CAPÍTULO 7

LAS COMPRAS EN EL CENTRO COMERCIAL

EL ATAQUE DEL SAMURÁI

Tai y Matt contemplaban como Izzy trabajaba en el portátil, mientras una serie de números no paraban de ascender en la pantalla. A los dos minutos de estar mirando, les dolía tanto la cabeza que apartaron la mirada.

- Dios, es que no lo soporto – se quejó Tai dejándose caer sobre su litera.

- ¿Tanto te molesta que Sora se haya ido con ellos? – Le preguntó Matt, sin comprender a su amigo – Simplemente le ha pedido consejo para un bañador para tu hermana. Además, hasta hace poco tú y ella ni os hablabais.

- No… lo que no soporto es la actitud de Kari.

En ese aspecto, Matt le entendía. Por lo que Tai había contado, cuando volvió al mundo real tras su encuentro con Etemon, su hermana parecía muy cariñosa, y en el mundo real fue igual. Sin embargo, cuando todo acabó y derrotaron a Infelmon, Kari se fue distanciando más de su hermano.

Matt había sentido eso en sus carnes durante su travesía en el mundo digital con su hermano pequeño, Tk, al que poco a poco se había ido alejando de su lado y aprendiendo a apañárselas solo, ¡hasta les salvo la vida durante su combate contra Piedmon!

- En algún momento los hermanos crecen, Tai.

- ¡Pero es que no entiendo a que viene esa actitud! ¡Nunca había protestado porque la viera cambiarse de ropa ni me hablaba así antes! ¡¿Acaso no te enfadarías si Tk te hiciera a ti lo mismo?

Aunque podía entender como se sentía, estaba claro que era normal que se mosquease que lo echarán de su habitación. Si Tk le hiciera lo mismo, estaba claro que se sentiría algo molesto, pero había una gran diferencia entre él y Kari.

- Quizás Kari este ya en esa edad.

- ¿E-En esa edad? – Preguntó sin comprender.

- En la edad en que le da vergüenza que la vean desnuda. Y más si eres un chico.

- ¡Qué soy su hermano! – Le recordó, rabioso - ¡Además, el otro día se baño con Kenji y no le importó para nada meterse con él en la bañera! ¡Esa razón no me vale!

Matt se mantuvo pensativo por un momento. Si hacía eso, si que era raro. Aunque bueno, a Kenji hacía mucho tiempo que no lo veía, así que quizás fuera…

- Tai, ¿estás celoso de que Kari haga más caso a tu hermano que a ti?

- ¡¿Qué? ¡Ni hablar!

Estaba claro, responder tan rápidamente indicaba que si que lo estaba.

- Chicos, ya lo tengo – les avisó Izzy.

Ambos se acercaron al portátil justo en el momento en que una pantalla se abrió, mostrando la imagen de un hombre anciano con bigote canoso.

- ¡Gennai! – Exclamaron Matt y Tai a la vez.

- Cuanto tiempo sin veros, niños elegidos – miro de un lado a otro de la pantalla - ¿Pero no eráis ocho?

- De ese tema mejor no hablar…

- Gennai, ¿qué está pasando? – Quiso saber Matt - ¿No se supone que cuando usamos los emblemas sellamos la puerta que conectaba el mundo Digimon con el mundo real?

- Eso pensaba yo, pero únicamente sellasteis la brecha que se abrió cuando Myotismon viajó a vuestro mundo desde el castillo. Pensé que con eso sería suficiente, pero…

- ¿Pero?

- Por lo visto las curvaturas que creo Apocalymon eran más fuertes de lo que me imaginaba, creando otras posibles formas de llegar al mundo rea.

- No lo entiendo… - comentó Tai.

- Para llegar al mundo real, los digimon tienen que cruzar como un pasadizo digital antes de materializarse – explicó - ¿Os acordáis cuando llegasteis aquí, verdad?

Como para olvidarlo. Fueron engullidos como por un maremoto y algunos llegaron a pensar que se habían muerto ahogados. Y de esa misma forma volvieron al mundo real, pasando por ese pasadizo.

- Si os acordáis cuando os enfrentáis a Diaboromon, el pasadizo es similar, como un pasillo digital. Pues bien, cuando usasteis el poder de vuestros emblemas, un pasadizo no se selló.

- ¿Cuál? – Preguntaron los tres a la vez.

- ¿Os acordáis cuando visteis a los digimon por primera vez?

Otra cosa difícil de olvidar, aunque durante unos años lo habían olvidado, pero al ver el combate de Birdramon contra Mammothmon lo recordaron al detalle. Un digihuevo apareció en casa de Tai y Kari, y este fue evolucionando hasta convertirse en un enorme Greymon que se enfrentó a un digimon pájaro que vino de la nada. Eso quería decir que la puerta estaba en…

- No es posible… - murmuró Tai.

- Es solo una posibilidad. También queda la puerta por la que llegasteis vosotros la primera vez.

- ¿Pero quiénes son estos digimon, Genai? ¿Y por qué atacan nuestro mundo?

- No conozco su identidad, por desgracia. Se hacen llamar los ODA.

- ¿ODA? – Preguntó Izzy.

- Ofcial Digital Army, o algo así creo que era, mi memoria ya no es lo que era… y el poder de los dirigentes del grupo que está dirigiéndose hasta el mundo real tienen un poder muy similar al de Apocalymon, me atrevería a decir que incluso lo superan.

- ¡¿Qué? – Exclamó Tai, al recordar lo difícil que fue acabar con él - ¡¿Es posible eso?

- Aún tengo que analizar los datos…

- ¿Y qué hay del digimon que Kari vio en el zoológico? ¿Tienes algún dato? – Intervino Izzy.

- Aún nada. Pero si ha derrotado a ese Mammothmon, no creo que sea un enemigo.

- Pero, el Mammothmon podía ser el amigo y ese digimon el enemigo, ¿no es así? – Sugirió Matt.

A sus compañeros les pareció una idea un tanto siniestra, pero no era tan descabellada. Igual ese digimon había venido a avisarles de algo y Diablomon lo había destruido para hacerle callar. Aunque, ¿por qué salvó a Kari entonces?

Kari no podía decir que no pudiera ser la niña más feliz de la tierra en ese momento. Caminando agarrada de la mano de su hermano mayor por un lado, y por otro de la mano de Sora, era como volver a ser aún más pequeña todavía. Incluso ambos le hacía la broma de cuando había que subir una escalera de elevarla en el aire para ayudarla o que se lo tomara como un juego.

Finalmente llegaron al centro comercial donde estaban los bañadores. Para ayudarle a elegir, Sora se acercó con Kari a ojearlos, mientras que Kenji se entretuvo dando vueltas por ahí para hacer tiempo en lo que su hermana elegía.

Desde luego había mucha variedad para las chicas. Hasta podía ponerse un tanto celoso de que para los chicos hubiera menos cosas. Y menos provocativos claro.

- ¡Hermano, me voy a probar los bañadores! – Le gritó, unos pasillos más allá.

Kenji simplemente le dio el visto bueno con un gesto de mano y Sora y Kari se metieron juntas en los probadores. Ahora tocaba la parte más entretenida de ir a comprar con las chicas, esperar a que se pusieron los modelitos y empezaran a desfilar.

Justo cerca de allí había una sección de cámaras de fotos. Kenji jamás podía entender como hacían mezclas tan raras de productos en los centros comerciales. En América había llegado a ver como en un mismo piso habían mezclado la lencería femenina con los videojuegos y las películas. ¿Falta de espacio quizás? No, más bien de organización.

- Toma Sora, este es para ti – le ofreció Kari, con una sonrisa.

- En serio, Kari, creo que no debería…

- Vamos, Kenji dijo que te compraría uno. Y a mi me apetecería mucho que te vinieras con nosotros a la playa.

- Pero Kari, iras con tu familia, yo no pinto nada allí.

- Seguro que a Tai le hará ilusión que vengas.

- ¿A Tai? ¿Por qué? – Le miró con mirada interrogante.

- ¿Es que acaso no sois novios? – Preguntó la pequeña mientras se quitaba la camiseta.

Sora enrojeció levemente. ¿Tai y ella novios? Imposible, si eran como hermanos.

- No digas tonterías, Kari. Entre Tai y yo no hay nada.

- ¿Ah, no? Yo creía que si, como siempre os habéis llevado tan bien.

- Somos amigos desde pequeños, es normal.

- Aún así, seguro que si vienes tú, Tai se anima. Con Kenji no se lleva muy bien.

Esas últimas palabras sonaron un tanto tristes. Era normal que Tai y su hermano no se llevaran muy bien, aunque Kenji hacía lo mejor por intentar llevarse bien con su hermano, como darle consejos para el partido de fútbol, pero Tai siempre estaba a la defensiva.

Se preguntaba si es que era simplemente que estaba celoso de que Kari le hiciera más caso a Kenji que a él. Finalmente accedió a la suplica de Kari de probarse el bañador, total, no pasaba nada por ver que tal le quedaba.

Tras ayudar a la pequeña a quitarse la ropa de la parte de abajo, Sora comenzó a desnudarse por arriba. Para ahorrarle el trabajo, Kari le desabrochó el vaquero y se lo bajó, para así tardar menos. No podían tener a su hermano tanto tiempo esperando. Tras quitarse las braguitas azules, cogió las dos de papel que la dependiente les había prestado para probarse la parte de debajo de los bañadores.

No entendía porque a ellas, que aún eran unas niñas, les hacían ponerse eso. Bueno, sabía que era por razones higiénicas, y se agradecía, pero a Sora ni siquiera le había comenzado a salir el bello púbico, ni tampoco tenía aún su primera regla. Y la verdad es que le asustaba la idea de tenerla, porque decían que era horrible.

Liberándose de esos pensamientos, se agachó para ayudar a Kari a ponerse la suya primero. La verdad es que para ser niñas, estaban un poco incómodas para moverse en ese vestidor.

- Levanta la pierna Kari – le pidió.

Kari obedeció y levantó la pierna derecha. A veces, esos trastos tenían muy mala uva, y se rompían con nada, así que era mejor si te lo ponías con ayuda. Debido a su posición, Sora notaba como le raspaba el trasero la cortina del vestidor, lo que le hacía un poco de cosquillas. Sería mejor acabar cuanto antes.

Finalmente Kari logró meter la primera pierna y estaba a punto de ir a por la segunda cuando oyeron una voz.

- ¿Qué tal vais, chic-?

Por un lado, Sora, que tenía el culo en poma, estando completamente desnuda a excepción de los calcetines, y que podía ver claramente por el espejo del vestidor la cara de Kenji, sintió que su cuerpo se petrificaba. Kari simplemente miró a su hermano y Kenji parecía haberse quedado helado, con la mirada perdida.

Estuvieron así algo que pareció unos largos minutos, sobre todo para Sora, pero finalmente la joven giró la cabeza, que casi parecía la de una muñeca articulada, mirando a Kenji con los ojos en blanco, la cara totalmente roja y sudando a más no poder.

- V-V-Veo que aún no habéis terminado – dijo Kenji, sin moverse.

- N-No – le afirmó Sora.

- E-E-Entonces, esperaré un rato más.

- B-B-Bien.

Como un muñeco, Kenji salió y ambas chicas permanecieron en silencio un poco más, mirando Sora aún hacía la cortina. Finalmente, un gran grito se oyó por todo el edificio del centro comercial, asustando a más de uno.

Sora iba a coger sus ropas y vestirse para largarse de allí corriendo pero de pronto Kenji entró en el probador. La joven iba a lanzarlo de allí llamándole cerdo, pero este las hizo agacharse justo antes de que algo cortase por la mitad el probador, que se desplomó.

Antes de que pudiera entender lo que estuviera pasando, Kenji agarró la cortina del probador y cubrió a Sora y Kari con ella.

Tuvieron que hacer un gran esfuerzo por no ahogarse debajo de la cortina, aunque no era muy grande, tuvieron que cubrirse bien para que nadie de la tienda las viera. Cuando pudieron ver las luces de esa planta, un gran montón de gente las empujaron, cayendo al suelo y casi perdiendo la cortina.

- ¡¿Pero qué pasa? – Exclamó Sora, que no entendía a que venia tanto alboroto.

La respuesta le vino enseguida, cuando vio una figura caminando hacía ella y Kari. Se trataba de algo parecido a un samurái, al menos por la armadura. Pero su cara parecía más bien la de un demonio. Además, media menos que un adulto y más o menos sería de la altura de Sora, por lo que eso solo podía ser un digimon.

- Tengo que matar… a los niños elegidos… - murmuraba el digimon mientras se acercaba a Sora y Kari.

Aunque no era el momento para pensar en su vergüenza, pues casi estaban solas en ese piso, las chicas no pudieron evitar romper la cortina para ponerse algo para taparse. Aunque no les duró mucho porque el digimon cortó la tela con su espada, casi cortándolas.

No dudaron en correr, para esconderse tras un mostrador. Oyeron gritos de policías que se acercaron, ordenando al digimon que se detuviera, pero estaba claro que no le haría caso. Oyeron también los disparos y luego gritos. ¿El digimon los había matado? Dios, esperaban que no.

El sentir el frío de las baldosas en sus traseros las hacía estar incómodas y con unas ganas enormes de ponerse en pie, pero tenían que aguantar. Estaban realmente asustadas. Si Gatomon o Biyomon estuvieran allí podrían luchar contra esa cosa, pero ahora estaban solas.

- Sora… ¿dónde esta mi hermano? – Quiso saber Kari, casi llorando.

- Habrá salido arrastrado por la multitud que nos pasó por encima…

Como ya no oía los pesados pasos del digimon, Sora se levantó un poco para mirar de reojo desde el mostrador. Justo cuando comprobó que no había nadie e iba a decirle a Kari que volvieron a por sus cosas y huyeran, el digimon saltó encima del mostrador.

Ambas gritaron, asustadas. No tenían nada que hacer y desde esa posición el digimon podía acabar con ellas si hacían un movimiento en falso. Sora intento pensar algo rápido, pero el digimon no estaba dispuestos a esperar y se preparó para cortarlas con su katana.

Antes de que llegará hacía ellas, alguien pateó al digimon y lo lanzó contra un montón de pecheros con vestidos que había por allí. Su salvador aterrizo grácilmente y con elegancia sobre el mostrador, replegando sus alas. Kari lo reconoció al instante.

- ¡Diablomon!

El digimon les lanzó una sábana, con la que las chicas se cubrieron rápidamente.

- No os mováis de aquí – les ordenó, severo.

El samurái se levantó furioso, cortando todas las prendas que tenía encima con su espada. Y se enfureció aún más cuando vio al digimon que lo había golpeado.

- Tengo que matar… a los niños elegidos… - repitió.

Guardando su espada en la vaina, comenzó a cargar energía en ella, listo para atacar nada más sacara la espada. Kari y Sora miraron lo que hacía, lo que les asustó y se disponían a irse de allí, hasta que Diablomon las paró de un grito.

- ¡No os mováis os he dicho!

- ¡P-Pero…!

Sora iba a protestarle, a decirle que ellas no eran como él que quizás pudiera resistir el ataque sin ningún problema. Además, ese digimon iba tras ellas para matarlas, no podían quedarse allí.

- Si os movéis os lanzará el ataque a vosotras, es lo que esta esperando – le explicó – Si no os movéis de aquí, os prometo que os protegeré. Y más importante, agachaos bien.

Sora no entendió porque les ordenaba eso, y tampoco es que le gustase estar recibiendo órdenes de un extraño, pero Kari le tiró el brazo para que se agachase.

Diablomon alzó el vuelo y salió a toda velocidad para arremeter contra el digimon samurái. Este lanzó su ataque nada más ver que se movia.

- ¡Shi no ken! – Exclamó el digimon mientras de su espada salió un enorme haz de energía oscuro hacía el digimon con forma de diablo.

Cuando el haz estuvo cerca, sin ningún problema Diblomon lo partió por la mitad con sus garras, dañando enormemente ese piso del centro comercial por el impacto del ataque del digimon. Luego alzó el vuelo, y Kari pudo comprobar, tal y como se temía, que el digimon generaba una bola oscura enorme en lo más alto, lo que quería decir que iba a repetir ese golpe.

- ¡Kurai Uzu!

Como contra el Mammothmon, cuanto más se le acercaba la esfera al samurái más pequeña se iba haciendo. El digimon intentó cortarla cuando la tuvo cerca, pero la esfera se convirtió para su sorpresa en un vórtice que comenzó a atraerlo.

Clavando su espada en el suelo, intentó resistirse, pero cuánto más intentaba retroceder con más fuerza le golpeaba el vórtice.

La joven entendió entonces porque le había dicho el digimon que se agachasen. La fuerza de ese vórtice era muy fuerte, tanto que, que la sábana que les había dado fue arrastrada y absorbida por el vórtice sin que pudieran evitarlo. Estaban demasiado preocupadas por mantenerse allí agachadas.

Casi parecía que el digimon samurái había logrado retroceder, cuando Diablomon apareció frente a él y le pegó una patada, lanzándolo de lleno hacía el vórtice. Cuando este lo absorbió, el vórtice desapareció en la nada.

Tardaron unos minutos en ponerse en pie, por miedo a que el vórtice aún siguiera activo, aunque no notasen ya su poder de atracción. Cuando comprobaron que no había peligro, salieron del mostrador, mirando a su alrededor.

El piso entero estaba hecho un desastre, ropas tiradas por ahí, unas enormes rajas en las paredes, todas las luces rotas, el suelo destrozado. Y, lo más importante, ni rastro del digimon con forma de diablo.

- ¡Chicas! – Exclamó una voz desde las escaleras mecánicas que estaban en la otra punta - ¡¿Estás bien?

Cuando miraron hacía allí, vieron como Kenji se acercaba hacía ellas corriendo. Al llegar se tiro a abrazar a Kari, revisándola por todas partes, para comprobar que no tuviera ni una sola herida. Luego le volvió a dar un fuerte abrazo.

- Menos mal que estáis bien…

- ¿Dónde estabas, hermanito?

- Cuando me metí en el probador para tiraros al suelo y que ese loco vestido de samurái no os hiciera daño, iba a empujarle cuando la gente comenzó a correr hacía mi y me arrastraron. Me ha costado mucho esquivar a los guardias del piso de abajo para poder subir.

Sora miró hacía el lugar hasta donde hacía unos escasos minutos estaba ese digimon. Así que era verdad, los digimon estaban volviendo a la carga. Pensaba que todo había terminado cuando sellaron la puerta, tras la derrota de Diaboromon, y ahora, estaban frente a una nueva batalla.

- Por cierto… - comenzó a decir Kenji y Sora le miró - ¿No será mejor que os vistáis?

Sora se miró. Se le había olvidado por completo que ahora estaba desnuda, al igual que Kari. Si estuvieran ellas dos, como hacía un momento, le hubiera dado igual, pero ahora estaba Kenji delante.

Todo su cuerpo se puso rojo y comenzó a sudar como nunca.

- ¿Sora? ¿Estás bien? – Le preguntó Kari.

Finalmente, Sora dio un grito más fuerte y terrorífico que el que había dado antes, asustando mucho a los que estaban en el piso de abajo, creyendo que allí arriba se estaba dando una auténtica carnicería.