ella, estaba reconsiderando si había usado toda su fuerza y yo si acaso me había mentido.


Notas de la Autora: Oh oh! Quien será Yamato? :D Pongan mucha atención a ese personaje poque es IMPORTANTE. ¿Acaso será una reencarnación de ALGUIEN más? ~ -silva- Ahí se los dejo xD gracias de antemano por leer auqnue no comenten! Bye~