Las tres chicas entraron a escena. Las dos novatas algo perdidas, sabían perfectamente que hacer, pero les avergonzaba saber que enfrente estaban sus amigos y tal vez, luego se burlarían. Trataron de no fijar su mirada en ellos, pero Astrid estaba muy ocupada con su vecino. Cada vez que se quitaba una prenda, lo miraba a él y solo a él. Esa noche, el le pertenecía.
¿Desde cuando se interesa en él? No lo sabían. Tal vez esa noche lo vio de otra manera o solo estaba jugando con él.
Los demás sentados en sus mesas miraban seriamente a las bailarinas. Con algo de intriga, se asomaron para descubrir quienes eran. Patán y Brutacio estaban mas concentrados en todo eso. Patapez estaba rodeado de mujeres hermosas, por lo tanto, Patán rebosaba de celos y rabia. ¿Como Patapez podía tener mas mujeres que él? Era incríble, pero había algo que las mujeres adoraban del gran amigo de estos. Había algo, era un secreto y no lo sabían.
Hipo estaba siendo seducido por la hermosa mujer, que resultaba ser su amada vecina. Por un segundo, apartó la vista del escenario y llamó la atención de sus amigos. Trató de hablarles pero estos estaban muy sumergidos en sus delirios. Resignado, volvió a mirar hacia la pasarela, cuando se percató de que a las tres le faltaban esa ropa ajustada que estaban usando hace unos minutos.
Todos parpadearon y suspiraron. Se tiraron hacia atrás y miraron con atención los movimientos de las mujeres.
Mientras tanto, ellas ya confiadas bailaban con mas ánimo y sonreían mas. Cambiaron de lugares y volvieron a acercarse a sus amigos.
Brutilda algo mas calmada, quería devolverle esa "broma" a Patán. Sabía que el era débil su lado, y molestarlo era de esas cosas que tanto les gustaba. Así que lentamente se acercó a su mesa, trató de no mirar a Brutacio, sabía que este la reconocería en un segundo y armaría algún escándalo. Siguió su camino y sonrió al verlo. Se puso enfrente de el, que estaba muy ansioso al ver como esta hermosa rubia se acercaba a él con otras intensiones.
Brutacio miró a la chica con seriedad fijándose en cada detalle. Miró la expresión de su mejor amigo, y pensó que este la agarraría y la secuestraría. Después de todo el sería capas, conociéndolo de toda la vida. Volvió a mirar a la chica y se dio cuenta al ver su cuerpo y escuchar su voz que eran algo parecidos. Tocó el hombro de su mejor amigo, pero este no respondió. Miró su cara, se acercó y le gritó.
- ¡PATÁN!
- Ahora no, amigo. - Dijo Patán sin quitar la vista de la chica. - Ahora no..
El gemelo resignado rodó los ojos y volvió a mirar la pista. Estaba muy entusiasmado con las chicas bailando allí arriba. Le interesó una de ellas, la que estaba mas calmada que las demás. Le parecía familiar, luego pensó en Amber. Así que de esa manera se dejó llevar por el caluroso ambiente.
Cuando las chicas acababan su acto, agradecieron al público y retrocedieron. Se metieron hasta atrás del escenario y desaparecieron entre las cortinas. Los mas afectados por este sensual baile fueron Hipo y Patán, así que ambos primos pensaron en que deberían buscar a las chicas. Así que sin que nadie se diera cuenta, caminaron hasta atrás del club.
Era raro, porque no había nadie allí cuidando. Así que Patán fue el primero en abrir la puerta. Encontraron un camerino y vieron las estrellas, eso indicaba que la mejor bailarina estaba allí. Sin pensar mas, tocaron la puerta y esperaron una respuesta.
Esperaron unos minutos y nadie abría. Hipo se cansó de esperar así que se fue a donde estaban sentado, no quería problemas con los dueños. Ademas, que mas quería. Ya sabía que su vecina era una bailarina de un bar nocturno, era mucho para él.
Patán no se rindió. Trató de encontrar a esa chica hermosa que estuvo enfrente de él hace unos minutos. Entonces, miró hacia el pasillo y encontró una puerta, de otro camerino. Lentamente caminó hacia allí y se asomó por la puerta, tratando de ver. Solo por un espacio, encontró lo que buscaba. Estaba ella frente a las otras bailarinas, en ropa interior, esa prenda color azul opaco.
Trató de escuchar lo que decían y pudo reconocer esa voz, pero no quería hacer falsas deducciones. Así que para averiguarlo, decidió entrar, pero alguien lo detuvo. Al darse la vuelta pudo ver a uno de los de seguridad agarrándolo del brazo y llevándolo hacia a fuera del club.
Por suerte, sus amigos estaban por irse. No era muy tarde pero quisieron salir y volver a la casa a descansar. En la parte de atrás vieron que Patán venía caminando y maldiciendo a todos. Por esto, todos comenzaron a reír a preguntarse que le pasaba.
Caminaron hasta la salida del Club y esperaron el auto. Entonces, Hipo aprovechó para poder decirles quienes eran las bailarinas.
- ¡Chicos! Hay algo que le tengo que decir. - Dijo Hipo.
- ¿Que pasa, Hipo? - Preguntó
- La bailarina, yo se quien es! - Contestó entusiasmado.
- Y dinos, quien es. - Dijo Brutacio.
- Bueno, Astrid es..
- ¿Que yo soy qué, Hipo? - Preguntó Astrid detrás de él.
- ¿Que hacen aquí ustedes? - Preguntó Brutacio.
- Veníamos del bar. - Respondió Astrid nuevamente.
- Pero si el bar queda para el otro lado. - Contestó Patapez.
- Sabes, aquí hay millones de bares. - Respondió Brutilda con ironía.
- Bueno, ¿Que decían de mi? - Preguntó Astrid mirando a Hipo.
- Pasa que.. Decíamos que... Les contaba que eres mi vecina. - Dijo Hipo algo nervioso.
Astrid miró extrañada al joven Haddock. Asintió a lo que dijo pero aún no le creía.
- Bueno, ¿iban para casa? Las puedo llevar.. - Dijo Hipo.
- No, está bien. No iremos caminando. - Dijo Astrid.
- Nos vemos en casa entonces. - Dijo Brutilda.
Vieron como las chicas se iban alejando, hasta que ya no pudieron verlas mas. Entonces, fue ahí cuando Hipo confesó.
- Astrid era la bailarina!
- ¿Que? - Dijeron todos al unísono.
- ¿Estas seguro? - Preguntó Patapez.
- La vi, chicos! Era ella enfrente mío! - Hipo trató de insistir.
- Entonces... - Dijo Patán, pero luego no dijo nada mas.
- ¿Entonces qué, Patán? - Preguntó Hipo.
- No, es ahí donde ella trabajaba. - Volvió a decir. - Hay que mantener un secreto así.
- Tal vez le gusta hacer eso pero no quiere que sepan quien es. - Dijo Brutacio.
- Debe ser eso... - Dijo Hipo algo pensativo. - Hablando de otra cosa, si que estuvo bueno! - Exclamó con alegría al recordarlo.
- Oh si! Esas chicas estaban para morirse. - Dijo Patán.
- Si, muy buen lugar! Las camareras eran muy cariñosas. - Dijo Patapez.
- Si, ah! miren allí está el auto. Subamos. - Dijo Brutacio dirigiéndose a la limusina.
Los cuatro chicos asintieron y subieron al auto. Llegaron a casa algo cansados, así que subieron las escaleras y se acostaron a dormir. Bueno, solamente Patapez durmió. Brutacio se quedó en la habitación pero haciendo otras cosas, Hipo estaba en la entrada de su casa con su dragón, no podía dormir después de esa noche; y Patán estaba en sentado en el pasillo de la casa esperando algo o alguien.
Fuera de la casa, Hipo caminó hasta la entrada y al asomarse pudo ver a dos chicas llegando. Eran Astrid y Brutilda. Se despidieron y cada cual fue hacia su casa, bueno, Brutilda hacia la casa de Hipo.
Antes de que la rubia pudiera verlo, Hipo y Chimuelo entraron lentamente a la casa y fueron hacia su habitación. Pasaron por el pasillo, miró a Patán y rodó sus ojos, haciendo que su primo riera. Entró a la pieza y se paró frente a la ventana y de pronto, sintió el portazo.
Brutilda subió lentamente por las escaleras, tratando de no hacer mucho ruido. Caminó por el pasillo y vio a Patán sentado fuera de su habitación mirándola. Ella trató de no prestarle atención y entró a su cuarto.
Patán estaba decidido en averiguar porqué tanto misterio con su amiga, además, debía saber si a quien vio en el club se trataba de esta persona. Se paró lentamente y miró por la cerradura de la puerta. Vio que había dejado una bolsa de cartón en su cama. La chica volvió a mirar el interior de la bolsa y luego caminó para salir del cuarto. Patán se corrió hábilmente del lugar y se paró contra la pared disimuladamente esperando la salida de la gemela.
La chica miró para su izquierda asegurando que no hubiera nadie, aunque no podía ver mucho ya que las luces estaban apagadas y solo unas elegantes velas alumbraban algunas partes del pasillo. Se volvió y miró a su derecha, entonces se encontró con Patán frente a ella. Se asustó un poco, pero no le dijo nada. No quería hablar con él, así que caminó y caminó hasta perderse de vista completamente.
El joven vikingo no lo pensó dos veces y entró directamente al cuarto de su amiga. Encendió una luz para poder ver mejor las cosas, encontró la bolsa y miró su interior. Se sorprendió al ver lo que había; era un antifaz, ese que usó la chica que estuvo en el club. Algunas plumas desparramadas y otras cosas. Sonrió y comenzó a reír, con aire de orgullo en su rostro. Se recostó en su cama, calmándose y pensado en que traía muerta a su vieja amiga, no lo podía creer pero era así.
Entonces sintió que abrían la puerta. Se sentó rápidamente en la cama y pudo ver a Brutilda entrando y mirándolo desde la puerta. Ella no traía su pantalón. ¿Porqué estaba así? Patán la miró de arriba a bajo, pero ella solo cerró la puerta y se acercó a él preguntando desesperada que hacía él en su cuarto.
- ¿Que haces con eso? - Preguntó ella entre gritos.
- Venía a averiguar si lo que vi en el bar era cierto. - Dijo él algo nervioso.
- ¿Que? ¿En el bar? - Preguntó ella. - ¿De que hablas?
- Hablo de que tú, Astrid y Amber eran las que estaban bailando. - Dijo él un poco mas confiado.
- ¡No digas estupideces! - Dijo ella mientras se acercaba a él.
- Eras tú. - Volvió a decir él, acercándose un poco mas a Brutilda. - Te vi.
- Que no. - Insistió ella. - ¿Por qué no sales del cuarto?
- ¿Y si mejor me explicas ese baile en frente mío? - Contestó Patán en un susurro. - No me creas tan idiota, se que me quieres.
Brutilda se tranquilizó al escuchar eso. Miró a los ojos a su amigo y luego bajó la mirada, quería saber donde terminaría todo eso.
- ¿Que pasará ahora? - Preguntó Patán.
- Es lo que me estoy preguntando. - Contestó Brutilda y luego volvió a mirar hacia abajo.
Patán tomó con sus manos delicadamente el mentón de la chica, y trató que ésta lo mirara a los ojos... Esos hermosos ojos azules que dejaban ver felicidad y curiosidad.
Al mirar esos bellos y profundos ojos, un recuerdo se presentó tan rápido como parpadear. Un tímido y dulce momento de su infancia, que le recodaba cuando comenzó esa larga amistad...
~Flash Back~
Era una tarde de invierno en el viejo Berk. A esas horas de la tarde la gente salía a hacer sus mandados y a comprar su rica comida o a juntar leña para la fría noche.
Una hermosa mujer caminaba por los senderos de la aldea, lucía algo cansada y fastidiada. ¿Por que sería? Al parecer, sus dos hermosos y desastrosos hijos gemelos que llevaba a cada lado de si. Ellos eran como cualquier otro par de hermanos: peleaban, discutían, se pegaban y gritaban. Si no fuera porque ambos eran hermosos, ese par sería un desastre, ya que ambos disponían de una energía que no se acababa nunca y podían enloquecer la aldea peor de lo que lo hacía el pequeño Hipo.
La mujer se encontraba con su esposo en una tienda. Recibió a su marido con un pequeño beso, sus hijos abrazaron a su padre con mucho cariño y unas grandes sonrisas. Pero luego se despidieron de ambos y se dirigieron al pequeño parque que había en la aldea. Era un lugar donde podían jugar tranquilamente los niños de esa edad.
Corrieron hasta llegar a unas hamacas, pero claro, los dos gemelos comenzaron a pelear por la mejor de las hamacas.
- ¡Tonto! ¡Yo llegué primero! - Gritó Brutilda tomando una de las sogas de la hamaca.
- Sueña, yo estaba primero. - Dijo su hermano, tirando de la otra soga. - Esto no es para niñas débiles, vamos, ve con mamá!
- No iré a ningún lado, tú ve con mamá! - Contestó la pequeña niña.
Ambos comenzaron una pelea en la fría nieve, uno se tiró arriba de otro, girando y girando sin saber a donde iban. Hasta que los pies de alguien los detuvieron. Cuando miraron hacia arriba, pudieron ver quien obstruía su camino.
- Acio ¿Por qué siempre peleas con tu hermana? - Dijo un pequeño niño.
- ¡Patán! Que bueno que estés aquí. - Gritó Brutacio de emoción al ver a su buen amigo. - Ven vamos a jugar por ahí.
Brutacio caminó con su amigo dejando a su hermana sola en el parque. Brutilda se enojó al principio, se sentó en el frío suelo y esperó y esperó, tal vez que su madre o su padre fueran a buscarla. Tal vez que su hermano volviera a pedirle disculpas, para luego golpearlo.
El sol se estaba ocultando casi, por eso la niña se inquietó. Estaba algo asustada y nerviosa, tanto que comenzó a llorar. Estaba sola allí, sin compañías. Para que nadie la viera así, agachó su cabeza entre sus rodillas, y trató no pensar mas.
Hasta que alguien llegó.
- ¿Por qué lloras? - Preguntó el chico.
Brutilda levantó la cabeza, y con los ojos húmedos vio al chico que hacía unos momentos, se había ido con su hermano. Era Patán en frente de ella. Luego de un segundo, reaccionó y corrió la mirada, no podía dejar que la vieran llorar. Seguramente, luego se burlarían.
- No... No estaba llorando. - Dijo la pequeña rubia.
- Vamos, tenes los ojos brillantes, a mi también me pasa eso, pero solo cuando lloro. - Dijo él mientras se sentaba a su lado.
- Pero.. ¿No te apena llorar cerca de alguien? - Preguntó ella con algo de curiosidad.
- Si, hay veces que sí, pero si hay que llorar, pues... Lloraré. Si hay que reír, reiré. ¿Entiendes? - Dijo él con una sonrisa.
- Si... ¿Y que haces aquí? Yo te vi que estabas con Acio. - Contestó nuevamente triste.
- Estaba. Pero me sentí algo culpable por dejarte aquí sola. ¿Por qué no vienes a jugar con nosotros? - Preguntó él con una agradable sonrisa, tan dulce, tan dulce..
- ¿Y si los demás chicos no me quieren? Yo sería un estorbo. - Volvió a decir ella.
- Claro que no, una cara bonita nunca es un estorbo.
Ilda se sorprendió al escuchar esto último. Lo volvió a mirar, y éste estaba con un rojizo leve en sus pómulos. Sonriendo como siempre. Ella sonrió, estaba agradecida porque este amigo le había levantado el ánimo. Algo apenada, pidió que se levantaran y fueran tranquilos a jugar.
Patán, como buen gesto, tomó la mano de su nueva amiga y caminaron juntos hacia donde los demás niños jugaban felizmente.
Ese fue el comienzo de su amistad, una amistad que hasta hoy se muestra firme y dulcemente a plena vista.
~ Fin del Flash Back ~
Ambos mirándose trataron de entender lo que pasaría después. Luego de estar un momento unidos por sus penetrantes y profundas miradas, decidieron hacer lo que sentían. Si tenían el coraje y las fuerzas.
Pero pareció que esa timidez que todos tenemos, impidió un gran paso para estos dos enamorados.
- Sabes, mejor me iré a dormir. - Dijo Patán soltando a la chica y caminando hacia la puerta.
- ¿Que se supone que estamos haciendo? - Preguntó ella, algo confundida.
- No estamos haciendo nada ¿Esta bien? - Respondió él, con un tono algo fuerte. - Basta de confusiones. - Patán tomó el picaporte y abrió la puerta, sin mirarla a los ojos le dijo - Hasta mañana.
Brutilda quedó pasmada por esto. Que había pasado. Que estaba haciendo. Estaba entre dos caminos distintos y no sabía cual tomar. Rendirse a la idea de saber que pasa entre ellos dos e ir a buscarlo, o quedarse en su cuarto y dejar que ese instante se borrara de sus memorias por el resto de sus vidas. Tenía un tiempo muy corto para pensarlo.
Entonces, el ruido de la puerta cerrándose, la sacó de sus dudas y pensamientos. Y entonces, pasó.
- ¡Patán!
Uyyyyyyyyy como me costó escribir estoo ee :P Jjaaja, espero que les guste muchoo y quedó algo así, en suspenso :D
Bueno, trato de seguir tooooodo, espero que les llame la atención ! Espero sus comentarios, y ESPARTANO, gracias por siempre estar atento en este fic! Sos muy buuuueeno, eh! :D
Bye, PEOPLE! ;)
