Un saludo nuevamente a quienes leen esta historia. Primero siento que les debo una enorme disculpa por la gigante tardanza. He estado con muchas cosas encima, no he estado del todo bien estos meses y ha sido muy desgastante. Aparte me quedan aún aproximadamente 3 semanas de clases llena de pruebas y sin contar el calor espantoso que hace donde vivo, lo que provoca que mi computador ande terrible y se apague (Y no tengo dinero para mandarlo a arreglar T.T)

De todas maneras se que debo cumplir con lo que me prometí, que es terminar este reto como corresponde y por eso creo que en dos semanas podré subir el siguiente capítulo, he ido avanzando en mis pocos ratos libres. Mi pasatiempo es este fandom y eso me mantiene distraída de las cosas que pasan.

Siento que sea tan extremadamente corto, el siguiente será definitivamente más largo.


100 Temas

VII.

Eternidad.


Algunas veces, cuando salía de la casa de sus dueños para completar su misión, se preguntaba si sería bueno preocuparlos tanto. Es decir, sabía que Phineas y Ferb confiaban en que solo salía a caminar por el día y que antes de la noche el estaría de regreso, pero siempre tenía la angustia de saber si en algún momento, ellos habían sentido genuina preocupación por su paradero. Eso era algo que no quería desatar. Era algo que nunca se lo perdonaría si lo provocaba.

Él les tenía tanto cariño a sus dueños, sobre todo a Phineas, que causarles cualquier tipo de molestias era algo que siempre intentaba evitar. Los amaba tanto, que una vez fue capaz de atacar con verdadera saña a Doofenshmirtz al ver que uno de sus inventos podía causarles un daño directo. El nunca perdía los estribos debido a su estricto entrenamiento, pero en esa ocasión había sido inevitable. Pero había una ocasión que nunca se perdonaría.

El cómo Phineas se sintió decepcionado y engañado cuando supo que él era un agente secreto en su viaje por las dimensiones.

Ver su expresión de sorpresa y tristeza, de sentirse engañado por su mascota, no, su gran amigo, era algo que durante muchos días no lo dejo dormir en paz. Sabía que no había sido su culpa, que todo era para poder protegerlos y sabía que Phineas había comprendido eso, era un niño inteligente. Pero hubiese deseado que le borraran también a él la memoria de eso porque cargar con haberle causado ese dolor a su amado niño era demasiado peso para sus hombros.

Cualquier otro agente no le habría tomado ese nivel de importancia, pero Perry hace mucho que destacaba de todos ellos. No solo en relación a su enemigo, sino por el fuerte vínculo emocional que había desarrollado con su familia de acogida, que para los otros era nada más que una herramienta que funcionaba como tapadera para sus movimientos. El agente P en definitiva, no era como todos los demás.

Esa culpa, ese dolor, era algo que aunque pasara toda la eternidad, siempre seria esa espina clavada en su corazón.