Dos niños caminaban en silencio bajo el resplandeciente sol del verano. El chico iba delante con paso firme y la chica bastante detrás arrastrando los pies.
- Trunks, estoy cansada -se quejó Seira.
- ¡Qué floja eres! ¡Si no llevamos ni una hora andando!
- Pero estoy cansada -repitió ella sentándose.
- Si tan cansada estás, ¿por qué no llamas a la nube voladora?
- Es que no sería justo que tú fueses caminando y yo volando. ¿En serio no te importa?
- ¿Por qué iba a ir yo caminando? ¿Crees que no puedo subir?
Su madre le había hablado de esa esa nube; ciertamente no sabía si podría montarse, ya que ni ella lo consiguió, pero le molestaba que Seira pensara que no.
- Ay, no te enfades. Lo digo porque los humanos no tienen el corazón puro, pero si quieres puedes probar -ofreció la niña avergonzada para después llamar a la nube gritando.
Una vez estuvo frente a ellos la chica se subió de un salto y le tendió la mano a Trunks. Él la rechazó y subió también de un salto.
- ¿Lo ves?
Ella sonrió y asintió.
- Supongo que siempre hay excepciones. ¡Vámonos!
Tras decir eso la nube comenzó a volar hacia el nordeste.
- Esta chica es muy molesta, ¿cómo ha podido dudar de mí? -pensó Trunks ofendido- Espero que encontremos a ese chico pronto; si sigue así, no creo que pueda soportarla por mucho tiempo.
Entonces el viento cambió de dirección, dándole una razón más para estar molesto con ella.
- Oye, ¿por qué vas tú delante? - protestó.
- Porque Milk me dejó la nube a mí.
- Ya, pues entonces córtate el pelo.
Seira se giró extrañada y vio cómo su acompañante intentaba apartar los largos cabellos de su rostro.
- Oh, perdona.
Tras decir eso, intentó cambiar de sitio, pero se desequilibró y empujó a su amigo sin querer. Él cayó de la nube y acabó en una pequeña arboleda.
- Trunks, lo siento. ¿Estás... Ja ja -se disculpó ella asomándose por una orilla de la nube, pero se le escapó una risa.
- ¡No tiene gracia!
- No es eso, es que ja ja tienes un...
- ¡Un ciempiés! ¡Ahh! -chilló el niño con la cara tan azul como sus ojos al verlo en su nariz.
Seguidamente empezó a menear bruscamente la cabeza para echarlo.
- ¿No le tienes miedo a los androides, pero sí a un bichito? -Seira ya no podía contener sus carcajadas.
- No te quedes ahí, quítamelo -pidió notando como el insecto trepaba hasta su cabello.
- Vale. Quédate quieto.
La niña bajó de la nube aún sonriendo y dejó que se fuera mientras buscaba al bicho en el pelo de su amigo, lo cual resultó bastante fácil por su llamativo color.
- Mira, ya está -avisó soltando el ciempiés en el suelo.
Después alzó la vista y Trunks se sonrojó al notar que de nuevo estaban muy cerca.
- Así que erais vosotros los que hacíais tanto ruido -dijo una voz algo extraña.
Un pingüino azul vestido de marinero les miraba. Después bajó la vista al aparato que tenía en la mano y les volvió a mirar sorprendido.
- ¿Qué hace un pingüino aquí? -preguntó Trunks.
- ¡Sabía que el Perla-radar no se equivocaba! -exclamó él.
- ¿Perla-radar? Entonces, ¿tú eres Hippo, pingüinito? -dijo Seira acercándose para observarle mejor.
Trunks recuperó el color de su rostro y se sintió feliz de deshacerse tan fácilmente de ella.
- Así es. Tú debes de ser la sucesora de la princesa Sara -supuso Hippo, contento de haberla encontrado.
- Sí, me llamo Seira y él es Trunks.
- ¿No te acompaña nadie más? ¿Dónde está la señorita Luchia? -preguntó el pingüino.
- Si te refieres a la que llevaba este colgante - contestó el chico sacándolo de debajo de su ropa-, fue... asesinada por los androides.
Hippo se sorprendió y miró a la princesa para comprobar si era verdad. Seira asintió con tristeza.
- Ella se arriesgó para que yo naciera y acabó así -explicó cabizbaja, pero luego alzó la mirada con los ojos brillantes-, aunque Gohan y Trunks llegaron a tiempo y me salvaron.
Ahora Hippo miró al niño, quien estaba igual de sorprendido que él por la actitud de la chica, y le agradeció con la mirada.
- Seguidme, aquí no estáis seguros -advirtió.
Seira comenzó a caminar alegremente detrás de él con Trunks a su lado, pero estaba algo pensativa.
- Gracias por darme la oportunidad de vivir y conocer a los humanos, Luchia. Ojalá pudiera decirte ésto en persona -agradeció con la esperanza de que su pensamiento llegara a ella.
Después se percató de que Trunks la miraba un poco preocupado y no dudo en sonreirle. Inmediatamente, él miró hacia delante tratando de disimular. Por otra parte, Hippo les obsevaba de reojo. No le gustaba la idea de que las princesas sirenas vivieran entre humanos; ya bastantes problemas le había dado el que Hanon se enamorara de uno, casualmente el mismo que estaba enamorado de Sara. Debía vigilar que Seira no siguiera los pasos de su antecesora, aunque por la posición en la estaba con Trunks cuando la encontró parecía que ya había empezado.
Poco después, llegaron a un edificio de la ciudad más cercana a la arboleda que milagrosamente seguía en pie.
- ¿Dónde estamos? Huele a agua de mar -dijo Seira.
- Éste es el Hotel Perla o al menos lo era antes de que atacaran los androides. Ahora lo usamos como refugio -explicó Hippo.
- ¿Hay más supervivientes? -preguntó Trunks- Tal vez por eso no encontrábamos a nadie en las ciudades cercanas a la mía.
- Sí, todos los humanos que sobrevivieron de ésta ciudad y las de alrededor están aquí -contestó el pingüino para después llamar a la puerta.
En el hotel...
- Mi ojo que todo lo ve siente unas presencias acercándose -adivinó una anciana con voz misteriosa mientras movía sus manos sobre una bola de cristal.
- Seguro que es Hippo, no te hagas la dramática, Madam Taki -dijo una mujer que llevaba puesto un delantal y tenía el pelo morado recogido en una coleta.
- Ahh... sí. Lo veo, lo veo. Hay dos niños junto a él -afirmó la adivina sin dejar de mover sus manos.
- O quizá es que se les oye hablar -desengañó la mujer con una gota en la frente.
En ese momento, las voces se hicieron más cercanas y alguien llamó a la puerta.
- Voy a ver a quién ha traído, hace mucho que no tenemos niños en el hotel -comentó la de pelo morado mientras salía de la habitación.
¡Hola!
No sé cuánto habrá ocupado este capítulo, pero espero que no sea muy corto.
El miedo de Trunks a los ciempiés es tan irracional como el de Vegeta a los gusanos. ¿Por qué a los ciempiés? Porque parecen gusanos con patas, muuuchas patas.
Respecto a la actitud de Trunks con Seira: tiene su razón para tratarla así, algún día lo explicará. No se parece tanto a Vegeta como parece.
Algún día subiré dibujos..., pero mientras tanto tendréis que imaginar ^.^U
Por favor, decidme qué os ha parecido este intento de comedia (se me da fatal).
Sayonara!
Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.
Mermaid Melody y sus personajes y canciones pertenecen a Michiko Yokote y Elastic Rights en España.
