Reina de Corazones

7.- Serena/Mina

Todavía estás a tiempo de arrepentirte.


Mina vio a su amiga con cansancio. Serena caminaba de un lado para el otro murmurando Dios sabía qué tonterías. Esa situación le estresaba, ¿es que Serena tenía que tener este problema dos días antes de la boda? ¿No podía habérselo pensado antes? Mira que era boba; pero esta vez se pasaba.

—Todavía estás a tiempo de arrepentirte— le sugirió. Serena le miró indecisa, mordiéndose los labios. Entendía a su amiga, tenía sus dudas; pero debería habérselas planteado en el momento en que Darien le había pedido matrimonio, no en ese momento. —Puedes retrasarla un poco, después de todo tienen tiempo, no es como si mañana fuese Tokio de Cristal— le trató de animar; pero su expresión no cambiaba, es más parecía más avergonzada y mil veces más indecisa. — ¿Hay algo que no me estás contando?— eso era un pregunta; pero implícitamente era una afirmación. ¿Qué podía ser para que Serena estuviese así de indecisa, cuando siempre había soñado con el día en que se casase con Darien?

Serena se removió incómoda y al mirarla, Mina se dio cuenta de que algo iba muy mal, lo cual le asustó. ¿Podía ser muy grave?

—Serena, respóndeme. Comienzas a asustarme, sabes que puedes contarme cualquier cosa, dímelo. No puede ser tan malo.

Pero su amiga, totalmente al contrario de su personalidad, no abría la boca; pero sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas y su cuerpo amenazaba con comenzar a temblar. Mina corrió hacia ella y le abrazó fuertemente.

—Oye, oye. No es para que te pongas así… Serena cuéntame por favor lo que te pasa, lo afrontaremos juntas.

—Es que no puedo hacerlo— lloriqueó como una niña pequeña.

—Oh… Serena— dijo con ese tono de regaño falso, que usaba cuando su amiga decía tonterías, tratando de creer que eran sólo las dudas normales frente a la boda, aunque en ese momento parecían otra cosa. —Claro que puedes… es un gran paso; pero ya verás cómo todo será maravilloso. Darien y tú tienen un futuro juntos muy hermoso, ojalá yo pudiera saber con quién estaré casada. Este último tiempo estoy tan mal amorosamente hablando que incluso creo que me quedaré soltera de por vida. —le dijo tratando de reírse de sí misma y consiguiendo una leve sonrisa de su amiga.

Mina al verle un poco más tranquila, le llevó hasta el sillón más cercano en su sala de estar. Esperó a que Serena estuviese lo suficientemente calmada como para hablar y, para suerte suya, no fue demasiado tiempo.

—Es que… yo querría no saberlo…

— ¿Por qué, Serena?— preguntó automáticamente sin entender un cuerno de lo que su amiga decía. La otra se mordió el labio.

—Creo que no quiero casarme con Darien…

Mina le miró sorprendida, sin poder entenderlo. Pero ¿quién no querría ser la señora de un médico, próxima reina de Tokio de Cristal y con una preciosa hija que les amaba? Pero entonces cayó en cuenta "alguien que amase a esa persona". Mina se encogió de hombros sin poder decir nada, ¿cuándo su amiga había dejado de querer a Darien?

— ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Quizá sólo estás nerviosa por la boda, es muy normal. No tienes que echar todo por la borda.

—Ya sé que no debería tener estas dudas; pero ¡no le amo!— le confesó al fin dejando que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas. —Y si no lo hago, Rini jamás nacerá. Tengo que hacerlo aun cuando no quiera.

— ¿Estás segura de que esto es lo que quieres?

— ¿Es que me queda otra alternativa? Ponte un minuto en mi lugar, Mina.

—No puedo, yo soy un espíritu libre.

—Gracias por tu comprensión, Mina— murmuró con sarcasmo.

—Pero no te entiendo, siempre pareciste tan enamorada de Darien, ¿qué pasó? ¿Hay… hay alguien más?— preguntó asustada. Ese sí sería un problema bastante grande.

—De hecho sí.

Mina le miró sorprendida, sin poder creer lo que oía.

— ¿En serio? Pero… ¿quién?

La otra le miró indecisa, sin poder confesarle el nombre de quién estaba realmente enamorada.

—Es Seiya…

—Pero si Seiya está en su planeta, hace por lo menos siete años que no le vemos, Serena— le dijo frunciendo el seño; pero cayó inmediatamente en cuenta de lo que estaba diciendo. — ¿Seiya está en la Tierra?— preguntó sin poder creerlo; pero ya sabiendo la respuesta.

—Sí, desde hace seis meses. Pero nadie más lo sabe, por favor, Mina, no digas nada a nadie.

—Está bien; pero… ¿por qué te vas a casar con Darien, si amas a Seiya? Tampoco es como si estuvieses obligada, ni nada.

Serena le miró incrédula.

— ¿Y Rini? Si no me caso con Darien, ella nunca nacerá. Jamás me perdonaría si ella no nace por mi egoísmo.

Mina cayó en cuenta de lo que su amiga le decía, era muy cierto.

— ¿Vas a sacrificar tu felicidad?— preguntó murmurando; pero estando segura de que su amiga había llegado a escucharle.

—No es como si tuviese otra alternativa. Y ¿por qué lo preguntas así? Pensé que cuando se enterasen, me odiarían todos.

Mina le miró sorprendida, sin poder creer lo que su amiga decía.

—Serena tonta, ¿qué estupideces dices? Eres mi amiga, siempre estaré de tu lado.

Serena sonrió tristemente y le abrazó con fuerza.

—Gracias, Mina.

—No lo hagas, Serena, si no le amas…

—Ya te dije que tengo que hacerlo.

—Pero vivirás infeliz por siempre. Al igual que Seiya— le trató de persuadir sin mucho éxito. Aunque Serena no parecía demasiado inflexible, ¿cómo había sido tan estúpida de no haberse dado cuenta de cuán enamorada estaba su amiga, como para pensarse dejar a Darien dos días antes de la boda?

—Pero, ¿qué puedo hacer?

Mina sonrió al darse cuenta de que ya había vencido. Como Sailor defensora del amor y la belleza, debía hacer que los dos enamorados pudiesen concretar su amor.

—Bueno… robarse a la novia suena tentador…— se aventuró a decir.

—Todos me odiarán si hago eso.

—Te digo de dejar a Darien antes de la ceremonia, no durante, Serena.

—Aun así… las chicas…

—Serena, tú eres nuestra princesa, no Darien. Además tú eres nuestra amiga y eso es mucho más que cualquier título de nobleza, ellas lo entenderán… con mayor o menor tiempo; pero lo harán— le aseguró le mejor que pudo.

—Está bien, acepto.

Mina sonrió abrazando a su amiga. Serían meses y quizás años duros los siguientes; pero ella siempre le apoyaría.