La tristeza estaba plasmada en su rostro. Contemplaba a través del vidrio el dulce satélite nocturno que se presentaba en toda su plenitud, maravillándolo con su belleza y siendo el único espectador de su abatimiento.

Sentado en la miserable silla de ruedas que se había convertido en su objeto más odiado, pero cuya dependencia es irremediable.

-¿Qué hice mal…?- musitó, pero la soledad le contestó con su característico silencio, tan propio de ella, es por eso que era conocida por ser una excelente compañera y confidente. No importa que le digas, el más ruin y despiadado malhechor podría confesarle el peor de sus crímenes, un ser agonizando le podría proclamar su larga lista de pecados cometidos, y sin embargo la muy dulce y silenciosa, no juzgaría y guardaría el secreto por la eternidad aunque no se lo pidieses.

Era consciente de sus errores, pero aún así se negaba a asumirlo. Se hallaba sumido en lo que siempre había detestado y a lo que desde joven siempre temió. Envejecer solo… Completamente solo. La vida le entregaba generosa una oportunidad para meditar sobre su vida, provocando el salir de sus lágrimas al invocar ciertos recuerdos de su juventud y al dedicarle un lugarcito de su deteriorada memoria a los que alguna vez formaron parte de su vida, que no tardaría en acabar, pues moriría de tristeza.

Increíblemente, él mismo había elegido la soledad.

Sí, desde el momento en que obligó entre amenazas a su hija menor a hacer frente a un matrimonio forzado, y es que en el fondo de su corazón era consciente que la conducía por el camino de la desdicha, pues ella nunca lo amó. Todo por la ambición. Le pidió a Kuno una casa para él y ahí estaba, meses de que ninguna de sus hijas lo visitara, pero inconsciente de su presencia en sus jóvenes memorias, creyéndose olvidado. Porque ellas aún no lo perdonaban, pero aún así seguía existiendo el respeto y el cariño. Él era un mal padre porque él había fallado. Pensó que el dinero lo era todo en la vida de un hombre ¡Cuán equivocado estaba!


Levantó pesadamente sus párpados y bostezó somnolienta. Se incorporó restregándose pausadamente el ojo izquierdo y escudriñó con gesto pacífico la habitación en la que se encontraba, porque definitivamente no era la misma en la que cada mañana solía despertar.

Los acontecimientos del día anterior acudieron bondadosamente a su memoria, ayudando a que su confusión dejara de serlo.

Levantó las sábanas que la cubrían y salió de la blanda cama. Se dirigió a su maleta que había sido depositada en el suelo la noche anterior, la levantó y la dejó caer pesadamente sobre la cama. Sacó de un bolsillo externo, el celular que no se había dado el tiempo de ver, pues la noche anterior había recogido apresurada sus pertenencias, y después de eso el útil aparato se extinguió de su memoria.

-Kasumi me ha llamado veinticinco veces- susurró e inmediatamente presionó los números precisos y se llevó el dichoso aparato a su oreja izquierda.

-¿Sí?- contestó inmediatamente.

-K… Kasumi soy yo, Akane.

-¡Hermana! Intenté tanto comunicarme contigo ¿En dónde has estado?- sonaba alarmada y denotaba inconsciente que no había pasado con precisión una noche placentera.

-Lo siento, es que lo tenía en vibrador y…

-¡Te llame a tu casa también! ¿En dónde estás? - la interrumpió.

Cerró sus ojos con pesar. Ahora ¡¿cómo le diría que al hombre al que en un principio visitó por un mero desahogo de ira, era ahora su "amante"? Se sintió absurda, seguramente pensarían que él la sedujo, que ella no pudo con el encanto de Saotome...

-Lo siento, yo... es que estoy en casa de una amiga- no tenía cómo defenderse.

-¿Y por eso no contestabas? ¿Qué te costaba llamar?

-Lo siento, Kasumi.- contesta sintiéndose culpable.

-Bueno... -la oye suspirar - Es agradable saber que estás a salvo, ¡No sabes lo preocupada que he estado! Espero que no le causes muchas molestias a tu amiga, entonces, y recuerda avisar a Kuno, ¿Qué pasaría si llama a casa y resulta que no te encuentra?

Apretó los labios y le contestó un: No te preocupes por eso, Kasumi.

-Vaya... - se atreve a decir- no puedo creer el poco respeto que le tienes a tu marido, ¡y él que te quiere tanto!

De vuelta con lo mismo...

-Sabes que no lo amo- apretó con fuerza su celular- ya te tengo que cortar. No te preocupes, hermana, estaré bien- y cortó la llamada.

Depositó el aparato sobre el escritorio y extrajo de su maleta una bata color amarillo. El invierno se dejaba notar y no estaba dispuesta a pescar un resfriado.

Al salir oyó un lejano sonido incapaz de descifrar con exactitud a qué se debía. Frunció ligeramente el ceño y se cruzó de brazos, antes de caminar por el pasillo y comenzar a bajar las escaleras, pausadamente.

Siguió las ondas sonoras y a medida se acercaba, se hacía más identificable. Parecían… ¿Ladrillos quebrándose?

Salió al jardín y encontró un enorme lugar apartado de la mansión. Era de madera bañada en barniz, la puerta corrediza estaba cerrada y encima en un letrero se leía 'Dojo'

Convencida de que el único ser viviente a aparte de ella que vivía en ese lugar, debía estar ahí dentro entrenándose. Decidió alejarse, pero en el momento que le dio la espalda al lugar, la puerta se abrió bruscamente causando el girar rápido de ella.

¡Perfecto! ¡Espléndido! Ahora tenía que batallar con sus condenados impulsos, maldiciendo el sonido que la guió a ese lugar contempló el impecable físico de Kempoísta desprovisto de camisa ¡Maldición, la imagen era increíblemente mejor que el día anterior cuando él le abrió la puerta! Indiscutiblemente mejor, la vida es tremendamente cruel concluyó y se cuestionó mentalmente: ¿Qué diablos te hice a kami-sama para que me tuvieras tan poco cariño?

-Lo siento, ¿Te desperté?- dijo clavando sus ojos en ella, al parecer ignorando el leve detalle de su perfecto torso y trabajados pectorales a la vista.

-N… No- musitó desviando la mirada, reprochándose a sí misma el calor que irremediablemente salió a relucir en sus mejillas.

¡Cómo disfrutó de la situación! Su total vergüenza era un delicioso manjar para él. Adoraba ser el causante de su furioso sonrojo y de su visible incomodidad, y él, aunque fingiera ignorarlo, conocía bien la razón, reafirmándose por milésima vez la inocencia de la jovencita.

-Y… Yo… debo irme…- dijo finalmente, queriendo escapar de la situación, pues era un deber castigador el no lanzarse a los brazos de ese atractivo espécimen.

-Claro, la primera puerta a la derecha es la cocina. Toma lo que quieras- sonrió ampliamente- Estás en tu casa. Yo iré a darme un baño- anunció de paso con fingida seriedad.

Akane se limitó a asentir y dándole la espalda entró a la vivienda apresuradamente, bajo la atenta y divertida mirada de él.


Aún no se reponía de su vergüenza cuando encontró la amplia cocina, es que la suerte desde hace tiempo que le muestra su peor cara, pero ésta vez definitivamente exageró. Se llevó sus manos a sus mejillas notándolas cálidas. Suspiró intentando olvidar el "mal" rato vivido y comenzó a abrir curiosamente las puertas de los diferentes y elegantes muebles que había en la cocina de dimensiones nunca antes vistas.

Después de dos minutos y quince segundos halló lo que buscaba con tanto esmero ¡Algo que no requiriera preparación manual! Abrió la bolsa de papas fritas y comió de ahí. La cocina debía ser demasiado costosa como para arriesgarse a incendiarla, y ese atractivo joven no volvería invitarla ni para pasar una agradable tarde de verano.

Arrojó el envoltorio al basurero de ¿Plata? Así parecía, de todas formas no importaba demasiado.

Se dirigió al pasillo que recorrió guiada por los ruidos provenientes del dojo, al menos sabía que era una manera factible de llegar a la habitación que le fue entregada. En su camino, abrió toda puerta que se presentaba, después de todo debía conocer el lugar en dónde se hospedaba ¿no?, halló un cuarto de juegos, otro en el que se exhibían orgullosos todos los trofeos obtenidos, y finalmente encontró la sala de estar y con ella la puerta principal. Sólo ese amplio y elegante cuarto recordaba del día anterior, además del extraño lugar en dónde Ranma le preparó dulcemente aquella cena que terminó en desastre.

Frunció sus labios, admirando por segunda vez el lugar y reafirmando lo antes concluido: Ni una sola fotografía familiar.

-Qué extraño- se dijo frunciendo ligeramente el ceño, inspeccionando más minuciosamente con la vista la envidiada sala de estar.

Ahora que lo pensaba, la vida de aquel hombre era todo un misterio para ella.

-¿Qué cosa?- preguntó una grave voz masculina a su espalda, sorprendiéndola.

Akane se giró rápidamente, quedando frente a frente con el protagonista de sus pensamientos. Y nuevamente su atractivo la cohibió, vestía casual, pero su condenado cabello mojado debido al baño, provocaba que las suertudas gotas recorrieran seductoramente su blanca piel.

-No hay ninguna fotografía tuya o de tu familia- dijo tras reponerse, sin pensar soltando las palabras atoradas en su garganta desde el día anterior.

La mirada del susodicho cambió radicalmente y su sonrisa se desvaneció como por obra de magia. Comenzó a caminar dándole la espalda, y dijo con rudeza.

-Eso forma parte de mi vida privada Akane, no deberías inmiscuirte en los asuntos que no te corresponden.

¡Eso era todo! La noche anterior ese hombre le había hecho saber su interés en ella, que deseaba saberlo todo de su persona, pero resultaba que ahora, ella no podía saber nada de él ¡Bonita la cosa!

Dispuesta a marcharse, la mano masculina agarró su muñeca con firmeza.

-¡Espera!

Recibió como respuesta un espeluznante mirar al verla girar violentamente soltándose bruscamente del agarre.

-Lo siento- pronunció antes de que se marchara- No debí reaccionar así, pero mi vida familiar nunca fue muy… -suspiró con pesar, observando el semblante de ella relajarse- Agradable.

Segundos de intenso silencio, ambos personajes cayeron en un mutismo de donde al parecer ninguno de los dos estaba dispuesto a salir, hasta que ella reaccionó y habló con molestia impresa en sus palabras.

-Entiendo, pero aún así hay maneras de decir las cosas- frunció el ceño, acompañando el grave tono de voz utilizado en la frase.

-Lo siento- repitió acercándose a ella, entregándole una nueva oportunidad de tenerse mutuamente, frente a frente.

Recorrió con su vista los senderos que dividían el angelical rostro, sus mejillas, sus carnosos labios, sus ojos castaños clavados en él y se dio cuenta que cada mínimo gesto por su parte era firmemente visualizado por su compañera y que sus acciones eran vigiladas.

Deseaba besarla, pero supuso por el poco tiempo que llevaba conociéndola, que dicha acción sería todo un reto, y si lo intentaba corría el riesgo de despertar su furia y desprecio, por lo tanto decidió retroceder.

-Iré a darme un baño- anunció antes de salir del lugar como planeaba hacer recientemente.


¡Al fin sentía lo que era un jacuzzi! El cuarto de baño era bastante grande, como todo en la vivienda. Había una ducha, una bañera y un jacuzzi, depende del estado en que ande utilizaba tal y tal objeto de uso diario, pero ella, que nunca había sentido la indiscutible delicia de lo que era un baño de tal categoría, lo probó, y la sensación por no decirlo menos, fue bastante satisfactoria.

-Esto es maravilloso…- susurró con una sonrisa en sus labios y pensó- "Definitivamente el día en que me marche extrañaré todo esto"

Su mente de manera inconsciente comenzó a pensar en su situación actual.

¿Qué haría cualquier mujer viviendo bajo el mismo techo de un hombre famoso y atractivo como Ranma? ¡Puf! La pregunta de por sí era bastante tonta, pero ella no se calificaba como 'cualquiera'. Cuando su madre aún vivía le inculcó que una mujer debe darse a respetar.

Después de un rato entregándose a lo que sólo el dinero ofrece, levantó sus manos y las miró arrugadas por el efecto del agua. Salió de ahí, se secó el cuerpo y se vistió en el lugar, pues no estaba dispuesta a salir de ahí con una toalla, que Ranma pasara justamente por ahí y la viera sólo cubierta por insignificante objeto, además con la mala suerte que cargaba sobre sus hombros, la probabilidad de que ello ocurriera era bastante alta.


-¿Así que eso te dijo?- preguntó con una mueca divertida al oír la explicación su hermana mayor por el teléfono.

-Sí, afortunadamente nada le pasó- oyó del otro lado.

-Te dije que no te preocuparas tanto- pronunció sin borrar la sonrisa de su rostro ¡Todo le causaba demasiada gracia!

-Tienes razón, ya no me puedo seguir preocupando por Akane como cuando iba en la preparatoria- dijo casi sintiéndose culpable por la poca confianza.

-Es cierto.

-Bueno, debo irme, está Tofú en casa y debo aprovechar el tiempo que pasa aquí.

-¡Aprovéchalo hermana!- exclamó enérgica, claramente aquella frase escondía otra bastante lujuriosa.

-Adiós, hermanita- se despidió sin entender el segundo sentido.

-Adiós- sonrió antes de colgar el auricular.

¡Así que su hermanita se había convertido en toda una actriz! Sabía que el día anterior su hermana había acudido a la mansión Saotome y no había vuelto desde ese entonces, lo que le era una señal inequívoca que su inocente hermana había caído indiscutiblemente en los encantos de ese hombre ¿Quién sabe qué le estará haciendo en ese momento? Su sonrisa se tornó pícara al imaginarlo, seguida de una sonora carcajada.


-Ranma… -pronunció demasiado bajo para ser escuchada.

-Ranma…- alzó un poco la voz, pero tal vez no lo suficiente para el concentrado joven que pelaba una zanahoria.

-¡Ranma!

La verdura resbaló de sus manos y el cuchillo siguió de largo provocando un tajo en su dedo índice, fruto del inesperado proclamar de su nombre.

-¿Qué ocurre?- preguntó volteando a mirarla, soltando el utensilio.

Akane caminó apresuradamente hasta él, sin despegar la vista del pequeño tajo de dónde comenzaba a emanar un espeso rojo.

-Lo siento, no fue mi intención- habló tomando su mano para examinar más de cerca el insignificante corte.

-Tampoco es que me vaya a desangrar, no ha sido tanto- ciertamente esa chica era un caso, pero el hecho de que tuviera su mano cogida y su preocupación a flote, le agradó- ¿Para qué me llamabas?

La joven dejó cuidadosamente la mano de él a un lado y bajó la cabeza escondiendo su vergüenza por motivo de sus próximas palabras.

-Yo… Quería saber si…

-¿Ayudarme a cocinar?- la interrumpió, sin entender qué era lo que dificultaba tanto a la joven.

-Es que yo no… yo no sé cocinar- levantó tímidamente la vista, buscando su claro mirar ya dichas las últimas palabras.

¿Una mujer que a sus veintitantos años no supiese cocinar? ¡Vaya, ésta mujer estaba llena de sorpresas!

-No es tan grave- sonrió intentando hacer la vergüenza de ella algo más amena.

-Sí lo es- frunció el ceño desaprobadora.

-¿Quieres que te enseñe?- fue lo único que se le ocurrió decir.

-Me gustaría ayudarte con el almuerzo, pero no sé si Kuno sería tan gentil de prestarme el dinero para la reparación de la cocina- comentó paseando su vista por el lugar.

-¿Kuno?

-Mi espo…. El hombre del que te hablé ayer- volvió su vista a los ojos azules.

¿Por qué tenía que recordárselo? ¡Maldito enlace!

-No te preocupes, yo me haría responsable por los daños.

He ahí donde el dinero muestra su mejor cara y él sacaba a relucir su privilegio bajo frases amables.

-No… Pero estaría encantada con ayudarte a los quehaceres domésticos.

-No es necesario…- negó con la cabeza.

-¡Sí que lo es!

Demostrándole su fuerte carácter forjado con los años, dio a entender que no estaba dispuesta a ser sólo "una visita especial" en aquella enorme mansión. Sentirse inútil era una desagradable sensación que Akane Tendo no estaba dispuesta a vivir.

-¡Claro! Ahora que mi empleada se tomó unas vacaciones, me hará falta- sonrió mostrándole su perfecta dentadura, seguramente optando por el camino de rosas evadiendo la furia que no demoraba en desatar su agradable compañía- Todo está en ese cuarto- dijo apuntando una puerta que se hallaba en la cocina, misteriosa.

-Gracias- sonrió complacida de haber conseguido su propósito y se dirigió al lugar señalado.

Una hora y cincuenta minutos más tarde…

¿Quién dijo que encargarse del aseo de una mansión sería sencillo? Al menos cincuenta habitaciones, cuarenta pasillos. Si algo podía rescatar de su labor era que al menos conocía todos y cada uno de los cuartos del inmenso lugar, por lo tanto no se sorprendería descubrir un pasadizo secreto como en películas de misterio.

Permitió darse un breve respiro, dejando la escoba apoyarse con la pared, el plumero en su mano izquierda y el húmedo paño rosa en su derecha.

Respiraba agitadamente, semejante labor diaria debía sacar a relucir músculos en pocos días ¡Era un excelente ejercicio!

"Hay que recomendárselo a Nabiki" se dijo mentalmente al recordar lo obsesionada que era su querida y manipuladora hermana cuando a peso se refiere.

-¿Agotada?- oyó la voz masculina. No era necesario dirigirle la mirada para saber de quién se trataba, por lo que habló en un tono alto, tal y como si lo proclamara:

-¡Saotome, es usted un afortunado!

Arqueó una ceja, sonriendo de medio lado acompañando el gesto ¿A qué se refería con eso? El verla así, tal jadeante lo impulsó a comentar la impertinente frase.

-¡Qué cansada estás! Veo que tu estado físico es deplorable.

Una mirada cargada de reproche fue su muda respuesta, ¡y era una suerte que no poseyera el poder de leer mentes!

-Si quieres podría entrenarte y así el trabajo no se te hará tan pesado- se apresuró a sugerir, esa chica era de temer.

'El trabajo no se te hará tan pesado' ¡Qué gran idea! Haría cualquier cosa con tal de no recibir semejante agotamiento diario.

-¿Cómo harás eso?

-En el dojo, no te enseñaré artes marciales, sólo pequeñas técnicas para mejorar tu penoso estado físico.

Una nueva mirada con una advertencia clavada.

-Que no está tan mal- sonrió nervioso- Oye, venía a avisarte que el almuerzo está listo.

-¡Vaya! Saber que tal cocina el gran artista marcial será todo un lujo- se permitió sonreír traviesamente, antes de tomar la escoba y emprender rumbo a las escaleras, bajo la atenta mirada de él... Atenta, así como decir atenta, sólo en cierta parte de su cuerpo, pues sus ojos se deslizaron "por voluentad propia" a cierta parte de su anatomía, una zona de perversión que sólo se puede capturar con la vista cuando se le da la espalda.


-¡Está delicioso! ¿Quién te enseñó a cocinar así?

Satisfecho observaba cómo es que su supuesta amante degustaba con empatía de la comida, antes de beber un sorvo de jugo de naranja natural.

-Cuando vives solo es lo primero que debes aprender.

Una frase triste aunque dicha con una sonrisa, mostrando lo poco que le afectaban sus palabras. Ella comprendió inmediatamente aquello y depositó el vaso de fino cristal sobre la mesa.

-Entiendo que tú no me contar, pero creo que si vivimos bajo el mismo techo tengo que saber aunque sea un poco de tu vida.

La sencillez con la que surgieron las palabras no se comparaba con la dificultad que le era hablar acerca su vida.

-Mi padre es de Japón, es decir, de aquí, y mi madre de Argentina.

-¡¿Tan lejos?- le mostró un gracioso gesto de sorpresa espontáneo- ¿Y no sabes español?

-No, yo nací aquí y nunca he viajado a ese lugar. Mi padre me entrenó cuando era pequeño para convertirme en el mejor de las artes marciales.

-¿En dónde están ahora?- preguntó con suavidad, consciente del alto nivel de peligro que acompañaban sus palabras.

-Yo no soy cómo tú crees que soy- clavó sus ojos en ella, expresándole lo difícil que le era- Yo… No quiero hablar de eso- dio por finalizada la conversación levantándose de su cómodo asiento- Te espero en el dojo.

Los ojos castaños de ella observaron la figura de él perderse al cruzar la puerta.

¿Qué había sido todo eso? Miró la comida de él sin terminar y suspiró con algo de culpabilidad. Se quedó ahí durante unos segundos hasta que finalmente cayó en la cuenta de las palabras oídas.

-¿Dijo 'te espero en el dojo'?

¡Claro! Las clases para mejorar su 'deplorable' estado físico, que por supuesto viniendo del gran Ranma Saotome sería todo un privilegio recibir, pero en el caso de que se quitara la camisa y le impusiera clases de esa manera que sólo conseguiría distraerla, lo más conveniente era la negación.


-¡Hola, Kuno! ¿Me echas de menos?- le habló con voz melosa.

-Nabiki- pronunció con molestia, ¡Cómo detestaba tratar con esa mujer!

-Te tengo nuevas, querido, y estoy segura que no serán de su agrado.

-¿Qué ocurre?- oyó del otro lado con interés- ¿Pasa algo con Akane?

-¡¿Qué si pasa?- soltó una carcajada- ¡Todo pasa, querido, TODO!

-¿A qué diablos te refieres?- dijo tensándose.

-Akane se fue a vivir con su amante- sonrió entrecerrando sus ojos- Ya sabes con quién ¡Es una suertuda!- agregó con valentía.

Segundos de silencio por parte de su receptor le indicaban que la noticia lo había afectado lo suficiente para dejarlo en estado de Shock.

-¿Kuno?- lo llamó frunciendo ligeramente el ceño.

-Na.. Nabiki ¿Estás segura?- habló con voz alarmada.

-Así es, amor- aseguró.

-¡Maldita sea!- oyó desgarrador seguido de un PIP-PIP-PIP…

-Idiota- murmuró colgando el auricular, ¡El muy imbécil había osado a cortarle! Pero se deleitó convencida de que a su pequeña hermana se le acabaría la suerte. En el jardín de niños, en la preparatoria ¡Todos morían por ella! ¿Y por Nabiki? Su sonrisa se desvaneció al recordar los tiempos en que todo chico que le gustase estuviera enamorado de su hermana, ¡Y por si fuera poco ahora un famoso la invitaba a su mansión! Pero no cualquier famoso y es que la vida no puede ser más injusta ¡Se trataba del famoso más codiciado de Japón!

Se recostó sobre su cama, cerró sus ojos sintiendo un escalofrío placentero al imaginar lo sobresaliente que sería el hombre bajo sus sábanas. Sip, para ella sería una larga y húmeda tarde…


-¡Esto es absurdo!- clamó sabiéndose menos preciada.

-Akane, tienes muy poca agilidad, sólo mírate.

¡Genial! Si seguía hablando de esa manera no dudaría en demostrarle a golpes el alto potencial que poseía.

-Para tú información yo cuando pequeña practicaba artes marciales- replicó.

-¿Desde cuándo lo dejaste? Porque obviamente que ya no lo haces- se burló sonriendo, sin embargo el gesto que desapareció al ver la temible manifestación gestual que le era dedicada "tan cariñosamente".

Perdió la cuenta…

-Aún así tengo fuerza- se defendió como pudo.

-Sí, eso lo sé- asumió al recordar la dura bofetada obtenida el día anterior- Pero por mucha fuerza que tengas, tu estado físico continua siendo deplorable.

¡Él y su bocota! ¿Es que no podía cerrarla nunca? No, porque era la viva herencia de su padre.

-¿Y sólo tengo que caminar por esta tabla?- preguntó cambiando el tema, pero consolándose mentalmente que ya obtendría su venganza por todas las burlas recibidas- "¡Tonto Saotome!"- pensó.

-Sí, sólo eso. Ayuda al equilibrio.

-¡Qué fácil!- exclamó con una sonrisa confiada.

Un paso… Dos pasos… Tres pasos… ¿Y cuatro?…

-"¡Tonta tabla!"- pensó con rabia, sabiéndose en el piso y con la tabla sobre ella, ganándose una carcajada por parte de él que murió al recibir una espeluznante mirada por parte de ella- ¡Ahora sí ya me harte!

Se levantó del piso ignorando el leve dolor en su rodilla, con la tabla en mano y la mirada clavada, rabiosamente, en el rostro de aquel hombre que la observaba con genuina inocencia, sin anticiparse a sus acciones.


Cegado por la ira y la impotencia de no tener el amor que tanto anhelaba, contemplaba su oficina completamente destrozada, los adornos, la elegante vitrina en dónde se exhibían los mejores licores, los cuadros y el monumental desorden de papeles, todo esparcido en el suelo.

Unos llamados a su puerta y la odiosa voz de su fiel sirviente se oyó del otro lado.

-¡Señor, tengo aquí unos documentos que me gustaría que viera!

El cielo nublado en Londres, le daba al día ese toque sombrío necesario para completar los últimos acontecimientos en la vida de Tatewaki.

-¿Señor?- volvió a llamar.

Otro golpe a la pared y otro nuevo agujero se lucía dando a la oficina la impresión de ser decorada con un gusto un tanto peculiar.

Entró lentamente, sus negros ojos recorrieron el lugar, sorprendido y aterrorizado, y su boca se abrió hasta donde su formación le permitía.

-¿Qué pasó aquí…?- musitó.

-¡Akane se fue a vivir con su amante!- gritó con rabia, sintiendo la desagradable ira recorrer sus venas.

Cerró la puerta detrás de sí, presenciando las consecuencias del estallido de furia en contra de una inocente oficina.

-¿Qué piensa hacer entonces?- preguntó, no alejándose de la puerta en caso de que el peligroso hombre deseara atentar contra su condición física.

-¡Cuando llegue a Japón se va a enterar!- exclamó llevándose las manos al rostro a la vez que… ¿Sollozaba?

-¿Señor, está bien?

Una negativa y muda respuesta.

Apoyó su espalda en la pared, dejando a su cuerpo caer lentamente hasta quedar sentado, con las manos aún cubriendo parcialmente su rostro e identidad.

-No la quiero perder, Sasuke… - dijo con un tono inusual y apagado debido a sus manos que no se retiraban de su rostro- Vete, quiero estar solo.

Las intenciones de consolarlo se desvanecieron en el instante.

La puerta se cerró y otra vez él era el único ocupante del lugar.

El miedo de perderla era latente, sin embargo para uno era imposible recuperar algo que por más que lo deseara, jamás fue suyo.

Retiró las manos de su rostro, mostrándole al desastre su rostro masculino envuelto en la tristeza y desesperación ¿Por qué el universo se esmeraba en su desdicha? ¿Por qué no podía amar y ser correspondido? ¿Por qué ese sentimiento de culpa que aún seguía presente al tener el recuerdo vivo de la noche en que hizo suya a la hermana de su esposa? ¿Por qué demonios era incapaz de quitarse ese sentimiento de su corazón? Amar era sinónimo de sufrimiento, y dicha frase sólo Kuno Tatewaki estaba autorizado para afirmarlo con toda precisión y razón.

No descansaría hasta que aquella preciosa y difícil jovencita fuera suya en toda la extensión de la palabra, porque el destino los quería juntos, ¡¿Por qué diablos ella no quería entenderlo? ¡¿Por qué no lo amaba? Su mente comenzó a pensar la pregunta recientemente planteada con más detenimiento… ¿Había hecho algo malo? ¿La había ofendido? ¡Lo único que había hecho era casarse con ella consciente de que no era su voluntad! Y es más, debería agradecerle, gracias a él su familia había salido de la pobreza ¡Hasta le había comprado una casa a cada una de sus hermanas y a su padre! Ingrata… Eso es lo que era… Una ingrata, pero buscaría la manera de tenerla a su lado. Sí, así es, porque Kuno Tatewaki no se rinde ante nadie y menos ante un amor.


-Lo siento…- murmuró arrepentida por undécima vez, posando sobre la frente de él una bolsa de hielo.

Ahora sí tenía razones para llamarla impulsiva.

-Eres algo ruda ¿Sabías?- fue la delicada respuesta.

-Tú empezaste- se defendió.

Él tendido sobre su cama, ella a su lado encargándose de sus cuidados.

-Oye, ¿Te diste cuenta?- sonrió él.

-¿De qué?

-No vinieron los periodistas hoy- contestó con una sonrisa satisfecha- Ahora todos deben estar comentando nuestra relación.

El claro mirar de él se dirigió a los expresivos ojos castaños y cuya dueña se hallaba sumida en el mutismo, sus labios apretados y la mirada perdida en algún punto de la habitación.

-¿Qué ocurre?- preguntó preocupado. Recibió como respuesta la mirada de ella con un toque de tristeza.

-Nada- oyó murmurar.

-¿Te digo una cosa?- sonrió dulcemente- Me agrada tu presencia, cuando te marches te echaré de menos.

Entrecerró sus ojos y sonrió de medio lado, definitivamente se había equivocado en el concepto que tenía del joven.

-Eres muy tierno- dijo en un dulce tono, antes de entregarle la placentera sensación de un tierno beso sobre su mejilla- Estaré en mi cuarto cualquier cosa sólo llámame- anunció antes de retirarse apresuradamente, avergonzada por su impulsiva reacción… Por ambas impulsivas reacciones.

Un escalofrío. Llevó su mano a la mejilla cariñosamente besada y esbozó una sonrisa de esperanza.

Continuará…

Último capítulo seguido. Espero que les haya gustado y cumplido sus espectativas.

Akanekagome: Para serte franca me dio algo de miedo eso último "de momento te felicito por lo que llevas" No sé, como que me dio la impresión de 'te felicito por lo que llevas no más, porque puede que después la arruines y pierdas mi felicitación' xD ¡Muchas gracias por haberte dado el tiempo de leer y escribirme! Espero que te siga gustado:)

Akane Maxwell: ¡Qué bueno que te haya gustado! Y sí, yo soy igual u.u dejando botadas las anteriores ¡Muchísimas gracias por tu apoyo! :)

Ranmakane: ¡Gracias *-*! Qué bonito saber que cuento con una admiradora en el fic ¡Qué dulce!:) Ainss... No tiene idea de la pena que me da dejar el fic de lunes a viernes o más u.u De todas formas intentaré subir el próximo lo antes posible ;)

Nia06: Ay sí, pues que ni lo menciones, Kuno tampoco me agrada :S ¡Yo prefiero a Ranma!¡JEJE! ^-^ ¡Muchas gracias por eso del colegio! Sí ojalá que tenga una buena semana, pero el hecho de levantarme temprano y todo eso no es muy agradable que digamos u.u

Agradecería comentarios, me gustaría saber la sincera opinión de todos los que se dan el tiempo de leer esta historia ^-^ Y con respecto a las demás, las seguiré, pero ahora quiero hacer el milagro de tener por fin una historia terminada y estoy muy entusiasmada con ésta, y debo aprovechar eso, además el otro día las estaba leyendo y me di cuenta que cometí varios errores que me llevaron a la dificultad de no darle un final.

Deséenme suerte mañana en mi primer dia de clase u.u ¡Un beso!