Don't Say Stop Believin'!

Disclaimer: No tengo propiedad alguna sobre la franquicia de K-ON! Los derechos son facultad de sus autores respectivos como Kakifly, Hobunsha y Kyoto Animation. El argumento de este fic pertenece al usuario CZeke. Sólo me he limitado a aportar el trabajo de traducción y adaptación en un esfuerzo para que los hispanoparlantes que tienen mayor dificultad con la lectura del inglés puedan conocerlo y apreciarlo. Todos mis respetos a las personas antes mencionadas.

Nota sobre formato: Aunque esta historia sea escrita en español, algunas letras se mantendrán en inglés para efectos de consistencia. De igual manera, se sobreentiende que el idioma que los personajes hablan es el japonés. Los monólogos internos, flashbacks, conversaciones electrónicas y letras de canciones, así como algunas locuciones de origen extranjero se escribirán en cursiva. Las negritas son indicativas de énfasis o enojo, de acuerdo al caso.


Capítulo 7: Blame it on the Alcohol.

De los labios del joven sólo había escapado una palabra, pero había sido suficiente para romper en pedazos el mundo de Sawako.

En su pecho, su corazón se sentía tan pesado como el plomo. Quería huir a algún lugar lejos de ahí para no regresar jamás. Quería hacerse polvo y desaparecer arrastrada por el viento. Pero por encima de todo eso, quería saber por qué.

Tetsuo acomodó torpemente su corbata. "Creí que nos entendíamos, Sawako."

Las lágrimas ardían en sus ojos. "Yo pensaba que nos amábamos."

"Ves, a eso me refiero con entendernos." Él suspiró. "Sí te quiero, Sawako. Pero hay distintos tipos de amor. Está el nuestro, y después está, ehm…"

"¿Después qué?, ¿el amor romántico?, ¿el que lleva al matrimonio?, ¡porque eso es lo que es el amor, Tetsuo!"

"Déjame empezar de nuevo. El matrimonio… el matrimonio es sólo un anillo y un pedazo de papel. Algunas personas necesitan esas cosas para sentirse seguras. Pero el amor verdadero es lo suficientemente fuerte por sí–"

"¡Oh, sorpresa!, ¡Yo quiero ése anillo y ese pedazo de papel!, ¡todos los quieren!"

Tetsuo le hizo señas a un mesero cercano y le dio su tarjeta de crédito, murmurando, "No creo que vayamos a ordenar el postre."

"¿Por qué es que tú no quieres lo mismo, Tetsuo?, ¿no soy lo suficientemente buena para ti?, ¿no te hago feliz?"

"Yo… Yo sólo…" él dejó caer su rostro entre sus manos –y cuando volvió a levantarlo, estaba rojo de ira. "Maldición, Sawako, ¿por qué tenías que hacer esto?"

La maestra casi pega un salto de la impresión. Nunca había visto enojado a Tetsuo. Lucía como alguien completamente diferente.

"¡Se supone que esto era sencillo!" –Él azotó su puño en la mesa– "¡éramos dos adultos que estaban pasándosela bien!, ¿Por qué de pronto armas todo este alboroto?"

"¡Oh!, ¿es todo lo que yo soy para ti?, ¿un 'buen rato'?"

"¡Cállate!, ¡sabes muy bien lo que quiero decir!, ¡ambos nos hemos estado divirtiendo!, ¡hasta el día de hoy, ni siquiera habíamos tenido una sola pelea!, ¡Pero no, eso no te pareció suficiente!"

Ella le devolvió la mirada con igual fuerza. "¿Sabes qué, Tetsuo? Para una persona normal, esto no es un simple capricho. Es el siguiente paso, lo que por naturaleza debe seguir. Las personas que se aman desean hacerlo oficial frente a todo el mundo."

"¡No necesito esta presión!, ¡lárgate!"

"¡No!, ¡esto no va a terminar así de fácil!, ¡Quiero que nos casemos, o que me digas una maldita razón por la que no deberíamos!"

Tetsuo comenzó a abotonar su saco. "Esto no tiene caso. Me voy a casa. Llámame cuand–"

El mesero aclaró su garganta. "Lamento interrumpir," –dijo– "pero su tarjeta ha sido rechazada."

"¿Qué?" Tetsuo observó el recibo que el mesero le entregó. "No lo entiendo, tengo suficiente crédito en esa tarjeta."

Sawako lo miró con desprecio. "Yo no voy a pagar."

Su novio suspiró. "Momento, creo que tengo efectivo," le contestó al mesero, y comenzó a buscar entre sus bolsillos. Primero intentó en sus pantalones, luego en su saco, pero al parecer la suerte no estaba de su lado. Molesto, se quitó la prenda para buscar más a fondo.

Mientras buscaba, los llorosos ojos de Sawako captaron un vistazo de algo que lucía extrañamente familiar. Lentamente, ajustó su mirada hasta verlo de nuevo. Y cuando lo hizo… su rostro cambió por completo.

"Tetsuo," –dijo fríamente– "déjame ver la etiqueta en tu traje."

"¿Qué? No. Estoy– ¡Hey!" Ella le había arrebatado la pieza, más rápida que una pantera.

"West End," –leyó– "Oh, lo sabía. ¡Lo sabía!"

"¿Y qué? Sólo es mi sastre."

La mujer azotó la chaqueta en la mesa. "¡Yo soy sastre, maldito imbécil!, ¿Crees que puedes engañarme? ¡West End es un servicio de renta de trajes!"

Tetsuo se puso blanco como el papel. "Este…"

"Dime… ¿Por qué alguien con dinero rentaría un traje?, ¿y por qué habrían de rechazar su tarjeta de crédito?, ¿Eh?"

"Yo. Yo. Eh… yo–"

"¡Has estado MINTIÉNDOME!" –gritó Sawako. "¡Todo es tiempo FINGISTE ser alguien de dinero!"

Tetsuo permaneció silente cual tumba.

"¡Ahora me doy cuenta de todo!, ¡Todo encaja!, ¡Tú que seguías 'olvidando' tu tarjeta de crédito!, ¡que no ordenabas otra cosa que no fuera ensalada!, ¡Dieta mi trasero!"

El mesero se movió a otra mesa con la sutileza de un suspiro.

"¡Jamás tuviste problemas para re-agendar tus importantísimas juntas!, ¡jamás fuiste por mí en el mismo auto dos veces!, ¡Tú–!"

"Toma lo que puedas conseguir," dijo Tetsuo.

"¿Qué?"

"Tú no eres un premio exactamente. El reloj sigue su curso. Toma lo que puedas conseguir."

Sawako no podía responder. Su furia y su shock libraban una guerra.

"Me atrapaste, por supuesto. No soy rico. Sólo doy una muy buena actuación. Y lo hago para poder pretender a una mujer de clase, de nivel superior. El tipo de mujer que nunca podría ser vista con un simple mecánico automotriz. ¿Pero tú, Sawako? Estás justo en los límites de mi zona de objetivos. Si no me gustaras tanto, me habría largado hace semanas."

"¿De qué estás hablando?"

"¡Sólo mírate!, ¿Te crees que eres una princesa? Eres una música fracasada enseñando en preparatoria. Buscas la admiración de tus estudiantes porque no puedes obtenerla de nadie más. Todo lo que te queda es tu belleza, y eso no durará por mucho."

"¡Sólo tengo veintiocho!"

"¿'Sólo'?, ¿Te piensas que estamos en París? Ningún japonés desea a una chica por arriba de veinticinco. Empiezas a lucir en picada y lo sabes. Lo único que necesitas para completar el cuadro es un par de anteojos."

"¡Tú pedazo de–!" Sawako no lograba encontrar las palabras.

"Adelante, grítame. Has una escena. Se aún menos femenina. Sabes muy bien que tengo razón. Jamás conseguirás algo mejor que yo."

Las lágrimas asomaban nuevamente por sus ojos. "¿Cómo pudiste?"

Tetsuo dejó escapar una risa burlona. "Amor rudo, nena."

"¡No me llames así!, ¡se terminó!"

"¿Por qué apresurarse a conclusiones? Esto aún puede funcionar. Podemos olvidar lo que pasó esta noche. Nadie más sabe que yo no soy rico. Sigo siendo bueno para tu reputación, y aún te deseo. Sólo que no… tú sabes, formalmente."

"¡No!"

"Deberías de estarme agradecida. Estoy dispuesto a olvidar que me gritaste en público. Un hombre rico auténtico ya te habría echado a la calle."

Sawako se levantó de la mesa y se puso apresuradamente su abrigo. "¡No quiero volver a verte jamás!"

Tetsuo sólo rodó sus ojos. "Dios, ¿siempre has sido tan melodramática? Supongo que yo no era el púnico que escondía algo."

"¡Cállate!"

"Hey, sólo decía. No tenía idea de que tuvieras escondida un cara tan horrible."

Sawako agarró a Tetsuo por la corbata lo suficientemente fuerte para levantarlo de la silla. Clavó sus ojos con los de él y masculló: "Ni siquiera has EMPEZADO a ver mi rostro más horrible."

Para cuando la vista de Tetsuo se había aclarado y era capaz de respirar otra vez, Sawako se había ido del lugar hacía un largo rato.


El Club de Música Ligera se estaba preparando nuevamente cuando Jun regresó. "Holas," –dijo Ritsu. "Casi nos rendíamos contigo."

La chica asintió en silencio y tomó su bajo.

"Jun, lo siento," –dijo Azusa– "no era mi intención ser tan grosera."

"Olvídalo." Su amiga no la volteó a ver.

Mio observó a las demás, no estaba segura de cómo manejar esto. Tsumugi se encogió de hombros en un elegante y fugaz movimiento; Ritsu negó con la cabeza. En realidad, no había nada que pudieran hacer, solamente esperar a que en algún momento, su nueva integrante dejara atrás esa melancolía.

"Empecemos con 'Perspective'," dijo Mio. "Estamos mejorando con esa canción. Er… except…"

Yui levantó la vista, la chica había estaba ocupada atando las agujetas de sus zapatos y cuando observó, todas la estaban mirando a ella. "¿Qué?"

"Excepto," dijo Ritsu.

"¿Estoy haciendo algo mal?"

"No te está yendo muy bien con la letra," dijo Mio, un tanto contra su voluntad. "Has estado olvidando versos completos."

"Tú eres la excepción. Acéptalo," dijo Ritsu. Tsumugi se rio de la ocurrencia. "Y tengo más, eso fue sólo una excepción."

"Vamos, ¡no lo hago tan mal!, ¡se los demostraré!" Yui tomó su guitarra y se lanzó a interpretar un estruendoso coro de una de las canciones de P-Model que habían ensayado. Tocó por un minuto entero, se detuvo e hizo una reverencia. "¿Ven?"

Se hizo el silencio.

"¿Qué?, ¿me equivoqué?"

"Podría decirse," contestó Ritsu. "También podrías decir… ahora, veamos si lo percibí correctamente… tocaste la melodía de 'Art Mania' mientras cantabas versos que eran mitad de 'White Cigarettes' y mitad de 'The Farmer in the Dell'."

"En la escala incorrecta," agregó Azusa. "Lo siento, senpai."

Yui agachó la cabeza. "Trabajaré más duro."

"Gracias," dijo Mio. "Ok, vamos empezando. ¿Todas están listas?"

Las demás asintieron. Mio le dio a Ritsu la señal, y ella inició el conteo. "One, two, three, four!"

La banda empezó a tocar "Perspective". Nada mal por ahora, pensó Mio. Tendremos que ver cómo sonamos en

"¡ARRRRRRRGH!"

La música se detuvo bruscamente. Todas miraron alrededor –y encontraron a Jun hecha una furia. Había tomado la uñeta de su bajo y la había arrojado al fondo del salón.

"¡Esto no sirve!, ¡y todas lo saben!"

"¿Qué es lo que no sirve?", preguntó Yui.

"¡Esta basura de P-Model!, ¡no es su estilo!, ¡soy la nueva aquí he incluso yo puedo notarlo!"

Mio suspiró. "Ya discutimos esto. Es demasiado tarde para cambiar el plan. Debemos tocar lo que conocemos."

"¡Sólo hemos conocido esta cosa por dos semanas!"

"Mira, señorita," –dijo Ritsu– "me estoy cansando de tu actitud. Es hora de que aprendas cuál es tú lugar y dejes de gritarle a tus mayores. Aquí nosotras estamos a cargo."

Jun estaba por responder cuando Yui la interrumpió. "Ricchan," –habló la castaña– "dilo de nuevo."

"¿Nosotras estamos a cargo?"

"Sí. Nosotras lo estamos. No Sawa-chan."

Todas guardaron un momento de silencio conforme caían en cuenta de ello. "Yui tiene razón" –dijo Tsumugi. "Fue Sawa-chan quien insistió en que no interpretáramos nuestras propias canciones. Ya no tenemos por qué seguir esa orden."

"Y conocemos mucho mejor nuestra música," –agregó Ritsu, sobando su barbilla. "La dominamos. Incluso podría existir la posibilidad de que Yui acierte a los versos."

"Un momento," –dijo Azusa– "no nos apresure–"

"No, tienen razón." Mio irguió su postura. "Jun, Yui, tienen razón. Sawa-chan ya no tiene voto aquí. ¡Deberíamos tocar nuestras canciones!, ¡dejar de pretender ser algo que no somos!"

Escuchando esas últimas palabras, Yui le dirigió una mirada inquisitiva a Ritsu y señaló sus lentes oscuros. La baterista negó firmemente con la cabeza y señaló a Jun. Los trucos tendrían que correr su curso.

"¡Ensayemos una vez más, esta vez de verdad!" dijo Mio, aún en la inercia del momento. "Tenemos tiempo para dos de nuestras canciones en la Regionales… ¿Cuáles son las mejores?"

"¿'Mi Diadema'?" –sugirió Tsumugi. Mio movió la cabeza en franca negación. Incluso ella se arrepentía de haber escrito esa.

"Mi favorita siempre fue aquella sobre el dinosaurio," –dijo Ritsu con una risita. Mio la miró reprobatoriamente.

"¿Qué tal 'Fuwa Fuwa Time'?", dijo Ui, que casualmente sabía que ésa era la favorita de su hermana.

"¡Esperen!", dijo Azusa.

Las demás se giraron en dirección a ella. Fabuloso, –pensó Ritsu. Creí que estaba mejorando pero no. Aquí es donde la 'Señorita Obediente' se pone toda arrogante y trata de obligarnos a

"Vamos," –continuó la chica de coletas– "todas sabemos que 'Mi amor es una engrapadora' es nuestra pieza más interesante, musicalmente hablando."

La sonrisa de Ritsu creció de oreja a oreja. Bienvenida de regreso al bando de los buenos, niña. "Engrapadora será. ¡A tocar!"


"¡Y además está la sección de metales! En seis años, ¿sabes a cuántas trombonistas he enseñado? ¡Ninguna! Oh claro, ha habido chicas con trombones, ¡pero no eran trombonistas! ¿Sabes por qué, Chika?"

Kawasumi suspiró un tanto harta. "¿Por qué?"

"¡Porque un oso de peluche con un rifle no es un pistolero, por eso!, ¡Y esa condenada interprete de eufonio!, ¡juraría que pone mayor esfuerzo en teñirse el cabello que en practicar!"

"Claro."

Yamasu le miró recelosa. "Estás muy callada. ¿Acaso te estoy aburriendo?"

"Eh, no. Es sólo que me distraje un poco con un problema científico."

"¿Y qué problema es ése?"

"¿Cómo es que sigues consciente?"

Yamasu miró la montaña de botellas y vasos vacíos en la mesa y soltó una risa. "Todo está en la práctica."

"¡No se puede entrenar la tolerancia al alcohol!"

"Tal vez no puedes."

Una mesera se acercó a limpiar la mesa. "¿Gusta que le traga la cue–?"

"Más de todo," dijo Yamasu.

"D-De acuerdo. ¿Y para usted, señorita?"

"Ginger Ale," –ordenó Kawasumi, ganándose una mirada condescendiente de su colega. "¿Qué?, ¡me trajiste aquí como tu conductor designado!"

"Exacto. No como mi lastre designado."

Kawasumi se la quedó viendo.

Mientras la mesera se llevaba las botellas, las maestras escucharon una conmoción en la entrada del lugar y se giraron para ver qué pasaba.

"¡MENTIROSO!, ¡sólo me dices lo quiero escuchar!"

"Señorita, lo único que dije fue 'Bienvenida a–' "

"¡Exacto!, ¡no soy bienvenida!, ¡no realmente!, ¡ni siquiera me conoces, no es más que un truco para hacerme entrar!"

Yamasu miró de reojo. "¿Ésa es…?"

"Es Sawako," confirmó Kawasumi.

"Nunca la había visto tan alterada. ¿Crees que le sucedió algo?"

"Puede ser. Tal vez deberíamos ir a ayudar antes de que haga que la arresten."

Las maestras se tomaron un momento imaginando dicha escena.

"Sí, vayamos a ayudar," dijo Yamasu, un tanto arrepentida.


Tras media hora de trabajar con las notas de "Mi amor es una engrapadora", la atmósfera del salón de música era enteramente distinta. Había una nueva energía alrededor. Entre el té de Tsumugi y las canciones de Mio, el club de música ligera había renacido.

Las chicas de la banda tomaron un respiro para ajustar sus instrumentos. Azusa dio un vistazo alrededor y observó que mientras trabajaban, había grandes sonrisas en los rostros de todas. Ella tampoco podía evitar sonreír, esto era–

Un momento. No todas sonreían. ¿Por qué Yui se veía tan desanimada?

"¿Estás bien, senpai?" preguntó ella, con la esperanza de que éste no fuera uno de esos problemas en los que ella tuviera que ponerse orejas de gato para solucionarlo.

Yui se jaló los mocos. "Estoy bien. Es sólo… esta canción…"

"¿Qué con ella?"

La guitarrista parecía tener la mirada perdida en la distancia. "Algún día lo entenderás, pequeña Azu-nyan. Algunas veces… las hojas del amor son demasiado gruesas para poder engraparse."

Ritsu alzó la mirada al cielo, tan exasperadamente que las chicas podían escucharlo. "Yui, ¿aún sigues con lo del tipo ése de la tienda de discos?"

La castaña se limpió una lágrima. "Ni siquiera el hilo rojo del destino pudo mantenernos juntos…"

Mio le murmuró a Tsumugi: "No cuando es cortado por las tijeras azules de él-ya-tenía-una-novia."

"Ahora todo lo que puedo hacer es suspirar por él. Suspirar…"

Azusa habló. "Eh, Senpai…"

"Shh. Estoy suspirando."

"Ok, eso es suficiente." Ritsu se tronó los nudillos y rodó hasta la guitarrista. "Escúchame bien, Yui. Voy a enseñarte las 'Leyes del Amor' de Ritsu."

"¿Tú sabes de amor, Ricchan? Jamás te he visto con un–"

"Cállate hasta que no puedas callarte más. Ahora pon atención. Ley número uno: el amor apesta."

Yui se rebuscó los bolsillos. "¿Debería de anotar esto?"

Azusa susurró: "Ciemmgan."

"¡Oh, claro! Sigo olvidánd–"

"¡Eso no es lo más callada que puedes callarte!" –Interrumpió Ritsu– "¡Boca cerrada!"

Pluma en mano, Ui agregó: "No te preocupes, Oneechan. Ya me encargo de eso."

"Ley número dos," –dijo Ritsu, levantando sus baquetas formando una V. "El amor cuesta dinero. Incluso si el espécimen en cuestión es del tipo galante –ya saben, un perdedor– aun así gastarás dinero poniéndote bella y todo eso. Dinero que bien podría ser utilizado en un nuevo sombrero para una amiga percusionista."

"Estoy bien de dinero," –dijo Yui. "Creo que tengo cinco. Déjame checar."

"¡Silencio! Regla número tres –"

"Creí que eran leyes."

"Ley tres: El amor toma tiempo. Y necesitas todo tu tiempo para estudiar. Si quieres un novio, primero vuélvete súper inteligente. Además, tiempo es dinero, así que véase también arriba."

Yui miró al techo.

"Ley cinco –"

"¿Qué pasó con la ley número cuatro?", preguntó Ui.

"La ley cuatro es el amor apesta. Ley cinco: De veras, el amor apesta. Consume tu vida. Hace que te deje de importar todo lo demás excepto un payaso. Y al final te rechaza, lo que me lleva a la ley número seis: DOLOR."

"¡Él no me rechazaría!" –Protestó Yui– "¡Estamos destinados el uno al otro!"

Ritsu hizo un gesto con la cabeza en dirección a Mio. "Eso es lo mismo que ella decía sobre el tipo que quería en secundaria. ¿Sabes que pasó después de eso?"

"No, no lo sabe," –intervino la bajista, de pronto parada justo detrás de Ritsu. "Y no va a enterarse."

"Amenázame todo lo que quieras. Nada de lo que pudieras hacer será peor que esas semanas que te pasaste llorándome acerca de él. Aún puedo escucharte en mis pesadillas. '¡Ritsuuuuu!', ¡duele tanto!, ¡los hombres son anima–!"

Hubo un momento de violencia como nunca antes se había presenciado en el salón de música.

"AaaaaauuuuUUH," gruñó Ritsu, al tiempo que Mio volvía con grandes pasos hacia su bajo. "Tengo que aprender cuando detenerme."

"¡No te detengas ahora!" dijo Yui. "¡Aun no terminas de decirme las leyes!"

"Claro. Bien, acabas de presenciar una demostración práctica de la ley número siete: el amor lastima. Algunas veces lastima a todos dentro de un cierto radio de distancia."

Jun levantó una mano. "¿Habrá una ley que hable de temas sucios?"

La baterista le dirigió una mirada reprobatoria. "Ustedes niñas ni siquiera deberían de estar escuchando. Esto es cosa de adultos. Vuelvan cuando estén listas, lo sabremos por las luces frontales."

La nueva miembro sólo hizo una mueca. Azusa trató de pretender que no había escuchado nada. Ui apenas mostró el atisbo de una pequeña sonrisa.

"Y finalmente, ley número diez –"

"¡Te saltaste la ocho y la nueve!", se quejó Yui.

"La ley número ocho es el amor apesta. La ley número nueve, una barra de granola en caso de que nos dé hambre después. La ley diez: ¡aún no has cerrado bien la boca!, ¡silencio!"

"Perdón."

"Como sea… ley diez – no, espera. Ya me hiciste usar ésa. Bueno, la diez iba a ser la conclusión: el amor apesta. No vale la pena. La única persona en este cuarto que podría encontrarlo, mantenerlo y costearlo es Mugi. Así que dejémosle el amor a ella y deseémosle suerte."

Mientras Tsumugi se ruborizaba, Yui trataba de dar sentido a toda esta nueva información en su cabeza. "Así que lo que intentas decirme es que… ¿debería olvidarme de él y seguir adelante?"

"Sería lo ideal. Aunque nos conformamos con que no vuelvas a molestarnos con el tema."

"No lo sé. Eso no suena como algo que haría Julieta."

Ritsu lanzó las manos al viento. "Ok, ahora ya sé cuándo rendirme. ¿Alguien más quiere intentarlo?"

Ui se acercó para hacerse cargo de su hermana. Ritsu rodó de regreso a su batería, donde Mio la esperaba…con una sonrisa burlona. "Será mejor que no estés planeando pegarme de nuevo."

"No no. Sólo pensaba."

"¿En qué?"

"En lo rápido que tus 'Leyes del amor' saldrían volando por la ventana si un chico se te confesara a ti."

"¡Hey!"

"¿Recuerdas aquélla vez en el karaoke cuando pensaste que un chico se te quedaba viendo, y al final resultó que era yo en quien él estaba interesado?"

"¿Recuerdas? Juré vengarme de tu descendencia hasta la milésima generaci– es decir, shhh. Déjame en paz."

Mientras continuaba el debate, Jun se aproximó a Azusa. "Sobre lo que comentaba Ritsu… ¿acaso Tsumugi realmente tiene un novio?"

"No que yo haya visto antes," dijo la guitarrista.

Jun observó al fondo del salón a donde se encontraba la acaudalada rubia. En especial, el área alrededor de su abdomen.

"¿Eso es…?" –Jun hizo una pausa, sus ojos tenían una mirada de suma extrañeza. "¿Eso es porque se lo comió?"


Sawako era un absoluto desastre, y sus colegas no la culpaban en lo más mínimo. Había logrado, entre toda su rabia y desconsuelo, contarles toda su historia –desde las mentiras de Tetsuo hasta su brutal declaración de intenciones y expectativas. Ambas maestras sentían una gran empatía por ella. Era un sentimiento extraño, poco familiar.

Kawasumi puso una mano en el hombro de Sawako. "No dejes que esto te acabe. El tipo es un bastardo. Estás mejor sin él."

Yamasu hizo la única cosa que le salía naturalmente cuando intentaba tener un gesto amable. "Tómate una copa," dijo ella, pasándole la botella.

"No sé si de–"

"Esta noche yo pago tu alcohol. Necesitas esto."

Agradecida, Sawako se sirvió un trago. "Supongo que la vida me guardaba una sorpresa más para esta noche. Nunca pensé que tu serías quien me consolara..."

Yamasu terminó de desaparecer su bebida y se limpió la boca. "¿Qué quieresssh decir con eso?"

"Bueno es sólo… que no eres alguien de quien yo esperaría esto."

"¿Esto tiene algo que ver con la supuesta rivalidad de nuestros clubes? Porque yo nunca –"

Sawako negó con una mano. "No los clubes. No que yo sepa, en todo caso."

"¿Entonces qué?"

Bueno yo… yo siempre te he considerado mi rival. Creí que tu hacías lo mismo."

Yamasu lucía realmente sorprendida. "¿De verdad?, ¿por qué?"

"¿No sientes ni un poco que somos competencia?" preguntó Sawako, con igual sorpresa.

"¿Y competencia por qué?"

"¡Las estudiantes!, ¡Tú y yo somos las dos bellas y jóvenes maestras de música que todas las niñas admiran!, ¡Somos sus ídolos!"

Se hizo una pausa, durante la cual Kawasumi se felicitó a sí misma en silencio por haber intuido esto correctamente hace semanas. Entonces Yamasu explotó en carcajadas.

Sawako frunció el entrecejo. "¿Qué te resulta tan divertido?"

"¿Las – las estudiantes?, ¿quieres a las estudiantes?, ¿y pensabas que yo también? ¡Ah ja ja ja!"

"¿Quieres decir que no–?"

"¡QUÉDATELAS!, ¡Por favor, quédatelas!, ¡no hago esto a propósito!, ¡no soporto a esas pequeñas sabandijas!"

Una vez que su ataque de risa se calmó, Yamasu se sorprendió de ver a Sawako aún más deprimida. "¿Qué pasa?"

"Así que ni siquiera lo intentas. Eso es excelente, Megumi. ¿Sabes?, yo trabajo muy duro para mantener mi imagen."

Uups. Yamasu no se dio cuenta de su paso en falso hasta que ya era demasiado tarde.

"Desearía tener tanto amor como para tirarlo a la basura," –continuó Sawako– "Tanto… amor…"

Kawasumi pensó rápido. Tenían que cambiar el rumbo de la plática de vuelta a la conmiseración antes de que Sawako se pusiera peor. Levantó su copa de Ginger Ale y alzando la voz dijo: "¡Un brindis!, ¡Por los hombres –que todos ardan en el infierno!"

Sawako reaccionó y chocó su copa con la de Kawasumi. "¡Brindaré por eso!"

Yamasu se les unió. Pronto, las tres maestras maldecían a Tetsuo sin recato alguno. Sawako comenzaba a lucir sólo un poco mejor –aún devastada, seguro, pero ya no en la misma forma peligrosa, casi-al-borde-del asesinato/suicidio en la que estaba cuando entró al lugar. Conforme avanzaba la noche, incluso comenzó a verse un poco borroso.

Momento. Todo se veía un poco borroso. ¿Por qué todo luce–?

"Megumi," –habló Kawasumi– "esto ya no es sólo Ginger Ale, ¿cierto?"

"No me arrepiento en lo absoluto. Eras el compañero de bebida más aburrida del mundo."


Para las siete de la noche, las chicas estaban legando al límite de sus fuerzas. Nunca antes habían tenido una sesión de ensayo tan prolongada, incluso contando los conciertos escolares. Ahora que "Engrapadora" sonaba bastante bien, no hicieron falta las palabras para que decidieran tomar un descanso antes de decidir en qué canción trabajarían a continuación.

"¡Hey Senpai!" –dijo Jun, dirigiéndose a Mio– "¡esa canción de la engrapadora realmente me fascinó!, ¿crees que podría hacer un solo en ella?"

Ritsu se las arregló para dirigirle una mirada altiva a Jun a pesar de quedar casi a la altura de su cadera. "¿Tú?, ¿la nueva? Te hace falta ser así de molesta por cien años para que–"

"¡Deja de hacer eso!" contestó Mio. La chica le dirigió a su amiga una mirada que decía ¡Está siendo entusiasta, no lo arruines! "¿Qué es lo que tienes en mente, Jun?"

"¡Esto!" La más joven de las bajistas comenzó a jugar con las notas en la melodía base de la canción. Conforme tocaba, varias cejas comenzaron a alzarse en el salón.

"Eso fue… impresionante," dijo Azusa cuando el solo terminó.

"¡Maravilloso!", añadió Tsumugi.

Jun hizo una exagerada reverencia. "¡A veces, la maestra Yamasu nos hace ejecutar solos en el club de Jazz!, ¡así aprendí!"

"Pero ése fue un solo de rock, no de jazz," dijo Azusa.

"Sí. Dice que necesito trabajar."

Mio hizo un par de cuentas en su cabeza. Ocho minutos en escena por banda… "Mi amor es una Engrapadora" usualmente nos lleva cuatro… un solo podría tomar otro minuto… lo que nos deja… nos deja… un tren parte del punto A viajando a– "¡AARGGH!"

Ritsu preguntó: "¿Estás bien?, ¿es otro ataque de ira?" (Jun la miró con recelo.)

"Disculpa. Estoy bien. Jun, déjame pensar lo del solo, ¿de acuerdo? Dependerá de cuál sea la canción que elijamos como segundo número."

"¡No hay problema!, ¡sólo estar nominada ya es un honor!" La chica hizo otra reverencia.

Ritsu cruzó miradas con Tsumugi y realizó una serie de movimientos rápidos: primero, juntando dos dedos, luego haciendo el remedo de sorber de un popote, y finalmente, señalando al techo. Ambas chicas reían discretamente a expensas de su propia bro–

"¡Ja ja!" habló Yui. "¡Ya entendí!"

La baterista la tomó de la manga y le espetó en un susurro: "Estaba intentando ser sutil, y por condenada última vez ¡no puedes ver!"

"No hay problema. Ui está aquí."

"¡Aun así debe decírtelo primero!"

Mio observó a todas en el salón con un gesto maternal. "¿Podemos concentrarnos por favor? Tenemos que escoger nuestro segundo número para que pueda decidir respecto a este solo."

"Hey, hablando de solos…" –dijo Jun– "¿Cómo les fue a todas con sus interpretaciones en vivo? Supe de las de Tsumugi y de Ritsu…"

Yui sollozó. "La mía sólo me dejó corazones rotos y desamor." Ui la envolvió en un abrazo.

"¿Qué hay de ti, Azusa?"

A su compañera de clase se le erizaron los cabellos. "Bien. Estuvo bien."

"¿Qué cantaste?, ¿Dónde fue?, ¿cuántas perso–?"

"¡Hey, suficiente!"

Jun estaba de pie, cara a cara con Azusa. "¿Suficiente dices?, ¡esas parecen las palabras de alguien que en realidad no–!"

"¿Qué hay de TI?" –Contraatacó Azusa, invadiendo esta vez el espacio personal de Jun– "¡No te he visto cantar espontáneamente durante la clase!"

Jun puso una sonrisa de orgullo. "¡Eso es porque yo lo hice ayer mientras tú estabas en otro lado!, ¡Canté el repertorio entero de Los Miserables!, ¡Debiste ver la cara que puso la maestra Kawasumi!"

"¡Oh, que conveniente!, ¡justo el día que yo no estaba!, Bueno ¿pues qué crees?, ¡Yo también hice mi solo ése día!, ¡intenta probar que miento!"

"¿Y qué canción era, hmmm?"

Azusa se sonrojó. "Ehm, 'Señor Sol.'"

"¡Ja!, ¡jamás he escuchado hablar de ella!"

"¡Oh por favor!, ¡todo el mundo la canta cuando es niño!, ¡y claro, estoy segura de que te sabes el repertorio entero de Los Miserables!"

Tsumugi le susurró a Ritsu: "¿Deberíamos hacer algo al respecto?"

"Nah, déjalas pelear. Esto no es lo mismo de antes, no es más que una sana discusión."

"¿Se supone que las amigas peleen entre sí?"

"Claro. Es inofensivo."

Tsumugi meditó bien por un momento, entonces se giró hacia Yui y dijo: "¡Tus broches para el cabello se ven ridículos!" La castaña no la escuchó. La rubia terminó con un rostro deprimido.

Mientras Azusa y Jun seguían en su intercambio, Mio tomó asiento. Esta discusión era improductiva, pero le daba un minuto para poder pensar. Y de todas formas, llegaba en buen momento. Ahora Jun estaba lo suficientemente distraída, así que probablemente olvidaría preguntarle a Mio lo que ella había interpretado para su "solo". No es como si la pelinegra hubiera podido mentirle, pero al menos esto le ahorraba el problema de tener que defenderse.

Cantar en público –pensó Mio mientras un escalofrío le recorría el cuerpo– típico de Sawa-chan. Le fascina ridiculizarnos y ponernos a NOSOTRAS en vergüenza, pero nunca a ella misma. Haré mí solo cuando ella haga el SUYO.


"Only a go-go girl with somenone who didn't care! Only twenty-one, she was a young girl just in from somewhere! ..."

Mientras Sawako cantaba entre lloriqueos, sujetando firmemente el micrófono del karaoke, sus dos colegas la observaban sin saber exactamente qué expresión poner.

"¿Por qué está cantando música regional canadiense?", preguntó Yamasu.

"Me sorprende incluso que la tengan disponible," dijo Kawasumi.

Ambas maestras bebieron un trago.

"¿Qué es una chica a go-go?"

"Una especie de bailarina, creo," dijo Kawasumi.

Tomaron otro sorbo.

"¿Sawako de verdad tiene 21?"

"Es completamente posible que así lo piense en este momento."

Bebieron de nuevo.

Yamasu observó su copa. "Me quedé sin nada. Creo que ahora probaré esa cosa morada."

"¿Hablas de esa bebida que la chica americana de hace rato estaba repartiendo? No creo que fuera una mesera."

"Bueno, ¿Dónde está ahora?"

"En la esquina, inconsciente."

"¡Suena como mi tipo de trago!" Yamasu se puso de pie en un salto, dio dos pasos hacia donde la chica había caído y perdió el balance, impactándose en el suelo.

Mientras Kawasumi la ayudaba a levantarse, Sawako terminó de cantar. "Gracias, gracias," –hablaba a la enloquecida audiencia que existía solo en su cabeza– "Y AHORA… es hora de algo más serio. Hora de ponernos furiosos. ¡Tiempo de algo de METAL!, ¡Rocola, dame algo de Slayer!"

Kawasumi observaba incrédula cómo Sawako se soltaba el pelo, formando entre sus manos una guitarra de aire, y comenzaba a gritar versos en una voz apenas un poco más coherente que la de un verdadero cantante de metal.

"RAINING BLOOOOODDDD!, FROM A LACERATED SKY!"

Kawasumi miró a una Yamasu semiconsciente y dijo "Sólo les advierto de antemano, si alguien me pregunta, negaré conocerlas a ambas."


Mio había establecido como límite las ocho de la noche para la sesión de práctica. Ya eran las nueve. Contra toda su voluntad –que le indicaba que aún había mucho en qué mejorar como para detenerse– en realidad no le quedaba otra opción. La banda necesitaría una buena noche de descanso si querían tener una oportunidad el día de mañana.

Se dio la vuelta hacia Ritsu. La baterista sabía lo que estaba pensando y respondió con una mirada: Seguiré hasta que tú digas alto, pero ahora probablemente sea buen momento. Esa era toda la confirmación que Mio necesitaba. Levantando una mano para llamar la atención de las demás, dijo, "Tendremos que detenernos aquí."

"¡Aún no!" –Dijo Jun– "¡no estamos listas!, ¡debemos continuar!, ¡toda la noch–! Nah, sólo bromeaba. Apenas puedo levantar mi bajo." Todas le sonrieron.

"Mio, ¿significa que ya te decidiste con nuestra segunda canción?", preguntó Tsumugi.

La pelinegra soltó un suspiro; ése problema seguía sin resolverse, incluso después de dos horas de haber repasado el repertorio entero de la banda. Mio sentía que había algo que necesitan probar en el escenario, algo que demostrar a todo el mundo, pero ninguna de sus canciones actuales lograba conjuntar ese sentimiento. ¡Si tan sólo lograra encontrar la inspiración necesaria para una nueva!

Pero eso no podía remediarse ahora. Era momento de elegir. "Intentémoslo con 'Fuwa Fuwa Time'," –dijo– "es la que hemos tocado por más tiempo."

Ritsu asintió. "Deberíamos empezar con esa, entonces. Energizar el ambiente va mejor antes de una balada." Hubo un consenso general.

"¿Y mi solo?", preguntó Jun, que lucía como un muñeco a punto de saltar de la caja sorpresa.

"Bueno… ok, supongo que podemos hacerlo encajar. Suponiendo que –"

La caja se abrió. "¡SÍ!, ¡gracias Senpai!, ¡graciasgraciasgracias!" la chica se abalanzó sobre Mio abrazándola con tal fuerza que parecía que estaba tratando de sacar el último poco de pasta de un tubo dentífrico.

"Ni lo…menciones…"

"¡Esto es increíble!, ¡nunca antes tuve la oportunidad de ejecutar un solo en vivo!, ¡y ahora podré hacerlo frente a cientos de personas!"

Mio palideció. "C-Cientos…"

"¡Cientos y cientos y cientos!" Jun sacudió a Mio por los hombros. "¡Tal vez incluso mile–!"

Un fuerte estruendo la interrumpió. "Uups," –dijo Ritsu– "se me cayeron mis baquetas. ¿Podrías acercarte y levantarlas por mí, chiquilla presumida?"

"Pero Tsumugi y Yui están más cerca," contestó la confundida bajista.

"Sí, pero eres la novata. Haz lo que yo digo."

Aunque algo irritada, Jun cedió y fue a recoger las baquetas. Mio se tomó un momento para calmarse. Mientras lo hacía, pudo notar como Ritsu le guiñaba un ojo.

Así que no me lo imaginé, pensó Mio. Ritsu no tiró esas baquetas accidentalmente, las aventó a propósito. Se dio cuenta de inmediato lo incómoda que me estaba haciendo sentir Jun.

Tal vez era que aún seguía en un estado altamente emocional, pero de pronto Mio sintió que la invadía una enorme sensación de gratitud. No se trataba sólo de éste incidente –Ritsu siempre estaba para ella. Podía ser de una forma muy sutil, disfrazando su apoyo debajo de una cortina de bromas y comentarios pesados…muchos comentarios… pero seguía siendo la mejor amiga que Mio podría haber podido desear. Era justo como el sonido de su batería –ruidosa, molesta en ocasiones, pero constante y firme.

¿Y qué había hecho Mio por ella últimamente? Durante todo este funesto mes, ¿había existido una sola vez en la que hubiera dejado de pensar en ella misma y hecho algo amable por Ritsu?

La pelinegra dio un rápido vistazo alrededor. Las chicas aún no habían guardado sus instrumentos. Se resignó y dijo: "Tóquenla."

"¿Eh?"

"Ya saben cuál. La cosa esa… del dinosaurio. Tóquenla."

Todas se quedaron de pie un momento, parpadeando.

"¿Esto es una trampa?", preguntó Ritsu.

"No, quiero escucharla. De verdad."

Yui le susurró a las demás: "¡Eso es lo que diría si fuera una trampa!"

"¡NO lo es!" dijo Mio, dando un pisotón. "¡Realmente quiero escuchar esa estúpida canción!, ¡sólo dense prisa y tóquenla de una vez!"

Aún desconcertadas, las chicas volvieron a tomar posiciones. Éste iba a ser un ensayo bastante confuso. Pero en el rostro de Ritsu comenzaba a asomarse una amplia sonrisa. "Última oportunidad de que cambies de opinión," le dijo a Mio.

La bajista sólo negó con la cabeza. Esto era lo menos que ella podía hacer.

"Tú lo pediste." La baterista alzó sus baquetas. "One, two, three, four!"

La banda comenzó a tocar, con Ritsu como vocalista. Habría sido muy sencillo para cualquier observador darse cuenta que esta era una canción que habían hecho sólo por diversión. El ánimo que desprendían era algo completamente distinto a lo que habían tocado hoy. Azusa no tenía esa cara de concentración total, tan habitual en ella; Tsumugi –que usualmente tocaba a la perfección– dejaba escapar una que otra nota. Y con excepción de Ritsu, a todas se les había escapado al menos una sonrisa escuchando la letra.

Y mientras todo esto ocurría, Mio observaba, con un rostro cada vez más pensativo.

"¡Nunca te escaparás del Meca-Brontosaurio! ¡PLAS, PLAS!" Ritsu finalmente rompió en carcajadas tras añadir de último minuto esa nota final, y la banda entera se le unió en las risas. Las chicas voltearon a ver a Mio para saber si la canción le había divertido o irritado.

La bajista no levantó la mirada. Estaba pensando, profundamente concentrada, con una mano en la barbilla.

"Tóquenla de nuevo," dijo.


En sus días de preparatoria, la maestra Kawasumi nunca había tenido que ayudar a una amiga a salir de un bar. Y no es que no lo hubiera hecho, llegado el momento, era sólo que sus amigas solían ser un poco más refinadas.

"¡Aún no quiero irme!" murmuró Yamasu.

Gruñendo, Kawasumi colgó el brazó de la maestra de Jazz sobre su hombro. "Nos vamos. Me trajiste para que pudiera llevarte de regreso a casa, ¿recuerdas? Un trago más y donde tendré que llevarte será al hospital. O la estación de policía, o el sepulturero."

"¡No, quiero quedarme hasta que cierren!, ¡Sawa-chan, ayúdame a quitármela de encima!"

"¡Por supuesto, Yama-chan!" –dijo Sawako, lanzando un triste intento de golpe hacia Kawasumi– "¡suelta a mi mejor amiga!"

Kawasumi estaba exasperada. Ambas mujeres habían sido las mejores amigas por las últimas dos horas más o menos, con un breve período a la mitad de eso en el que fueron peores enemigas. Tener que verlo había sido algo bastante vergonzoso. No tan vergonzoso como su interpretación a dueto de "Nothing Else Matters", pero bastante cerca. La amistad estúpida podía ser tan molesta como la más amarga de las rivalidades.

Aunque tal vez… al final, podía existir una lección en todo esto. Si Yamasu y Sawako podían hacer las paces así de rápido, tal vez cabía la esperanza de poder resolver conflictos mayores. Quizás al mundo no le caería tan mal ponerse ebrio de vez en cuan–

La mujer sacudió su cabeza vigorosamente. Al parecer, ella era una ebria filosófica. ¡Maldición, Yamasu!

"¿Porrr dóshnde esshtá tú auto?", preguntó el bulto en su hombro.

"A la vuelta."

"Pero vamosss hascia la entrada."

"Sí, tomaremos un taxi."

Yamasu le miró escéptica. "¿Qué classhe de conductor dessignaddo eres?"

"Del tipo que está sobre-el-límite-permitido," –gruñó Kawasumi– "muchas GRACIAS por eso. Tendré que venir a recoger el auto mañana. Esta noche dejemos que alguien sobrio conduzca."

"¡Déjame a mí!" dijo Sawako, a punto de darse de frente con el marco de la puerta. Kawasumi la sujetó a tiempo.

Había unos cuantos taxis esperando afuera. Kawasumi escogió uno al azar y depositó a Yamasu en su interior, quien rodó hasta el fondo del vehículo medio dormida, e ignorando el ruido de su celular. "Muy bien", dijo Kawasumi a Sawako. "Sigues tú."

"Yo caminaré a casa," dijo la maestra de música. "Vivo bastante cerca."

Kawasumi frunció el ceño. "No creo que eso sea buena idea, Sawako. Deberías venir con nosotras."

"Es un país libre. Quiero aire fresco. Y de todos modos tengo mejor resistencia al alcohol que mary copitas en el taxi." Señaló a Yamasu, que estaba dando vueltas en el asiento del vehículo.

No hay nadie en el mundo que soporte TANTO alcohol, pensó Kawasumi. Intentó una técnica distinta. "Son las diez en punto de la noche. Aún si estuvieras sobria, no es seguro que–"

"¡Vivo justo allí!" Sawako señaló a un complejo departamental como a dos cuadras de distancia.

Kawasumi dejó escapar un suspiro. No podía obligar a Sawako, y era una distancia bastante corta… "De acuerdo. Sólo ten cuidado. Si necesitas algo, asegúrate de… eh…"

"¿Sí?"

"… Llamar a alguien." Kawasumi no pudo decidirse a hacer la oferta. Se parecía demasiado a lo que haría una amiga. Se sentía mal por lo que le había pasado a Sawako, pero estas personas no eran las amigas de Kawasumi, eran sus compañeras de trabajo. Y una noche de borrachera forzada no iba a cambiar eso.

Seguramente Sawako tenía sus propias amistades a quienes llamar. Kawasumi tenía la esperanza de que así lo haría. Pero no era algo que le concerniera.

"Buenas noches Sawako, nos vemos mañana." Se subió en el taxi, junto a Yamasu, que estaba murmurando algo sobre un mensaje de texto, y dándole al chofer las indicaciones de cómo llegar a su casa. Iba a tener que intentar sacar la dirección completa de la cabeza de Yamasu durante el camino.

Ya sola en la calle, Sawako observó al taxi alejarse por la avenida. Esperó hasta que estuviera fuera de vista, y luego un minuto más, sólo para estar segura.

Se sentía un tanto mal por tener que haberles mentido. Ambas mujeres habían interrumpido sus planes esa noche sólo para consolarla. Ni siquiera la conocían tan bien, pero le habían mostrado compasión en su momento de debilidad. Haber pasado tiempo con ellas realmente había hecho que Sawako se sintiera un poco mejor.

Ella no quería sentirse mejor.

Dándole una última mirada al complejo de departamentos que había señalado al azar, Sawako dio media vuelta y entró de vuelta al bar.


TRANSMISIÓN DE CARÁCTER PRIORITARIO –TOP SECRET

Reportando: Teniente en servicio-Coronel en Jefe Jun Sakurada, O.B.E. (pendiente)

Lo que sigue es mi reporte final.

El grupo objetivo parte el día de mañana. He manipulado exitosamente al comandante en funciones –el Objetivo M– para que realice un cambio radical en la estrategia. En lugar de material probado, el grupo interpretará el material amateur compuesto por ellas mismas. De igual forma he sembrado la discordia respecto a varios asuntos y tomado bajo mi responsabilidad algunos de las actos durante la presentación de mañana, esto con el objetivo de maximizar el daño que provoque mi deserción.

Para esta hora mañana, la misión estará concluida. Su éxito no dejara lugar a dudas respecto a mis intenciones ni mi dedicación a la causa. La serie de eventos que han llevado a este punto no fueron al azar. He tenido el control a cada paso del camino.

No soy un fracaso. No soy una mocosa. No soy una niña fanática fácil de distraer. No vine aquí sólo por diversión. No soy…

"Oye Jun, tenemos que irnos. ¿Qué tanto escribes?"

"¡Nada!, ¡ya las alcanzo!"

No soy ninguna de esas cosas. NO LO SOY.

Ya lo verán.


Al final, habían tocado "Ahí viene el Meca-Brontosauro" cinco veces, de principio a fin. Había sido Ritsu –no Mio– quien últimamente había marcado el alto. La baterista sentía que se le iban a caer los brazos y, siendo sincera con ella misma, con cada vez que repetía la canción, sus versos le parecían más y más vergonzosos.

Durante todo ese tiempo, Mio había estado completamente enfocada en la música. No les había dicho a las chicas el por qué quería seguir escuchando la canción. Ritsu decidió mantener la esperanza (que se debiera a un repentino interés en los dinosaurios), pero prepararse para lo peor (una larga, muuuy larga sesión de burlas la próxima vez que hartara la paciencia de Mio).

Pero oigan, lo importante aquí era lo bien que les había ido en la práctica. La chica apenas podía creer que tan sólo anoche habían sido abandonadas por Sawako. Por un momento, todo parecía lucir sin esperanza alguna. ¡Pero ahora, las Regionales estaban a su alcance! El viejo dicho era correcto: Siempre está más oscuro justo antes de amanecer.

"¡Uuff!" dijo Yui, dejándose caer al suelo. Había pasado de estar en pie a estar acostada en el piso en menos de un segundo. De alguna extraña manera, Gitta había sobrevivido a todo este movimiento sin el menor golpe. (Aunque Yui sentiría después uno o dos moretones.)

"Todo mundo duerma bastante esta noche," dijo Mio. "Siento mucho haber prolongado la práctica hasta tan tarde. Necesitamos estar bien descansadas mañana, así que vayan a la cama tan pronto como lleguen a casa."

"De alguna forma, creo que ése no será un problema," dijo Ritsu, señalando a Yui. La guitarrista estaba completamente dormida.

"¡YUI!, ¡ya basta!, ¡ve a dormir a tu casa!, ¡y deja de ayudarla!" Ésa última parte iba dirigida a Ui, que en algún lado había hallado una manta y estaba extendiéndola sobre su hermana.

Azusa frunció el entrecejo al observar el oscuro paisaje a través de la ventana. "Será mejor que no nos vayamos caminando, al menos no solas. Creo que llamaré a Papá para ver si puede venir por mí."

"Tal vez debería hacer lo mismo," dijo Mio, guardando su bajo en su estuche. (Yui le susurró a su hermana, "¿Por qué Mio habría de llamar al papá de Azu-nyan?")

"Olvídense de eso," dijo Ritsu. "¡Hey, Mugi! ¿Qué tal si llamas una limosina o un jet y nos… nos…?" La chica miró por todo el salón. Un momento después, las demás hicieron lo mismo.

Tsumugi no estaba por ningún lado.

En la cabeza de Ritsu, dio inicio un efecto dominó. "Mio…"

Su amiga se le acercó. "Lo sé, Ritsu," contestó la bajista en voz baja.

"Hemos hecho tanto esfuerzo en no pensar qué clase de rareza se traía entre manos. Pero es la última noche. Si está planeando una locura, el momento es ahora."

"Lo sé."

"Sawa-chan no nos dijo cuál era su truco. Mugi tampoco lo hizo nunca."

"No es sólo que haya ganado peso," dijo Mio. "Ha ganado mucho peso… y todo en su estómago. Su rostro ni siquiera lo demuestra."

"Sí."

Ambas chicas estaban muy calladas. No sabían con seguridad qué era lo que sucedía con Tsumugi, pero ya no podían pretender que se trataba de algo bueno. Y ya no quedaba tiempo para hacer algo al respecto.

Siempre está más oscuro justo antes de amanecer, pensó Ritsu.

Sólo esperaba que esto no fuera la luz antes de las tinieblas.


"Última advertencia," anunció el bartender. Sawako miró el fondo de su vaso vacío y consideró si debía pedir una copa más. Decidió que no. ¿Cuál sería el punto?

El alcohol le había fallado, y no había sido a falta de intentarlo. Sawako había pasado las últimas horas poniéndose tan ebria como su salario se lo permitía. Su mesa estaba repleta de botellas que se acumulaban más rápido de lo que las meseras podían recogerlas. Había intentado con todas sus fuerzas ahogar su miseria.

Y al menos físicamente, había tenido éxito. Sawako estaba flotando en el espacio exterior. Sólo guardaba una vaga memoria de lo que era ver con claridad. Sus pensamientos eran un mar de desastres.

Pero cada uno de ellos era sobre Tetsuo.

"Ok, eso es todo. Es hora de cierre," dijo el encargado del bar. El sonido de su voz era distante y muy frágil. Mejor será ir casa –pensó Sawako. Mi enorme, rebosante y acogedora casa. Ir a dormir por un día o dos y acabar con esto. Porque ÉSE era el plan para esta noche.

Sawako se puso de pie. Y más o menos por cinco segundos, se mantuvo así. Después, cayó de vuelta en su silla, doblada por las náuseas y el vértigo.

Había bebido demasiado. Realmente, demasiado. En su miseria, había olvidado levantarse y moverse de vez en cuando, así que no había sentido el efecto real del alcohol sino hasta ahora… y era algo más allá de lo que las palabras pudieran describir.

Sawako no podía moverse. No podía hacer nada excepto sentir dolor. Su agonía era como una aguja atravesada que la mantenía completamente fija en su lugar. Habría gritado si su boca estuviera funcionando correctamente.

La voz del bartender volvió a sonar, esta vez más fuerte…no, más cerca. Debe haberse acercado hasta su mesa. "Hey, vamos a cerrar. Tiene que irse, señorita."

No conseguía responderle. Respirar era todo lo que podía hacer.

"¡Hey!, ¿puede oírme…? Oh, demonios, no otra vez." Una de las botellas en la mesa se desvaneció de la vista de la maestra. "¡Maldita basura morada!, cuando descubra quien sigue metiendo esto en el lugar…"

¿Morada? Hmm. Sawako tenía el vago recuerdo de haber bebido algo de ése color. Tenía un sabor igual al de cien años de ser enterrada viva.

"¿Puede levantarse? Si necesita que llame a una ambulancia, parpadee dos veces. ¿Puede hacer eso, cierto?"

Antes de que pudiera enterarse, Sawako sintió una mano posarse sobre su hombro. Una nueva voz venía detrás de ella. "Todo está bien. La he estado buscando. Yo la llevaré a casa."

El encargado del bar dejó gruñir su garganta, un tanto desconfiado de la persona que había hablado. "¿Eres su hija?"

Hubo una risa –una ligera y colorida risa que revoloteó en los oídos de Sawako. "No, pero somos muy cercanas."

"Mira, se encuentra en muy malas condiciones. No puedo dejar que te la lleves si no me das una prueba de que te conoce."

"Claro que sí. ¿Verdad, Sawa-chan?"

La recién llegada recostó su cabeza en la mesa junto a la de Sawako. Su vista casi se había esfumado, pero pudo apenas distinguir de quién se trataba. Luchó por hacer salir el nombre de su garganta. "¿Ts… Tsumugi?"

"Correcto." –dijo ella, sonriendo. Y eso fue todo –Sawako ya no pudo mantener sus ojos abiertos ni un segundo más. Su sentido del oído también comenzó a desvanecerse; hubo unas cuantas palabras más dichas entre Tsumugi y el empleado del bar, pero no pudo entender una sola. Sólo la náusea la mantenía consciente.

Algo cambió. Sawako tuvo la ligera sensación de ser levantada en brazos. Sintió algo que la cargaba a cada uno de sus costados. Una nueva voz masculina se unió a la de Tsumugi, pero aún no lograba entender lo que se decían. Sintió brevemente un viento fresco sobre el rostro, y de nuevo estaba sentada, percibiendo la suave vibración de un motor alrededor suyo.

Un carro. Ése otro debió ser el chofer de Tsumugi ayudándola, entonces. ¿Pero cómo era posible que su estudiante hubiera logrado saber dónde se encontraba? Trató de pensar en una respuesta, pero eso sólo hizo que la cabeza le doliera aún más.

El asiento junto a Sawako pareció hundirse. Había alguien más junto a ella. Pudo sentir como algo era puesto gentilmente dentro de su boca. Incapaz de protestar, hizo lo único que era capaz de hacer, tragárselo. ¿Alguna clase de píldora? Oh por Dios, ¿acaso la acababan de drogar? No, eso era una locura. Pero entonces, ¿de qué se trataba? El auto comenzó a moverse, lo que la distrajo de sus pensamientos.

Por la siguiente media hora, Sawako se mantuvo sentada e inmóvil mientras el carro la conducía quién sabe dónde, consintiéndola con su suave marcha, igual que un infante. Tsumugi se mantuvo recostada a su lado todo el tiempo, susurrando cosas que ella no lograba escuchar.

De alguna manera, para cuando habían llegado a casa de Sawako, la maestra había logrado recuperar algunos de sus sentidos. El inmenso estupor en el que se había sumergido a través de la bebida comenzaba a ceder; su vista y su oído aún permanecían difusos, pero ya no inútiles. Aún se sentía más enferma que una jauría de perros, pero al menos ya no le era imposible moverse. Con la ayuda de Tsumugi, logró entrar a su apartamento y llegar hasta su cama.

"Gracias," –dijo ella. Al parecer, su garganta ya estaba funcionando otra vez.

Tsumugi le sonrió, con la misma expresión fresca y alegre de siempre. "No fue nada."

"¿Me…? ¿Me diste una especie de pastilla hace rato?"

La rubia asintió. "Es una medicina especial que ayuda a aliviar la embriaguez. Tengo algo más para ayudarte con tu resaca mañana."

A Sawako ni siquiera se le había cruzado eso por la cabeza. Había tenido resacas antes, pero con la cantidad de alcohol que había consumido esta noche, la mañana siguiente iba a ser el infierno en vida. Aunque, ¿por qué no aceptarlo? Significaría que su estado físico encajaría a la perfección con su caos emocional.

Ahora que el alcohol ya no la controlaba, el verdadero dolor de Sawako comenzaba a resurgir. De pronto, deseó no haber tomado esa píldora que le ofreció Tsumugi. Cualquier distracción, incluso la peor intoxicación alcohólica de su vida, era mejor que esto.

"Ustedes tenían razón," dijo muy suavemente.

"¿Oh?"

"Tetsuo… él no decía la verdad. Sobre nada. Él… él…" Sawako ya no pudo reprimir más las lágrimas, que habían esperado salir toda la noche. Finalmente rompió en llanto.

Tsumugi se sentó en la cama junto a Sawako y la envolvió entre sus brazos. "Lo lamento."

"¡Fui una tonta!" –lloró la maestra. "¡Fui tan estúpida!"

"Calma, calma." La joven rubia acariciaba gentilmente su pelo, tratando de tranquilizarla.

Sawako lloró por un largo, muy largo rato. Hasta que sus lágrimas se secaron y no quedaron en ella más que sollozos. Sentía que su mundo entero se le había terminado. Había arriesgado todo lo que tenía, puesto todo de sí, y ahora todo se había ido al diablo. Llorar era todo lo que le había quedado.

Después de lo que bien podrían haber sido horas, Sawako finalmente se quedó callada. Durante todo se tiempo, Tsumugi no había dejado de abrazarla.

"Gracias," –dijo nuevamente la maestra– "Por todo. No lo merezco. Y lamento mucho que hayas tenido que verme de esta forma…"

"Nunca habrá día en que me arrepienta de verte," dijo Tsumugi.

"No sé qué es lo que voy a hacer…"

"Está bien. Todo estará bien a partir de ahora."

De pronto, algo en la mente de Sawako comenzó a asomarse través de ese velo de tristeza y desesperanza. Algo en el tono y la forma en que Tsumugi le hablaba… y algo más que podía sentir contra su estómago. "Tsumugi, ¿por qué sigues usando–?"

"Shh. Todo será mejor ahora. Sé que duele, pero serás más feliz sin él en tu vida. Él no era más que una diversión, una distracción pasajera de lo que realmente importa."

"Ya… ya puedes soltarme, ¿sabes?"

"Nunca te dejaré ir," –dijo la rubia, atrayéndola hacia sí nuevamente y tomando el rostro de Sawako entre sus manos. "Nunca. Tú eres mi Sawa-chan. Nunca nadie volverá a lastimarte jamás."

En el transcurso de toda vida, existen puntos en los que la decisión que tomamos define nuestro futuro.

"Nosotras siempre estaremos juntas. Siempre."

'A caballo regalado no se le ve colmillo'. Era lo que Sawako había decidido pensar, y vaya que estaba arrepentida.

"Después de todo…" –dijo Tsumugi, tomando la mano de Sawako y posándola sobre su pecho– "yo llevo a tu bebé en mi vientre."


Siguiente capítulo: REGIONALES

N.A.: Comencé con esta historia cuando cierto show recién había empezado su segunda temporada, y ahora acaba de comenzar con la tercera… oh bueno. La chica americana es un cameo que acabó pasando por ahí desde mi fic de Ai Yori Aoshi, "The Red String Blues." No beban nada que ella les dé. El siguiente capítulo es el evento principal, ¡así que no se lo pierdan!

N. Trad.: Comencé con esta historia cuando cierto escritor de fanfiction llamó mi atención…momento, creo que puse algo parecido arriba (-u-)'. En fin, como podrán ver, parecemos acercarnos al clímax. Las confusiones, enredos y problemas están dirigiendo al grupo a su mayor reto y ninguna parece atravesar su mejor momento. Pero la verdadera pregunta aquí parece ser ¿Qué sucederá con Tsumugi?, ¿Están list s para ver a las chicas de HTT en el escenario? Va a ser todo un evento.

(CZeke, what I'm going to do with the next chapter and your awesome lirycs?! I'm still doubtful between putting my own spanish version of the song, or leave your verses to take the place. Mio would be proud of you, that's for sure.)

Si tienen alguna opinión o sugerencia, no sean tímidos y dejen un comentario abajo. Se nos acabó el tiempo, ¡nos vemos en el siguiente capítulo de DSSB!, Spidey off!