Después de una larga ausencia he vuelto y vengo con todo, gracias por sus comentarios y sobretodo su paciencia. Sigan comentando y recomendando la historia, en breve seguiré actualizando.
7. El descubrimiento
Comenzaba a desesperarse por no conocer el paradero de Draco, de nada le servían las reuniones, al menos no para los que decidían, para Astoria era una oportunidad, ya que después de los regaños de su padre se mantenía con un perfil bajo, pero aprovechaba cualquier momento para congraciarse con Viktor y hacerle saber lo que en su opinión no era correcto.
-Si en verdad la amas no le harás daño, yo creo que eres una buena persona, tal vez herido, como yo lo estuve por mucho tiempo, pero he descubierto que el dolor se va. No hagas algo de lo que después te puedas arrepentir.
-No lo haré, porque ya lo decidí, sólo necesito encontrarla. Todo era perfecto cuando la conocí, nos complementábamos bien. Tú deberías hacer lo mismo, luchar por Malfoy, es buen muchacho cuando no le roba la novia a los demás. Fuimos compañeros, pero luego te contaré sobre ello. Discúlpame- se retiró.
Por la libertad que tenía y la facilidad para pasar desapercibido Kreacher se enteró de que su ama visitaba con frecuencia el castillo Hogwarts, su comportamiento de los últimos días no era el de siempre, lucía contenta, nada parecido a la amargura mostrada tras la desaparición de Draco. Así que decidió seguirla y para su fortuna descubrió que su teoría no estaba tan equivocada. Ahora podía hacer uso de esos conocimientos a su favor, pero ¿de qué lado estar?, ¿del amo o de la ama?, bien podía chantajearla o bien podía ganarse la simpatía del patrón e incluso su libertad, gran dilema.
En el colegio, Granger disfrutaba de los privilegios, prometidos por Snape, que a regañadientes había aceptado que la chica fuera la asesora de aquellos a quienes consideraba inútiles para pociones, así que dejaba sus habitaciones temprano para tomar su desayuno, a veces se daba el lujo de hacerlo en el comedor o en las cocinas, donde intentaba conversar con los elfos, convenciéndolos de su supuesta igualdad con los magos, ellos la ignoraban, incluso la corrían del lugar, pero ella no hacía caso y continuaba soltando frases. Algunos de ellos la recordaban de años atrás cuando los incitaba a unirse a P.E.D.D.O.
-A veces me siento como ustedes, esclava en este lugar, ustedes creen que su existencia debe ser esa, porque los han convencido, al menos son ignorantes de ello. Yo, en cambio estoy recluida por enamorarme de un sangre pura. Un Malfoy, vaya error el mío.
Mientras ella se sentía invisible para aquellas criaturas, una en especial se escabullía y ponía atención a las palabras y acciones de la chica, confirmando su teoría. Era la impura, de la que todos hablaban, la clave para ganarse el respeto del amo. Porque ya había decidido a quién entregar su lealtad.
-Tonta sangre sucia- decía con maldad-. De los Malfoy nadie se puede burlar- entonaba como si se tratará de un himno.
La presión por parte de la familia Greengrass era constante, casi insostenible, a veces el señor Malfoy ya no sabía cómo exculparse, soltaba frases como "estamos cerca", "le aseguró que con un poco de tiempo él aparecerá", "nuestro acuerdo sigue en pie", "su hija obtendrá un esposo", se le acababan las ideas, se le acababa el tiempo, y veía tan lejana la posibilidad de que Draco volviera.
-¿Dónde está mi esposa?- exclamó un día Lucius a la insignificante criatura que lo atendía, muy en el fondo el elfo Kreacher deseaba oír esa pregunta, poder confesarle de sus escapadas y ser el héroe de la familia, después de todo de eso se trataba, de servir a sus amos. De verlos nuevamente felices, de que el joven amo Draco recapacitará y se uniera a la señorita Greengrass. Estaba más que dispuesto a contribuir.
-La señora salió, a Hogwarts- respondió el elfo, provocando la curiosidad del rubio.
-¿Hogwarts?, ella no tiene nada qué hacer allí- se dijo, trataba de explicarse el qué haría su mujer en el colegio, el pequeño, decidió salir al rescate.
-Me parece que la señora tiene un secreto. Uno que no quiere contar, pero que Kreacher descubrió y a su amo contento pondrá. Madame Malfoy va al Colegio a visitar a su hijo.
Sin más soltó la información, ya esperaba que le llenara de elogios su patrón, contrario a eso, lo tomó de la vestimenta roída por el paso del tiempo, lo alzó hasta tenerlo frente a sus ojos que le veían con furia y exclamó:
-Deja de tomarme por un estúpido, si así fuera, ella misma lo compartiría conmigo- reflexionó un momento dubitativo- ¿o no?
Más tranquilo dejó caer a la criatura, que recuperándose de la caída y de los posibles moretones que vendrían explicaba al rubio, las huídas de Narcisa, incluso complemento la conversación, diciendo que había visto a la "sangre sucia", le aseguraba que vivía en Hogwarts, igual que Draco, aunque aún no había tenido acceso al muchacho. Los demás elfos decían que estaba bajo protección de Dumbledore.
-Claro, el anciano tenía que meter sus narices- dijo más para sí mismo que para su sirviente. Iba atando cabos. Allí habría cómplices y traidores. – ¡Lárgate!-. Así, sin más la pobre criatura había sido excluida de los planes del amo.
Nunca en su matrimonio había cuestionado si el amor de su esposa podría tenerle era mayor o menor al que le tendría a Draco, su adorado hijo, era una pregunta estúpida, lo sabía, pero no dejaba de pensar que ella era su mujer, que tenía que solidarizarse con él, porque después de Draco, sólo lo tenía a él. Y después de lo que había soportado los últimos meses, que no se solidarizará con él, era imperdonable.
Así espero un rato, hasta que la mujer apareció, le extraño que fuera su marido y no el elfo, quien la recibiera. Se quitó los guantes de viaje y lanzó una sonrisa que se volvió tímida al ver a Lucius bastante serio. Aunque caballerosamente le pidió que tomara asiento. Ella obedeció sin miramientos. Y él cuestionó.
-He esperado a que regresarás, aquí, cuestionándome si durante nuestro matrimonio ¿te ha faltado algo?, creo que no, ¿he sido un villano contigo?- ella sólo lo miraba, sin saber que responder, así qué lanzó otra pregunta.
-¿A qué viene esto?, porque me estás hablando y no le encuentro sentido a tus palabras. Hemos tenido altibajos, pero estoy contenta con lo nuestro.
-Bien, entonces ¿cómo justificas tu traición?- lo soltó, sin más. En ese punto estaba tomándola de la barbilla, las palabras salían con furia, sentía como le llegaba el calor de su aliento. –Oh, sí- prosiguió sin dejarla hablar o defenderse-. Sé que has estado viendo a Draco. Que sabes desde hace tiempo dónde está. Lo encubres, pero haciendo eso lo apoyas, y peor aún apruebas a la "sangre sucia".
-Es mi hijo- entre la ira y el desconsuelo-. Por favor, suéltame, podemos hablarlo.
La dejó, se dio la vuelta un tanto avergonzado de su comportamiento y se le ocurrió que en ese mismo momento iban a detener toda esa locura. Sin siquiera verla, dijo:
-No, el tiempo para negociar se acabo, tampoco estoy dispuesto a darle ventaja… o a que tú le prevengas. Así que no hay porque arriesgarnos, vamos a por él. Ahora.
Caía la noche en el castillo, la renovada relación entre Draco y su madre, había fortalecido las esperanzas del rubio, se mostraba radiante ante Hermione, con promesas sobre abandonar pronto la escuela para establecerse en algún lugar. Ella solía aplaudir su optimismo, pero al mismo tiempo no dejaba de pensar que se trataba de un soñador.
-Lo que hicimos no tiene perdón- se lamentaba ella y él le refutaba.
-Lo que hicimos, tenía que hacerse. Mi madre cree que pude esperar, vivir el tormento de un matrimonio falso, en fin…-Draco la veía, mientras le daba la mejor explicación posible para que alejará las dudas- a lo que quiero llegar es que acortamos el camino.
-Sí, aunque tampoco ha sido el más fácil- dijo casi en un susurro lastimoso-. sólo espero que mi amor por ti no venga con un precio muy alto- eso lo guardó para sí misma.
