Sospechas

¡Que estúpido! ¡Inconsciente!

Edward se quedó sin palabras que pudieran responder la pregunta de Bella sin tener que delatar su verdadera naturaleza. Se maldijo en sus adentros por su imprudente actitud. Debió haber asegurado el ambiente, debió cerciorarse de la existencia de ella en el bosque.. Pero no, como un animal dejó que sus instintos asesinos lo guiaran. ¡Y que satisfactorio era dejarse llevar por la bestia hambrienta de sangre!, al grado de olvidarse de si mismo, de sus convicciones y de ella…

Edward ya conocía y resentía la terrible debilidad que la sangre que Bella le provocaba. Lo supo desde que la conoció y olfateo ese perfume a lavanda y fresas. Era un milagro, algo increíble que la curiosidad y el interés que esa niña le causó desde el principio, pudiera más contra el incontrolable desenfreno de beber de ella. Edward había encontrado a su cantante, y, como hubieran descrito muchos otros vampiros. Optó por derrochar semejante manjar para conformarse a admirar el simple empaque…..

Pero, ahora que Bella había sido testigo del animal de su interior, se encontraba en un callejón donde solo existían dos salidas: Convertirla o matarla.

Edward no estaba dispuesto a aceptar ninguna de ellas- Pero las reglas de su naturaleza eran claras: "El castigo al revelar nuestra identidad es la muerte" citó perfectamente la guardia de los Vulturis en su cabeza.

O convertir a Bella o morir él… La decisión era obvia.

¡No Edward…! —Los pensamientos de Alice irrumpieron en su cabeza de inmediato. Por supuesto, ella lo había visto todo…. Su visión le mostro una muerte segura- Ardiendo en llamas tras una sola orden de Cayo, perteneciente a los tres vampiros reales. Las imágenes no estremecieron a Edward, si ese era el precio que debía pagar….

¡No! —Volvió a gritar la voz de Alice

—¿Edward…?—insistió Bella ante su silencio.

Deja que me encargue de ella— Esta vez fue la voz de Jasper la que habló. Percibiendo el sentimiento de aprensión de su hermano, continúo; —No le haré daño. Lo prometo

Tras la silenciosa aprobación de su hermano. Jasper mandó a la chica humana pesadas ondas de confusión, lo suficientemente fuertes para hacerla perder el hilo de las situaciones y palabras. Bella olvidó en ese momento el porque se encontraba en ese bosque, que era la cosa importante que necesitaba saber… Solo logró figurar en su cabeza las inmensas ganas de cerrar los ojos y dormir. Estaba cansada, sumamente cansada….

Eso debe ser suficiente— agregó Jasper— Llévala a casa. Deberá creer que todo ha sido un sueño.

—Gracias…—susurró en un sonido tan bajo, imposible poder ser escuchado por oídos humanos.

Intenta ser más prudente la próxima vez.

Edward se acercó a ella a pasos lentos. Comprobando por si mismo que en verdad todo estaba en orden. Bella seguía ahí de pie. A duras penas sostenida por sus pies; en cansancio era inmenso; —¿Bella? —murmuró este a su oído.

—¿Mmm? —fue lo único lógico que la chica pudo contestar. Sus ojos yacían ya cerrados.

—Te quiero—se aventuró a decirle, a pesar de que sus palabras no fueran capturadas en su totalidad por la mente adormecida de ella. Sonrió con suficiencia al darse cuenta de que, lejos de reaccionar con esa furia tan hermosa y característica, solo se mantuvo serena y apacible.

La tomó en brazos y con velocidad se movió a través del bosque… Satisfecho de que ella se encontrara ya profundamente dormida en sus brazos, inconsciente de la alta velocidad con la que él corría y el viento que pegaba fuerte contra ellos. A Bella le hubiera fascinado; Edward sabía a la perfección cuanto adoraba ella las emociones fuertes, recordando las bastas veces en las que, con gran dificultad, se reprimía a si mismo de salir de su escondite y bajar a Bella de esa maldita motocicleta donde solía montar junto al licántropo Jacob Black.

En menos de 2 minutos, ya se encontraban en el patio trasero de la casa Swan. Escaló con sumo cuidado a la ventana abierta de la habitación de Bella.

La acomodó cuidadosamente en la cama, después de cubrirla cuidadosamente con las sábanas, se dedicó lo que siempre hacía cada noche: Observarla dormir….

Ella comenzó a murmurar su nombre demasiado pronto. Edward se deleitó con cada palabra, cerrando los ojos; apremió a sus oídos manteniéndolos atentos a cada resonancia de su voz, llamándole a él, pidiendo que se quedase con ella… Pero, de un momento a otro; aquellas palabras desaparecieron, siendo sustituidos por jadeos y leves gruñidos de odio. El vampiro se sobresaltó, acudiendo inmediatamente a la cama, tocó la frente de la chica, que empezaba a tornarse húmeda a causa leves gotas de sudor…. Asustado; mantuvo sus manos aferradas al rostro de ella; que se removía mientras sus parpados eran apretados fuertemente.

—Asesinos, asesinos—murmuró ella una vez más, su voz impregnada de odio y abatimiento—Tienen que pagar…asesinos

Edward se estremeció levemente; escuchando semejantes palabras llenas de rencor de la boca de ella. Carcomido por la curiosidad y tormento, vacilante preguntó suavemente en el oído de ella; — ¿Quiénes?

—Félix…Demetri…—pronunció ella con dificultad. Las gotas de sudor corrieron por su frente al mismo tiempo que ella mima retorcía su cuerpo en la cama, como si algo le estuviese quemando por dentro.

La escena fue tortuosa para el Vampiro; Admiró con terrible aflicción el sufrimiento silencioso que Bella le regalaba… ¿¡Por qué siempre ella sola!?, ¿¡Por qué la muchacha ni siquiera el acceso a su mente le autorizaba?, así; al menos sabría como ayudarla, como rescatarla de aquella sombras del pasado y alejarla de ellas para siempre- ¿Cómo salvarla sin saber a que enfrentarse? ¿Cómo ayudarla cuando se le cierra la puerta a su interior?

Desesperado; Edward se recostó junto a ella… Atrapando su cuerpo, evito que continuara retorciéndose de dolor. El haría cualquier cosa por no verla nunca más sufrir. Lo que fuera; la propia existencia si fuese necesario…

Sin saber donde, o por qué. Sus fríos labios de abrieron cerca de oídos de Bella. La melodía que estos emitieron hizo que, de poco en poco, la chica relajara su postura, volviendo al sueño pacifico; sus parpados abandonaron la opresión para ser sustituidos por la faz más calmada y angelical…. La melodía siguió fluyendo de los labios de Edward; notas dulces se impregnaron en su voz; notas que jamás en su vida había escuchado, mas habían sido creadas por si mismas y el deseo de mitigar las penurias de él mismo y de la humana que ahora reposaba dulcemente dormida en sus brazos…. Edward manejó el tono correcto, una vez Bella volvió a pronunciar su nombre; este subió una octava hacia arriba, demostrando con ello la inmersa dicha que esto le provocaba. Inconscientemente, los brazos de Bella palparon los suyos; como una señal de no querer ser soltada en ningún momento.

Inclinando su cabeza en el hueco del hombro del vampiro. Suspiró profundamente; —Te quiero….

El corazón de Edward era un musculo muerto y seco; inmutable e imposible de volver a trabajar como solía hacerlo ya hacia décadas y décadas. ¿¡Cómo!?, ¿¡En qué momento Bella Swan desafiaba las leyes naturales!?... Introduciendo esas dulces palabras en el desolado y finado interior de Edward Cullen; Bella embargó de calor todo el camino y, con una solo toque al musculo central del pecho. Edward juraría que, aunque fuese por un instante; este retomaba la vida y palpitaba de una manera que, de haber sido un humano, hubiese desfallecido de tanto gozo y emoción

Aquella canción subió varias notas hacia arriba. Alcanzando la cúspide del júbilo; bajó hasta convertirse en un dulce susurro musical que desapareció cuando sus labios rosaron la frente de su humana.

Fueran quienes fuesen Félix y Demetri, quien quiera que se atreviese a irrumpir en el camino que las cosas dieran rumbo, no saldría bien librado… Edward no se preocupó por esas identidades hasta que fuese necesario. Y, cuando lo supiese, él mismo pondría una solución definitiva a todo.

Hoy no…. Hoy sería una noche memorable para él. La mejor, desde sus 200 años de existencia.

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La lluvia congelada que cae sobre aquel risco empapa mis hombros. Yo no la siento; sé que esta helada, se que debo estarme congelada ante el agua turbia que el cielo lanzaba sobre mí a cantaron, como una absurda burla a mi patética persona…. Se que cualquier ser humano podría morir congelado a su exposición, se que yo tendría que yacer en el suelo rocoso; retorciéndome del dolor de mis huesos calados a las bajas temperaturas, debería percibir el frío, la muerte.

Pero no la sentía.

No sentía absolutamente nada… Las gotas caían sobre mi desnudo torso sin siquiera estremecerme. Como leves cosquilleos en mi piel, estas recorrían su camino por mi cuerpo hasta caer en las rocas; Calientes a causa de mi contacto.

Cerré los ojos lentamente, concentrándome solo en el sonido de las olas romper contra el risco con violencia; La tormenta exterior que suscitaba debajo y sobre mí era de suma ayuda…Mi sentidos apreciaron cada relámpago y trueno de suma furia, intentando plagiarlo y repetirlo con el mismo ímpetu, pero esta vez, enjaularlo dentro de mí… El calor fue subiendo lentamente; lo percibía; aquella sensación de quemazón que recorría primero mis plantas de los pies, subiendo por ellas hasta convertirse en una hoguera de flamas ardiendo justo en mi cabeza…

¡Ahí estaba!, el punto donde mi temperamento tocaba la cima; Y el fuego fue quemándome con cruel furor.

Junto con este; sentí mi cuerpo crecer….

¡Maldición! —grité cuando las llamas se extinguieron justo en el momento del clímax. Golpeé las rocas con furia. Estaba enojado, pero no importa cuanto lo estuviera. Nunca sería suficiente. ¡Carajo!

¿Cuándo lo vas a entender? —ella habló a mis espaldas—No sirve de nada forzar algo que llega como el acné de un adolescente. ¿Eres estúpido o prefieres que tu padre pague la operación contra la apendicitis?

Bufé burlonamente; —Tu apéndice es de Hierro, Leah—le contesté con una sonrisa descarada, poniéndome de pie, enfrenté a la joven morena que, al igual que yo, la lluvia helada le rosaba como leves gotas de verano— Creo que ahora se como a la primera indagaste el control para transformarte.

Idiota—murmuró ella, devolviéndome la misma sonrisa irónica, que paulatinamente fue desapareciendo tras una mascara de seriedad. La típica expresión de un licántropo Quileute— Sam quiere verte—agregó.

Lastima. Yo a él no—me encogí de hombros

Jacob. Eres de los nuestros. No puedes negar a tu clan, a tu descendencia….

Una que yo no pedí—interrumpí con grato fastidio— Te diré algo. El único momento en el que acudiré con Sam; Será el día en que haya logrado desaparecer esta maldición que recae sobre mí.

Es tu sangre…Lo que eres—respondió ella sin inmutarse—Lo que somos.

A mi no me define ser un costal de pulgas. Y estoy seguro, Leah, que a ti tampoco.

Yo acepto lo que soy ¿Y tú? —Desafió ella con tono mordaz— Prefieres esconderte tras las alas de un murciélago antes acudir a tu propia familia.

Al menos el murciélago logra lo que una manada de perros no alcanzamos. Proteger a un ser humano.

No se nos permite intervenir en el destino de alguien.

Perdóname pero esa es la excusa más estúpida que he escuchado en mi vida. ¿De qué me sirve el poder si solo lo escondo tras una patética capa de tradiciones y estúpidas supersticiones? ¿Para qué quiero fuerza si no la utilizo en beneficio de alguien màs?—Sacudí la cabeza en forma de mofada denegación, luego caminé lejos de aquel risco; pasado a lado de ella sin inmutarme, físicamente… pues por dentro era un martirio descarado no poder permanecer más tiempo a su lado.

Leah suspiró pesadamente. En su cabeza debería estarse pasando la palabra; "Imbécil testarudo"; —No me correspondía a mi decírtelo. ¡Da igual!, no es mi problema—viré la cabeza una vez más para verle cruzada de brazos, queriendo esconder inútilmente la preocupación tras su imagen de chica apática a la que nada de importa; Leah, ah, Leah—Embry encontró rastro de chupasangres cerca de First Beach en dirección al sur. No parecen ser de los Cullen, la peste es diferente. Solo por si las moscas… No te alejes de la chica Swan.

¿Te preocupas por ella? —pregunté con fingida alarma. Incitando las palabras que ella realmente escondía, las que yo quería oir.

Leah bufó de mal humor. Desviando presuntuosamente la mirada de mí, con ese seño graciosamente fruncido; —También mencionó que tuvieras cuidado…

Reí. Mujer testaruda. Mucho peor de lo que Bella era. Irónicamente, más trayente que esta en desconocidos sentidos….

Gracias…—le respondí con fervor antes de salir corriendo de allí.

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"Mantenla cerca de ti" Le advirtieron los pensamientos de Jacob ese medio día.

Mejor ejemplo de aquella orden no podría estar dando. Edward se encontraba vigilando de ella, sentando justo a su lado en clase de literatura.

Bella, por el momento, no había demostrado otro signo que no hubiese sido del de su tan acostumbrado comportamiento reservado; Había saludado a Edward entrando al instituto de una forma bastante tímida, siendo acompañada por él al aula para tomar la clase. Aunque sabía que las cosas no debían dibujarse de color alarmante; El impedimento de adentrarse en su mente siempre sería el catalizador de todas sus frustraciones.

Bella se mantuvo callada la mayor parte de la clase, bastos escalofríos recorrieron su cuerpo por bastas razones; La presencia de Edward nunca le pareció más atemorizante de lo que ya lo era. Por alguna extraña razón a la que aun no encontraba sentido; la pesadilla de ante noche a gritos de decía que algo de real existía en ella. Suspiró con desaprobación, llamándose a si misma ilusa al creer en un sueño y no en la realidad… Aunque, ¿Cómo era que no recordaba nada previo a su encontró con James?, ¿En que momento la vida se convirtió en un sueño? ¿Cómo amaneció en su cama sin tener el la mente recuerdos de haber llegado por sus medio a ella?

…Algo estaba pasando, algo extraño y sin explicación. Un secreto que, ella estaba segura… rodeaba en la presencia de Edward Cullen.

—…Si, dime—dijo él, mirándole con aquellos ojos oro penetrantes.

—¿Eh? —balaceó ella sin entender.

—Llevas un rato mirándome—aclaró mostrando sus deslumbrantes dientes en una sonrisa de suficiencia que dejó a Bella sin aliento—He de suponer que querías decirme algo.

No pudo evitarlo y sonrojó terriblemente. Fruenciendo los labios de coraje contra si misma y el poco control de sus emociones; —No te estaba mirando.

Esta afirmación solo hizo que la sonrisa del vampiro se ensanchara mucho más que fue desvaneciendo hasta dejar una simple línea curveada por sus labios. Sus ojos brillaron peligrosamente al compas que su rostro se suavizaba, dedicándole una de las imágenes màs bellas que la chica hubiese visto; Era como di Edward estuviese recordando con devoción algún recuerdo lleno de dicha….

—Bella…—habló por fin, el corazón de la chica estalló en latidos desenfrenados—¿Te gustaría acompañarme esta tarde a mi hogar?

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Si lo se, T_T Algunas han de querer matarme por la terrible tardanza.

Lo siento; salí de viaje y me desconecté de todo… Perdonen lo lento del cap T_T- Primero inserta más acción en un futuro.

By the Way… La canción que tarareó Edward la pueden encontrar con el nombre de: "Affections Touching Across Time" aquí les dejo el Link- .com/watch?v=-_6YXu90P1M Tambièn lo pondré en mi pefil…. XD

Un abrazo

Mariiz