Capítulo VI
Se remueve entre las sábanas y resopla tratando de calmar su corazón que golpeteaba con prisa en su pecho, limpia el sudor de su frente y mordisquea su labio con fuerza. Lanza una mirada al reloj que marcaba poco para la medianoche, apenas si había logrado dormir unas pocas horas.
Dirige sus pies hasta el baño y encendiendo la luz contempla su reflejo, su rostro mostraba con claridad los efectos del poco descanso a causa de los sueños incesantes que había comenzado a tener desde aquel esporádico encuentro con su madre; siente ganas de llorar de solo recordarlo.
Traga saliva nervioso y mantiene la respiración por momentos justo antes de tocar la puerta de madera.
—¿Sí? —Entreabre la puerta cuidadoso y contempla por momentos el cuerpo que estaba en la cama. Minho se encontraba recostado entre la cabecilla de la cama y las sábanas, una almohada tras su espalda y un libro entre las manos; observa cómo se quita los lentes y le dedica su atención. —Minnie, ¿qué sucede? —El pequeño no puede mantenerle la mirada. —¿Otra pesadilla? —Taemin asiente despacio.
El pequeño se apresura a su lado y se esconde bajo las almohadas un tanto apenado por el hecho de llegar a su lado por algo tonto y banal como lo era una pesadilla. El mayor deja el libro y los lentes en la mesa de noche y apaga la lámpara que mantenía la habitación iluminada levemente; permanecen en silencio hasta que le siente removerse cerca, hacia su persona. Él entendía la pena que sentía el chico, tomando en consideración que no era la primera noche en la que sucedía incluso luego de asegurarle que a él no le molestaba en absoluto; Minho solo quería que el pequeño se sintiese seguro.
—Estás a salvo —al escucharle Taemin suspira y asiente tratando de convencerse de la verdad en sus palabras mientras su cabeza queda en el regazo del hombre. Como autómata dirige una mano al pequeño y comienza a jugar con su cabello suave, cree incluso escuchar cómo le llama por su nombre, pero, para cuando le ve entre las sombras, el chico ya estaba dormido. Minho sonríe tranquilo.
Jonghyun ojeaba con curiosidad el menú mientras él esperaba paciente. Si, como le había ocurrido veces anteriores, el mayor huía de la oficina mientras él regresaba de Corporaciones Choi luego de dejarle el almuerzo a Minho, ya que el castaño debía permanecer en el edificio debido a una importante reunión, algo referente a la empresa Kim; esa que siempre lograba ponerle los nervios de punta al hombre. Pero bien, había cruzado caminos con el rubio y ahora se encontraba almorzando en un local no muy lejos de la compañía.
—Dime Taemin, ¿se te antoja un trozo de pastel? —El pelirrojo le contempla sorprendido y extrañado.
—¿Un pastel?
—¡Sí! Hoy es un buen día para algo dulce.
—Pero, oppa… —infla las mejillas en un puchero que al mayor se le antoja adorable.
—No quiero escucharlo —cierra el menú. —Nada sobre trabajo. —Le saca la lengua en un gesto aniñado haciéndole reír. —¿Entonces, pastel? —Asiente divertido y luego de la comida cada uno se encuentra con un apetitoso pedazo de pastel.
—¿Oppa? —Llama su atención.
—¿Sí, Taeminnie?
—¿Qué te gusta hacer en tu cumpleaños? —Jonghyun parpadea veces seguidas puesto que no se esperaba tal pregunta, más luego de dar una nueva probada al dulce, se queda pensando.
—¿Mi cumpleaños? —Deja la cucharita a un lado. —Yo personalmente saldría a beber un rato con amigos pero conociendo a mis padres, tendría una de esas aburridas fiestas donde se oye música clásica y hablan de trabajo. —Hace una mueca de desagrado arrancándole así una carcajada.
Continúan conversando de nada en particular, con la excusa de no volver a la oficina por el resto del día, Jonghyun le lleva consigo a un parque cercano; pasadas pocas horas y haberle comprado un helado que él había insistido no necesitaba, terminan dando vueltas contemplando a las personas a su alrededor quienes, algunas hacían deporte, otras solo sacaban a pasear a sus mascotas y muchos otros como ellos simplemente pasaban el rato viendo el sol desaparecer en el horizonte.
Se despiden y contempla como el chico le sonreía en la distancia mientras él volvía a su auto no sin antes enviarle un mensaje a su amigo.
¿Cuándo es el cumpleaños de Taemin?
En su oficina Minho contempla extrañado el mensaje del mayor mas no piensa demasiado en ello, simplemente busca entre sus pertenencias un calendario; en toda su oficina debía tener al menos uno.
Deja la espalda contra el respaldo de la silla y relaja los músculos de su cuello, deja el calendario a un lado y le regresa la llamada al rubio.
—Tenemos cosas que hacer.
Taemin no entendía que estaba sucediendo, desde el momento en que había despertado todo se le torna extraño. Para comenzar Minho aún se encontraba en el departamento, no solo eso, sino además se encontraba en la cocina. Le había preparado un desayuno americano; ahí estaban el pan recién tostado al punto que la mantequilla se derretía al más mínimo contacto, dos huevos fritos junto a la mermelada, algunas salchichas y el tocino, todo acompañado indistintamente por café y jugo de naranja, algo de yogurt y frutas.
—Minho-sshi.
—¿Sí, Minnie?
—¿Sucede algo?
—¿A qué te refieres? —No sabe qué decir y solo puede contemplar la figura del mayor la que carecía del acostumbrado traje, Minho todavía llevaba una vieja camiseta y pantalones para dormir. Su rostro era quizás espejo de su confusión ya que el mayor le despeina el cabello y le acaricia la mejilla haciendo que se sonroje. —Vamos, termina tu desayuno. Hoy tenemos un gran día. —Por la forma en la que Minho veía a Taemin le daba la impresión de que el mayor sabía algo que él no.
Dando vueltas por la ciudad Minho tenía un número de cosas que quería mostrarle al pequeño y qué mejor día para ello que su cumpleaños.
Taemin se extraña al encontrarse en una de las tiendas que formaban parte de la Corporación Choi, la empresa trabajaba con una alta gana de productos: teléfonos de distintas marcas y todos sus accesorios tales como audífonos, memorias extraíbles, entre otros. También estaban los dispositivos MP3 de distintos tamaños, formas y colores, e incluso pudo observar una sección destinada a computadoras personales, laptops, notebooks y la configuración de sus softwares.
Contempla maravillado los objetos por momentos pero luego es clara su confusión.
—Minho-sshi —se gira para poder encontrarse con el mayor. —¿Qué hacemos aquí?
—Es una sorpresa —el mayor le toma de la mano y Taemin no puede evitar contemplar sus dedos entrelazados antes de sonreír.
Quedan en la sección de teléfonos celulares y un joven que trabajaba en el local, identificado gracias a su uniforme, se les acerca.
—¿En qué puedo ayudarle señor? —Minho parece querer reír por lo bajo al no ser reconocido por su propio empleado, pero, ¿quién podía culpar al muchacho? Corporaciones Choi tenía demasiadas tiendas y sucursales a lo largo del país además el hecho de que el mayor tuviese sombrero y lentes de sol aun dentro del lugar no le hacía verdaderamente reconocible, Taemin le pica un costado.
—Voy a necesitar un teléfono —sonríe amplio y él solo puede dedicarle una mirada confundido, Minho ya tenía un celular, ¿para qué quería otro?
—¿Está buscando algún modelo en especial?
—No lo sé, déjame pensar —con un ademán más que pensativo era gracioso, Taemin solo comienza a sentirse aún más confuso ante el comportamiento bizarro por parte del mayor. —Taemin-ah —se quita las gafas para verle mejor. —¿Qué teléfono te gustaría? —Minho sonríe casi con inocencia, como si no hubiese nada extraño con lo que decía; por momentos Taemin recrea la noche en la que el mayor le había invitado la cena por primera vez.
—Minho-sshi —intenta por sobre todas las cosas no inflar las mejillas en un puchero. —No necesito un celular. —Se cruza de brazos y gira el rostro para no tener que lidiar con el mayor.
—¡No digas tonterías Minnie! ¡Necesitas un teléfono! —Sin darle lugar a quejas, el castaño le pide al chico unos cuantos modelos y él no puede hacer más que tironear de su abrigo.
—No, hyung, por favor —con los ojos cerrados le es imposible no darse cuenta como el mayor sonreía complacido y poco puede hacer para evitar que el mayor le rodee los hombros con un brazo y deje un beso en su frente.
—Solo por hoy Minnie —habla contra su piel y el pequeño abre los ojos de par en par sin saber que decir. —Solo por hoy acepta mis regalos. —Minho le alza el rostro por el mentón para poder verle y su expresión se suaviza al verle asentir despacio.
Taemin no sabía qué hacer ni que pensar de todo eso, pero el mayor le había dejado en claro que esa no sería la única sorpresa del día.
Observa con atención y curiosidad absoluta la bolsa de regalo decorada con un lazo plateado que se encontraba en sus piernas, la sostenía con tal suavidad como si temiese el romperla y destruir su contenido.
—Puedes abrirla, ¿sabes? —Ríe por lo bajo al percatarse del estado del chico. Parecía sorprendido, como si no conociera el contenido del regalo. Escucha el sello de la bolsa romperse y Taemin inspecciona la caja de lo que sería su nuevo celular. —Feliz cumpleaños Minnie.
—¡Hyung! —Se sobresalta al escucharle hablar. Él no daba crédito a lo que sucedía, ¿acaso Minho lo había recordado?
Por su lado Minho solo mostraba una amplia sonrisa, quizás sea pura coincidencia, quizás el pequeño lo hace sin darse cuenta si quiera, pero ese simple término de familiaridad y confianza le hace sentirse relajado. —Lo ha recordado.
—No podría olvidarlo Minnie —con los dedos aleja un mechón de cabello de su rostro.
—Muchas gracias hyung —por mero impulso Taemin se gira en el asiento y aprovechando de que el hombre conducía a una segunda locación que él desconocía, deposita un beso fugaz en su mejilla, sintiendo una curiosa oleada de calor en el estómago.
Con ambas manos sobre el volante, Minho se concentra en el camino en lugar de la creciente opresión en su pecho.
El invierno ya se había asentado en la ciudad aun cuando no caía la primera nevada pero el frío podría volverse implacable en cualquier momento y era justo por esa razón que iban en dirección a uno de los lugares preferidos de Minho.
Desde muy pequeño él no había tenido ningún tipo de inclinación por la ropa, incluso luego de que su madre siempre le explicase la importancia de permanecer presentable, mucho más ante la cantidad de gente que siempre estaba observando; pero una cosa que siempre le había dejado feliz era el poder mantenerse protegido del frío aun en el más cruel de los inviernos y eso era gracias a la numerosa cantidad de bufandas y guantes que poseía. Esos eran sus verdaderos lujos.
Abre la puerta para el pequeño y casi puede palpar el sentimiento de intimidación que provenía de su persona.
—¿Dónde estamos?
—En uno de mis lugares favoritos.
La tienda se encontraba escondida a simple vista, parecía camuflada por los alrededores que por momentos duda del sentido de orientación del castaño.
Un conjunto de casas todas juntas parecían convivir bajo un mismo e infinito techo, colores pintorescos, cálidos decoraban las fachadas al igual que distintos tipos de flores en pequeñas y graciosas macetas. Taemin parece quedarse atrás solo contemplando el lugar y es gracias al sonido de campanas junto a la entrada que se percata de Minho, quien mantenía la puerta abierta para él, se apresura a llegar a su lado y se sorprende al sentir un leve olor a incienso de lavanda.
—¡Minho! —Alguien dentro de la tienda llama al hombre.
—Ahjumma* —el castaño se acerca hasta la señora que le esperaba con los brazos abiertos.
—Mi muchacho… Mira cuanto has crecido —la mujer le pica las mejillas. —Tienes mejor semblante, ¿has estado comiendo? —El hombre sonríe. —¿Has venido por una bufanda o quizás unos guantes?
—Me conoces bien ahjumma.
—Te traeré algunos, nos han llegado modelos nuevos. Sé que te gustaran.
—¡Oh no, ahjumma! No son para mí —la mujer observa desconcertada y él ríe por lo bajo. Se aleja un poco de la mujer y alza un brazo a su dirección. —Minnie, ven a conocer a ahjumma.
Taemin que aún se encontraba cerca de la entrada asiente despacio y con pasos cortos va acercándose a la mujer que le sonreía cálido.
—Un gusto conocerla. Soy Lee Taemin —hace una reverencia y juega con sus dedos un tanto nervioso.
—El placer es mío. Soy Kim Soojung —le extiende la mano y Taemin acepta para luego volver a hacer una reverencia.
Dejando las presentaciones de lado, Soojung-ahjumma y Minho hablan un poco mientras Taemin es dejado por sí solo para poder recorrer y encontrar algo que le gustase. La mujer les ofrece una taza de té y ninguno de los dos puede negarse, el castaño asegurando que nadie lograba preparar el té negro como ella; de allí él había obtenido gusto por tal bebida.
—Minho-hyung —le llama el chico y desvía la atención de la mujer.
—¿Sí, Minnie? —El pequeño le observa desde el otro lado de la tienda con un gorro del que sobresalían unos graciosos cuernos con motivo navideño, Minho ríe entre susurros. —¿Has encontrado algo que te guste? —El pelirrojo deja la prenda justo donde la había encontrado y observa al hombre entre sus pestañas coqueto asintiendo poco tiempo después. Convenciéndole, Minho llega hasta su lado y le abraza por los hombros. —Solo tienes que decirme. —El pequeño vuelve a asentir y juega con el abrigo contrario, aunque el mayor le asegurase que podía tener lo que quisiera, que le aceptase cualquier regalo solo por ser su cumpleaños, a él se le hacía dificultoso el solo ceder; no espera que el hombre dispusiera de su dinero en él. —¿Minnie? —le coacciona y Taemin esconde el rostro por momentos tras sus manos; se había prometido no reaccionar como la primera vez que el mayor le ofreció la idea de obtener algo que en verdad desease, así que armándose de valor, se enfrenta al hombre mirándole a los ojos.
—¿Puedo…? —Mordisquea su labio nervioso. —¿Puedo tener esa? —Señala una bufanda color verde, en realidad era un degradado del color desde un verde obscuro casi negro que cambiaba matices hasta llegar a un verde claro color menta.
Minho asiente despacio y deja un beso sobre su frente sintiéndose agradecido de que el pequeño poco a poco viese que el solo pedir no era tan malo como él creía, que el desear y obtener aunque parecieran cosas mundanas podían en realidad conllevar un gran sentido de satisfacción el cual podría atesorar a través del cuidado de dichas prendas.
Ahjumma observa divertida la escena.
Minho le pide a la señora que lo envuelva para regalo, la mujer curiosa pregunta a qué se debe puesto que era más que obvio al menos a sus ojos, que dicho regalo era para el pequeño que ahora se escondía avergonzado tras la espalda del hombre. Al enterarse que se trataba de su cumpleaños, la mujer no puede contenerse y le da un caluroso abrazo al que Taemin no supo cómo responder y como regalo de cortesía de la tienda, Soojung deja un par de guantes que hacían conjunto con la bufanda que se llevaba.
Ya el encontrarse con Jonghyun para almorzar era casi rutinario y aun así a Taemin le agradaba la idea de encontrarse con el mayor.
Almorzaron con tranquilidad hasta que uno de los meseros trae a su dirección un pastel con unas velas, al depositarle frente a su persona escucha al rubio exclamar contento un feliz cumpleaños y le pica las mejillas a modo de cariño; pero no es un hora más tarde que el hombre se despide.
—¿Eh? ¿A dónde vas hyung? —Si bien Minho había visto como el hombre comía su pedazo de pastel con una lentitud pasmosa, no entendía por qué debía irse.
—A la oficina.
—¿La oficina? —Eso era en verdad un milagro, Jonghyun iba a la oficina por su propia voluntad.
—Sí —se acomoda el abrigo. —Le he preguntado a Taemin que quería por su cumpleaños y al muy escurridizo se le ocurre decir que quería ver como cumplía el horario de la oficina, completo. ¡Completo! —El mayor parece indignado, resignado. —La cosas que hago por ti, Taeminnie. —Le despeina el cabello al chico. —Pero aún nos vemos en la noche, ¿cierto?
—Así es —sonríe el castaño para luego comer pastel y así el rubio desaparece.
—¿Qué hay en la noche?
—Sorpresas.
El haber recibido esa llamada de su madre en verdad le había desmejorado el ánimo, había declarado su día libre en la corporación y sus padres no tenían como negarse, él siempre había sido diligente y gracias a su buena salud, rara vez se enfermaba, por lo que eran contadas las ocasiones en las que se había ausentado; había tomado la oportunidad para así tener el día libre y pasarlo junto al pequeño. Él quería darle algo memorable que recordar en su cumpleaños.
Su mañana y parte de su tarde había transcurrido como deseaba, no había pasado demasiado desde que hyung se hubiese despedido de ellos y él terminase un trozo de pastel, cuando le entra la llamada de su madre.
No tiene claro los detalles lo cual es bastante inusual tratándose de la mujer mayor quien le había enseñado a siempre estar preparado ante el trabajo pero lo único que obtuvo fue la urgencia con la que debía dirigirse a casa ya que alguien importante a quien él debía conocer; por momentos tuvo la creencia de que todo el alboroto por las empresas Kim había terminado, pero su madre le demuestra lo contrario.
El mayordomo le recibe y le guía hasta el salón donde podía escuchar a sus padres conversar de forma interesada con algunas personas, en verdad espera que solo sea trabajo y no uno de esos vagos e inútiles intentos de sus padres de entrometerse en su vida amorosa.
—¡Oh, Minho! —La mujer se percata de su presencia. —Me alegro que vinieras. —¡Oh, sí! Era una de esas reuniones, menuda sincronización. —Ven, quizás no la recuerdes, ya que ha cambiado un poco. —Se relaja lo mejor que puede e intenta sonreír. —Minho, conoce a Kim Taeyeon. —La sorpresa se abre paso en su expresión al tiempo que contempla la figura que estaba al lado de su madre, la chica sonreía.
—¡Oppa! —Es todo lo que dice antes de arremeter contra su cuerpo y quedar abrazada a su cintura. Le lanza una mirada confusa a su madre pero ésta solo sonreía ante el cuadro, a él en verdad no le gustaba nada todo el asunto.
Obligado a permanecer junto a la chica, sus padres abandonan la estancia y él se dedica a detallar a Taeyeon.
Había crecido desde la última vez que le había visto aunque quizás esa idea fuese un tanto vaga puesto que él en realidad, casi no la recordaba. Su cabello caía en cascada abundante sobre sus hombros, los ojos cafés aunque pequeños resaltaban en su rostro y no podía negar que su sonrisa era encantadora.
Taeyeon conversaba animada de lo mucho que le agradaba volver al país luego de estar años fuera y lo mucho que se esforzaría por trabajar en conjunto con la compañía pero Minho solo robaba miradas al reloj.
—¿Estás ocupado oppa? —La chica ya no puede seguir ignorándolo.
—Lo siento… —por un momento se siente culpable de parecer tan apresurado aun cuando en verdad tenía prisa. Había quedado con Taemin a una hora determinada al salir del departamento camino a su última sorpresa, bueno, sorpresas; ya veríamos cómo reaccionaría el más pequeño aunque él tuviese sus dudas por momentos. —Debo estar en un lugar. —Se disculpa vago.
—Está bien. Nos estaremos viendo —sin más la chica le deja solo para ir en busca de sus padres y por momentos le perturba la familiaridad con la que la chica se maneja por la casa pero no piensa demasiado en ello, si se daba prisa lograría encontrarse con Taemin a tiempo.
Frente a frente en la cocina observa con detalle el rostro del pequeño quien tenía los ojos clavados en los papeles que Minho había dejado a su disposición, esa era una de sus sorpresas. La tensión crecía entre los dos y Minho no sabía hasta cuando iba a poder soportarlo.
—¿Es de verdad? —Taemin habla aun sin dedicarle una mirada, demasiado sorprendido como para saber qué hacer y él solo asiente. El pequeño toma los papeles con las manos y Minho puede apreciar como comienzan a temblar de la impresión más luego de ver la enorme y radiante sonrisa que el chico le dedicaba sabía que ha tomado una buena decisión.
Taemin gira por la cocina hasta llegar donde se encontraba y queda abrazado a su cintura mientras repetía palabras de agradecimiento una y otra vez como algún tipo de mantra. Desde el momento en que Taemin se había armado de valor para hacerle saber qué era lo que en verdad deseaba hacer con su vida, Minho se propuso a sí mismo el encontrar una posibilidad para ofrecerle al pequeño de cumplir sus propios retos y alcanzar sus metas. Limpia de su rostro las traviesas lágrimas que caían sin parar y besa sus mejillas.
Estaba decidido, para el próximo verano Taemin asistiría a una academia de actuación y artes escénicas.
Horas más tarde luego de regresar del parque de diversiones, todo cortesía de Jonghyun-oppa, Taemin se encontraba una vez más en la cocina sopesando todas y cada una de las cosas que había vivido ese día, incluso tenía fotografías como memorias gracias a su nuevo teléfono y por momentos su mirada cae sobre el hombre que había hecho todo posible. Había momentos en los que se preguntaba a sí mismo qué había hecho para despertar tal amabilidad por parte del hombre; sin pedir nada a cambio Minho le mostraba un mundo lleno de posibilidades, un mundo donde él podía encajar, ser él mismo y alcanzar sus ambiciones.
El hombre en cuestión de encontraba sobre el sillón, tan cansado estaba que no había llegado hasta su habitación y él no tenía el corazón de despertarle.
Llega hasta su lado, arrodillado frente a él le contempla por momentos y aprovechando que el mayor estaba dormido da rienda suelta a sus deseos. Le delinea el perfil del rostro con la punta de los dedos y se aleja asustado al ver como se remueve entre sueños; sonríe para sí y le acaricia el cabello, oh, en verdad era tan suave como parecía.
—Muchas gracias Minho —susurra a sabiendas que el mayor no puede escucharle. —Muchas gracias por hoy, por todo. —Mordisquea su labio inferior inseguro de si dejar a flote los sentimientos que se habían alojado en su pecho y no supo cómo ni cuándo. —Me haces muy feliz. —Allí estaba, lo había dicho y sus palabras desaparecen en el aire. Su corazón resuena fuerte en sus oídos y siente el acalorado sonrojo que se abre paso por su rostro; era ahora o nunca.
Con lentitud asustada y cuidado de no despertar al hombre por ningún motivo, Taemin se inclina y deja un casto beso sobre los labios entreabiertos del mayor. Es un contacto suave, leve, fugaz pero lo suficientemente poderoso como para enviar al pequeño a su habitación como un rayo en medio de una tormenta.
Poco sabía él que Minho se encontraba despierto y le había escuchado con atención.
*Ahjumma: Término coreano para 'señora', como abuela.
