Buenas. Les presento el capítulo 7. Siento yo que va a empezar a agarrar rumbo esta historia. Y respondiendo a los reviews. Más bien al comentario.

The Chronicle Fox: Interesante la pregunta sobre Jill, ¿Estará al tanto de los negocios de Nick? Pronto lo sabrás, me dio risa tú comentario sobre Judy, y gracias por el review.

Ni Zootopia ni sus personajes me pertenecen, esto solo es una actividad de ocio y entretenimiento.

Opio en las montañas

Los vehículos iban de un lado para otro, chicos, grandes y unos, exageradamente chicos o exageradamente grandes; toda clase de automóviles inundaban las calles con el típico y tan cotidiano, pero necesario, pitar del claxon; y hablando de vehículos, una pequeña cajita con ruedas y un par de faros y sirenas en la parte superior, llevaba consigo a dos animales totalmente distintos, un depredador y una presa, un zorro astuto y una tierna coneja.

Tac, tac, tac… Una y otra vez, Nick, que se encontraba sentado en la parte trasera del vehículo reparte-multas, tecleaba fuera lo que fuera, la pantalla de su móvil; pues al no tener otra alternativa, era su única distracción mientras guiaba a Judy hasta el local de la cobaya en busca de una pista. Tac, tac, tac… El aburrimiento provocado por estar quieto, lo empezaba a hacerse preguntas ¿El cielo siempre fue azul? ¿Qué llegaría a cenar al rato? ¿Qué tan suaves serán las orejas de la coneja? Era verdad que ese pensamiento le había pasado por su cabeza, pues al ver como aquellas largas y peludas orejas respondían ante cualquier sonido, alzándose y girando pareciera que unos 360°, le daba curiosidad comprobar si en realidad eran tan suaves como parecen, nunca antes había estado tan cerca de un conejo ¿Serán tan sensibles?

Atenta al camino, a los vehículos y sobre todo a los peatones, Judy conducía su pequeño transporte, con su ahora aprisionado ayudante vulpino. En un lapso no mayor a 15, 20 minutos, habían arribado al mercado donde se ubica el negocio del señor Cullins, que por ahora se encontraba cerrado, debido a que, por el momento, el señor Cullins se encontraba indispuesto para realizar sus labores mercantiles.

Caminando entre los pasajes del sitio, Nick y Judy ganaban unas cuantas miradas curiosas, primero, el mismo zorro de hace unos días, merodeando por el mercado vegetariano; segundo, una coneja policía, no hay más que explicar; y tercero, un depredador y una presa, totalmente opuestos, y siendo enemigos naturales ¿Juntos? No era nuevo que existiera convivencia entre depredador y presa, existía el dialogo y necesidades de establecer relaciones entre los dos grupos, pero generalmente se daba por situaciones en las que se realizan actividades de dudosa legalidad, y ¿A plena luz del día?

Con sus patas en los bolsillos, desinteresado, Nick seguía, a pasos largos y lentos a la oficial Hopps, que desde hace unos instantes le estaba hablando, pero el vulpino sumido en su desinterés había ignorado la voz de la coneja.

− ¡Hey! ¡Hey…! ¡HEY…!

Sacudiéndose un poco debido al inesperado grito de la oficial, Nick desconcertado y perdido, se detuvo para mirar a Judy.

− Eee… ¿Me hablabas?

Con las patas en las caderas, Judy soltó un pesado suspiro, no tenía sentido volver a preguntar, no por el momento.

− Solo camina – Sentenció para seguir por delante de Nick.

− Ok, Tu eres la jefa – Tras decir esto, salió tras Judy.

A los pocos minutos, ambos animales habían llegado a su destino, un pequeño negocio de ladrillo y con entradas para la luz, era deprimente la construcción, y ahora que no se encontraba abierta, aún más.

− Bien, aquí es… − Dijo el vulpino, mientras señalaba con una pata que recién sacaba de sus bolsillos.

Sin más que esperar, Judy corrió al frente del local para poder observar el interior. Obscuro, no lograba ver nada a más de un metro.

− Dulces galletas con queso

Nick, caminando lenta y tranquilamente, se acercó por la espalda de la oficial.

− Vaya… es una lástima que no lleves una orden contigo.

Con una mirada rápida y el ceño fruncido, Judy miró a Nick y luego se acercó a la puerta, logrando que el zorro alzará una ceja por tan repentino y rebelde acto.

− La cosa es… − Dijo mientras se detenía justo en frente a la puerta – No necesitas una orden con causa probable y puedo asegurar que esta cerradura fue forzada – Finalizó para empujar la puerta y entrar al interior del lugar.

Nick, al pasar junto a la puerta, logró ver que en el cilindro se encontraba lo que era la punta de un cuchillo y tanto el tirador como el pestillo, se encontraban rotos. En el interior, veía como Judy, con ayuda de la linterna de su carrotphone, buscaba en un escritorio, abriendo cada cajón que tenía.

Con poca visibilidad, proporcionada por su móvil, nuestra coneja movía toda clase de cachivaches y papeles que se encontraban dentro de las gavetas, como no podía realizar su trabajo de una velocidad que a ella le hubiera gustado, comenzó a desesperarse. Fue hasta el momento en que una luz iluminó toda la habitación, deslumbrándola. Con su pata en alto, Judy se cubría de la luz, para poder ver alrededor de ella, deteniéndose al ver a cierto zorro recargado en una pared, mientras que una de sus patas se encontraba sujetando un apagador, y una sínica sonrisa dibujada en su rostro.

Apenas vio que la coneja apagaba la linterna de su móvil, Nick se acercó para ver sí necesitaba de su ayuda.

− ¿Necesitas ayuda? – Preguntó mientras se inclinaba ligeramente hacia el frente.

− Revisa los cajones de ese escritorio y avísame si encuentras algo – Respondió Judy sin apartar la vista de su labor.

− Como ordene madame… − Expresó mientras procedía reverencia.

Haciendo caso desinteresado a las órdenes de Judy, Nick se acercó al escritorio que le había indicado para abrir y dar un vistazo rápido al interior de cada cajón.

− Interesante… − Dijo Nick con una ceja en alto tras divisar el interior de una gaveta.

− ¿¡Qué!? – Preguntó Judy que había llegado en menos de un segundo tras escuchar al zorro − ¿Qué encontraste?

− Gazelle dará un concierto en la ciudad dentro de 8 días – Dijo señalando una revista sobre farándula en la que en la portada aparecía una atractiva gacela.

− Ash… − Volteando los ojos, se dio vuelta y volvió al lugar donde estaba buscando.

Revolviendo el interior de los cajones, Judy buscaba por algo que le diera pista de quien era el animal responsable por el suceso ocurrido. Encontrando, desde material de escritorio, comida echada a perder, hasta imágenes de pequeñas hembras posando con pocas prendas; a Judy le empezaba a dar asco los hábitos del señor Cullins.

Y en el último cajón de aquel mueble, apareció una pequeña libreta, la cual comenzó a leer de inmediato.

Pasando hoja por hoja, nuestra querida coneja leía en ella, un listado de nombres, fechas y transacciones realizadas (compra-venta de especias). Los datos en ella no eran de utilidad, venta de orégano, de clavo; compra de romero, laurel… nada de lo que estaba anotado en la libreta le servía. Recorriendo varias páginas a la vez, la frustración de no encontrar un indicio, solo aumentaba su desesperación, pero hubo un nombre, algo que la tranquilizó, una transacción realizada hace unos días.

N. Wilde, compra de "hierba de los dioses".

No era algo nuevo, pero por lo menos tenía registro de cada actividad que realizaba, por lo que, por lógica estaría anotada la venta de aquel producto. Buscando en las últimas páginas en las que había registro, Judy, encontró lo que buscaba, sin embargo...

Venta de "hierba de los dioses" y "adormidera", C.

No había registro del nombre del cliente, solo una letra, que podía corresponder a un número muy grande de animales.

− "Rayos" – Maldijo mentalmente.

Pero… No todo estaba perdido, Nick le había vendido uno solo de esos dos productos, por lo que algún otro animal debió proporcionarle la otra planta. Regresando un par de páginas, encontró aquel registro, una compra tres días antes que la de Wilde, proveedor:

…Félix Penn

− Compra de opio… − Dijo Nick, que había parecido por la espalda de Judy, haciendo que esta volteara.

− Así parece − Respondió, para regresar rápidamente su vista a la libreta.

− Quien diría que nuestro pequeño amigo estuviera envuelto en esa clase de negocios – Comentó, un tanto sínico e hipócrita – Espera… −Acto seguido, Judy se quedó quieta – Lo conozco – Dijo mientras ponía su dedo sobre aquel nombre, Félix.

− ¿Lo conoces? – Preguntó un tanto extraña.

− Si, es distribuidor de droga en la parte alta de Tundratown.

− ¿De dónde lo conoces?

− Hace años trabaje con él – Sin tiempo para explicar, Nick volteó hacia Judy, que lo veía con una mirada inquisidora, esperando una explicación – Turismo de aventura, éramos guías en el Monte Mitchell.

− ¿Y qué pasó? ¿Acaso eran tan malos?

− Que graciosa… No, trabajábamos durante el invierno, cuando nevaba y… − Hizo una pequeña pausa – No había mucha demanda por los recorridos en esas temporadas, por lo que hubo… un recorte de personal.

− Así que los despidieron… − Nick solo asintió con la cabeza – Y ¿En dónde lo encontramos?

− ¿Encontramos? – Preguntó sorprendido – Oh no, el trato es que te ayudaría a encontrar a un culpable y ahí tienes su nombre.

− No tan rápido… primero, él es un sospechoso, al igual que tú, y si no comprobamos que tiene relación directa con el ataque, entonces estaremos como al inicio, y segundo, la libreta la encontré yo, por lo que tú "gran aportación" – Haciendo comillas con los dedos – No ha sido de mucha ayuda, así que, tendrás que llevarme con él sí quieres apoyar en algo.

Con el ceño fruncido y la mirada molesta, Nick se cansaba de los chantajes de Judy, aunque fuera apenas el segundo, pero ya comenzaba a pensar que no se zafaría de esta tan fácil. Pero un segundo después, se calmó y dibujo una relajada sonrisa en su rostro.

− Bien, quieres que te lleve con él, entonces vamos – Pasando de largo a Judy, que de inmediato lo siguió, ambos se dirigieron a la patrulla para partir hacia Tundratown.

Una leve ventisca acompañada de pequeños copos de nieve, daban el característico clima gélido de la región, mientras que, por las calles, un zorro y una coneja viajaban hacía la parte de alta del distrito. Entre más altura, más frio, esto al parecer a Nick, no era un problema, por el hecho de que los zorros son muy adaptables al entorno en que se encuentran; sin embargo, para Judy, que no estaba acostumbrada a este tipo de climas, comenzaba a causarle problemas, rápidamente sentía como el aire se volvía más frio, haciendo que sus orejas bajen en busca de calor.

− Ay no… − Exclamó Nick, fingiendo preocupación − Es una lástima que no trajeras un vehículo con mayor potencia.

Judy que había seguido las indicaciones de Nick, ahora se encontraba con la boca abierta, estacionada frente a una calle que lucía muy inclinada, muy larga, y que se perdía entre, lo que parecía ser las nubes, aunque en realidad solo fuese neblina, pero tenía el mismo efecto visual.

− Sabes, será mejor vengamos en otro día, que tengas un mejor vehículo… − Dijo el vulpino cerca del oído de Judy, quien, frunció el ceño y se mostró determinada.

− No lo subestimes – Sentenció fuerte.

− Vaya… que valiente… − Expresó burlesco.

Judy, acelerando de una manera constante, comenzó a subir por la pendiente, aunque no fue mucho su avance; apenas había subido un metro, el vehículo dejó de trepar, e incluso, comenzó a descender un par de centímetros.

− No, no, no, no… − Exclamaba al ver como bajaba por la pendiente, por lo que piso a fondo para tratar de subir.

Las llantas comenzaban a quemar, marcando el asfalto con cada giro que daban, el sobreesfuerzo que realizaba el motor hacía que empezara a salir vapor de este.

− Vamos tu puedes, tu puedes, tu puedes… − Decía Judy, con los ojos cerrados y rogando por avanzar.

Y, aunque pareciera un milagro, las llantas comenzaron a subir lenta pero constantemente, a lo que Judy pudo notar, pero eso no hizo que abriera los ojos, solo que siguiera hablando para sí y para el coche.

El tiempo parecía que no trascurriera, esa subida parecía eterna, pero Judy, empeñada en subir lo haría. Con unas perlas de sudor formadas en el pelaje de su frente, nuestra coneja se estaba cansando por el esfuerzo que estaba haciendo por mantener el vehículo en movimiento.

− Un poco más… − Decía entre dientes – Ya casi esta… ya casi llegas…

− Sabes… − Habló Nick aún lado del vehículo, para después darle una lamida a una paleta – Sí hubiéramos empezado a caminar, en lugar de intentar con el coche, ya estaríamos arriba.

− He… ¿¡Qué!? – Dijo sorprendida tras abrir los ojos y ver que apenas se encontraba a metro y medio del punto de partida, para luego estrellar su cabeza contra el volante por la frustración y todo el esfuerzo en vano.

Resignada y sabiendo perder, Judy, metió reversa y fue a estacionar su ahora maltratado vehículo. Luego de estacionarlo, fue de nuevo a la subida, donde lo esperaba Nick.

− Bien… sigamos – Dijo nuestra coneja de manera seca, pero rápido se detuvo, por su curiosidad − ¿De dónde sacaste eso? – Preguntó señalado la paleta del zorro.

− Veras… − Dijo para después darle otra lamida a la paleta y luego seguir con su relato – En lo que tu intentabas subir, se me antojó una paleta, así que fui al parque a comprar una −Finalizó para luego darle una lamida más a su golosina.

− ¿Al parque? – Preguntó confundida – Lo pasamos hace seis cuadras.

Nick, probando nuevamente su dulce, contestó.

− Así es…

No podía creerlo, había bajado del vehículo, ido al parque, comprar, y quien sabe que más cosas; mientras que ella solo había avanzado metro y medio, fácil había perdido 20 quizás 30 minutos.

− Vamos – Dijo Nick, pero ambos animales se detuvieron al escuchar una voz que llamaba al zorro.

− ¡Nick! ¡Nick! – Gritaba un animal, que Nick conocía, y que se acercaba corriendo a pasos lentos hacia ellos.

− ¡No puede ser! – Exclamó por debajo de su tono habitual − ¡Carajo!

− ¿Qué ocurre? – Cuestionó la coneja.

− Shh... No hables – Silenció a la Judy, que estaba por abrir la boca.

Karma, destino, sea lo que sea, el zorro sentía un nudo en la garganta, ya podía sentir las garras de aquel animal ahorcándolo.

− Hola Nick – Habló aquel animal, que se encontraba frente a ellos.

− Hola… − Respondió con algo de duda en la palabra − …Miranda.

La osa polar solo bufó y luego lo corrigió.

− Ivaana.

− Ivaana – Hablaba con nerviosismo – No creí volver verte… tan pronto – Agregó eso último.

− Ni yo, pero apenas te vi a lo lejos y pude reconocerte.

− ¿Enserio? – Su voz se iba, una sonrisa preocupada lo empezaba a delatar.

− ¿Está todo bien? – Preguntó al ver como Nick hablaba y que una oficial lo acompañaba, por lo que su mirada comenzó a ir de uno al otro.

− Eh… si, está todo bien… − Respondió al ver que veía a Judy – Pasa que… − Pensó durante un segundo – La oficial eh… − Trataba de trabajar una mentira creíble, y claro, de recordar el nombre de la coneja – Jenny… − Judy, volteó indignada, e incluso iba a hablar, pero mejor decidió hacer lo que le dijo, callar – Está buscando un amigo mío… ya que… tiene un problema con… − Esperando un milagro, o algo de inspiración, Nick, volteaba disimuladamente en busca de una cosa que le sirviera de excusa, hasta que vio el vehículo reparte-multas – Su registro vehicular.

Ivaana lo veía confundido, la seguridad con la que hablaba no era la misma, de hecho, no la tenía.

− Vera… − Habló más calmado – Un amigo, tiene problemas con unos datos en su registro, y estoy llevando a la oficial para que pueda verificarlos.

− Ya veo, y ¿No era más fácil hacer una llamada?

− A la oficial, le gusta hacer las cosas de manera más personal.

La osa parecía meditar lo que le había dicho.

− Entiendo… – Dijo mientras asentía levemente y pensaba, con una pata en la barbilla.

Mientras que Nick tragaba saliva.

− En fin… − Dijo la osa, a lo que Nick suspiro aliviado – Quería mencionarte que hablé con mi esposo, le conté de ti y tu hijo…

− ¿A sí? – Dijo un tanto nervioso, mientras Judy solo veía confundida la escena.

− ¡Si! Te explico, mi esposo es médico general en una clínica privada, y dice que hay un método experimental que está funcionando en casos parecidos al de tu hijo, y que incluso, sí decides aceptar, te daría descuento y facilidades de pago, sin intereses ¿Qué te parece? – Ivaana solo esperaba a que el zorro respondiera, pero parecía estar en shock.

Un segundo después, reaccionó, agitándose un poco al hacerlo.

− Vaya… Es muy amable de su parte.

− Toma – Le dijo mientras le pasaba un número y una dirección, anotadas en una tarjeta – No te quito más tu tiempo, nos vemos Nick − Y tras esto, la osa siguió su camino.

− Nos vemos – Decía en un leve grito para que la escuchara.

− Que tenga un buen día señor Wilde – Respondía casi gritando mientras se alejaba – Y deseo que tu hijo se ponga mejor.

− Hasta luego – Y al ver como la osa doblaba en una esquina solo soltó un pesado suspiro – Uff…

Al darse la vuelta pudo ver a Judy, con las patas cruzadas y el ceño fruncido, esperando una explicación.

− No preguntes y camina.

Entonces Nick comenzó a subir por la pendiente, seguida de Judy, que no estaba satisfecha ni contenta con la actitud del vulpino.

La subida no era fácil, ambos animales empezaban a tener problemas; primero Nick, no estaba acostumbrado a tal ejercicio físico por lo que empezaba a jadear debido al cansancio, y segundo, Judy, que no tenía problemas con el esfuerzo físico ya que como policía debía estar en condición, además de que le gustaba mantenerse en forma, no tenía problemas al subir, pero al no estar acostumbrada a tales climas, el cuerpo empezaba a fallarse, haciendo que temblara con cada ráfaga de viento que la rozara.

Casi arrastrándose, Nick había llegado a la entrada del edificio de apartamentos que buscaba, seguido por Judy que venía castañeando envuelta en sus propios brazos.

− Este es… − Dijo Nick con la respiración entre cortada.

− Entremos… − Habló tiritando.

− Espera… dame un segundo… para que recupere… el aliento – Decía Nick, apoyado en sus rodillas.

− Me estoy congelando… − Respondió mientras se frotaba los brazos con sus patas – Date prisa −Tras decir esto, Judy entro al interior del edificio, el cual, no tenía calefacción, pero era mucho mejor que estar afuera. Acto seguido entró Nick, con mejor postura y actitud.

− Bien… − Dijo Nick mientras cerraba la puerta – Vive en el tercer piso, así que vamos – Y pasó por delante de la coneja, para empezar a avanzar por los pasillos del edificio.

Judy veía el interior del lugar, grafitis en las paredes, luces de neón obscuras, botellas de licor tiradas por todos lados, humo saliendo por debajo de algunas puertas, música de toda clase sonando en cada piso ¿En qué clase de sitios ha estado metido ese zorro?

− Aquí es…

Parado frente a la puerta, Nick le mostraba el lugar donde vive su segundo sospechoso. Al ver la puerta, no le daba buena espina, una puerta blanca, despintada y astillada, y con una mancha en el centro que, era seguro que no era pintura roja, pero era mejor quedarse con la duda.

Toc, toc… Se escuchó el golpeteo sobre la puerta, pero nadie atendió al llamado. Toc, toc… Nuevamente, pero con más fuerza golpearon sobre la puerta, tras unos segundos de espera, una serie de cerrojos comenzaron a sonar, permitiendo que la puerta se abra, parcialmente, permitiendo ver a un animal de altura mediana, pelaje gris, con algunas manchas y ojos grisáceos.

− ¿Quién es? – Se escuchó una voz rasposa y aguardentosa, un tanto temblorosa, así como nerviosa.

− Hola, Oficial Hopps, quisiera que me respon…

Pero apenas empezó a hablar, le azotaron la puerta frente a ella.

− No tienes experiencias en estos casos ¿Verdad? – Bufó divertido Nick.

− ¿A qué te refieres?

Toc, toc… Volvió a tocar.

− Deja que hable – Sentenció firme y seguro, pero al parecer no volverían a abrir − ¡Félix! ¡Abre! ¡Soy Wilde! ¡Necesito hablar algo contigo!

Tras unos segundos de espera, la puerta nuevamente se abrió, parcialmente.

− ¿Wilde? – Expresó aquel animal tras la puerta − ¿Qué, ahora eres policía?

− JA… Sabes, eso ha sido un golpe bajo de tu parte… − Judy solo lo vio molesta ante el comentario – No, vengo a hablar de negocios.

− ¿Negocios? – Se mostró interesado − ¿Qué clase de negocios?

− Te diré, solo si abres la puerta.

− ¿Qué hay del polizonte?

− No te preocupes, está dentro.

El animal, dudo y pensó durante un par de segundos.

− Espera… − Finalizo, para cerrar la puerta, y después comenzaran a sonar un sinfín de cerrojos abriéndose.

− ¿Qué es eso de "está dentro"? – Preguntó en voz baja la coneja.

− Tu solo sígueme la corriente.

Tras quitar el último cerrojo, se abrió la puerta, mostrando a un leopardo de las nieves, cuyas facciones faciales estaban bastante demacradas, su pelaje un tanto enmarañado, y sus ropas, desalineadas totalmente.

− Pasa – Dijo dejando espacio suficiente para que ambos entren. Una vez dentro, cerró la puerta y colocó algunos cerrojos.

Judy, mirando a aquel felino, pudo notar que las patas(manos) le temblaban.

En el interior de aquel cuarto, yacían en el suelo varías botellas, algunas cajas de pizza, y ropa sucia, formando un tapete.

− Creo que le caben unos seguros más a esa puerta – Dijo Nick con su típico tono sarcástico.

− No te hagas el gracioso, ahora ¿Qué querías hablar?

− Claro – Pasando por detrás de Judy, Nick se sentó en una de las sillas que poseía el leopardo – La cosa es… que uno de tus clientes…

− Señor, soy policía y quisiera hacerle unas preguntas − Irrumpió Judy, dejando a ambos depredadores perplejos.

Aquí termina este capítulo y… ¿Qué les pareció?

¿Creen que sean así de suaves sus orejas?

¿Qué tal la manera de indagar de Judy? Y la forma en como está haciendo a Nick.

¿Qué tal la escena del coche y la de Ivaana?

¿Qué les opinan Félix Penn? ¿Les gustó el nombre?

Como dato curioso, los zorros son animales muy adaptables, por lo que generalmente no tienen problemas ante el cambio de habitad, y los conejos, tienden a regular su temperatura con sus orejas, y tomando en cuenta a Judy, que no tiene mucho pelo o "volumen" suficiente para poder estar en zonas frías, he decidido ponerla friolenta, además de que su pelaje debería tornarse blanco al estar en constante contacto con la nieve, pero decidí omitir ese dato, supongo dependerá de la especie.

Preguntas, dudas, comentarios, correcciones, criticas, sugerencias, aclaraciones, cualquier cosa es bien recibida, y la leeré y responderé con gusto.

Espero les haya gustado o haya sido de su agrado.

Saludos y nos leemos pronto.