Capítulo 6.
Al ingresar sintió un mareo y un calor abochornante, quedó enceguecido por las luces y se dejó guiar por la mujer hacia el interior. Ella sonreía de oreja a oreja y saludaba a todos los que se encontraban dentro.
Al parecer, y por la forma respetuosa en que la saludaban –y al "pequeño" detalle de que no tenían colmillos–, supuso que todos eran humanos.
Los humanos de los vampiros que estaban fuera en su festejo peculiar.
Todos vestían elegantes, pero vivían una farra que no ameritaba dichos trajes costosos, sino más bien algo holgado y cómodo.
–Quiero que conozcas a alguien –gritó la mujer… Hanji, luego de haber llegado a un rincón más alejado y calmado.
–De acuerdo.
– ¡Esa es la actitud! –Continuó, tironeando de él de repente para meterlo de un empujón en una habitación, cerrando con un "que la pasen bien" antes de irse.
Eren inevitablemente se giró asustado al oír una exclamación detrás de él. Ah perfecto…
Armin.
–Tú –casi gritaron al unísono, viéndose incrédulos–. ¡Creí que habías muerto!
Se miraron y unas sonrisas llenas de burla se instalaron en sus caras para soltarse en carcajadas.
–Espera, ¿quiere decir que también a ti te recogieron para ser esclavo?
–Prefiero el término Donante Personal –corrigió el rubio, levantando un dedo acusador mientras le dirigía una mirada curiosa–. Y sí, también.
– ¡Eso es genial!
–Con la señorita Hanji lo es… No sé cómo ocurra en otros casos… –Meditó un momento y casi como si el foco se le hubiese encendido, dirigió la vista hacia el castaño–. Ah sí, ¿cómo te ha ido con el señor Ackerman?
–A sido… –no diría que malo, pero tampoco que bueno. Lo clasificaría como un poco menos que una mierda–… Una experiencia curiosa.
– ¿En serio? He escuchado que no tiene buena fama.
–No me digas –murmuró rodando los ojos, bufando–. Como sea, no creo que mi dueño sea de lo que queramos hablar.
–Tienes razón –sonrió el rubio, soltando una pequeña risa de nuevo–. Entonces… ¿has vuelto a saber de tu hermana?
– ¿Mikasa? ¿Cómo sabes de ella? –Indagó ladeando la cabeza.
–Ah, eso –los ojos azules del rubio vagaron un poco por la habitación–. La conocí a ella antes que verte a ti en los puntos de donación.
–Vaya –el castaño sujetó su mentón mientras asentía–. Es curioso que no me lo contara nunca.
El otro soltó una risita nerviosa, siendo más que obvio.
–Por nada, supongo.
–Ajá… –se cruzó de brazos viendo sus movimientos incómodos–. ¿Armin?
–Ah, dime –chilló pegando un brinquito al tiempo que fijaba sus ojos enormes y expresivos sobre los del otro.
–Hay algo que no me estás diciendo.
– ¿Yo? –Hubo un par de risas de nuevo–. ¡Qué va! Para nada.
El castaño chasqueó la lengua y rodó los ojos, haciendo que el otro tragara saliva.
–Está bien… –se rindió el más bajo, rascándose la nuca–. Cuando conocí a Mikasa la iban a recoger como "donante personalizada"…
–Esclava.
–Ese no es el punto –le regañó suspirando–. Ella me habló de que tenía un hermano que quedaría solo… Lucía desesperada, así que le pregunté cómo podía ayudar.
El más alto pareció entenderlo todo.
–Ella me dijo que te cuidara, así fuese a distancia, pero que me encargara todo lo que pudiese que tu bienestar.
–Pero qué sobreprotectora.
–Eren, es tu hermana.
–Pero sigue siendo sobreprotectora.
–Bueno, lo que hizo fue buscar tu bien –dijo encogiéndose de hombros, sentándose en uno de los mullidos asientos del lugar, señalando otro igual para el de ojos verdes, el castaño obedeció e imitó al otro.
–Así que… ¿nos conocimos porque Mikasa lo planeó?
–No lo digas de esa forma.
–Pero fue así, ¿no?
–Sí.
Hubo un silencio algo largo, donde el más alto se removió en la silla.
–Ya veo…
– ¿Decepcionado? –Dijo el otro, haciendo una mueca disconforme.
–Algo.
–Pero… no veo por qué –Habló el rubio, jugando con sus manos–. Es decir, en lo que llegamos a conversar… pues… quedamos en buenos términos, ¿no?
–Sí, pero es increíble que hasta para conocer personas deba estar la influencia de Mikasa.
–No le veo el problema.
Eren se limitó a bufar, enfurruñado mientras se acomodaba mejor.
–No lo entiendes.
– ¿Qué no entiendo, Eren? Creo que si me lo explicas será mejor –dijo el rubio, tomando de repente sus manos, haciendo que pegara un brinco y lo viera asombrado.
–Es… nada… agh, no sé… –vaciló y dio varias vueltas en su cabeza, frunciendo el ceño–. Es solo que…
–Creo que sé qué ocurre –dijo el otro, sonriendo mientras se acercaba. Eren retrocedió por inercia, sonrojado.
–A-Armin…
–Tranquilo, Eren. La señorita Hanji se encargará de que no entre nadie… –Murmuró de repente el rubio, sintiéndose de pronto valiente al tomar la iniciativa, sin detener su aproximación hacia el castaño, quien ya no tenía hacia donde retroceder gracias al espaldar de la silla.
–No… no creo que sea buena idea –intentó detenerlo, pero el otro le detuvo las manos con fuerza, haciendo que lo viera alarmado.
Un siseo suave silencio los balbuceos del más alto, quien tragó saliva, incómodo, acomodándose como pudo en la silla, viendo los labios del rubio, cuyas esquinas se encontraban curvadas en una sonrisa y se acercaban con una lentitud peligrosa.
–E-espera…
–Deja de hacerte el rogado –alegó el más bajo, mostrándole de pronto un par de ojos carmesí y un par de colmillos que se asomaron en su sonrisa, la cual cambió de dulce a pícara–. No te dolerá… haré que sea placentero.
–N-no… no eres…
–Humano. –Completó rodando los ojos–. No lo soy.
–Pero, Hanji…
–Ella cree que estoy enamorado –casi se burló, manteniendo su tono de voz entre serio y provocativo.
–Pero…
–Eren. Lo único que me gusta de ti es el olor de tu sangre. No seas tan iluso.
El comentario sonó hiriente, tanto, que sus ojos verdes, antes brillantes y emocionados, se habían llenado de lágrimas que no quería dejarle ver. Forcejeó de nuevo, haciendo que los huesos de sus muñecas traquearan de pronto, provocándole un gemido ante el fuerte agarre que el rubio mantenía, quien frunció el ceño de pronto y lo empujó haciendo que ambos cayeran de la silla, causando un gruñido incluso más fuerte que antes.
–Eres igual… –casi sollozó el menor, sin dejar de forcejear y causarle a sus músculos y huesos un dolor punzante–. ¡Eres igual a esos malditos chupa sangre!
–Haz silencio –demandó poniendo sus manos sobre su cabeza–. Será muy interesante ver la cara de Levi cuando vea que su primerizo fue mordido por otro.
Allí estaba todo.
–No…
Ni si quiera su sangre le resultaba de importancia… Todo era sobre la competencia y humillación que buscaban causarse entre los de esa estirpe. Él solo era un medio más.
–Maldito –frunció el ceño, volviendo a forcejear–. ¡Eres un mal nacido que merece la muerte!
–Ni yo lo hubiese dicho mejor.
Se escuchó de pronto junto con el sonido de la puerta cerrándose. Ambos giraron para encarar a un castaño cenizo, cuyo cabello tenía tonalidades diferentes. Sus ojos también brillaban en un color carmesí. Hanji estaba en la puerta, con el rostro deformado en un gesto de shock, y junto al nuevo personaje, se encontraba quien creyó que nunca volvería a ver.
Mikasa.
–Dios mío… ¡Eren!
– ¿Es él? –Indagó el desconocido, viendo a la pelinegra quien asintió al borde del llanto–. Bien.
Fue cuando Eren notó a Hanji salir corriendo hacia vaya a saber dónde.
El nuevo personaje se acercó hacia el rubio quien se separó del castaño en un instante y, casi a la velocidad de la luz, se paró justo frente al otro, quien le dirigía una mirada de pocos amigos.
–Jean –exclamó el rubio con repentina seriedad.
–Armin –dijo el de rostro alargado y rasgos finos, fijando sus ojos pardos de repente en los verdes del humano–. Me sorprende que tengas las agallas de aparecer y atacar a uno de los humanos de alguien como Levi.
Armin gruñó.
–Pienso lo mismo.
Ah perfecto, otra interrupción.
–L-Levi.
–Te dije que no me llamaras por mi nombre, mocoso.
El castaño se incorporó y bajó la mirada, viendo cómo Hanji se le acercaba de pronto.
–Disculpe, señor.
–Oh, querido, ¿te encuentras bien? –Indagó la de cabello caoba mientras lo tomaba de los hombros. De alguna forma esa acción le había provocado un revoltijo de sensaciones que causó que sus ojos se llenaran de lágrimas de nuevo, viendo a la mujer, quien empeoró su gesto–. Yo… no debí… lo siento…
–No importa –dijo haciendo que lo soltara con poca delicadeza–. Ya estoy acostumbrado a que me usen –declaró con tono despectivo, viendo a Armin y en cierto punto a Levi, quien aún le provocaba temor.
Salió con pasos fuertes siendo seguido por Mikasa, quien se mordía el labio intentando alcanzarlo mientras chillaba su nombre. Toda la fiesta se había detenido, y todos, absolutamente todos los humanos, mantenían sus ojos clavados en el castaño que se retiraba no muy contento.
Hello people! (?)
He vuelto de las sombras.
Hace poco logré adelantar dos capítulos más además de este, cuando pueda adelantar otros dos subiré el que sigue, y así, para, en caso de quedarme corta por demasiado tiempo, tener algo que subir. *w*
¿Qué opinan? ¿Qué creen que pasará luego?
Cualquier crítica constructiva y los "lo veía venir" serán bien recibidos (?) ¡Los adoro a todos! Espero que les haya gustado.
