Silent Hill: De puño y letra, con alma y corazón.
Chapter VII – De las Armas y las Letras.
To: Harry Mason.
"Tópico renacentista que consiste en que a través de las armas y las letras se da el ideal masculino"
No se percató de nada a su alrededor, nada. La niebla se encargaba de perturbar cada uno de sus sentidos. Creando figuras que no estaban allí u ocultando muchas verdades que podían ayudarle. Pero mientras estuviese tan concentrado en su labor, nada de eso le detendría.
Nada, nunca.
El amor de padre lo puede todo, él pensó en la cita de Nietzsche, "Quien tiene un «porqué» para vivir puede soportar casi cualquier «cómo»". Y ese «porqué» era su hija y esos «cómo» eran aquellas criaturas, esas bestias, esas muertes y por sobre todo la angustia de saber que Cheryl corría mucho peligro en manos de quién sabe quién.
Harry Mason, quién lo diría, el hombre que vio vida en cada palabra escrita en sus libros, el que fomentó la virtud de la esperanza en cada párrafo de sus escritos, se veía envuelto en una pesadilla de carácter real. Muchas veces inventó historias, amor, odio, desconsuelo, pero esta era verdadera, la más real de todas, creyó entrar en una novela de Dante. Por ello sostuvo un arma entre sus manos.
Obligado por la adversidad de su situación.
Haría lo que fuera por defender su integridad y la de su hija, aunque se le fuera la vida en ello y pasaría por encima de sus discursos retóricos sobre las armas. Cada disparo fue directamente a parar a la carne de alguna de esas criaturas. Se hacía fuerte ante la situación y ya nada importaba mucho sobre su calidad moral.
Nadie podía culparlo. Como dijo, él haría lo que fuera necesario, así tuviese que dejar su bolígrafo sobre la mesa, desechar sus sueños a un lado, tomar el arma, girar y disparar.
Uno más yacía sobre el piso, se desangraba, era cuando venía el sentimiento de culpa, de ser de la nada, peor que las personas de ese maldito pueblo y con este sentimiento de remordimiento venían las náuseas, el dolor de cabeza, el mareo, el malestar general. Y por sobre todo el sentimiento de impotencia, de no ser capaz de cuidar lo más valioso que le había regalado la vida.
La desesperanza lo abordaba, lo carcomía, no podía evitar mirar el revólver entre sus delgados y finos dedos y se maldecía a sí mismo. Se consideraba cobarde por defraudar lo que siempre fue parte de él. Sintió que desfallecía, que el mundo dejaba de tener sentido y juro una y mil veces que lo único que lo ataba a esta realidad era la incertidumbre de no saber cuán real era, si despertaría y todo volvería a ser como antes. Si su hija estaba perdida y no dormida en la cama de su cuarto. Rogaba para que el mal de este pueblo sólo fuera efecto de una mala jugarreta del subconsciente combinado con un poco de trasnoche y pastillas para dormir.
Que despertaría. Que tomaría una vieja y gastada hoja sobre su mesa de noche y plasmaría en ella retazos de su pesadilla. Que la excitación de la imaginación le embriagara como el mejor de los licores, que su mano se moviera en una danza elegante al son de sus sentimientos, al son de una fantasía.
Y relataría que Harry Mason tuvo una aventura, la más importante de ellas en la búsqueda de su hija en un pueblo que no existía.
Pero para su desgracia esto era verdadero.
Muy, muy real.
Reemplazó las fantasías literarias por la cruda realidad, las paredes, el aroma a oxido, el color de la sangre y las rejas. Cambió el viejo bolígrafo por una moderna y trillada arma. Se quitó la venda de los ojos. Esto era importante.
Y tenía que admitir que escribir historias fantásticas no era tan emocionante como vivir en una. Sí, porque su vida se trasformaba en una fantasía ambigua, de recuerdos tortuosos, de sentimientos ajenos, de verdades disfrazadas, de niebla que confundía, de sangre carmesí, de rejas oxidadas, del antiguo Harry Mason.
Salió del cuarto donde estaba, no supo bien el rumbo. No hacía planes para el futuro, ya no. Vivía el presente, de fijar la vista en el objetivo más cercano, avanzar por este cruel mundo que avecinaba su muerte cada vez que cambiaba.
Nowhere.
Ningún lugar.
Levantó el ánimo, aún había tiempo para comenzar otra vez. Ningún lugar era todo el mundo. Harry Mason, el temeroso de las armas, el escritor innato estaba sufriendo una metamorfosis. Era Harry Mason, el valiente, dejando la cultura pacífica de lado, cualquiera lo consideraría el mejor padre de todos, por enfrentarse a aquel infierno. Pero él no, él sólo quería rescatar a su hija.
Las alabanzas y los aplausos son tan efímeros que él prefería el eterno amor que profesaba Cheryl para él. Aquel amor que ni siquiera la sombra de un arma y balas podía desgastar.
Fue así que Harry, dejo de ser Harry.
"Sin una familia, el hombre, sólo en el mundo, tiembla de frío"
From: El novelista francés, André Maurois.
N/A: ¡Ta-dah! Aquí esta mí querido y nunca bien ponderado Harry, al principio creí, CREÍ, que se me haría fácil, pero cómo ven, la vida se ha transformado en algo lleno de incertidumbres y errores. Y sé que me mataran por esto, pero por extrañas razones de esta vida me enfermé, sí el cambio de estación me hizo mal, la cosa es que tenía fiebre de 1000 grados y no podía estar mucho en el PC (¡Casi nada!) pero aun así les traigo este Harry Mason para ustedes.
En fin, Harry es… Harry, tan bueno además de ser el primero en trasladarnos a "Silent Hill" y merece todo nuestro respeto (?)
Es soundtrack para este capítulo es: Wiedźmin OST – Believe.
Ehm tenía que decir algo… ehm… ¡Ah sí! No prometo nada para la actualización, la próxima semana será caótica para mí (Exámenes finales in coming) Sí, todos los días.
Próximo capítulo: El mundo al revés con Lisa Garland.
¡Un beso para todo los que leen y nos vemos en el siguiente!
