Actualizamos nuevo capítulo. Intento actualizar deprisa, porque mi sobornadora oficial tiene el corazón dolido desde lo último que ocurrió.

Disclaimer: Ah... los derechos... pues... Hajime anda algo vago en ese tema y dice que tiene un regalo guardado para mí por mi cumpleaños... Si es lo que yo creo... se lo puede quedar con envoltorio incluido, ¡yo quiero sus dichosos derechos de una vez!

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Mientras leía el papel con cautela, reprimió la ganas de quemarlo o tirarlo al suelo con furia. No debía dejarse dominar de nuevo por sus actos. Ni tan siquiera era una amenaza o una denuncia, esa era su manera característica de abandonarle.

Después de golpear mentalmente todos los objetos de la sala, se reclinó en el asiento y meditó en silencio. Frente a él, su viejo amigo y superior, tan solo le miraba sin hablar. Parecía estar pensando seriamente, se dirigió a su ordenador y comenzó a teclear algunas teclas sin prestarle apenas atención.

- ¿No vas a decir nada?

- No se que quieres que diga, yo también estoy sorprendido.

- Quién sabe, yo solo conozco tu versión, y según tú, esta alumna era receptiva contigo. Me gustaría que me explicases que ha ocurrido para que esta carta haya llegado al departamento. A ojos del resto de la universidad, yo soy tu responsable, te dije que lo que hicieses repercutiría también en mí. ¿Habéis discutido? - continuó prestando atención al documento que estaba redactando sin mirarle.

- No.

- ¿Te sobrepasaste con ella?

- No hice nada que no hayamos hecho ya antes.

- ¿¡Cómo pretendes que interprete eso!? - alzó la voz airado, sin darse cuenta, se aclaró la garganta y volvió a su tono habitual - ¿Has mantenido relaciones con ella?

- No.

- ¿La has tocado con intenciones sexuales?

- ¿¡Qué clase de formulario estás rellenando!? - se levantó e intentó mirar hacia lo que su compañero escribía - ¡No soy un maldito pervertido!

- Son meros trámites burocráticos. Sabes que es mi obligación – giró la pantalla hacia el otro lado mientras continuaba con su labor – Responde a la pregunta.

- …..Aún no.

- ¿Aún?¿Esperas que te defienda frente a la junta directiva con esas palabras?

- ¿Es mejor que te mienta y te diga que nunca lo he pensado?

- …... - dudó unos instantes y volvió a escribir presionando con fuerza las teclas – El profesor Rivaille advierte que no forzó en ningún momento a la solicitante, todo lo que ocurrió entre ambos fue por decisión propia – terminó de leer en voz alta.

- …...No entiendo nada de lo que acabas de decir. ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?

- Te conozco desde hace más de una década. Te he visto rechazar muchas mujeres, te has acostado con bastantes de ellas. Soy yo el que no entiende qué te ocurre con esa mujer. Dices que vas en serio, e incluso me aseguraste que no la estabas acosando. Pero... al leer esto, no se que debo creer.

- Hanji no está... - dudó al llamarla por su nombre de pila –... Zoe ha mandado eso porque se siente culpable y quiere alejarse de mí, no porque le haya hecho algo malo.

- Culpable. ¿De qué?

- Una amiga suya...sentía algo por mí. Nos vio juntos en la cama y ambas se pelearon.

- Acabas de decirme que no has intentado acostarte con ella.

- Relájate, Erwin, tan solo dormimos juntos.

- De acuerdo, según lo describes, no ha pasado nada grave entre vosotros. Explícame tú ahora que vas a hacer. Tomaré las medidas pertinentes en consecuencia – por primera vez en toda la conversación abandonó el ordenador y dejó de teclear.

- Entonces, borra ese estúpido informe y no hagas pública la carta hasta que yo te lo diga.

- Esa no es manera de hablarle a tu superior. ¿Acaso vas a intentar hacerla cambiar de opinión con respecto al cambio de tutor?

- Me da igual si no quiere que siga siendo su asistente en la tesis. Pero no pienso perderla – le dio la espalda y comenzó a caminar hacia la puerta ignorando sus consejos.

- Diga lo que te diga harás lo que te de la real gana. No se que interés tienes por ella pero, ¿qué harás si resulta que no tiene el mismo por tí?

Se detuvo frente a la salida sujetando el pomo con fuerza casi a punto de romperlo por la fricción.

- Si eso pasa, encárgate de arrojar mis cenizas al océano.

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En ocasiones, hay heridas que, causadas de la misma manera en personas distintas sanan a un ritmo diferente. En otras, la misma herida en una persona concreta puede tardar más en desaparecer. Y otras, simplemente no lo hace. Así se sentía en esos momentos. El suelo frío y helado de su dormitorio era su único compañero en aquellos días de intenso dolor.

Poco a poco había recobrado su vida diaria. Tenía que volver a clases. Durante la primera semana, había conseguido excusarse fingiendo estar enfermo. Pero a la segunda, su madre no creyó su excusa y lo obligó a volver.

Ni siquiera le animaba hablar con sus compañeros. Ni ver como sus calificaciones en los últimos exámenes eran mejor que al principio.

Nada conseguía animarle. Lo que había presenciado había terminado por derrotar toda esperanza en vano que albergase. No es que tuviese ilusiones reales con convertirse en algo más que su amigo pero, la manera en que había recibido el shock fue la peor.

Por un lado, descubrió lo que ya sabía, que le gustaba otra persona. El día que la abrazó por primera vez y posiblemente el último. Se despidió de ella prometiendo verse al día siguiente. Solo supo que volvería a casa y descansaría, no le dejó subir con ella.

En su mente, Petra había hablado con Hanji y todo se había solucionado. Pero días más tarde comprobaría que algo más había pasado. Algo de lo que no había sido participe. Un chico que no había visto nunca, y que ni siquiera le había oído mencionar nunca. Su novio.

Esa palabra se le hundía entre las costillas y sentía como si le perforase un pulmón. Sin dejarle respirar. Deseaba tanto verla, estar con ella, abrazarla. Pero sabía que no podía. No podía hacerlo. Los celos le corroían por dentro mientras recordaba la manera obscena en que la trataba aquel chico.

Sin respeto, sin pudor. Pero había conseguido ganar un terreno que nunca conseguiría él. El suelo de su habitación era frío y helado, pero no conseguía insensibilizar aquel horrible abatimiento.

Había algo de movimiento en la planta baja, seguramente su madre estaría preparando el almuerzo y sus hermanos jugarían con su padre. Quizás hoy no bajaría a comer, no se encontraba con ánimos suficientes para ello.

El timbre, ¿una visita? Podía oír a su madre llamándole para que bajase a comer. Se giró hacia la pared haciendo caso omiso de la llamada. No le apetecía recibir a nadie.

- Maldito niño – se secó las manos en el delantal y abrió la puerta contigua a la cocina – Voy a abrir la puerta, encárgate de la comida y sírvela en la mesa. – se detuvo a pensar unos instantes – Y haz que Auruo salga de una vez de su cuarto, comienza a preocuparme.

Volvía a sonar ese horrible interruptor, quién fuera que estuviese al otro lado del recibidor era demasiado impaciente. Posiblemente fuese un repartidor demasiado ansioso por vender. Quitárselo de encima sería difícil.

- Ya voy, ya voy – abrió con fuerza enfadada dispuesta a inventarse cualquier excusa para echar a aquel repartidor de publicidad – Mira, no estamos interesados en lo que sea que vendas así que puedes irt-

Estaba asombrada. Justo enfrente de ella se encontraba un hombre increíblemente atractivo. Mucho más que ningún otro que hubiese visto antes. Se quedó callada sin ser capaz de articular palabra, de repente comenzó a tener interés por lo que estuviese publicitando.

- Buenas tardes, señora – incluso su voz era demasiado sensual como para mantenerse de pie sin temblar.

- B-buenos días... ¿qu-quiere pasar? - comenzó a alisarse el pelo para mostrar un aspecto más femenino ante aquella visita.

- Gracias.

Cerró la puerta mientras el hombre, algo más bajo que ella entraba en su casa. Por su estatura y visto desde atrás, el corte de cabello era parecido al de su marido, pero en una versión mucho más joven y mejorada. No sabía quién era ese chico, pero no le importaba que les hubiese interrumpido a la hora de cenar.

- ¿Qué se le ofrece? - continuó nerviosa enredando sus dedos en su pelo como si de una adolescente se tratase.

- ….Soy profesor. Estoy buscando a su hijo – miró hacia ambos lados intentando encontrar una sombra que delatase su presencia - ¿Dónde está?

- Ya... bueno – se colocó la ropa para que quedase más holgada y ocultase su avanzado estado de embarazo - ¿Cuál de los cinco?

Se quedó observándola un poco y asintió.

- Querrá decir de los seis – la mujer agarró su vientre que era incapaz de ocultar – Busco a Auruo.

¿Uno de los maestros de Auruo? Por lo general, era su marido quién solía encargarse de las reuniones de su instituto. Pero no recordaba que le hubiese mencionado que había un profesor tan joven y sexy. Quizás fuese nuevo. A la próxima tutoría, pensaba ir ella.

- ¿Quiere tomar algo? - abrió la puerta de la cocina incitándole a entrar para tener más intimidad. El salón estaba demasiado ocupado y prefería no mostrarle al resto de sus hijos – Auruo está arriba, en su cuarto. Puedo ir a llamarlo.

- No hace falta, ¿cuál es su habitación? Iré a verlo yo mismo.

- La tercera a la izquierda.

Mientras subía las escaleras se quedó impactada viendo el movimiento de su trasero perfectamente esculpido. Sentía como si volviese a ser una quinceañera enamorada. Su esposo salió de la habitación contigua preocupado porque tardaba mucho en volver.

- Cariño, los niños ya están comiendo... ¿Quién ha llamado?

- Un dios...

- ¿Un qué? - parecía en trance, sin prestarle la más mínima atención.

- ¿Sabes? Creo que no me importaría volver a casarme.

- ¿¡Cómo!?

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Para despertar de un estado de letargo o somnoliento hay diversos métodos que la gente suele utilizar. Por lo general, muchos de ellos arrojan agua para despertarte, o incluso te palmean la cara. Otras personas hacen un ruido intensivo para activar las neuronas.

Pero, en ese caso, la terapia que era necesaria no requería tanta cordialidad. Ni siquiera amabilidad. Aquello tenía que cesar inmediatamente.

Cuando entró en la sala, se encontró ese cuerpo conocido tumbado sobre el parqué aspirando el asqueroso polvo que había en él. Agarraba con fuerza una especie de libreta de dibujo sin dejar de suspirar. Patético, iba siendo hora de recibir su primera lección como adulto.

Y sus años impartiendo la enseñanza le otorgaban ese gran honor.

- Tú, inútil, despierta – pateó su espalda obligándole a girarse – Necesito tu ayuda.

- ¿P-profesor Rivaille?¿Qué hace aquí? - miró hacia ambos lados sin entender la situación - ¿Cómo sabe donde vivo?

- Eso no es de tu incumbencia.

- ¿Ha venido porque llevo tiempo sin ir a trabajar? Le envié un mensaje diciéndole que no podría ir...

- Eso me da igual. Levántate y siéntate. Necesito hablar contigo.

Aquella situación no tenía sentido alguno, a duras penas alcanzó la silla giratoria de su escritorio y se posó sobre ella. Rivaille se sentó enfrente completamente relajado y pensativo. Crujió sus nudillos y recapacitó sobre lo que necesitaba pedir.

- Seré franco, se que estás enamorado de mi ex-alumna.

- Ah, yo...- intentó disimular en vano.

- Sinceramente, lo que hagáis o dejéis de hacer ambos es cosa vuestra – recargó su peso hacia adelante apoyando sus codos en las piernas – A mí quién me interesa es Hanji. Y la muy idiota ha decidido ignorarme de por vida por su amiga. Ni siquiera me ha dado la oportunidad de hablar con ella, joder.

- Usted... - tragó saliva intentando reunir fuerzas para la insubordinación que intentaba decir – ¿Siente hacia Hanji lo mismo que yo hacia...Petra? - colocó sus manos sobre su cabeza esperando el golpe que nunca llegó.

- Eso a tí no te importa. Seré directo, quiero que me ayudes a localizar a Hanji. Llevo más de un mes intentando buscarla y lo único que sé es que nadie abre la puerta en su piso.

- Si ella no quiere que la encuentre no creo que deba ayudarle. Y prefiero no colaborar en que nadie dañe más a Petra.

Esta vez si que rozó el límite de su paciencia, que era prácticamente nula. Le agarró por la camiseta y lo levantó hacia arriba con fuerza. A pesar de su estatura, su fuerza era tan grande que no podía ni rozar el suelo. Se estaba asfixiando.

- Escúchame bien mocoso, te lo estoy pidiendo como un favor. Yo también estoy preocupado por su amiga. No tengo contacto con ninguna de ellas. Y Hanji no coge mis llamadas, así que necesito que lo hagas tú. Tú eres el único enclave que me queda con ella, y tú también quieres saber como está Petra, ¿no? – a pesar de su agresividad, parecía haber dureza en sus palabras. Y añoranza

Y era cierto, su corazón le dolía inmensamente desde la última vez que la vio por casualidad, pero la estima que le tenía le pedía a gritos cerciorarse de que estaba bien. Mucha determinación. Sintió como las puntas de sus pies se deshacían de su estado de ingravidez y podía posarse de nuevo en tierra. El agarre se aflojó pero continuaba mirándole fijamente. Sí, no le cabía duda, sentía lo mismo. Pero al contrario que Auruo, a ese siniestro profesor no le faltaba el coraje que no salía de ninguno de los poros de su piel. Y al contrario también que él, Hanji si sentía algo por él, y no había nadie que se obstaculizase entre ambos.

Posó su mirada sobre su teléfono móvil, arrojado semanas atrás sobre la papelera, sin haber sido usado en todo ese tiempo. Parecía apagado y la batería estaba desconectada, mientras lo reconstruyesen tardarían un rato. Se marchó un momento hacia la habitación de al lado dispuesto a coger el teléfono familiar.

Rivaille le acercó el número que debía marcar y asintió con desgana. Comenzaba a oír los tonos de llamada, uno tras otro, haciendo que la agonía de la espera fuese peor. Al fin, una voz alegre y conocida descolgó.

- ¿Quién es?

- Ehm, esto...Soy... A-auruo Bossard – al otro lado del interfono se escuchó un grito de enorme sorpresa – A mí también me alegra oírte, ha sido un tiempo sin hablar. Sí, sería divertido ir a comer a ese sitio – continuó conversando banalmente sin ser capaz de dirigirla hacia donde quería.

- Pregúntale de una vez donde está. No es tan difícil – Rivaille le miraba con frustración e impaciencia desde el otro lado de la habitación.

- Esto... Hanji, ¿como está Petra? Después de lo que ocurrió, no me atrevo a llamarla – mentira, su móvil destrozado mientras era reconstruido por la otra persona en la habitación era la prueba de que se había forzado a sí mismo a romper el contacto con el mundo exterior.

- Ah... Petra... - sin respuesta al otro lado – No la he visto desde hace un mes y medio. Ese día discutimos, y me pidió que me fuera. Ahora estoy con unos amigos, así que no te preocupes por eso. Un día... un día lo arreglaremos. Pero por ahora es mejor que no forzar nada.

- ….– el sudor le recorría la espalda, su mirada era cada vez más intensa. No se atrevía a pedirle que si quería ver al hombre que se encontraba en la sala junto a él. Y menos tras esa declaración.

- Quiero pedirte un favor... - su voz dejó de ser animada y se oscureció hasta un tonto de tristeza con el que nunca antes se había expresado – Auruo, si... cuando vayáis a vuestras practicas... ves a Petra, ¿te importaría venir a contarme que tal le va?

Aunque no pudiese verlo, al otro lado del interfono, acariciaba con suavidad el papel gastado de aquella vieja foto. Sus dedos recorrían los bordes haciéndolos añicos. Le hubiera gustado tener al menos una copia, ya que esa se extinguiría pronto.

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La puerta de cristal de aquel edificio parecía especialmente reforzada. Aquella zona estaba habitada principalmente por estudiantes, por lo que la comunidad de vecinos se había encargado de extremar las órdenes de vigilancia para evitar posibles altercados con jóvenes beodos de madrugada. Esa zona incluso parecía haber sido pintada varias veces.

Probablemente, debido al vandalismo. No se había fijado, pero no estaba a demasiada distancia del apartamento al que solía ir cada semana. El hueco que había en su pecho comenzó a agrandarse recordando la herida. Sacudió la cabeza de un lado a otro. No, estaba allí para ayudar a Petra.

Y para hacerlo, primero aquellos dos tendrían que resolver diferencias.

- Es este. Llama – ordenó - La has avisado, ¿no?

- Sí, hablé con ella ayer y me dijo que estaría en casa – tardaba en contestar, típico de Hanji – no le avisé que vendría conmigo. Probablemente se enfade.

- Me da igual si se enfada. Tiene que dejar de ser una cría y enfrentarse a sus problemas de una vez.

Un pitido agudo y prolongado resonó en el interior indicándole a la persona que se encontraba dentro que alguien estaba esperando. Oyó unas agitadas pisadas y el suelo crujir a su paso. Casi se podía oír las risas apresuradas por demorarse tanto en abrir la puerta.

- Ya voy, ya voy – Rivaille se escondió tras la espalda de Auruo con cautela, el chico comenzó a sudar nervioso. No estaba hecho para aquel tipo de planes.

Las bisagras chirriaron y el pomo se giró permitiendo la entrada al apartamento. Parecía algo más delgada que de costumbre y con unas ojeras fuertemente marcadas. Sin duda, no descansaba tranquilamente todas las noches. Más de una la pasaría en vela arrepentida de la discusión con su mejor amiga.

- Perdona por tardar, estaba en el salón y no oía nada. Erd y Gunther tienen la casa insonorizada, para... ya sabes... Prefieren no molestarse mutuamente cuando tienen compañía – rió nerviosa mientras comenzaba a andar despreocupada hacia la sala que se encontraba al fondo.

- Hanji, espera. Perdona, no he venido por el motivo que te dije – prefería dejar zanjado ese asunto antes de verse envuelto en una pelea evitable – He venido acompañando al profesor.

- ¿Profesor?

El muchacho se echó hacia un lado y recargó su peso en la pared. Tras él estaba aquella persona a quién estaba intentando evitar durante las última semanas, él mismo en quién no había podido parar de pensar. Comenzó a caminar hacia atrás chocando contra los muebles. No caigas, no te dejes dominar. No debes hacer esto. Esos eran los pensamientos que se repetía a sí misma.

- R-rivaille... – susurró en voz baja sin apenas poder coordinar sus movimientos con sus palabras – ¿Qué haces aquí?

- No seas cría. He venido a hablar solamente. Si quieres que me vaya dilo, "quiero que te vayas".

Había sido una encerrona. Intentó mandarle la orden a su cerebro para que dijera las palabras que debía decir para actuar como debía. Pero no podía, su boca se negaba a moverse, como si sus labios estuviesen pegados con pegamento. Comenzó a caer hacia abajo dejándose dominar por su peso.

Auruo observó tranquilamente como Rivaille se agachaba y la sujetaba de la mano para que se levantase y pudiesen andar hasta un sofá cercano. Él se sentó enfrente dejándolos a ambos juntos en el mismo espacio reducido.

- Escúchame, quiero que hablemos ambos, con Petra. No hace falta más que mirarte para saber que llevas un mes y medio sin dormir ni comer adecuadamente – claro, no podía ocultar su estado físico a un doctor. Incluso no era necesario ser un licenciado en medicina para darse cuenta de su deplorable aspecto.

- Petra no quiere hablarme. No sé nada de ella desde que me echó de casa – sus ojos se fijaron en sus rodillas donde la mano de Rivaille aún sostenía la suya.

- Tú, Bossard, llámala. A tí te lo cogerá. No tiene nada en tu contra.

- Bueno, yo... - sacó su teléfono móvil de su bolsillo mostrándolo completamente descompuesto – no se si funciona...

- Trae aquí, inútil – Rivaille le quitó el aparato de las manos y comenzó a examinarlo – Deberías aprender a hacer estas cosas, si se te rompe un microscopio en la carrera tendrás que saber arreglarlo. Si no, tendrás que pagarlo.

- No le asustes. Entonces ¿no sabes nada de Petra? ¿No las has visto desde aquel día?

- No, bueno, si la he visto. Pero estaba acompañada y preferí no molestar – dudó al enunciar el comunicado.

- ¿Acompañada?

- De su novio, supongo – una vieja cicatriz que comenzaba a sangrar.

- Petra no tiene novio. Ella es muy amable con todo el mundo, te confundirías. No te preocupes por eso – intentó disuadir las especulaciones que hacía él. Conocía sus sentimientos y no quería que se rindiese por nimiedades.

- …... - por la actitud que tenía ante aquel chico no parecía en absoluto eso – Era un chico de sus misma altura, con el cabello castaño rojizo. La estaba abrazando...y besando... - otra puñalada en la herida – No creo que fuese solo un amigo...

- Un momento... - se mesó la sien pensando en un viejo recuerdo que comenzaba a aflorar – No, dudo que sea él. Petra no está tan loca. De todas formas, Auruo, ese chico por casualidad …. - señaló su nariz haciendo un ademán refiriéndose a algo grande y abultado.

- No creo que deba decir esas cosas. Pero...

- Tenía la nariz más grande que su cara – apuntó Rivaille que aún continuaba montando las piezas del objeto.

- Mierda – eso significaba algo malo. Algo realmente malo, y solo le hacía sentir más y más culpable. Intentó serenarse buscando alternativas – Quizás solo sea una posibilidad. Petra nunca volvería con Kabei...

- Así lo llamaron unas chicas que hablaban de él – la expresión de Hanji se volvió cada vez más dolida. Ese tipo tenía una historia detrás que se le escapaba - ¿Qué pasa? ¿Quién es ese tío?

- Kabei es... - se mordió la lengua endurenciendose ante sus futuras palabras – el exnovio de Petra. Un cabrón hijo de puta que se dedicó a atormentarta durante parte de su adolescencia. Cuando entramos a la universidad, por fin decidió dejarle y pasar página.

- ¿Qué hizo si puede saberse? - el profesor comenzó a pulsar teclas comprobando la operatividad del teléfono y encendiéndolo.

- La engaño bastantes veces. Y la forzaba a … - no podía decir eso delante de Auruo, le haría pedazos – Digamos que era muy controlador y obviamente no me toleraba porque yo me tiré 3 años intentando que lo abandonase. Ella estaba cegada porque era su primera pareja y pensaba que la culpa era suya... No vio como era hasta que...

Guardó silencio por unos instantes y entonces se tocó las costillas como si recordase una vieja agresión.

- Intentó agredirme y Petra se interpuso. Desde ese día su nombre no volvió a salir en ninguna conversación. Debe estar muy dolida para haber recurrido a él... - de nuevo afloraba ese horrible sentimiento de culpa que la quemaba por dentro – Joder, esto es por mi culpa.

- No es por tu culpa. Sino por la mía – colocó la carcasa con suavidad y la arrojó a Auruo – Prueba a ver si funciona ahora. Tenemos que localizarla cuanto antes.

La máquina emitió un leve pitido indicando que efectivamente tenía algunas llamadas perdidas y mensajes sin leer. Pasó el dedo por el teclado táctil y se dirigió a su correo para constatar lo mensajes acumulados. Parpadeó varias veces. Más de 40. ¿Quién había enviado tantos?

Message from: Petra.

Hola, ¿como estás?

Received on: Month, 9th

La fecha que ponía parecía coincidir con el día en que arrojó su teléfono a la papelera. Continuó leyendo.

Message from: Petra

Hoy hace muy bien día, si quieres podríamos ir a repasar al aire libre.

Received on: Month, 11st

Message from: Petra.

¿Estás resfriado? Intento llamarte pero me sale apagado.

Cuídate.

Received on: Month, 16th

Decenas de mensajes y mensajes cada vez más y más preocupantes. Hoy he visto un chico con sus hermanos pequeños y me acordé de tí, ¿cómo están ellos?. Pasado mañana tengo que ir a recoger unas muestras, ¿podrías acompañarme?. Más y más, cada vez escritos con mayor rapidez y con mensajes desgarradores.

Necesito salir de casa. Me angustia estar aquí. Hace mucho tiempo que no vamos a la biblioteca, si quieres puedo pedir permiso. Parecía insistir en quedar con ella pero, ¿y ese chico? No estaba seguro de que aprobase esa cercanía con ella, probablemente escribía aquello a escondidas.

Se quedó paralizado tras recibir el último mensaje. Había llegado hacía escasas horas. Ese mismo día.

Message from: Petra

Auruo, necesito pedirte un favor. Por favor, necesito verte

cuanto antes. Llámame cuando leas este mensaje.

Te echo de menos.

Received on: April 23rd

¿Qué significaba aquel mensaje? Hanji se dio cuenta de su confusión y se aproximó leyendo los textos acumulados durante más de un mes. Un por cada día. Incluso, hasta varios en el mismo día. Algunos solo frases banales y educadas, pero otras parecían mucho más intensos y cargados de una agonía que intentaba pasar desapercibida. Pero no a sus ojos.

- Hanji, ¿qué significa esto?

- Parece...desesperada – más que desesperada, parecía estar gritando ayuda casi sin oxígeno - ¿Qué le ha hecho ese imbécil? Auruo, llámala, ¡Ahora!

- S-sí.

Sus dedos se apresuraron a buscar su número en su agenda de contactos. No vaciló en intentar contactar con ella. Las manos le temblaban de impaciencia, algo malo estaba ocurriendo, pero no podía imaginar el qué.

El sonido onduló hasta que un ligero click indicó que se había contestado.

- Auruo... - contestó en voz baja. Parecía triste, ¿estaba llorando?

- ¿E-estás bien? P-perdona, mi móvil estaba estropeado y no pude ver ningún mensaje.

- No... importa... - el ruido de fondo pareció variar. Como si se estuviese trasladando de un sitio a otro más silencioso – Auruo... - volvió a disminuir el tono de su voz - …. ¿Puedes venir a mi casa ahora?

- ¿Qué te ocurre Petra? - Hanji se acercó a él para oír mejor la conversación cada vez más preocupada - ¿Tienes algún problema?

- No, es solo que... Necesito salir de aquí...Despejarme

- Espera un momento. Voy para allá.

- G-gracias – de nuevo ese tono lastimero que parecía estar ensombrecido por las lágrimas – De veras que te lo agradezc-

un ruido extraño e intermitente. Alguien le había arrebatado el teléfono y lo había arrojado en algún lugar de la habitación. Aguzó el oído y pudo oír algo de fondo. Discusiones.

- ¿Quién era ese tipo? Me niego a que lo veas nunca más.

- S-solo es un amigo. Hacía mucho tiempo que no hablo con él y quería verlo, solo eso.

- No te creo – un sonido fuerte, como un latigazo – ¡Mírame a la cara y no me mientas! - silencio en respuesta – Muy bien, no quieres hacerlo por las buenas. Lo haremos por las malas.

Otro sonido fuerte, y algo parecido a un chillido. Ese malnacido la estaba golpeando. Sin pensar en ningún momento salió disparado por la puerta acompañado por Hanji y Rivaille.

- Auruo, ¿qué pasa?

- ¡Creo que le está haciendo daño a Petra! - le pasó el auricular y se oían golpes sordos contra algún tipo de superficie blanda, añadido a unos pequeños chasquidos húmedos.

No podían perder más tiempo. No podían dejar que la forzase de nuevo de esa manera. Como años atrás. Si era necesario la rescataría las veces que fuese necesario hasta que Kabei desapareciera de su mente. Era su amiga, no pensaba dejarla sola. Nunca.

- ¡Petra, aguanta, vamos para allá! - gritó sin querer con la voz entrecortada.

- ¿H-hanji? - su voz sollozante comenzó a pedir auxilio desesperada – Hanji... ayúdame...

Después un fuerte crujido y la llamada se cortó. Había roto toda conexión con ella. La sangre comenzaba a acumularsele en las venas de su frente. Iba a pagar con creces lo que le había hecho.

Contempló con determinación la abertura. Cerrada. Se agachó y buscó la copia que comenzó a dejar bajo el felpudo tras la última vez que olvidó cogerla. Kabei no era tan astuto como se creía, aún estaba allí. Pero, al girar el cerrojo se encontró con la cadena echada. Sí, si era lo suficientemente inteligente como para eso.

Chillidos desde el interior. Su respiración se aceleraba por momentos.

- Ven, Auruo, derribemos la puerta – apartó a Hanji de la trayectoria y le indicó al chico la orden para lanzarse.

Uno, dos, tres. Un primer golpe. Apenas se movió. Retrocedieron y lo volvieron a intentar. Uno, dos tres. Esta vez con más fuerza, el enganche de la cadena crujió sin llegar a ceder. Hanji se interpuso en su camino y propinó una fuerte patada consiguiendo que terminase de caer.

Siguieron el rastro de las súplicas agonizantes hasta el baño del cuarto de Petra. La puerta estaba completamente abierta. No hizo falta coordinar demasiado para comprender lo que había pasado. Ella estaba hecha un ovillo dentro de la bañera, tapándose a duras penas con los restos de tejido que apenas cubrían su cuerpo. Aquel chico que vio semanas atrás se encontraba frente a ella intentando intimidarla, nada que ver con la escena confusa que había presenciado. No parecía su novio, parecía un violador.

No le dio tiempo a que sus neuronas reaccionasen ante lo que estaba sucediendo. Antes de que pudiera darse cuenta le había asestado un puñetazo en mitad de la cara, empujándolo hacia atrás, golpeándose la nuca contra los azulejos resplandecientes.

Petra salió disparada de su refugio hacia los brazos de su amiga mientras Auruo forcejeaba con el agresor.

- Lo siento, lo siento, lo siento – gritaba desesperada – Por favor, no vuelvas a irte...

- Tranquila, no volveré a irme.

Embutidas en un cálido abrazo mientras le colocaba su chaqueta para que se tapase. Temblando, asustada, confusa. Aquellos ojos grisáceos se posaron sobre el agresor, intimidantes. Era un cobarde, atacar a alguien que era claramente más débil que él. Sentía ganas de arrancarle la traquea en aquellos instantes, pero se contuvo. Era mejor que la chica atemorizada no viese esa escena.

- Auruo, llévate a Petra de aquí. Nosotros nos encargaremos de sacar la basura.

La sujetó entre sus brazos y la sacó de allí intentando tranquilizarla. Era mejor separarla cuanto antes de aquel sitio. Hanji se levantó y le acompañó hasta allí. Los rastros de los estragos causados por él dejaban claro en que circunstancias estaría aquella habitación.

- Ven, que duerma hoy en mi cama. Estará mejor – sugirió. Prefería no observar el estado en que se encontraría la de Petra y dudaba que ella quisiese pasar la noche allí.

Abrió las sábanas y la tumbaron allí, aún tiritando y sin soltar el agarre con su amiga. Giró su cabeza hacia atrás y tomó una decisión. Kabei se acordaría de ella durante el resto de su vida.

- Escúchame. Voy a echarlo de casa y a arreglar la puerta – sonrió tranquilizadoramente – No te preocupes. Vamos a estar aquí contigo.

Él se quedó allí con ella. Sentado a su lado, sin moverse. Demasiadas emociones en un día, demasiados sentimientos cargados de resentimiento y aceptación. Demasiadas inseguridades. Esto tenía que acabar. Debía comenzar a pensar más en ella misma sin dañar a nadie. ¿Habría llorado lo mismo Hanji que ella por su separación? Añoraba el verla mediodormida por la cocina con una taza en su mano.

Añoraba cenar los cuatro juntos mientras reían. Pero su egoísmo, su excesiva fijación con un cariño imposible la habían apartado. Y se había consumido en un amor imaginario que nunca había existido. Kabei nunca había sido lo que ella necesitaba. Lo sabía mientras marcaba cada una de esas teclas a diario.

Sus ojos comenzaron a humedecerse poco a poco mientras sus párpados caían con fuerza.

- Auruo, quédate conmigo por favor – fue lo único que llegó a decir.

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Patético. Era lo que siempre había pensado cada vez que le veía. Había dañado la salud mental de ella durante décadas y aún así se creía lo suficientemente desgraciado como para aparecer en los momentos más inoportunos.

- He llamado a la policía. Si no sales inmediatamente de mi casa, no dudarán en arrestarte. Así que lárgate – miró impasible a su figura con la nariz rota. Que ironía, en el fondo le habían hecho un favor – Te estoy dando una oportunidad de que te largues, en otras circunstancias no sería tan benevolente.

- Asquerosa puta – la saliva llegó hasta su cara manchándole la mejilla. A algunos les gustaba jugar con fuego – ¡Me aseguraré de que tu vida sea un infierno, perra!

Suficiente. No necesitaba oír ninguna palabra más. Le asestó un puñetazo en el estómago y sintió en sus nudillos como se quejaba una costilla. Esperaba que eso fuese una advertencia lo bastante clara.

- Hanji tiene una manera demasiado dulce de hablar. Te lo diré yo de la siguiente manera – agarró su cuello apretándole con fuerza mientras lo acercaba a su cara – Si vuelvo a respirar tan siquiera el mismo aire que tú me aseguraré de que no puedas reproducirte en lo que te queda de existencia - soltó con fuerza su agarre y lo tiró hacia el suelo – Largo.

Acorralado, comenzó a resbalar con sus propios pies mientras huía. Era una imagen demasiado cómica. No pudo evitar reírse en voz alta mientras le veía correr apresuradamente. Se lo pensaría dos veces antes de volver a intentar acercarse a Petra.

Su mente se había estabilizado, dirigió sus tobillos en dirección hacia donde la había dejado. Esperaba encontrarla dormida tranquilamente en su cama. Aunque, difería un poco de lo esperado. Se había tumbado tiernamente junto a aquel chico dormido dejándose abrazar. Por esta noche lo necesitaba.

Sintió su presencia tras ella y supo que ella tampoco podía huir más.

- He llamado a los padres de Auruo para que no se preocupen. Les he dicho que esta noche la pasará en mi casa. Su madre ha sido muy amable y comprensiva – se notaba que tenía experiencia como docente, incluso en aquellos momentos se notaba que sabía bien cual era su deber.

- Lo siento – expresó mientras cerraba la puerta y les daba intimidad – Por todo.

- Ya veo – no parecía alterado como otras veces, rebuscó en su bolsillo y sacó un papel arrugado que reconoció al instante – ¿Qué quieres que haga con esto?

La carta. Aquello que se había arrepentido de hacer en el mismo instante en que lo firmó. Romper lo único que la mantenía cerca de él, lo único que la unía a él. Romperlo. Le quitó la carta de las manos y contempló su propia letra con su nombre escrito. Era realmente horrible, aquello no merecía existir.

La sujetó con fuerza por sus pulgares y la rompió sin dejar de mirar al suelo. Ambos pedazos cayeron al suelo reflejando su decisión final. No quería perder nada de lo que le importaba. Y aquel acto precipitado había hecho que perdiese una de las cosas que se habían ganado relevancia en su vida. Como si abandonase sus propios principios.

Metió sus manos en sus bolsillos en señal de derrota y los sintió algo vacíos. Rebuscó entre los pliegues del pantalón. Nada. Había vuelto a olvidar las llaves. Se había hecho tarde, volver a esas horas supondría molestar a sus nuevos compañeros de piso. Se encontraba en una encrucijada.

- Vente a dormir a mi casa. No te vendrá mal descansar de verdad por una vez – agarró su mano y comenzó a andar con ella.

- Gracias. Me conformo con la cama del cuarto pequeño. Parecía cómoda – entrelazó sus dedos con los suyos y comenzó a sentirse cada vez más cansada.

- No, duerme en mi dormitorio. El colchón es más blando – sí, lo recordaba. Tan cómodo que podría haberse quedado dormida encima de él sin esfuerzo alguno.

- No puedo dejarte que duermas en el otro. Es tu casa.

- En tal caso, déjame que duerma contigo.

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Y fin del capítulo. El próximo... va a ir con especial inspiración.

¡Nos leemos!