Olóoo! Pues aquí les dejo el 7° cap. Espero les guste. :3
Capítulo 7: ¡Aléjate de mí!.
El día del baile de Halloween, el castillo estaba inundado de ese dulce olor que tanto me encantaba. Olor a dulce, a comida y a calabaza.
- ¡Dafne! ¡Estate quieta por favor, o te dejaré calva!
- Pero ¿Y si a Zabini no le agrada mi vestido? ¿No crees que está demasiado sencillo?
Zabini la había invitado justo el día en que le dije que debería invitarlo ella, lo cual la había puesto en un estado histérico y nervioso. Desvié la vista al vestido de seda morada que descansaba encima de su cama: las amatistas y los pequeños diamantes en exceso le daban un brillo que ni un arbolito de navidad tendría.
- Yo más bien creo que está exagerado. Deja, deja, que yo lo arreglo – agregué al instante en que vi que ella tomaba la varita de encima del tocador: mi hermana no era muy hábil realmente en los hechizos de ese tipo.
Le estaba terminando el complejo peinado que había escogido de una revista, pero era una labor titánica al tenerla dando brinquitos de nervios a cada rato.
- ¡Ooohh! ¿no es emocionante acaso? ¡Zabini me invitó, y es tan guapo! ¿Y tú cómo irás vestida, Asty? – me dijo de pronto.
- Qué te importa. Y no me digas Asty, suena ridículo. Mi nombre completo es As-to-ria.
- Anda, no he visto tu vestido. ¿También te lo regaló mamá, como a mí? ¿O fue papá? Dime como irás. Dime, dime, dime…
- Cállate. No te diré… ¡Listo! – exclamé triunfal al terminar de retirar la poción abrillantadora de su cabello – No es porque lo haya hecho yo, pero tu cabello quedo simplemente perfecto.
Estudió su reflejo en el espejo unos segundos, y finalmente sonrió, aprobándolo. Agradecí a Merlín en silencio.
- Ahora, ve a comer algo, o a dar vueltas por ahí. Me tengo que arreglar yo, y arreglar tu vestido. Vete, vete, desaparece…
Dafne salió dando saltitos del cuarto. La seguí con la mirada: ciertamente, parecía que yo era la mayor y ella la pequeña.
Siempre había sido así, desde que tenía memoria. Dafne Greengrass, escandalosa y sociable, un poco torpe y a veces muy chismosa, pero yo sabía que nunca era malintencionada.
Luego en Hogwarts conoció a Pansy Parkinson y cambió radicalmente. Se volvió burlona y cruel, a tal grado que la aborrecía yo misma. Pero este año que no estaba Parkinson, y después de la guerra, todo había cambiado y ella había vuelto a ser la de antes.
Me miré en el espejo de mi tocador. En el marco había una fotografía atorada. Sonreí al verla.
Dos chicas bromeaban frente a la cámara: Mi hermana, de lacio cabello rojizo y ojos verdes muy claros, casi azules, que resaltaban las pecas en su rostro blanco, intentaba evitar que la otra chica le quitara su sombrero de paja.
La otra chica, de cabello castaño muy obscuro, que caía en bucles sobre sus hombros, reía mientras le jaloneaba el sombrero. Su piel, sin pecas, no era blanca ni morena, era trigueña: tenía un delicado color dorado que enfatizaban los ojos verdes de un tono mucho más obscuro que los de Dafne: eran casi de un verde esmeralda.
Por eso era mi color favorito. Y por eso todos decían que mi hermana y yo éramos opuestas, como el agua y el aceite: no sólo en la forma de ser sino también en el físico. Sólo nos parecíamos en el apellido.
- En fin… - canturreé mientras le acababa de quitar el exceso de adornos al vestido de Dafne.
En ese momento entró ella corriendo.
- ¡Asty! ¡Asty!
- ¿¡Que quieres! Toma, ya terminé tu vestido.
- Gracias. ¡Adivina qué! - me dijo mientras tomaba el vestido y se disponía a ponérselo – Adivina quién va a ir con Draco al baile.
- Dafne, eso no me importa – le dije mientras me comenzaba a peinar – …¿Con quién?
- ¿No que no te importaba? – me dijo burlona - ¡pues no es nadie!
La miré por el reflejo del espejo: se estaba terminando de acomodar el vestido, por lo cual no vio mi rostro de sorpresa.
- ¿Cómo que con nadie?
- Irá con una chica de quinto año que ni siquiera sé su nombre. Una completa desconocida, un cero a la izquierda al que invitó hoy en la mañana. ¿Sabes que quiere decir eso?
- ¿Qué es su próxima víctima?
- ¡No! Bueno, también. Pero principalmente quiere decir que él quería ir con alguien más pero seguramente se enteró que ese alguien ya tenía pareja, o no se atrevió y para no ir sólo, escogió a alguna de su club de fans… ¿No es emocionante?
- Pues, realmente no, Dafne. No le veo lo emocionante por ningún lado.
- ¡Asty! Lo emocionante es que eso quiere decir que alguien le gusta.
- Y te emociona más porque crees que eres tú, ¿cierto?
Dafne me miró duramente. Sonreí, burlona.
- Claro que no, yo…bueno, pensé que simplemente el hecho de que Malfoy pudiera sentirse atraído por alguien a ese grado era digno de cotilleo.
Terminé mi peinado y miré a mi hermana mientras soltaba una risita.
- ¿Cotilleo?
- Si…cotilleo, chismorreo…sinónimos, ¿sabes?
- Lo sé mejor que tú. Pero me sorprende que tú sepas esa palabra. ¿Has estado leyendo el diccionario? Porque eso significaría que al fin aprendiste a leer.
- Muy graciosa, Asty. En fin, me voy adelantando a la sala común. Con un poco de suerte, Zabini ya esté ahí. – me guiñó el ojo y salió del dormitorio de nuevo.
Suspiré: si, mi hermana y yo éramos como el agua y el aceite. Caso cerrado.
Me puse mi vestido y me miré al espejo.
Sn tirantes, la vaporosa tela caía por mi cintura y mi cadera hasta el suelo, formando una elegante cola. El color negro se iba difuminando hasta tener un tono verde esmeralda en la parte más baja del vestido. Esmeraldas, perlas y pequeños diamantes adornaban todo el escote y bajaban hasta una parte de mi cintura.
Un regalo de mi padre.
-Tres jolie – dije, simplemente. Y salí del dormitorio.
Me fui directamente hacia la salida de la Sala común. Pero desgraciadamente mi hermana aún no se había ido.
- ¡Astoria! – me miró de arriba abajo, sonriente – Me agrada tu vestido.
- Si, Astoria. Te ves muy bien – me dijo Zabini, parado al lado de mi hermana y vestido con su smoking.
- Gracias, lo sé. Ustedes también se ven maravillosos, deberían de ser novios, y luego casarse y tener hijitos. Ahora, si me disculpan, tengo que buscar a Alex… – dije antes de escabullirme lejos de mi sonrojada hermana y del sorprendido Zabini.
Salí al pasillo y me encontré con que el Ravenclaw ya estaba esperándome.
- Te ves hermosa. – me dijo a modo de saludo. Le sonreí.
- Gracias. Tú también te ves muy bien.
- Tú haces que me vea bien. ¿Vamos? – me dijo ofreciéndome su brazo.
Lo tomé y nos dirigimos juntos hacia el Gran Comedor.
Pero al dar la vuelta en el pasillo que daba al Comedor, lo primero con lo que mis ojos chocaron fue con unos ojos grises, sorprendidos, que me miraron atentamente, estudiándome. Su mirada escrutadora se detuvo un segundo en mi escote y continuó hasta mis caderas, volviendo a subir a mis ojos con rapidez.
Sentí escalofríos.
- …¿Astoria?
Me tocó a mí estudiarlo: Estaba vestido con un smoking negro, muy elegante, y una camisa blanca desabotonada de los primeros dos botones, lo que le daba un aire…atractivo. Tenía que aceptarlo. Su cabello, como siempre, caía sobre su frente.
Sin embargo, hoy Malfoy lucía diferente. No pude saber bien porqué. Quizá la ausencia del molesto uniforme de Hogwarts lo beneficiaba. Quizá el cabello, o el desenfado de su camisa…
- Malfoy.
Después de un incómodo silencio, la chica rubia que estaba parada al lado de él lo tomó del brazo, como queriendo llamar su atención.
Draco, ignorándola, desvió su mirada de la mía y la clavó en Alexander, el cual lo miraba como si estuvieran en un juego de Póker. Se observaron fijamente unos instantes.
- Alexander McLaren.
- Draco Malfoy.
Acto seguido Alex me tómo de la cintura y me empujó suavemente hacia el Gran Comedor. Alcancé a ver que Draco fruncía el ceño.
¿Qué diablos había sido eso?
- ¿Quieres que te traiga jugo de calabaza? – me preguntó Alex después de un rato de estar bailando.
- …¿Eh?...Ah, sí claro.
Esa reacción de Malfoy con Alex, y esa mirada que me había dedicado al entrar al pasillo, me habían dejado confusa y pensativa.
Lo busqué con la mirada, pero no se veía por ningún lado.
- ¿Extrañándome, Greengrass? – un arrastre de palabras en mi oído hizo que diera un salto.
- Eres un estúpido, Malfoy. Me asustaste.
- Así has de tener la conciencia.
- Cierra el pico. – musité mientras buscaba a Alex: estaba lejos, entretenido platicando con unos amigos de Hufflepuff. Lancé un suspiro de alivio.
Pero, ¿Por qué diablos vigilaba dónde estaba Alex? ¿Acaso me sentía culpable por hablar con Malfoy mientras él no estaba?
- Que tontería...
- ¿Qué tontería qué? – dijo Draco, aún atrás de mí.
- Nada que te importe. Pensé que ya te habías ido a bailar con tu chica.
- ¿Celosa, Greengrass?
- No me hagas reír.
- Pues entendería que estuvieras celosa. Estoy de acuerdo que McLaren está bien, pero te hubieras visto mucho mejor conmigo.
Volteé a verlo incrédula, olvidándome de vigilar a Alex.
- ¿Qué…dijiste?
- Bueno, no hay porqué negar que realmente te ves muy bien hoy, ¿sabes? Hasta te me haces... – el rubio dejó en suspenso la frase, colocando un brazo rápidamente en mi cintura y pegándome fuertemente a su cadera - …olvídalo, creo que ya te he dicho con esto cómo estás esta noche – acercó su boca a mi oído, acariciándolo con su nariz fina y causándome un espasmo involuntario – ¿Bailamos? Y si quieres, luego podemos ir a dar una vuelta por ahí.
Lo miré fijamente, boquiabierta. Me guiñó un ojo, y me dedicó una sonrisa torcida.
- …Yo…yo…
¿Bailar? ¿Una vuelta? De por sí, mi cabeza daba demasiadas vueltas, y su cuerpo tan cerca del mío no ayudaba.
Así que lo empujé, levanté mi mano y con toda mi fuerza, le di una bofetada.
Dio algunos pasos hacia atrás, agarrándose la mejilla golpeada con la mano, mirándome furioso y sorprendido. Los que nos rodeaban comenzaron a cuchichear y soltar risitas.
- ¿Qué rayos pasa aquí? – la voz de Alex, surgida de la nada, me puso más histérica.
- ¡Escúchame bien, Malfoy! ¡Nunca….NUNCA JAMÁS te vuelvas a acercar a menos de un metro de mí! ¡Es más, ni siquiera me hables! ¡No…no me dirijas la palabra!
- ¡No sé qué diablos te pasa! ¡Yo no te hice nada! – mintió el rubio, mirando a los curiosos que estaban viendo la escena– ¡Eres una loca histérica! – escupió Malfoy, aun sobándose la mejilla.
- ¡Y tú eres un sucio pervertido! –le respondí mientras me abalanzaba otra vez sobre él para intentar golpearlo. Asustado, dio un brinquito hacia atrás.
- ¡Astoria, basta! ¡Tranquila! – dijo Alexander tomándome en brazos y alejándome del asustado rubio – Malfoy, te lo pido de buena forma ésta vez, pero a la siguiente no será así: déjala en paz. – Alex lo miró fríamente. Malfoy arrugó la nariz – Astoria, vamos a tomar aire, vamos…
Las demás personas que nos rodeaban seguían cuchicheando y riendo cuando Alexander me dio mi jugo, me tomó por la cintura y me alejó de ahí, sólo seguida por la mirada furiosa de un par de ojos grises.
