No pensaba que le sería tan difícil despedirse de Julian. Era la primera vez desde que había nacido su hijo que no sabía cuantos días iba a estar sin verlo, y aunque sabía que podía aparecerse a diario en Londres para pasar un rato con él, al menos los primeros días quería estar cerca de Juliette en todo momento. Tampoco esperaba que los dos lloraran cual Myrtle en sus buenos tiempos cuando se despidieran. Y no pensó que se sentiría la persona más cruel del mundo arrancando a Juliette de su hermano.
Por suerte, Harry le quitó a la niña de los brazos antes de que rompiese él a llorar, con el corazón partido en mil pedazos. Potter supo como manejarla y la calmó, dándole la oportunidad de desahogarse sin que su hija lo viera. Lloró en silencio mientras Harry tranquilizaba a Juliette y no quiso mirar como su madre se desaparecía con Julian. Tragó saliva y tras secarse las lágrimas se metió en el coche.
Harry arrancó sin pronunciar palabra y se marcharon de aquella calle. Sentía que dejaba atrás todos los malos presentimientos que tenía y se abrochó el cinturón suspirando. Vio a Potter consultar una pantalla que había en el salpicadero que mostraba un mapa de Londres y un punto intermitente que se iba moviendo que supuso que eran ellos. Muy ingenioso, y útil para ser muggle, tenía que reconocer. Aunque en París el mundo mágico vivía en estrecho contacto con los muggles y que eran mucho más abiertos respecto a los matrimonios mixtos e incluso los sangre limpia adoptaban costumbres muggles a su vida cotidiana, no había perdido todos los prejuicios que una infancia de educación retrógrada y radicalmente conservadora habían grabado a fuego en su alma, por lo que hoy en día aún se sorprendía de lo ingeniosas que podían ser algunas cosas muggles, igual que le sorprendía que una rata resolviera un laberinto o que un gorila pudiera comunicarse con humanos mediante signos.
Potter tenía un coche bastante impresionante, a decir verdad. Mezcla entre turismo y deportivo color gris plata metalizado con el interior de cuero gris claro. Era increíblemente cómodo y estaba muy bien equipado. La conducción debía de ser bastante fácil y Harry lo llevaba de forma suave aunque firme. No es que supiera una gran barbaridad sobre coches, pero no podías haber tenido de suegro, además de ser sobrino a suyo a Yves Berthelet sin tener una ligera idea de la "magnífica obra maestra de mecánica, ingeniería y diseño que es un automóvil."
Draco se giró para mirar a Juliette, que sentada cómodamente en una silla especial para niños había anotado en la parte de atrás del cuaderno de colorear que le había regalado Harry tres palotes.
- ¿Qué haces, Juliette?- preguntó con curiosidad.
- Estoy ayudando a Harry a contar los coches rojos- le contestó su hija con seriedad. Miró a Harry que se sonreía.
- Ah- Harry lo miró por el rabillo del ojo sin dejar de prestar atención a la carretera.- Claro…
- Es un juego- se defendió. Asintió distraído mientras salían de Londres, siguiendo la flecha de una señal de tráfico que indicaba la dirección a Bristol- Tú también puedes contarlos, ¿eh?- Potter se rió.
- Es una chorrada- masculló indignado. Era un hombre más que hecho y derecho. Mucho más que él, pensó con superioridad. No se entretenía con simples juegos para niños. Pero unos pocos minutos después, los adelantó un coche rojo y pensó "uno". El "mierda" que pasó por su mente debió de pronunciarlo en voz alta, porque Harry estalló en carcajadas.- Bueno, Potter, ¿cómo es que con el mundo mágico a tus pies vas y te montas una galería de arte?- preguntó, cambiando de tema y aprovechando el viaje para saber un poco más del héroe.
- Pues porque estaba harto del mundo mágico- Corto y conciso, sí señor. Sin dar rodeos, que no era su estilo- Todo el mundo me saluda, me habla, quieren abrazarme…es muy agobiante y me resulta muy desagradable. Cuando entro en el Callejón Diagon o voy a Hogsmeade no pueda dar un paso sin que me recuerden la guerra- resopló.- Es una etapa de mi vida que, sinceramente, preferiría olvidar y trabajando dentro del mundo mágico sería imposible.
- ¿Y por qué una galería de arte?- Entendía lo que quería decir Harry con querer olvidar una etapa de su vida, con sentirse aprisionado por los recuerdos y que el único modo de salir a flote era romper con todo lo que eras y empezar de cero. Le había pasado cuando llegó a Paris huyendo de aurores y mortífagos, y le había pasado cuando tuvo que volver a Inglaterra tras la muerte de Gabrielle. Lo que no entendía era por qué una galería de arte, nunca había tenido a Harry por alguien apasionado por la pintura o la escultura…le llamaba la atención que hubiese escogido esa profesión. Esa, o cualquier otra profesión muggle porque la verdad es que sólo lo veía como Auror o jugador profesional de Quidditch.
- No te voy a mentir- rió brevemente- Mientras estábamos en Hogwarts quería ser Auror, pero después de la guerra acabé de los aurores y de la puta Defensa contra las Artes Oscuras hasta los mismísimos…- miró a Juliette por el retrovisor- Y no me llamaba nada más, así que cuando acabé el último curso, siguiendo el consejo de Hermione hice el curso puente para poder acceder a la Universidad, y cómo el de Ciencias me pareció muy complicado, cogí Letras.- Se encogió de hombros divertido.
- Los retos no son lo tuyo, ¿no?- Harry lo miró con seriedad.
- Creo que para mi fue reto de por vida matar a Voldemort y acabar con el frente "pro-limpieza de sangre"- Volvió mirar a la carretera y suspiró- No me apetecía esforzarme demasiado. Cuando aprobé el examen de acceso la nota me llegaba para Filología, Filosofía e Historia del Arte.
- Y te decantaste por Historia del Arte- dedujo. Harry sonrió y asintió.
- Sí, es bonito e interesante- se encogió de hombros- Allí conocía a Howard, que estudiaba Económicas y cogió algunas optativas de Historia en las que coincidimos, nos caímos bien, nos hicimos amigos…y decidimos abrir entre los dos "Potter & Burnett".
- ¿Howard?- no era la primera vez que oía ese nombre y le picaba la curiosidad- ¿Estáis juntos?- preguntó como si nada mirando a Harry por el rabillo del ojo.
- ¿Juntos?- rió- ¡¡No!! ¡Para nada!- Mientras Harry se carcajeaba ante lo gracioso que debía resultarle que alguien lo emparejase con su socio, él se sorprendió de que la negativa jovial de Harry le levantase un poco el ánimo, porque, ¿qué más le daba a él que Harry tuviese pareja? Ni que estuviera interesado en él- ¿Y tú?
- ¿Yo?- se señaló- No, tampoco estoy con Howard.- Bromeó. Se rieron un rato- Ahora en serio, ¿yo qué?
- No sé, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Cómo fueron las cosas cuando te marchaste de Grimmauld Place? Estuve preocupado por ti- Draco lo miró sorprendido- Sí, hombre, cuando se abrió el proceso judicial se habló de repatriaros a Inglaterra, y cómo las cosas se me liaron bastante en aquel momento, nunca supe qué había pasado al final.
- Ah, nada, nos interrogaron en el Ministerio Francés con Veritaserum, verificaron nuestras varitas y nos dejaron tranquilos- La verdad es que había sido más difícil convencer a la gente de que por apellidarse Malfoy no era un mago oscuro que pretendía matar a todos los que tuvieran algo que ver con los muggles que limpiar su expediente policial.
- ¿Y luego? Dice Ron que trabajas en el Ministerio- Harry cambió de carril- ¿Entre eso y volver?
- Entré en Beauxbatons e hice allí el último curso, luego estudié Ciencias Políticas Mágicas e hice un Master de Diplomacia en la Sorbonne. Conseguí trabajo enseguida en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, siendo su enlace con Reino Unido, y ahora tengo el mismo puesto aquí, pero al revés.- Le habló un poco más de su vida en Paris, muy por encima de Gabrielle y sobre todo le habló de los niños.- Y eso, en agosto del año pasado me vine con los niños.
El viaje continuó en silencio, escuchando música ellos y durmiendo Juliette. Harry conducía concentrado, con la varita en el salpicadero y él…bueno, él se removía nervioso en el asiento, consultando su reloj cada pocos minutos, cada vez más inquieto. ¿Cómo sería el hospital? ¿Estaría cerca el piso que les había alquilado la amiga de Harry? ¿Descubrirían lo que le pasaba a Juliette? ¿Podrían tratarla? Entre tantas preguntas y los nervios cada vez más insoportables apenas se dio cuenta de que habían entrado en Bristol y de que Harry estaba aparcando. Sacó el teléfono móvil y llamó.
- Buenas Tatum- Draco lo miró expectante- Sí, acabamos de llegar, ahora mismo estoy en…- consultó la pantalla con el mapa- Newfoundland Street ¿Estamos lejos del hospital?- Ella le contestó algo que hizo que Harry asintiera- Ah, de acuerdo, ¿Qué hacemos? ¿La llevamos al hospital primero?- Harry sonrió- Bien, descargamos en el piso y luego vamos- Asintió de nuevo- Nos esperas allí entonces, muy bien, gracias- Colgó el teléfono y pulsó unos botones en el aparato, que les mostró un recorrido.
- ¿Por qué no la llevamos al hospital antes de ver el apartamento?- preguntó inquieto. Quería que curaran a su hija cuanto antes, no había tiempo que perder. Ya irían al piso más tarde, o ya iría Potter con su amiga mientras él estaba con Juliette.
- Porque una vez que Tatum empiece su guardia no podrá marcharse del hospital y porque el hospital está cruzando la calle.- Bueno, si sólo era cruzar la calle… Pasaron por una avenida amplia de doble sentido, a un lado había edificios normales y al otro un edificio de ladrillo naranja enorme con una estructura de aros de colores delante- Estamos llegando, eso es el hospital- Harry señaló al edificio anaranjado. Parecía alegre, y tenía muchas ventanas y un parque delante. Suspiró. Harry aparcó y bajaron del coche. Estaba despertando a Juliette, que se había dormido profundamente, cuando un grito de júbilo lo sobresaltó. Alzó la cabeza para ver qué ocurría y vio con sorpresa a Harry abrazado estrechamente a una mujer de pelo castaño recogido en una apretada trenza. Harry se separó de ella y pasándole un brazo por los hombros con cariño se acercaron a ellos.
- Draco, ella es la Dra. Tatum Collins- los presentó. La mujer le tendió la mano e intercambiaron un firme apretón, una mirada evaluadora por parte de él y una amigable sonrisa por parte de ella.
- Hola, Draco, encantada de conocerte, y llámame Tatum, por favor- Tenía una voz agradable, firme y confiada aunque no sonaba agresiva. Se asomó al coche- ¡Hola Juliette!- Su hija la miraba sonriendo. Como si ya la conociera de algo.- Soy Tatum, hablamos ayer, ¿te acuerdas?- Juliette asintió. ¿Cuándo había hablado su hija con aquella mujer? Miró a Harry, que le guiñó un ojo.
- ¿Nos movemos?- preguntó él.
- Sí, cojo yo las bolsas- Harry le sonrió ampliamente- Así puedes llevar más cómodamente a Juliette- No pudo evitar devolver una ténue sonrisa, aliviándose un poco su mal humor.
- Os ayudo- En menos de un minuto, él con Juliette en brazos, Harry con su maleta y la de Juliette y Tatum con la de Harry enfilaban la calle y unos cuantos metros después ella se paró ante un portal- Es aquí, en el segundo piso- informó abriendo la puerta. Subió con Juliette en el ascensor mientras que Harry y su amiga lo hacían por las escaleras.
- ¿Estás nerviosa, Julie?- le preguntó tras besarle la mejilla. Ahora que estaban a solas y Juliette se sentiría menos cohibida. Porque ella no lo sabía, pero a él se lo llevaban los demonios. Se sentía cómo si el tiempo pasase a una velocidad vertiginosa y él no pudiera hacer nada para que fuese más despacio o para lograr ir él a la misma velocidad. Era como si cada segundo que tardaran en llevar a su pequeña al hospital fuese fatal para la niña.
- Un poco- le contestó- Pero ella me prometió ayer que no me dejaría sola…- Juliette le devolvió el beso- No estés asustado, papi.- Sonrió con tristeza. Su pequeña princesa valiente, ¿qué haría él sin ella? "Por favor, rogó, no la apartéis de mi lado. Salieron del ascensor y pocos segundos después aparecieron ellos por el huevo de la escalera. Ella abrió la puerta del piso y entraron. No era grande, ni muy bonito pero estaba limpio y muy cerca del hospital. Las paredes estaban pintadas en color crema y no había ningún cuadro. La cocina, el comedor y el salón estaban juntos en una sola habitación. Pero bueno, tampoco es que fuera a pasar mucho tiempo allí. Suspiró.
- ¡Está genial! Gracias- exclamó Harry con entusiasmo recorriéndolo con la mirada y sonriendo. Dejó las maletas en el sofá con funda de color marrón que había en el minúsculo salón- ¿Verdad., Draco?- Asintió, sin palabras para llevarle la contraria- Juliette, ¿has visto que cerca vamos a estar del hospital?- se acercó a ellos y cogió a Juliette en brazos. Draco contuvo la respiración cuando la mano de Harry rozó su pecho. Lo miró, alucinado por las cosas tan raras que le estaban pasando aquel día cuando estaba cerca de Harry, que le devolvió la mirada y sonrió. Se alejó con Juliette y se asomaron a la ventana- Mira, cariño, eso de ahí enfrente es el hospital.
- Si mi habitación está ahí y me asomo a la ventana os veré- Harry se rió y le besó la cabeza a su hija. Le pidió a Tatum que terminara de enseñarles el apartamento. Tenía dos habitaciones pequeñas pero luminosas y un lavabo con ducha. Era a todas luces un lugar de paso.
- Draco- llamó Harry su atención cuando volvieron al salón-comedor-cocina.- En cuanto tengas listos los papeles de Juliette nos vamos.- Asintió, ya lo tenía todo listo. En la bolsa de Juliette estaba todo.
- De acuerdo.- Repasó la bolsa por si acaso se dejaba algo que Juliette fuese a necesitar, pero no, allí estaba su pijama rosa, su bolsa de aseo, el osito que le había regalado Harry, la tortuga de peluche que le había llevado Julian, unos cuantos cuentos y la carpeta con su documentación- Ya está, lo llevo todo aquí- Aunque llevaba desde que Harry se lo había comentado esperando que ingresaran a Juliette en este hospital y le hicieran todas las pruebas del mundo, el terror lo asaltó. ¿De verdad la abrirían y le sacarían cosas? ¿Sabrían lo que le pasaba? ¿Podrían curarla o ya era demasiado tarde? Miró a su niña, que recostaba la cabecita rubia en el hombro de Harry y sintió la necesidad apremiante de tenerla en brazos, de acariciar su suave cabello y achucharla. Cómo si fuese la última vez que fuese a verla. Suspirando profundamente se acercó a Harry, que inmediatamente le pasó a Juliette.
- Aquí tenéis un juego de llaves cada uno- Le dio los dos a Harry que los guardó en una mochila cruzada que llevaba- Se paga al final de la estancia y el portero os cobrará- Salieron del edificio y cruzaron la calle. A cada paso que daba, Draco estaba menos seguro de que fuera una buena idea ingresar a Juliette en aquel hospital. Pero la tal Tatum parecía bastante segura de si misma y los estaba ayudando bastante. Quizá debería confiar en su profesionalidad. Al fin y al cabo, Harry lo hacía y seguir el consejo de Harry hasta el momento sólo le había aportado cosas buenas.
Dieron un rodeo por fuera del edificio y entraron por la puerta de Urgencias. Pese a ser un hospital era un lugar bastante alegre, con dibujos de animales y muñecos por todas las paredes. El personal que se cruzaron parecía agradable aunque los ojos de todos se desviaban a Juliette. Sabía que las piernas y los brazos hinchados de su hija llamaban la atención pero la gente no parecía tener la suficiente educación para disimular. Tatum les pidió que fueran rellenando los formularios de ingreso y desapareció tras unas puertas de doble hoja. Dejó que Harry sostuviera a Juliette mientras él rellenaba los papeles, pensando que se armaría un lío increíble. Pero no, la burocracia muggle no parecía no ser muy diferente a la mágica y si de algo sabía una persona que se dedicara a la política internacional era de burocracia, así que no tuvo ningún problema. Cuando terminó, alargó los brazos y Juliette se agarró a él, pasando del uno al otro como un monito se cambiaría de rama.
- ¿A dónde ha ido?- preguntó con exasperación. Todo parecía alargarse y apenas se aguantaba los nervios.
- Ahora enseguida sale- lo tranquilizó Harry.- Ha ido a cambiarse.- Recostó la mejilla contra la cabeza de Juliette y suspiró con pesar.
- ¿Qué pasa papá?- dijo ella- ¿No te gusta el hospital?- Si no es que no le gustara, es que tenía serias dudas de que fuera a servir de algo la tortura a la que seguramente iban a someter a su pobre niñita para curarla. No podía evitar no confiar del todo en los muggles. No sabía nada sobre ellos en cuestiones sanitarias, y sólo de pensarlo se le hacía un nudo en el estómago.
- Claro que me gusta, Juliette- dijo con voz asquerosamente falsa y alegre, sintiéndose miserable por mentir a su hija- Es muy bonito. Ya verás como te pones buena en seguida- Al menos eso esperaba. Tatum salió por la puerta con una especie de pijama azul oscuro y una bata blanca. Recogió una carpeta que le dieron en el mostrador y los hizo pasar a un espacio delimitado por cortinas con una camilla en medio. Se escuchaba gente a su alrededor, voces infantiles, llantos, gritos, quejidos lastimeros… Tragó saliva nervioso mientras la niña se aferraba a él con fuerza.
- Muy bien- dijo pensativa- Siéntala en la camilla, Draco, por favor- Sentó a Juliette y tragó saliva.- A ver, Juliette, voy a hacerte unas preguntas y quiero que me contestes con la verdad, ¿vale?- Juliette lo miró y él sonrió. Ella se volvió hacia Tatum y asintió.- Te pediré que hagas algunas cosas, como respirar hondo, toser…y tendrás que obedecerme. Ahora voy a verte por encima para ver que es lo que tu cuerpo nos dice por fuera acerca de lo que te pasa y luego te haremos unas pruebas para ver qué es lo que nos cuenta por dentro- Un carraspeo los hizo girarse, tres médicos bastante jóvenes los observaban.
- Dra. Collins- dijo la chica- hemos recibido su mensaje.
- Bien- les pasó la carpeta- Chicos, ella es Juliette y hoy es nuestra prioridad. Id yendo a solicitar analítica completa, de sangre, orina y heces, una TC, una resonancia y una punción lumbar. Mientras miraré a ver la naturaleza de la hinchazón e iré recogiendo las muestras.- Ellos se quedaron mirándola- ¡Andando!- Se marcharon corriendo. Tatum miró a Harry y este asintió.
- Bueno, si eso me espero fuera- dijo dubitativo- Sólo os estorbaré- Draco lo miró. No quería que lo dejase solo, se sentiría demasiado perdido sin él. El mundo muggle era el terreno de Harry, esta había sido su solución, así que no podía permitir que se marchase.
- No- lo cogió de la muñeca- Quédate…- Harry lo miró a los ojos y aflojó la tenaza de su mano, sin soltarlo- Por favor- Harry asintió y él lo soltó. Tatum se encogió de hombros.
- Necesito que la desvistas, Draco, por favor- Suspirando le quitó a su hija el vestido que llevaba, pasándoselo a Harry que lo dobló con cuidado y lo metió en la bolsa. Tatum la palpó, le hizo sacar la lengua, recogió saliva y mucosidad que colocó en distintos tubitos con tapa que etiquetó cuidadosamente- Ahora voy a pincharte para poder sacarte sangre y analizarla, Juliette.- Preparó un tubo de plástico con una aguja enorme al final.- Dolerá un poco, pero no es más que un pinchacito. Si quieres, puedes sentarte encima de tu papá.
- Papá dice que soy una niña muy valiente, que cuando vaya a Hogwarts me pondrán en Gryffindor- Harry soltó una carcajada y él sonrió levemente, sí, habían bromeado mucho acerca de eso.
- Cuéntame cosas de Hogwarts, Juliette, dime lo que te ha dicho papá- mientras la niña estaba distraída hablando, Tatum introdujo con pericia la aguja en el bracito de su hija e inmediatamente empezó a llenarse el compartimento de plástico de sangre. Respiró hondo. Cambió varias veces el tubo y los colocó en una gradilla (esto no me lo cambies, que es que se llama así, es el típico soporte de los tubos de ensayo, y he pensado que como Draco ha dado Pociones habrán utilizado gradillas…). Al minuto llegaron los médicos de antes- Bueno, Grace, las muestras son tuyas, llévalas al laboratorio, en cuanto nos sea posible analizaremos también la orina y las heces; Jason lo tuyo será la punción lumbar, no creo que encuentres nada, pero bueno…hay que hacerla para descartar infecciones; Mathew, encárgate de la resonancia y la TC
- ¿Os la lleváis?- preguntó Draco, sintiéndose mareado- ¿Puedo ir con ella?- No iban a llevarse a su niñita por ahí a hacerle cosas raras sin que él estuviera a su lado para consolarla o tranquilizarla. Miró a Harry implorante.
- No, Draco, no puedes ir con ella- Harry suspiró- Ellos son más eficaces en su trabajo si pueden hacerlo sin que los padres cuestionen cada paso que dan. Tatum estará con ella todo el rato, ¿verdad?- Tatum asintió - No se va a quedar sola ni un segundo. Juliette, dile a papá que estarás bien
- Me van a cuidar bien, Tatum es muy simpática- La aludida sonrió y él se agachó junto a su hija para darle un beso. La niña lo abrazó- Te quiero papá.
- Te quiero princesa…- se alejaron con la niña en la camilla y él se quedó allí de pié sintiéndose más vacío que nunca. Tenía ganas de vomitar y de llorar, quería correr detrás de la camilla y no pasar ni un solo segundo lejos de la niña. Suspiró nervioso. Notó una mano en la espalda y se giró para encarar a un Harry más serio que de costumbre.
- No podemos esperarla aquí- le dijo con voz queda. Sintió como un abismo se abría bajo sus pies. Cuando Juliette volviera, él no estaría allí para recibirla- Vamos fuera, en cuanto sepan algo nos lo dirán- Asintió ausente y se dejó llevar hasta una sala de espera con sillas de plástico azules en as que aguardaban otras personas de aspecto cansado y nervioso.
