Capítulo VII
- ¡No lo puedo creer! ¡dos alumnos de Sexto! ¡ese espectáculo! ¡que vergüenza! – la profesora McGonagall estaba visiblemente irritada, el tono de su voz aumentaba cada vez más. Intentó calmarse y dirigió su mirada sobre Severus y Sirius quienes habían regresado a la normalidad e intentaban no mirarse.
Severus tenía el ojo izquierdo muy morado, Sirius tenía el labio partido y a ambos les sangraba la nariz, además de tener arañazos por todo el cuerpo y sus túnicas desgarradas.
- Esto ha sido una vergüenza para el colegio, golpeándose en medio del pueblo... la gente estaba horrorizada... los comentarios... – dijo la profesora McGonagall y luego mirando a la puerta que se acababa de abrir – Ah... profesor Dumbledore siga, siga.
- Gracias Minerva – dijo el profesor Dumbledore cerrando la puerta y apareciendo una silla junto a la de la profesora McGonagall en la cual se sentó.
- Como bien saben el espectáculo que han dado ustedes el día de hoy ha sido vergonzoso – dijo Dumbledore con su mirada fija en los muchachos – ustedes ya están en sexto año y se supone que saben resolver sus diferencias de manera adecuada, ha sido un mal ejemplo para los más pequeños y para la comunidad de Hogsmeade. – Sirius había levantado la mirada como queriendo opinar pero al encontrarse con los ojos de Dumbledore prefirió callarse.
- Esta no es la clase de educación que se les ha dado – continuó Dumbledore cruzando sus dedos – han hecho quedar mal al colegio ante la comunidad mágica por lo que me veo en la penosa obligación de cancelar sus salidas en lo que queda del año, se les quitarán 50 puntos a cada casa y para aprender a llevarse cumplirán juntos su castigo en la oficina de la profesora McGonagall desde el lunes a las 8:00 p.m. toda la semana. Y ahora es mejor que vayan a donde la señora Pomfrey para que les cure las heridas. La Profesora McGonagall los acompañará.
En ese momento Severus y Sirius se levantaron de sus sillas y siguieron a la profesora McGonagall que los miraba fijamente y tenía su varita preparada para evitar una nueva pelea.
- ¿Qué les pasó a ustedes dos? ¿Se enfrentaron a un hipógrifo o algo así? – preguntó la señora Pomfrey al ver entrar a Severus y a Sirius en la enfermería
- No Poppy solamente estaban peleando – dijo la profesora McGonagall
La enfermera no dijo nada pero los miró extrañada y sacó de un cajón una poción con la que comenzó a limpiarles las heridas. La poción hacía escocer las heridas pero ni Sirius ni Severus dijeron nada para no dar gusto al otro. Luego sacó una especie de crema de otro cajón y la aplicó en el ojo morado de Severus que sintió un gran alivio al contacto de su piel con esa crema.
- Bien esta es una poción que limpia las heridas y es cicatrizante – dijo la señora Pomfrey una vez hubo terminado – mañana ya amanecerán mejor, así que ya pueden ir a sus salas comunes.
Severus y Sirius salieron de la enfermería, en la puerta había un montón de chicas histéricas que comenzaron a rodear a Sirius apenas salió y a preguntarle como estaba, otras miraban a Severus con odio y parecía que fueran a pegarle.
- ¡YA TODOS A SUS CAMAS! – era la profesora McGonagall que regresaba del despacho de Dumbledore junto con Filch para llevar a Severus y Sirius a sus salas comunes y evitar una nueva pelea. - ¡SI, EL SEÑOR BLACK ESTÁ BIEN, PERO NINGUNA DE USTEDES LO ESTARÁ SI NO SE ENCUENTRAN EN SUS RESPECTIVAS SALAS COMUNES EN LOS PR"XIMOS CINCO MINUTOS! – la profesora McGonagall parecía al borde de un ataque de histeria por lo que todas las alumnas se fueron a sus salas comunes aunque refunfuñando y mirando mal a McGonagall por lo bajo.
- Bien señor Black parece que lo acompañaré a usted hasta su sala común para evitar algún problema con sus fanáticas y a usted señor Snape lo acompañará el señor Filch.
Snape llegó sin problemas a la sala común, Filch se había separado del él en las escaleras de las mazmorras porque se había escuchado un gran estruendo en unos de los pisos superiores por lo que el conserje se fue gritando: "Peeves, esta vez te atraparé pequeña rata".
Al entrar algunos se quedaron mirándolo con curiosidad pero de todas maneras tuvieron cuidado de no acercarse, Severus subió directamente a su habitación, vio a Galatea dormida en la percha al lado de su cama y al correr las cobijas para acostarse encontró su varita, la cual puso sobre la mesita de noche.
- ¿Entonces no puedes volver a Hogsmeade? – preguntó Nott a Severus quien untaba mermelada en una tostada.
- No en lo que queda del año – dijo con desinterés – además de los 50 puntos menos y el castigo que tengo que cumplir donde McGonagall
- Fue un poco duro ¿No? – dijo Nott mirando el ojo de Severus que había disminuido su hinchazón aunque aún estaba morado.
- Bah, eso no importa – dijo Severus casi riendo – lo que me enfurece es que tengo que cumplir el castigo junto con ese idiota.
- ¿En serio? – dijo Nott sirviendo cereal en su plato y alejándolo de Galatea
- Sí, Dumbledore dijo que era para que aprendiéramos a llevarnos aunque no creo eso posible, ese viejo está chiflado.
- Y que lo digas – dijo Nott encargándose de su desayuno – a propósito ¿Vas a hacer algo hoy? Necesito ayuda con una tarea de defensa contra las artes oscuras, esa Thomas nos mandó a escribir dos pergaminos sobre las maldiciones necrolíticas y no llevo ni medio
- Lo siento, tengo que hacer la tarea de pociones con Thompson, en todo caso tengo un libro sobre maldiciones necrolíticas en mi habitación, te lo presto cuando acabemos de desayunar. – dijo Severus dando una salchicha a su lechuza
- Gracias, ojalá encuentre lo que necesito- dijo Nott tomando un vaso de jugo de calabaza.
El desayuno terminó rápidamente y tanto Severus como Harvey bajaron hacia las mazmorras a su sala común, allí subieron al cuarto de los de sexto curso donde Severus abrió su baúl y le dio el libro a Nott, luego tomó su mochila y se dirigió a la biblioteca.
El día había amanecido oscuro y frío por lo cual no le molestó quedarse en el castillo, además había una pequeña llovizna y parecía que iba a nevar mas tarde.
Severus entró en la biblioteca que estaba encantada para que hiciera calor puesto que obviamente no se podía poner ninguna chimenea allí o se quemarían los libros. Se dirigió a una de las mesas del ala izquierda en donde Anabel estaba sentada, estaba leyendo un libro pero aún no había escrito nada porque el pergamino estaba enrollado y el tintero estaba tapado.
- ¿La cita no era después del desayuno? – Dijo Severus frunciendo el entrecejo y sentándose en una silla al lado de Anabel.
- Terminé de desayunar temprano y decidí venir de una vez, además el resto del castillo está muy frío – dijo Anabel con sequedad.
- En ese libro no está bien explicado lo de las pociones de tortura – dijo Severus señalando el libro que Anabel estaba leyendo.
Pues fue en el único que encontré algo – dijo Anabel con desagrado y cerrando el libro de golpe
Simplemente porque no has buscado en los libros adecuados – dijo Severus con aire de superioridad.
- ¿De casualidad alguno de los de la sección prohibida? – Dijo Anabel frunciendo el entrecejo.
- Exactamente – dijo Severus sacando un papel firmado por McAffey
- ¿De donde rayos sabes tú cuáles son los libros de la sección prohibida y cuáles son los que nos sirven? ¿Es que acaso los has leído todos? – Dijo Anabel mirando fijamente a Severus.
- Eso no es asunto tuyo, lo único que interesa aquí es que lo sé y nos sirve para la tarea – dijo Severus levantándose enfadado de la silla y dirigiéndose a donde las señora Pince a la que le entregó el papel firmado por McAffey, esta lo revisó y se dirigió a la sección prohibida de donde sacó un libro que le entregó a Severus.
- ¿Cuál es el tema que necesitamos? – Preguntó Severus que había regresado nuevamente a la mesa con Anabel y había abierto el libro.
- Pociones de tortura mental
- Bien eso está en la página 42... creo... mmm... sí, aquí está – dijo Severus consultando el libro y luego mostrándole la página a Anabel en la que se veía el dibujo de un brujo cogiéndose la cabeza, con los ojos desorbitados.
- Que desagradable – dijo Anabel al mirar el libro – entonces tenemos que comenzar con los tópicos principales... – continuó mientras desenrollaba el pergamino y mojaba la pluma en el tintero que había destapado con anterioridad.
- Bién, entonces escribe...
Severus ojeaba el libro y dictaba a Anabel algunas cosas del libro que ella copiaba en el pergamino. Una vez hecho esto, Severus sacó dos libros de su mochila que Anabel miró con extrañeza. Los libros parecían muy viejos y sus tapas estaban gastadas, sus nombres eran ilegibles pues parecía que las letras de oro habían sido borradas u ocultadas.
Severus abrió cada libro en una página diferente que encontró sin necesidad de buscar en el índice y le pasó uno de los libros a Anabel para que lo leyera sin notar la cara de extrañeza de ésta. En esos libros el tema estaba mucho más completo que en el libro de la biblioteca y los dibujos eran más macabros.
- ¿Por qué pediste ese libro a la señora Pince si en estos el tema está mejor explicado? – Dijo Anabel a Severus mientras escribía algunas cosas en un pergamino que tenía muchos tachones.
- Los libros que traje no están en la sección prohibida y luego sería muy molesto explicar a McAffey de donde hicimos la tarea así de completa si no usamos los libros de la biblioteca, además el libro que le pedí a Pince es básico y nos sirve de guía para los tópicos que debemos tratar en el ensayo – Anabel miró extrañada a Severus, si esos libros no estaban en la sección prohibida era porque su grado de peligrosidad era demasiado alto para poder ser consultados por los alumnos y resulta que Severus simplemente los cargaba en su mochila como si eso fuera lo más normal del mundo. De todas maneras lo mejor era no seguir la conversación por ese camino para evitar problemas, y de repente ahora parecía ser cierto todo lo que decían sobre él...
- ¿Algún problema? – Dijo Severus mirando fijamente a Anabel que ahora había dejado caer una gruesa gota de tinta sobre el pergamino.
- No... no lo siento es que se me olvidó lo que iba a escribir pero descuida, ya lo recordé – dijo Anabel poniéndose muy roja y escribiendo nuevamente sobre el pergamino de los tachones.
El día pasaba rápidamente, ya era medio día y varios de los alumnos que se encontraban en la biblioteca bajaban a almorzar. Anabel y Severus aún no se movían de sus sillas, al parecer todavía no habían terminado el ensayo aunque les faltaba poco, llevaban dos pergaminos y medio, pero el problema era que los escritos tenían muchos tachones y además que la letra de Anabel era muy pequeña, por lo cual era seguro que cuando lo pasaran a limpio la longitud sería máximo la mitad de la del borrador.
- ¡Eh Thompson! ¿No piensas bajar a comer? – dijo Greggory Banks, un alumno de pelo castaño oscuro y ojos verdes que iba en séptimo año de Slytherin
- No me demoro Greg – dijo Anabel levantando la cabeza – estamos a punto de terminar la tarea de pociones.
- Bueno, pero no me digas Greg pequeña cucaracha de ojos azules – dijo Banks pareciendo serio.
- No la trates así – dijo Severus furioso y levantando la cabeza
- Tu no te metas en donde no te han llamado – dijo Banks mirando con ojos furiosos a Severus – yo no soy como esos otros estúpidos que te tienen miedo, ya se ve que cuando te metes con alguien de tu tamaño las cosas son diferentes – continuó Banks señalando el ojo morado de Severus.
- Yo me meto donde se me da la gana y por si no lo sabías Fessenden es de mi mismo año – dijo Severus con furia - Snape, por favor... – intentó decir Anabel – Banks no...
- ¡Tú no te metas estúpida! – dijo Severus a Anabel con ira - ¡Eso no es asunto tuyo!
- ¡Claro que es asunto mío, Snape tu no tienes derecho...!
- ¡Yo tengo derecho de lo que se me de la gana! – dijo Severus sacando su varita y apuntándola sobre Anabel
- ¡Expelíramus! – Dijo Banks que había sacado su varita
Severus esquivó el hechizo de Banks mientras gritó unas palabras que lo hicieron caer en el suelo inconsciente. En ese momento llegó la señora Pince que a pesar de haber estado gritando para que se calmaran no había logrado nada.
- ¡Salgan, salgan ya de aquí! – gritaba a los alumnos - ¡Oh, Dios mío! Que alguien llame a algún profesor o me ayude a llevarlo a la enfermería – continuó al ver el cuerpo de Banks tirado en el suelo, al lado del cual estaba Anabel tratando de reanimarlo
En ese momento unos compañeros de Banks de Séptimo curso lo levantaron y lo llevaron hacia la enfermería mientras lanzaban miradas hostiles a Severus. Anabel iba a salir detrás de ellos cuando Severus la agarró del brazo.
- Aún no hemos terminado...
- ¡Snape eres un pobre imbécil! – gritó Anabel dándole una tremenda bofetada que casi lo tumba al suelo y salió corriendo de la biblioteca.
- Eso me pasa por defender a esa estúpida, eso se gana tratando de ser amable, definitivamente no la entiendo – dijo Severus con ira por lo bajo, mientras se agarraba la mejilla roja y volvía al ensayo.
- Señor Snape ¿Podría llevar usted las cosas de la señorita Thompson a su sala común y salir inmediatamente de aquí si no quiere algún castigo por lo que acabó de hacer? – dijo una enfadada señora Pince, haciendo que a Severus no le quedara más remedio que obedecer.
Severus salió refunfuñando de la biblioteca "Primero la idiota esa me pega y ahora me toca cargarle las cosas" pensó con ira mientras caminaba tambaleándose por el peso de las maletas. "Pero ese golpe lo tengo bien merecido, eso me pasa por meterme donde no me llaman, si a esa idiota le gusta que la traten mal es problema de ella". Las escaleras hacia las mazmorras parecían eternas y su estómago comenzaba a gruñir a causa del hambre. "En todo caso aún no entiendo porqué defendí a esa pesada, ni siquiera me agrada, es una desagradable entrometida".
Por fin Severus llegó a la sala común y allí se encontró con Simons y Fletcher que hablaban animadamente en un rincón.
- Esto es de Thompson, llévenlo a su habitación – dijo Severus de muy mal humor a las muchachas que lo miraban asustado.
- B.. Bueno – dijo Simons tomando la maleta de Anabel y subiendo con Fletcher inmediatamente a la habitación de las chicas.
Severus subió a su habitación y encontró a Galatea sobre la percha, apenas lo vio, la lechuza comenzó a ulular ruidosamente y Severus comprendió que estaba preocupada por él.
- No te preocupes Galatea – dijo Severus acariciando el plumaje de su mascota. - Solo fue la estúpida de Thompson – continuó ante la mirada extrañada de su lechuza - Mejor vamos a almorzar que me estoy muriendo de hambre.
Severus bajó con su lechuza a la sala común y luego se dirigió al gran comedor. En la sala común no había ninguno de los de séptimo año, al parecer todos estaban en la enfermería averiguando por Banks, ya que él era uno de los más populares de séptimo año.
- Así que atacaste al novio de Thompson – dijo Nott que llegó a mitad del almuerzo y se sentó al lado de Severus.
- ¿Al novio de Thompson? – preguntó Severus extrañado.
- Bueno... en realidad no son novios aún pero si han salido varias veces ¿no los has visto juntos en Hogsmeade?
- Eso no lo sabía, entonces esa chica es mucho más estúpida de lo que yo creía – dijo Severus cortando un pedazo de carne.
- ¿Por qué lo dices? – dijo Nott extrañado, ella tiene fama de no dejarse de nadie
- Porque ese idiota le estaba diciendo que era una cucaracha de ojos azules – dijo Severus con indiferencia
En ese momento Nott estalló en carcajadas dejando a Severus confuso y un poco furioso - ¿En realidad te creíste eso?
- ¿Qué diablos me quieres decir? – dijo Severus dejando su tenedor en el aire - ¿Acaso eso que significa?
- Es muy simple, a Banks le gusta hacer enfurecer a Thompson, él nunca le dice esas cosas en serio te puedo asegurar que muere por ella, lo que pasa es que dice que es muy divertido verla de mal genio. En realidad creo que está un poco demente pero eso es problema de él, incluso Thompson aprendió a seguirle el juego.
- ¿Entonces me gané gratis una bofetada de esa estúpida por culpa de un imbécil demente? – dijo Severus pálido de la ira, aunque su mejilla seguía un poco roja.
- Así que fue ella la que te hizo eso, se ve que es una chica fuerte – dijo Nott con una sonrisa que escondió de inmediato ante la mirada de odio de Severus.
- Que estupidez – terminó Severus encargándose completamente de su comida e ignorando a Nott por completo desde ese momento.
