Hola a todos! Gracias a quienes leen el fic y gracias por tu review Green (En su programación está la defensa personal pero igual lastimaron al gatito u.u) Saludos! :D

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Capitulo 7

Castiel regresó del trabajo cansado y dejó sus cosas en la sala de estar antes de ir a la cocina, en donde escuchó la voz melodiosa de su Nekomimi. El viaje a la playa del fin de semana celebrando el cumpleaños de Sam había sido muy divertido, exceptuando el incidente con esos sujetos. Se asomó a la cocina con cautela y sonrió al ver al rubio de espaldas mientras terminaba de freír el pescado en el sartén.

-Hola Dean- éste se giró con una sonrisa.

-Hola Cas- respondió entusiasta- ¿Cómo te fue en el trabajo?

-Bien- dijo acercándose para quedar tras él- Tengo muchísima hambre y esto huele delicioso.

-Ya está casi listo, Cas.

-Mira lo que te traje- le entregó la bolsa que sostenía y el menor miró su contenido mientras su sonrisa se ampliaba.

-¡Mi tarta!

-Así es, ya que has sido un buen Neko, te traje tu favorita.

-¡Gracias Cas!- lo abrazó y el profesor acarició su cabeza con suavidad.

-¿Tu herida está bien?

-Sí, Cas, ya te dije que no me duele, así que no te preocupes.

-Mmm- quitó la venda con cuidado para mirar la cicatriz que tenía el menor y la acarició despacio- No me gusta.

-Cas…

-Aún cuando no puedas sentir dolor, no me gusta que te lastimen…

-Estoy bien- aseguró el Nekomimi.

-Sé que no puedes entenderlo del todo, Dean pero me siento triste cuando te lastimas y aunque a ti no te duele, a mí sí- tomó una de sus manos- Me duele aquí- la llevó a su pecho- Cuando te hieres, me duele el corazón.

En un gesto que Castiel no esperaba, el rubio lo empujó despacio hasta dejarlo contra la pared y se inclinó un poco para colocar el oído derecho en su pecho antes de esbozar una pequeña sonrisa.

-Dean…

-Me gustan los latidos de tu corazón, son muy armónicos- cerró los ojos- Me gusta oírlos cuando duermes.

El profesor lo rodeó con sus brazos y le dio un suave besito en la cicatriz de la frente. El Nekomimi lo observó fijamente, con una mueca extraña en su rostro que el mayor no supo como interpretar.

-¿Qué ocurre, Dean?

-Mmm… es que…

-Dímelo- pidió con suavidad.

-Algo está mal conmigo, Cas…

-¿Eh? ¿De qué hablas? ¿Te sientes mal?

-No lo sé… es que… estoy sintiendo cosas extrañas.

-¿Extrañas? ¿A qué te refieres?

-Se supone que no debería sentir algo pero cuando me tocas… los lugares donde me tocas… se sienten muy cálidos…

-Dean.

-Y en la playa… cuando ese hombre te lastimó, sentí algo raro.

-¿Qué cosa?- preguntó serio.

-Todo mi ser… deseaba lastimar a ese sujeto por golpearte.

-Dean…

-Eso no está bien, Cas… la agresividad no está dentro de mi programación pero cuando te hirieron… yo también quería lastimarlo- el menor lo observó fijamente- ¿Qué me pasa, Cas?

El moreno permaneció unos minutos en silencio ante las inesperadas palabras del menor. Tampoco comprendía por qué pero en vez de analizar las palabras del Nekomimi con objetividad, lo hizo de un modo más personal, sintiéndose feliz por lo que dijo y lo abrazó.

-¿Cas?

-No hay algo malo contigo, Dean- le acarició las mejillas despacio.

-¿Entonces estoy bien?- preguntó el menor.

-Sí, Dean, yo me sentí exactamente igual cuando ese bastardo te golpeó.

-Cas…

-Cuando vi la herida que tenías y como te lastimaba en el suelo… sentí una intensa ira y solo quería destrozarlo con mis propias manos.

-Pero yo no debería ser así, Cas… se supone que los Mimis no estamos programados para lastimar a los humanos…

-Estabas protegiéndome, Dean, no tiene algo de malo lo que hiciste.

-Pero esos son sentimientos humanos… yo no debería tenerlos, Cas… algo tiene que estar mal conmigo, quizás con el golpe en la cabeza, mi programación se vio afectada y- el moreno colocó dos dedos en sus labios mientras sonreía.

-No Dean, está bien, lo que has dicho me hace muy feliz- el rubio lo observó sin entender- Lo que hiciste para protegerme, que me protegieras de esa forma y que te sintieras así, me hace muy feliz, gracias por cuidarme, Dean- el menor tomó su mano.

-¿Entonces no estoy defectuoso?

-Claro que no, Neko- le acarició la cabeza con una mano- Estás en perfectas condiciones.

-Cas.

-Ahora vamos a comer esta delicia que has preparado.

El rubio le regaló una encantadora sonrisa antes de servir la comida. El profesor saboreó cada bocado de la cena mientras de reojo observaba a su Nekomimi, quién estaba disfrutando el pescado. Cuando terminó de comer, soltó un pequeño suspiró.

-Gracias por la comida, Dean, estaba exquisita.

-De nada, Cas- el menor lo miró fijamente.

-¿Ocurre algo?

-Tienes pescado aquí.

Antes de que pudiera hacer algo, el menor se inclinó hacia él y en un inesperado gesto, lo lamió cerca de los labios. El rubor no tardó en apoderarse de sus mejillas y observó a su Nekomimi con un marcado gesto de asombro y vergüenza.

-¿Por qué hiciste eso, Dean?

-Tenías un poco de pescado cerca de los labios.

-Dean… no vuelvas a hacerlo… basta con que me digas y yo lo limpiaré.

-Mmm pero Balthy dijo que así debía hacerse.

-¿Eh?- arqueó una ceja algo molesto- ¿Qué es lo que te dijo mi hermanito?

-Que cuando tuvieras comida en el rostro, debía lamerla- respondió sereno- Dijo que así sonreirías, ¿Lo hice mal, Cas?

-Dean…- suspiró despacio- No tienes que hacer lo que te digas ese idiota.

-No entiendo.

-Balthy solo estaba bromeando contigo, Dean.

-¿Bromeando?- preguntó sin entender.

-Solo no le hagas caso de nuevo- pidió el profesor.

-Sí, Cas… ¿Estás enojado?

-No Dean… pero si haces eso de nuevo, la respuesta que obtendrás… quizás no te guste- dijo levantándose y dejó su loza en el fregadero- Estaré en mi despacho trabajando.

-¿Te llevo un café, Cas?

-No… ve a dormir, buenas noches.

El moreno se encerró en la habitación suspirando y permaneció recostado sobre el sillón junto a la pared durante varios minutos. Ese gesto tan inocente por parte del Nekomimi, había hecho que un montón de emociones innombrables se estremecieran en su interior. No tenía idea de que le ocurría con el rubio y si era honesto, le producía un poco de miedo descubrirlo.

Castiel se levantó bostezando y bajó las escaleras somnoliento. Era sábado y aprovechó de dormir un par de horas más que lo que usualmente acostumbraba. Cuando llegó a la cocina, se extrañó que Dean no estuviera ahí preparando el desayuno. Volvió a subir las escaleras para dirigirse al cuarto del menor y golpeó antes de entrar.

-Es hora de despertar— no alcanzó a terminar la oración cuando escuchó los gruñidos del rubio y vio que se movía inquieto en la cama- ¡Dean!- lo sacudió por los hombros- ¡Dean despierta! ¡DEAN!

Lo movió más fuerte y esas esmeraldas lo observaron con hostilidad antes de que lanzara un zarpazo directo a su rostro pero el moreno alcanzó a esquivarlo, evitando que lo rasguñara. El menor cerró los ojos con fuerza mientras se llevaba una mano a la cabeza.

-¿Dean?- lo llamó preocupado- ¡Dean!- el Nekomimi lo miró asustado- ¿Dean?

-Cas…

-Tranquilo, Neko- dijo abrazándolo con fuerza- Solo ha sido un mal sueño.

-¿Sueño?

-Estás bien aquí, gatito, yo siempre te cuidaré.

-Cas…- ambos permanecieron abrazados por un par de segundos antes de separarse.

-¿Te sientes mejor, Dean?

-Sí… ¿Qué ocurrió?

-No lo sé, te escuché gruñir mientras dormías y cuando te desperté, estabas muy asustado, creo que tuviste una pesadilla.

-Yo no sueño, Cas- respondió el menor con un gesto de confusión- No necesito dormir como ustedes.

-Dean…

-¿Te lastimé?

-No, gatito, estoy bien.

-Siento esto, Cas- se disculpó levantándose- Ya es tarde y debería tener el desayuno listo.

-Dean…

Observó como el Nekomimi salía de la habitación a paso rápido y dirigió su vista hacia la cama. No quería admitirlo pero quizás si estaba ocurriendo algo malo con el rubio, ya que la forma tan hostil en que lo miró antes de atacarlo, no era propia del Dean que siempre lo protegía y mantenía toda su vida en orden desde que llegó a su hogar.