Summary Reconstruir una nación requiere de sacrificios. Sabiendo que la Nación del fuego no aceptará a una Maestra Agua, Katara se hace a un lado de su incipiente relación con Zuko y lo incita a buscar la grandeza de la nación junto a la noble de la Nación del Fuego, Mai. Zutara
Ritmo de lluvia
Capítulo Siete
Por DamageCtrl
Disclaimer: No soy dueña de Avatar: El último Maestro Aire ni nada relacionado con él.
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N/T: Yo no soy dueña del argumento, sino que pertenece a DamageCtrl, yo sólo me limito a traducir lo que ella escribió en inglés, con su autorización por supuesto. Tampoco me pertenece Avatar: La leyenda de Aang. :)
Zuko daba vueltas en esa enorme cama que proclamaba como suya. Unas mechas de su cabello oscuro caían descuidadamente sobre su rostro, mientras murmuraba incoherencias.
En sus sueños, podía verla de pie a la orilla del estanque. El cabello atado en su clásica trenza, que podía reconocer con facilidad. Sabiendo que nadie más estaba por allí, se permitió relajarse y una pequeña y sonrisa de añoranza iluminó su rostro.
-¡Katara! –llamó.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la había visto? ¿Cuánto tiempo desde la última vez que se habían sentado justos y disfrutado de la mutua compañía? Nada de tonterías sin sentido, solo un significativo silencio. Zuko se encontró a si mismo saltando la verja y aterrizando sobre el tierno césped que se esparcía por todo el jardín. Todo estaba tan claro.
Ella seguía dándole la espalda, al parecer, concentrada en alimentar a los patitos-tortuga. Y los cinco de ellos estaban en un círculo en el estanque, frente a ella, esperando alegremente las bolitas de pan que les arrojaría. Una pequeña parte de él se preguntó si había traído un pedazo de pan para que él pudiera alimentarlos.
-¡Katara! –volvió a llamar.
No respondió. Frunció el ceño y se acerco más.
-¡Katara! Ey… -todavía le daba la espalda. Todo lo que veía era azul y blanco. Arrugó más el entrecejo-. ¡Te estoy hablando! –Apresuró el paso y extendió su brazo-. ¡Katara! –su mano pasó a través de su hombro. Agrandó los ojos mirando su brazo tembloroso -. Qué...
Alzó la vista para mirar a Katara. Desde dónde estaba, podía ver la pequeña sonrisa de contento en sus labios. Sus ojos azules reflejaban a los patos tortugas que nadaban frente a ella. Se acercó de nuevo, tratando de tocar su cara, pero no pudo sentir nada al atravesar su mano, sus mejillas tostadas. Una onda de dolor recorrió su cuerpo, dándose cuenta de que no podía tocarla. Sus ojos se desorbitaron y permaneció de pie sobre la piedra, delante de ella.
-¿Por qué no puedo tocarte…? –suspiró, confundido. La volvió a mirar a la cara. Ella estaba mirando justo a través de él, como si no estuviera allí-. ¿Qué está pasando…?
Levantó su mano, y por un segundo, Zuko se preguntó si quizás estaba equivocado. Quizás ella sí sabía que estaba ahí. Pero, lo único que su mano hizo fue acomodar algunos cabellos sueltos detrás de su oreja. Soltó un gruñido de frustración.
-Katara, ¿al menos puedes oírme? –Preguntó bajando la cabeza para poder tener la de ella al nivel de sus ojos-. ¡Estoy justo delante de ti!
Sacudió la mano frente a su cara, y solo se detuvo cuando ella bajó su brazo, atravesándolo. Se echó hacia atrás, abatido.
-¡Bien! –escupió, tratando de sonar enojado. Exhaló profundamente. Sabía que, probablemente, no fuese culpa de ella que no pudiera verlo. Sus ojos se ablandaron al volver a mirarla y sintió su corazón palpitar contra su pecho.
Parece que ha pasado tanto tiempo. Demasiado tiempo… Pensó para si, estudiando su rostro. Era tan familiar. Pero sólo han sido unos pocos meses... ¿has cambiado? ¿M... extrañas a los patos tortugas? Ellos te extrañan. Levantó la mano una vez más. Vacilante, alzó sus dedos sobre su cara, tratando de acariciar algo que no podía tocar.
Cerró los ojos, tratando de recordar la suavidad de su cara y el perfil de su mejilla contra su palma. Ella era cálida. Siempre cálida y suave. Se sentía cómodo con eso. Abrió sus ojos dorados y se quedó mirando fijamente las delicadas curvas de sus labios. Lentamente, sus dedos los contornearon. Se encontró a sí mismo, acercándose más a ella. Bajó la cabeza, y cerrando lentamente los ojos.
Justo antes de que los cerrara por completo, la vio volverse. El alma se le cayó a los pies y se hizo hacia atrás. Frunció el ceño al ver a Katara alejarse de la piedra y dar vuelta al árbol. Sus ojos estaban clavados en algo más y él siguió su mirada.
Había una sombra cerca del palacio. Alta, bien constituida... masculina. Zuko arrugó los ojos peligrosamente. ¿Quién se atrevía a entrar a los cuartos reales sin su permiso? Por el rabillo del ojo, vio a Katara salir corriendo.
-¡Katara! –Zuko se le paró adelante, solo para que ella lo atravesará. Sus ojos se agrandaban mientras sentía que se le paraba el corazón. Se giró y se maldijo por haberlo hecho. Sus ojos dorados la vieron arrojarse en los brazos del fantasma. Su interior hervía de celos-. ¿Quién eres? –gritó-. ¿Qué estás haciendo con ella?
Ellos no podían oírlo. No existía para ellos. Zuko rugió y avanzó. De repente, Katara se volvió difusa. Zuko quedó a medio camino y observó como se desvanecía, aún en lo brazos de alguien, que estaba seguro, no era él.
-¡Katara!
Se hizo hacia delante y escuchó un crujido bajo sus pies. Miró para abajo y quedó aún más confundido. Levantó la cabeza y miró alrededor. El palacio había desaparecido. El estanque ya no estaba y tampoco, los patos-tortuga. Había hielo y nieve. Zuko dio vueltas en un pequeño círculo, escudriñando con sus ojos el nuevo ambiente. Hielo y nieve… por todos lados.
Miró hacia arriba. El aire estaba limpio y un brillante cielo azul se cernía sobre su cabeza. Esponjosas y suaves nubes salpicaban el cielo mientras el sol brillaba. A lo lejos, podía ver una delgada estela de humo gris subiendo por el aire. Donde había humo, había fuego y, seguramente, gente. En silencio, atravesó con dificultad el páramo congelado hacia donde salía el humo. Tiritó y se envolvió con sus brazos. ¿Dónde había un abrigo cuando lo necesitaba?
A medida que se acercaba, vio el muro bajo y endeble hecho de nieve y se mofó de él. ¿Realmente pensaban que eso iba a detener a los invasores? Lo escaló sin mucha dificultad y se paró en la parte superior. Las exiguas chozas hechas de hielo y las carpas de pieles conformaban la pequeña aldea.
-El Polo Sur... –murmuró. Podría reconocerlo en cualquier lugar. El Polo Sur sólo significaba una cosa: Katara. Sus ojos fueron de aquí para allá, tratando de encontrarla en el pequeño grupo de gente que deambulaba por ahí. Sin embargo, todo el mundo usaba la misma ropa. En el Palacio de Fuego, ella y su hermano resaltaban entre los brillantes rojos y dorados con su calmo azul. Pero, ahora, no estaba seguro de quien era ella a no ser que le viera la cara.
Se deslizó al otro lado del muro y empezó a dar vueltas. Nadie parecía notarlo y comprendió que era como en el estanque con Katara. Sin detenerse a pensar mucho en eso, empezó a caminar por la aldea, echando un vistazo, de vez en cuando, al interior de las chozas y tiendas. Oyó una risita y se detuvo. Era una risa familiar.
-Toph…
Se volvió justo a tiempo para ver a la maestra tierra vestida de verde, meterse en una carpa. Rápidamente la siguió al interior y paró. Las guerreras Kyoshi usando su uniforme rodeaban a alguien, mientras suaves risas y palabras de consuelo se esparcían por la habitación. Reconoció a la líder, cómo era su nombre… la que le gustaba a Sokka. Repentinamente, se alejaron de la persona que estaba en el medio y ella se puso de pie.
Zuko simplemente vio algo azul. Su alrededor comenzó a hacerse borroso y se movió una vez más; solo que esta vez no se molestó en mirar alrededor. Con la luz del sol y el aire helado, sabía que estaban afuera. Las Guerreras Kyoshi ahora estaban paradas a un lado. Con la vista, siguió un camino de pieles blancas con azul justo delante de él.
Su mente estaba gritando. Diciéndole que no mirará más adelante, sabiendo perfectamente bien que no le gustaría lo que vería. Pero no se pudo detener. La vio, sonriendo, parada allí cubierta en azul. El tono exacto de su grueso y abrigado vestido combinaba con sus ojos. Y hubiera sonreído de no haber sido por lo otro que vio.
Una figura sombreada le agarraba la mano. Una figura sombreada la miraba. Zuko quedó estático cuando la realidad de la situación le cayó de lleno. Katara se estaba casando con alguien más.
-¡Zuko! ¡Zuko! –la aterrorizada voz de Iroh llegó a sus oídos, mientras éste azotaba la puerta.
Los ojos del Señor del Fuego se abrieron de una y despertó, rígido en su cama. Gotas de sudor corrían una a una por su cabeza y jadeaba por aire. Se sentó, su cuerpo aún tenso y miró a su alrededor. No había nieve. No había hielo. Solo una cama de dosel rojo y sábanas. Su pecho subía y bajaba con dificultad, respirando fatigosamente. Miró sus manos temblorosas y las apretó lentamente. ¿De dónde había venido eso…?
-¡Zuko! –Gritó Iroh, otra vez-. ¡Zuko, escuché gritos!
-¿Gritos? –murmuró Zuko. Observó su cama. Parecía como si hubiera habido una pelea. Sus almohadas habían caído al suelo y las sábanas habían sido pateadas a los lados en un gran montón. Levantó sus manos y se la pasó por el cabello.
-¡Zuko!
-¡Estoy bien! –respondió a los gritos. El golpeteó se detuvo y casi pudo oír el suspiro de alivio de Iroh.
-¿Seguro? –inquirió. Zuko inspiró varias veces para calmarse antes de tirarse a la cama.
-¡Dije que estaba bien, Tío!
-No sonaba como si estuvieras bien –insistió. Zuko suspiró. Sabía que su Tío no se descansaría hasta asegurarse de que Zuko estuviera realmente bien.
Zuko salió de la cama y fue hasta la puerta. Molesto, la destrabó y la abrió de un tirón, encontrando a su Tío envuelto en una bata con una mirada cansada.
-Ves. Estoy bien.
Iroh arqueó una ceja, receloso.
-No te ves muy bien.
Zuko gruñó.
-Estaba soñando. Eso es todo.
-Oh… ¿una pesadilla? Tu madre me contó que solías tener un montón cuando eras niño.
-No, no era una pesadilla –siseó Zuko, apretando el pomo de la puerta-. No era agradable, simplemente. Ahora, si me dejas solo, me gustaría prepararme para el resto del día.
Iroh suspiró profundamente.
-Si crees que no necesitas dormir más…
-Estoy bien, Tío. Es sólo que me desperté un poquito más temprano que siempre.
-Zuko –empezó Iroh-, aún no ha salido el sol.
El joven Señor del Fuego se dio media vuelta y miró su cuarto. Todavía estaba oscuro.
-Yo… ¡quería comenzar temprano! –rebatió-. ¡Tengo muchas cosas que hacer hoy!
-¿De veras? –Inquirió Iroh con una risita-. Entonces te dejaré comenzar tu día.
-Gracias, Tío.
-Sólo asegúrate de vestirte.
-Por supuesto, yo… -los ojos de Zuko se agrandaron y su cara comenzó a arder. Miro hacia abajo y rápidamente cerró la puerta de un portazo-. ¡Vuelve a la cama, Tío!
El viejo general rió entre dientes mientras se daba vuelta.
-Por cierto, respecto a tu fiesta de cumplea…
-¡Celebración! –Rugió la voz de Zuko, al otro lado de la puerta-. ¡No tengo cinco años!
-Respecto a tu celebración –sonrió Iroh-. Ya he enviado las invitaciones a la Tribu Agua.
Dentro de la habitación, Zuko dejó caer la bata que estaba poniéndose.
-¿De qué estás hablando? ¡Se supone que las invitaciones no van a ser enviadas hasta el final de esta semana!
Iroh contó hasta tres y vio la puerta abrirse de un tirón, mostrando un Señor del Fuego aún desnudo.
-El capitán Ji tenía programado hacer una entrega en el Polo Sur hace un par de días, así que envié las invitaciones con él antes de tiempo. Nos ahorramos el franqueo.
-¿Por qué no me lo dijiste? –jadeó.
-No pensé que te molestaría –se encogió Iroh de hombros-. Después de todo, cuanto antes reciban sus invitaciones, antes podrán enviarnos una respuesta.
-Sí, pero…
-¿Tenías algo que querías enviarles? –le preguntó insinuante. Con rapidez, Zuko cerró su boca y levantó la barbilla, desafiante.
-No –bramó- simplemente quería enviarlas todas juntas para que nadie pensara que prefiero a un grupo sobre otro.
-Estoy seguro que estará bien, Zuko –le aseguró Iroh, sonriendo ampliamente-. Está en las manos del Capitán Ji. Estoy seguro que se ocupara del asunto sin que tengamos nada de que preocuparnos.
-¡Haru! –Katara corrió hacia delante y arrojó los brazos alrededor del cuello de su viejo amigo.
Sonriendo cálidamente, el moreno maestro tierra le devolvió el abrazo.
-Ha pasado mucho tiempo, Katara.
-¿Qué estás haciendo aquí? –inquirió ahogadamente Katara, apartándose. Sus grandes ojos azules estaban llenos de entusiasmo y sus manos quedaron sobre los hombres de Haru.
-Ah… vine de visita –contestó vergonzoso, apartando la mirada.
-¿De visita? –Bramó Sokka tranquilamente-. ¿Es lo mejor que puede inventar? –Suki le pego un codazo.
-Bien, ¿y tu padre? ¿También vino? –preguntó Katara. Se alejó y comenzó a caminar por el lugar para ver si había alguien más. Haru sacudió la cabeza.
-No, quiso quedarse y ayudar con la aldea –le contestó. Sonrió, feliz-. Lo logramos, Katara. La gente ya no vive con temor y todo el mundo se esta ayudando.
-¡Eso es genial! –exclamó Katara con entusiasmo. Se inclinó y levantó su caja-. ¿Cómo está tu mamá?
-Ah. ¡Ella dice que mucha gracias! –Respondió con el mismo entusiasmo-. Dice que sabe el riesgo que corriste y no puede agradecerte lo suficiente por traernos a mí y a mi papá de regreso.
Katara sonrió ampliamente.
-¡Tenemos mucho de que hablar! ¡Tengo tanto para contarte! Confía en mí, Haru. Tienes que estar sentado para escuchar algunas de mis historias.
Él sonrió de lado.
-No puedo esperar a oírlas –le dijo atentamente.
Sokka arqueó una ceja y frunció el ceño. Se llevó las manos a la boca y soltó una tos falsa.
-Ejem… muchachos, muchachos, ¿no nos estamos olvidando de algo? –el grupo se volvió hacia el guerrero de la Tribu Agua.
-¿Qué cosa, Sokka? –curioseó Aang.
-De repente, somos casi diez personas aquí. No creo que todos vayamos a caber en la casa –observó, haciendo señas hacia su hogar. Aún cuando era mucho más grande que su viejo iglú, definitivamente no era tan grande como para que los visitantes tuvieran un lugar.
-Realmente tiene un buen punto… -concedió Toph, frotándose la barbilla. Sokka la fulminó con la mirada.
-¿Qué quieres decir con "realmente"?
-Deberíamos decirle a papá y ver si podemos encontrar lugar para todos –dijo Katara-. No los esperábamos tan pronto, por lo que sus habitaciones aún no están listas.
-Está bien, Katara –aseveró Suki-. En todo caso, ellas pueden acomodarse conmigo y Toph.
La maestra tierra ciega gruñó ante la idea y Suki rió. Katara acomodó su caja bajo el brazo y agarró a Haru de la mano.
-¿Qué estamos esperando? ¡Probablemente papá todavía esté en el muelle! ¡Vamos a preguntarle! ¡Vamos, Haru!
-Oh… ¡bueno! –exclamó el chico siendo arrastrado. Las guerreras fueron tras ellos.
-¡Ey! ¡Espérenme! –gritó Sokka. Corrió tras ellos, tomando la mano extendida de Suki, que se había demorado para esperarlo.
-Hmm… -masculló Toph, caminando junto a Aang-. Buen tipo… aunque, algo tímido.
-Sí, pero es un buen chico. Está ahí si lo necesitas –le aseguró Aang, recordando aquella vez en la prisión de metal en el mar.
-Aún así… -murmuró Toph-. No creo que a Katara le gusten chicos como éste.
-¿Umm? –Aang se volvió a mirar a su acompañante-. ¿A qué te refieres?
-Es algo tímido… no parece capaz de contraatacar ni nada por el estilo. Katara es como ruidosa y mandona. No creo que ella vaya por un chico tan fácilmente manejable. Quiero decir, ¿dónde está el desafío?
Aang frunció el ceño y contempló el sendero por el que se alejaba el resto del grupo.
-Son sólo amigos, Toph.
-Sí, por ahora –Toph se encogió de hombros. Suspiró y lo golpeó en el hombro-. Está bien si no lo entiendes. Las chicas están más metidas en esta clase de cosas. Los chicos son demasiado torpes.
-Ey…
-De todas formas, ella está muy contenta de verlo… -concluyó. Aang se entristeció.
-Ey, Toph… -comenzó, vacilante.
-¿Qué pasa, Pies Ligeros?
-¿Sabes que Haru es un maestro tierra, no? –a su lado, Toph asintió-. ¿Crees que es un maestro poderoso?
Toph inclinó su cabeza hacia un lado.
-Nunca sentí su tierra control, ¿cómo podría saber?
-Sólo decía… que quizás, como eres una maestra tierra, podrías saberlo.
-No soy psíquica, Pies Ligeros –retrucó Toph. Se detuvo y arrugó el entrecejo-. Aunque, si tengo que adivinar, diría que es bueno. Pero no diría poderoso. Ni cerca de mi nivel.
-Ah... –Aang asintió.
Toph se volteó hacia él.
-¿Por qué querías saber?
El maestro aire sacudió la cabeza y comenzó a avanzar.
-Por que sí –se encogió de hombros-. Solo curiosidad… -se volvió a su amiga, que caminaba con cuidado sobre el hielo. Le tomó la mano-. ¡Vamos, Toph! ¡Más pronto los acomodemos, mas pronto podemos hacer pingüino-trineo!
Quería bostezar. Quería bostezar largamente. Pero no podía. No cuando algunos de los hombres más importantes de la Nación estaban en el mismo cuarto que él. No importaba cuán absolutamente aburrido era, los Señores del Fuego no bostezaban.
-Y los barcos contenedores de la marina convertidos en naves de carga han fijado un horario quincenal. Se abrieron nuevas rutas de comercio para algunos de nuestros comerciantes. Nuestro primer envío de coles llegara en una semana desde una de las nuevas rutas. Y de intercambio, venderemos nuestras lámparas de aceite…
El secretario prosiguió y Zuko se encontró a sí mismo asintiendo.
¿Quién ordenó coles? ¿Cuándo fue la última vez que alguien dijo "las coles serán un excelente negocio"? Agni, ¿es qué no había nada mejor?
-Eso concluye el informe del comercio del Reino Tierra –terminó el secretario inclinándose y volviendo a su asiento.
Iroh se puso de pie y se aclaró la garganta para llamar la atención de los presentes.
-¿Hay algún asunto que necesita ser tratado? –preguntó con calma. Nadie dijo nada e Iroh prosiguió-. Entonces me gustaría aprovechar este momento para recordarles sobre la celebración por el cumpleaños número dieciocho del Señor del Fuego Zuko.
Una serie de comentarios apagados recorrieron la sala de reunión y Zuko se enderezó, rígido en su lugar. Ya están complotando… puedo sentirlo…
-Las invitaciones serán enviadas al final de esta semana. Sin embargo, quería informarles que los soldados de las otras naciones se apostarán aquí durante la celebración.
-¿Qué? –Gritó ahogadamente un hombre-. ¿No confían en nosotros para esta reunión? ¡Eso es un insulto para la Nación del Fuego!
Varias voces acordaron rápidamente e Iroh levantó las manos tratando de calmarlos.
-Nobles, por favor, cálmense. Les aseguro que es simplemente por precaución. Además, no los envían las otras naciones. Yo los pedí.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Señor del Fuego, ¿es esto lo que usted quería? –otro noble inquirió precipitadamente.
Los ojos de Zuko se ensombrecieron, fulminando al hombre con la mirada.
-Antes de hablar, le sugeriría que escuchase. Mi Tío es un hombre prudente. Tiene sus razones –replicó en voz baja.
Los hombres lentamente se volvieron a sentar y Iroh les agradeció con la cabeza.
-Pedí soldados al Rey Bumi de Omashu y al Jefe Arnook de la Tribu Agua Norte. Considerando que muchos de sus líderes estarán presentes, sentí que sería necesario reforzar la seguridad y mostrarles los brazos abiertos a nuestros invitados. De esta manera, todos los grupos estarán cómodos.
-También lo hacemos para estrechar lazos con las otras naciones –añadió Zuko-. Fomentar las buenas relaciones entre nosotros y los otros países es una prioridad si queremos estabilizarnos económicamente. El comercio es necesario y debemos mostrarles al Reino Tierra y a la Tribu Agua que ya no estamos en guerra.
-¡Nuestro honor debería ser suficiente para asegurarles que ya no somos el agresor! –discutió uno de los nobles-. ¡Sin mencionar que hemos destinados más de cien barcos de carga con ayuda! –varios hombres hicieron saber que estaban de acuerdo con él.
-Caballeros, caballeros, por favor –llamó Iroh, con las manos en alto-. Cien años de guerra no terminan con un cese al fuego y un tratado. Requiere de mucho más esfuerzo terminar una guerra que empezarla. El Reino Tierra aún nos mira con recelo y a fin de mantener las buenas relaciones, debemos fomentar la confianza. ¿No están de acuerdo?
Los hombres gruñeron y regresaron a sus asientos. Zuko escudriñó el cuarto con los ojos arrugados.
-Hemos decidido realizar la celebración el patio principal. Por tanto, una semana antes, estará cerrado para adecuarlo a nuestros invitados.
Iroh asintió.
-¿Hay algún otro punto que deba ser discutido antes de levantar la reunión?
-Sí, hay algo más –el noble Yan se paró-. Señor del Fuego, ¿llevará una escolta a la celebración?
Zuko mantuvo su expresión severa. Debajo de la mesa, apretó los puños.
-No, no llevaré una escolta.
Los nobles se miraron entre ellos y volvieron a mirar al Señor del Fuego.
-¿Podría preguntarle por qué, mi Señor?
-Si están sugiriendo que elegiré algunas de las jóvenes que estudian aquí en el palacio, me temo que tendré que decir que no –afirmó Zuko, solemnemente-. Si así lo hiciera, estaría favoreciendo a una por encima de las demás. Y tal cosa podría producir la hostilidad y la competencia dentro del sistema y no deseo comenzar algo que distraería a las muchachas de sus estudios. Con eso en mente, ya he decidido ir sin escolta a la celebración.
Iroh cabeceó desde su asiento, justo debajo del de Zuko.
Se está volviendo muy bueno en esto…
-Supongo que tiene razón, Señor del Fuego –el noble Yan reconoció con solemnidad-. Es una sabia decisión.
Zuko inclinó sutilmente su cabeza y miró a su Tío. Iroh se puso de pie.
-Si no hay nada más, esta reunión se declara terminada –dijo. Sonrió ampliamente-. Nos vemos la próxima semana.
Despacio, los hombres juntaron sus cosas y abandonaron la estancia. Después de que el secretario dejo el cuarto, inclinándose ante el viejo general y el Señor del Fuego que permanecían allí, cerrando las puertas tras de sí.
Zuko suspiró y se desplomó, frotándose el puente de la nariz.
-La próxima vez que empecemos un negocio, que los artículos pasen antes por mí para que yo los apruebe, por favor.
-¿Qué? ¿No te gustan las coles? –Exclamó Iroh ahogadamente con horror fingido-. ¡Si son buenas para ti!
Zuko sacudió la cabeza y se puso de pie.
-Que sean buenos para mí no quiere decir que me tengan que gustar.
Bajó de la elevada plataforma donde estaba su silla y se encaminó hacia la puerta del costado. Iroh lo siguió, sosteniendo algunos rollos de pergamino bajo el brazo.
-¿Has recibido los informes de progresos de los instructores?
-Anoche –Zuko frunció el ceño-. Parece que unos cuantos nobles hicieron un pequeño cambio con las participantes.
-¿Envío una orden de investigación? –preguntó Iroh. Zuko negó con la cabeza.
-No, he ordenado que los informes sean enviados a la casa de los nobles. Si no son capaces de pasar sus clases, serán despedidas del programa y te encargarás de seleccionar nuevas chicas que ocuparán su lugar. No necesariamente de la misma familia –mandó Zuko.
-Eso los presionará un poco, en verdad –se rió por lo bajo Iroh. Miró a Zuko, con curiosidad-. Manejaste muy bien el problema de una escolta ahí atrás.
-Sabía que estaban listos para preguntarlo alguna vez –admitió Zuko-. Me gustaría cenar con las participantes una vez esta semana.
Iroh, casi deja caer sus cosas.
-Tú… ¿tú qué? –jadeó-. Zuko... esto es de lo más inesperado. Justo el otro día estabas encerrado en tu estudio, evitándolas.
-Lo medité esta mañana –Zuko se encogió de hombros-. Soy el Señor del Fuego. No debería esconderme de un puñado de chicas. Sin importar cuán entusiastas puedan ser.
-Muy bien. Enviaré un aviso al servicio de cocina.
-Por cierto, Tío –dijo Zuko-. El capitán Ji estará en el Polo Sur por unos días más, ¿verdad?
-Sí… creo que está recogiendo aceite burbujeante para la vuelta (-) –musitó Iroh-. ¿Por qué preguntas?
-Sólo quería asegurarme de que el mensaje que le envié llegase a tiempo –Iroh le echó un vistazo a su sobrino, descubriendo la ligera sonrisa de satisfacción en su rostro.
-Ya veo... –la voz de Iroh se desvaneció al mimo tiempo que una sonrisa leve aparecía en su propia cara barbuda. Al volverse hacia el comedor privado para cenar, se dio cuenta que Zuko no doblaba con él-. ¿No vas a comer, Zuko?
-Quizás mas tarde, Tío –aseveró Zuko, su voz sonaba extrañamente despreocupada y relajada-. Voy a darles de comer a los patos-tortuga.
Katara se movía lentamente, siguiendo los gráciles movimientos de las otras chicas. Con el resplandor de la luz del fuego y entre las voces impresionadas de los miembros de su tribu, se movía con expertos movimientos aprendidos de Suki.
Cuando se detuvieron, a su alrededor resonaron los aplausos y gritos impresionados. Katara se sonrojó bajo el grueso maquillaje blanco, mientras las demás se inclinaban y la rodeaban. Suki rodeó con un brazo los hombros de Katara y sonrió de oreja a oreja, descaradamente.
-Nada mal, Katara ¡Lo hiciste muy bien!
-Sí… bueno… tú ayudaste un montón –Katara se ruborizó, avergonzada. Volvió a sentarse al lado de Haru, a unos pocos lugares de Sokka, Aang y Toph.
Frente a ellos, las muchachas se alinearon para una exhibición más avanzada, haciendo girar sus abanicos y saltando, cosas que Katara no podía hacer por sus escasas clases informales. Los abanicos se abrieron y las chicas comenzaron, y Katara se inclinó sobre Haru para decirle algo.
En la mesa, unos ojos azules se endurecieron ante la visión. Estaban cerca. Demasiado cerca para su gusto y no le agradaba. Sokka alzó un pedazo de carne y la rasgó con los dientes, los ojos fijos en su hermana y su amiguito, masticando amenazadoramente.
De repente, Katara echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada luego de que Haru dijera algo. Él se sonrojó y rió tímidamente. Ella levantó la mano y le palmeó el hombro. Sokka se enderezó en su lugar.
-¿Qué cree que está haciendo? –escupió, frunciendo el ceño.
-Sokka –oyó la voz de Aang, pero no reaccionó-. ¡Sokka!. ¡Ey!
-¿Qué? –rugió el guerrero, con pedazos de carne casi cayendo de su boca cuando se giró a mirar a Aang. El Avatar arrugó la nariz y se hizo para atrás.
-¿Qué estás mirando? No has dicho nada desde que comenzamos a comer –señaló Aang-. Y eso sería normal, si no fuera porque hay momentos en los que ni siquiera estás comiendo.
-¡Estoy comiendo! ¿De qué estás hablando? –saltó Sokka. Agarró otra porción de carne y se la metió en la boca-. ¿Ves?
Aang puso los ojos en blanco y comió un poco de los vegetales de su plato.
-Estoy seguro de que no intentará hacer nada.
-¿Disculpa? –jadeó Sokka, como estupefacto-. ¿Quién intentará qué? No sé de que estás hablando, Aang. Simplemente, come tus coles.
-¡Está hablando de tus miradas asesinas hacia Katara y Haru, tonto! –Exclamó Toph, inclinándose hacia delante para que Sokka pudiera ver que estaba hablando-. ¡Eso es todo lo que has estado haciendo y se está poniendo embarazoso!
-¡No los estoy asesinando con la mirada! –porfió Sokka.
-Los estabas asesinando con la mirada –insistió Aang-. Me sorprende que aún no hayas ido hasta allá y sentado en medio de ellos.
Sokka soltó un gruñido y puso los ojos en blanco.
-Ya pensé eso.
-¿Y por qué no lo has hecho? –curioseó Aang. Sokka se quedó quieto. Su expresión se relajó y ojeó a su hermana y a Haru con una mirada casi triste. Katara sonreía ampliamente, moviendo las manos, como ilustrando su historia en el aire.
-Porque no la he visto sonreír así desde que nos fuimos de la Nación del Fuego –confesó Sokka-. No me gusta… pero si es feliz, aunque sea por un ratito, puedo soportarlo.
Aang asintió, mirando fijamente a Sokka, sorprendido.
-Eso es muy maduro…
-¡Pero juro…! -rugió Sokka y su gesto se torció en una mueca de amenaza-. ¡Qué si se le acerca más o si siquiera le toca la mano, lo mataré! –Toph se golpeó la frente con su mano y Aang gimió.
Varios asientos más allá, Katara y Haru ignoraban completamente las amenazas de muerte de Sokka y la música que los envolvía los dejaba aparte de todo lo que no fuera su charla.
-Entonces, salí del agua. Y era en el Polo Norte, así que imagínate, estaba congelada –recalcó Katara, poniendo sus brazos alrededor de su cuerpo, como ilustrando la idea-. Y ahí estaba él, todo engreído. Así que tiré de una pequeña columna de hielo y empecé a lanzarle discos de hielo. ¡Deberías haber visto su cara! ¡Apuesto a qué no se lo esperaba!
-¿De verdad peleaste con un Maestro de agua control sin ninguna clase de entrenamiento? –Curioseó Haru, con los ojos grandes de asombro-. ¡Eso es increíble! ¿Ganaste?
Katara dejo caer los brazos a un costado y sonrió, avergonzada.
-Bueno… no… no exactamente –no terminó la frase-. Pero el punto es que ¡al final sí me enseñó! Y dijo que yo había avanzado más rápido que cualquier estudiante que había tenido –añadió orgullosa.
-¡Eso es grandioso! ¿Entonces eres un maestro agua ahora?
-Así es como me llaman –rió Katara, bonachonamente.
-He oído tantas historias sobre ustedes –aseguró Haru apoyándose sobre su brazos-. Diablos, cómo quisiera haber ido… solo para verlo de cerca. Pelear contra la Nación del Fuego en su mismo corazón… eso debe de haber sido… wow...
Katara rió por lo bajo.
-Bueno, no es todo lo que se dice es verdad. He oído algunas historias, también. Una de ellas decía que Aang simplemente girando su dedo, creó un tornado que arrasó con una fortaleza entera de la Nación del Fuego y que después causó un tsunami que acabó con la marina –ambos miraron a Aang, que jugaba con Momo, apartándolo de un durazno. Hacía ruiditos y mohines antes de que el lémur lo golpeara en la nariz y le arrebatara el durazno-. ¿Parece que ese chico pueda hacer algo así?
Haru rió entre dientes y sacudió la cabeza.
-Supongo que no –admitió. Se volvió hacia Katara-. Pero aún así, debe haber sido emocionante estar en la Nación del Fuego… -sonrió ligeramente-. Nosotros no tenemos nada como eso en nuestra aldea.
-Créeme, tienes suerte –le dijo Katara-. Había noches que no podíamos dormir porque nos seguían. Incluso cuando llegábamos a dormir, siempre estábamos recelosos de nuestro alrededor. Nunca sabíamos cuando íbamos a ser atacados.
-¿Pero no se habían unido con el príncipe desterrado? –preguntó Haru, confundido-. Él era el que los perseguía, ¿cierto?
-Cuando nos vimos la última vez, sí… pero después, apareció su loca, y quiero decir realmente loca, hermana con la que tuvimos que pelear. Zuko y su Tío no eran tan malos. En realidad, Iroh es bastante divertido –contestó. Sonrió de oreja a oreja ante el recuerdo-. Solíamos tomar té con él todo el tiempo. Ese hombre sí que sabe de tes. ¡Una vez, nos llevó de compras en la Nación del Fuego y compró todas las nuevas cruzas de hojas de té solo para probarlas!
-¿Fuiste de compras con el dragón del oeste? –jadeó Haru con los ojos bien abiertos.
-Sí, y déjame decirte algo, tiene mucha energía cuando sale de compras.
-Vaya… -Haru no completó su frase-. Seguro que han pasado por un montón de cosas.
-Y por algunas.
-Yo solo puedo imaginar hacer cosas como esas –Katara sonrió con orgullo.
-Bueno, fue difícil, pero honestamente puedo decir que valió la pena –afirmó. Haru apartó la vista, nervioso cuando ella le sonrió.
-Umm… Katara… yo…
-¡Katara! –la maestra de ojos azules se volvió hacia Suki. Las guerreras habían terminado con su exhibición y Suki trotaba hacia Katara, con una toalla en la mano ya que había empezado a quitarse el maquillaje de la cara-. ¿Ey, puedo hablar contigo un segundo?
-¡Seguro! –exclamó Katara. Miró a Haru-. Volveré en un momento, ¿está bien?
-Sí, no hay problema –respondió Haru. Katara se puso de pie y siguió a Suki hacia fuera, para que ésta se refrescara. De repente, una sombra se abalanzó sobre él.
-Hola Haru… -saludó una voz misteriosamente amable. Sokka se deslizó por el asiento de su hermana cuando el otro joven le sonrió-. Has estado aquí un rato… y no aún hemos tenido oportunidad de conversar.
-Oh, no… -gimió Aang al ver a Sokka sentado junto al amigable huésped maestro tierra.
-Entonces… -empezó Sokka sacando de la nada su cuchillo de hueso de ballena-. ¿Te gustan los cuchillos, Haru? Este es mi favorito… ¿alguna vez te dijo Katara lo bueno que soy con las armas? Soy bueno, amigo… muy bueno –Aang se tapó los ojos con una mano y sacudió la cabeza.
-¿Qué? –Exclamó Toph con voz aguda, girando su cabeza a todos lados-. ¿Qué está pasando?
Afuera, Suki se despidió de las otras chicas, que estaban quitándose su maquillaje. Avanzó con Katara por el sendero hasta donde no podían ser oídas.
-¿Entonces…? –Suki sonrió de oreja a oreja, sacándose ya lo último de su maquillaje blanco-. ¿Qué piensas de nuestra sorpresa?
Una enorme sonrisa iluminó el rostro cuidadosamente pintado de Katara.
-¡Genial, Suki! Muchísimas gracias. No lo había visto en mucho tiempo –le respondió-. Honestamente, estaba un poquito preocupada. Después de que lo dejamos a él y a su padre, no sabía que les había sucedido.
-Me alegro… sabes, no has sido tú misma últimamente.
-¿En serio? –preguntó Katara. ¿Todo el mundo lo nota?... o quizás Sokka le contó. No, él apenas puede armar oraciones coherentes cuando Suki está cerca… no es que generalmente pueda hacerlo.
-Sí… al principio, pensé que era porque te estabas sobreexplotando. Quiero decir, desde que amanece hasta que se oculta el sol, estás trabajando en la construcción. Y encima haces tiempo para andar con nosotras. Pero luego, hoy… antes de que Sokka entrara a la habitación… como que todo tuvo sentido. Cuando Haru llegó, te pusiste más contenta y con mucha más energía… -Suki dejo de hablar. Katara agrandó los ojos pero pronto los desvió.
-Suki, sobre eso. Haru... Haru es simplemente un amigo.
-Bueno, ya sé eso –rió Suki-. Pero no te preocupes, tú le gustas. Todo el mundo puede verlo.
-No –Katara sacudió la cabeza y miró a su amiga con una mirada significativa-. Haru es un amigo –Suki meditó sus palabras y despacio, echó la cabeza hacia atrás.
-Pero pensé… él estaba muy emocionado de venir y… tú… -no completó su idea. Katara negó con la cabeza.
-Escucha, estoy muy contenta de que lo hayan traído. Creo que es grandioso que finalmente esté recorriendo el mundo después de haber trabajado tan duro en su aldea. Me alegro de verlo y de hablar con él de nuevo. Pero de verdad… solo lo veo como un amigo.
-Oh… -Suki frunció el ceño. Decepcionada de alguna forma. Katara le tomó la mano y se la apretó de modo tranquilizador.
-Pero estoy muy feliz, en serio –enfatizó-. Tenerlos aquí es grandioso. Desde la "sorpresa", ¡no puedo dejar de sonreír! –se rió genuinamente. Aún así, no logró convencer a Suki.
La guerrera Kyoshi asintió comprensivamente.
-No quise tirártelo encima ni nada por el estilo.
-No hiciste tal cosa. Estoy contenta de ver a un viejo amigo. Así como estoy contenta de verlas a todas ustedes –aseveró.
-Entonces… si no es Haru… ¿quién es?
Katara soltó la mano de Suki y bajó la cabeza.
-No es nadie -respondió. Lo pensó un momento y alzó la cabeza para encontrarse con la mirada preocupada de Suki-. Y aunque supieras quien es, nunca podrías traerlo como una sorpresa. Pero gracias, Suki…
Suki asintió con la cabeza y estaba a punto de decir algo cuando se oyó la voz de Aang gritar.
-¡Katara! ¡Suki! ¡Será mejor que entren aquí! ¡Sokka está raro!
-Oh no… -suspiró Katara, profundamente-. ¿Ahora qué?
Echó a correr por el sendero seguida por Suki.
-No puede ser tan malo, Sokka siempre es raro –sonrió ligeramente-. Es como tierno.
-No necesitaba saber eso –replicó Katara. Entraron al refugio sin ser vistas y llegaron a la mesa justo cuando Sokka sostenía su brillante boomerang.
-Síp… -suspiró contento, un brazo por encima de los hombros de Haru amigablemente, mientras sacudía el filo del arma delante del joven maestro tierra-. Nunca lo vio venir. Por supuesto, ese es el punto con un boomerang. Te atrapa cuando menos lo esperas.
-¡Sokka! –Suki pateó el suelo y lo agarró de la oreja-. ¿Qué estás haciendo? –Tiró de él, que gimoteaba "oh, oh, oh"- ¡Ugh! Sinceramente…
-Haru, lamento tanto haberte dejado con el idiota de mi hermano –se disculpó Katara sentándose en el ahora vacante lugar, del que Sokka había sido sacado a los tirones-. No hizo nada estúpido, ¿o sí?
-No, Katara… sólo estábamos hablando. Como… - Haru dejó de hablar lentamente-. De verdad le deben de gustar las armas –Katara soltó un gruñido apagado y fulminó a su hermano con la mirada. Mientras se sentaba castigado por Suki y con Toph riéndose, Katara se puso de pie y le tendió la mano.
-Vamos, Haru. Salgamos a caminar –invitó.
Los ojos se le agrandaron y asintió, parándose deprisa. Le agarró la mano y la siguió mientras caminaban alrededor de las mesas y salían afuera. Al pasar, la mandíbula se le descolocó a Sokka. Miró a Suki con unos enormes ojos suplicantes, y simplemente fue ignorado. Recorrió el salón con la mirada, tratando de encontrar una excusa para salir a hurtadillas.
-Dios, Sokka, son sólo amigos…
-Ey, Suki, ¿quieres salir a dar un paseo? –preguntó Sokka de la nada. Ella se detuvo en la mitad de la oración y se volvió para mirarlo.
-¿De verdad? –inquirió, con un ligero rubor en sus mejillas. Una sonrisa acarició su rostro y de repente, Sokka se olvidó de hacer de chaperón de su hermana-. Está bien…
-¿Entonces qué te parece? –curioseó Katara. Caminaba con cuidado por el muro bajo que lindaba con el puente del canal principal. Sus brazos extendidos a los costados le ayudaban a mantener el equilibrio.
Haru la miró mientras caminaba junto a ella. Bajó la vista y sonrió suavemente para sí.
-Es hermoso.
-Lo sé –contestó feliz. Se detuvo y miró para atrás. Ante la luna, la ciudad de hielo recién construida brillaba con una luz casi celestial, reflejando la luz de la luna en su superficie tenuemente brillante. Incluso ahí afuera, podían escuchar la música que sonaba en el refugio. Los marineros de la Nación del Fuego, aparentemente, estaban compartiendo sus habilidades musicales con sus anfitriones-. Quiero decir… no es nada comparada con la Tribu Agua Norte o con Omashu con todos sus toboganes. Pero es mi hogar…
-¿Siempre fue así?
-¿Aquí? –inquirió, con los ojos bien grandes. Saltó del muro y aterrizó delante de él-. De ninguna manera. Era quizás... un cuarto... no..., menos que eso, mucho más pequeño de lo que es ahora. Teníamos quizás, doce edificios y un muro que no protegía de nada –sonrió ligeramente-. Ni siquiera servía la torre de vigilancia de Sokka.
Haru rió entre dientes y se envolvió con sus brazos. Soltó una bocanada de aire y la observó cristalizarse frente a él.
-Creo que tiene algo especial. Una gran ciudad con toboganes exorbitantes es bonita… pero hay algo en una pequeña aldea y sus habitantes.
Katara se volvió hacia él y le sonrió con calidez.
-Somos poco, pero fuertemente unidos. Somos con una gran familia… me gusta eso.
-¿Es lo que extrañabas de tu hogar?
-Extrañaba mucho más que eso –le respondió. Ladeó la cabeza-. ¿Tienes frío, Haru? sabía que tendría que haber tomado una de las parkas de Sokka antes de que saliéramos… -arrugó el entrecejo.
-Está bien. En serio, esto es lo suficientemente abrigado. Es solo que no estoy acostumbrado al frío –le aseguró.
-Entonces significa que no te hemos dado suficiente ropa. Ven –Katara caminó hasta él y lo abrazó. La cara de Haru se encendió cuando Katara se acercó-. Regresemos y consigamos algo para que te pongas. Mientras tanto, tendrás que arreglártelas conmigo, ¿está bien? –sonrió amablemente y Haru simplemente cabeceó, como estúpido.
-Gra… gracias, Katara –tartamudeó.
-No te preocupes –dijo Katara-. Prácticamente estaba abrazando a Toph cuando llegó. ¿Puedes creer que no usa zapatos? Me sorprende que sus pies no se congelen al suelo.
-Abrazando… ya veo… -no completó la frase. Tragó saliva, nervioso, siendo llevado por Katara por los muros interiores de la recientemente construida ciudad-aldea.
-Nunca puede entender como las personas pueden usas ropas tan finas en los Polos. Recuerdo una vez que Zuko anduvo en medio de una ventisca usando esas delgadas ropas grises y blancas. ¡Me sorprende que no se congelara!
-Zuko es el Señor del Fuego, ¿cierto? –Inquirió Haru-. ¿Cómo era trabajar con un maestro fuego? Y el Señor del Fuego, nada menos.
-Conveniente. Especialmente para empezar fogatas –sonrió de oreja a oreja-. Pero no es sólo un maestro fuego. Es un buen amigo. Y me gusta pensar que nuestro tiempo con él lo cambió para mejor, sabes. Creo que aprendió un montón de nosotros. Incluso cuando pasaba mucho de su tiempo revolcándose en la desesperación.
-Nunca pensé que un Señor del Fuego sería alguien que se revolcara en su desesperación.
-Bueno, no era exactamente revolcarse. Muchas veces él y Sokka discutían. Pero Aang siempre los paraba antes de que se tornara en algo serio –tranquilizó Katara-. Y en el Palacio de Fuego…, sabías que Sokka y yo nos quedamos allí después de destronar a Ozai, ¿verdad?
-Sí, lo escuché de las Guerreras Kyoshi –respondió, sonriéndole intensamente-. Trabajabas en la enfermería. Tu agua control es realmente increíble.
Katara desvió la mirada y se ruborizó.
-Bueno… hice lo que pude –replicó modestamente-. De cualquier manera, mientras estábamos en el Palacio de Fuego, como que me alegró que se uniera al grupo. Verlo hablar con las otras naciones y siendo comprensivo en vez de intentar volarlos o matarlos en un feroz y mortal torbellino mostró que había madurado desde aquella vez que nos conocimos aquí.
-¿Vino aquí? –preguntó Haru, con los ojos bien abiertos. Avanzaban por una calle hacia la casa de Katara.
-Oh sí, cuando encontró a Aang –explicó-. Su barco simplemente ingresó, destrozando una parte de nuestro débil muro. Todavía recuerdo cómo se rasgó… -no terminó su oración, su mirada perdida en la distancia como visualizando lo que había sucedido-. Bajó por una rampa de metal, vestido con toda la armadura de la Nación del Fuego en…
Se quedó callada al sentir sus mejillas encenderse con el recuerdo. Haru la contempló, confundido porque ella no continuaba.
-¿Katara? –Levantó su mano y con suavidad le sacudió el hombro-. Katara, ¿estás bien?
-¿Eh? –abrió los ojos y parpadeó mirando su alrededor. Sus ojos siguieron el largo de su brazo hasta su hombro y jadeó-. ¡Oh! –De repente, se hizo para atrás, quitándose su brazo de encima, se apartó unos cuantos pasos-. ¡Estoy bien!
Haru la miró, extrañado.
-¿Katara?
-Él... umm… se llevó a Aang –Katara levantó los brazos en el aire, como para mostrarle porque se había dejado llevar-. Pero por supuesto, nosotros lo rescatamos.
Haru sonrió con cariño.
-Supongo que en cierta forma, salvaron al mundo al salvar al Avatar –se rió por lo bajo. Katara sonrió débilmente, pero apartó la vista, incapaz de mirarlo a los ojos.
Un edificio llamó la atención de su mirada y se dio cuenta que habían llegado a su casa.
-Oh, ey… ¡ya llegamos! –exclamó con voz aguda-. Umm… quédate aquí –pidió, alzando las manos-. Ya regreso. Solo déjame encontrar una parka limpia. Eso tomará un rato, considerando a Sokka.
Él asintió y se envolvió con sus brazos, tratando de caldearse mientras ella entraba corriendo a la casa. Al entrar al cuarto de su hermano, Katara arrugó el ceño. ¿Qué había estado haciendo? ¡Agarrarlo del brazo cómo si fuera algo más que un amigo! Le había tomado un mes para siquiera tomar la mano de Zuko y ahí estaba ella, colgándose del brazo de otro hombre como una cualquiera. (1)
Zuko… de improviso, sintió como si lo hubiera traicionado. Una oleada de culpa la inundó y apretó con fuerza la ropa que llevaba en la mano.
-No seas estúpida, Katara –siseó para sí, buscando entre las aparentemente limpia ropa de Sokka sobre la cama-. No estás traicionando a nadie… no hay nadie a quien traicionar…
Era justo como le había dicho a Suki. No era nadie. ¿Pero por qué dolía tanto, entonces?
-¡Katara! ¿Qué tan frío puede ponerse aquí afuera? –la voz de Haru interrogó desde afuera.
-¡Lo siento! ¡Ya voy para allá! –gritó Katara por encima de su hombro. Agarró un grueso abrigo azul y lo acercó a su nariz. Suspiró cansinamente-. Esto servirá –se incorporó y corrió hacia fuera, sacudiendo la parka-. Esta es la mejor que puede encontrar. ¡Espero que sirva!
El joven sonrió y se la sacó de las manos. Con cuidado, se la puso, levantó la caperuza y sonrió.
-¡Es perfecta! ¡Gracias, Katara!
-No hay problema –respondió-. Entonces, ¿estás listo para regresar?
-En realidad, estoy listo para quedarme –admitió, cansado-. El viaje realmente me agotó. Y esas chicas… apenas podía seguir su conversación en el barco –se rió.
Katara asintió comprensivamente.
-Está bien, entonces. Ven, te acompañaré hasta lo de Bato. Es dónde te estás quedando, ¿verdad? –Haru asintió y la siguió mientras caminaban por el sendero. El silencio comenzó a crecer entre ellos y Haru empezó a sentirse incómodo con él.
-Así que… ahora la construcción ya está casi terminada… ¿planeas quedarte aquí? –le preguntó, poniéndose a su lado.
Katara dijo que sí con la cabeza.
-Aún cuando la construcción haya terminado, siento que todavía me necesitan. No hay muchos maestros agua aquí y tal vez pueda ser útil.
-Oh… -respondió Haru, ligeramente decepcionado.
-Aunque me encantaría viajar de nuevo –suspiró largamente-. Sí que extraño volar en Appa.
-Creo que voy a viajar por un tiempo… -le contó Haru-. Pero también a mí me necesitan en mi aldea.
-Entiendo completamente –acordó Katara. Él sonrió cálidamente.
-Eso es lo grandioso en ti, Katara –afirmó bajito-. Realmente eres una buena persona con quien hablar. De veras me entiendes.
Katara lo miró y sonrió.
-Gracias –se detuvo delante de un edificio similar al suyo-. Esta es la casa de Bato. Ya sabes cual es tu cuarto, ¿cierto?
-Sí, derecho al fondo del pasillo, la primera puerta a la izquierda –repitió las instrucciones que la habían dado.
-Genial. Volveré al refugio. Le diré a Bato que terminaste por hoy –le aseguró.
El asintió y se giró hacia la casa, pero no avanzó.
-¡Espera, Katara! –ella se volvió y lo miró interrogante.
-¿Sí, Haru?
-Gracias por… por esta noche… -empezó, nervioso. Katara arqueó una ceja.
-Sí… no hay problema, Haru –le respondió, sin prestarle atención. Se volvió de nuevo y sintió una mano enguantada agarrar la suya. Sus ojos fueron de su mano a su rostro-. ¿Haru?
-Yo… eh… -Haru respiró profundamente y cerró la boca de una. Reuniendo todo el valor que tenía, se adelantó.
Tarareando para sí, Aang contemplaba los alrededores buscando alguna señal de su amiga. La pequeña celebración en el refugio terminaría pronto y quería despedirse de Katara antes de que el Capitán Ji volviera a su barco.
Al doblar la esquina, oyó una risita y con cuidado, espió. Puso los ojos en blanco, decepcionado, al ver a Sokka tirado de espaldas en el suelo, moviendo sus brazos y piernas.
-¿Eso es un ángel de nieve? –inquirió Suki. Ella estaba parada cerca de él, con una amplia sonrisa en sus labios y las manos en la cadera.
-Sólo dame un momento –explicó Sokka. Dejó de mover los brazos y se puso de pie. Sacudiéndose la nieve de su ropa, miró para abajo a su creación-. ¿Qué te parece?
Suki arqueó una ceja.
-Parece como que te caíste en la nieve y dejaste un cráter.
-Tienes que usar tu imaginación… -Sokka no completó la frase y la miró-. ¿Qué quieres decir con "cráter"?
-¡Chicos! –Aang saltó de su escondite-. ¿Han visto a Katara?
-No, ¿no está en el refugio con Haru? –sugirió Suki. Sokka frunció el ceño cuando Aang negó con la cabeza.
-Nop, ellos se fueron justo antes que ustedes dos.
-Justo antes que… -Suki arrugó los ojos y se giró hacia Sokka. El joven guerrero estaba mirando inocentemente a otro lado y ella frunció el entrecejo, molesta-. Sokka…
-Umm… veo que están ocupados –reparó Aang débilmente-. ¡Los encontraré solo!. ¡Adiós! –salió corriendo rápidamente, antes de verse involucrado-. ¿Dónde están...?
Al doblar en otra esquina, hizo aire control hacia un alto y descubrió la familiar trenza castaña.
-Ka… -agrandó los ojos al ver a Haru acercársele y agarrarle la mano. Aang inhaló profundamente-. ¡KATARA!
Ella se volvió con rapidez, zafándose, apenas, de Haru, que se había inclinado para besarla en la mejilla. Tropezó hacia delante cuando Katara se dio la vuelta, y casi cae sobre el piso mientras ella buscaba al que había gritaba su nombre.
-¡Aang! –se soltó de la mano de Haru y lo saludó.
Desde donde estaba, Aang soltó un suspiro de alivio.
Eso estuvo cerca.
-¡Ey, Katara! ¡Haru!
El joven moreno luchaba por recobrar su compostura, a pesar de que se sentía como un completo idiota. ¿Qué diablos estabas haciendo, Haru? ¿Tratando de BESAR a Katara? ¡Ni siquiera sabes si le gustas!, lo castigaba su mente. Silenciosamente, decidió que dejarlo pasar era lo mejor.
-Ey, Haru, Aang me está llamando –le dijo Katara, empezando a alejarse. Ella no notó su expresión desilusionada mientras saludaba-. Te veo mañana, ¿bien? Pingüino-trineo, ¡te lo prometo!
-Oh, esta bien… eh… ¡buenas noches! –le devolvió el saludo y se apuró en el interior de la casa. Katara miró a Aang.
-¿Qué sucede?
-Estoy entregando un mensaje –Aang sonrió ampliamente-. La fiesta está terminando y el Capitán Ji dijo que tenía que darte algo.
-¿Capitán Ji…? –Katara hizo la cabeza a un lado, reflexionando esas palabras. ¡Zuko! -¿Dónde está? –exclamó ahogadamente.
-Está esperando en el refugio… -Katara pasó a toda velocidad por su lado, interrumpiéndolo.
-¡Gracias por avisarme, Aang! ¡Yo me encargo desde ahora! –gritó. Katara corrió hacia el refugio y como esperaba, vio al Capitán de la Nación del Fuego parado en la puerta. Él la oyó venir y se volvió, dedicándole una sonrisa de bienvenida y una inclinación de su cabeza.
-Señorita Katara –la saludó cálidamente-. Lamento haberme demorado tanto en entregarle esto.
Levantó un rollo de pergamino en sus manos.
-Gracias, Capitán –Katara le sonrió, agradecida y lo tomó-. ¿Qué es?
-Creo que es una invitación a la celebración por el cumpleaños número dieciocho del Señor del Fuego Zuko –le respondió el Capitán-. Nos iremos en un par de días y me fue pedido que enviarás una respuesta lo más rápido posible. (2)
Katara se rió para sí y asintió.
-Definitivamente lo haré.
-Además, tengo instrucciones de darle esto personalmente –un pedazo de papel cuidadosamente envuelto le fue entregado. Unos cuantos cordones de seda roja lo mantenían cerrado, añadiéndole además una pizca de color.
-Gracias –dijo Katara y delicadamente tomó el papel- ¿de quién es?
-Del General Iroh, Señorita Katara.
No pudo evitar que la decepción la atrapara.
-Oh… ya veo… -el Capitán arqueó una ceja, extrañado, pero no dijo nada. Ella lo miró, con una sonrisa en la cara-. Gracias por todas las molestias que se tomó, Capitán Ji.
-Ha sido un placer, Señorita Katara.
Se inclinó una vez más y Katara hizo lo mismo antes de verlo alejarse hacia el puerto. Miró el papel que sostenía con cuidado en sus manos. El pergamino era sólo una invitación que establecía la fecha, hora y lugar. Así como las instrucciones en la etiqueta de vestuario.
Katara empezó a caminar hacia su casa. Se puso el pergamino bajo un brazo y desató los cordones de seda roja que envolvían la carta. Metió el largo cordón en su bolsillo y desdobló el papel.
Mi querida Katara, se rió para sí. Ese Iroh…
El palacio no es lo mismo sin ustedes. Es bastante aburrido. Sin ustedes aquí para salir de compras, mi sobrino no me deja ir al mercado para hacer compras al azar. Las reuniones son mas largas y el té no es tan bueno sin la compañía apropiada. Para serte franco, se los extraña enormemente. Los sirvientes del palacio se preguntan cuando regresaran y los doctores esperan que puedas venir antes de la fiesta de cumpleaños de Zuko.
No le digas que le dije así. Dice que ya no tiene "cinco". Pero vendrán, ¿no es así? Hablando del chico, se está acostumbrando a los vaivenes de ser el Señor del Fuego, los que incluyen lidiar con los nobles. Muchas cosas han cambiado desde que te fuiste. El mayor cambio sería, probablemente, la instauración de un programa en el palacio. Ahora hay docenas de muchachas aquí, a las que se les enseña las artes culturales por el bien de nuestra nación. Deberías venir y probarlas. Zuko las ha estado evitando como a una plaga, creyendo que están aquí tratando de atraparlo para que se case con una de ellas.
Katara soltó un sordo suspiro de alivio antes de negar con la cabeza. ¿Por qué las estaba evitando? ¿Por ella? Apartó las preguntas de su mente y siguió leyendo.
He pasado por tu estanque. ¡Tus patitos-tortuga se están poniendo más grande con el correr de los días! Espero verte pronto. Mientras tanto, te envió un pequeño regalo, con la esperanza de sobornarte para que regreses. ¡Es delicioso! Hasta que nos volvamos a ver, Iroh.
Katara miró para abajo y ahogó una carcajada al encontrar el pequeño paquete de té que había enviado. Empezó a doblar el pedazo de papel cuando vio a alguien parado más adelante. Haru, aún vestido como cuando lo había dejado, estaba frente a la puerta de su casa. Agrandó los ojos, sorprendida.
-¿Haru? ¡Oh! –corrió hacía él-. Lo siento; ¡me olvidé por completo de decirle a Bato! Estaba hablando con Aang y después…
-Katara, aguarda un segundo –pidió Haru suavemente, levantando una mano, tratando de calmarla. La joven cerró la boca y asintió-. Yo… yo tengo algo que preguntarte. Es como la razón real por la vine.
Su expresión se tensó un poco.
-¿Razón real…? –repitió en voz baja.
Haru asintió.
-Katara –inhaló hondo y enfrentó sus ojos, nervioso-. Me gustaría pedirte que vengas al Reino Tierra conmigo.
N/A: Despacio… despacio nos movemos poco a poco a su reencuentro. Solo denme tiempo para armar el "drama" (en las palabras de mi hermano…). Si Haru estuvo OoC, me disculpo. Pero Aang salvó el día; como todos los Avatars hacen. Pensando en la sociedad secreta de Iroh… eso suena genial. :) ¡Gracias por leer!
-.-.-.-.-.-.-.
N/T: Eso, gente bonita, gracias por leer. Perdónenme la demora pero es que me despedí del verano con tamañas fiestas que me dejaron sin ganas… y ahora me absorbió la escuela. Tengo dos exámenes durante la semana, pero veré si puedo actualizar en el finde o antes. La chica piensa en Zuko y llega carta de la Nación del Fuego... y esas cosas pasan en la vida real. XP. No hubo mucho Zuko, hubo mucho Haru ¬¬, culpa de este fic, cada que veo a Haru en la tele lo miro mal xP, en serio lo digo. Me duele la muela, tengo anginas y que estudiar, ah, también tengo jaqueca, esta semana no ha sido la mía.
Disculpas por la demora, gracias por su comprensión (si comprenden xD) e infinitas gracias por su PACIENCIA. Gracias Camila, (me alegro que el Cáp. no te haya parecido aburrido, bueno la segunda parte xP Y sí, todas queremos un Sokka creo yo! jaja, beso gracias por leer y dejar rr!);Honey-sempai:) (Que original tu nombre, xP, en serio. Me alegro que te encante el fanfic, tengo que avisarle a la autora, estoy lela, xP me acabo de acordar, y ya no tendrás que esperar, y si mis cálculos no fallan en dos cáps los tenemos juntos y acaramelados xD, te me cuidas, beso y gracias por leer y dejar rr!); GeminiIlion; kata, xX-Fallen Angel Hikari-xX, Aiko1504;(urgiditas les queda corto, me parece, jaja, esos dos son divinos, los amo casi tanto como Zutara! xP y lo mejor de todo ERA que estaba actualizando rapidito jaja. Un beso, linda que estés bien MaKAkiSs y xxmabelxx
Un beso, se los quiere. (Crítica, corrección, halago, favor de dirigirse al botoncito Go! xP)
(-) I believe he's collecting blubber oil for laps -- eso dice, y no lo entiendo... me quedó como que está juntando aceite burbujeante para la vuelta. Si saben exactamente lo que es, díganmelo please.
(1)Traducción literal: alguna clase de ramera, pero me sonaba feo, no pegaba en la oración. Quedó como una cualquiera, entonces
(2)RSVP-- Francés, idioma que no sé. Répondez, s'il vous plait, que sería como responder, por favor. O lo antes posible
Esto me da vergüenza, pero si no lo hago yo... Propaganda barata que le dicen, sigh. Hace poquito publiqué una historia de Avatar sacada de mi cabeza, si alguien le interesa está en mi perfil. Un beso, Cosas de familia se llama ;)
