Siendo honestos que Spock tenía más familiaridad con la costumbre humana de los regalos que la mayoría de los vulcanos.

Para empezar su madre le había hecho numerosos regalos cuando era un niño y después de ella había recibido obsequios por parte de los miembros de la tripulación del Enterprise. Kirk en especial le había hecho un regalo que lo había conmovido hasta la fibra más íntima de su ser. Lo recordaba perfectamente: la tripulación del Enterprise tenía un permiso en Tierra de seis días que el doctor McCoy aprovechó para visitar a su hija en tanto Jim tomó a Spock con él a su casa en Iowa. El cumpleaños de Spock cayó casualmente en el quinto día de permiso y pese a que no había compartido dicha información con nadie Jim se enteró. Comenzó el día de Spock preparándole un desayuno completamente vegetariano, lo invitó a un recorrido por Riverside y después lo llevó a un museo de historia natural… Spock no admitió en voz alta lo bien que la estaba pasando en el recorrido pero el "fascinante" que murmuraba tan a menudo le dijo a Jim que la visita le había gustado.

En la noche Spock ya se preparaba para ir a dormir cuando Jim lo despidió con un regalo: una foto enmarcada de Amanda Greyson tomada en sus días de estudiante. Spock contuvo las lágrimas por puro orgullo, pero jamás olvidó el gesto.

Lo cierto sin embargo es que el mitad vulcano estaba más acostumbrado a recibir regalos que a darlos, y era esta la fuente de su nerviosismo.

Recorriendo literalmente todos los puestos del mercado Spock continuaba preguntándose cuál sería el regalo ideal para Kirk, pero todo lo que veía le parecía demasiado sencillo, carente de propósito o fuera de contexto como para ser un regalo ideal.

Pensaba así cuando sus ojos encontraron algo.

No era ni de cerca un objeto costoso o espectacular (al comenzar su búsqueda Spock había pensado más bien en algo como gemas de luz o en vestimentas representativas), pero, era de un modo sencillo y sublime algo "perfecto".

…..

Los dedos de Jim repasaron la tela: era suave, suave, resistente y ligera como ninguna otra que hubiera sentido antes, exceptuando por supuesto a la tela de los lazos con los que…

Prácticamente se convirtió en un color jitomate al darse cuenta del rumbo que tomaban sus pensamientos.

-Spock ¿qué es lo que me estás ofreciendo?

-T´hy´la, dijiste que había algunos recuerdos que tenías miedo de compartir conmigo… no quiero presionarte pero eventualmente nuestros recuerdos van a llegar del uno al otro y si uno de esos recuerdos llegara a mí por un descuido yo quisiera que tuvieras la confianza de saber que voy a aceptarlo como una parte de ti.

-No te entiendo.

-Es lógico Jim que ya que tú has depositado en mí tu confianza yo puedo demostrar la verdad de mis sentimientos haciendo lo mismo.

-Spock, no es necesario que me demuestres nada.

-Lo sé… pero quiero hacerlo.

Y dicho esto Spock depositó un beso suave sobre los labios de Kirk utilizando sus manos para cerrar las de su pareja alrededor del lazo que acababa de entregarle.

-Spock yo… - murmuró Jim contra sus labios.

-Jim, puedes con toda confianza ejercer en kal-se-ral sobre mí, yo confío en ti.

Y esas palabras borraron toda duda de la mente y el corazón de Jim, quien llevó suavemente los dedos de Spock hacía sus propios puntos psi.

-Hazlo ahora – susurró contra los labios vulcanos.

-Jim…

-Mi mente es tu mente Spock. Comparte mis recuerdos Spock, confío en ti.

Y obedientemente Spock inició una fusión mental: navegó lentamente por la mente de Jim y conoció así la soledad del huérfano, los golpes de Frank y el hambre de Tarsus IV. Averiguó lo que era despertar cada día con la inseguridad de ver salir el sol, de ser el encargado de matar o dejarse morir y lo que era perder la libertad… vivió a través de la piel de Jim lo que era sacar fuerzas de la sonrisa de los niños que de él dependían, la muerte de la familia y del primer amor de la adolescencia y cuando a través de los ojos de Jim descubrió la dicha de volver al hogar compartió la convicción de su compañero de que valía la pena romper algunas reglas para proteger a los seres amados.

Después de eso el panorama cambió y Spock vio los bares, la búsqueda de calor y el deseo desesperado de un cambio en la rutina… Christopher Pike cambió eso y la amistad y la calidez llegaron en la forma de Huesos y del mismo Pike...

Y entonces Spock se vio a sí mismo: arrogante, inteligente, valiente, divertido, confiable, querido, apasionado, amado…

La fusión mental concluyó con Jim inclinándose contra Spock para besarlo.

-Te amo – susurró contra sus labios – te amo y no quiero que me dejes.

-Jamás te dejaría T´hy´la.

En el silencio que siguió ambos se abrazaron por un largo rato hasta que la emotividad de los recuerdos se adormeció lo suficiente para permitir a Jim sentirse estable sobre su propia sombra otra vez… y Spock lo resguardó entre sus brazos hasta que ese momento llegó.

-Spock – murmuró finalmente Jim – lo siento, quise decirte la verdad antes, sobre Tarsus, sobre las personas que maté y sobre Mónica y ellos pero…

Sus labios fueron silenciados por un beso.

-No estoy decepcionado – le susurró casi con condescendencia – más bien te admiro T´hy´la.

Y la sinceridad de Spock impactó a Jim en un nivel tan profundo que lo único que pudo pensar es que un día de estos debía pedir a Spock por el significado de esa palabra.

Esa noche – la última del permiso – fue diferente a todas las anteriores: por primera vez era Jim el que tomaba el control, quien tomaba a Spock para sí.

Ambos hombres gruñían de placer y de satisfacción, pero lo que realmente importaba era el amor que chispeaba entre ellos.

Por su parte, el lazo que Spock había regalado a Kirk permanecía sobre la mesa de noche, inactivo tal vez, pero presente como una firma de confianza entre ambos.

¡Bien! Ese fue por fin el último capítulo ¡gracias a todos! Y recuerden que atesoro sus lecturas y sus comentarios… ¡hasta la próxima historia!

Larga vida y prosperidad.