Noche de tormenta
-Me imagino que estarás preocupada por ellos- ambos de vuelta en la cocina, Cuttercloud realizaba una rápida lectura del periódico. Enfrente suya, la changeling se nutría del afecto de los dulces. A pesar de que habían perdido el agradable calor y aroma de la bollería recién horneada, sus propiedades sentimentales seguían intactas, cosa que el pegaso querría tener en cuenta de cara a futuras circunstancias en lo que alimentar a ambos se refería. A juzgar por las fotos impresas, la reina Chrysalis y todo el grupo que la acompañaba en el asalto, fueron repelidos por el impacto expansivo de una protección mágica.
Cuttercloud hizo memoría del mapa que había estado consultando unas horas antes, situando mentálmente el pueblo y Canterlot, a fín de calcular una trayectoria apróximada. No hacía falta ser un unicornio para suponer que las probabilidades de reunir al disperso clan eran casi nulas a corto plazo. Si ella había acabado tan lejos, seguro que la mayoría habrían atravesado las fronteras, acabando aislados unos de otros. Intentó evitar la subjetividad con la que se habían redactado los sucesos en la capital, los cuales rebelaban que el autor de aquella columna no estaba acostumbrado a tratar con especies de otros países.
El sonido de un trueno lejano lo sacó de sus pensamientos, notando entonces como su invitada se había quedado observándolo. Enfrente suya estaba el plato con la comida a la que había sustraido el afecto, indicando que había terminado de cenar. Procurando ser lo mas claro posible, le explicó la situación en la que se encontraba. Afortunádamente, Cuttercloud comprobó que sus reflejos seguían en buena forma, cuando tuvo que saltar hacía atrás para evitar que la mesa le cayera encima, y agacharse cuando los dulces la siguieron en una trayectoria parabólica.
La changeling había encabritado al darse cuenta del contexto en el que se encontraba, mirando al pegaso con odio. Cargando furiosa, abrió la puerta que daba a la parte trasera de la casa, deteniéndose solo por la duda que le causaba el sonido de una pesada lluvia en la oscuridad de la noche.
-No llegarás lejos con este clima, relájate y piensa las cosas con clar...- un siseo agresivo lo interrumpió antes de que la yegua cargara hacia campo abierto.
Cuttercloud suspiró. Sin cerrar la puerta, limpió aquel desorden y esperó pacientemente con una toalla al cuello. No transcurrió demasiado tiempo antes de que divisara una oscura y mojada figura volver a entrar por la puerta por la que se había ido, acercándose hasta el pegaso. Cuando este giraba la cabeza para ofrecerle la toalla, le pilló por sorpresa que la changeling se dejara caer al suelo enfrente suya, intentando reducir su llanto en sollozos. Así estuvo durante casi una hora, cosa que destrozó de pena a Cuttercloud.
Momentos después, la yegua se encontraba durmiendo otra vez bajo el acolchado de la ventana, con el sonido de la lluvia en el cristal a modo de canción de cuna, recuperándose del esfuerzo. Cuttercloud se compadecía de ella mientras le abrigaba con una manta. Estaba completamente sola. El nunca había llegado a estar completamente solo a pesar de sus continuos esfuerzos. El desayuno de aquella mañana le había recordado que siempre podía contar con la gente que conocía, los habitantes del pueblo apreciaban su trabajo, y además tenía a sus padres y hermano mayor comunicados a pesar de la distancia. El no quería relacionarse en su vida diaria con nadie por el complejo de su herida, pero aun así no era incapaz de imaginarse aislado de sus congéneres. Y allí estaba ella. Sin conocidos ni familia, y probáblemente había gente que la odiaría por pertenecer a la raza involucrada en el asalto a Canterlot. Estaba en un grado de soledad que el pegaso no se había imaginado nunca, como si de un superviviente en medio de un territorio hostil se tratara.
Aquello le entristeció sobremanera. Desde su accidente, había pensado solo en si mismo porque su complejo le hacía sentir apartado de los demás, lo que le había llevado a apartarse de la gente porque no quería que tuvieran compasión de el. Y sin embargo, este sentimiento ahora echaba raíces en su corazón, imaginándose como debía sentirse la persona que tenía en ese momento a sus cascos, con la luz de la vela mostrando la angustia reflejada en su rostro, y la luz de la luna haciendo brillar sus crines ónices. Miró el muñón del lado derecho de su propio lomo, y por primera vez no pensó en lo que había perdido, sino en lo que todavía conservaba. Poco después se encontraba en su cama, derramando algunas lágrimas mientras apuraba una botella de sidra.
No podía permitirse pensar en el dolor de cada mañana mientras bajaba las escaleras. Al llegar al salón, la changeling le recibió todavía tumbada bajo la ventana, con la tristeza reflejada en sus ojos. Ni siquiera se había levantado a buscar comida en la alforja que todavía conservaba bollos. Cuttercloud se acercó a ella, que reaccionó girando sobre si misma hasta darle la espalda. Intentó consolarla con palabras, la invitó a prepararle una habitación para que se quedara el tiempo que hiciera falta, incluso le prometió ayudarla a buscar a sus congéneres.
-No estás totálmente sola, al menos tienes a alguien que intenta ayudarte a que te sientas mejor...- suspiraba el pegaso mirando el suelo, intentando soportar esa mañana más dolor del que estaba acostumbrado.
Un casco rodeándole el flanco izquierdo le pilló de improviso, así como la respiración reconfortada que sintió en el hombro junto al peso de una cabeza. Abriendo los ojos, atisbó a ver el lomo de la changeling al bajar la mirada, mientras esta le abrazaba agradecida por su empatía. Notó las lagrimas de la yegua cuando estas cayeron sobre el hombro, a lo que contestó moviendo su ala restante y devolviéndole el gesto afectivo mientras le susurraba palabras de apoyo para animarla. La hermosa escena siguió durante unos minutos, hasta que la changeling se sintió con fuerzas para levantar la cabeza y mirarlo a los ojos.
Entonces, esta abrió la boca mostrando los colmillos...
