THE LOSER CLUB
Capitulo 7
San Valentín… esa fecha maldita para los solteros, descorazonados, amargados y comunistas… San Valentín, el día en que si no tienes pareja eres miserable y el mundo entero resalta aún más esa misma miseria que te consume junto con tu soltería… San Valentín… ese día especifico en el que puedes romper la dieta para tragarte tu tristeza con sabor a chocolate. Y por último, San Valentín: el día menos favorito para el Losers Club.
-Día de mierda- espetó Feliks mientras iba por los pasillos refunfuñando y arrancando sin ningún reparo tontos cartelones coloridos que las chicas pegaban con declaraciones de amor a sus prospectos; solo pasaba y los rasgaba ignorando los reclamos, chillidos e insultos que provocaba por eso.
-Maldita gente feliz- dijo también Alfred que como muy raras veces, iba con el ceño fruncido, con un comic entre sus manos y la nariz enterrada entre las páginas de la historieta.
-Día de mierda y maldita gente feliz- contribuyó Lovino que iba con un aura más asesina que de costumbre y que hacía que más de uno se alejara de ellos.
-Demasiada gente enamorada… demasiada gente… demasiado amor… demasiada azúcar- murmuraba Kiku que iba con sus manos en los tirantes de su mochila mientras caminaba rápidamente entre el ambiente que se había tornado literalmente rosado gracias a todos los globos, rosas, presentes, carteles, decoración y las parejitas que parecían estar pegadas con caramelo fundido además de los grupitos de amigos se hacían intercambios de cursis ositos de peluche.
-Malditos todos- dijeron al unísono Feliks, Alfred y Kiku dejando a los hermanos Bielshmith realmente confundidos por esa repentina actitud resentida.
-O…oigan ¿Qué les pasa?- preguntó Ludwig sin explicarse ese pésimo humor.
-¿Tienen arena en los calzoncillos o porque ese genio del carajo?- preguntó también Gilbert soltando risas desdeñosas al pensar que su broma había sido graciosa, pero en lugar de eso los tres muchachos voltearon a verlos con caras malhumoradas pero no solo malhumoradas… ¡Muy malhumoradas! Tanto que pudieron escuchar un gruñido gutural por parte de los tres casi al mismo tiempo.
-¿Por qué habríamos de estar de buen humor cuando es 14 de Febrero?- preguntó Alfred y los hermanos alemanes se miraron el uno al otro como buscando una respuesta en su respectivo consanguíneo.
Hay que mencionar que los hermanos Bielshmith no entendían el mal humor de los chicos puesto que ellos habían crecido toda la vida con la idea que su abuelo les había infundado; ósea, con esa concepción de que el día de San Valentín era una fecha que solo los amantes celebraban, así que cada año ellos pasaron dicha fecha como si fuera otro día normal, sin preocuparse de tener o no pareja porque no sabían que el no tener pareja en un día como ese podría causar estragos en el autoestima de otras personas que habían vivido toda su vida en el cruel y desgarrador mundo real en donde eras vilmente señalado si eras un solterón en 14 de Febrero.
-Feo… ósea súper feo ¿Quién inventó como que este horroroso día? Miren a todas esas bestiecitas ahogándose en hormonas tragando chocolate ¡Se les va llenar de espinillas toda esa cara de idiotas enamorados! Totalmente un horror este día… espero que esta noche sus condones se rompan y arruinen su vida con un embarazo adolescente- mascullaba Feliks viendo a todos de mal modo mientras seguía caminando con el resto y unos pasos atrás Lovino iba mirando a todos lados señalando a cada pareja.
-Te engaña- el italiano le dijo a una chica que abrazaba fuertemente a su novio.
-Él es gay y solo te usa como su pantalla- dijo señalando a otra pareja que se besaba en medio del pasillo
-Ella en realidad está enamorada de tu mejor amigo- comentó a otro par que iban tomados de la mano
-No le creas nada de lo que te dice, al final va a terminar dejándote por una chica más sexy que tú- le aconsejó a otra muchacha cuando un joven terminó de pedirle que fuera su novia
-Ella ni siquiera te quiere solo está contigo por tú auto…- dijo finalmente a otro par de enamorados que platicaban recargados en la pared.
Obviamente estos comentarios no eran bien recibidos y terminaban con un insulto que el italiano ignoraba de manera triunfante mientras seguía por el pasillo criticando y deseándoles lo peor a los adolescentes enamorados.
-Sigan disfrutando de sus novias, continúen viviendo una juventud perfecta tomando de la mano a la chica de sus sueños mientras otros planeamos desde las sombras como construir un arma nuclear para destruir su felicidad… nadie podrá salvarlos… van a llorar y a rogar y su amor se irá por el caño apenas vean mi arma definitiva- murmuraba Alfred por su parte aun con su rostro oculto tras su comic y luego soltando una maléfica carcajada estridente (o lo que pretendía ser una maléfica carcajada estridente).
Mientras tanto Kiku solo decía algún discurso en voz casi inaudible, susurros que criticaban la falta de ternura en las parejas, criticando que nada de eso era como en los típicos especiales de 14 de Febrero que veía en sus animes donde las chicas daban chocolates a los chicos con caritas sonrojadas y una bonita balada de piano sonando de fondo junto con un discurso conmovedor acerca de sus sentimientos; parecía realmente molesto por la falta de clichés y estereotipos a los que él estaban tan acostumbrado en sus series animadas y que ahora mismo eran destruidos por las parejas reales y sus burdas celebraciones.
-¿Por qué les afecta tanto?- preguntó Ludwig que seguía sin entender a que venía tanto odio.
-Luddy amor mio ósea intenta analizar esto por un momento: Día de los enamorados y tú soltero, súmalo y el resultado es: Patético. Como que súper fácil ¿no?- explicó Feliks y al parecer fue Gilbert el que reaccionó pues dio un respingo.
-Eso quiere decir que… ¿Si no tengo novia en San Valentín soy aún más perdedor?- preguntó casi entrando en pánico llevándose las manos a la cabeza.
Cabe destacar que Gilbert jamás le había dado importancia a tener una novia, la verdad nunca le pareció algo de suma importancia o tan significativo, pensaba que un día solo iba a aparecer una chica y ya pero ahora se daba cuenta que era un requisito indispensable para ser alguien en el colegio.
-Gilbo amor ya lo comprendes por fin… ven bebé, déjame consolarte- le dijo Feliks extendiendo sus brazos mientras Gilbert se le acercaba arrastrando sus pies y el rubio lo recibía pegando la cabeza peliplata del muchacho en su pecho dándole palmaditas en la espalda y arrullándolo como si de verdad lo estuviera consolando por una tragedia.
-No creo que para todos sea así de drástico el no tener pareja- comentó Ludwig y por segunda vez se ganó una mirada asesina por parte de todos, esta vez se sumaba la de Gilbert.
Aunque Ludwig tenía razón, había una persona y miembro del Losers Club que no le daba importancia a la cuestión de tener pareja y que celebraba el día con mucho entusiasmo, ese era Feliciano que justo en ese momento corría hasta sus amigos evadiendo a las parejitas y Ludwig estaba a punto de saludarlo cuando vio al italiano con un gran ramo de rosas rojas en sus manos.
-Ve~ buenos días- saludó el muchachito que intentaba tomar aire con las flores frescas a las que Ludwig no les había quitado los ojos de encima.
-No tienen nada de buenos- contestó Lovino casi escupiendo las palabras pero al aparecer su hermano menor ya estaba acostumbrado a esa actitud justo en ese día.
-¿Y esas rosas Feliciano? Espero que sean para algún funeral- dijo Alfred que también había notado aquel ramo que hizo sonreír aún más al italiano pero negó con la cabeza.
-Son un regalo- contestó con esa misma gran sonrisa acercando las flores a su nariz para olerlas mejor logrando con ello que Ludwig frunciera el ceño ¿Rosas rojas?... según él y lo que su abuelo le había dicho, esas solo se regalan entre amantes.
-Feli sabes que te adoro así mil por ciento pero aléjate con tus flores antes de que tu felicidad me obligue a golpearte en la cara- amenazó Feliks que de verdad se cargaba un pésimo humor y que hizo temblar un poco a Feliciano el cual escondió el ramo tras su espalda solo por precaución.
Por otro lado parecía que Ludwig tenía algo contra las benditas rosas pues no les quitaba los ojos de encima, haciéndose un montón de preguntas acerca de quien se las había dado o a quien se las iba a dar el italiano… esas plantas malditas le estaban provocando dolor de cabeza aunque tal vez lo que más le daba migraña era el hecho de no saber porque diablos le importaba tanto y le irritaba el doble ese inocente presente.
Ludwig estaba muy concentrado en una serie de hipótesis acerca de las rosas que no alcanzó a escuchar el anuncio del altavoz que anunciaba un evento en el gimnasio y que cualquier alumno podría asistir teniendo el permiso de los profesores.
-Es cierto, Yong Soo me invitó a verlo pelear, el equipo de artes marciales tiene una competencia "amistosa" con otro colegio- dijo Alfred entrecomillando con mímica la palabra amistosa ya que siempre alguien terminaba con algún esguince, hueso roso o inconsciente.
-Huy eso suena súper emocionante, vamos a sentir ese derroche de testosterona antes de que me dé así una diabetes horrible por tanta cursilada junta- dijo Feliks un poco más animado seguido de Lovino, Kiku, Alfred y Gilbert.
-Yo los veo después, tengo que buscar a alguien- dijo entonces Feliciano que daba unos cuantos pasos para alejarse de ahí.
-¿Quieres que te acompañe?- preguntó Ludwig con la intención de averiguar quién era el culpable de que Feliciano anduviera cargando esas rosas. El castaño pareció meditar la idea un momento pero luego dibujó una sonrisita apenada en sus labios negando con la cabeza.
-No es necesario, mejor ve con los demás y nos vemos después- dijo emprendiendo el camino dejando a un confundido y ligeramente molesto Ludwig… tal vez esa mala vibra por parte de sus amigos se le estaba contagiando un poco, así que tras ver a Feliciano alejarse siguió al resto hasta el gimnasio.
La gente ya comenzaba a arremolinarse para ganar un buen lugar, sabían que las competencias y torneos del equipo de la escuela eran un desfile de brutalidad así que su morbo les obligaba a ser testigo de aquel espectáculo de violencia protagonizado por Yao, el campeón estatal, era increíble pensar que alguien con cara de niña podría hacer llorar a tipos enormes y robustos.
-Muévanse muévanse- ordenaba Feliks con gestos afeminados haciéndose paso entre la gente junto a sus amigos, empujando a algunas personas intentaba ganar un lugar en las gradas de hasta enfrente.
-Vengan- les decía a sus amigos sentándose tras haber robado unos cuantos asientos.
-Recuerden niños, la primera fila es el mejor lugar para ver a detalle esa colección de cuerpos musculosos forcejeando y sudando- dijo Feliks relamiéndose el labio superior y soltando un suspiro que más bien pareció un gemido.
-¿Podrías dejar de hablar de las personas como si fueran pedazos de carne?- dijo Lovino de mala gana sentándose un nivel más arriba.
-Pero Lovi-love si son pedazos de carne… fuertes, sexys y bronceados pedazos de carne- respondió el rubio soltando unas risas extrañas que lo hicieron merecedor de varias miradas reprobatorias.
La competencia estaba a punto de empezar, los integrantes del equipo del Instituto W salían al gimnasio vestidos con sus karategui y sus cintas de diferentes colores a lo que solo Yao y Yong Soo lucían las cintas negras; después aparecieron los del colegio rival que llevaban el escudo de la escuela bordado en el uniforme. Feliks entrecerró ligeramente los ojos al creer reconocer aquel escudo pero no le dio más importancia cuando los alumnos fueron presentados y la competencia comenzó.
Tanto Gilbert y Ludwig jamás llegaron a imaginar que podrían gesticular tantas expresiones de dolor en unas cuantas horas, lo peor es que a ellos no era a los que les dolían esas patadas casi asesinas de Yao, sino a los chicos que uno a uno iban cayendo casi inconscientes, en el peor de los casos, con las narices sangrantes. Yong Soo tampoco se quedaba atrás y era un digno rival para los del otro colegio que parecían algo frustrados por el hecho de que unos pobres diablos de una escuela de quinta como el instituto W, les estuvieran dando una arrastrada por el piso.
-Tú amigo el chino es bastante bueno- dijo entonces Lovino que miraba con atención los movimientos de Yong Soo.
-No es chino, es coreano- corrigió Alfred que a veces gritaba para darle ánimos al moreno.
-Es lo mismo- murmuró Lovino cuando vio a otro rival caer.
La competencia fue bastante reñida y el honor del colegio (el único honor que tenían) fue protegido una vez más por el capitán del equipo de artes de marciales, Wang Yao.
-¡Viva Aniki!- gritó entonces Yong Soo con toda la potencia de su voz, rebasando por mucho el volumen de los bitores y las felicitaciones del público que voltearon a ver al eufórico coreano felicitando a su primo, el cual a decir verdad fingía que no lo escuchaba y solo saludaba al resto de las personas entre ellos, Kiku.
-Kiku… ¿Por qué parece que Yao te está saludando?- preguntó Gilbert que veía al chino ondeando su mano mirando justo en la dirección donde el grupo de amigos estaban.
-No tengo idea- respondió Kiku que avergonzado quería enterrarse en su lugar hasta desaparecer.
-Es porque son primos- contestó entonces Alfred y como si de pronto el asiático fuera un imán de miradas, los ojos de sus amigos (excepto Alfred) se posaron en él.
-¡¿Tu primo!? Ósea Kiku dame una muy buena razón como para que apenas nos estemos enterando de esto cuando llevamos casi dos años de conocernos- le ordenó Feliks ofendido por no saber un dato tan relevante.
-Si, Kiku, Yong Soo, Yao y Kim-Ly son primos, todos de la misma familia- dijo Alfred encogiéndose de hombros, lo sabía porque Yong Soo se lo había contado alguna vez.
-¿Entonces tú también eres una maquina asesina? Mira que bien escondido te lo tenías- le dijo Lovino dándole una fuerte palmada en la espalda al muchacho que le sacó el aire.
-No lo soy…- respondió Kiku con su timidez usual.
-Debes serlo, eso viene en los genes- dijo Gilbert apoyando la idea de Lovino.
-Yo nunca practiqué artes marciales… solo estudié kendo un par de años- contestó el moreno aunque a lo que él le llamaba un par de años en realidad fue toda su infancia y pubertad y a pesar de negar ser una maquina asesina como Lovino decía, de hecho lo era… Kiku había sido el campeón estatal de kendo hasta que decidió dejarlo.
Yao seguía saludando afanosamente a Kiku como esperando que este le correspondiera el gesto pero el moreno solo se limitaba a bajar la mirada o desviarla para seguir fingiendo que no lo veía cuando de pronto se escuchó un grito que llamaba al chino así que el chico volteó, igualmente lo hizo Feliks al reconocer la voz y ver en las gradas contrarias a Iván que alzaba su mano y sonreía como un bobo al ver que Yao le hacía caso al mismo que tiempo que sus mejillas parecían teñirse de un ligero rosa que para muchos pasaría desapercibido pero no para el ojiverde.
-¡No me lo creo!- exclamó de pronto levantándose y apoyándose en los hombros de Gilbert que se encorvó por el repentino peso al mismo tiempo que Feliks flexionaba su cuerpo como si con eso pudiera ver mejor al ruso.
-Rosja Rosja Rosja… osea eres así como que totalmente un pillo… poniendo tus perversos ojos en el cuerpecito de Yao, eres una loca…- decía soltando risas maquiavélicas.
-¿Qué tanto murmuras?- preguntó Gilbert alzando sus ojos para ver a Feliks que se le quitaba de encima y el albino miraba en la misma dirección que el rubio.
-Se supone odias a Iván ¿Por qué pareces tan interesado en él? Deberían volverse mejores amigos- comentó sarcásticamente Gilbert.
-Gilbo… cuando Iván sea un rey en un universo paralelo y yo esté encerrado en un hospital psiquiátrico seremos mejores amigos, solo hasta ese día así que mientras eso pasa como que no insinúes cosas tan horribles o al menos no en mi presencia ¿Si?- dijo el rubio haciendo esos gestos con la mano que acentuaban su personalidad afeminada.
-¿Podemos irnos ya?... hay mucha gente aquí- comentó entonces Kiku que estaba sintiéndose un poco ansioso por toda la gente que estaba presente ahí y que parecía desesperada por ir a felicitar a los chicos del equipo.
-Si, mejor vámonos- accedió Ludwig que veía la manera nerviosa en como Kiku jugaba con sus dedos y comenzaba a respirar de manera acelerada. Así que el rubio acompañó al asiático hasta la salida junto con Lovino y Gilbert que con algo de pereza se levantaba e intentaba arrastrar a Feliks que seguía vigilando a Iván que ya bajaba de las gradas para ir al encuentro de Yao.
-Gordo ¿No vienes?- le preguntó Lovino a Alfred que seguía sentado en su mismo lugar.
-Adelántense, voy a esperar a Yong Soo- contestó el rubio y se quedó ahí viendo a la gente empezar a desalojar el gimnasio mientras que el resto del equipo se iba a los vestidores para cambiarse, incluido Yao que logró escapar hábilmente del acoso de su primo que parecía dispuesto a sofocarlo hasta la muerte con abrazos y felicitaciones.
-¡Héroe ven y rescátame, necesito levantar todo esto!- le gritó Yong Soo a su amigo señalando las colchonetas en el piso cuando se hubieron quedado solos.
-¡Ese es tu trabajo!- espetó Alfred al que no le apetecía en lo absoluto moverse.
-Deja de acumular grasa alrededor de tu estómago, ayúdame- volvió a insistirle el moreno así que soltando un resoplido el rubio tuvo que acceder así que con toda la pereza del mundo se levantó y fue a ayudar.
Comenzaron levantando cada una de las colchonetas para luego acomodarlas una encima de otra comentando acerca de lo reñido de cada combate y las victorias; Yong Soo no dejaba de alabarse a sí mismo y su increíble talento para las artes marciales, también comentaban lo duro que habían sido los entrenamientos con Yao el cual se convertía en un verdadero demonio cuando se proponía apalastrar el orgullo y la moral de colegios rivales.
Al terminar de dejar el piso despejado Yong Soo le aventó una escoba a Alfred y este apenas logró atraparla justo a tiempo para luego, como buen friky que era, comenzar a jugar con ella como si esta fuera un sable de luz, incluso haciendo ese característico sonido al mover la escoba. Yong Soo se le quedó mirando con algo de pena y lástima entremezcladas… hasta que se animó a seguirle el juego a Alfred y ambos comenzaron a debatirse en un duelo de escobas/sables laser.
-Star Wars se originó en Corea solo que George Lucas es demasiado niña para aceptarlo- decía Yong Soo mientras esquivaba las estocadas de Alfred.
-¡Estás loco! Star Wars es tan estadounidense como McDonalds y la Casa Blanca- contradecía el ojiazul que hacía retroceder a su amigo.
-Esos también fueron hechos en Corea, Ronald McDonald tiene un tatuaje que dice Made in Corea en su trasero- se burló Yong Soo viendo a Alfred con intenciones de responder pero se detuvo antes de hacerlo e incluso bajó su escoba para empezar a fingir que barría pues los chicos comenzaban a salir de los vestidores y pasaban a su lado.
Los muchachos vieron a Alfred y a Yong Soo que también empezaba a hacer como que barría mientras los deportistas pasaban a su lado riéndose del rubio y murmurando cosas entre ellos a lo cual Alfred sencillamente se limitó a acomodarse sus lentes y seguir barriendo tan solo para ignorarlos a pesar de estar bien consciente de que hablaban de él.
-Hey, Yong Soo ¿Todavía le hablas al ñoño Jones?- dijo uno de los muchachos que hacía una L con sus dedos poniéndola en su frente al referirse a Alfred al mismo tiempo que los otros chicos lo imitaban y al pasar a un lado del rubio el daban ligeros empujones junto con murmullos que decían "perdedor"
Yong Soo se detuvo de barrer y se puso el palo de la escoba sobre su hombro viendo fijamente a los jóvenes.
-Si ¿Tienes algún problema con eso?- preguntó con voz cortante sorprendiendo un poco a sus propios compañeros de equipo pero no a Alfred que sonrió cuidando de no ser visto.
-Tranquilo, no te pongas así solo por un comentario- le dijo el joven sabiendo de lo que el asiático era capaz.
Yong Soo no contestó nada pero mantuvo sus ojos obscuros fijos en los chicos que prefirieron irse sin siquiera despedirse y aun con ello el coreano los siguió con la mirada hasta que salieron del gimnasio.
-Casi puedo sentir la fuerza del lado obscuro sobre ti- comentó entonces Alfred riendo para aliviar la tensión y al parecer lo logró pues Yong Soo retomó en seguida su gesto risueño.
-Eso pasa cuando hay imbéciles enfrente de mí- dijo bajando el palo de la escoba para seguir barriendo. –Además sé que si alguien viene a molestarme el héroe vendrá a salvarme- comentó y Alfred dio una risotada "heroica" dándole la razón.
-Aunque…- comenzó a decir Yong Soo… -creo que no me vendría nada mal un héroe ahora mismo- dijo finalmente intentando reír sin muy buen resultado; el ojiazul captó al instante el comentario y se le quedó mirando a su amigo un momento.
-¿Qué pasa?- preguntó el americano dejando caer la escoba a lo que el otro tomó una gran bocanada de aire mientras alzaba la mirada al techo como si estuviera esperando que del cielo cayera un poco de valor.
-Alfred tú… ¿Tú qué harías si yo un día te digo que soy… diferente?- preguntó un poco nervioso el asiático y de pronto el rubio lo tomó fuertemente por los hombros
-Lo sabía, lo sospeché desde la primera vez que te vi peleando- comenzó a decir el rubio dejando al asiático un poco confundido. –Eres un alien- completó por fin el yankee
-¡No seas idiota!- le dijo el asiático dándole un violento golpe en la cabeza al otro que se llevó las manos al lugar afectado.
-Entonces ¿qué quieres decir?- preguntó Alfred con lagrimitas en los ojos y el nerviosismo del oriental regresó.
-Me refiero a…- tragó saliva antes de continuar temiendo enfrentar con la mirada al otro –me refiero a que ¿Qué harías si te digo que me gustan los chicos? ¿Dejarías de ser mi amigo?- preguntó finalmente y Alfred con sus ojos bien abiertos no dejó de verlo lo que hacía sentir realmente incomodo al otro que esperaba una respuesta.
-¿Hablas en serio? Yong Soo, creo que si sabes con quien me junto todos los días: Con la reina gay de toda la escuela ¿Por qué habría de dejarte de hablar a ti?- peguntó Alfred como si aquello fuera solo una tontería.
El coreano por fin alzó la cara y de nuevo su gran sonrisa se posaba en su rostro, estaba aliviado y tan feliz que podría arrojársele en un abrazo al americano.
-Aunque déjame decirte que si me estás diciendo esto porque me vas a confesar que estás enamorado de mi tienes que recordar que yo quiero solo a Natasha y si, sé que soy muy guapo pero tendrás que reprimir tus sentimientos por mí- bromeó Alfred a lo cual Yong Soo riendo le aplicó una de sus llaves de artes marciales para tirarlo al piso y ponerse sobre él.
-¡Oh si Alfred, me enamoré de tus pechotes masculinos!- decía el coreano metiendo sus manos bajo la playera de Alfred para tocarle el pecho haciendo que este se retorciera como una víbora riendo a carcajadas sintiendo las cosquillas que Yong Soo le hacía.
-Déjame tocarte todo tu gordito cuerpo Alfie~ seré gentil contigo, lo prometo- exclamaba Yong Soo moviendo sus dedos bajo la ropa del yankee que sentía se iba a ahogar de tanta risa mientras intentaba arrastrarse por el piso para escapar del coreano que reía como alguna especie de viejo pervertido.
Alfred se movía de manera violenta intentando quitarse de encima al coreano así que en medio del forcejeo inevitablemente una cajita salió volando del bolsillo del ojiazul; era una caja pequeña de cartón envuelta con papel rojo decorado son un moño blanco.
-Oh Alfie ¿Me compraste algo para San Valentín? Creo que ahora si puedo enamorarme de ti- dijo Yong Soo burlón yendo por la cajita sobresaltando a Alfred que fue tras él para arrebatársela.
-Claro que no… es para…-comenzó a decir poniéndose colorado incluso antes de decir para quien era el regalo.
-Natasha- completó acertadamente Yong Soo a lo que el americano solo volvió a guardarse el regalo.
-Si pero no se lo voy a dar, en primer lugar fue una tontería comprarlo- dijo ligeramente desilusionado a lo que su amigo volvió a darle un segundo golpe en la cabeza, esta vez más fuerte que incluso le desacomodó los lentes.
-No seas idiota, ve y dáselo tal vez así le calientes ese corazón de hielo-
-Me lo va a aventar en la cara si se lo doy, el año pasado se la pasó reventando cada globo que le regalaron ¡enfrente de quienes se los dieron! No me voy a arriesgar- dijo Alfred acomodándose sus anteojos de nuevo.
-Deberías acomodarte bien ese par de amigos que tienes entre las piernas para ganar valor y darle un simple regalo a la chica que te gusta- le dijo el moreno a lo que el rubio lo miro molesto.
-No es tan fácil como piensas- reclamó el muchacho a lo que el coreano le puso una mano en el hombro y presionó fuerte con sus dedos.
-Alfred, acabo de salir del closet frente a mi mejor amigo ¿Sabes lo difícil que es eso? Y ahora tú vienes y me dices que no le puedes dar un simple regalo de San Valentín a Natasha cuando ella todavía ni siquiera es tú novia ¡mucho menos tu amiga! Deja de ser tan marica, creo que hasta ese Feliks es más hombre que tú. Ve a darle el maldito regalo a Natasha, se supone eres un maldito héroe- le regañó Yong Soo dándole de empujones a Alfred para sacarlo del gimnasio y que fuera a entregar el maldito regalo así que Alfred queriendo protestar fue echado fuera y para su mala o buena suerte ahí estaba la reina del hielo, rodeada de sus súbditos que la llenaban de regalos.
Cada chico parecía irse turnando para entregar el respectivo regalo, todos haciendo fila tras la chica que caminaba con ese gesto de fría indiferencia además de llevar una de sus manos repletas de presentes enormes y al parecer caros; desde bolsas de marca, perfumes, chocolates belgas y suizos, joyería, muñecos de peluche y toda clase de baratijas incluso en ese momento un muchacho le estaba mostrando un hermoso reloj de correa plateada y delgada, en realidad se veía que era un presente algo caro. El chico quiso ponérselo en la muñeca a la chica que se lo impidió moviendo bruscamente su mano así que el chico solo rió nervioso entregándole el reloj.
Sin decir un "gracias" o al menos dar un gesto de satisfacción la muchacha repasó sus ojos de hierro por todos los chicos que sintieron estremecerse ante la mirada de dominatrix de la chica que alzó aún más su cabeza tal vez solo para acentuar su actitud de "perra insensible", luego vio con claro desprecio los presentes y se dio media vuelta caminando hasta el bote de basura del pasillo donde tiró todos los regalos sin una pizca de remordimiento, incluso palmeó sus manos como si estás se hubieran ensuciado.
-No me den cosas inútiles- les dijo en voz monótona alejándose de ahí mientras los jóvenes corrían al bote para rescatar sus regalos mientras soltaban quejidos y algunos parecía que incluso estaban llorando.
Alfred tembló al ver tal acción, sabía que a veces Natasha era un poco… fría… pero eso había sido un poco exagerado ¿Por qué una chica querría tirar todos esos bonitos regalos?
El rubio sacó de su bolsillo su modesta cajita de cartón envuelta en papel y sintió un ligero malestar pues si Natasha había arrojado a la basura regalos que sobrepasaban por mucho el suyo seguro no pondría miramientos a la hora de arrojarle lejos el suyo. Aun con esto en mente pensó en las palabras de Yong Soo y respiró profundo, bueno… no sería la primera vez en ser humillado en público, ser parte del Losers club ya era suficiente humillación para unos cuantos años de vida, solo sumaría uno más.
Los pies le pesaban como el plomo y la temperatura de su cuerpo se elevaba a tal punto que se sentía como la Antorcha Humana de los 4 Fantásticos, lo cual sería algo realmente cool si de verdad su cuerpo estuviera en llamas y no solo sonrojado como un imbécil.
Finalmente llegó, el largo cabello casi plateado cubría la espalda de la joven así que con su dedo índice golpeó ligeramente el hombro de la chica que se volteó al instante de manera un poco brusca como si fuera a defenderse de algún asaltante.
Natasha tuvo que reprimir un gritito cuando vio frente a ella a Alfred e igualmente tuvo que obligar a sus ojos a no abrirse tanto cuando estos chocaron con los azul brillante del muchacho.
-¿Qué quieres?- preguntó ella queriendo parecer normal, era un alivio que no tuviera un gran repertorio de expresiones faciales, de lo contrario el yankee ya hubiera notado en seguida su sorpresa.
-Yo… bueno… solo quería darte esto. Feliz San Valentín- dijo extendiendo su cajita y la muchacha vio el presente, luego a Alfred y después otra vez el regalo.
-¿Para mí?- preguntó ella reprendiéndose mentalmente por lo estúpido de su pregunta. ¡Si Natasha, es para ti, Alfred lo acaba de decir!
El joven asintió con su cabeza y ella tragó saliva tomando el regalo intentando controlar el ligero temblor en su mano preparándose para abrirlo.
-Si no te gusta puedes tirarlo- dijo el rubio antes de que ella terminara de abrir el regalo y viendo por mero reflejo el bote de basura rebosante de presentes.
Natasha hizo caso omiso de este último comentario y terminó de abrir la cajita cuidando de no desgarrar mucho el papel tan solo para encontrar dentro un bonito listón satinado de color azul eléctrico. Era el regalo más sencillo, barato, común, corriente que le habían dado en todo el día y años anteriores… básicamente era el regalo perfecto.
-¿Cómo lo supiste?- preguntó Natasha sacando el listón admirando mejor el color pero al parecer Alfred no entendió su pregunta.
-¿Cómo supiste que me gusta usar listones?- preguntó ella de nuevo mirando a Alfred que cambió su cara nerviosa por una de esas sonrisas amplias y contagiosas que provocaban que unos tiernos hoyuelos se marcaran sus mejillas haciéndolo el doble de adorable.
-Es sencillo, siempre los usas, y cuando te miras al espejo lo primero que haces es arreglar la cinta de tu cabello. No sé mucho de las cosas que le gustan a una chica pero creo que definitivamente a ti te gustan los listones- contestó sencillamente sin borrar su sonrisa.
Tal vez cualquiera pensaría que Alfred es un acosador por el simple hecho de saber que era lo primero que Natasha arreglaba al verse al espejo y tal vez la muchacha debería el considerar poner una orden de restricción pero no lo hizo ni mucho menos lo pensó porque tal vez Alfred había sido el primero de su larga lista de pretendientes que se había interesado en lo que a ella le gustaba, que la había observado con la esperanza de saber un poco de su persona y no solo intentar impresionarla con regalos caros y ostentosos… Alfred buscaba hacerle un regalo que la hiciera feliz.
-Yo no tengo nada para darte- dijo Natasha con su cara inexpresiva (o forzadamente inexpresiva)
Alfred no esperaba eso, de verdad había esperado que la jovencita sacara un encendedor y quemara el listón frente a su cara pero eso no pasó.
El rubio fingió pensar en algo profundamente y la chica esperaba tal vez con la esperanza de que el ojiazul no saliera con alguna tontería como "sé mi novia entonces" o "pasemos la noche juntos". Unos segundos después Natasha se convenció de que Alfred era el ser más extraño sobre la faz del planeta.
-Sonríe- dijo el chico poniendo sus índices en sus mejillas haciendo más amplia su sonrisa incluso soltando una serie de risitas tontas.
Natasha sintió un agradable escalofrío recorrerle el cuerpo entero hasta llegar a las puntas de sus dedos.
-No seas idiota- dijo ella bajando la cabeza ocultando sus ojos bajo la sombra de su flequillo
–Pero gra… gracias por el regalo- y dicho esto se fue de ahí apresuradamente dejando a Alfred atrás rápidamente sintiendo el corazón latirle apresurado… el hielo comenzaba a resquebrajarse.
La joven siguió recto a la sala asignada para que los integrantes del Circulo Marxista Leninista hicieran sus reuniones, esperando encontrar ahí a su hermano y agradeció verlo acomodando algunos libros viejos. Natahsa tocó la puerta a pesar de que esta estuviera abierta y fue recibida por su sonriente hermano mayor.
-Hola Nat, pasa- dijo el enorme ruso que seguía en su tarea acostumbrado a las frecuentes visitas de su hermanita que en silencio tomó asiento en una de las sillas que tenían pintados fragmentos del Tratado Comunista y algunos mensajes revolucionarios.
-Hermano ¿Puedo preguntarte algo?- comenzó a decir ella jugando con un mechón de su largo cabello, peinándolo con sus dedos lentamente una y otra vez.
-Claro- dijo Iván tomando asiento frente a la chica que seguían enredando sus dedos en sus hebras rubias.
-¿Conoces a un chico de lentes y ojos azules?... es amigo de Feliks—dijo esto con un dejo de asco al mencionar al ojiverde, incluso frunció su seño mientras que Iván solo sonrió de manera extraña pero luego asintió con su cabeza.
-Sí, creo que se llama Alfred o algo así-
-¿Qué piensas de él?... ¿Cómo crees que sea?- decía la muchacha intentando no ser muy obvia. Iván se sorprendió un poco por la pregunta y se llevó una mano a la barbilla.
-Bueno… si pudiera describirlo en una sola frase creo que esa seria: Ese tipo es el capitalismo encarnado en un solo ser humano- dijo finalmente soltando risitas inocentes e infantiles como era su costumbre -¿Por qué lo preguntas?-
La chica dio un saltito en su silla y negó varias veces con su cabeza, poniendo sus manos en su regazo arrugando un poco su falda al cerrar sus puños.
-Por nada en especial… solo me preguntaba- contestó ella alzando la cara para ver a su hermano. Relajó su semblante como raras veces hacía al ver sobre sí, los apacibles ojos violeta de su consanguineo e intentó sonreír ligeramente.
No… ella no necesitaba a ningún otro hombre que no fuera su hermano, debería meterse bien eso en la cabeza. Por lo tanto se levantó de la silla y fue hasta el mayor para envolverlo en un abrazo que fue correspondido, después de todo Iván estaba acostumbrado a las constantes muestras de afecto por parte de la menor.
Aunque la tierna escena fraternal fue interrumpida por Guillermo que llegaba un poco apurado a la sala.
-Iván ¿No has visto a Matt? Lo he estado buscando toda la mañana pero solo me topé con su hermano el gordo- dijo el cubano que se rascaba la cabeza tratando de pensar en más lugares para seguir buscando.
-No ha venido por aquí en toda la mañana- contestó Iván que seguía siendo apresado posesivamente por Natasha.
-Ya veo, seguiré buscando- y así Guillermo volvió a salir de la sala maldiciendo la maldita manía de Mathew de volverse casi invisible o de parecerse tanto a su hermano. A veces terminaba golpeando e insultando al pobre Matt en vez de Alfred lo que había traído unos cuantos problemas y varias disculpas con forma de helado.
El moreno seguía buscando entre la gente, los globos en forma de corazón y los osos de peluche tamaño real que a veces se le atravesaban en el camino.
-Oye- le dijo entonces Sadiq que lo detuvo bruscamente poniéndole una mano en el pecho casi empujándolo así que de mala gana Guillermo se detuvo con una mirada de enfado en sus ojos.
-¿Traes chocolate?- le preguntó el turco a lo que el cubano alzó una ceja.
-¿Te parece que soy parte de la manada que celebra este día creado por la industria para obligar a las mentes maleables a consumir?- preguntó ahora Guillermo a lo cual Sadiq lo examinó con la mirada concentrándose en la playera del Che Guevara que el cubano lucía.
-Tienes razón, lárgate- le ordenó dejando ir a Guillermo mientras él seguía cargando su gran bolsa de regalo que llevaba repleta de golosinas las cuales le iba arrebatando a cada persona que pasaba a su lado; desde paletas, sencillos chocolates, bombones, caramelos, todo era quitado de las manos de los pobres perdedores que tenían la mala fortuna de estar en el camino de Sadiq quien se regocijaba viendo su dotación de bocadillos hacerse más grande.
-¿Dónde estarán esos idiotas?- se preguntó cuándo notó que ni Gupta ni Heracles estaban a sus lados así que soltó un bufido maldiciéndolos entre dientes pero pronto su enfado se le olvidó cuando vio la espalda de Kiku no muy lejos de él.
-¡Kiku!- llamó y el chico volteó de un sobresalto viendo al turco acercarse.
-Sadiq-san, hola- dijo el muchacho haciendo una leve reverencia a lo que Sadiq en lugar de saludarlo le extendió su bolsa de dulces.
-Anda, toma uno- le ofreció al chico que se sorprendió al ver tantas golosinas y con algo de timidez metió su mano a la bolsa escogiendo entre una caja en forma de corazón o la barra de chocolate que tenía pegada una carta de amor perfumada.
-Te han dado muchos regalos hoy- comentó Kiku cuando optó por la barra de chocolate.
-No son míos, son de todos esos idiotas- respondió señalando a todo el estudiantado que iba y venía.
-Me encanta este día; dulces y ñoños llorando, nada mejor- continuó diciendo Sadiq sacando una paleta en forma de osito que tenía un moño casi más grande que la paleta en si y mordiéndola casi con violencia dejando así al osito sin una oreja, Kiku ya no sintió muchas ganas de comer.
-Sadiq-san ¿Tienes novia?- preguntó Kiku entonces jugando con el chocolate entre sus manos y la mirada clavada en el piso escuchando solo un silencio por parte del mencionado.
-¡Perdón! Preguntaba por curiosidad- se excusó de inmediato el asiático.
-No tengo y solo por si te preocupa, tampoco tengo novio- dijo con una risa jocosa totalmente carente de algún tipo de maldad.
Kiku solo alcanzó a sonrojarse de la vergüenza por su atrevimiento y por ese último comentario por parte del más alto, así que sin dejar de jugar con la barra de dulce en sus manos y volviendo su mirada al suelo se animó a hacer otra pregunta.
-¿Y no sabes si alguien está interesado en ti?- preguntó sin saber a qué venía la pregunta; esta vez el silencio fue aún más largo así que Kiku se atrevió a alzar la mirada y de pronto el gesto de Sadiq le pareció tan sombrío que casi daba miedo, incluso un temblor se apoderó de sus rodillas cuando vio ese par de ojos obscuros tornándose casi negros.
-Kiku, tú me dijiste que a ti no te gusta la gente ¿Cierto?- dijo Sadiq y el chico asintió con la cabeza pronunciando un apenas audible "si".
-Pues a mí me pasa al revés… yo no le gusto a la gente- dijo el muchacho dirigiendo su mirada a Kiku que sintió un hoyo en su estómago cuando vio esa expresión todavía más obscura. –Mejor dicho… la gente me detesta- agregó bajando un poco más la voz esperando que nadie más aparte de Kiku lo escuchara.
El asiático pensó por un momento que tal vez la gente no gustaba de Sadiq porque este se la pasaba molestando y golpeando a todo mundo, pero tras ver una tercera vez al turco y ese gesto que no sabía describir si era desolación o resentimiento… creyó que tal vez Sadiq no se refería a eso, que tal vez el hecho de atormentar a otras personas se debía a que él mismo era rechazado por estas… Kiku sintió un nudo en su garganta ante esta simple idea.
-¡Sadiq-san!- dijo entonces alzando la voz un poco más de lo normal rescatando así el estado habitual de Sadiq.
-Yo… yo… tengo un regalo para ti- dijo balbuceando las palabras y sacando torpemente de su mochila un fajo de hojas de papel que no eran otra cosa más que el manga en el que había estado trabajando, luego sacó su siempre fiel bolígrafo y en la primera página escribió una dedicatoria:
"Para Sadiq-san… Feliz San Valentín"
Después puso su nombre en esos complicados kanjis y entregó el manga a Sadiq que lo tomó en su mano.
-¡Es la segunda parte!- dijo emocionado al hojear el trabajo y ver al personaje enmascarado en cada viñeta -¿En serio me lo puedo quedar?- preguntó dejando en el piso la bolsa con dulces para ver mejor cada página.
-Si…- solo contestó Kiku que como ya era su costumbre veía al piso.
De pronto y sin esperárselo, Kiku sintió el brazo fuerte de Sadiq rodearle el cuello y la nuca para acercarlo a él pegándolo a su cuerpo. El asiático de pronto se vio a si mismo con su cara en el pecho de Sadiq y sus manos en el abdomen de este sintiendo por encima de la tela de la playera lo que parecía un bien formado cuerpo.
-Gracias Kiku- le dijo y el japonés sintió como si se sofocara, entre el aroma a especias de Sadiq y esa excesiva cercanía además de no saber dónde poner sus manos. Sentía que se iba a desmayar en cualquier momento si el turco no lo soltaba pero gracias al cielo este lo hizo dejándolo libre.
El nipón intentó respirar de nuevo con normalidad viendo al entusiasmado Sadiq que no perdía tiempo y empezaba a leer la primera página con una sonrisa en su rostro.
Que frustración… que frustración no saber cuál era el verdadero rostro del turco, era como si tan solo quisiera arrancarle esa careta; tan fácil como sería dibujarle un rostro a su personaje, pero Sadiq no era un personaje de su manga al que podía hacer a su gusto… era una persona… una de esas que tanto había evitado casi toda su vida.
-Tengo que irme- dijo entonces Kiku haciendo otra reverencia –gracias por el chocolate- dijo y fue vilmente ignorado por el turco que leía perdiéndose del mundo exterior aunque eso en realidad no molestó a Kiku así que solo se fue de ahí con pasitos rápidos.
Iba derecho mirando al suelo siguiendo el camino directo a su salón de clases pues al terminar la competencia estas ya se habían reanudado así que tenía que apresurarse a llegar a tiempo aunque otra vez tuviera que vérselas contra la avalancha de dopaminas que había en el aire y los arcoíris que algunas personas parecían estar vomitando cada vez que hablaban con sus respectivas parejas. Entre ellos estaba el club de fans de Francis que iba caminando seguido de la manada de chicas que llevaban sus regalos de San Valentín como si fueran ofrendas para algún tipo de dios.
Kiku se asustó al ver a Francis caminando en su dirección y sin olvidar el incidente de la fiesta decidió que era mejor no cruzarse con él directamente por lo tanto prefirió desviarse del camino antes de chocar con el galo que en realidad ni siquiera había reparado en su presencia y solo seguía su elegante andar por la escuela buscando con sus ojos azules a cierto muchachito del que aún no se había vengado por la humillación de semanas atrás.
-Vous n'échapperez pas á petit (No te vas a escapar pequeño)- dijo Francis arrastrando sensualmente la voz cuando en su campo visual se posicionó Mathew el cual iba caminando un poco distraído pues estaba escribiendo un mensaje de texto sin poner atención por donde iba.
Habiendo terminado de enviar el mensaje, Matt guardó el teléfono en su bolsillo y alzó la cara tan solo para encontrarse a Francis al otro extremo del pasillo.
-Oh no- murmuró dándose media vuelta mecánicamente y caminando con pasos rápidos.
–Que no me haya visto que no me haya visto que no me haya visto- decía cerrando fuerte sus ojos como si con ello su cuerpo fuera a volverse invisible y pudiera pasar desapercibido, cosa que a veces de verdad funcionaba pero no con Francis, el depredador número uno de toda la escuela y el cual había pedido un momento de privacidad a sus fans para poder seguirlo.
Mathew apretaba el paso, de hecho estaba casi corriendo sintiendo que Francis le pisaba los talones, por lo tanto desesperado decidió romper las reglas y echarse a correr pero antes de siquiera ponerlo en práctica Francis lo alcanzó tomándolo fuerte por el brazo obligando a voltearse bruscamente y aun sin soltarlo, aprovechando su sorpresa, lo besó casi con fiereza en los labios.
Aquello parecía una lucha… no, mejor dicho, era una verdadera lucha. Francis se aferraba la boca de Mathew deteniéndole el brazo mientras que Matt intentaba por todos los medios quitárselo de encima tratando de rechazar ese beso pero Francis era mucho más fuerte de lo que parecía.
El galo mordió violentamente el labio inferior del otro ojiazul antes de separarse por completo de él, incluso había sonreído cínicamente cuando tuvo su labio entre sus dientes.
-Toma esto como una declaración de guerra y claro, como un regalo de San Valentín- dijo Francis con esa enojosa prepotencia viendo a Mathew que con el ceño fruncido se limpiaba la boca usando el dorso de su mano.
-Yo en serio odio a la gente como tú- le dijo a Francis con ese tono de voz bajito y suave pero eso no afectó al galo que incluso pareció sentirse bien con aquel insulto que tomó como la rabieta de un niño lastimado en su orgullo.
–Los odio porque están tan ocupados pensando siempre en ustedes mismos que ni siquiera se dan tiempo de ver a los demás- terminó de decir el chico que desvió sus ojos a su derecha y por mero reflejo Francis también lo hizo curioso de saber que veía.
Arthur estaba parado a unos metros de ellos, con un libro en su mano parpadeaba inexpresivo, serio… mortalmente serio…
-Arthur, hola- saludó como si nada Francis separándose por completo de Mathew, pero Arthur en lugar de decir algo, o al menos un insulto se fue de ahí con el mismo gesto estoico en su rostro.
-¿Qué le pasa?- se preguntó el francés olvidándose por un momento de Matt y siguiendo al otro rubio que iba camino al patio de la escuela.
-¡Arthur mon ami! No me dejes hablando solo- decía Francis siguiendo a Arthur el cual seguía sin contestar apretando la pasta del libro con fuerza.
-Espera ¿Estás enojado porque besé a Mathew? Si, estás enfadado porque ahora no tienes ningún pretexto para burlarte de mí, pero lo siento yo siempre consigo lo que quiero como sea… tal vez tú lo entiendas cuando te enamores- dijo Francis con toda la frescura deteniéndose pues Arthur lo había hecho apenas soltó ese último comentario.
-¿Perdón?- dijo Arthur sin darle la cara.
-Eso mismo, tú siempre me recriminas mis métodos de conquista y el hecho de que mi corazón tenga amor para muchas personas pero eso es porque tú nunca te has enamorado, no sabes cómo funciona esto- seguía diciendo Francis y el tono arrogante de su voz se marcaba más que nunca, incluso se atrevió a reír con esa galantería barata.
Arthur por fin lo encaró, sus ojos brillaban con furia, Francis aun reía pero se detuvo cuando el británico le dio un certero puñetazo en la nariz que incluso lo hizo caer al suelo soltando chillidos de dolor. El ojiverde se puso encima de él y le dio otro golpe en la cara está vez con el libro.
-¡¿Acaso naciste idiota?!- le espetó Arthur dándole en el lado contrario de la cara otra vez con el libro.
-¿Crees que tus revolcones con gente que apenas conoces es estar enamorado?- le espetó tomándolo de la ropa para alzarlo y ver mejor su cara lastimada, lo volvió a soltar para atestarle otro golpe con el mismo volumen de Sartre de pasta gruesa y encuadernado en piel.
-¡Tú no te enamoras! Dices que lo haces tal vez para llenar tus vacíos emocionales, o para tu auto glorificación, o no sé, puede que de verdad tengas una discapacidad para amar pero yo sí sé lo que es estar enamorado- otro golpe con el lomo del libro fue dado en la mandíbula de Francis.
-Se lo que es tener ojos para una sola persona- otro librazo salvaje fue a dar el pómulo del francés.
-Sé lo que es sentirte estúpido la mayor parte del tiempo y como te devanas los sesos queriendo buscar una explicación lógica a porque sigues aferrado a un idiota que solo busca llevarse a la cama a otros- golpeó de nuevo a Francis en la mejilla abriéndole la piel dejando salir un hilo de sangre.
-Sé lo que es pasarte la noche entera haciéndote preguntas de cómo puedes querer tanto a una persona así ¡Pero lo hago, sigo enamorado!- gritó y un impacto más se sumó a los muchos que Francis ya había recibido.
-¡A pesar de lo mucho que duele, a pesar de que es masoquista! ¡Eso es estar enamorado Francis!- le gritó furioso arrojando lejos el libro y volviendo a golpearlo con los puños para luego apoyar sus manos lastimadas en el pecho del francés que ya tenía la cara hinchada por tantos golpes.
-Tú… tú eres el que no sabe nada del amor ¿Y te digo otra cosa? Ya me harté de eso-
Arthur se paró dejando al rubio tirado en el piso, fue por el libro, lo recogió y se fue sin mirar atrás sintiendo sus manos y sus nudillos palpitar, con un temblor apoderándose de su cuerpo entero y el corazón quemándole a tal punto que ardía. Eso pasaba cuando el amor mermaba incluso el espíritu férreo del orgullo, no importaba que agarraras a librazos a esa persona, el amor era algo que no se quitaba con unos cuantos golpecitos brutales.
Así que el británico caminó por el patio tratando de recuperarse en vano, pasó a un lado de los grupitos de parejitas que se devoraban las bocas y se manoseaban como pulpos tirados en el pasto hasta que llegó a la parte de atrás de la escuela, justo en el nido de punks que escuchaban su música estridente mientras parecían sumidos en lo que parecían discusiones e intimidaciones entre ellos.
-Ya terminé de leer esto- le dijo Arthur a un muchacho que estaba recostado fumando descaradamente, aventándole el libro que minutos antes había usado como arma.
El chico sintió el libro caerle en el estómago así que con el cigarro en la boca se incorporó.
-¡Oye enano, dame las cosas como se deben!- le espetó el joven revolviéndose su melena roja y fijando sus afilados ojos verdes en el rubio que lo vio enfadado también.
Aquel muchacho con perforaciones en las orejas y ropa de punk era Scott Kirkland… si Kirkland, hermano mayor de Arthur y líder de los punks de la escuela. Scott en realidad ya no debería seguir yendo al Instituto sino a la universidad pero por su mala actitud reprobó todos los cursos del último año al negarse a someterse a las evaluaciones de los profesores y curiosamente apoyado por el Circulo Marxista Leninista y la banda hipster nórdica; ahora los profesores no sabían cómo deshacerse de él.
-¿Por qué la pasta está manchada de sangre?- preguntó levantándose para interceptar a Arthur que soltó un gruñido, lo que menos quería era una discusión con su hermano.
-Porque acabo de partirle la cara a un imbécil con él- contestó Arthur de mala gana haciendo reír a Scott.
-¡Ese es mi hermanito!- dijo dándole unas fuertes palmadas en la espalda pasándole el brazo por el hombro como muy raras veces hacía.
-¿Y quién fue el afortunado bastardo?- seguía preguntando Scott dándole una larguísima calada a su cigarrillo dejando salir el humo cerca de la cara de Arthur que intentó disiparlo con su mano.
-Un francés podrido- respondió sin más queriéndose escapar del inusual abrazo.
-¿Escucharon chicos? Mi hermano usa el poder del conocimiento para luchar contra este maldito sistema- dijo el pelirrojo alzando el libro manchado de sangre mientras que Arthur rodaba los ojos exasperado al tiempo que los otros chicos soltaban alaridos de orgullo.
Scott por fin dejó libre a Arthur no sin antes darle otra gran palmada en la espalda que más bien pareció un empujón.
-La próxima vez usa un libro más grueso, te doy permiso de agarrar alguno de mi librero- le dijo el pelirrojo que de nuevo se llevaba su cigarro a la boca, sosteniéndolo entre sus dientes mientras hablaba y sacaba el humo al mismo tiempo.
-No creo que haya una próxima vez- murmuro Arthur ignorándolo caminando de nuevo a la escuela con esa cara malhumorada que alejaba a la gente que iba pasando a su lado, sobre todo cuando lo escuchaban maldecir e insultar con su acento británico que hacía inentendibles las palabras.
-Muévanse- les ordenó a los hermanos germanos cuando estos se interpusieron en su camino, empujando a ambos con cada mano para que le abrieran paso.
-En serio… ¿Qué tiene este día que pone a todos de mal humor?- se preguntó Ludwig al que se le estaba contagiando un poco ese ambiente pesado, el que contrarrestaba con efectividad los corazoncitos rosa pastel que parecían volar por el aire cuando pasaban a un lado de las parejas felices.
-La cruda realidad West, eso tiene este día… está lleno de triste y patética realidad- contestó Gilbert que también iba a su clase después de haber acompañado a Feliks a su aula.
-¿Cuál realidad?- preguntó Ludwig pensando que su hermano se estaba tomando demasiado en serio las cosas que Feliks y los demás le habían dicho con respecto al 14 de Febrero.
-La que dice que hasta Feli tiene a alguien a quien regalarle rosas rojas, o quien le regale rosas ¡A Feliciano, West! Me cae bien el chico pero no puedo superar el hecho de que él tenga a quien darle flores- decía Gilbert metiendo así de nuevo esa espina de curiosidad en Ludwig quien había intentado convencerse a sí mismo de que esas rosas tal vez no eran nada especial.
Si claro, nada especial en San Valentín… rosas rojas… rosas… rojas… en el día de los enamorados.
-¿Quién crees que se las haya dado?- preguntó entonces Ludwig queriendo sonar casual a lo que Gilbert solo negó con la cabeza y se encogía de hombros.
-No sé, tal vez en realidad Feli es un Casanova empedernido, tú sabes, uno de esos lobos con disfraz de ovejita kesesese- dijo Gilbert y Ludwig se detuvo pensando en esto pero luego se sacó esa idea de la cabeza.
-Claro que no, Feliciano no es así- contradijo el rubio porque Feliciano no podía ser así. –Tal vez esas rosas son para alguna amiga… o amigo…-
Gilbert soltó una serie de risas burlonas ante esta hipótesis.
-Rosas para tus amigos, no seas ridículo West; solo acepta que Feli es más popular que tú y ya- decía Gilbert aun burlándose de su hermano el cual estaba a punto de recriminar el hecho de que esa no era la razón de su enfado sin embargo se calló antes de hacerlo…
¿Cuál era entonces la razón por la que estaba tan incómodo con el hecho de ver a Feliciano con rosas?
Ludwig cavilaba tratando de encontrar una razón para esto y hubiera seguido así todo lo que restaba del día si no hubiera sido porque chocó con su hermano el cual de pronto se había detenido en seco y soltado un grito ahogado al tiempo que retrocedía un paso pisando a Ludwig.
-West West… Antonio… Antonio me está saludando- dijo Gilbert que no fue tan discreto pues Antonio estaba justo frente a él saludándolo con la mano.
-Hola eh…. Gilbert- dijo el castaño chasqueando los dedos al momento en que recordó el nombre del albino.
-West dijo mi nombre- dijo emocionado el peliplata haciendo reír de manera nerviosa a Antonio.
-Si hermano, lo veo y lo escucho, está enfrente de nosotros- señaló el ojiazul avergonzado un poco por las exageradas reacciones de su consanguíneo el cual no quitaba esa cara de extraña admiración… daba un poco de miedo a decir verdad.
-¿Podrías dejar de verme así?... me siento un poco incómodo- pidió el castaño que sin dejar de forzarse a sonreír se frotaba los brazos para quitarse esa sensación de escalofríos en la piel provocada por Gilbert y su mirada de fanático.
-Ah, perdón solo estaba un poco sorprendido de verte, no pensé que yo fuera tan awesome como para hacer que te den ganas de saludarme en público ¡ENFRENTE DE TODO EL MUNDO!- gritó usando sus manos como bocinas y para que todo el alumnado viera como congeniaba con el súper popular Antonio.
El español no entendía muy bien las acciones de Gilbert así que solo atinó a reírse.
-Eres muy gracioso Gilbert- comentó el ojiverde aun risueño.
-Es solo una de mis muchas cualidades- dijo el nada modesto albino que también rió con Antonio mientras que Ludwig daba un suspiro ahora preguntándose porque le había tocado tener un hermano como Gilbert.
-Por cierto vengo a pedirte un consejo con respecto a Lovino, creo que podrás ayudarme porque me dijiste que tú y él son buenos amigos- comenzó a decir Antoni que parecía tornarse un poco afligido.
-¿Desde cuándo Lovino y tú son buenos amigos?- preguntó esta vez Ludwig viendo con gesto acusador al ojirrojo.
-Desde siempre West así que no hagas comentarios que puedan echar a perder mi brillante futuro- respondió entre dientes Gilbert dándole un codazo al menor para luego dirigirse al español.
-¿En qué te puedo ayudar?- preguntó. El castaño se recargó en la pared y soltó un lánguido suspiro.
-Verás, estas dos semanas he intentado abordar a Lovino para explicarle que hubo un malentendido con Emma pero cada vez que me le acerco termina huyendo o insultándome y ni siquiera me deja hablar… es muy difícil acercarse a él y pensé que tal vez tú sabrías una manera de poder hablar sin que se enoje o voy a empezar a creer que de verdad me odia- decía el muchacho desanimado viendo a Gilbert que asentía a cada palabra como si aquello se tratara de un asunto muy delicado.
-Antes que nada Antonio déjame decirte una sola cosa- dijo Gilbert seriamente alzando su dedo índice. -Lovino odia a todos- dijo sin tapujos a lo que el ojiverde soltó una risa débil.
-No es cierto- quiso contradecir Antonio.
-Es verdad, parece que los odia a todos ¿Nunca lo has escuchado maldecir? Bueno… si lo has hecho pero no has escuchado sus maldiciones casuales ese hombre tiene algo mal en su psicología pero no importa; a lo que quiero llegar es que no te sientas intimidado por eso, lo que tienes que hacer para abordar a Lovino es someterlo duro contra el piso- concluyó Gilbert con la misma seriedad con la que había empezado hablar.
-¿Cómo?- preguntó Antonio pensando que había escuchado mal.
-Someterlo duro contra el piso- repitió Gilbert y Ludwig se cuestionó una vez más si su hermano se había caído de la cuna cuando era bebé porque no encontraba otra explicación para su comportamiento.
-¿Es en serio?- volvió a preguntar Antonio y Gilbert se mantuvo firme en su posición así que el español se despegó de la pared, tragó saliva trabajosamente y asintió con su cabeza mientras cerraba sus puños.
-Está bien, haré que Lovino me escuche- dijo con tono firme comenzando a caminar mientras repetía "duro contra el piso" una y otra vez en voz baja.
-¿No crees que se lo va a tomar muy literal?- preguntó Ludwig a su hermano al que se le hinchaba el pecho de orgullo al ver a Antonio siguiendo uno de sus increíbles consejos.
-Para nada, no creo que sea tan tonto- le tranquilizó Gilbert… no conocía a Antonio.
El español seguía recitando aquellas palabras mientras iba de salón en salón buscando a Lovino encontrándolo por fin leyendo en un aula.
El italiano estaba sentado en la silla con los pies sobre el pupitre, cambiando la página parsimoniosamente sin meterse con nadie, sin estar maldiciendo a nadie ni a nada, solo leyendo pacíficamente en una tregua de paz con el universo entero… o eso era hasta el momento en que Antonio (que sí se había tomado muy literal el consejo anterior) llegó a arrojársele encima tirándolo de bruces en el piso boca abajo y antes de que le diera tiempo de hacer o decir algo el español ya le estaba torciendo los brazos poniéndolos detrás de su espalda.
-¡Lo siento Lovino pero de verdad necesito que me escuches!- exclamó Antonio encima del desencajado Lovino.
-¡¿Qué mierdas te pasa imbécil, suéltame?!- gritaba Lovino retorciéndose en el piso tratando de escapar.
-No puedo, necesito que me escuches: Emma y yo no somos nada, ya no estamos saliendo y lo de la última vez en la cafetería fue un malentendido ¡Tienes que creerme!- decía el desesperado Antonio.
-¡Carajo, no tienes que aplastarme para decirme eso, imbécil! Suéltame ¿Qué no puedes hablar como la jodida gente normal? ¡Quítate de encima!- le espetaba Lovino que respiraba con dificultad por tener el peso entero del español sobre él.
-¿No te escaparás y no me golpearás si lo hago?- preguntó el ojiverde escuchando algunos gruñidos por parte del italiano que estaba debajo de él.
-No maldita sea- y dicho esto Antonio por fin se quitó de encima ayudando a Lovino a levantarse y apenas el castaño se hubo incorporado le dio una fuerte patada en la espinilla al ojiverde que tras dar un gritito de dolor cojeó un poco tratando de frotar el lugar afectado y aliviar el dolor.
-Me dijiste que no me golpearías- se quejó Antonio.
-Exacto. No te golpeé, te pateé- corrigió Lovino cruzándose de brazos.
-¿Y? Vienes y me tacleas de la nada solo para decirme que tus estúpidos juegos de coqueteo no tienen nada que ver con Emma ¿No pudiste haberme dicho eso sentado en una maldita silla?- dijo el muchacho levantando su libro y sentándose.
-Ya lo he intentado pero tú siempre terminas huyendo… además fue consejo de uno de tus amigos- dijo avergonzado Antonio también tomando asiento para poder masajear mejor su espinilla herida.
-Esos bastardos…- masculló Lovino ahora clavando sus grandes ojos en los de Anotnio.
-Aun así no creas que me voy a tragar esa tontería de que Emma y tú no están saliendo, lo que me parece algo bastante bajo. Coquetear conmigo teniendo a tu chica enfrente ¿Acaso no eres un hombre de verdad? Debería arrancarte las bolas solo por eso- le insultó Lovino con ese tono de mafioso aprendido tras varios documentales y películas.
-¡Eso es exactamente lo que no quiero que pienses! De verdad Emma y yo ya no somos pareja ¿Por qué les cuesta tanto trabajo creerlo?- dijo el español frustrado dejando caer su cabeza en la mesa donde minutos antes Lovino recargaba sus pies.
-Esa pregunta es estúpida, tú y ella fueron un ícono de amor en la escuela durante seis malditos meses y un día solo aparecen sonrientes y frescos dando la noticia de que ya no eran pareja. ¡A la mierda con eso! Nadie puede seguir llevándose tan bien con su ex a menos que aun sean novios o tengan sexo sin compromiso cada noche, lo cual dudo mucho de Emma así que solo queda viable la primera opción- explicó Lovino que para sorpresa de Antonio se dio cuenta de que el italiano podía entablar una charla tranquila (excepto por las malas palabras).
-Creo que no me vas a entender a menos que te diga la verdad… ¿Te puedo contar un secreto?- preguntó Antonio que seguía con su cabeza recargada en la mesa solo que ahora encaraba al otro castaño.
-No- contestó sin más Lovino.
-Aun así te contaré; yo no amo a Emma y cuando salía con ella tampoco lo hacía- dijo el muchacho viendo como el entrecejo de Lovino se fruncía aún más.
-Quítate los malditos pantalones, ahora si te voy a castrar por eso- dijo el italiano el cual, si algo no soportaba además de que otros aparte de él, molestaran a su hermano, era que le faltaran al respeto o lastimaran a una mujer.
-¡No!- gritó Antonio cubriéndose inmediatamente su entrepierna con ambas manos con la cara casi azul del miedo. –No me expliqué bien- tomó aire y volvió a mirar a Lovino aunque sin dejar de proteger sus partes nobles solo por si las dudas.
-Lo que quiero decir es que todo fue una farsa; Emma tampoco me ama, al menos no de esa forma- dijo Antonio viendo como Lovino pasaba de enojado, a serio, otra vez enojado, confundido y por último, enojado otra vez.
-No entiendo ¿Por qué alguien fingiría tener una relación?- dijo aun cruzado de brazos.
Antonio sonrió de manera triste y recargó sus brazos en la mesa para luego apoyar su barbilla en ellos.
-Lovino… todos creen que ser popular es muy divertido, que solo se trata disfrutar de estar rodeado de gente y nada más preocuparte por ser cool… pero no siempre es así- decía el español desviando su mirada a la ventana donde entraban de lleno los rayos del sol.
-Ósea que la popularidad tiene un lado obscuro, vaya tontería- se burló Lovino con una sonrisa ladina reclinando su espalda en el respaldo de la silla cruzando las piernas, ahora si parecía un don.
-No lo llamaría exactamente así pero… verás, Emma junto con Francis ha sido mi mejor amiga desde niños y no es por presumir pero también siempre hemos sido populares, cuando entramos a la preparatoria no fue la excepción aunque… creo que fue un poco difícil para ambos- decía el español haciendo memoria.
-¿Alguna vez has escuchado esa frase que dice "están hechos el uno para el otro"?- Lovino asintió de mala gana.
-Bueno, pues a Emma y a mí nos la solían decir siempre; la gente que nos conocía, nuestros compañeros de clase, amigos, maestros, incluso nuestros propios padres… luego la frase cambió a un "deberían salir juntos". Todo el tiempo era lo mismo, no importaba con quien estuviéramos siempre escuchábamos eso hasta que un día nos hartamos y decidimos que la mejor manera para callarlos a todos era complacerlos así que empezamos a salir o fingir que salíamos, era muy raro sobre todo cada vez que nos teníamos que besar en público sentía como si estuviera besando a mi hermana y creo que para Emma era lo mismo. Pasaron seis meses y por fin terminamos con esa mentira es por eso que seguimos siendo amigos pero nada más- concluyó Antonio esperando una respuesta de Lovino que parecía estar procesando lo anterior.
El de ojos marrones recargó sus codos en la mesa mirando directamente a Antonio que esperaba una especie de veredicto.
-Básicamente eres demasiado idiota e influenciable como para obedecer al resto y hacer lo que los demás te dicen- sentenció Lovino afligiendo aún más a Antonio.
-No… no es eso-
-Entonces no encuentro otra razón para justificar lo que me estás contando-
-Es que tú no entiendes… a veces la presión social es demasiada, sobre todo cuando estás en la mira de todos o cuando la mayoría habla de ti. Todos siempre están esperando cosas, acciones… todos tienen expectativitas todo el tiempo… siempre… y hay veces en las que solo quieres que dejen de hablar como si ellos supieran lo que tú quieres o lo que debes de hacer, a quien querer… ojalá todos se callaran tan solo por un momento- dijo finalmente Antonio pasando de tener sus brazos sobre la mesa a rodear su cabeza con ellos como si estuviera protegiéndose de un enemigo invisible.
-Pues si no se callan solo tienes que dejar de escucharlos ¿No?-dijo sencillamente el italiano, como si no hubiera absolutamente nada de complicado en no escuchar críticas y cosas así, era como si él fuera inmune a ello.
Antonio levantó la cabeza y una vez más se forzó a sonreír como queriéndole decir con ello a Lovino que este no entendía nada; en su lugar Lovino bostezó con total descaro y recargó su mejilla en la palma de su mano con una expresión de aburrimiento.
-Al menos yo hice eso…- dijo el de ojos marrones con la misma naturalidad que antes, vio su libro que estaba en la mesa, el maltratado tomo de Mario Puzo y lo hojeó perezosamente.
-Siempre me comparaban con Feliciano… mejor dicho, me comparan con Feliciano, es el cuento que nunca termina. Un día me harté de toda esa mierda porque yo a diferencia de ti nunca les di el gusto de comportarme como mi hermano cosa que tú hiciste al cumplirles su capricho y salir con Emma, así que ellos siguen hablando y hablando y hablando porque aunque yo intente ser como Vene jamás lo seré, porque la gente siempre va a encontrar un maldito defecto que criticarte así te mates intentando ser perfecto, porque siempre van a estar al pendiente de cada error o detalle que hagas para después restregártelo en la cara y luego regodearse por eso. Esto no es cosa de esa basura de ser popular, es algo que todos pasamos ¿Y sabes qué? Al carajo con eso yo hago lo que se me viene en gana porque es mi puta vida y el día que me esté muriendo al menos sabré que todas las estupideces que hice fueron porque quise y no porque un rebaño de imbéciles me persuadió. Al carajo la gente déjalos hablar, mejor escúchate a ti mismo- recitó Lovino escupiendo las palabras como si estas fueron veneno que intentaba expulsar de su cuerpo, incluso dio un golpe en la mesa haciendo saltar al libro y al español que no quitó sus ojos de Lovino el cual tras decir todo aquel discurso se estiró quitándose de encima el cansancio.
-Si eso es todo entonces me largo, ojalá dejes de ser tan imbécil- dijo por último el muchacho tomando su libro metiéndolo a la mochila y levantándose para irse de ahí.
Antonio salió de su embobamiento justo a tiempo para alcanzar a Lovino antes de que este saliera del salón de clases.
-¡Espera Lovino!- le pidió al muchacho que soltando un resoplido se volteó viendo al español ir hasta él con esa sonrisa de ensueño causante de desmayos y taquicardias.
El ojiverde rebuscó algo en sus bolsillos y sonrió aún más cuando al parecer lo encontró, sin embargo al sacarlo se dio cuenta de que su bolsita de trufas estaba totalmente aplastada seguramente por el ajetreo anterior.
-Ah… están arruinadas- dijo el muchacho con tristeza dando un suspiro de desilusión –Creo que tendré que tirarlas- se dijo pero antes de siquiera intentar hacerlo Lovino se las arrebató.
-Es pecado tirar la comida- dijo llevándose las trufas como si nada dejando a Antonio en el aula con una sonrisa tan enorme que bien podría haberle robado la virginidad a mas de una de sus fans de haber estado ahí presentes.
-¡Esto no significa que acepto tu coqueteo de mierda!- grito Lovino que ya iba por el pasillo rompiéndole toda ilusión a Antonio… otra vez…
Y así el pésimo día de San Valentín para unos y no tan malo para otros, pasó. Entre flores, chocolates, corazones rotos, nuevos noviazgos y todo ese tipo de cosas que suelen suceder precisamente ese día, el timbre que daba anuncio al fin de las clases sonó liberando así a muchos de su tortura y rompiendo la burbuja color rosa de unos cuantos.
-Vámonos de este lugar antes de que me dé una diabetes ósea por favor, miren esas caras ¡Ya acabo el día perras!- decía Feliks gritándole a las parejitas que salían de la escuela tomadas de la mano.
-Ya quiero llegar a casa, tanto amor me sofoca- comentó Lovino que iba comiendo las trufas aplastadas de Antonio al tiempo que Feliks las veía y se las arrebataba devorándolas con muy poco estilo.
-¡Oye! Dame mis malditos chocolates- le espetó Lovino.
-Cállate Lovi, como que hoy me voy a dedicar a engordar. Ósea si sigo así me voy a morir gordo y sólo en un apartamento y mi cadáver va a ser devorado por gatos porque no voy a tener ni quien recoja mi cuerpo- decía el drama queen por excelencia fingiendo sollozar.
-¿Qué es eso?- preguntó entonces Gilbert que llegaba al encuentro del resto de sus amigos viendo las trufas deformadas.
-La felicidad de Lovi-love- contestó de mala gana Feliks y Gilbert metió su mano en la bolsita.
-Que rico, felicidad ajena kesesese- dijo tomando un pedazo de chóclate y llevándoselo a la boca mientras que Lovino solo golpeaba su frente con la palma de su mano y negaba con la cabeza. Igual que Ludwg, se preguntaba si esos dos se habían caído de la cuna cuando eran bebés o no les había llegado suficiente oxígeno al cerebro.
-¡Ve~ perdón!- Y el último integrante llegaba corriendo, tratando de tomar aire y con el mismo ramo de rosas de esa mañana, aunque… eran mucho menos rosas ahora.
-Llegas tarde Vene ¿Qué carajos estabas haciendo?- preguntó su mellizo al chico que intentaba tomar aire.
-No te vimos en el almuerzo- comentó Kiku al que se le había hecho extraña su ausencia.
-Lo siento… estaba dando mis regalos de San Valentín- dijo el muchacho sonriente haciendo que Ludwig pusiera un poco más de atención en esta frase.
Feliciano dio un último jadeo antes de intentar respirar con normalidad y encaró a todos sus amigos ahí reunidos.
-Perdón por tardar en darles los suyos- dijo entonces extendiendo su ramito de rosas rojas –Tomen una y Feliz San Valentín ve~-
A los muchachos pareció iluminársele la cara al ver que recibían un regalo en ese día, aunque Kiku y Lovino habían tenido los suyos, aceptaron agradecidos las rosas que Feliciano les ofrecía y dieron las gracias al muchacho, incluso Ludwig quien se ruborizó hasta las orejas por haber pensado que Feliciano tenía algún tipo de relación amorosa y todo por esas flores que al final si eran para sus amigos.
-Gra… gracias- dijo tomando la rosa –aunque no tengo nada para darte- dijo apenado el rubio y el muchacho negó con sus manos.
-No importa, tómalo como un regalo de agradecimiento por todas las veces me has ayudado a estudiar- dijo el muchachito aun sonriente y Ludwig volvió a ver la rosa también sonriendo ligeramente con la cara pintada de rojo todavía por la vergüenza.
-¡Feli eres un sol!- le dijo entonces Feliks tomando al menor de los Vargas por las manos a lo que el italiano también enlazó sus manos con las del rubio el cual se acercó y le dio un beso de pico en los labios a Feli y este lo recibió muy gustoso chocando su boca rápidamente con la del ojiverde.
Al ver esto tanto Gilbert como Ludwig abrieron desmesuradamente los ojos y dejaron caer sus respectivas flores a pesar de que los demás no parecían en absoluto afectados por esta acción, de hecho daban la impresión de estar muy acostumbrados a esto.
-T… T… Tú….- comenzó a decir Ludwig señalando a los chicos que seguían tomados de la mano.
-¡Besaste a Feliciano!- completó Gilbert alzando su voz un poco más de lo normal también señalando a Feliks que alzó una ceja sin entender a que venía esa reacción.
-Si- contestó Feliks soltando a Feli –Pero igual te doy uno a ti- y dicho esto también le robo un beso a Gilbert que sintió el rápido roce de labios como un choque eléctrico.
El albino abrió aún más sus ojos si eso era posible y las sangre se le subió en cuestión de segundos hasta la cabeza, se cubrió la boca con la mano y vio estupefacto a Feliks que reía de manera traviesa.
-Tranquilízate Gilbo, hasta parece que te haya robado tu primer beso- dijo Feliks soltando unas risitas. Gilbert de inmediato miró a Ludwig que seguía ligeramente petrificado ¿Cómo decirle a Feliks que lo que acababa de decir era verdad?
-Muy bien ahora ¡¿Quién quiere ir a tirarle huevos a las parejas y decirles que no estarán por siempre?!- propuso el ojiverde dando palmaditas a lo que Lovino y Alfred alzaron la mano apoyando la idea, de hecho Alfred estaba sacando de su mochila una caja de huevos como si ese plan ya hubiera sido trazado desde días antes.
-Ve~ nos meteremos en problemas- dijo Feliciano tomando del brazo a su hermano queriendo detenerlo mientras salían de la escuela.
Aun con ello el muchachito fue vilmente ignorado por el resto que seguían caminando, Gilbert intentaba recuperarse de su conmoción anterior y seguía al grupo hasta las verjas de la escuela mientras todos comentaban lo divertido que sería desquitar su frustración emocional con huevos como si tuvieran seis años… pero entonces Feliks se detuvo en seco haciendo que Gilbert chocara con él.
-¿Qué pasa?- preguntó el albino viendo al rubio que se quedó pasmado mirando en dirección a la reja justo donde había un chico de largo cabello castaño vistiendo lo que parecía un costoso uniforme de alguna escuela privada y en su mano llevaba un poni de peluche con un gran moño rosa.
-¡TORIS!- gritó entonces Feliks corriendo y tirando su bolsa en el camino para correr más rápido y aventarse sobre el chico que alcanzó a atraparlo justo a tiempo.
¿Quién eres ese tal Toris?
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Y que Toris aparece siete capítulos después XD.
¿Disfrutaron el capítulo de este violento San Valentín? (digo violento por eso de Arthur dándole de librazos a Francis; que sépanlo gente, si no le dan de librazos a su ser amado no lo aman lo suficiente) Claro, el invitado especial de hoy fue Scotty, alguien me preguntó si saldría y en realidad no lo tenía planeado pero es Scott y merece amor como todos los demás.
Por otro lado en este capi empecé a profundizar un poco más en los personajes porque hasta en la comedia no todo es risas y amor así que espero hayan disfrutado de un pequeño toque de seriedad en medio de la comedia.
En fin me despido como siempre agradeciéndoles, sé que aun algunas personitas intentan digerir las parejas y ¿Saben qué? Eso hace que los ame más porque le están dando una oportunidad a esto. Igualmente gracias a toooodos sus awesome reviews, todos son awesome y los amo a todos y soy una cursi de mierda pero es la verdad. Igual gracias lectores silenciosos que me leen desde sus mazmorras o sus casas y se dan tiempo para darle una leída a esta cosa. Mil gracias y nos leemos la siguiente.
