Nota: Sé que hay mucha gente que no puede ver a Peter ni en pintura, yo misma soy una de las que no lo soportan y creo que es un traidor que ni siquiera merecería estar en los libros y en las películas (sin ofender, Rowling); sé lo que pensáis: si no me cae bien, entonces ¿por qué lo he metido en el fic?

Porque estoy segura de que en algún momento, en algún punto de su historia y su adolescencia Peter fue un chico normal, con sus problemas, con sus líos, con sus respuestas y sus preguntas; y estoy segura de que algo tuvo que ocurrir para que él cambiara de bando y traicionase de la forma en que lo hizo a los que una vez fueron sus amigos y no, no me vale el decir "los traicionó porque sí" o me sirve… quizá en este fic aparezca uno de los posibles motivos que hizo que Peter cambiara su actitud hacia los demás, quizá no, aún no lo tengo decidido, sólo dadle una oportunidad, ¿de acuerdo? Todo el mundo tiene un motivo y un por qué…

Ahora sí, después de esta parrafada tontísima, os dejo con el capítulo y con miles de gracias por vuestros comentarios y reviews, y no olvidéis seguid dejándolos!

Un besito, nos vemos abajo!

Capítulo 6. Una semana movida.

Lucius Malfoy miró con desdén a los dos niños de segundo que estaban en la sala común de Slytherin; éstos estaban sentados en uno de los sofás negros, jugando una partida de ajedrez mágico.

-Fuera –ordenó el rubio.

-No puedes ordenarnos, no eres prefecto –le contestó uno de los chicos.

Seguramente si aquel día Lucius se hubiera levantado de buen humor, simplemente los habría intimidado un poco, lo justo para hacerles saber que pese a no ser prefecto, poseía el suficiente poder dentro de Slytherin para ordenarles lo que le viniese en gana. Pero aquel día Lucius Malfoy no estaba de humor para nada. Miró a los dos niños y con su voz fría y arrogante, clavó en ellos su mirada más airada.

-Si no os levantáis ahora mismo de ese sitio y os largáis de aquí, os aseguro que estas navidades no estareis muy cuerdos para ir de vacaciones a casa –los dos niños se miraron y Lucius siguió hablando-, ¿habéis oído hablar de las maldiciones imperdonables? –preguntó como quién no quiere la cosa. Los niños asintieron-. Entonces teneis que saber que el cruciatus es capaz de hacer que el más fuerte los hombres se doble del dolor en el suelo y que pida clemencia hasta quedarse sin voz… que se siente como si te clavaran diez mil cuchillos ardiendo por todo tu cuerpo –un escalofrío recorrió los cuerpos de los dos niños que se miraron entre sí-. Ahora, fuera de mi vista –ordenó autoritario.

Desde las sombras, Severus rodó los ojos; nunca le había gustado el modo en que Malfoy presumía de su poder y de su dinero, oh, por supuesto que eran amigos, de hecho, Malfoy era el único amigo que él tenía en Hogwarts y aunque era plenamente consciente de que el rubio buscaba su amistad únicamente por su conocimiento en pociones y magia oscura, seguía ayudándole cuando al chico se le ocurría cualquier cosa; eso era lo que le había unido a Malfoy, el odio que ambos sentían hacia los merodeadores y el ser las dos víctimas preferidas de las bromas de los Gryffindor. Lucius se dejó caer en el sofá con elegancia y cruzó las piernas una sobre otra, de forma sobria y serena.

-No deberías asustarles de ese modo –dijo Snape saliendo de su rincón donde había estado leyendo con poca luz.

-Y tú no deberías leer sin luz, terminarás teniendo que utilizar gafas como Potter –le contestó divertido.

-Sabes perfectamente por qué Potter tiene que utilizar gafas –le replicó Snape-, y no es precisamente por leer con poca luz –se sentó en el sofá de enfrente.

-Cierto.

Silencio. El silencio era algo fundamental en la sala común de las serpientes. Severus Snape se había encontrado muchas veces preguntándose cómo serían las otras salas comunes, si la de Ravenclaw estaría llena de libros o si la de los leones estaría llena de pancartas "odiamos a los Slytherin"; y siempre había encontrado la misma respuesta: ni lo sabía ni le importaba.

Silencio. Adoraba el silencio de aquel lugar. Era como si todos supieran que el silencio sepulcral pudiera decir mucho más que las estúpidas palabras sin sentido y vacías que durante horas los demás alumnos podían dejar escapar de sus bocas. En Slytherin todo era contrario al resto de las casas; allí no existía la camadería que veía en los hufflelpuff ni el afán de protegerse los unos a los otros que caracterizaba a los Gryffindor; en Slytherin, si alguien podía traicionarte, lo hacía sin pensarlo dos veces.

Por eso Snape dejaba que Lucius se aprovechara de él para las pociones y la magia oscura, a cambio, el rubio, sin saberlo, le ofrecía una seguridad que de por sí solo, Severus nunca habría podido obtener y pese a que no había dicho nada abiertamente, estaba seguro de que en el hecho de que hubieran terminado siendo compañeros de clase gracias a la idea del director, Lucius había tenido mucho que ver.

-¿Qué estás maquinando ahora? –preguntó Severus viendo como el chico colocaba las piezas de ajedrez sobre el tablero y tomaba al rey blanco entre sus dedos largos y gráciles.

-Seever –contestó simplemente Malfoy-. Me ha dejado en ridículo dos veces y no puedo permitir que alguien me deje en ridículo.

-¿Ya has pensado en algo?

Lucius negó con la cabeza y Severus entendió por qué estaba de tan mal humor y por qué lo habían terminado pagando esos dos niños.

-Necesito saber qué es lo que más le importa –sentenció el muchacho mientras se echaba hacia atrás su cabello rubio.

Snape soltó una risita.

-Sus amigos, por supuesto; ¿qué más le puede importar a una Gryffindor? –preguntó con cierto sarcasmo poniendo especial énfasis en la palabra "Gryffindor"

Los ojos plateados de Lucius brillaron al escuchar las palabras de Snape y asintió despacio.

-Cierto… ¿qué más le puede importar a una Gryffindor que sus amigos? –murmuró Malfoy con la mirada fija en la pieza de ajedrez que tenía en su mano.

Snape lo miró unos segundos antes de suspirar; Lucius Malfoy ya estaba planeando algo y estaba seguro de que no sería nada bueno.

-¿Se puede saber qué haces? –le gritó Sirius después de que ella hiciera un movimiento demasiado arriesgado con la escoba para evitar una bludgger-¡Iba a quitártela de encima ahora mismo!

Danielle no le contestó de inmediato; dio un giro en el aire, despistó a Linda y haciéndole un amago a Maick logró hacer pasar la quafflel por el aro principal. Después se aferró a su escoba y voló hasta donde Sirius le había gritado.

-Puedo cuidarme sola, Sirius, siempre lo he hecho sin necesidad de ningún hermano y puedo seguir haciéndolo –y tan serena como había llegado se marchó al otro lado del campo.

Sirius estaba a punto de salir volando detrás de ella para preguntarle a qué había venido ese comentario cuando la figura de James se interpuso en su camino. Tenía que admitir que James Potter se veía imponente sobre la escoba; transmitía seguridad, fuerza y determinación; no era extraño ya que parecía que la escoba formaba parte del cuerpo de James, casi como una prolongación del cuerpo. Tenía un talento innato para volar; le gustaba arriesgarse y lucirse sobre la escoba porque podía hacerlo; era rápido, ágil y el mejor buscador que Gryffindor había tenido desde hacía tiempo.

-No –le dijo el chico. Sirius le miró.

-No, ¿qué?

-No quiero que hayan peleas en el campo, Canuto –le contestó él-. Y si vas a hablar con ella vais a terminar peleando, cada uno por su lado, empeorando las cosas y consiguiendo dividir al equipo en dos, así que no vas a ir –le dijo tajante.

-¿Has visto lo que ha hecho? –preguntó señalando los aros por donde Dani había pasado la quaffle.

-Claro que lo he visto, ha sido un tiro genial –contestó el chico. Sirius abrió la boca para protestar-. ¿Qué es lo que te molesta más, que haya realizado ese giro tan peligroso o que lo haya hecho esquivando la bluddger sin tu ayuda? –James le preguntó arqueando una ceja.

-¡No es eso! –gritó Sirius-. Podría haberse caído, o podría haberse golpeado o podría…

-Sirius, Dani siempre ha sabido cuidarse… desde que no te habla estás más protector con ella… -se pasó una mano por el cabello ya revuelto-, esto te está afectando, y el entrenamiento ya está por acabar, ¿por qué no te alejas un poco de ella? –le recomendó James.

¿Acaso James Potter le estaba pidiendo que abandonara un entrenamiento, ¿Tan mal estaba como para que el fanático capitán le pidiera algo así? Bueno, sí, tenía que admitir que estaba golpeando las bluddgers de forma indiscreta y sin sentido únicamente para evitar que éstas pasaran a menos de cinco metros de por donde Danielle volaba, y sí, quizá también había estado a punto de caerse de la escoba una vez… bueno dos veces por intentar ayudar a Dani pese a que la chica parecía que lo tenía todo controlado, pero es que no podía evitarlo y tampoco sabía si quería hacerlo.

Desde que Danielle había entrado en el equipo de quiddich el chico siempre había estado pendiente de ella; no había un pase que él no siguiera, ni una bluddger que se le escapara, ni un giro demasiado arriesgado que ella hiciera, no porque tuviese miedo de caerse, sino porque temía la reacción del chico en cuanto viera los giros que podía llegar a realizar. Y ahora, ella parecía tan enfadada con él por algo que no recordaba haber hecho que ni siquiera le permitía no ya hablarle, sino protegerla en el campo de quiddich como siempre había hecho.

-Dale un poco de espacio Canuto, estamos a martes, antes de que termine la semana sabrás que le pasa a Dani, ¿de acuerdo?

-Está bien –contestó Sirius a regañadientes.

-¿Por qué no te quedas con Seever? –señaló las gradas donde estaba sentada la chica rubia mirando el entrenamiento-. A ver si puedes sonsacarle algo sobre el enfado de Dani –se encogió de hombros y Sirius sonrió.

-Esa es una estupenda idea, Cornamenta.

Decidido a averiguar lo que fuera que había hecho, Sirius abandonó el campo de quiddich volando con la escoba hasta las gradas, estaba demasiado perezoso para bajar, cambiarse, guardar la escoba y subir las escaleras hasta las gradas; así que simplemente se acercó hasta la chica agradeciendo internamente que James hubiera decidido que aquel entrenamiento debía de ser privado, de modo que ninguna de las chicas que normalmente estaban allí estuvieran en aquellos momentos.

-Hola –se sentó con aire causal junto a Ann.

-¿Te han echado? –preguntó ella burlona.

-Muy graciosa –contestó él-. ¿Qué haces aquí? Creí que el entrenamiento de hoy era privado.

-Así es, pero James me deja venir a ver al equipo –se encogió de hombros sin dar más explicaciones. Sirius tampoco las pidió.

El entrenamiento estaba terminando y el capitán daba las últimas instrucciones mientras bajaba al suelo junto a los demás.

-¿Tú sabes qué he hecho? –preguntó él de repente y esperanzado.

-¡Si le dices algo, mañana te despertarás con una de mis bromas, Ann Seever! –le gritó Danielle desde abajo antes de desaparecer en los vestuarios.

-¿Por qué siempre tiene que saber lo que pregunto? –refunfuñó Sirius.

Ann no pudo evitar reír. Sabía que Sirius no estaba para bromas, sabía perfectamente que el chico lo estaba pasando mal, igual que lo estaba pasando mal Dani; ella hubiese querido ayudarle, contarle lo que sabía, decirle por qué estaba Dani enfadada, pero le había prometido a la morena que no lo haría y si había algo que Ann cumplía, era sus promesas. No pudo evitarlo, Ann dejó escapar una sonrisa que se convirtió en una leve risita y que terminó en una leve carcajada que ella intentaba detener aún sabiendo que era imposible hacerlo.

-¿Qué? –preguntó muerto de la curiosidad por que ella de repente se riera.

-Nada… sólo que es extraño…

Él arrugó la frente.

-¿Qué es extraño?

Ann respiró y extendió los brazos para mostrarle al chico todo lo que abarcaba.

-Todo esto es extraño… -le contestó ella-. Terminamos el curso pasado casi sin dirigirnos la palabra y contigo y Dani planeando bromas a diestro y siniestro y ahora de repente… Dani y tú no os habláis y tú yo estamos manteniendo una conversación civilizada.

El chico sonrió.

-Bueno, esto es Hogwarts, alguna vez debería ocurrir una cosa extraña ¿no te parece? Y me refiero a algo extraño que suceda sin que los merodeadores tengamos nada que ver con ello –suspiró-. Y lo de Dani… No sé qué le dije, no me acuerdo… he repasado ese día cientos de veces y no recuerdo nada que le haya dicho…

-Quizá es algo que hiciste, no algo que dijiste –le contestó ella.

Sirius se pasó las manos por el cabello, enterrando los dedos largos entre el cabello negro azulado y respiró profundamente en un gesto de desesperación, exasperación y frustración.

-A veces simplemente tengo ganas de gritar.

Ann Sevver miró a ambos lados. No había nadie. El campo de quiddich estaba desierto; no había nadie cerca de allí; le sonrió.

-¿Y qué te impide hacerlo? –Sirius la miró interrogante-. Gritar, ¿qué te impide hacerlo? Yo me apunto.

-¿Qué?

-A veces también me gusta librarme de las tensiones… ¿gritamos juntos? –le preguntó ella divertida.

Sirius no era un chico que pensara mucho las cosas, en eso residía parte de su encanto; se giró hacia Ann y la miró receloso, preguntándose si ella también gritaría o si lo dejaría gritando solo como un idiota. Pero la sonrisa de Ann era sincera; aunque si lo pensaba bien, ¿había alguna vez que Ann Seever no hubiera sonreído de forma sincera?

-A la de tres; una… -empezó a contar el chico-… dos… -ambos se prepararon-… y tres-¡ ¡ ¡ ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡ ¡ ¡

El grito de los dos se fundió en uno solo en medio del campo de quiddich.

Era la primera vez que Emily estaba en aquel lugar y sus ojos lo decían todo; aunque por una parte consideraba que no debería estar allí y sabía perfectamente que si Lily se enteraba de que había estado allí en lugar de estar en la biblioteca tal y donde le había dicho que iba a estar toda la tarde del miércoles, le caería una buena bronca, no de su amiga, sino de la prefecta; por otra parte consideraba que no era tan malo, después de todo, no se había saltado ninguna clase para ir y únicamente lo había hecho para ir a comprar un par de libros que quería desde hacía tiempo y que el señor Fishman, el encargado de la librería le había avisado vía lechuza que ya los tenía listos.

Claro que el hecho de llegar a Hogsmeade a través del pasadizo de Honeydukes le atraía en gran manera y la incitaba en parte a comprar algo en esa maravillosa tienda de dulces en la que tanto dinero se había gastado desde que empezaron a salir del castillo en tercero.

Peter le indicó que podía salir sin ningún problema; aunque lo hubiera habido; el chico le había tomado prestada la capa a James, claro que Cornamenta no lo sabía; pero no había podido negarse cuando había visto a Emily tan decepcionada por tener que esperar tres semanas para poder ir a Hogsmeade a buscar los libros que hacía tanto tiempo que se los oía mencionar. Además, él estaba en el entrenamiento y después iría a perseguir a Evans o algo así, de modo que no debería echar la capa invisible de menos; sensatamente había decidido dejar el mapa del merodeador en Hogwarts, escondido en el ladrillo suelto que había en una de las paredes de la habitación.

-Vaya… empiezo a entender cómo lo hacéis para conseguir siempre cervezas de mantequilla cuando organizamos alguna fiesta en la torre –comentó ella una vez fuera de la tienda mientras se colocaba bien el cabello violeta que había quedado un poco alborotado por tener la capa por encima.

-¿Qué quieres que te diga? –se encogió de hombros mientras doblaba la capa invisible de James y la encogía de forma que cupiera en su bolsillo-. Es nuestro deber y obligación.

Emily le miró recelosa.

-Ya, claro… ¿a cuántas chicas habéis sacado del castillo sin permiso? –preguntó con una sonrisa divertida.

-Pues James y Sirius salen cada dos por tres –se encogió de hombros-. No creerás que cuando quedan con las chicas siempre van a los terrenos, ¿verdad? Remus es más discreto, creo que sólo ha venido con las chicas aquí cuando hay una salida oficial –le dijo empezando a caminar.

-¿Y se arriesgan a traer aquí a…

-Ellas prometen no decir nada –contestó el chico mientras seguían caminando habiéndole ofrecido el brazo a Emily y habiéndolo aceptado ésta-. Después de todo, ninguna quiere que Cornamenta y Canuto se enfaden.

-¿Y a cuántas chicas has traído tú aquí? –preguntó ella curiosa. Peter le abrió la puerta de la librería y esbozó una sonrisa burlona.

-¿Crees que te lo voy a decir para que puedas matarme? No, gracias. Vamos al mostrador –indicó empezando a moverse por la tienda.

-¿Por qué habría de matarte? –preguntó ella siguiéndole y dándole alcance.

Peter le sonrió.

-Si te digo que no he traído a ninguna, no te lo creerás y si te…

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles?

Peter tuvo que contener las ganas de gritarle que le había asustado; el señor Fisher siempre hacía lo mismo; era como si estuviera escondido bajo el mostrador de la librería y disfrutara haciendo saltar a sus clientes de los sustos y riéndose después al recordar las caras de los asustados. Por suerte, tanto él como los chicos ya estaban demasiado acostumbrados a ello, si no, estaba seguro, habría hecho un gran ridículo delante de Emi.

-Buenos días, señor Fisher –Emily sacó de su bolsillo una carta y se la entregó al hombrecillo de gafas que había al otro lado del mostrador-. ¿Estás mis libros?

-Claro que sí, señorita Banks, permítame un momento, los tengo en la trastienda –afirmó el hombre dirigiéndose a la puertita verde del fondo de la tienda.

-¿Terminarás tu frase? –preguntó la chica girándose hacia Peter.

-Te estaba diciendo que si te digo que no he traído a ninguna, no te lo creerás y te enfadarás y si te digo que he traido a alguna te enfadarás igualmente por no haber sido la primera a la que ayudo a escapar de Hogwarts –contestó él apoyando los brazos en el mostrador-. Así que me abstengo de contestar.

Emily frunció el ceño; no le gustaba que no le contestaran a lo que preguntaba y Peter Pettigrew lo sabía perfectamente.

-Mejor olvidamos esta pequeña conversación y luego te invito a unos dulces –propuso el chico.

La cara de Emily se iluminó ante la palabra "dulces" y es que era un secreto no compartido que a la chica le encantaban los dulces, sobre todo los de frutas, regaliz de fresa, chicles de melón, manzanas con caramelo, figuritas de melocotón, y delicias de moras. Peter había descubierto su secreto en cuarto curso, cuando ella había salido de la tienda de dulces cargada con bolsas y había tropezado con él que estaba huyendo de Madame Rosmerta por algo que al parecer habían hecho James y Sirius; en aquel momento, el chico se dio cuenta de la afición de Emily por los dulces y caramelos. Una afición que ambos habían compartido durante muchas noches en secreto frente a la chimenea de la sala común de Gryffindor, cuando todo el mundo estaba dormido.

-Chantajista… -murmuró ella viendo que el señor Fisher salía de la trastienda con un paquete bajo el brazo.

-Pero funciona –se encogió de hombros con sencillez.

-Aquí tiene señorita Banks –ofreció el hombre dejándolos en el mostrador antes de que la chica dijera nada-. Son dos galeones y trece knuts –la chica le dio el dinero mientras que Peter se hacía cargo de los libros de la chica-. ¿Puedo ayudarla en algo más?

Emily asintió con una sonrisa.

-Verá, dentro de un mes es el cumpleaños de Lily Evans, seguro que sabe quién es…

-Claro que sí; la señorita Evans pasa por aquí cada vez que puede, es una señorita muy simpática y cariñosa –Peter enarcó una ceja y Emily le dio un suave golpe con el codo en las costillas sabiendo lo que el chico estaba pensando en aquellos momentos.

-Sé lo mucho que le gustan los libros y estoy segura de que le ha echado el ojo a alguno y si no lo ha hecho, lo hará pronto, si viene por aquí…

-Me encargaré personalmente de ver que libro hojea y se lo diré a usted señorita Banks –prometió el hombre.

Emily sonrió.

-Muchas gracias, señor Fisher; que tenga buenos días.

-Adiós –se despidió Peter caminando hacia la puerta.

-Vuelvan pronto –contestó el hombre.

-Así que libros ¿eh? –Emily le miró recelosa.

-No.

-¿Qué? –preguntó el chico.

-Ni se te ocurra decirle a Potter que a Lily le encantan los libros, seguro que ese idiota se dedicaría a comprarle un libro cada día y al final conseguiría que Lily los aborreciese.

-Vamos… dale un poco de crédito, James nunca… -ella le miró divertida-… bueno, quizá sí lo haría pero no con mala intención. Es un buen chico.

-Sí, claro, tanto como Black –repuso ella cortante.

El rostro de Peter se endureció de repente.

-No hagas eso, Emily –le pidió él. La chica lo miró-. No delante de mí; sé que tienen sus defectos, pero tanto James como Sirius y Remus son mis amigos. Entiendo que no te caigan bien, pero por favor, no los critiques delante de mí… -le sonrió-… no querría tener que elegir entre ellos y tú.

Emily le miró unos segundos antes de asentir levemente. Era lo mismo que Danielle les había pedido a ella y a Sirius el año anterior, que si no se soportaban, al menos se ignorasen mutuamente delante de ella.

-Te importan mucho ¿verdad?

Peter asintió.

-Cuando entré en Hogwarts todos se reían de mí porque era pequeño, obeso y tímido. Ellos me apoyaron, me hicieron un hueco a su lado, me enseñaron a ser más decidido, a tener más confianza en mí mismo y a ser quién quiero ser, no quién los demás desean que sea.

-¿Black y Potter hicieron eso? –Peter asintió-. No tenía ni idea… quiero decir, de Remus lo esperaría, pero de ellos dos…

-Ellos dos son los que estuvieron a mi lado cuando Malfoy me hechizaba día sí y día también; son los que se ganaron un castigo por defenderme a mí delante de los Slytherin y son quienes mejor me conocen… a veces incluso creo que me conocen mejor que yo mismo… -añadió con una media sonrisa.

-Es que siempre se muestran tan arrogantes, caprichosos y estúpidos que me sacan de quicio –le contestó ella frunciendo el ceño levemente. Peter rió -¿Qué te parece tan gracioso?

-Son sus máscaras –le dijo el chico aún sonriente-. Sirius es el primogénito de una familia de magos oscuros que lo desprecian únicamente por ser Gryffindor y tener ideales y valores que los Black nunca han comprendido ni han querido tener; la arrogancia es su máscara para seguir adelante; cuando lo conoces bien, puedes distinguir entre una sonrisa sincera y una sonrisa falsa que son la mayoría de las sonrisas que él siempre luce –Emily no dijo nada-. James es un presumido que despierta el interés de todas las chicas con un par de palabras; sabe cómo ganarse a la gente y qué decir o hacer para conseguir la meta que se propone.

-Excepto con Lily –le recordó Emily interrumpiéndole-. Con ella parece que lo haga todo al revés.

-Es porque Evans le importa de verdad –le contestó el chico-. ¿No te fijas que es la única chica a la que persigue?

-Eso es porque Lily nunca ha salido con él.

-No es por eso –negó el muchacho-; he visto como James cambia de chica casi cada día, pero sin embargo, esté con quién esté, siempre habla de Lily y siempre acaba el día pidiéndole para salir. En realidad sale con todas esas chicas porque tiene miedo de que Lily no le haga caso.

-¿Quieres decir que sale con todas las chicas del colegio para llamar la atención de Lily? –en cierto modo eso tenía sentido-. Si deja de salir con chicas, cree que Lily ni siquiera se molestaría en ignorarle.

-Y Remus… -sonrió a medias-… nunca ha estado el tiempo suficiente con una chica para dejar que ella se enamore. Él sí se enamora, y luego las deja con toda la delicadeza que puede para que ellas no se enamoren de él. Se esconde bajo la máscara de ser prefecto, merodeador y uno de los mejores estudiantes de Hogwarts.

-¿Por qué haría alguien eso?

-Porque… -Peter lo pensó con tranquilidad, no podía contarles el secreto de Remus, no debía hacerlo-. Porque él no cree merecer ser querido por nadie –contestó él.

-¿Es que acaso tiene algún secreto oculto o algo así? –preguntó ella con cierta burla. Peter la miró serio-. Oh, vaya, es eso.

-No puedo hablar del tema, Emily, perdona.

Ella le sonrió.

-Está bien. ¿Volvemos al castillo? –preguntó.

Peter asintió y le sonrió de vuelta mientras colocaba la capa de James sobre ambos. Y mientras estaban en silencio bajo aquel estrecho espacio, esperando que alguien entrara en la tienda para poder entrar también pasando desapercibidos, Peter se dio cuenta, quizá por primera vez desde que conocía a Emily Banks, que su cabello violeta olía a moras silvestres. Se sonrió. A él le encantaban las moras silvestres.

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Remus no dijo nada cuando Dani entró en la habitación una tarde más. Casi se había vuelto una costumbre para ambos, aunque ninguno de los dos había dicho nada, el reunirse en la sala de los menesteres todas las tardes. El tiempo que Dani le dedicaba antes a Sirius y a sus bromas con él, la chica lo pasaba ahora con él, sentados en un sofá hablando de todo y de nada, y aprendiendo a jugar al ajedrez por parte de Dani y a ejercer de profesor por parte de Remus, o simplemente, a veces, se quedaban en silencio sin decir nada, disfrutando del silencio del momento.

Aquella tarde de jueves no era diferente; era septiembre y el frío empezaba a hacerse notar en el castillo; por suerte aquella habitación había proporcionado una chimenea lo bastante grande para calentar la estancia y evitar que ninguno de los dos tuviera frío. Los chicos iban con las túnicas del colegio pero se notaba que llevaban las capas de invierno porque no ondeaban con el viento como las de verano; gruesos jerseys, bufandas y guantes empezaban a verse como puntitos de multicolor por los pasillos y clases dando una gran variedad a los colores de Hogwarts; resultaba bastante divertido ver a los Ravenclaws vestidos de azul con su uniforme de quiddich y guantes amarillos y bufandas rojas o verdes o blancas.

En silencio el chico movió una pieza del juego de ajedrez muggle que tenía y esperó en silencio a que ella hiciera algún movimiento. Dani se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, tal y como había visto en una de las tantas películas muggles que había visto en casa de Lily aquel verano y que la pelirroja había denominado como "sentarse a lo indio". Remus enarcó una ceja cuando la vio tomar un peón y moverlo entre sus dedos mientras él la miraba desde el sofá, al otro lado de la mesita baja donde reposaba el tablero blanco y negro.

En los últimos días había aprendido a mirarla y saber qué pensaba o qué actitud estaba tomando sólo con mirarla; se había encontrado más de una vez mirando sus ojos brillantes y azules, o el modo en que su cabello se movía cuando ella movía ligeramente su cabeza, o en la manera en que el pequeño tatuaje que se veía asomar por su hombro parecía querer mostrarse para esconderse de nuevo bajo la ropa. Remus se había obsesionado con saber qué era aquel tatuaje y aunque aún no se lo había preguntado, quería hacerlo.

¿Desde cuándo se interesaba tanto por Danielle? No debía hacerlo. Ella era su amiga, era la casi hermana de Sirius y sabía que no debía de mirarla del modo en que lo estaba haciendo. Pero no podía evitarlo… y de haber podido, no sabía si hubiese querido hacerlo.

Le atraía. Dani era bonita, era preciosa… siempre le había atraído pero ahora era algo diferente. Quizá se debía al hecho de haber pasado todos los días mucho tiempo junto a ella, quizá se debía al modo en que habían compartido el silencio, a la manera en que ella le había contado anécdotas, al modo en que él le había desvelado el secreto del mapa del merodeador aquella tarde que necesitaban saber donde estaban Emily y Peter y de paso le había hablado también de la capa invisible de James.

Quizá se debiera a todo aquello o quizá no; quizá simplemente se debía al hecho de no se había fijado hasta aquellos días que ella era simplemente Danielle Adams.

Danielle movió su peón.

-¿Qué ocurre? –preguntó el chico.

Dani dejó la pieza sobre el tablero, suspiró profundamente y miró al chico a los ojos, intentando concentrarse en lo que quería decirle y no en los escalofríos que aquellos ojos dorados le producían.

-¿Qué tal está Sirius? –preguntó.

-¿Qué tal está Sirius? –el chico no esperaba esa respuesta, definitivamente, pero pese a ello, sonrió-. Despistado, confundido, frustrado y deprimido –enumeró-. ¿Quieres que siga?

-¿De verdad está tan mal? –Remus la miró-. Quiero decir, ni que fuera su novia o algo así y nos hubiéramos peleado –sonrió nerviosamente.

-Si fueras su novia, créeme que no estaría ni la mitad de mal de cómo ha estado estos días Dani –le contestó sinceramente-. ¡Ni siquiera ha querido respaldar la broma que James había preparado para los Slytherin! –añadió como si fuera algo trágico. Dani no pudo evitar reír suavemente.

-Vaya… sí que está mal… -señaló ella divertida.

-Deberías perdonarle –ella lo miró escéptica-. O al menos darle una pista de por qué estás enfadada con él antes de que pague su malhumor con nosotros.

-Sirius nunca os haría nada a vosotros –le señaló ella.

Remus se encogió de hombros.

-Nunca se sabe –le guiñó un ojo y ella le sonrió-. Hagamos una cosa –ella le miró-, prométeme que vas a pensar en perdonarle, si consigo que Sirius se de cuenta de lo que hizo y te pide disculpas, por favor –le pidió.

Dani abrió la boca para decir que no iba a perdonarle tan fácilmente; le había dolido mucho lo que había hecho; había olvidado su día especial, el día en que se juraron ser amigos y hermanos pese a lo que sus familias dijeran, pensaran o decidieran; miró a Remus a los ojos y abrió la boca y de su garganta salieron las dos palabras que su mente pensaba:

-Sí, lo pensaré.

Remus sonrió complacido y sin añadir nada más tomó un peón y lo hizo avanzar un par de casillas. Dani tomó otra de sus piezas y la movió casi sin prestar atención al juego. ¿Por qué había dicho "sí, lo pensaré" cuando había pensado decir "no lo pensaré"? Los ojos de Remus buscaron los suyos para indicarle que le tocaba mover de nuevo.

Dani tomó el caballo distraidamente y ni siquiera se inmutó cuando Remus se lo comió con su peón; sabía perfectamente por qué había dicho aquello, no podía decirle que no a Remus cuando le miraba de aquella forma.

Sábado. Primera salida a Hogsmeade del año, salida que seguramente todas las chicas aprovecharían para ir a comprar nuevas túnicas y maquillaje y zapatos y colgantes y todo tipo de accesorios para estar preparadas para el baile.

Ella no. Salió de la biblioteca cargada de pergaminos y libros como siempre mientras se maldecía por ser incapaz de controlar el tiempo cuando estaba rodeada de libros, con tranquilidad en la biblioteca. Había quedado con las chicas en menos de diez minutos en la torre para ir todas juntas a Hogsmeade; por supuesto ella no iba a perder su tiempo ni su dinero en comprar otra túnica; ya tenía una nueva que su madre le había regalado hacía poco, pero sí quería pasarse por la librería para preguntar por algún libro sobre pociones avanzadas; el hecho de no haber podido reconocer la poción que Snape había preparado para Ann la había hecho sentirse tonta y no iba a permitirlo.

Giró la esquina del pasillo cuando escuchó las falsas risitas de algunas chicas. Reconocería esa voz en cualquier parte.

-Evelyn… -murmuró rodando los ojos-… Simplemente genial…

Donde estaba Evelyn estaba Potter. Estupendo; llegaba tarde, aún tenía que cambiarse de ropa y dejar todos aquellos libros en la habitación y encima se encontraba de frente con James Potter y su club de admiradoras, a pesar de que había elegido un camino por el que estaba casi segura de que el chico no iba a pasar por allí. Evidentemente, a unos metros de donde se encontraba ella, James estaba rodeado por un grupo de más de una veintena de chicas.

-Al menos no está con todas sus admiradoras… -murmuró con ironía Lily mientras observaba que todas las chicas eran de tercero en adelante.

-Vamos, Jamie –le dijo la chica acercándose al muchacho de gafas-. Ven con nosotras a Hogsmeade ¿sí? –pidió-. Sabemos que no te gusta tener que elegir entre nosotras, así que te ofrecemos ir todas contigo, ¿qué te parece?

-Me parece que el resto de chicos me odiaría por privarles de vosotras –contestó un poco incómodo James ante tanto acoso.

No entendía qué les pasaba a esas chicas. Sí, generalmente eran un poco irritantes y abrumadoras pero ese día estaban especialmente cargantes y molestosas. Levantó su mirada unos segundos para decirle a Evelyn que no le apetecía ir a Hogsmeade con ellas y que iba a ir con los chicos cuando la vio.

Parada en la esquina, con tres libros apretados contra su pecho y la mochila llena de pergaminos que sobresalían; Lily Evans; cabello rojo, ojos verdes brillantes. Sólo le apetecería romper el plan con sus amigos si era Lily quién se lo pedía.

Evelyn captó la mirada embobada que se le había quedado a su ex novio y miró hacia donde él miraba. Frunció el ceño. Estaba cansada de Evans. Siempre era lo mismo; James no hacía nada más que hablar de la maravillosa Lily Evans, ¡incluso cuando salían juntos, él siempre hablaba de Lily!

Evelyn era consciente de que el chico sólo había salido con ella para pasar el tiempo, no porque estuviera enamorado, ambos lo sabían; pero no podía evitar sentirse furiosa y despechada al ver el modo en que James estaba mirando a Lily en aquellos momentos y odiarla por no ser a ella a quien mirar de aquella manera.

Una sonrisa malvada apareció en su rostro y con voz sutil y coqueta le dijo a James.

-De acuerdo, iremos sin ti, pero espero que me compenses por esto, Jamie…

Antes de que el chico pudiera contestarle, los pies de Evelyn se habían alzado en puntillas y sus brazos habían rodeado su cuello al tiempo que sus labios sellaban los de él.

¿Por qué diablos le estaba besando Evelyn?

¿Por qué diablos me está besando Evelyn?

Lily sintió que dentro de ella algo se rompía. No estaba segura qué era, no estaba segura qué sentía ni que había pasado, sólo sabía que necesitaba alejarse de aquel pasillo en aquellos momentos si no quería que todos la viesen llorar. Y no iba a permitir que nadie la viese llorar; nadie la había visto llorar en los últimos seis años y nadie lo haría. No iba a llorar. No por su culpa. ¡Ni siquiera sabía por qué quería llorar?

Uno de los libros se le resbaló y cayó al suelo produciendo un seco ruido en el pasillo que devolvió a Lily a la realidad y también a James que apartó con suavidad pero firmeza a Evelyn mientras la fulminaba con la mirada. Lily alzó la cabeza y empezó a caminar con rapidez, sus zapatos de medio tacón resonando en el suelo del pasillo.

Cuando se cruzó con el grupo de admiradoras y con James, no quiso hacerlo, pero tuvo que hacerlo; sus ojos verdes se clavaron sobre los de él unos segundos, sólo unos pocos segundos…

Tan pronto desapareció de aquel pasillo, la chica empezó a correr hacia la torre, ignorando, como no era habitual en ella, los comentarios o saludos que los cuadros y fantasmas hacían a su paso.

-Orgullo de león –anunció legando frente a su cuadro.

La señora gorda parecía que iba a decirle algo, pero viendo los ojos brillantes y aguados de la muchachita pelirroja que tenía delante decidió dejarlo correr y se abrió, dejándole paso.

Lily no perdió tiempo; dejó los libros y pergaminos sobre la mesa sin darse cuenta de que le faltaba uno y subió las escaleras de las chicas con toda la rapidez que fue capaz, ignorando las miradas y los comentarios, incluyendo la mirada que Peter le dedicó desde el sofá donde estaba sentado esperando a que Sirius terminara de arreglarse el cabello para ir a Hogsmeade. Abrió la puerta del cuarto sin siquiera llamar y pasó de largo, directamente al baño, donde se encerró con el pestillo y se dejó resbalar por la pared hasta acabar sentada, junto a la puerta, con la espalda apoyada en la pared.

-Lily, ¿estás bien? –preguntó Alice golpeando la puerta del baño despacio.

-Sí –su voz sonó ahogada y las chicas de miraron preocupadas entre ellas-. Sólo estoy un poco cansada; estudiar me ha dejado agotada, creo que no voy a ir a Hogsmeade hoy.

-Vamos, no seas tonta, lo que necesitas es que te de el aire –la intentó animar Dani.

-Sí, iremos a la librería Lily –le prometió Ann.

-En serio, estoy bien, id sin mí, ¿de acuerdo?

Emily golpeó la puerta y comprobó que el pomo no giraba.

-¿Estás segura que estás bien Lily?

-Sí, yo… sólo… -Lily respiró profundamente intentando entender por qué de repente se sentía tan mal-… yo… me ha venido el período y no me encuentro con ánimos de ir a ningún sitio ¿vale?

-¿Estás segura que quieres que nos vayamos sin ti?

-Sí, daos prisa u os quedaréis sin carruajes.

-Te traeremos ranas de chocolate –prometió Emily saboreando ya sus ranas en su imaginación.

-Y algún libro –ofreció Ann.

-Y alguna túnica, seguro que encontramos alguna que sea muy bonita –concedió Dani.

-Y compresas –añadió Alice práctica como siempre. Se produjo un leve sonido del otro lado de la puerta y Alice sonrió al deducir que Lily había reído suavemente-. ¿Qué? –preguntó mirando a las demás chicas -. Seguro que las necesita –intentó defenderse.

Lily permaneció en el suelo del baño con la espalda contra la pared y las piernas recogidas contra su pecho, abrazándose a sí misma mientras escuchaba como las chicas se iban de la habitación entre risas y bromas; sólo se sintió segura cuando escuchó como la puerta se cerraba completamente.

-¿Qué diablos me pasa? –se preguntó-. Ya estoy acostumbrada a ver ese tipo de escenas… ¿por qué me molesta tanto ver a Potter besándose con otra chica? –un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas-. ¿Por qué me siento así?

Confusión. Frustración. Miedo. Dolor. Rabia. Impotencia. La sensación de no saber por qué sentía lo que sentía era aterradora; la sensación de no querer saber lo que sentía, abrumadora.

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-Pues yo tengo que hablar contigo… -le susurró Ann a Dani mientras Emi y Alice caminaban delante de ellas.

-¿De qué? Si es respecto a Sirius…

-No, es respecto a Remus –le cortó Ann. Dani detuvo su paso.

-¿Qué pasa con Remus? –preguntó la morena intentando disimular su asombro ante la mención del nombre del chico y empezando a caminar de nuevo.

-He visto como le miras, así que deja de disimular conmigo ¿quieres? –dijo divertida Ann.

-No sé de qué me estás hablando –aseguró Danielle con el ceño fruncido.

-Ya… -Dani resopló y empezó a acelerar el paso para alcanzar a las otras dos. Cuando Ann la llamó se detuvo y se giró para mirarla. La chica la miró sonriendo con comprensión y diversión-… Puedes contar conmigo para lo que sea cuando sepas de qué estoy hablando.

Danielle se giró y sonrió mientras se preguntaba cómo Ann podía ser tan observadora. Emily, Alice y Ann se miraron cuando estando en el vestíbulo, los merodeadores aparecieron para, igual que ellas, tomar un carruaje que los lleva al pueblo mágico. Como siempre venían sonriendo, bromeando y dándose pequeños empujones a los que Remus ponía fin mientras que James parecía absorto en sus pensamientos y, por raro que pareciese, llevaba un libro en su mano derecha. Emily alzó una ceja preguntándose qué estaba haciendo Potter con un libro en un sábado.

Frank iba con ellos; aquel día no podía ir a Hogsmeade, tenía que quedarse a observar la reproducción de las algas de invierno si quería que la profesora Sortefn le aprobase la redacción que había entregado hacía un par de días. Por eso Alices iba con las chicas, por eso él iba a despedirla.

-Buenos días chicas –rodeó la cintura de Alice con una mano y la acercó a su rostro-. Buenos días, preciosa… -le susurró antes de besarla.

Alice se dejó besar. Le gustaba sentirse protegida entre los brazos de Frank. Bueno, quizá era un poco despistado, pero ella no era una belleza de medidas perfectas como decían los muggles; lo único que le importaba es que estando con ese chico su corazón latía a cien por hora, la sensación de seguridad, de sentirse querida, de sentirse especial cuando ese chico estaba cerca de ella. ¿A quién no le gustaba sentirse de aquel modo?

-¿Venís con nosotros? –preguntó Peter a Emily.

-¿Dónde está Lily? –preguntó James-. Se le cayó esto al suelo cuando salía de la biblioteca –argumentó el chico ante la mirada desconfiada de Emily cuando el chico mostró el libro omitiendo, evidentemente, la escena del beso con Evy.

-No se encontraba bien –argumentó Dani encogiéndose de hombros.

Ann estiró un brazo.

-Dámelo, podemos devolvérselo luego.

James negó con la cabeza.

-No es necesario, ya lo haré yo –sacó su varita y encogió el libro hasta que quedó reducido y lo guardó en el bolsillo de su túnica.

-¿Podemos hablar? –preguntó esta vez Sirius.

Giraron para ver la reacción de Danielle.

-No –contestó ella seca.

Remus la miró entrecerrando los ojos y ladeó la cabeza señalando al chico que la miraba. Dani suspiró.

-¡Sirius! –Samantha Carter apareció y se colgó literalmente de la espalda del chico abrazándolo por el cuello.

-Sami… bájate por favor…

-¿Vienes conmigo a Hogsmeade? –preguntó la chica desde su espalda susurrándole al oído.

Los ojos de Dani brillaron aun cuando la chica obedeció dócilmente.

-Estaré esperando por allí –señaló donde estaba un grupo de chicas y se alejó antes de que Sirius le dijera que no tenían ninguna intención de sacrificar su salida de chicos a Hogsmeade para comprar bromas en Zonko y comprar caramelos y dulces sólo por salir con ella.

-¿Dani? –preguntó el chico ignorando a Sam.

-No, gracias –volvió a contestar la chica mirando a Remus con los ojos abiertos.

El licántropo cerró los ojos y suspiró resignado; parecía que siempre había algo o alguien que estropeaba el momento perfecto de esos dos para hablar. Las chicas se alejaron de ellos sin que la morena se girara una sola vez. Sirius suspiró derrotado.

-¿Por qué me lo está poniendo tan difícil?

-Vaya… parece que Adams ha entrado en razón –murmuró una voz fría detrás de los chicos-. Quizá ahora que ha dejado de juntarse con indeseables pueda invitarla a salir un día a…

Sirius no necesitó nada más para abalanzarse sobre Malfoy que lo miraba con suficiencia mientras veía como Dani se alejaba de allí seguida de Emily y Alice quien se había despedido de su novio.

-¡Canuto! –gritó Remus intentando detenerle. Pero incluso a él con su fuerza sobrehumana le costaba trabajo retenerle-. ¡James, ayúdame! –le gritó el chico al ver que Peter lo estaba intentando pero que dado que Sirius era el doble que él no iba a poder conseguir mucho.

James se encogió de hombros.

-Él se lo ha buscado, suéltale –comentó distraídamente mientras se cruzaba de brazos.

Remus lo miró con reproche, aunque lo cierto era que ver a Malfoy con aquella sonrisa de superioridad y observar cómo estaba mirando a Dani en aquellos momentos, por alguna razón, le hizo hervir la sangre y estuvo muy tentado a soltar a Sirius y que fuera lo que Merlín quisiera.

Una mano femenina se posó sobre el hombro de Sirius.

-No vale la pena… -le susurró Ann con tranquilidad.

Quizá fue el modo en que le susurró; quizá fue la mano suave sobre sus hombros tensos o quizá la manera tan calmada y serena en que habló; o quizá simplemente es que era ella; pero fuera como fuese, Ann Seever consiguió que Sirius dejara de intentar matar a Malfoy.

-Vaya… ¿ahora te defienden las chicas, Black? –volvió a provocarle Malfoy.

Ann se colocó delante de Sirius y sacando su varita en un movimiento ágil apuntó a Lucius con la punta de la varita clavada en el cuello del rubio, que pareció mirarla con una mezcla de odio y miedo a partes iguales.

-No lo estoy defendiendo; sólo no quiero que nadie se meta en problemas por alguien como tú… Ni siquiera eso mereces la pena, Malfoy –le contestó ella tranquila-. Y si vuelves a mirar a Dani de esa manera te juro que la próxima vez tendrás que imaginarla porque yo misma me encargaré de sacarte los ojos, ¿te ha quedado claro?

Remus y Peter miraron a la chica sin saber aún si debían de creer que esa era la misma Ann dulce y cariñosa de siempre. James enarcó una ceja y Sirius sonrió satisfecho; esa era Seever.

-Y ahora largo de aquí antes de que Sirius intente volver a matarte porque esta vez no me pondré en medio –le aseguró.

El instinto de supervivencia de Malfoy era superior a su orgullo, así que con toda la dignidad de la que fue capaz de reunir, se alejó de ellos con el paso decidido y la mirada altiva hasta un grupo de Slytherin que lo esperaba uno poco más allá, subiendo ya a los carruajes.

-No conocía esa faceta tuya –comentó Remus distraído.

Ella se encogió de hombros.

-Nadie toca a mis amigos –contestó-. Y tú –miró a Sirius-, cálmate ¿quieres? Sé que lo de Dani os está volviendo locos a ti y a ella, pero deberías saber que Malfoy sólo quiere provocarte para tener una excusa para que te expulsen –le señaló.

-Lo sé, pero no puedo esperar que… -empezó a decir el chico. James sonrió.

-Y en cuanto a ti, deja de molestar a Lily ¿de acuerdo? Si tú sales con cientos de chicas, ella tiene derecho a hacer lo que quiera hacer sin tener que estar pensando en si la estás siguiendo o acosando o algo por el estilo, ¿está claro? –se giró hacia Peter-. Y tú Peter, ten cuidado, tiene un gran temperamento.

-¡Ann! –la llamó Alice desde el carruaje-. ¡Vamos!

-¿Cómo…

-Soy observadora –contestó cortando la pregunta de Peter-. No se necesita nada más para saber cómo son las personas que observarlas a ellas y a sus sentimientos –añadió con una sonrisa pícara y traviesa-. Hasta luego chicos.

Sirius sonrió. Definitivamente aquella chica no era como las demás.

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Hey! Nueve mensajes!

A pesar de que me falta uno para llegar a los diez que pedí, he decidido subir el capítulo porque la gente que sí me ha dejado reviews se lo merece!

Eso sí, esta vez va en serio, si no recibo los 10 mensajes, espaciaré al tiempo de actualización y en lugar de cada semana, lo haré cada dos semanas, así que corred la voz de q ue la gente lea el fic y deje mensajes :D

Espero que os haya gustado el capítulo y que me digáis qué opináis de cómo va la cosa.

Un besito para todos, disfrutad de la vida, sed buenos y portaos bien.

Nos leemos prontito!