Amor y Quidditch a través de nuestro tiempo

Hola, estoy de vuelta con una nueva entrega. Me parece que no adivinaron de que trataría este capítulo por el título que mencione en la ocasión anterior, así que les explicare.

Se me ocurrió hacer unos capítulos especiales, contando la vida después de la guerra de ciertos personajes. Irán numerados desde el uno porque no avanzarán nada de la trama. Este que es el primero, será de Draco, y en el futuro pienso que podría hacer de Dudley y de Oliver Wood, quizás se me ocurran más personajes, y si a ustedes se le ocurre alguno que quisieran leer me encantaría que me lo dijeran. Espero les guste.

Muchas gracias por los reviews, por los favorites y follows, y por leer esta historia, ustedes son mi inspiración.

Aclaración: Los personajes y elementos del mundo de Harry Potter son propiedad y creación de J.K Rowling.

Ahora ¡Disfruten la lectura!


Amor y Quidditch a través de nuestro tiempo

Especial 1. La otra cara de la moneda.

Draco Malfoy había pasado toda su vida sufriendo. No, no sufriendo por no tener padres o tener un destino demasiado grande e inhumano. Tampoco sufría por tener problemas económicos o querer llamar la atención en un lugar demasiado plagado de estrellas que ya se habían robado toda la luz. Ni siquiera sufría por vivir en un mundo al cual no terminaba de pertenecer o en donde por no formar parte desde el inicio era discriminado y hasta odiado. No, Draco no sufría por ninguna de esas cosas, pero aun así lo hacía.

¿Y porque sufría? Pues, para empezar, nadie lo amaba en realidad. Sus padres lo querían pero estaban más cegados por la oscuridad que supuestamente les iba a traer el honor, demasiado interesados en seguir en la sima de la pirámide aun si eso significaba sacrificarlo a él para su objetivo. Bueno quizás su madre no estaba tan hipnotizada, pero fue sumisa y acepto lo que su padre quería sin pizca de resistencia. Sus amigos, por otra parte, no lo eran realmente, sino que lo seguían por orden de sus propios padres que reverenciaban al suyo, y sus otros amigos, esos que lo apreciaban un poquitín más, lo abandonarían al primer momento de dificultad, simple y sencillamente porque todos apreciaban demasiado lo suyo para hacer un sacrificio por alguien más. Y sus admiradores y admiradoras, esas chicas y esos chicos que lo reverenciaban solo por su apariencia, esas personas encontrarían el amor al entender que él no era más que un hermoso jarrón de cristal vacío, magnífico para la vista pero que no les haría realmente felices.

Entonces sí, esa persona atractiva, siempre rodeado por seguidores, con más dinero del que podría necesitar en una vida entera, sufría porque todo lo que conformaba su "maravillosa" vida no era más que una ilusión que se acercaba peligrosamente a su final.

Y cuando la persona, o mejor dicho monstruo, que prometía a sus padres llegar a la grandeza y obtener gran poder, él fue sacrificado para lograrlo porque, aunque no discordaba tanto con los ideales del grupo pero no soportaba lo métodos que utilizaban o todo el dolor que causaban para conseguirlo, no se resistió aceptando así su maldito destino. Y esa misma maldad personificada convirtió a sus "amigos" en piezas desechables puestas en el tablero del asqueroso juego que quería jugar. Además esa cosa generaba un horror tan frio y sanguinario no solo espantó a esas amistades que le querían un poco más sino que lo convirtió a él en algo que causaba miedo, que alejaba a cualquiera que lo mirara, y que debía quedarse aún más vacío de lo que antes estuvo. Ese espectro que se hacía llamar El Señor de las Tinieblas marco toda su vida desde su nacimiento, y marco su persona tanto emocional como físicamente, dejándole como única opción el morir o el vivir bajo su yugo.

Pero entonces Harry Potter, el chico con el destino grade e inhumano, esa persona que siempre le odio por lo que era superficialmente, pero que nunca lo abandono como todas las demás personas que pasaron por su vida convirtiéndose, de una manera dolorosa y retorcida, en su tabla de salvación, cumplió con su destino y lo saco de ese abismo profundo y oscuro en el que lo habían metido. Claro, el abismo solo se aclaró un poco, y se hizo un pelín menos profundo, porque aun cuando ya no existía amenaza, cuando se respiraba la paz y el alivio en el aire, él siempre sería Draco Malfoy un ex-mortífago, hijo de mortífagos, sobrino de mortífagos, es decir, un villano que jamás tendría una vida de bien, o podría hacer algo más que lastimar y asesinar.

Su sufrimiento nunca acabaría pero, un poco más libre y dueño de su propio destino, decidió que afrontaría lo que la vida le dio.

Él y sus padres consiguieron librarse de ir a Azkaban, pasando a ser una escoria ante los ojos de la sociedad mágica. Su padre y su madre desesperados de verse sumidos en la miseria del desprestigio, decidieron irse a Francia donde tenían varios negocios y no eran considerados un cáncer de la sociedad, al menos no tanto como en Inglaterra, haciendo gala de la gran cobardía que siempre habían ostentado. Pero él no quería huir más- no era un acto de valentía sino más bien de orgullo- por lo que decidido quedarse allí, asistir al siguiente curso en Hogwarts y soportar todas las malas miradas, todos los insultos y todos los ataques de quien se los enviara, y después del colegio conseguiría un trabajo donde fuera, todo con tal de no sentirse una basura, y poder así tratar de vivir una vida en su país y en su mundo, una vida que él escogiera libremente sin ser solamente un instrumento de los intereses de alguien más.

Regreso a Hogwarts y recibió exactamente lo que espero, malas miradas, insultos, ataques, y hasta malos tratos por parte de los de su misma casa y del cuerpo de profesores. Pero nunca hizo nada, no haría nada porque muy en el fondo sabía que lo merecía porque nunca se negó a hacer lo que se le impuso, porque sabía que todas las personas que pasaron la guerra y sobrevivieron se habían vuelto un montón de muñecos rotos con huecos donde antes estaba lleno del cariño por alguna persona que ya no estaba. Se volvió una paria y todos le odiaban, pero lo que más le lastimo era ver como el chico que nunca lo había abandonado, que nunca se había ido de su vida, la persona con la que tenía esa horrible relación que había perdurado más tiempo de lo cualquiera otra en su vida, lo abandono. Harry Potter había caído, se había encerrado en su cabeza y ya no tuvo lugar en su corazón para odiarlo a él. Ahora se encontraba completamente solo.

Huyendo de todo y todos había adoptado la costumbre de ir a ocultarse en las graderías del estadio de quidditch, eso sí, solo cuando estaba en tiempo libre para no darle más motivos a las personas para maltratarlo, y ahí en su escondite masoquistamente se torturo todos esos momentos viendo la hermosa imagen de su enemigo marchito, volando en su escoba mientras lloraba más lágrimas de las que era humanamente posible. Ahí él también lloró maldiciendo su vida y su destino, su personalidad, a sus padres, a ese dictador y sus malditas ideas, sintiéndose marchito también y sucio, muy sucio por sufrir cuando él había causado sufrimientos peores a otras personas. Fue justo ahí, en ese lugar, donde empezó a sentir por Harry Potter algo distinto a lo que creía, ya no era envidia, ni un odio infantil que nunca había sido lo bastante potente, ni siquiera era dolor en su ego con el recuerdo de ser rechazado, no, lo que empezó a sentir era una extraña mezcla de compasión y agradecimiento hacia el chico que al volar se veía condenadamente hermoso con los ojos perdidos, las mejillas sonrosadas, los labios entreabiertos que soltaban gimoteos y el cuerpo que siempre había sido pequeño temblando de dolor.

Y el último día de clases acudió nuevamente a ese lugar que había engendrado un secreto en su corazón que nunca espero tener, deseando ver el vestigio del fuerte chico que había sido, en antaño, su más grande archienemigo, y ahora era una imagen que le producía tanto pesadillas como sueño bonitos y nostálgicos. Y cuando lo vio, sin ningún cambio alterando esa imagen tan bella y triste, se dijo que no quería volver a ver a Harry Potter nunca más, porque no podría, jamás ni nunca, actuar como el arrogante y distante mocoso que siempre había mostrado ante él.

No había sido un buen año, pero en toda su educación mágica, en toda su vida, ningún año había sido precisamente bueno.

Ahora se proponía incorporarse a la vida adulta, ya sin la carga de tener que vivir en un lugar en donde ni siquiera los cuadros de las paredes te quieren, y gracias a que siempre había sido inteligente y talentoso tenía muy buenas calificaciones en sus EXTASIS, sabía que podía aspirar a unos de los más exclusivos y de alto nivel departamentos del Ministerio de Magia.

Sus padres, quienes venían ocasionalmente a visitarlo -Draco sabía que era por el terror de encontrarlo muerto y la culpabilidad de que si eso sucedía era por la cobardía que habían mostrado cuando los mortífagos más esperaban de ellos- aprobaban que ingresara al Ministerio para comenzar una vida que limpiaría el nombre de la familia, aunque no se iban a quedar lo suficiente para ver si lo conseguía porque no soportaban estar en Inglaterra donde se debían recluir para no ser maltratados.

Entonces esa mañana llegó, Draco se arregló tan bien como sabía, se vistió con las mejores ropas que poseía, y se dirigió al Ministerio donde se estaba llevando a cabo el ingreso de los graduados de Hogwarts. Se sentía emocionado, ilusionado en cierta forma, al pensar que podría trabajar y demostrar que él no tenía que ser tan malo como todos pensaban, que no era el villano y que quería olvidar tanto como los demás. Pero sus esperanzas se vieron truncadas cuando apenas llegar al vestíbulo los jefes de todos los departamentos negaron con la cabeza advirtiéndole que nada importaba, ni sus calificaciones ni su talento, él no tendría oportunidad ni cabida en ese lugar. La decepción fue grande y el dolor en su corazón fue agudo, aunque había tratado de aminorarlo diciéndose que no esperara mucho porque en su vida nada sería como él quería, aun así el sentimiento de asco que sintió hacia sí mismo fue inmenso y ninguna preparación previa le podría restar desencanto.

Al salir de ese lugar que no lo recibió, se dirigió a San Mungo donde intentaría realizar su plan B. Pero al entrar y ver a todos los que querían convertirse en medimagos mirarlo con odio supuso que no le iría mejor. Aun así lo intentaría, por lo que se acercó a la bruja que atendía la recepción.

-Buenos días, mi nombre es Draco Malfoy y quisiera convertirme en aprendiz de mediamgo- se presentó más tensamente de lo que hubiera sido conveniente- ¿me podría indicar el procedimiento?

-¡Oh!- mirada de temor- Lo siento señor, pero no creo que podamos dejar la vida de nuestros paciente en manos de alguien con sus… antecedentes- era claro que lo que había querido decir la bruja era "no podemos dejar la vida de nuestros pacientes en manos de alguien que las ha arrebatado"- Adiós.

Draco sonrió, porque no quería demostrar que el sentimiento que cargaba desde el Ministerio ahora se había hecho mucho peor, y se despidió de la bruja con una elegante reverencia. Al salir corrió- porque no podía caminar si quería evitar miradas- hasta un callejón lejos de la entrada del hospital para llorar un poco. Se sentía tan desamparado, tan inútil ¿Por qué la vida siempre había sido tan injusta con él? ¿Por qué sus padres antepusieron sus propios deseos a su bienestar? ¿Por qué, por merlín, no se negó a su destino, ni lucho por librarse de lo que sabía le iba a pasar? Se dejó caer al suelo llorando con todas sus fuerzas, con toda la poca dignidad que le dijeron nunca debía mostrar. Estaba destrozado.

Regreso a la gran mansión, afortunadamente vacía, y se fue directamente al baño. Bajo el agua restregó su piel con fuerza, tratando de quitarse la suciedad de su cuerpo, de su alma, hasta el punto que se lastimo, y no salió de la ducha, hasta que sus fuerzas se agotaron por completo. Pero nada cambio, él seguía siendo el mismo Draco Malfoy, el asqueroso mortífago que aún tenía en su piel la marca de lo que nunca podría dejar de ser.

Tardo dos días, dos largos días en los que lloró como nunca en todo el bagaje de su vida había hecho, en recuperarse y calmar su corazón. Movido por el coraje, por el orgullo de no dejarse aplastar, se dijo que no descansaría hasta conseguir un trabajo del cual podría estar orgulloso, y demostraría, más a sí mismo que a las demás personas, que él no era una mala persona.

Trazó un plan, aunque no se le podía dar tal calificativo a confiar en el azar, decidiendo que iría al callejón Diagon y aceptaría cualquier cosa, cualquier oportunidad aun si se convertía en un limpia pisos, y además no dejaría que el rechazo lo afectara, no volvería a llorar por eso.

Y se repitió todo lo malo -el desprecio, las miradas de odio, los insultos- que había sufrido en su vida, pero no dejo que llegaran a su corazón, y continuo buscando en todas las tiendas a alguien que le diera esa oportunidad que tanto quería. Pero tal persona no aparecía y empezaba a cansarse de aguantar el desprecio.

Entonces chocó con alguien- una chica alta y delgada de cabello negro cortó y ojos de un raro color amarillento- que no lo miro con odio, ni asco, sino con alegría.

-Tú eres un mortífago- chilló como si estuviera conociendo a alguien famoso- ¿Quieres ser buscador sustito de mi equipo?

-¿Qué?- no entendía que le pasaba a esa chica, pero si entendió o no, no tuvo tiempo de pensarlo antes de verse arrastrado por la muchacha- ¿Eh, a dónde me llevas?

-Tranquilo solo vamos a ir al entrenamiento- contesto con simpleza, como si fuera lo más obvio del mundo.

-¿Entrenamiento de qué?- pero al llegar a un callejón poco transitado se desapareció arrastrado por la pelinegra.

Cuando sintió nuevamente el viento, y suelo duro y estable bajo sus pies, miro a todos lados como loco, buscando una pista de donde podría estar. Y lo que vio le sorprendió, estaba en una mansión tan grande como la suya, quizás un poco menos, con jardines muy pequeños para la dimensión de la propiedad aunque preciosamente mantenidos, y una fachada muy moderna siendo todo el exterior de la construcción cristal. Pero detrás de esa casa de cristal era donde estaba lo verdaderamente sorprendente, un estadio de quidditch inmenso, donde manchones de color azul pálido pasaban a toda velocidad.

Antes de salir de su estupor se sintió nuevamente arrastrado al interior de la casa, donde un sonido de campana le taladro los oídos. Ante el ruido todos los manchones bajaron a velocidad increíble y entraron también a la mansión. De pronto, Draco se vio rodeado por una multitud de caras, pero estas no lo veían con desprecio, sino con la misma extraña emoción de la chica que lo había conducido hasta allí.

-Encontré uno- canturreo entonces la pelinegra y todos lanzaron vítores y gritos de alegría- El nuevo buscador sustituto- la chica se volvió hacia él- Soy Gea Allen, la capitana de los Appleby Arrows, ahora dinos tu nombre.

-Draco Malfoy- mascullo desconcertado tirando de su brazo para zafarse del agarre de la capitana- ¿Qué hago aquí? No comprendo nada.

-¿Malfoy?- exclamo alguien con sorpresa, y desde el fondo fue apareciendo una chica de piel oscura que el rubio inmediatamente reconoció porque ya se había enfrentado a ella: Angelina Johnson- Si, él servirá perfectamente bien- siseo con enojo.

Draco no respondió nada ante eso, se quedó estático porque esa chica de Gryffindor era una de las personas que lo atacaban cuando lo veía solo y quien, posiblemente, más ataques de ansiedad le había generado.

-Bienvenido, este es el cuartel de los Appleby Arrows, el equipo de quidditch- aclaro la capitana con solemnidad- Dentro de nuestra nueva estrategia de juego pensamos que la intimidación sería una buena táctica y creímos que un mortífago serviría bien para ese propósito- aunque las cosas que decía eran ofensivas, Allen no parecía notarlo, o quizás no le interesaba- ¿Quieres ser ese mortífago?

No lo podía creer, ¿realmente lo querían en el equipo sólo para que asustara a los contrincantes con su "maravilloso" pasado? Se sintió fatal, y aunque trato de mantener sus expresiones bajo control, no pudo evitar que su cara se descompusiera por el malestar. Odiaba que solo lo quisieran por eso, él quería olvidar, no ser reconocido sólo como un sucio asesino, quería ser algo más.

-Emm, lo siento creo que no tengo mucho tacto- murmuro la pelinegra incomoda- No quería ofenderte, pero ¿puedes considerar unírtenos? Únicamente jugarías en los partidos extraoficiales, y no creo que te cause demasiados inconvenientes con los espectadores.

-Anda Malfoy, no te hagas la victima ahora- chascó Angelina con desprecio- Aprovecha la única oportunidad de trabajo que podrías tener.

-Acepto- dijo el rubio, pero no lo dijo con tristeza o malestar, lo dijo con todo el orgullo que todavía tenía sobre él- Pero dudo que sean capaces de jugar a mi ritmo.

Los que le redolaban pusieron expresiones desdeñosas y soltaron bufidos, pero no parecían molestos. Quizás había aterrizado en una guarida de serpientes, y él ya estaba acostumbrado a tratar con ellas. Con dignidad se volvió a la chica que lo había llevado hasta allí y le tendió la mano para estrecharla y así cerrar el trato.

-Genial, ese es el espíritu- alabo la chica complacida- pero deberías pensar si tú serás capaz de seguir nuestro ritmo- la multitud asintió y rio con sorna- Tenemos un estilo de juego poderoso y no nos importa jugar rudo.

-No creo que eso sea problema para mí- cortó Malfoy con una sonrisa arrogante- Estoy acostumbrado al juego rudo.

-Perfecto, sígueme para firmar el contrato y explicarte unas cuantas cosas- indico la capitana conduciéndolo a la habitación que estaba detrás de un gran pared de piedra- Bueno, lee el contrato con calma en tu casa, si aceptas nuestras condiciones empezaras a entrenar en tres días a partir de hoy. Los entrenamientos son de lunes a viernes en este lugar, iniciando a las seis de la mañana y finalizando a las cuatro de la tarde. El pago en sí, no es demasiado, pero es lo suficiente para un jugador sustituto…

-¿No me hará una prueba para saber si vuelo bien?- pregunto el de ojos grises desconcertado por la falta de selectividad- Ni siquiera sabe si conozco de quidditch.

-Se quién eres: descendiente de una de las familias sangre pura más defensoras del estatus de sangre y más conservadora de las que existen, que odian a los muggles y creen que son criaturas subdesarrolladas que no merecen la pena- la rudeza de Gea Allen era evidente al hablar de su familia- Se perfectamente que conoces de quidditch, yo también soy sangre pura y he jugado desde que tenía tres años, no me parece posible que tus padres nunca te enseñaran a montar una escoba y apreciar el deporte mágico por excelencia.

-De acuerdo- zanjó antes de sentirse aún peor- Leeré el contrato y te enviare la respuesta el día de hoy. Con permiso.

-Espera, ¿no quieres ver un momento el entrenamiento?- pregunto la pelinegra notando que nuevamente había ofendido al rubio- Lamento ser grosera, pero no me doy cuenta cuando hiero a los demás.

-No importa, estoy acostumbrado al desprecio- siseo Malfoy encogiéndose de hombros, gesto por el que su padre lo hubiera reprendido- Estoy cansado, preferiría marcharme ya.

-Está bien, te acompaño a la salida.

Malfoy observo nuevamente los manchones que conformaban los y las jugadores del equipo en el estadio de atrás y pensó que si no entrenaba un poco en esos tres días antes de empezar a entrenar se humillaría. Se despidió de Gea Allen con un leve asentimiento de cabeza y se desapareció directamente a Malfoy Manor.

No leyó el contrato, no hacía falta, porque sabía que aceptaría aun si lo querían solo para ser despreciado y temido. No era como si necesitara dinero por lo que la paga realmente no le interesaba. Y aunque quería un trabajo para limpiar su nombre, para demostrar que podía ser algo más, no estaba seguro de poder conseguirlo jugando con los Appleby pero al menos le estaban dando una oportunidad.

Los tres días restantes antes de integrarse al equipo los pasó en el estadio de su casa- mucho más pequeño que el del cuartel- volando y atrapando objetos pequeños y redondos que ponía a levitar por todo el campo.

Sus padres llegaron la tarde antes de su primer entrenamiento, y como ya les había contado que sería jugador de quidditch pensó que venían a felicitarlo, pero al ver el rostro descompuesto por la rabia de su padre supo que una nueva tormenta se aproximaba.

-Un vulgar jugador de quidditch- dijo con un tono helado- ¿Es eso a lo que te dedicaras? ¿Qué paso con el Ministerio, no querías acaso un trabajo que devolviera el honor a la familia?

-Basta, no tengo porque pedir tu permiso para hacer algo con la vida que escogí yo mismo- espeto adoptando una pose desordenada para molestar más a su padre- Apenas entre al ministerio me miraron y negaron ¿Qué crees que significaba eso? En San Mungo me dijeron que no podían dejar vidas en manos de un asesino y aunque yo nunca mate a nadie aún tengo esto- se descubrió el ante brazo izquierdo donde aún se podía distinguir la Marca Tenebrosa- ¿Crees que tengo opción de elegir un buen trabajo? Incluso considere ofrecerme como limpia pisos con tal de elegir algo yo mismo por una maldita vez.

-Draco no me hables así, nosotros nunca quisimos hacerte daño- se excusó Lucius con una voz apenada, mientras Narcissa simplemente lloraba en silencio- Aun eres un Malfoy y debes honrar tu apellido, no quiero que te rebajes a un empleo tan corriente que cualquier sangre sucia podría hacer.

-No digas esa palabra- grito el menor fuera de sus casillas- Cualquier sangre sucia- mascullo apretando los dientes por el daño que le causaba usar ese término- tiene más oportunidad de ingresar al Ministerio que un mortífago, perdimos la guerra, en la cual por cierto no quise participar y donde contra mi voluntad fui obligado por un loco a matar gente, ahora nosotros somos la basura, los que se pueden desechar, ¿Aun no lo comprendes?

-No lo apruebo- exclamo su padre ya sin mirarlo al rostro- pero no te lo voy a impedir. Debes llegar a las ocho todos los días, no me importa si tienes un partido o no, sino las barreras no te permitirán pasar ¿Entendido?- pregunto enderezándose y dirigiéndose a la chimenea.

-No, no lo entiendo, no entiendo porque te empeñas en decirme que hacer siempre, porque me quieres convertir en lo que no soy, no soy un asesino ni quise ser mortífago pero me obligaron por sus estúpidos deseos, solo me quieren para que los complazca, ni siquiera me aman de verdad- pero el resto de sus reclamos solo fueron escuchados por los cuadros de las paredes porque sus padres ya se habían marchado por la chimenea.

Y así fue como se integró al equipo inglés de quidditch de los Appleby Arrows, en vela y con el corazón un poco roto por creer que sus padres no entendían, o no les importaba, todo el daño que le habían hecho. Quiso creer que las cosas mejorarían al tener la mente ocupada, pero era horrible estar en un lugar donde lo único que debías hacer era volar cerca de los contrincantes para intimidarlos, ni siquiera le dejaban atrapar la snitch hasta que fuera más que obvio que habían ganado, y solo le decían que mientras los contrincantes se aterrorizaran con él no importaba sino era muy bueno. Pero claro, él no iba a dejar que lo humillaran, había empezado a practicar en serio y aunque no era el mejor, al menos ya no los usaban solo como distractor, y de vez en cuando lo felicitaban por alguna atrapada genial. Y aunque podía jugar quidditch, algo que siempre había amado, los días no eran muy agradables al no tener con quien hablar, y ser ignorado por sus compañeros y compañeras de equipo. Al menos nadie lo había atacado.

El primer partido que jugaría como buscador se realizó en el pantano Queerditch, y se sentía preparado para ganar. Estaba un poco molesto por la impuntualidad del otro equipo, pero al ser un partido acordado por los capitanes de ambos equipos- los cuales parecían llevarse bastante bien a pesar de la legendaria rivalidad que existía entre ambos equipos- no era ni siquiera extraoficial. Entonces lo vio. Un chico que se veía más pequeño y flacucho de lo que recordaba, con el pelo tan negro y desordenado como siempre y unos brillantes y bonitos ojos verde esmeralda. Harry Potter corrían hacia él sin despegarle la mirada un centímetro después de haber gritado su nombre.

Se puso tenso, era la costumbre, al creer que el chico lo atacaría, pero cuando se sintió envuelto en un abrazo estrangulador, su mente quedo en blanco, trato de resistirse pero la verdad es que no quería hacerlo. Devolvió el abrazo con la misma fuerza, aun sin pensar, hundiendo el rostro en el cuello de su archienemigo

-Malfoy, te extrañe tanto- susurró Harry en su oído haciéndolo estremecer por el calor del su aliento - ¿Por qué no regresaste al colegio?

-Wow Potter- murmuro desconcertado por lo que sucedía, pero de nada servía no responder cuando se aferraba al cuerpo del chico que detesto por tanto tiempo como si fuera algo que deseaba hacer, quizás desde que nació- Regrese, pero no me veías, no veías a nadie.

Entonces los interrumpieron y Draco noto que Harry parecía distinto, más perdido y ausente que en su último año de colegio, además de temeroso, pero al mismo tiempo parecía tan emocionado por estar allí que daba la impresión de que no había salido de su casa en bastante tiempo, lo cual resultaba bastante posible conociendo al chico tan bien como él lo hacía. No pudo evitar sentir un dejo de ternura por la torpeza del de lentes.

El partido le hizo darse cuenta que nunca sería tan bueno jugando como lo era Potter, quien poseía un talento natural, y que si quería brillar por su esfuerzo debería ponerse serio. Pensó que, ya que había vuelto a ver a Potter y él no parecía detestarlo tanto como el resto del mundo mágico, podría pedirle ayuda para entrenar; era evidente que él también lo necesitaba porque parecía que ni siquiera sabía que posiciones jugaban sus compañeros, y ni siquiera le importaba si eso le humillaba, porque quería seguir jugando y- de nada sirve negarlo- también ver al chico nuevamente.

Al final del partido le pidió hablar y contra todo pronóstico el ojiverde acepto. Y cuando se marcharon juntos el morocho tomo la mano que hace tanto había rechazado, detalle que -aunque el pelinegro no lo notó- estaba muy presente en la mente del rubio quien pensó en esa mano como su salvación cuando era un niño.

Y hablaron, discutieron, rieron e incluso se alimentaron. Durmieron en la misma casa, y lo vio llorar entre sueños, dándole nuevamente esa imagen tan hermosa que había apreciado en Hogwarts. Incluso habían acordado entrenar juntos. Y Draco sintió que tal vez su vida empezaría a cambiar, que al final Harry Potter sí lo salvaría, y que podría volver a ser humano ante los ojos de los demás.

Pero no lo quería de esa forma.

Leyó nuevamente la noticia que salió en la primera plana del diario El Profeta tratando de descifrar si era gracioso o si, por el contrario, debía pensar en mudarse a Francia con sus padres. De la noche a la mañana había pasado a ser el ex-mortífago que había robado la pureza del héroe y salvador del mundo mágico y se había adueñado de su corazón. Estaba seguro que si la gente supiera donde estaba la mansión tendría a una horda enfurecida con antorchas y lanzas dispuestos a asesinarlo.

Lo único que podía esperar es que a Harry no le pasará nada que lo deprimiera nuevamente porque no podría llevar en su conciencia la culpa de ser el causante de una recaída.


Y aquí termina esto. Creo que no me separo tanto de la personalidad original de Draco, y me parece que el trataría de enfrentar el odio que obviamente le iban a tener todos.

Espero les haya gustado este especial y apoyen la idea, me encantaría también que me dijeran personajes de los que quieran especiales, pero eso sí, que sean personajes que salgan en esta historia.

Ahora respondiendo reviews:

Vee: Hola, muchas gracias por tu review, ya ves que la reunión se quedará posiblemente para el próximo capítulo, pero sucederá. Ron, como siempre, es un gran rencoroso y aunque en capítulos anteriores había escrito que maduro, no se podía cambiar totalmente, además es más divertido verlo todo furioso pensando que su mejor amigo esta enamoradísimo del hurón. Mil gracias por amar a Aris, es el primer OC que hago con un papel tan principal y me alegra saber que les parece divertido, la verdad a mí también me hace reír. Cuídate mucho, saludos.

Yumeatelier: Hola, mil gracias por tu review. En serio, El Profeta a veces me recuerda a una de esas revistillas de farándula que al parecer siempre quieren dejar en mal a los ídolos, y obviamente con una foto así de acaramelada lo conseguirían sí o sí. Que bien que te haya gustado el entrenamiento, créeme que se pondrá mejor, o peor depende del contexto, y Harry se volverá todo un Viktor Krum, pero aunque suene muy divertido no podré cumplirte la petición del Malfoy desamparado y huyendo a refugiarse con su amante, lastima, hasta a mí me hubiera gustado eso. Saludos.

mESTEFANIAb: Holis, gracias por tus reviews, siempre me llegan y me alegran un montón. Ron es un inmaduro en serio no podía imaginar una reacción diferente de su parte, pero también me hace algo de gracia que a pesar de la guerra siga actuando así de rencoroso. Cuídate mucho.

Tomoyo Arison: Hola, gracias por tu like, espero te haya gustado el capítulo, y aunque no sea tan explícita si sale un poco de la reacción de Malfoy ante semejante notición. Saludos.

Y aquí sigo yo ignorando mis responsabilidades estudiantiles por escribir pero, seamos sinceros, esto es mucho más divertido.

Nos leemos.