SENTIMIENTOS LATENTES

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Disclaimer: Nada es mío, Gundam Wing pertenece a sus respectivos creadores. Duo Maxwell pertenece a Heero Yuy, de la misma manera que Heero le pertenece a Duo. Como verán nada es mío, así que no me demanden.

Advertencia: Angustia, mucha angustia o por lo menos un intento XD.

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CAPITULO 7: ESTA AUSENCIA

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"Esta ausencia tan grande

tan dura, tan honda,

que quiebra en pedazos

mi razón.


Esta ausencia desnuda

de dudas y sombras

me clava tu amor.


Esta ausencia que duele

en el fondo del alma

que quema por dentro

mi sueño y mi calma.


Esta ausencia de hielo,

de piel, de silencio,

que corta las horas sin piedad.


Esta ausencia infinita

de noches y días,

no tiene final

Esta ausencia me grita

que se acaba la vida,

Porque no volverás, volverás, volverás."

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-Heero, el transbordador en el que venia Maxwell se accidento... nadie sobrevivió -el chino hablo muy deprisa, como si de esa manera sus palabras fueran a dolerle menos a su amigo.

-¿¡Que!? -Heero se quedo mirando a Wufei, tratando de asimilar lo que le decía, esa vil mentira que el chino le decía... con furia lo agarro por el cuello de la camisa y lo empezó a sacudir -¡Mentiroso! Duo esta bien, él vendrá pronto. Él me prometio volver. ¡Vendrá! Me dijo que me esperaría en nuestra casa e incluso me dijo que se quedaría a dormir conmigo. Él vendrá pronto, tiene que venir pronto ya que quiero hacerle una propuesta y una promesa, él vendrá pronto, él vendrá pronto... -era lo que Heero repetía una y otra vez. Wufei solo se limito a soltarse de su agarre y mirarlo con pena. Heero Yuy parecía haber caído en una locura momentaria.

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Heero soñaba. Sentía el cuerpo acalorado y dolorido; le costaba concentrarse en lo que estaba ocurriendo. Allí estaba Duo, sonriéndole, pero su sonrisa no era natural, se veía más bien forzada. Detrás de él, los rostros de las miles de personas que Heero recordaba que habían muerto por su propia mano, sonreían de manera deslumbrante mientras deslizaban sus pútridas manos alrededor de Duo para arrastrarlo con ellos.

"Tú nos arrebataste la vida" -le decían con sus espectrales voces -"Nosotros te arrebatamos la de él" -sus manos se movían en torno a un frenético Duo que ya no sonreía, que no pedía siquiera auxilio, pero luchaba por liberarse.

Heero despertó poco a poco. Surgió del sueño con nerviosismo, pues le parecía tan real como el dolor del cuerpo. Se sentía como si hubiera dormido durante varios días en una tabla. Movió la cabeza a un lado, casi aulló cuando todo el dolor que sentía en su cuerpo se concentro de manera casi torturante en su cuello.

Wufei dormía en una silla, junto a la cama. Aun dormido se lo veía tenso, como dispuesto a levantarse de un salto. Estaba ojeroso y los pómulos le sobresalían bajo la piel.

Heero lo miró por varios segundos, intrigado, preguntándose por qué el chino estaba tan demacrado y por que le dolía tanto la nuca. Deslizo una mano al lugar que le punzaba para masajearse y entonces recordó...

Recordó a Wufei en su oficina, la noticia del accidente del transbordador donde viajaba Duo, su descontrol y locura al saberlo, y finalmente el golpe que le había dado Wufei en la nuca para dejarlo inconsciente antes que cometiera un disparate.

"¡NO!" Grito en silencio cuando la realidad lo golpeo, "¡nada era cierto!" se repetía una y otra vez mientras se removía inquieto en aquella cama, agarrándose con desesperación la cabeza.

-¡Yuy! -murmuro Wufei con voz extrañamente ronca. Se sentó al borde de la cama y le aferro los brazos -¡Yuy, escúchame!

-¡Aléjate de mi! -pidió el 01 con un lamento.

Wufei asintió, retrocedió sintiéndose impotente ante el desconsuelo del piloto de ojos azules. Antes de que pudiera volver hablar, se abrió la puerta, dando paso a Sally. La expresión preocupada de su cara se acentuó al ver el desolador estado de Heero. Se le acercó a paso rápido por el lado opuesto de la cama.

-Heero... -murmuro sin saber si tocarlo o no. Miro rápidamente a su Wufei y al ver que este asentía con la cabeza, se arriesgo hacerlo. Estiro su mano y le toco el desordenado cabello castaño con suavidad.

Al sentir el dulce aroma de Sally, la calidez de su mirada y la suavidad de su triste sonrisa, Heero sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Nunca como ahora, ella le recordaba a Duo.

-Vamos, Heero, llora todo lo que quieras -dijo ella, abrazando al desolado chico -desahógate hasta que ya no haya mas dolor -Sally sabia que decir esas palabras era inútil. Aquella perdida que sufría Heero, Wufei y ella jamas dejaría de doler.

-¡Lo he perdido! -grito Heero, desesperado como nunca antes -¡Duo se fue! .¡Se fue para siempre!

Los sollozos eran desgarradores. Wufei no sabia que decir, o siquiera como actuar. Nunca en su vida imagino que vería llorar a Heero Yuy. Aquel piloto había demostrado hostilidad, seriedad, eficiencia, humor... pero nunca aquel terrible dolor. El hecho de que lo compartiera y mostrara tan abiertamente inspiro una honda tristeza en Wufei.

-¿Cuanto tiempo llevo dormido? -pregunto el piloto del Wing después de eternos minutos de llanto.

-Apenas vas a completar dos días.

-Quiero ir al lugar donde ocurrió en accidente -pidió con voz rota. Necesitaba estar cerca de ese lugar, cerca de Duo, de lo que podría quedar de Duo...

Wufei asintió con aire sombrío.

-Mañana a medio día...

-¡No! .¡Quiero ir ahora mismo! -exigió Heero con el rostro desencajado por el dolor.

-¡Aunque quisiera llevarte ahora mismo es imposible! -le dijo Wufei -Las autoridades no dejan aun que nadie se acerque.

-Escucha Heero -le dijo Sally con suavidad, apretándolo mas firmemente en sus brazos -Se que suena imposible por ahora, pero es mejor que duermas un poco.

-¡No quiero! -a pesar de su negativa, se dejo acostar.

-Mañana a medio día -le prometió Wufei.

Fue lo último que escucho antes de caer en un sueño superficial lleno de pesadillas.

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Su equipaje.

Eso era lo único que había logrado recuperar de Duo. Una maltrecha maleta, con las ropas casi intactas en su interior. Que ironía, que maldita ironía que solo la ropa y demás objetos no solo de Duo, sino también de los demás pasajeros no se hubieran desintegrado durante el impacto del transbordador, mas si sus dueños.

No había un solo cadáver reconocible. Solo quedaban fragmentos de lo que antes habían sido cuerpos humanos, todos desperdigados por aquí y por allá.

"¿Por que a Duo?", pregunto Heero en silencio, "¿Acaso Heero Yuy y Duo Maxwell no merecían ser felices?"

Temeroso y desesperado, se aferro a una de las camisas negras de Duo, sintiéndose incapaz de creer que este se había ido para siempre. Ahogo un gemido y apretó los ojos negándose a llorar. Su alma ya no estaba allí, se había marchado muy lejos, quizás siguiendo a la de Duo al más allá. Es su lugar solo podía sentir un frío e inagotable vacío que se extendía y hacia metástasis.

Dos brazos lo aferraron, instándolo a ponerse de pie junto con un suave "Yuy". Heero no se movió ni un milímetro, solo se limito a abrir los ojos hasta chocarlos con unos muy negros que brillaban en llanto contenido.

-Tenemos que irnos -le pidió el chino con una suavidad difícil de imaginar en él.

Heero no pudo pronunciar palabra, solo se limito a menear la cabeza de manera negativa. No se iría de allí, nunca se iría de ese lugar, porque allí entre todo ese montón de muerte, estaba su Duo.

-Yuy, estamos entorpeciendo las labores de levantamiento y reconocimiento de cadáveres -Wufei miro el desolado lugar y dudo mucho que algún día terminaran de recoger tantas partes humanas y reconocerlas. La visión de toda esa sangre y de todos esos cuerpos desperdigados y destrozados casi le causaba nauseas.

Pero Heero, se negaba a irse. Al llegar, había caminado entre los trozos de cuerpos, buscando una cabellera castaña larga, un brazo, una pierna, cualquier cosa, pero era una misión casi imposible porque era como buscar una aguja en un pajar. Increíblemente había reconocido entre tanto desastre la maleta de Duo, allí en medio de la nada, solitaria y erguida como pidiendo que le prestaran atención.

Y Heero había corrido hacia ella para aferrarla con desesperación, leyó la etiqueta que permanecía aun en la manija y que confirmaba que pertenecía a Duo Maxwell cuyo asiento asignado era el numero 7. Con manos temblorosas la había abierto, buscando frenéticamente en su interior como si esperara que Duo estuviera allí guardado junto a su ropa.

Heero deseaba gritar, manifestar de esa manera su dolor, pero por alguna extraña razón nada parecido salía de su garganta. Solo podía llorar, llorar en un silencio total. Wufei también comenzó a llorar, se dejó caer sobre sus rodillas, junto a Heero.

Era demasiado doloroso verlo así, a él, "el imperturbable Heero Yuy", el piloto mas fuerte tanto física como espiritualmente. Sabiendo que no seria rechazado, Wufei lo abrazo. No había necesidad de que sufriera solo si ambos estaban sufriendo por lo mismo.

-¿Por que? -pregunto entrecortadamente Heero. Wufei no sabía si se lo preguntaba a él, a la nada o a su corazón -¿Por que se fue antes de que pudiera darle todo lo que tenía para él? Tardé tanto en decidirme a tenerlo a mi lado y no pude hacerlo todo lo feliz que merecía. Me habría gustado poder haberle dado más, porque lo que pude darle fue demasiado poco, comparado con todo lo que él me dio a mi -gimió fuerte, se seco las lagrimas y miro a Wufei -¿Por qué en estos momentos es cuando pensamos en todo lo que pudimos haber hecho y que por una razón u otra dejamos de hacer? Yo no me arrepiento de nada de lo que hice, de nada… excepto de no haberlo amado mucho más. Debí tomar prestada la galaxia entera y usarla de bóveda para guardar todo el amor que pude haberle dado de haber tenido dónde albergarlo.

Wufei lo beso en la frente, conmovido por sus palabras, desesperado por tratar de consolarlo, por decirle algo acertado que pudiera calmar su desolado corazón. Pero no encontró nada que decir, nada que pudiera detener la agonía de Heero. Apretó mas su abrazo mientras la lluvia empezaba a caer a latigazos.

"El cielo también llora tu dolor, Yuy", dijo silenciosamente el chino mientras sentía como Heero apoyaba todo su peso en él.

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Oyó que alguien llamaba por su nombre y, haciendo un gran esfuerzo, abrió los ojos. Sólo veía claveles y rosas por todas partes y pensó que estaba en un jardín o en una florería. También vio un muro blanco y una ventana. ¿En donde estaba? Trató de pensar, pero le resultó imposible. Intentó de apoyar las manos y sentarse, pero no sintió nada y lanzó una exclamación de miedo.

-¡Ha despertado! -grito la enfermera.

-Hilde -dijo Paul en voz baja -no te muevas.

Y le sujetó las manos. Ella se desespero y se revolvió aun mas.

-¿Paul? -susurro.

-Si, cariño, pero no hables. ¡Me alegra mucho que despertaras!

-¿Despertar? -ella no parecía tener plena conciencia de su estado. De pronto la sacudió un violento dolor en varios lugares de su cuerpo. Las manos de Hilde estrecharon las de su novio. Levanto la vista desconcertada -¿Que ha pasado?

Sólo entonces empezó a centrar la vista. Un hombre de bata blanca se movía con premura en la blanca habitación. Una mujer regordeta la miraba con preocupación. Otra sacudida de dolor la estremeció.

-Vamos -dijo el hombre de bata blanca a la enfermera -hay que calmarla de inmediato, esta en un estado de ansiedad demasiado alto.

-¡Paul! -exclamo Hilde, asustada, jadeante por el reciente dolor.

-Tranquila, mi amor. Pronto estarás bien. Ahora que despertaste todo saldrá bien.

Ella dilato los ojos, horrorizada cuando recobro los recuerdos.

-Estaba en el supermercado, cuando salí para buscar un taxi un coche fuera de control se subió a la zona peatonal y luego... luego...

-Hilde...

-¿El bebé? -pregunto histérica -¿Como esta mi bebé? .¿Que esta sucediendo?

-Tranquila Hilde, por favor -le rogó Paúl con lágrimas en los ojos -Tendremos otros...

-¡NO! No no no no -empezó a decir Hilde, revolviéndose en la cama, arrancándose en el acto y de manera violenta los tubos y agujas.

-Será mejor que espere afuera -le ordeno el medico a Paul mientras se acercaba a Hilde con una jeringa.

De inmediato, Paul obedeció. Cuando el medico por fin salio de la habitación se encontró con el ansioso rostro del pelirrojo.

-Todo esta bien, señor Paul -le informo el galeno -Por ahora duerme, pero volverá a despertar -se apresuro a agregar al ver el gesto de alarma y preocupación en el pecoso rostro -despertara en cuando el efecto del sedante termine. Ahora, vaya usted también y tome un descanso, vaya a su casa a renovar energías y regrese para apoyarla. Lo va a necesitar como nunca antes.

-Yo no...

-De nada le servirá quedarse aquí a esperar, hágame caso -intento razonar el galeno -tiene el tiempo suficiente para ducharse, comer algo ligero y dormir un poco. La señorita Hilde no se ira a ningún lado.

-Esta bien, doctor -accedió finalmente el pelirrojo -Muchas gracias por todo.

-No hay nada que agradecer, ahora hágame caso. Nos vemos mas tarde, y si puede traiga con usted al señor Duo. Supongo que algo de bien le hará a la señorita Hilde verlo a él también -el medico hizo una reverencia y se marcho.

¡Duo!, penso Paul mientras sacaba su teléfono móvil y marcaba con dedos temblorosos. Quizás tuviera suerte y aun no despegara su transbordador. Hizo un gesto de decepción cuando la llamada no le entro. Tal parecía que Duo había apagado su teléfono.

Miro su reloj, tenía el tiempo justo para alcanzarlo y hacerlo regresar. Bien, tomaría mas tarde una pequeña siesta tal y como lo había pedido el medico, por ahora solo podía pensar en alcanzar a Duo para darle la buena noticia. Sin esperar mas tiempo, tomo un taxi y corrió hacia la pista de despegue.

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-"El transbordador de la plataforma diez esta por despegar. Repito: El transbordador de la plataforma diez esta por despegar. Pasajeros favor abordar" -comunicaba una monótona voz femenina.

Duo apresuro sus pasos quería llegar ya mismo a la colonia y a la casa de su piloto rebelde, sonrió enormemente al pensar en volver a ver la adorable cara de su Heero. Se prometio refugiarse en sus brazos y no salir de ellos nunca.

Tan distraído iba que choco con un niño que venia corriendo en sentido opuesto. Se agacho hasta estar a la altura del pequeño e intento calmar su llanto. Le hablo con suavidad por varios segundos y el niño le sonrió, momentos despues la madre del infante salio de la nada y le pidio disculpas por la torpeza de su hijo.

Continuo su camino, al llegar al área de taquilla espero pacientemente a que los agentes de seguridad aérea lo revisaran a él y luego a su equipaje.

Finalmente subió abordo y luego de acomodar su maleta en el compartimento del techo se acomodo en su silla y cerro los ojos al tiempo que esbozaba una deslumbrante sonrisa.

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Hilde se removió inquieta. Se sentía pesada, agotada, sudorosa. Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue a la enfermera.

-Ya despertó, señorita -comentó con voz dulce y sedante la regordeta mujer -La ayudare a sentarse.

Hilde sintió como las fuertes manos de la enfermera la tomaban con suavidad para acomodarla.

-¿En donde estoy? -pregunto en un susurro confundido -¿Que es lo que me pasa?

-Nada muy grave. Tiene usted rota la nariz, pero ya se la acomodaron de nuevo, también se fracturo unas costillas y se rompió una muñeca.

-¿Como... donde? -Hilde empezaba a desesperarse.

-Ahora mismo haré pasar a su novio, lleva horas allí afuera esperando por verla.

-¿Paul?

-Así es señorita -la enfermera le sonrió con ternura -Por favor, señorita, necesito que se este tranquila, .¿me lo promete?

-Yo... yo lo prometo -Hilde, aunque confundida por todo lo que sucedía, no pudo negarle nada a esos suplicantes ojos grises.

La enfermera salio y su robusta figura fue reemplazada por la desgarbada de su amado pelirrojo.

Hilde lo miro sin entender bien el porque Paul lucia tan pálido y ojeroso. Movió la mano sana bajo las mantas para tocarse el vientre. Ya no estaba duro ni levemente redondeado, sino hundido y blando. ¡Horriblemente vacío!

Y de golpe lo recordó todo de nuevo. Atontada veía pasar una y otra vez aquellas imágenes por su mente. El supermercado, los paquetes, el taxi, el coche desbocado que venia hacia ella y luego... dolor, mucho dolor... contracciones... voces extrañas.

Grito y lloro, se aferro a las mantas con tanta fuerza que los nudillos de su mano se pusieron blancos de inmediato.

-Hilde... -susurro Paul corriendo hacia ella para abrazarla -no llores, por favor.

-¡Lo he perdido! -grito ella, desesperanzada -Ni siquiera ha tenido la oportunidad de vivir y lo he perdido. Oh, Paul, tanto como deseaba yo a ese niño. Solo quería amarlo, abrazarlo, ver el color de sus ojos. Habría sido bueno, amable y bellísimo.

-Si -concordó Paúl -dulce, amable, hermoso y bueno como tu.

Los sollozos eran desgarradores. Paul creía que iba a enloquecer de dolor si ella continuaba llorando de esa manera tan desoladora. Apretó aun más su abrazo alrededor de Hilde, ella también se aferro a él, hundiendo su rostro en el pecho masculino, empapando con sus lágrimas de madre desconsolada, la camisa de su novio. Y así, en medio de la pena de Hilde, Paul también hallo desahogo para sus propias lágrimas.

Tuvo consciencia de si mismo mucho tiempo después, cuando el silencio envolvía de nuevo la habitación. Hilde había llorado mares y ahora dormía profundamente, finalmente tranquila después de haber desahogado su dolor.

Con suavidad la acomodo en la cama y la arropo, la beso en la frente antes de salir del lugar.

Duo lo esperaba junto a a puerta, con las cejas arqueadas en una muda pregunta.

-Se ha quedado dormida. Perdona Duo, la monopolice por completo y olvide que estabas esperando por verla.

-No pasa nada, Paul -dijo el trenzado dándole palmaditas a Paul en la espalda. Ahora que Hilde ya había recuperado el conocimiento se sentía feliz, inmensa e infinitamente feliz -¿Te parece bien si vamos a tomar un café y así matamos tiempo mientras ella despierta de nuevo?

-Bien -sonrió de manera deslumbrante el pelirrojo -pero antes quiero echarme algo de agua en la cara.

Duo no volvió hablar hasta que estuvieron en la cafetería del hospital. Escogieron la mesa mas apartada del lugar junto a una ventana. Apenas empezaba a ocultarse el sol; el firmamento artificial estaba gris.

-Perdóname, Duo -fueron las primeras palabras de Paul.

-¿Perdonarte? .¿Por que? -pregunto con autentica curiosidad el castaño, mientras sorbía algo del café que habían comprado.

-Por haberte hecho bajar de esa manera tan ruda del transbordador.

-Nah, no pasa nada. Hiciste bien -le aseguro el castaño con una sonrisa afectuosa. Miro fijamente los ojos rojos de Paul mientras recordaba la manera, ciertamente graciosa, con que el pelirrojo lo había hecho bajar de la nave.

Flash Back...

Duo permanecía sentado con los ojos cerrados, esperando que el resto de pasajeros se acomodara en sus lugares para despegar cuando el sonido de varias voces llamo su atención. Miro por la ventana y pudo ver como los agentes de seguridad aérea detenían a alguien en el área de taquillas. Sonrió despreocupado y se acomodo de nuevo en su asiento, olvidándose del pasajero, quizás sin boleto, que intentaba subir al transbordador y que con mucho esfuerzo intentaba ser retenido.

Cerró de nuevo los ojos pero tal acción no duro mucho. Los tuvo que abrir de par en par cuando a sus oídos llego su propio nombre. Giro la cabeza de derecha a izquierda, de izquierda a derecha en busca de quien lo llamaba de manera tan frenética, pero no veía a nadie.

Sabia que no estaba alucinando, incluso el resto de pasajeros también se movía en busca de la voz. Algunos la ignoraron de inmediato, pero Duo no podía hacerlo.

En un impulso miro de nuevo por la ventana, hacia el lugar donde aun los agentes luchaban con el posible polizón y entonces lo vio... una brillante y llamativa cabellera roja.

¡Paul!, grito antes de bajar del transbordador y correr hacia el pelirrojo. Llego justo para ver como este golpeaba a un agente y empujaba a otro para poder quedar libre. Detuvo sus frenéticos golpes al ver a Duo frente a él.

El trenzado aprovecho la confusión del momento para tomar a Paul de un brazo y arrastrarlo fuera del lugar antes de que los agentes lo arrestaran.

Salieron ilesos del asunto, lograron escapar sin problemas y camino al hospital Paul le contó todo lo acontecido en su breve ausencia. Duo respiro con alivio y por primera vez desde su llegada a esa colonia sonrió de manera autentica.

Fin flash back...

-Tu... tu pareja debe de estar odiándome en estos momentos -se escucho de nuevo la voz de Paul -por mi culpa no estas a su lado ahora mismo.

-No pasa nada, en cuanto lo llame y le cuente lo que sucedió, comprenderá perfectamente -Duo le resto importancia al asunto agitando la mano despreocupadamente. Heero Yuy era la persona más comprensiva del universo, más que nadie sabía lo importante que Hilde era para él. Mas tarde lo llamaría y le explicaría la situación, imagino la decepción en aquel amado rostro cuando le comunicara que tardaría en regresar por lo menos una semana mas. Duo suspiro y no pudo evitar extrañarlo de manera casi obsesiva. Miro rápidamente su reloj y penso que si sí hubiera viajado, para esa hora definitivamente no solo ya habría llegado sino que estaría junto a Heero en su casa comiendo hamburguesas con papitas fritas. Bueno, ahora eso no importaba ahora, entre mas aplazara su partida mas placentero y apasionado seria su reencuentro con Heero.

-Hilde lloro como no tienes idea, al menos ya asimilo lo de la perdida de nuestro hijo. Para cuando vuelva a despertarse ya estará mucho mas tranquila y en paz consigo misma.

-Espero que quede embarazada de nuevo muy pronto.

-Yo también -dijo Paul con una sonrisa tímida -Prometo encargarme incansablemente del asunto.

-Yo seré el padrino -prometió Duo sonriendo conspiradoramente.

-Será un honor, Duo.

-¿Al fin que fue del miserable que la arrollo? -pregunto el castaño apretando un puño. Deseaba matar a golpes al desgraciado que había arruinado los sueños de su querida Hilde.

-Esta en prisión. Durara muchos años encerrado allí, me asegure de que así fuera.

-Se hizo justicia, fue una suerte que la policía diera rápidamente con él -Duo ensombreció el rostro -He escuchado de casos donde los irresponsables logran escapar y no ser encontrados nunca.

-Sinceramente me alegro que todo terminara bien, Hilde ya esta recuperada y es lo único que me importa. El resto ya es cosa del pasado -ahora fue el turno de Paul para mirar su reloj, no habían pasado ni diez minutos, pero ya ansiaba volver al lado de Hilde. Apuro su café y luego miro a Duo -¿Nos vamos?

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El cielo estaba más oscuro cuando volvió a despertar, y la habitación estaba iluminada de manera agradable. Se sintió mejor a pesar de la perdida tan grande que había sufrido. Dolía, aun dolía y seguiría doliendo por mucho tiempo, pero seguiría adelante, por ella, por Paul y por aquel pequeño ser que nunca vio la luz. No preocuparía mas a Paul, lo sucedido, la perdida, el dolor, ya era cosa del pasado. Aun tenia el presente y el futuro, vendrían mejores tiempos, lucharía porque así fuera.

Con determinación se sentó en la cama y fue mas consciente que nunca del dolor que tenía en la cara y en la muñeca. Se palpo la nariz cuidadosamente.

-Bien, ya esta despierta -la misma enfermera se acerco a revisarla rápidamente.

-Siento como si me hubieran arrojado ladrillos a la cara.

-Usted cayo muy fuerte de cara al pavimento cuando fue golpeada por el coche -explico la enfermera -¿Quiere que le aplique una inyección para el dolor?

-No, lo puedo soportar. Me gustaría ver a mi novio.

-Claro que si, él esta muy ansioso de volver a verla -sonrío antes de salir de la habitación.

Hilde abrió como platos los ojos cuando para su sorpresa quien cruzo por la puerta no fue Paul sino su querido amigo Duo.

-Hilde, mujer ¡que susto nos diste! -comento el trenzado mientras se acercaba alegremente y la besaba en la mejilla -Han sido los peores tres días de mi vida.

-¡Tres días! -exclamo la chica -¿Tanto tiempo estuve inconsciente?

-Realmente no -informo Duo tomándola de la mano sana -Estuviste inconsciente seis días. Solo alcance a llegar para agonizar de la preocupación tres de los seis dias.

-Seis días de mi vida perdidos -gimió la chica.

-Vamos Hil-chan, no son tantos -el rostro de Duo se torno entonces serio -¿Como te sientes con respecto a...

-Superándolo... -ella sonrío -Ya vendrán mejores tiempos, Duo.

-Oh, Hil-chan ¡no sabes cuanto admiro tu valor y determinación! -el trenzado la abrazo con fuerza, tranquilo al ver la decisión y la paz en los ojos de su amiga. Ya sabia él que Hilde no era el tipo de persona que se dejaba enterrar por el dolor, sí, sin duda estaría deprimida los primeros días, pero lo superaría rápidamente.

-Por cierto, .¿que carajos haces aquí? -pregunto la chica dejándose consentir.

-Bueno, dicen las malas lenguas que en medio de tus delirios me llamabas con desesperación -dijo Duo de manera teatral.

-Eso no es cierto -comento Hilde soltándose de los brazos de Duo para dedicarle una mirada enfurruñada. Esta hubiera tenido efecto si las mejillas pálidas no se hubieran coloreado de repente -¿para que diablos iba yo a requerir tu presencia?

-Bueno, es obvio -Duo hincho el pecho lleno de orgullo -Porque soy muy guapo, porque me idolatras y porque -la beso en la frente -y porque sabes que soy el amigo que mas te ama y se preocupa por ti.

-Oh, Duo -fue todo lo que la chica dijo antes de apoyar su frente en un hombro del trenzado y largarse a llorar. Fue mas un llanto de alivio que de dolor o agonía. Cuando hubo terminado de desahogarse le regalo una brillante sonrisa a Duo -Gracias por venir, Duo.

-Tonterías, no hay nada que agradecer Hil-chan.

Hilde permaneció hospitalizada tres días más. Dormía mucho pero comía poco, estaba un poco deprimida pero de inmediato recobraba la tranquilidad y la sonrisa cuando Paul y Duo iban a visitarla.

En la mañana del cuarto día, Duo se decidió a contarle a Hilde todo lo referente a su relación con Heero.

Su querida amiga no parecía sorprendida del todo, ella le había confesado que luego de dejarlo y pedirle el divorcio, había sido ella misma quien llamara a Heero para que fuera a recogerlo. Le contó divertida, que estaba desesperada con lo obstinados y orgullosos que eran los dos para aceptar el hecho de que se gustaban y amaban. Ella solo podía pensar en reunirlos y darles un empujoncito a su relación, ya sabia que todo terminaría así entre ellos. Lo merecían, ambos pilotos merecían la oportunidad de estar juntos.

Duo no sabia si regañarla o abrazarla por lo que había hecho, opto por hacer lo último. De castigo, besó con demasiada fuerza la nariz de Hilde, que casi aulló de dolor.

-Aunque me dolió mucho que aquella noche me dejaras y me pidieras el divorcio -se indigno Duo -No puedo enfadarme contigo, porque lo que hiciste fue con muy buena intención, Hilde. ¡Muchas gracias por todo! Si no hubiera sido por ti, seguramente seguiría separado de Heero, incapaz de comprender mis sentimientos hacia él e ignorante de lo mucho que él me amo por mucho tiempo -el solo pensarlo provoco en Duo un escalofrío.

-¿Y bien? -pregunto Hilde alzando una ceja.

-¿Y bien que? -pregunto a su vez Duo, mirándola sin entender.

-¿Que carajos haces aun aquí?

-¿Ah?

Hilde suspiro derrotada. A Duo había que explicarle todo con dibujitos.

-¡Pues que ya regreses al lado de tu piloto!

-¡Me estas echando! -gruño Duo fingiéndose indignado.

-¡Claro que no! -explico Hilde -pero me enferma verte aquí languideciendo de amor por tu Heero, muriendo por regresar a su lado ya.

-No me iré aun, Hilde. Aunque eso si lo llamare hoy mismo... -Duo bajo la vista avergonzado consigo mismo. ¡Durante esos cuatro días no había podido llamar a Heero para explicarle la situación! Diablos, ni siquiera se había tomado el tiempo de recargar la batería de su teléfono móvil. Sabia que Heero estaría preocupado por él, pero también esperaba que la lógica de Heero lo llevara a relacionar su prolongada ausencia con la recuperación de Hilde. Heero Yuy no era nada tonto, así que Duo sabia que su amado piloto ya habría llegado a una conclusión de porque él había retrasado su llegada.

-¡Duo Maxwell! -Hilde lo miro enfadada -Ni siquiera lo has llamado en este tiempo -se llevo las manos al rostro -¡Ese temible chico debe estar odiándome en estos momentos! -de nuevo miro a Duo -dirá que por mi culpa no te marchas o siquiera le regalas una llamada.

-Exageras Hilde.

-¡El exagerado eres tu! No que diablos haces aquí mimándome en lugar de regresar al lado de Heero para mimarlo a él -Hilde le lanzo una mirada feroz -Adiós, Duo.

-¿Que?

-Como podrás ver, yo ya estoy bien -ella extendió su mano para acariciar la mejilla del castaño -Tengo un hombre que me ama y me cuida y me cuidara por siempre. Ahora es tiempo de que regreses tu con quien amas. Anda Duo, vete y dale una alegría al pobre. Debe estar desesperado.

-Pero...

-¡Paul! -aulló Hilde. De inmediato el aludido entro en la habitación, traía un enorme ramo de flores que deposito con cuidado sobre una mesa. Su dulce presencia envolvió a la chica haciéndola experimentar seguridad y satisfacción.

-¿Que sucede cariño? -pregunto sonriéndole de manera calida y dulce.

-Duo me estaba diciendo que quería despedirse de ti porque ya mismo va a tomar el transbordador que lo llevara directo a los brazos de Heero.

-Pero...

-Ya veo, Duo -el pelirrojo se acerco para darle un golpecito afectuoso en el hombro -Muchas gracias por todo. Si lo deseas yo podría acompañarte hasta la pista de despegue y...

-No, no creo que sea buena idea -Duo se dio por vencido. ¡Que diablos! pues él también deseaba volver a ver a Heero. Como Hilde insistía, viajaría ya mismo. No tenia equipaje que llevar, pues este había viajado solo y seguramente se había perdido ya. Miro la ropa que llevaba, por supuesto pertenecía a Paul, pero le quedaba a la medida -Bueno, Hil-chan, Paul, espero volverlos a ver muy pronto.

-En navidad -dijo Hilde abrazando a Duo -Tráenos a tu Heero en navidad.

-Y también a todos los demás -esta vez fue el turno de Paul de abrazarlo -Trae a todos tus demás amigos, aquellos de los que Hilde y tu me han hablado tan bien. Juntos celebraremos las fiestas.

-Y para ese entonces, ya estaré embarazada de nuevo -prometió Hilde con una sonrisa.

-¡Hasta pronto! -Duo sonrió una vez más antes de salir de la habitación. Finalmente salio del hospital y se alejo por una estrecha calle en espera de un taxi.

-Casi no logramos hacer que se fuera -suspiro aliviada Hilde -El pobrecito estaba desesperado por irse pero también por quedarse y seguir haciéndome compañía.

-Hiciste bien, Hilde -dijo Paul estrechándola en una posesivo abrazo -Él también merece estar al lado de quien ama. Si no lo hacías tu, de seguro que era yo quien lo obligaba a marcharse.

La chica se arrebujo aun mas en el abrazo, apoyando su cabeza en el calido pecho. Cerró los ojos y se dejo arrullar por el dulce latir de aquel corazón que ella sabia le pertenecía.

"Lo que esta perdido, lo que se encontró, lo que me pertenece. La felicidad ya esta en estos brazos". Se dijo Hilde antes de caer en un placido sueño.

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De nuevo a bordo de un transbordador, Duo repitió lo mismo que antes, sintiendose en un deja vu. Se acomodo en la silla y cerro los ojos mientras adornaba su rostro con una sonrisa. Las cosas habían salido mejor de lo que esperaba.

-Disculpe joven, .¿podría darme permiso? -Duo abrió los ojos y le sonrió de manera educada a la anciana de mirada estricta pero sonrisa amable. Se movió para dejarla pasar al asiento de al lado y le ayudo a acomodar su equipaje en el compartimiento del techo.

La anciana suavizo su mirada que esta vez hizo juego con la amable sonrisa.

Duo volvió acomodarse en el asiento. La voz que pedía abrocharse los cinturones porque estaban a punto de despegar lleno los pasillos de la nave.

Prontamente ayudo a la anciana, que agradeció una vez más la galantería del trenzado y le dedico una mirada de total cariño.

-Tenía algo de temor viajar -confeso la anciana con una sonrisita tímida.

-¿Y eso por que? -le pregunto Duo, feliz de que por fin la nave alzara vuelo.

-¿Como que por que? -pregunto a su vez la señora -Claro, esta juventud sin temor de Dios -como Duo seguía sin entender, ella lo miro seria y alzo la voz -¡Pues por el accidente que ocurrió hace casi siete días!

-¿Que accidente? -pregunto Duo, intrigado con el asunto. ¡El no tenía ni idea que lo sucedido!

-Oh, bueno, si no lo sabes ya es otra cosa -la anciana se aclaro la garganta y respiro rápidamente, como si hablar le robara aire en exceso -Pues hace casi siete días, un transbordador que despego a eso de las tres de la tarde y que se dirigía hacia el mismo destino que este, se accidento. No hubo sobrevivientes. Fue conmovedor ver por televisión como familiares visitaban el lugar en busca de sus seres queridos.

Duo no escucho más... no necesito saber mas... ¡Oh Shinigami! Si eso era cierto, entonces... entonces...

Se sintió palidecer, cerro los ojos con desesperación y se removió inquieto en su silla. Ignoro la voz de la anciana que parloteaba sin cesar, ignoro incluso la voz que decía que ya podían desabrocharse los cinturones de seguridad. No podía escuchar nada, no podía pensar en nada.

¡En nada más que llegar pronto! .¡Él no había viajado en aquel transbordador! .¡Él estaba vivo!

Pero Heero y los demás no lo sabían... al solo imaginar el infierno por el que estaría pasando Heero y los otros, no pudo evitar elevar una plegaria.

"Por favor Dios, por favor, yo nunca te he pedido nada, por favor solo permite que esta cosa llegue rápido para que pueda ver pronto a Heero. Por favor, Dios, por favor, has que él este bien"

Casi lloro cuando se culpo así mismo por no haberlo llamado para informarle que no había viajado ese fatídico día. Pero ya no había marcha atrás...

.-.

CONTINUARA...


N.A: Por fin de regreso, jejeje espero haberlas hecho sufrir mucho al hacerles pensar que Duo estaba muerto. Perdon por la tardanza, pero este ha sido un año muy ocupado para mi. Solo queda un capitulo mas y el epilogo y este fic se acaba, espero que me sigan acompañando hasta el final, ahora que estoy de vacaciones retomare varios de mis fics.

Muchas, muchas GRACIAS A:

Shanty, Alhena-star, Ryoko Yuy Eiri Lamperouge, Oriko-chan, Yaeko, Yllen, Angeli Murasaki, Galy, Paty, Kaeri, Val Tao Yuy, Keysie Maxwell, Suzaku-koi, Dark Shinigami Di, Nadeshiko, Norikolro, Rocio-chan, Mary Maxwell, Sophie Yui Maxwell, Carito y Anonimo.

Es gracias a su apoyo y reviews que decidi regresar. Un gran abrazo, espero volver a saber de ustedes pronto!