Toph se despertó bastante mareada, se tocó su cuerpo y extrañamente ya no traía puesto ese dañado vestido que habían roto aquellos bárbaros, traía uno de seda por lo que deducía su tacto. Estaba recostada debajo de una cómoda y acolchonada frazada, sobre un agradable colchón. Era una cama grande y en las sábanas estaba impregnado un exquisito aroma varonil. Hacía tanto tiempo que no se recostaba sobre una almohada, desde que se unió al equipo Avatar y hasta sus días en la prisión, ya se había olvidado por completo del calor que brindaban las sábanas y de la comodidad de un suave colchón. Sintió a alguien a su lado, estaba sentado sobre la cama apoyando los pies en el suelo y mirándola de reojo (aunque eso, claro está, no lo pudo deducir).
- Mira lo que te sucedió por ser tan terca –le dijo con voz muy grave.
Ella solo agachó la cabeza, se sentía muy mal y Zuko notó que no era momento como para andar restregándole en la cara a la maestra tierra que él tenía razón, solo agachó la mirada y todo quedó en silencio.
- ¿Tienes hambre? –le preguntó invitándole una fuente de comida que estaba llena de deliciosos bocadillos, pero ella se negó a comer a pesar de que su estómago rogaba por un poco de esa ración-. Toph, el que no te alimentes te perjudica a ti, no a mí. Yo solo lo hago por tu bien.
Luego de eso ella tomó un poco de la comida que estaba sobre la bandeja, en verdad necesitaba alimentarse y hacerse la difícil solo la llevaría a extremos no deseables, así que solo aceptó.
- ¿Recuerdas algo de lo que sucedió? –preguntó aun con su actitud seria.
Ella asintió con la cabeza y respondió luego de tragar la comida que tenía en su boca.
- Todo.
- Gracias a los espíritus no te penetraron –la palabra había sonado brusca pero él no tenía otra manera de decirla.
- Si, debo dar gracias que no lo hayan he… -Toph se detuvo en seco-. Espera un momento, ¿tu como sabes que no me penetraron? ¡¿Estuviste viéndome mis partes íntimas?!
- Bueno… Yo…
- ¡Zuko! ¡¿Cómo te atreves?! ¡Pervertido! Con todo lo que me ha sucedido… -ella comenzó a gritar, estaba tan cansada de llorar.
- ¡Cálmate! –gritó él más fuerte que nunca, Toph se sorprendió y se quedó en silencio-. ¡Yo no vi nada, le ordené a una sirvienta que cure tus heridas y que me confirmara si aun seguías pura! ¡Eso es todo! Dime… ¿Por qué siempre prejuzgas a las personas ante de conocerlas? –le preguntó y recuperó su calma porque pasados unos segundos volvió a sentarse junto a Toph.
- ¡Yo no prejuzgo a las personas! –dijo cruzándose de brazos.
- ¡Si lo haces! Lo hiciste con esos bastardos y mira cómo terminaste…
- ¡Ay, cállate quieres! ¡Te encanta fanfarronear! –dijo cubriéndose las orejas con las manos.
- Y a ti te encanta contradecirme… ¿Por qué confías más en extraños que en los que realmente quieren protegerte?
La maestra tierra solo se quedó en silencio y en ese momento reflexionó: si le hubiera echo caso a Zuko no hubiera tenido que enfrentarse a esos pervertidos, y si le hubiera echo caso a Katara ahora no estaría en todo ese embrollo.
Comenzó a llorar de repente, él la miró extrañado, parecía que realmente se sentía mal. Zuko se sintió culpable de haber perdido el control de esa manera.
- Toph, no llores… -le dijo y acarició una de sus mejillas con su dedo índice.
Ella intentaba decir algo pero no se entendía ya que tapaba su rostro con sus manos.
- No te entiendo… -le decía Zuko acercándose más a la maestra tierra.
Ella quitó las manos de su cara y finalmente dijo:
- Tenías razón. Debí haberte escuchado, lo siento –y colocó nuevamente sus manos en su rostro.
Zuko comprendió por qué lloraba, debía ser muy difícil para ella reconocer sus errores teniendo en cuenta lo orgullosa que era. Haber pedido disculpas demostró que ella realmente estaba arrepentida de haberse comportado como lo había echo.
- Si ese es el caso… entonces sería yo quien debería disculparse. No podía esperar que me creyeras después de haberme comportado como un bruto contigo –le dijo con verdadera sinceridad-. Y con respecto a lo que dijiste de la vez que te aseaste, pues… quiero que sepas que estabas en lo correcto. Me importas mucho.
Toph paró de llorar, sus mejillas se sonrojaron y se puso un poco nerviosa. Todo quedó en completo silencio.
- ¿En donde estoy? -preguntó con la cabeza gacha luego de que pasaran unos segundos.
- En mi cuarto.
- ¿Por qué me trajiste aquí? –preguntó algo incómoda y aun conservando sus sonrojadas mejillas.
- Porque es el único lugar en donde estás a salvo.
- Que… ¿En tu cama es el único lugar en donde puedo estar a salvo? –dijo utilizando un poco de sarcasmo.
- Si… -afirmó él acercándose a ella hasta que sus narices casi se tocaron-. En mi cama.
Se puso de pie y se retiró del cuarto avisando que no salga en ningún momento ya que si era vista por su padre o por su hermana éstos querrían acribillarla, Toph se quedó con cara agria: "Este maldito sigue provocándome, pero esto no se quedará así".
Zuko, por otra parte, quería hacer que Toph olvide todo lo ocurrido en la prisión, incluyendo el propio comportamiento del príncipe, quería que todo comience otra vez.
Al salir él del cuarto, Toph intentó dormir un poco pero sentía un dolor intenso en las piernas, los brazos y el cuello. Tocó su piel y notó que tenía inflamaciones por do quier. A pesar de ello logró dormir cómodamente, hacía tiempo que no se encontraba sobre una cama y esa noche iba a aprovecharla.
Toph durmió hasta la tarde del día siguiente, por fin había descansado todo lo que no logró en la prisión y estando con su equipo. Zuko le había llevado el almuerzo pero al verla descansar tan placidamente decidió no molestarla y dejó la bandeja sobre una repisa que allí había, luego se retiró.
Al despertarse Toph consumió todo el alimento que pudo. La noche había llegado y con ella llegaron antiguos recuerdos que vagaban por la mente de la maestra tierra. Todos eran dolorosos: el haber discutido con Katara, el recuerdo de la prisión con aquellos dos depravados y el de sus padres, que era el más doloroso de todos.
Toph estaba sentada en el margen de la cama, había estado llorando por horas. Zuko entró a la habitación sin pedir permiso, después de todo era de su pertenencia, aunque Toph se enfadó un poco por esto y comenzó a limpiar sus lágrimas para que él no la viera llorar.
- ¿Otra vez derramando lágrimas? –preguntó él sentándose en la cama junto a ella-. ¿Qué es lo que te sucede ahora?
Ella se irritó aun más por la insensibilidad del hombre.
- Sabes… tal vez tú has tenido una vida feliz junto a tus padres, pero no yo… -respondía mientras sostenía su cabeza con una mano.
Zuko la miró con recelo: "¿Cómo se atrevía a prejuzgar nuevamente? Ni siquiera sabía sobre la dura historia de él y su padre"
No dijo nada, prefirió oír a Toph, tal vez de esa manera la muchacha se descargaría de una vez y dejaría de llorar todo el tiempo.
Al principio Zuko oía cada palabra de lo que ella decía, pero pasados los segundos observó cómo la luz de la luna que penetraba por la ventana iluminaba con resplandor el rostro de la joven. "Vaya, realmente es bella" pensaba el príncipe notando que con el brillo de la noche los grandes y perlados ojos de Toph brillaban más que nunca. Su piel estaba pálida y hacía contraste con su negro cabello, sedoso y dócil; mientras que sus mejillas, húmedas debido a las lágrimas que caían de sus ojos y rodaban por sus pómulos para desaguarse en su mentón, se habían vuelto de un suave color sonrosado.
Zuko sintió deseos de acercarse a ella para besar y lamer esos labios carnosos que estaban susurrando palabras que en ese momento llegaban a sus oídos pero que su mente no las reconocía, estaba demasiado ocupado admirando su hermosura.
- Y mi madre me castigó por un mes sólo por haber ido sin autorización al jardín de mi casa, eso me molestó mucho porque ella no tenía derecho de… -Toph se detuvo en seco al sentir la cálida respiración de Zuko sobre la piel de su rostro.
Estaban tan cerca que sus narices se rozaban, ella comenzó a respirar agitada e intentaba agachar la cabeza para calmar los nervios, pero él no se lo permitía ya que la tomaba del mentón para volver a tenerla enfrente y observar con más detalle esos hermosos ojos que no miraban hacia ninguna dirección pero que lo sumían en un mar de deseos.
- Zuko... estás demasiado cerca -le advirtió con una voz lagrimosa.
Se acercó tanto, hasta que sus labios terminaron apoyados sobre los de ella que no supo cómo reaccionar en ese momento y se quedó inmóvil.
Zuko comenzó a abrir suavemente su boca y a besarla con ternura pero luego de unos segundos los besos se hicieron más apasionados que nunca, Toph lo besó de igual manera aunque ella no sabía cómo hacerlo, jamás lo había echo antes a pesar de que siempre había soñado con su primer beso y pasaba tardes enteras preguntándose cómo sería.
Un calor la envolvió al sentir las suaves caricias que provocaba el roce de sus lenguas. Se sentía tan conquistada por su intensa forma de besar que los cabellos de sus brazos se erizaron por completo y rodeó a ambos sobre los hombros de Zuko, que la acercó más a él hasta que sus cuerpos quedaron completamente apretados el uno contra el otro.
Zuko no se detenía ni siquiera para respirar, estaba demasiado estimulado como para hacerlo, creando cada vez besos más apasionados y fogosos. Toph se dejaba someter a esas caricias hasta que él se apartó suavemente de ella para mirarla a los ojos.
Él sonrió y le acarició delicadamente el cabello, ella también lo hizo, aunque luego de haberse percatado de todo lo que había ocurrido Toph se alejó de Zuko dándole un empujón en su pecho para apartarlo de ella, aunque claro, con sus débiles brazos no logró nada.
- ¡Ay, Zuko! ¡¿Cómo te atreves?! –le dijo con voz angustiada y corriendo hacia un rincón de la habitación.
Él se la quedó mirando sin saber qué hacer o decir.
