Capítulo 6
Sakura se encontraba en el solitario andén, esperando al tren, que llegaba unos minutos tarde. La madera crujía bajo sus pies, mientras ya anochecía y los grillos empezaban a cantar molestamente. Después de un duro día de trabajo atendiendo a pacientes en el hospital, la joven se dirigía a su casa. Miró de nuevo su reloj de muñeca con impaciencia. Quería sentarse en el tren y ponerse los cascos para escuchar música a la misma vez que veía el precioso paisaje pasar. Sus párpados le pesaban, y lo único que quería era ir a su cómoda cama.
Cerró los ojos cuando sintió cómo alguien la abrazaba por detrás, rodeándola con sus grandes y robustos brazos por la cintura. Notó cómo la atraía a él, y apoyaba la barbilla en su cabeza, balanceándose suavemente de un lado a otro. La pelo rosado podía notar los latidos del corazón del joven en su espalda, pues estaba apoyada en su pecho. Ella no sabía quién le estaba abrazando, aún así, se sentía tan calentita entre aquellos brazos tan acogedores que no dijo ni una palabra. Simplemente inspiró profundamente, inhalando su rico aroma a hombre. Sin embargo, sabía perfectamente quién era, pero igualmente, preguntó, rompiendo el silencio:
-¿Eres Sasuke-kun, verdad?
Se hizo de nuevo el silencio, pero después de que una brisa se levantase en el andén, notó como su voz ronca y grave le susurraba al oído, haciendo que un cosquilleo le recorriera toda la espalda sin piedad:
-Sí.
Aunque ella ya lo sabía por su sabroso olor corporal, se sorprendió, haciendo que no sólo se le erizara el vello de la nuca, sino que también hizo que su corazón latiera fuertemente, con tanta fuerza como para romper sus costillas. De repente, frente a ellos el tren se paró secamente, provocando que sus cabellos se movieran libremente.
Sin embargo, aunque las puertas se abrieran y saliera una masa de gente enorme de ese tren, quedando vacío por completo, ellos se quedaron en el mismo sitio, aún abrazándose. Sakura se separó de él y empezó a caminar hacia el tren. Sasuke la siguió, y se sentó con ella. La oji-jade ya se había puesto los auriculares cuando el joven se acercó más a ella y le mordió pausadamente la oreja. La joven intentó no soltar un gemido de placer, aunque no lo consiguió. Aun así, tampoco se arrepintió, pues estaban ellos solos. El joven rozó la mejilla de la joven con sus calientes labios, ésta notando cómo él esbozaba una sonrisa traviesa. La apoyó contra la ventana y le empezó a besar peligrosamente el cuello. Ella, jadeando levemente, se separó un poco de él, y preguntó con un hilo de voz:
-¿Por qué me haces esto, Sasuke-kun?
-¿El qué?-preguntó él, acariciándole la mejilla y mirándole los labios.
-¿Por qué te fuiste, así sin más, dejándome sola y haciéndome esperar a que llegase este momento?
-No íbamos a vivir una historia de amor tan corta.-contestó, lamiéndose los labios.
-Sasuke-kun, esto no es un cuento de hadas. No soy tu princesa.-murmuró Sakura, con los ojos ya húmedos.
-Lo sé, tú no eres mi princesa, tú eres mi ángel.
Antes de que la joven pudiera contestar, Sasuke le robó su primer beso por sorpresa. La muchacha, sorprendida, simplemente dejó caer unas lágrimas de felicidad por sus rojas mejillas. Esto era lo que siempre había deseado, aunque la hubiera hecho esperar durante tantos años, aunque la hubiera hecho llorar todas las noches por reinar en sus pensamientos, aunque la hubiera dejado sola, aunque la hubiera tratado así de mal, ella lo seguía amando y esto era lo que quería; estar con él besándose apasionadamente hasta el resto de sus días, daba igual todo lo que le había hecho ese chico tan peligroso, ella lo había perdonado hace tiempo, pues se había quedado ciega por sus ojos tan misteriosos.
Cuando Sasuke se separó al fin, lo primero que hizo la joven fue mirarle sus húmedos labios. Él continuó dándole besos en los labios y en las mejillas. Arrastró los labios hacia abajo hasta llegar al cuello. Siguió besándole suavemente el cuello. Presionó sus labios firmemente sobre el cuello de la joven y mantuvo su boca suave, mientras que con su lengua acariciaba lentamente su cuello. Al finalizar de succionar, volvió a darle delicados besos en el cuello.
La joven, jadeante, sólo disfrutaba del placer y dolor que estaba experimentando en el cuello. Notaba cómo aquellos besos aliviaban su cuerpo. Ahora mismo ella era de Sasuke, era su muñeca y se dejaba hacer lo que él quisiese, eso sí, con unos límites. Al mismo tiempo, el joven también relajaba aquellos podridos recuerdos que quería olvidar en esos besos a la vez que se prometía a sí mismo que no la dejaría ir nunca.
-Sasuke-kun, yo… Te am…-decía Sakura, calló inmediatamete.
-¿Pero qué?-dijo, perpleja.
Aquella mujer había entrado en el tren y había dejado caer las bolsas de la compra al ver a su hija así, apretó el puño con furia y empezó a chillar como si la estuvieran matando:
-¡¿Qué te crees que le estás haciendo a mi hija, sinvergüenza?! Como te coja no saldrás vivo de aquí, ¿me has entendido? Y tú que, Sakura, que te dejas manosear. ¿Tienes la fuerza de Tsunade pero dejas que este patético chaval te haga esto? Tú no te preocupes, que también vas a cobrar, hija mía.
-¡Mamá! ¡No es lo que piensas!-gritó Sakura, aterrorizada y avergonzada a la vez.
-¡Ya lo he visto todo! ¡No hace falta que me expliques nada!-gritaba la madre, mientras un aura oscura la rodeaba intensamente.
Sasuke, también asustado, se alejó de Sakura y echó a correr por el tren siendo perseguido por su madre, y recibiendo alguna que otra patada. Como el tren aún no estaba en marcha, aprovechó para saltar por la pequeña ventana. Mebuki se asomó por la ventana insultándole y tirándole manzanas a la cabeza. Cuando Sasuke desapareció de su vista, se giró y se acercó a su hija dando pisotones.
-¿Quién era aquel… enfermo?-le gritó.
-¡No me pegues!-chillaba Sakura, cubriéndose la cabeza.
-¡Tú contéstame!
-Era Sasuke Uchiha, mamá.-contestó Sakura.
Los ojos de Mebuki se abrieron como platos al escuchar aquel nombre. "¡¿Un Uchiha?! Oh, dios mío. Es buena pieza.", pensó la madre. Se sentó en los asientos del tren, y dijo al instante:
-Bueno, un día invítalo a comer, ¿sí? Tendrás que presentárnoslo, digo yo. Es un cielo de niño. Creo que será un buen padre.
Sakura se quedó sorprendida al escuchar eso. Aunque su madre solía hacerlo si se trataba de dinero. Sin embargo, calló y se sentó al lado de su madre para no recibir unos cuantos tortazos.
