Declaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras. Esta historia sale de un reto propuesto por Darkmatter Black del foro El diente de león.
.Propos, declaraciones y bombas.
~MADGE POV~
— No irás…
— No eres nadie para decirme que puedo y que no puedo hacer, ese lugar era mi hogar también — grito furiosa — ¡mis padres están ahí!
— Es peligroso — acota como si importara, ha retrocedido un paso por mis palabras— no sabemos si hay cámaras, peacekeepers…
— Katniss irá, tú también, ella me dejó ir, ¿Por qué no quieres que vaya? — Susurro mirando la punta de mis zapatos, se acerca y me abraza, me embarga el aroma a bosque, me aferro a él— No puedes prohibirme ir Gale… no eres quien para hacerlo…
— ¿Ese es tu problema? — me mira fijamente, me deja sin aire con su brumosa mirada gris — ¿No tener un título? — Me toma por sorpresa, me alejo unos pasos sosteniéndole la mirada — Si te pido que seas mi novia abandonaras la idea de viajar al Doce, te quedarás a salvo aquí abajo — no sé qué pasa por su mente, las orbes plateadas parecen atravesarme, miran más allá de mi cuerpo.
— Yo… ¿Qué? — caigo en sus palabras y siento el calor golpear mis mejillas.
— Sé mi novia — susurra tomando mi mano, niego lentamente— ¿Por qué no? — parece sorprendido.
— No quieres eso — beso dulcemente su mejilla y me alejo unos pasos soltando su agarre.
— Ella… no volverá a mí lado… no después de esa demostración de Peeta—suspira— debo dejarla de ir— Peeta perdió más de seis kilos en tres días y mostraba signos visibles de torturas, sin hablar de las locuras que le gritaba a la pantalla.
— No seré tu juguete Gale…
— Quiero que seas… mi chica no mi juguete Madge.
— Igual iré — afirmo esperando que no piense que podrá ganarme.
— Te cuidare entonces — suspira, me pongo de puntas y alcanzo a rozar sus cálidos labios, corresponde mi beso, me apega a su figura y nos quedamos allí unos minutos, besándonos abrazados, mi corazón latiendo a mil por hora.
— Señorita Undersee — los golpes resuenan en la superficie metálica.
— ¿Si? — El hombre moreno mira detrás de mí, Gale le hace un saludo, yo solo me quedo estática — ¿Algún problema? — y por problema quiero decir si han descubierto que hemos salido sin permiso, si me han revocado la estadía, o quién sabe.
— La presidenta solicita su presencia — acota el militar sin mirarme siquiera.
— La escoltaré — su mano se posa en mi hombro, noto el disgusto en su voz.
— Tiene órdenes Hawthorne debería cumplirlas, El Sinsajo está esperándolo — pasa por mi lado dedicándole una mirada al hombre, yo solo camino detrás de él.
— Madge Maysilee Undersee — tiempo ha pasado desde que usaron mi nombre completo— un placer encontrarte nuevamente.
— Siempre es un placer Señora — "nunca" — ¿A qué debo su llamado? — me invita a sentarme y lo hago solo por mitigar el temblor de mi cuerpo.
—He sido informada de que el Sinsajo ha solicitado tu presencia para ir al Distrito Doce — empieza a decir, quiero tragar mis palabras, porque ella si es alguien que podría evitar que viera mi hogar nuevamente.
— Si — afirmo mirándola con tristeza — declinare si es su deseo Señora — siento el nudo en mi garganta, realmente necesitaba ir.
— Por el contrario Madge — toma mi mano por sobre la mesa, tiene las manos heladas — deseo que estés muy cerca del Soldado Everdeen — me toma por sorpresa — eres consciente de lo que tu padre hacía para Snow, ¿Verdad?
— Él, era solo una marioneta Madame — acoto con la voz quebrada, papá vendía jóvenes al Capitolio, para ser convertidas en Avox de servicio, le vendían secretos e ilusiones, él nunca se negó.
— Una muy eficiente, y que mejor que tener a la hija del Alcalde Undersee como mano derecha del símbolo de la Rebelión — el vello de mi cuerpo se eriza, jamás vi al Presidente en persona, pero estoy segura de que el ambiente junto a él se siente igual de gélido y viciado que con esta mujer — serás el punto de quiebre Madge.
— No entiendo.
— Eres la única hija de ese hombre querida, la heredera, cualquier alcalde creería que tú lo sabes todo y eso te hace valiosa.
— Pero no sé nada — ese fue el problema al principio, que yo estuviera aquí y fuera una espía de Snow en la resistencia, demostré lo contrario.
— Pero los demás distritos adeptos al gobierno no saben eso querida… y teniéndote de nuestro lado podremos negociar la rendición de aquellos que guarden secretos oscuros a sus pueblos.
…
Verlo desde el cielo aquella vez no se compara con caminar por las calles pisando, respirando y viendo cenizas. Aterrizamos en la Pradera así que lo primero que vemos es La Veta. No ha quedado nada de las desvencijadas casitas de madera. Veo a la chica tatuada dar órdenes a los cámaras, para que filmen cada paso que damos, cada espacio que dejamos atrás.
Katniss va a la cabeza del grupo, a su lado Gale, que no se ha separado de ella desde que bajamos en este páramo. Estoy unos pasos por detrás de ellos, sola; viendo como todo ha sido arrasado. Mi parte pesimista me obliga a creer que jamás volveremos aquí, que estamos condenados a vivir bajo tierra para siempre.
Seguimos camino hacia el centro, en cuanto mis pies rozan el adoquinado de la calle principal, se activa un recuerdo que me aleja del grupo. Vuelvo a casa, como cada día luego de la escuela. La inercia me lleva hasta la pequeña verja que separa la mansión del alcalde del resto del mundo. El frente de la casa parece intacto, lleno de hollín, pero está ahí. La puerta principal abierta de par en par, los vidrios de los ventanales estallados y hechos añicos.
Subo las escalinatas a cámara lenta, me detengo en el umbral de la puerta, acariciando el relieve del cedro chamuscado. Miro el interior y mis ojos se nublan por las lágrimas. No existe la sala, el piso superior se ha ido y soy consciente de que bajo esa pila de escombros yace mi madre y mi nana. Me derrumbo sobre la mullida alfombra sobre la que me encantaba acostarme de niña, hoy llena de polvo de ladrillo y hollín. Grito con todas mis fuerzas y empiezo un llanto que sé que acabará consumiéndome.
Estoy sola, en la antesala de mi casa destruida, a solo unos pasos de la mujer que me dio la vida, de la anciana que hizo el papel de madre. Sola porque esas personas ya no respiran. Me abrazo a mis rodillas, de espalda a la puerta, mirando el punto donde se supone estaba la escalera que llevaba al piso superior. Aquel lugar en el que mi madre estaba parada segundos antes de que la bomba colapsara un piso sobre ella.
— Maysilee — chilla una mujer de unos cuarenta años, lleva un camisón blanco de seda y el cabello rubio desordenado — Maysilee — grita más fuerte, una joven se voltea a verla desde la puerta principal— Cariño, es peligroso afuera — se queda al pie de la escalera — Maysilee — susurra con cariño.
— Mamá…
— Vamos Madge… entra a casa — un estruendo, el polvo y el humo invadiendo su visión y una onda expansiva que la expulsa fuera de la casa.
— Mamá — sollozo hundiéndome en mi pena, logró reconocerme momentos antes de morirse y lo había olvidado, me oculto en mis rodillas, dejando salir mi llanto.
— Madge — alguien me abraza por la espalda, quiero que sea papá, quiero que me saqué de aquí, pero no es él — Demonios Madge, casi nos matas del susto, ¿Qué haces aquí sola? — me aprieta contra él, puedo sentir su corazón acelerado, el rápido subir y bajar de su pecho.
— Estar sola — musito sin levantar la cabeza para verle, sé que es él y que por lo tanto el sinsajo andará cerca.
— Podría haber venido contigo — noto su compunción — esto es demasiado para ti.
— No soy una niña Gale — me levanto enfadada, porque nunca me toma en cuenta por quien soy — era mi familia, la tuya está a salvo… tenía que hacer mi duelo — se levanta, lo miro con rabia, me descoloca la pena en su rostro hasta que caigo en que ha sonado a reproche — No quise decir eso…
— Cálmate — me aferra a su cuerpo, huele a hollín y a sudor, pero también a Gale — estoy aquí ahora— ¿Y Katty? — pregunto derrotada.
— En la Aldea de Vencedores— masculla, dejando un beso en mi frente — buscando algunas cosas para su madre — me acuna en sus brazos — ¿Por qué viniste hasta aquí sin protección?
— Sé que Pollux está fuera Gale — me aleja para verme a los ojos — La Presidenta del no se perdería la vuelta de la hija del Doce a su hogar — aprieto los dientes, porque sé que mi llanto aparecerá por todos lados, pero no podía evitarlo.
— ¿Cómo lo sabes? — parece sorprendido, me halaga ese sentimiento por su parte, lo acerca a formar una verdadera imagen de mi misma.
— Me ha cuidado un avox, conozco su manera de moverse, de respirar — aparece en mi vista periférica, le sonrío, él imita la mueca y se aleja— ¿Te he sorprendido?
— Lo haces mucho últimamente — besa mi nariz, no sé cómo tomar eso así que sonrío y tomo su mano para salir de lo que queda de la mansión — Debemos ir a la Aldea…
— Quiero pasar por el Edificio de Justicia — murmuro intentando caminar hacia allí, su mano detiene mi avance — Por favor…
— No queda nada allí — me mira con pena, detesto que la gente me mire con lástima.
— Vale — acoto tragando el nudo que se ha formado en mi garganta, empiezo a caminar hacia donde está Katty — Vamos a la Aldea entonces…
— ¿Quieres hablar…
— ¿Quieres hablar de la panadería? — Frunce el ceño — pues entonces tampoco yo — le sonrío y me aprieto contra él sacándole un suspiro, acaricia mi espalda.
— Vale.
— Vale — seguimos caminando, esta zona no ha sido atacada, las doce casas permanecen intactas.
— Señorita Undersee nos preocupó su huida — la rubia acomoda su cabello dejando ver a la perfección su tatuaje.
— Seguro que si — acoto dejando unos pasos entre Gale y yo — debía ver los restos de mi hogar a solas, aunque no fuese del todo así — miro al avox que me dedica una triste sonrisa — espero que esas imágenes sirvan a la rebelión — acoto mirando fijamente los ojos celestes de la mujer.
— No tanto como una declaración por su parte — la miro intrigada — quizás si pudiera hablar a la cámara, contar como vivió en carne propia el bombardeo, sería de ayuda.
— Yo… — veo a Katniss salir de su casa, quitando una lagrima de sus ojos plateados — no creo que eso sea de ayuda.
— Claro que si — el asistente, Mesalla creo, me dedica una simple sonrisa y un hoyuelo se marca en su mejilla, sonrío con él — es una historia fascinante — escucho a Gale carraspear y notó que mis mejillas se han calentado un poco.
— Quizás con un fondo menos gris — acota la rubia, nos ponemos en marcha, un largo trecho nos separa de la pradera, y vamos más allá, al lago del padre de Katniss — cuéntanos Madge… ¿Cómo viviste los últimos momentos?
— Yo…— tomo una gran bocanada de aire, frente a mi está el avox, me enfoco en la luz roja que titila sin cesar— vi a Katniss disparar la flecha — la miro, la disculpa en sus ojos— me asusté por ella, por Peeta… ella no tenía idea de lo que estaba haciendo, solo unos pocos sabían en realidad… La luz se fue, podías oír el viento a través de las casas, el silencio lo invadió todo, solo los agentes de la paz estaban en movimiento.
— ¿Por qué?
— No lo sabía entonces, me asomé a la puerta, los vi montar en las camionetas y salir del Doce a toda velocidad, estaba impactada con ello, fueron solo quince minutos y pronto no había un uniformado en el pueblo… Mi madre apareció al final de la escalera, susurro mi nombre así que volteé a verle, un segundo después el piso superior se desplomó sobre ella — nuevamente su recuerdo invade mis pupilas, mis ojos se tornan vidriosos, hago fuerza para seguir hablando — la ola expansiva me expulsó hacia afuera, tirada en mi jardín delantero solo tenía dos cosas en mente — no evito dejar ir mis lágrimas, pero las limpio con mis manos temblorosas — una, el instante que vi morir a mi madre porque sabía que mi padre también habría muerto y la otra, era que pronto moriría también.
— Estabas gravemente herida — acota la mujer a modo de entrevistadora.
— Luego sabría que fue una contusión y una herida grave en el brazo… en ese momento solo era dolor pero… — me enfoco en el otro par de ojos grises, me mira fijamente, esperando que no me rompa supongo, no lo haré — Gale Hawthorne me encontró y me sacó de allí junto a otras novecientas personas, luego el Trece nos dio asilo.
Cressida da el corte, la luz titilante se apaga. Me estremezco de pies a cabeza. Katniss se acerca y aprieta mi hombro mirándome con tristeza. Sé que es su forma de decir lo siento, que ella por sus propios medios no va a abrazarme, así que yo lo hago. Me aferro a su menuda figura y sollozo en su hombro. Ella me devuelve el gesto acariciando mi espalda. Luego me mira y le sonrío y sabemos que las palabras no hacen falta.
El Sol está en su cúspide cuando terminamos las grabaciones. Nos repartimos la comida y por costumbre me alejo. Me siento mirando el lago, absorta en la insulsa comida. Escucho a los demás charlando y me pregunto porque accedí a venir si en realidad no había sacado nada bueno de ello.
— ¿Por qué te alejaste del resto? — Se sienta a mi lado, quizás demasiado cerca — ¿Estás bien? — insiste por décima vez desde que terminé de hablar.
— Por costumbre — respondo a su primera pregunta — ya te dije que estoy bien… ¿y tú? — no pareció afectarle demasiado contar su versión del bombardeo, creí que tendría un ataque de ansiedad, pero se mantuvo sereno.
— Fue fácil — come mirando el lago.
— ¿Katty?
— Con Pollux, prefiere la compañía muda — ríe quedamente, yo simplemente me abstengo, el avox parece amable — ¿Por qué me preguntas por ella?
— Porque eres su protección — porque estuviste pegado a ella toda la mañana quiero decir, pero evito que mis celos salgan a flote.
— Maddie, hay más soldados — voltea a verme y sonríe, mira detrás y luego me besa cortamente — y te prefiero…
— ¿Sí?
— Claro…— besa mi mejilla y se echa sobre mi regazo, me sonrojo, porque es la primera vez que alguien hace algo como eso y porque el hecho de que sea Gale lo hace aún más importante.
— ¿Qué haces? — susurro mirando atrás pero nadie nos presta especial atención, mi corazón late desbocado y sin embargo, por inercia mi mano acaricia el oscuro cabello y me alegro cuando cierra los ojos relajado.
— Disfruto del lago, como la primera vez que estuvimos juntos aquí — respira lentamente, toma mi mano libre.
— No disfrutamos mucho esa vez — recuerdo la tensión, mis miedos, como acabe huyendo de él y gritándole.
— Éramos personas distintas en ese momento…
— Supongo que sí — escucho un silbido y luego el piar de las aves — Gale…— una melodía triste resuena.
— ¿Qué? —no se incorpora, ni siquiera abre los ojos, los míos se han llenado de lágrimas y he volteado a verla.
— Katty está cantando…
Are you, are you
Coming to the tree?
Where the dead men called out
For his love to flee.
Strange things did happen here
No stranger would it be
If we met up at midnight
In the Hanging tree.
Descubro que el piar es de los Sinsajos, que acuden a ella para copiar su voz. Aquella melodiosa voz que heredó de su padre y que cómo él para el tiempo y hasta las aves dejan de cantar para escuchar. Mi acompañante se levanta como un resorte, observamos embelesados esa faceta que estoy seguro que ninguno de los dos conocíamos de ella. Está cantando por Pollux y siendo grabada por Cressida. Descubro que ni mi grabación ni la de Gale tendrán uso, esa canción, triste, simbólica, real; es todo lo que la rebelión necesita para poner a cualquiera de su lado. Porque incluso con mis dudas, con mis miedos y celos, sé que le confiaría mi vida a la chica en Llamas.
Al volver al Trece les pierdo la pista a mis personas favoritas. Vemos la propo de la canción de Katniss en la cena, ella está abochornada así que tomo su mano bajo la mesa para influirle fuerzas. Vienen a buscarla, el hombre moreno al que llaman Boggs y Gale va con ellos. Media hora más tarde inician un simulacro de amenaza aérea y nos empujan escaleras abajo. Pierdo de vista a Prim, a los hermanos pequeños de Gale, me asusto, pero volver es imposible así que sigo la marea humana. Sigo los pasos, tomo mis provisiones, encuentro el cubículo que tiene la letra de mi compartimiento y espero.
Una hora después las bombas hacen temblar todo. Estoy petrificada, reviviendo una y otra vez la muerte de mamá. Cada chillido ahogado del resto de habitantes me hace estremecer. Quiero gritar también, pero mi garganta está sellada y apenas si puedo respirar. Tiemblo de pies a cabeza y ni siquiera estar abrazada a mis rodillas mitiga el temblor. Me digo que no voy a llorar, que soy una adulta en este mundo y que no puedo rebajarme a ello.
— Te encontré — susurra sentándose en mi cama.
— Gale — alcanzo a murmura antes de tirarme sobre él— estás mojado.
— Fui uno de los últimos en entrar… hubo una filtración — me apega a él, una de sus manos en mi espalda y la otra en mi cabello — todo estará bien, estamos muy abajo.
Quiero decirle que sé que estaremos bien, quiero preguntarle porque fue uno de los últimos o por qué Katniss que está junto a su familia parece estar empapada también. Quiero decir muchas cosas, pero me conformo con sentir la calidez de su cuerpo contra el mío, sus labios rozando mis labios, sus manos acariciando mi piel. Me conformo porque no tengo deseos de pelear ante otro bombardeo. Y me resigno a que es mi mejor noche porque no se despega de mi lado, ni siquiera a la hora de dormir.
No tengo excusas, simplemente les dejo el capítulo y las invito a pasarse por mi perfil a ver qué otras cosas pueden leer y algunas recomendaciones de fics y videos.
Gracias por el apoyo de siempre!
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
