Capítulo VI: La historia de Alquirión, parte 2

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Twilight se enloquecería, estoy segura. Cuando Van Hayding empezó a hablar de las lenguas y las costumbres de los pueblos y de cómo éstas evolucionaron, créanme, es un gran matete. El curador era como Twilight multiplicado al cien, por todo lo que sabía. Yo ya no podía concentrarme mucho, y admiraba la capacidad de lady Amalthea para no perderle la pista. A lo que me pregunto, ¿ella recordará luego todo lo que escuchó? Bueno, tiene una gran capacidad de retención, así que no dudo de que pueda hacerlo.

Técnicamente la actual sociedad de Alquirión es producto de la fusión de cuatro culturas principales: las de las tres razas de dorios, jonios y pelasgos, más la de los ponis, aunque hubo muchos aspectos que quedaron afuera. Ya habíamos subido al piso siguiente, cuyas muestras se dedicaban a tratar de reconstruir lo que fue el nacimiento de la raza de los alquirianos, que convivió con la de los dorios y la de los ponis lo suficiente como para conocer debilidades y fortalezas de ambos. La "nueva generación" fue mucho más avivada, había heredado los aspectos más fuertes de sus predecesores, y los usaron en su contra siglos después…

Uff, esto es demasiado para mí. Llevamos toda la mañana en el Museo, y dudo que podamos recorrerlo entero antes de que sea la hora del almuerzo… bueno, sí, en efecto, se nos hizo la hora del almuerzo. ¿Y adivinen qué? Mi ama se negó a volver a casa para almorzar, lo que fue un pase instantáneo al buffet del Museo. Estaba muy bien armado y ambientado, y la comida fue un poco mejor de lo que se servía en la casa del Sumo Minister. Amalthea se dedicó a tomar notas durante todo ese rato, mientras esperábamos que se reabriera la hora de las visitas.

Cuando volvimos a entrar, nos topamos con que Van Hayding estaba con un grupo de unos veinte potros, que llevaban un uniforme un poco estrafalario de color rojo óxido. Tenían más o menos mi tamaño, y probablemente no serían mucho más mayores que yo, y pronto mi ama y yo nos convertimos en el centro de atención de varios de ellos. El curador charlaba con un alquiriano mayor, de rostro bastante amargado y severo, que supongo que sería el maestro del grupo de potros, a juzgar por sus ropas y por su pulcritud. Amalthea y yo nos retiramos un poco, lejos de las miradas indiscretas de los escolares, entre los que no había ni una sola potranca. Quizá venían de uno de esos institutos ultra refinados, como los que hay en Equestria. Como fuera, podía escucharlos hacer bromas y señalándose entre sí. Cosas de potros, que se acabaron cuando Van Hayding vino con nosotras y el maestro se dio vuelta para imponer disciplina a sus alumnos.

-Lamento mucho decepcionarlas. Había una visita del grupo de menores de la Academia Volkerball que no tuve en cuenta, y no puedo decirles que no. – se disculpó el curador – Temo que no podré continuar con el recorrido previsto, pero ya me encargué de arreglar un reemplazo, si es que quieren continuar…

Vi que Amalthea se entristecía un poco. Ella sin dudas apreciaba mucho al curador, y quizá no disfrutara la visita de la misma forma, pero entre su deseo de quedarse y de irse se interponía su deseo de pasar más tiempo fuera de casa. Como éste último era más fuerte, decidió que por lo menos aprovecharía el permiso obtenido cuanto pudiera, y se resignó a seguir recorriendo el Museo aunque fuera con otro guía.

-Está bien, señor Van Hayding. Lo entendemos – dijo con un suspiro suave.

-Perfecto, pueden pasar hasta el punto en donde habíamos quedado, allí las está esperando el señor Doodley.

Por el nombre, no me imaginé que un guía de museo pudiera llamarse así. Cuando fuimos a encontrarnos con el tal señor Doodley, vimos que se trataba de un alquiriano que no era unicornio, o sea, un descendiente de dorio y poni terrestre. Parecía desencajar allí, pero la verdad no le cuestiono nada porque tiene un poder de síntesis mucho más asombroso que el de Van Hayding. Pude comprender mejor las cosas que explicaba, porque era directo y sin rodeos.

-Buenas tardes, señoritas, y espero que disfruten de su estadía en el Museo del Capitolio. Mi colega ya me puso al corriente del estado de su visita, y me alegra mucho que les interese hacer un recorrido completo, y que tengan la suficiente paciencia y atención, además del tiempo. Como habrán visto, luego de la invasión y posterior conquista de los pueblos pigmeos por parte de los dorios, se dio un paulatino proceso de mestizaje. Hay que ser sinceros, al principio los alquirianos no fueron muy bien aceptados, porque al ser híbridos de dos razas distintas, se consideraba que era un atentado a las reglas de la naturaleza. Hoy sabemos que pigmeos, jonios, pelasgos y helenos vienen de una rama común, y que es posible la compatibilidad. Los alquirianos fueron considerados bastardos, por su condición supuestamente "inferior" a las tres grandes razas, por eso su rol histórico estuvo más apegado a los pigmeos, ya que ambos eran víctimas de desprecio e injusticia social, y eso los unió para volverse en contra del antiguo régimen.

La vieja sociedad doria se dividía en estamentos fijos. O sea, si pertenecías a un determinado estamento, no te podías mover de allí. Era casi imposible ascender socialmente, a menos que te casaras con alguien de una casta alta, lo cual era como encontrar una mina de oro. A pesar de todo, la raza alquiriana fue creciendo y fortaleciéndose, y un buen día se dio cuenta de que, para llegar a tener el estatus social deseado, necesitaba culturizarse, instruirse, aprender para qué usaban la cabeza sus padres. Fue un proceso bastante lento y arduo. Muchos entraron a institutos y monasterios, otros decidieron que la milicia era una opción más favorable para aspirar a un puesto de influencia. Hubo así grandes personajes en la historia, que destacaron en varias ramas del quehacer equino. Los más aventajados eran los alquirianos que descendían de unicornios, ya que la capacidad de usar magia era una característica muy provechosa…

Tengo que hacer un punto y aparte aquí. ¿Recuerdan que Samantha creía que la magia era algo malo? Bueno, parece que aquí la magia goza de mala fama por las cosas que se hicieron con ella en el pasado. Doodley lo explicó muy bien. Resulta que, al principio, había magos nobles y humildes como lo fue, por ejemplo, Starswirl el Barbado en Equestria. Antes sí se tenía un buen concepto de la magia, pero cuando se descubrió el lado oscuro de ella, o más bien, cuando se decidió usarla como arma, las cosas cambiaron drásticamente. Los alquirianos más resentidos se convertían en brujos o hechiceros que continuamente causaban grandes daños a la sociedad. Fue una era bastante oscura, donde los magos perdieron los valores porque cualquiera podía acceder a conocimientos sobre magia, y eso que les daba poder y lo hacía sentirse superiores a los demás hacía que los de alma miserable se volvieran más miserables, actuando con impunidad y desprecio hacia las vidas de otros equinos. Cuando por fin las fuerzas de la justicia y el orden acabaron de reprimir a los brujos y sus comunidades, los reyes establecieron que la magia, en su sentido menos práctico, no podía ser usada por nadie que no fuera lo suficientemente responsable o instruido para llevar a cabo un uso correcto de ella.

Así fue como la magia se convirtió en un lujo de la alta cultura, y muchos unicornios quedaron afuera de la posibilidad de aprender por las mil y una barreras y requisitos que les ponían para entrar a las academias de magia, como el Instituto Volkerball, uno de los que aún sobreviven y continúan funcionando casi con la misma estructura y organización que cuando los crearon. Por eso se explica además que fueron unos pocos alquirianos los que impulsaron las grandes revoluciones, porque con sus conocimientos y sus saberes sobre retórica y oralidad, pudieron convencer a sus hermanos más desfavorecidos de sublevarse.

Hubo en la historia de Alquiria tres grandes revoluciones alquirianas, entre las primeras dos hay una diferencia de un siglo y medio, y entre esas y la tercera, unos tres o cinco. No lo sé, Doodley decía unas fechas que a mí se me hacía difícil procesar. La primera revolución alquiriana fue por el acceso a la educación, a la milicia y al estatus civil, de "ser considerados sujetos de derecho", es decir, que pudieran casarse legalmente, comprar cosas legalmente, todo eso. Digamos que los dorios se descuidaron mucho en las libertades que les dieron a los alquirianos, porque cuando tuvieron suficiente cultura y educación, suficientes valores, motivaciones, y especialmente, ambiciones de poder, se apoyaron en la parte de la población que era la más numerosa, es decir, los pigmeos ponis. Para ese entonces, pelasgos, jonios y helenos de sangre pura ya quedaban muy pocos, el resto ya era otro tipo de generación. Lo cierto es que los dos primeros estamentos, la nobleza y la milicia, no llegaban a ser el número total al que llegaba el tercer estamento, la "plebe". Además, los alquirianos y los ponis estaban muy bien organizados, y pronto les demostraron su verdadera fuerza a los aristocráticos.

La segunda revolución alquiriana se transformó en una guerra que culminó en la fundación del reino de Alquiria, que incluyó por ende a los vencidos dorios, quienes debieron agachar la cabeza y aceptar las condiciones que les impusieron sus vencedores. La sociedad estamental fue destruida y las clases sociales se diversificaron de otra forma, porque empezó otra forma de comerciar y de relacionarse en la sociedad. Alquiria mantuvo un nuevo tipo de régimen monárquico, donde además de rey y reina, había un parlamento que "supuestamente" representaba al pueblo.

Lo interesante pero también hipócrita fue que pronto a los alquirianos que tenían el poder se les subieron los humos a la cabeza, y acabaron siendo peores que los dorios. Y en esos cuatro siglos hubo importantes cambios de ideas sobre cómo se tenía que manejar lo político, entre uno que otro régimen de monarquía absoluta, donde ascendían verdaderos locos de remate que fueron causando que la aprobación social sobre la monarquía se fuera debilitando…

A ver, Alquiria, lo que hoy es la República de Alquirión, por todo lo que entendí, pasó por algo que en Equestria nunca sucedió: sucesivos conflictos por el poder. A lo largo de mil años existieron un montón de equinos que gobernaron estas tierras como quisieron, como pudieron y como debieron, por eso es una nación tan conflictiva, al contrario de Equestria, que por suerte tuvo y tiene a Celestia (y ahora a la princesa Luna, y también a la princesa Cadence, y a Twilight) para mantener la paz y la armonía.

Pero si esto es lo que pasa cuando un reino deja de ser una monarquía para convertirse en un "estado democrático", quisiera que Equestria nunca deje de ser lo que es… creo que se llama "diarquía" o algo así…

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Conmoción en las calles, conmoción en la ciudad. En la noche se alzaban las llamas de la furia, las lenguas de fuego de la sublevación. La corona alquiriana había recibido el más duro y mortal golpe. El palacio era un foro de gritos, de luchas, de increpaciones. Se había dado un fuerte combate entre los dos hermanos, y en vano el paterfamilias clamaba para intentar calmar la cólera de sus hijos, mientras las terribles emociones ante la traición y el descaro de su hijo mayor comenzaban a nublar su razón.

Como nunca, el rey había sentido ganas de llorar.

Una estocada imprevista y la espada de Ulises se clavó en el amplio retrato familiar, como simbolizando la división de la familia, la destrucción de todo vínculo. Cegado de rabia, el rey reafirmó su autoridad como padre sobre Nereus, en tres trancos llegó hasta aquél y le dio por la cabeza con un busto de piedra, dejándole una marca en el costado izquierdo del rostro. El prepotente príncipe mayor respondió a la agresión con una agresión más violenta, con el resultado de producirle a Laertes una herida grave en el hombro. Ulises no perdió el tiempo y fue a auxiliarlo, sirviéndole de apoyo y escuchando con claridad el grito de impotencia y dolor.

-¡Dónde está tu honor, basura! – le gritó Ulises, sintiendo los tumbos que daba su corazón en el pecho.

La facultad de lenguaje en Nereus estaba bloqueada. Levitó su espada y también la de su hermano, apuntando una a cada uno, con los ojos enrojecidos y fríos. Ulises le sostuvo la mirada sin temor, si moriría lo haría mirando a la cara a la muerte. Con esa misma mirada, reprendió a Nereus por su actitud, invocando el recuerdo de su difunta madre, la reina Ofelia, que yacía en una tumba de mármol bajo el cerezo que la había visto crecer. Ulises lo acusó de no ser digno del amor del vientre materno, y fue tal el impacto de estas palabras en la mente del agresor, que sólo por un segundo se movió su compasión. No mataría a su propia sangre, pero la enviaría lejos de allí, para que no estorbaran al nuevo gobierno y a la nueva sociedad que con sus aliados ayudaría a construir.

Los desterró.

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[El día de la visita de Celestia y Luna a Ulises, dos meses antes del secuestro de Pinkie Pie]

…-

Una hermosa mañana estaba por nacer con la salida del sol. Era un espectáculo digno de ver, el cómo los campos recibían la caricia de la luz solar, cómo todo se impregnaba de ese brillo y adquiría otros colores agradables a la vista. El viejo príncipe alquiriano se sumergió en ese mar brillante verde-amarillo, para despejarse de aquella pesadilla que recurrentemente perturbaba sus noches y le hacía perder el sueño a la madrugada. Sintió algo frío bajando por su mejilla; había aprendido a aceptar las lágrimas.

Salió al balcón para que el maravilloso aire de esa patria mágica le inundara el alma de buenas energías. Era otro día. Otro día para ser, otro día para vivir. Por lo menos ahora estaba más acostumbrado a esos despertares. Miró hacia atrás, hacia el lecho entre cuyas sábanas descansaba su principal sostén y fortaleza en los últimos años. De no haber sido por ella, quién sabe qué habría sido de él, probablemente habría perdido toda cordura. La llamaba Villuette, como aquellas bellas flores color lavanda que cubrían la tumba de su madre, y por su característica melena color lila, que ahora había adquirido un tono más gris. El viejo Ulises caminó despacio hasta su lado, y la observó dormir tranquilamente, como un eterno enamorado.

Villuette había ayudado al hijo menor de la corona alquiriana a salir de la gran depresión en la que estaba sumido por culpa de los trastornos del pasado, y había contribuido a su adaptación al ambiente ecuestre. Luego de que la princesa Celestia los encontrara en las orillas de aquella ciudad, los años siguientes fueron terribles para los nobles desterrados, y toda la tragedia que traían de la perdida Alquiria hizo estragos en sus caracteres, convirtiéndolos en dos equinos ermitaños, que se mantuvieron harto tiempo encerrados en la finca que la monarca de Equestria les había proporcionado. Laertes, que rengueaba por la herida mal curada en su hombro, se rindió totalmente a la angustia, se fue cerrando a la realidad y dejó de hablar, nunca se recuperó. Apenas intercambiaba unas palabras con Ulises, que intentaba mantenerse fuerte para sostener a su padre, a pesar de que sus esfuerzos fueron todos en vano. El pobre rey destronado había bloqueado su conciencia casi para siempre, pasando por el resto de su vida como un ser completamente nulo, que apenas reaccionaba a estímulos como la música, la lectura o la voz de su propio hijo, con el único con quien mantenía trato.

Celestia los ayudaba cuanto podía, en la medida en que sus deberes reales se lo permitían. Ulises se lo agradecía como podía. Así pasó gran parte de su juventud, ocupándose de su padre y administrando la propiedad dada por cortesía de la princesa equestre. Pero a su vez también padecía ataques de ira, de angustia, arranques de locura signados por la violencia del inconsciente, y entonces los ponis que estaban a su servicio en la finca debían resguardarse y esperar a que se calmara, porque era más arriesgado intervenir. O más bien, era la vehemencia con la que su patrón arremetía con todo lo que los mantenía alejados, por el más puro miedo. Después de todo, la imponencia del tamaño ejercía bastante influencia, lo veían como una figura de autoridad similar a la de Celestia. Cuando pasaba el efecto de los arrebatos, el alquiriano, avergonzado, se encerraba en su cuarto por horas, hasta días, en los que no abría la puerta ni para retirar la bandeja de comida que las criadas le dejaban. Pocas veces podían convencerlo de salir, algunas lo hacía por voluntad propia, otras muy raras se daban cuando era Laertes quien golpeaba la puerta, y le era suficiente decir algunas palabras para llamarle la atención.

A todo esto, aquella joven potranca, estudiante honorífica de la Academia de Canterlot en ciencias y artes, se trasladaba dos o tres veces a la semana a la finca, para dar clases a los dos alquirianos sobre la historia, la literatura y las costumbres de Equestria. Su formación más reciente era sobre acompañamiento terapéutico para ponis que habían pasado grandes traumas, y había aceptado el trabajo como encargo de la princesa Celestia. Villuette pasó a formar parte de la "familia" en unos cuantos meses, luego de pasar momentos bastante incómodos y en los que le parecía que jamás podía progresar. El personal doméstico la mantenía muy al corriente de los estados de ánimo de los señores, y con el tiempo ella había aprendido a amoldarse a las condiciones del ambiente de aquella casa. Pronto se fue quedando cada vez más, cuando al principio no veía las horas de irse. Sentía mucha compasión por esos alquirianos, pues habían sido desterrados de su propio reino, por el casco de su propia sangre, que los había traicionado y había amenazado sus vidas. No les quedaba nada en su patria, habían cruzado un inmenso mar de peligros y estaban en una patria que los recibió con los brazos abiertos, pero en la que no podían sentirse del todo a gusto por muchas y variadas razones, pues eran dos extranjeros con una cultura muy distinta, eran muy diferentes a los ponis.

Villuette tuvo allí un proceso de enseñanza retroactivo, porque además de enseñar, aprendía. Cuando Ulises andaba de buenas y se interesaba de verdad en sus clases, pasaban tardes increíbles hablando de muchos temas, tazas de té con azúcar y pastelillos mediante. Eran días en los que podía respirarse un ambiente más animado, puertas y ventanas permanecían abiertas para recibir los rayos del sol y ventilar todas las malas vibras. Una de las mejores formas que Villuette había encontrado para brindarle contención al ex príncipe alquiriano eran la literatura, especialmente la poesía, y la música, pasiones al parecer compartidas por ambos. Fue un camino con muchos progresos y retrocesos, en los que todo iba bien durante algunas semanas, y otras no tanto. En ocasiones, le tocó lidiar con algunas situaciones en las que ella misma sintió que perdería el control, o en las que sentía mucho terror, como cuando una vez, en un inesperado e inexplicable arranque, uno de los más bravos que había tenido, Ulises casi le hendía la cabeza con un tizón de la chimenea. Fue cuando se le ocurrió la cosa más osada que había hecho en su vida: saltó hacia el alquiriano y le dio un abrazo. Sintió relajarse el corazón acelerado, algo que también la tranquilizó a ella. Lo más sorprendente fue que, cuando estuvo a punto de soltarlo, Ulises le correspondió el abrazo. Así permanecieron un rato largo, mientras en las otras habitaciones el personal de la casa debatía si hacer algo o no. Luego la soltó despacio, y sin mirarla, se retiró a enclaustrarse por voluntad propia.

Pasaron unas tres semanas después de ese incidente. Aunque Villuette no estaba enojada ni mucho menos ofendida por el ataque del alquiriano, éste no quiso que continuara yendo a la finca. Por medio de una carta, él le explicó que se había dado cuenta de lo mucho que temía hacerle daño, y agradeciéndole de corazón por sus servicios, la animó a seguir su carrera, asegurando que tendría un futuro brillante. Por un tiempo, la poni accedió a los reclamos de su familia y amigos, bastante indignados por lo que le había ocurrido, así que se tomó unas semanas de vacaciones. Ese tiempo de descanso le vino bastante bien, pero algunas noches se quedaba en vela pensando en Ulises, en cómo estaría manejando su situación. Le preocupaba bastante, era cierto, y por mucho que intentaba convencerse de que todo eso no era más que parte de su trabajo, una parte de ella pensaba en cosas más allá del trabajo. No podía alejar sus pensamientos del abrazo, de esa sensación tan cálida que le dio.

Por su parte, el príncipe alquiriano estuvo ocupado con la salud de su padre, que había enfermado gravemente. El doctor dijo que se debía a la poca alimentación y a la falta de movimiento, pero que se recuperaría pronto si suplía lo requerido por las necesidades que su cuerpo le estaba reclamando. Ulises se sintió bastante responsable por eso, ya que admitió que últimamente había descuidado a Laertes por las clases con Villuette, así que no se anduvo con rodeos y puso todo su empeño en lograr que su padre mejorara. Se movió más seguido a la ciudad para conseguir todos los remedios e implementos necesarios, cobró de repente una actividad que hacía mucho no tenía. Se puso de firme, decidido a sacarlo adelante, o por lo menos hacer que interactuara un poco más con el ambiente, lo que le hacía más falta era un cambio de contexto.

Ulises llegó a descuidar un poco de sí mismo por cuidar a su padre, pero por suerte contaba con la ayuda de los criados. Sobre todo el ama de llaves, que pertenecía a aquella casa cuyo dueño al morir, sin tener herederos a quienes legarles la propiedad, la donó a la corona de Equestria. Había dispensado los últimos cuidados del difunto patrón, por eso no ofrecía reparos a hacerse cargo de Laertes en lo que pudiera. Tenía práctica y estaba acostumbrada. El viejo alquiriano se dejaba atender sin espamentos, como un potrillo de muy corta edad. Sólo a veces, se la quedaba mirando como si fuera la primera vez que la veía, y la yegua mayor comprendía muy bien la tristeza de esos ojos. Después de todo, ella tampoco tenía mucho a lo que aspirar en ese mundo, pues también era viuda y había perdido un hijo. Eran como dos criaturas capaces de entenderse perfectamente bien sin mediar una sola palabra.

Uno de los buenos resultados obtenidos por Ulises, de los que persistieron hasta que Laertes no pudo volver a levantarse, fueron las caminatas por el campo que padre e hijo realizaban dos veces al día, una durante el alba, y otra durante el atardecer. Eran paseos muy silenciosos, tranquilos y lentos, donde cada uno iba con la mente perdida en recuerdos y en añoranzas. No querían pensar mucho en el pasado, pero sólo se enfocaban en los buenos momentos como si algunas cosas jamás hubiesen ocurrido. Fue durante una de esas caminatas, que el ya maduro alquiriano cayó en la cuenta de lo mucho que extrañaba a Villuette.

El destino fue benevolente, y los volvió a encontrar unos meses después, cuando se realizó la Gran Gala del Galope. Ulises pudo convencer al fin a su padre de asistir a dicho evento, estaba un poco más animado tras la recuperación y hacía mucho tenía curiosidad por asistir a dicho evento. Además, quizá por fin tendrían un buen rato para charlar con su vieja y querida amiga, y volver a agradecerle en persona todo lo que había hecho por ellos. La princesa Celestia estuvo complacida de recibirlos en su mesa, aunque luego tuvo que disculparse por la reprobable actitud de su sobrino Blueblood. Ulises sonrió, como no hacía en mucho tiempo, y dijo que no había problema, pues admitió que cuando potro era casi igual de molesto. Incluso Laertes pareció sonreír, mientras miraba a su alrededor o simplemente se quedaba mirando su vaso. Pocas veces le dirigía la mirada a la alicornio blanca, quien no se privaba de hacerle preguntas como reiterados intentos de sacar un tema de conversación. Celestia no podía dejar de sentir pena por su viejo amigo, y por el remordimiento de su error pasado, decidió despedirse amablemente, aunque no sin darle una sutil muestra de afecto.

Esa noche en la Gran Gala del Galope había sido decisiva. Después de haber pasado un tiempo lejos, el alquiriano y la unicornio reconocieron en su fuero interno los sentimientos que tenían uno por el otro. Pero pasarían otro período de tiempo y varios eventos para que finalmente aquello saliera a la luz. Villuette regresó a la finca, con más ánimos que nunca a pesar del desacuerdo de sus padres. Sin embargo, ella iba esta vez no por trabajo, sino porque quería, porque había algo allí que la llamaba constantemente. Eso le trajo algunos inconvenientes con un semental que hasta ese momento pretendía ser su poni especial, ya que había salido algunas veces con Villuette pero ella nunca le confirmó lo que realmente sentía. Ella no quería casarse con un poni al que no amaba, pese a las pretensiones de las dos familias.

Algo curioso que ocurrió dos semanas antes del triste desenlace, fue cuando la poni escuchó hablarle por primera vez al antiguo rey de Alquiria. Hacía varios días que ella venía notando lo mucho que el viejo alquiriano los miraba durante las clases de poesía con Ulises. Eso la ponía un poco nerviosa, porque no sabía lo que podía significar eso. Lo comprendió dos semanas después, durante el funeral, cuando se dio cuenta de que quizá Laertes supiera que iba a marcharse pronto. El hecho en cuestión se dio cuando Ulises había ido a recibir una visita oficial de Canterlot. Villuette estaba organizando unos libros y cuadernos sobre la mesa ratona del living, cuando de pronto el casco tembloroso del anciano detuvo los suyos y ella se enderezó sobresaltada. Hubiera podido pensar cualquier cosa, pero la expresión del viejo no denotaba ninguna mala intención.

-Por favor, cuida bien de Ulises… - dijo Laertes en una voz casi inaudible, con los ojos grises perdidos en cualquier dirección. Ya estaba ciego del todo, una condición que traía heredada de familia.

Una mañana, Celestia, guiada por un presentimiento, fue a visitar a sus amigos alquirianos. Al llegar, se encontró a Ulises en el patio, escribiendo animadamente unos versos. Charlaron durante un rato, y luego fueron a ver a Laertes, quien se encontraba sentado bajo un árbol de flores amarillas, callado e imperturbable como siempre, pero con una expresión muy distinta de la que había tenido anteriormente. Apretaba contra su pecho un medallón de oro tallado que había pertenecido a su familia por generaciones, mientras entonaba un canto que solía dedicarle a Ofelia. Quizá aquél no fuera el mismo árbol de cerezo bajo el cual dormía su reina, pero sus sentimientos y sus recuerdos no habían cambiado. Su hijo y la princesa se mantuvieron a la distancia, no queriendo interrumpirlo, sin embargo el viejo pudo darse cuenta de su presencia, porque la ceguera había hecho que se volvieran más agudos sus otros sentidos.

-¿Ulises? ¿Con quién estás? – preguntó, con una voz achacada por los años.

-Tenemos visita, padre - respondió Ulises, reanudando la marcha – Ha venido la princesa Celestia.

-Ah, bien…

La alicornio del sol vio en esos nobles ojos grises una certeza muy grande, y su corazón comenzó a sentirse angustiado.

-Buenos días, Laertes. Quería ver cómo estabas.

-Buenos días, Celestia. No había estado mejor en años. Sólo… lamento que las cosas no hayan ido tan bien como esperábamos, pero supongo que aquellos conflictos quedarán en cascos de otros para ser resueltos. A nosotros nos toca otra parte en la historia.

-¿Qué quieres decir, padre? – preguntó Ulises.

-Ya deberías saberlo. Una vez dije que no viviría para ver la Alquiria que heredarían mis nietos, y no he estado más seguro de otra cosa que de eso. Es algo que decidí aceptar para irme más tranquilo.

-No, no digas eso, padre – Ulises se sentó a su lado, poniendo un casco en el hombro de su progenitor.

-Ya está, hijo. Yo hice en mi momento lo que pude, no fue suficiente, y supongo que pagué el castigo por mis errores. Siempre voy a estar agradecido contigo, Celestia, por toda la hospitalidad que nos has brindado. Confío en que cuidarás de la última estirpe noble de Alquiria, que Equestria cobijará a sus descendientes como la patria generosa que es. Ojalá pudiera decir lo mismo de mi reino, pero tristemente se dio de otra manera.

La princesa se sentó frente a Laertes. Ya podía comprender cuál era ese presentimiento, esa necesidad de tener que estar allí, en ese mismo día, en ese mismo momento. Posó su casco sobre el del alquiriano, y éste giró la cabeza en su dirección aunque no podía verla.

-Lo siento mucho, Laertes, realmente lo siento mucho. Sólo espero que puedas encontrar la paz, querido amigo. No te preocupes, porque mientras yo viva, voy a asegurarme de que no le falte nada a Ulises ni a sus hijos. Yo… - las palabras se le atragantaron de golpe, y la princesa del sol ya no podía confiar en el lenguaje. Vio cómo un espasmo hizo retorcer el rostro del viejo rey desterrado, y miró a Ulises que luchaba por contener su desesperación.

El joven alquiriano no estaba preparado para quedarse solo.

-Ulises – Laertes levantó el medallón de Ofelia con su casco – Consérvalo, ahora es tuyo. Eres el nuevo guarda del talismán de la primera casta noble alquiriana.

El mentón del príncipe menor empezó a temblar incontrolablemente. Ese medallón siempre había resultado una fuente de conflicto con su hermano, de hecho, en un principio iba a ser propiedad de Nereus. Pero su padre aún lo traía puesto cuando se dio la Revolución. Habría sido una deshonra habérselo dado a aquél quien traicionó a los de su propia sangre por poder. Lo tomó con cascos temblorosos, enfocando la vista en su padre. No podía hacer nada.

Cuando el anciano equino cerró los ojos, su respiración se fue volviendo más lenta, y su expresión se relajaba. Celestia no se contuvo al darle un último abrazo, Ulises se les unió. Una brisa desprendió del árbol muchas flores amarillas, que echaron a volar hacia un punto incierto del cielo.

Ni bien supo de la triste noticia, Villuette dejó lo que estaba haciendo para ir a acompañar a su amigo. Sabía el golpe que aquella muerte significaría para él, que necesitaría más que nunca contención. Su presencia ayudó mucho a Ulises a superar ese duelo. La poni permaneció en la casa todo el tiempo que duraron los servicios fúnebres, y le sirvió de sostén cuando llegó el momento de dar sepultura a Laertes, bajo el mismo árbol de flores amarillas en el que se había despedido del mundo.

Villuette decidió cumplir con aquello que el anciano le había pedido, como si éste hubiera sabido desde antes el amor que le tenía a su hijo, y se quedó para acompañar a Ulises toda la vida, pues fue en la fecha de la Noche de los Corazones Cálidos, cuando el alquiriano se sinceró y le confesó finalmente sus sentimientos, apurándose a ofrecerle matrimonio con una humilde ramita de olivo, costumbre que se tenía en la lejana Alquiria. A pesar de las diferencias de edad, de tamaño, y de todo, Villuette no dudó, porque hasta ese momento ella sabía que era la única que podía evitar que él cayera en la total desgracia. La única que podía sostenerlo ahora.

El nuevo enlace no fue muy bien recibido por parte de la familia de Villuette, ni tampoco por la mayoría de los vecinos. Pero bastó la intervención de la princesa Celestia para que las aguas se calmasen. Ella procuró que la nueva pareja pudiera celebrar su boda sin problemas, y que no fuera molestada por nadie, encargándose de que la noticia no fuera difundida. Era un acto algo autoritario, pero lo único que pretendía la alicornio de crin multicolor era cuidar la privacidad de su amigo. Era una cuestión de compromiso.

Así transcurrieron muchos años de amor y de estabilidad para Ulises y Villuette, marcados por el progreso de una sólida relación. Lo único que sí trajo algunas dificultades fue la proyección de tener un hijo, que requería vencer el pudor que tenían los esposos. Les faltaba seguridad, sobre todo al alquiriano, quien temía las consecuencias del resultado de la unión. Que les funcionara a sus razas ancestrales cuando invadieron a los ponis del Oeste, no significaba que ahora tuviera el mismo éxito, por ser alquiriano, era unicornio, lo mismo que Villuette, pero ¿podría haber compatibilidad?

Villuette no tenía dudas, y no cesó de su firmeza, porque era una poni que cuando se decidía a lograr algo, lo intentaba una y otra vez. Contra los pronósticos médicos y el pesimismo de Ulises, llegó el tan esperado día en el que la potranca de crin lila supo que estaba embarazada. Fue un largo año en el cual peligró el buen desarrollo de su bebé, y en el que tuvieron que lidiar con la falta de apoyo de la familia de la esposa y el amarillismo de un periódico local, además de que el alquiriano tuvo importantes bajones de ánimo, los cuales no lo detuvieron sin embargo.

A los tres meses, el doctor le dijo a Villuette que su vida podía correr riesgo por ese embarazo. A los diez, empezó a tener algunas complicaciones que no llegaron a comprometer su salud ni la del bebé. A los once, permaneció la mayor parte del tiempo en reposo, y Ulises caminaba por las paredes, esperando la señal del parto. El pequeño potrillo se tardó un mes más en nacer, pero para sorpresa y alegría de sus padres, nació sano y normal, a pesar de la marcada herencia paterna. Lo llamaron Livio, que en la lengua antigua doria designaba a un príncipe fuerte.

Ulises lo tomó entre sus cascos, y bendijo esa pequeña porción de vida, con lágrimas en los ojos y deseando que sus padres estuvieran allí para acompañarlo. Para conocer al "heredero".

-Buenos días, querido – dijo Villuette al despertar, siempre le enternecía esa costumbre de su marido. Era como un potrillo a veces, pero se sentía muy bien que a pesar de la vejez, todavía conservara el mismo cariño.

-Buenos días – sonrió Ulises. Le bastaba ver la sonrisa de Villuette para que toda negrura se desvaneciera.

La pareja tomó el desayuno en el patio, ya que la mañana se prestaba bien para ello. Era un hábito que habían adquirido hacía años, especialmente en las temporadas estivales. A pesar del mal sueño, el señor de la finca estaba de buen humor, y hasta presentía que tendrían visitas ese día, no sabía si durante la mañana o la tarde.

Y estaba en lo cierto. Unas horas más tarde, Ulises miraba por la ventana. Unos grandes anteojos le permitían reconocer el paisaje que se extendía afuera, delante suyo, y fue gracias a ellos que pudo reconocer a la princesa alicornio que se acercaba volando hacia el campo. Vio que otra figura la acompañaba, y dedujo que debía ser aquella princesa desterrada hacia mil años. Dos hermanas.

Las dos Hermanas Reales.

Algo se retorció en el alma del viejo príncipe alquiriano.

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En el presente, en Canterlot…

El guardia había ido a buscar a uno de los prisioneros para su interrogatorio. De los tres capturados, iba a ser el primero. El pegaso de dorada armadura creyó que dormía, al verlo tirado en el suelo, pero cuando lo llamó golpeando los barrotes, solicitó a un guardia unicornio que iluminara el recinto. El equino apresado yacía inerte, en un rigor mortis retorcido por los efectos del veneno, y bajo la boca abierta había un charco de espuma blanca verdosa.

Soltando una maldición, el soldado pegaso emprendió el vuelo para dar aviso a las princesas del suicidio del reo. El soldado unicornio ordenó que revisaran al chacal y al otro caballo, y que les quitaran todo objeto sospechoso de producir muerte.

La noticia causó bastante conmoción entre las dos hermanas reales y las cinco portadoras de la Armonía. Cada una, a su modo, había tenido un momento de histeria y de ira que no era común en seis amistosas potrancas. Cuando la partida de guardias solares que había emboscado a los esclavistas en uno de sus "operativos", trajo a los tres líderes que había arrestado frente a las princesas alicornio, las amigas de Pinkie Pie estaban allí. Las palabras del chacal condenaron a los tres desgraciados, cuando mencionó a la poni rosada que habían secuestrado. Entonces, al saber que su tan querida Pinkie había caído en manos de tan detestables sujetos, ninguna de ellas respondió de sí mismo. Incluso Fluttershy se puso un poco violenta. Las más encolerizadas eran Rainbow y Applejack, y cualquiera podría jurar que si la pegaso color cian hubiera tenido garras en vez de cascos, le habría destrozado la cara al chacal.

Celestia se vio obligada a frenarlas y a ordenar que encerraran a los esclavistas, mientras se preparaba lo dispuesto para su interrogatorio y posterior enjuiciamiento.

Cuando volvieron en sí, las cinco ponis se dieron cuenta de su lamentable actuación frente a las regentes de Equestria y se mostraron muy apenadas ante éstas, aunque Rainbow Dash tuvo que ser contenida por la magia de Twilight porque su rabia no pasaría tan fácil. Es que habían recibido la noticia de la peor forma.

-Sabemos lo mucho por lo que han pasado – les dijo Luna – y comprendemos su reacción. Pero ahora más que nunca debemos mantener las mentes frías y actuar con cuidado. Todavía no sabemos dónde está la Portadora del Elemento de la Risa, pero sin dudas obtendremos importantes respuestas.

-Descansen un par de minutos, y luego comenzaremos los interrogatorios – dijo Celestia.

Un rato después, mientras todo estaba dispuesto para traer a los esclavistas uno por uno a rendir cuentas, llegó el mismo soldado al que habían enviado por uno de ellos, el que era unicornio. La cólera se encendió en las mejillas de Rainbow nuevamente al escuchar lo que había pasado en los calabozos.

-¡Malditos cobardes, son capaces de matarse para no decirnos nada! – bufó Dash, mientras Applejack, Rarity, Fluttershy y Twilight intentaban contenerse y calmarla.

-Parece que tendremos que ser más rudos con ellos – dijo Applejack.

-Aún nos quedan dos – dijo Twilight – Y nos aseguraremos de que nos digan todo. Sus crímenes contra los ponis de Equestria y las criaturas de países vecinos no van a quedar impunes.

-Mantengan la calma, mis queridas ponis – intervino Celestia – Se hará justicia por todos.