Los dos momentos Fairy Tail del anterior capítulo era el momento casi beso de Jellal y Erza y el que parece menos claro, es el momento Gruvia. Desde mi punto de vista, es en el capítulo en el que mejor se nota como Gray si que siente algo por Juvia, el capítulo de la bufanda. Nada más había que ver como Gray se sonrojaba mientras decía que era cálida, aish :')
Aquí os dejo el nuevo capítulo de Lealtad, he de advertir que tengo las 2 primeras semanas de septiembre tengo bastantes cosas que hacer y no se seguro si podré actualizar. Quizá pueda el miércoles 9 o el sábado. Tampoco sé si me dará tiempo a subir un nuevo capítulo de Amazonas antes de que empiece Septiembre y se me complique todo. En fin, a ver a que me da tiempo porque tampoco quiero subir los capítulos precipitadamente porque cometo demasiados errores y debo revisar varias veces... y ademas, tengo que esperar a que la musa de la inspiración me diga: "Eh! Si pones esto puede quedar bien, ¿sabes?"
Este capítulo va a estar orientado más Edo Jerza pueees vamos a saber como Jellal y Erza se conocieron en Edolas (en esta historia, porque lo que tenga pensado Mashima en su cabecita... pues ni idea jajajajjajaja)
Dicho esto, os dejo con el capítulo nuevo :3 ¡Espero que os guste!
Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 6 ~ LO QUE TIENE ELLA
Nadie's POV
-¡BUENO BUENO BUENO!- dijo una voz grave que marcó cada palabra con una palmada, haciendo a las dos personas que antes estaban a punto de besarse, se alejaran completamente. Jellal se había incorporado en apenas un segundo, ofreciendo una mano a Erza quien aún miraba confundida a su alrededor. De la oscuridad ya más latente, aparecieron dos siluetas muy conocidas para Jellal, y solo una para Erza: Sugarboy y Minerva.-Minerva me dijo que se estaba dando un enfrentamiento apasionante entre las dos personas más fuertes de este Reino... ¡y no me hubiera imaginado que la pasión llegara hasta tales puntos!
Al acercarse un poco más, Erza y Jellal pudieron ver la gran sonrisa con la que Sugarboy decía aquellas palabras.
-No es lo que pien...- empezó a decirle Erza mientras se levantaba, rechazando la ayuda de Jellal, y volviendo a poco a poco cobrar la horientación.
-¡No!¡No!- negó Sugarboy cortando a la capitana mientras Minerva sonreía maliciosamente- No hace falta que digas nada, cariño.- Jellal miró al rubio con el entrecejo fruncido. Él consideraba a Sugarboy un tanto extraño pero buen hombre, por ello nunca pensó que pudiera llegar a traicionarlo, no después de haberle jurado lealtad. Pero con Minerva a su lado... Ella había pensado que ellos harían algo más que entrenar y eso la había puesto completamente furiosa y con sed de venganza hacia la capitana que había ocupado el que debería ser su puesto. Rápidamente pensó en hablarle de la situación a cualquiera de los miembros del Consejo, pero si le decía algo a cualquier anciano del Consejo, la tomarían por loca, pues no era más que una subcapitana con intención de manchar el nombre del Rey. Pero si era un miembro del Consejo el que afirmaba aquel romance, podrían traer consecuencias, y eso Minerva lo sabía. Tuvo la suerte de topar con uno de ellos y no tardo en trazar un perfecto plan en su cabeza. "Esta no es la manera en la que había pensado que sucedería" pensó Jellal mientras se imaginaba lo difícil que iba a ser convencer al Consejo de la buena candidata que era Erza para ocupar el trono como Reina, mientras tenía otra princesa que quería ocuparlo y ofreciendo ofertas jugosas-Yo no diré nada.
Erza suspiró aliviada mientras se frotaba las sienes, pues aunque para ella eso no había llegado a ser nada, no quería que hubiese ninguna mancha sobre su puesto de capitana. Jellal le miró con una ceja levantada y Minerva... Minerva miraba con la boca abierta al capitán.
-Tengo varias razones para no decir nada.- levantó un dedo mirando fijamente a Jellal- Primero, me alegro que mantengas una relación con una fémina, nunca te había visto con alguna en estos años y ya sabes...-hizo una pausa sonrojándose para la sorpresa de los tres oyentes- Pensaba que te gustaban otro tipos de cosas y... al verte tan cercano a mi... Pensé que pedías cosas de mi que yo no podía darte...
-Espera, ¿qué?- dijo Jellal que miraba atónito al capitán que negó con la cabeza para que no contestase como si se hubiese metido en el papel de la telenovela que se había estado montando en su cabeza desde que hace 3 años ese pensamiento nubló su cabeza. Erza no pudo soltar un bufido ante las sugerencias del capitán y Minerva tenía la boca aún más abierta, ante las declaraciones de este.
-Segundo, si Erza se convirtiera en reina y en el Consejo se le diera más poder para hablar creo que las reuniones no serían tan aburridas.-dijo recordando los tantos insultos y comentarios que soltaba la capitana por lo bajo con cada comentario que los ancianos hacían y que Surgaboy escuchaba conteniendo la risa como podía- Y siendo menos aburridas, todos escucharíamos y sacaríamos cosas más productivas
-Tomate esto en serio, Sugarboy- le reprochó Erza quien comenzaba a perder la paciencia
-Tercero, creo que el hombre que domina a la bestia se merece el trofeo- dijo antes de salir corriendo y Erza salir detrás de él con su lanza de nuevo en la mano.- ¡NO DIRÉ NADA, LO PROMETO! - se escuchó de fondo una voz que se alejaba.
Al final, se quedaron Jellal y Minerva solos con un silencio incómodo. Jellal cerró los ojos y fijó una mirada severa hacia la subcapitana quien se estremeció al sentir la fuerza que esos ojos emitían. Esos ojos que antes habían seguido divertidos y cariñosos a la peliroja mientras se precipitaba tras Sugarboy.
-No me gusta tener a mi alrededor personas en las que no confío- le dijo Jellal cortando las palabras que iba a decir Minerva.- No tengo interés en escucharte, tus acciones ya hablan por si solas. No me interesas, ni tu, ni tus actitudes mediocres como subcapitana. Deberás esforzarte como el resto para conseguir poder y un nombre en mi ejercito, no hay otra manera. Así que mas te vale empezar demostrando tu respeto hacia tus superiores, eso incluye a la capitana Knightwalker.
-¿A la Capitana o tu fulana?- dijo Minerva mientras su sangre hervía mientras escuchaba como su Rey se paraba en saborear sus dos últimas palabras.
-¿Fulana? Ya has encontrado un adjetivo con el cual describirte a la perfección- dijo Jellal con rabia, quería alejarla por siempre de el castillo y no volver a tener que lidiar con ella. Pero eso no era la decisión de un Rey, por lo que respiró hondo antes de continuar.- Quiero que te vayas a tu casa, mañana vuelvas y te dediques a tu trabajo. Como vuelva a saber de algo que has hecho o has dicho que no sea apropiado de una subcapitana, puedes darte por expulsada del ejercito.
Dicho esto se fue de vuelta al palacio sin esperar respuesta alguna, para darse una buena ducha fría.
-¿Que tiene ella?- escuchó a la subcapitana de fondo. Pero no respondió, solo siguió su camino mientras su mente volaba hacia años atrás.
-Te estoy diciendo que no deberíamos venir por aquí- dijo Simon mientras seguía a Jellal escaleras abajo hasta llegar a los pasillos oscuros que tanto conocían. Ambos se escondieron al escuchar voces y varios soldados aparecieron y desaparecieron al instante por otro pasillo.
-Es la única salida que no está vigilada- le dijo Jellal mientras proseguían por aquellos pasillos donde habitaban los sirvientes. Estos daban a las cocinas, a la habitación de la lavandería, a los comedores de los sirvientes, a las habitaciones... Pero también era otra salida al campo de entrenamiento. Y como solía ser muy frecuentada por los soldados, ya que salían y entraban constantemente por esta, no solía estar vigilada excepto cuando el castillo estaba en alerta naranja por ataque. Eso sí, cuando las horas de entrenamiento acababan, las puertas se cerraban a cal y canto y no se abrían hasta la mañana.- Aligérate, queda poco para que nos cierren.
-Es que no deberíamos salir...-Simon cada vez se arrepentía más de haber salido con él y Jellal lo sabía por como su cara se tornaba en preocupación por miedo a ser descubierto. Jellal no podía estar más agradecido de haber podido crecer con alguien de su edad a diferencia de los demás principes, él era sin duda su mejor y único amigo. Simon era sobrino de uno de los hombres más influyentes en Edolas, poseía a su disposición miles de aves, algunas con el tamaño de la mano y otras casi tan grandes como una casa. Servían tanto como para entregar mensajes como para luchar en las guerras como espiar al enemigo sin ser visto y para muchas otras cosas más. Era un gran amigo, o más bien aliado, para el Rey y le otorgó el "honor" de aceptar de pupilo en la corte al heredero del título de cabeza de la familia, al no tener hijos solo pudo ofrecer a su sobrino.
-Venga, sabes que me gusta más entrenar ahí fuera que en la sala que tenemos.
-Eres muy raro... Es lo mismo- Jellal rodó los ojos.
-No, no es lo mismo
-Lo es
-Que no
-Que si
-Que no.- dijo mientras salían por la puerta y corrían a esconderse antes que de que Max apareciera y cerrase la fuerza.
-¡Ay!-protestó Simon al tropezar y caer por culpa de una roca. Jellal comenzó a reírse mientras ayudaba a levantarse a su amigo. Este se limpió la suciedad y siguió a su amigo que ya había continuado a paso firme hacia la zona que dejaba un gran espacio abierto para luchar. Era sin duda el sitio preferido de Jellal, le gustaba caer y ensuciarse. Sentir la brisa mientras bailaba con la espada.- Sabes, ni si quiera hemos traído armas, ¿como pretendes prac...?
Y chocó contra la espalda de su amigo que había parado en seco. Iba a protestar cuando siguió la mirada de su amigo y la vio, quedando completamente hipnotizado como su amigo.
Jellal's POV
Aún no era tan oscuro como para no verla a la perfección, y agradeció a los dioses por darle luz suficiente para verla. Tenía un cabello escarlata recogido en una trenza de la que varios mechones rebeldes ya se habían escapado. Una piel blanca y lisa la hacían parecer delicada, pero los movimientos gráciles pero fuertes que acometía con una lanza de madera hacia un saco de heno, le informaban que delicada precisamente no era una buena forma de describirla. Mantenía una mirada seria y concentrada en su tarea que producía sin problema ni fallo alguno. Llevaba puesta una camiseta de tirantes blanca que le estaba ancha y que se veía sucia y desgarrada, con unos pantalones largos marrones que le estaban anchos metidos en unas botas de niño. Aun así, para mi, parecía un ángel.
Tenía entendido que solo se podía ingresar al ejercito a partir de los catorce, pero ella no debería pasar de los 7. Era pequeña, era menor que ella, debería estar jugando a las princesas o a esas cosas que jugaran las niñas; no luchando.
La niña debió percatarse de nuestra presencia porque se giró y nos miró confusa y desconfiada.
-¿Quienes sois?- nos preguntó mientras apoyaba la lanza en el suelo y se apartaba el flequillo que se le había pegado a causa del sudor. Tenía una voz dulce y musical, una melodía que me hizo sentir cosas en el estómago que nunca antes había sentido.
-Yo soy el príncipe, ¿y tu? ¿que haces aquí?- sin querer había sonado arrogante, maleducado y estúpido; y me maldije por ello. Comencé a sudar frío mientras esperaba a Simon me lanzara una mirada de desaprobación por mi actitud, pero este continuaba mirando a la muchacha embobado. Ella se arrodilló y me saludó educadamente.- No, no, no hace falta. Levántate.
Ella hizo lo ordenado y continué esperando la respuesta.
-Yo soy Erza, trabajo en el mantenimiento de las armas hasta que cumpla edad suficiente para poder formar parte de ejercito... Mientras tanto me dejan practicar cuando acabo con mi trabajo.- dijo en un tono neutro y frío.
-Eres joven... ¿que te trae aquí?- pregunté y luego pensé que estaba entremetiéndome demasiado en la vida de ella sin derecho alguno. Pero sentía curiosidad por cada detalle de ella, cualquier cosa sobre su pasado, sus gustos, su familia, su...
-Yo...- su voz cortó el flujo de mis pensamientos, parecía incomoda por como miró al suelo e intentaba buscar respuestas.
-Jellal, deja de presionarla- dijo Simon al fin después de ese lapsus.- Mi nombre es Simon. Nosotros también veníamos a practicar, ¿te importa si lo hacemos contigo?
-Tenía entendido que tu no querías estar aquí... pensé que te irías en cualquier momento- me intentó dar una patada para que callase pero la esquivé con facilidad. Ignoré a mi amigo que maldecía por haberle dejado tan mal delante de Erza y me acerqué a la muchacha que miraba atenta cada movimiento que hacía. Le sonreí con calidez y le ofrecí mi mano- Seamos amigos, ¿vale?
Erza asintió con la cabeza y agarró mi mano. Una mano delicada pero fuerte que apreté con suavidad mientras veía como un pequeño brillo de felicidad apareció en los ojos de la muchacha.
El agua fría corría por mi piel dejando ríos que despertaban cada uno de mis agarrotados músculos que protestaban por el entrenamiento. Mi cabeza estaba apunto de explotar después del día que llevaba. Había sido un día intenso en el que tuve que solucionar muchos problemas incómodos mientras investigaba sobre el Reino de Hisou. Había tenido demasiados papeles que firmar, demasiadas personas con las que entrevistarme, demasiadas instrucciones que supervisar... Y todo mientras me daba fuerzas para llegar al final del día, porque al final de ese asfixiante día iba a tener un encuentro con mi capitana favorita. Me había dado absolutamente igual la tortura que había tenido que soportar por tal de haber estado esos segundos tan cerca de ella. Sintiendo su aliento. Acariciando sus mejillas... Y había estado muy cerca. Se la había jugado en ese momento. Ella le había pedido tiempo, pero en ese momento cuando estaban tan cerca, todo se sintió en su sitio. Sin embargo, con esa interrupción, no solo había arruinado el beso, sino que había alejado aún más a una Knightwalker que ya de por si era alejada anteriormente. La conocía perfectamente y sabía que iba a poner tierra de por medio para que no volviese a ocurrir aquel desliz por su parte.
Di un puñetazo contra la pared del baño por furia e impotencia. ¿Porque tenía tanta mala suerte cuando se trataba de ella? ¿Porque siempre había algo que estaba ahí para separarlos? Suspiré y corté el agua.
Seguro que ahora mismo estaría insultándome.
Erza's POV
-Maldito y asqueroso Rey que se aprovecha de mi cuando se cae encima mía, porque es lo que hizo, ¿vale?- dijo furiosa mientras se limpiaba la sangre de los nudillos. Había dejado a Sugarboy casi inconsciente, pero se lo merecía. Llevaba como media hora hablando sola, pero no me importaba; cuando estaba nerviosa solía hacerlo para tranquilizarme y sentir que alguien (aunque fuese yo misma) me entendía.- ¿Que hacía acercándose tanto a mi? ¿Es que no entiende lo que es el espacio personal? -arrojé mi armadura a un lado y me metí en la ducha- No, no sabe lo que es el espacio personal, porque es un chico morboso. Eso es en lo que se ha convertido, en un morboso que seguro que se ha formado un harem mientras tu no estabas. Claro, todo el mundo "No, si no ha tenido ninguna aventura con ninguna de sus admiradoras porque sino habría alguna presumiendo"- dije poniendo la voz más aguda de lo normal para acentuar las palabras de la cocinera que me había dicho eso.- Pero seguro que las amenaza con algo para que se callen y no digan nada por ahí; o las tendrá comiendo de su mano para que no digan nada, manipulándolas... Y claro, Mikaela... o como se llamara, ¡la subcapitana esa! Esa, esa es la primera de su harem.- recordé el día que me encontré la subcapitana en el regazo de Jellal.- Y yo si vi cosas, eso no es trato capitana-Rey no no no no no -dije mientras negaba con la cabeza- ¡si piensa que me voy a sentar igual en su regazo mientras le susurro cosas al oído sobre lo suave y sedoso que tiene el pelo o lo bien que tiene marcado los músculos - y cada vez mi voz fue desfalleciendo- o los ojos verdes tan profundos que tiene o... ¡pues no! No lo conseguirá, yo no soy de esas ni lo seré. No sé como se atreve si quiera a confundirme con una de esas.
Me enrollé en la toalla que tenía al lado de mi ducha. Crucé fuera del baño aún mojada y echando humo. Agarré mi lanza con la piedra que guardaba en mi mesita de noche que utilizaba para afilar las hojas. Cuando estaba de muy mal humor, solía calmarme afilando mis lanzas, mis espadas y mis cuchillos. Por eso siempre tenía tan afiladas mis armas.
-¡Y yo pensado que había un rastro de hombre caballeroso en eso...! - sentada con las piernas cruzadas en mi cama y aún envuelta en una toalla, comencé mi trabajo de afilar la lanza.- Me compadezco de la futura reina, va a tener tantos cuernos que no va a poder entrar por las puertas, ni las puertas de la sala del Trono que son enormes... Pero, ¿que digo? Yo no puedo permitir que el Rey vaya por ahí poniendo su... su semillita... su semillita del mal, por todas las mujeres que se vean hipnotizadas por las miradas esas sensuales que va lanzando. ¿Cuantos vástagos azules con esa cosa rara en el ojo piensa hacer ese malnacido? ¿Es que no ve que será evidente cuales serán sus hijos? ¡Pero si estarán marcados! Es que... es que es un inconsciente. Un mujeriego. No puedo dejar que manche de esa manera el nombre de la corona. Lo debo de hacer por Edolas, queda dentro de mi deber como capitana. Debe de aprender a dominar esa cosa suya que seguro que tarde o temprano le traerá problemas, pero... ¡El se lo habrá buscado!
Dos golpes en su puerta interrumpieron sus gruñidos.
-¿Qué!- preguntó mientras paraba de afilar y fulminaba la puerta aún sin saber ni quien ni porqué la interrumpía siendo ya de noche.
-¿Capitana Knightwalker?- preguntó Coco desde fuera con una pequeña voz llena de miedo. Supuse que habría estado escuchado como afilaba mi lanza y estaría asustada esperando ahí fuera desde hace un rato sin saber si llamar o huir.
-¡PASA, COCO, PASA!- grité rodando los ojos ante la lentitud de la muchacha.
La muchacha apareció por la puerta con timidez y me miraba con miedo en los ojos.
-¿Que quieres?- le dije mientras apoyaba la lanza en mi regaño.
-Quería hacerle saber que el Rey y la princesa de Hisou han llegado. Serán recibidos por el Rey, el Consejo y el resto de capitanes en quince minutos en la sala del Trono. Debería estar presente.
-¡Sé que debería estar presente a saludar a esa panda de...!- me callé y expiré aire.- Gracias por avisar, Coco.
Coco asintió y se fue corriendo. Continué profiriendo insultos mientras me vestía con una armadura más "elegante" para recibir a los "invitados". Me sentía fuera de lugar, aún furiosa, y todo el mundo se apartó de mi camino al notar el aura que tenía a mi alrededor. Seguramente la mayoría ya sabría del estado al que había dejado a Sugarboy hacia unas pocas horas. Encima tendría que lidiar con aquellos gratos invitados. "Salúdalos y vete a tu habitación", me repetía una y otra vez mientras me acercaba a la Sala del trono.
En cuanto llegé, noté que todos los capitanes se hallaban a la izquierda, enfrentados a otros hombres que supuse que serían caballeros o capitanes del reino de Hisou. Caballeros de los cuales no conocía a ninguno, con lo que no serían lo suficientemente importantes como para necesitar mi atención. Más adelante se encontraban los sabios del consejo y más al fondo se encontraba el bajito Rey de Hisou, con un traje naranja fosforito con decoraciones doradas... ¿se podía vestir peor? Yo no me consideraba exactamente una seguidora de la moda, ni si quiera llegaba a importarme cualquier tema relacionado con la estética, pero aquello me superaba hasta a mi.
Permanecía con una sonrisa radiante mirando hacia su derecha.
Y entonces fue cuando sentí como un gran nudo se hacía en mi estómago. Jellal, no se encontraba en su trono, sino había bajado para estar ahora besándole la mano a una muchacha joven con el pelo verde. Una mujer que debería de ser la princesa por lo delicada y fina que se veía. Era justo lo contrario que yo. Y Jellal la miraba cortes mientras posaba sus labios en su pequeña mano, provocando un sonrojo en su rostro de porcelana.
En ese momento solo quería correr a por mi lanza que esperaba en mi cama, recién afilada, y atravesar a esa princesa con ella hasta que su piel realmente fuera blanca del todo.
Bueeno se acabó, este ha sido un poquito más corto en comparación con los anteriores y con menos "movimiento".
De ahora en adelante, responderé por aquí a los reviews que tenga porque soy bastante despistada con el tema de los mensajes ya que si me responden, pues se me suele ir la cabeza y no contesto al final. Je ^^U
En el siguiente meteré algo de Edo Nalu y puede que algo de Edo Gruvia... Tuve una pequeña idea sobre meter algo de Gajeel, pero quizá si lo meto sea un poquito más avanzada la historia y así hago algo de Edo Gale. Pero quizás, aún no es seguro.
En los siguientes capítulos se irán aclarando los conflictos exteriores en los que se encuentran Edolas, la causa de la visita del Rey y la princesa de Hisou, la visita que causó tanta tristeza en Fairy Tail, que hará Natsu en el festival de las flores que será en unos pocos capítulos.
Así que os dejo hasta que mis queridísimos exámenes y mi cumpleaños (que es el 31 de agosto, se deja caer por aquí) me dejen escribir jajajajajaja :)
Graaaaaaaaaaacias por leer~
