Los personajes no me pertenecen, sino a Cressida Cowell y DreamWorks. La imagen no es mía, la encontré vagando en Internet. La historia es mía, Cualquier copia y reproducción de esto sin mi autorización es un PLAGIO. Los párrafos de la canción que de repente aparecerá por aquí son de A Thousand Years de Christina Perri.

Disfruten. Reviews con cuenta registrada responderé con gusto.


7.

Astrid no se había perdido la manera en la que su hermana Anna la había mirado de reojo en días anteriores, murmurando en voz baja con Rapunzel, Ruffnut y Eep cuando creían que no las veían. Ya casi podía escucharla comenzar su discurso con "No te hagas la inocente, que te vi, ¡Fue amor a primera vista!"

—No te hagas la inocente, Astrid —dijo Anna, sonando algo más emocionada y sonriente de lo normal, como una casamentera lista para ofrecer a su mejor chica—. Te vimos con Haddock en la playa ¡Fue amor a primera vista!

Sí, Anna había repetido un par de veces ese tipo de frases desde el último año, empecinada en ayudarla a encontrar el amor y una pareja luego de… lo que pasó hace años. Puede que Anna perdiera la esperanza de que Hiccup volviera y todo fuera como debía ser, pero Astrid no. Ella sinceramente quería esperarlo, no importaba que hubiera sentido algo en la playa por el chico nuevo. O que sintiera cosas muy intensas por él en cualquier momento sólo con verlo. O besarlo, o tocarle. O simplemente por tenerlo a lado.

—¿De qué hablas? —preguntó Astrid, conteniendo el ánimo de soltar improperios y en su lugar pareciendo bastante confundida—. Lo de ayer fue sólo un impulso. No hubo ni habrá nada entre él y yo.

También, Astrid había notado que ella misma trataba lo menos posible de nombrar a Haddock, quizá, porque decirlo en voz alta abría una herida mal curada. Porque eran recuerdos que ya no quería seguir rememorando una y otra vez.

—No tiene porqué avergonzarte —intervino Elsa, acercándose a la cama y sentándose a lado de Astrid, tomando su mano como apoyo moral y sosteniéndole la mirada en un gesto afectuoso—. No te has permitido sentir algo por nadie más que Hiccup y aunque me duele aceptarlo, deberías empezar a abrirte más ante eso.

Astrid retiró su mano violentamente como si le hubiera quemado de pronto, e ignoró la mirada de Elsa. Jamás había reaccionado de esa manera tan abrupta con sus hermanas, especialmente con su melliza, pero no podía evitar sentirse herida y contrariada ante su comentario.

—¿Cómo puedes decir eso? —preguntó con un borde afilado en sus palabras, alterándose un poco más al punto del enojo—. ¿Cómo pueden pretender que simplemente decida un día cualquiera que ya no lo esperare? ¡Es su amigo también! Lo están… —su voz se quebró por un momento, y tragó fuerte para mantenerse firme en su postura y no parecer tan afectada—. Lo están olvidando.

Elsa y Anna se miraron entre sí y Anna se inclinó hacia adelante para abrazar a Astrid, tan reticente y tensa que no se movió, y ni siquiera se dio cuenta en qué momento empezaron sus ojos a aguarse.

—¿Te estás escuchando? —le dijo Elsa con voz suave y tranquila, casi un arrullo maternal—. En todo este tiempo te has culpado a ti misma por no haber tenido más tiempo junto a Hiccup para estar juntos hasta que fue demasiado tarde y no podías hacer algo para remediarlo. Lo de ustedes terminó antes de empezar, y esperarlo por demasiados años no solucionará la situación.

Anna asintió con convicción y apretó más el abrazo en torno a Astrid, como si quisiera transmitirle todo con ese gesto.

—Lo siento mucho, de verdad, pero tienes que aceptar que Hiccup no está aquí. No ha estado en cuatro años y quién sabe siquiera si va a volver —dijo suavemente, pensando cuidadosamente qué iba a decir para no empeorar las cosas—. Pero Haddock lo está, y te mira y trata como si fueras la única persona en el mundo para él.

Elsa levantó el rostro de Astrid y le sonrió. Para Astrid, eso fue como un hacha atravesando su pecho y sacándole el corazón. ¿Cómo rebatir lo irrebatible?

—Y cualquier chico que sea así como él es —siguió Elsa de manera suave pero contundente—, merece aunque sea una pequeña oportunidad.

Astrid negó, pero le faltó convicción. Porque en el fondo, también lo sentía. Solo se quedó en silencio contemplando la realidad y considerando por primera vez si no sería lo mejor simplemente aceptar y dejar ir definitivamente.

"I have died everyday waiting for you…"


Pese a la emotiva conversación de las hermanas Hofferson, Astrid siguió en su papel de "aquí no ha pasado nada, sigamos siendo tan amigos como siempre", que se empecinaba en hacerle creer a cualquiera de su grupo de amigos que le preguntara sobre Haddock y ella, porque para el día siguiente de la piscina ya todos se habían enterado de lo sucedido, gracias a Ruffnut y su gran boca, y Heather y el mensaje que esparció por todos sus contactos.

Sobra decir que ninguno le creyó a Astrid por ningún momento cuando les dijo que nada pasaba, y algunos —como Jack y Snotlout—, se rieron sonoramente justo en su cara, alegando que esa era la mayor mentira del siglo y que no la creía tan cobarde como para aceptar lo evidente. Se ganaron un buen golpe por parte de Astrid, y eso sólo consiguió que Jack, que era su vecino y pasaba casi todo el tiempo libre que tenía en la casa de las Hofferson, y por consiguiente a quien más tenía que soportar de todos, se ensañara con eso y estuvo los días siguientes del incidente de la piscina, teniendo como misión personal en decirle a cada segundo que la veía que él era TeamHaddock, como le gustaba mencionar tan sólo por el placer de que Astrid se pusiera furibunda y sonrojada al mismo tiempo.

La cosa empeoró cuando Anna lo escuchó y ella también se empecinó en decir que era TeamHaddock como si eso fuera una nueva religión absolutamente fabulosa. Astrid siguió tratando de aparentar entre el grupo de amigos que nada amoroso sucedía entre ella y Haddock, así que, harta de escuchar los burdos intentos de casamenteros de Jack y Anna por tres días seguidos y para que dejaran de atosigarla con preguntas indiscretas sobre ellos, Astrid invitó a Haddock a su casa a pasar una tarde normal y agradable solamente los dos, y así demostrar que podían estar solos y todo transcurriría como dos simples y cercanos amigos; por lo que ambos se dejaron caer en el sofá frente a la televisión, con pizza y tanta comida chatarra que podría alimentar a un país pequeño. El paraíso juvenil.

Luego de ponerse cómodos y estar mirando un partido especialmente emocionante del equipo oficial de karate de Berk, las cosas estaban llevando un muy buen rumbo. Sin embargo, Hiccup no prestaba la misma atención que Astrid. Él se encontraba mirando, disimuladamente, los labios de ella.

Aunque Astrid había sido la de la idea de pasar ese día juntos, era obvio que sólo en plan amistoso ya que en ningún momento se mencionó lo último que él le dijo por teléfono los días anteriores, así que Hiccup estaba seguro que Astrid no le diría algo como "¡Hey, Haddock! He decidido que si me gustas, ahora besémonos y olvidemos todo". Más bien que las cosas simplemente se irían dado solas con el tiempo y ya, y Hiccup de verdad que no quería presionar nada… ¡Pero era tan difícil! Ahora que ya la había besado de nuevo luego de tantos años a la espera, simplemente no hacerlo era como un profundo golpe a su autocontrol.

Por más que tratara de mirar a otro sitio que no fuese Astrid, sus ojos siempre terminaban en el mismo lugar donde habían comenzado: Su boca. No podía. Hizo todo lo posible por fijar su mirada en el televisor, y su mirada se desvió nuevamente, pero en menos de unos segundos nuevamente estaba fija en el televisor. Un ligero tono carmín se había plantado en sus mejillas.

¡Simplemente no podía! No disfrutaba el romper las reglas y mucho menos una que él mismo se había autoimpuesto. ¡Paciencia! No quería aprovecharse, pero en su mente solo había una respuesta para la poca resistencia que se estaba tratando de imponer. "Las reglas están hechas para romperse" pensó. Y luego se sintió como un cretino por pensar en no tomar en consideración lo que Astrid quería, así que hundió los hombros y se dedicó con el doble de fuerza de voluntad a ver la televisión y no pensar en cosas románticas que no veían mucho al caso en ese momento.

—¿Me vas a decir que pasa ya? Me estas estresando —preguntó Astrid de pronto, volteando a mirarlo con la ceja arqueada. Había notado desde el inicio que él estaba muy distraído e inquieto, que parecía estar cavilando algo de vital importancia que le ocupaba demasiada atención. Realmente no quería entrometerse, pero mentiría si no dijera que todo lo que tenía que ver con él le interesaba más que a nada.

Hiccup sonrió violentamente pero decidió que si ya había llegado hasta allí, bien podía decirlo.

—Lo siento —dijo entonces con un tono directo, para sorpresa de Astrid que enarcó las cejas con duda—. De verdad te mereces que un chico espere por ti todo el tiempo hasta que estés lista para corresponderle, y por eso no quiero presionarte a que me correspondas —negó con la cabeza y la miró con firmeza, con anhelo—. Pero de verdad lo que más deseo en este momento es besarte, Astrid. Y te agradecería que no me golpearas si lo intento. Sólo con que me digas que no, bastará.

Hiccup titubeó de nuevo, y finalmente la miró con determinación y se inclinó hacia adelante lentamente, dándole a Astrid el suficiente tiempo para que decidiera si iba a aceptarlo o no. Ella, que se había quedado sin respiración y lo miraba con una mezcla entre estupefacción y anhelo, se quedó inmóvil. No lo detuvo cuando él llego a un centímetro de su rostro, el aliento haciendo cosquillas contra sus labios. Tampoco le dijo cualquier excusa para alejarlo.

Y Hiccup se aferró a ello, y acortando la última distancia con ambas manos en el rostro de Astrid para sostenerla con cariño, la besó. Fue otro encuentro electrizante y de un modo diferente. Más rápido, más adulto, más apasionado. Más real de la situación. Astrid se dejó llevar de nuevo, rodeándole con los brazos y reteniéndolo contra ella. Abrió la boca con gusto y casi deja escapar un gemido cuando su lengua encontró la de Hiccup es un batalla. Y olvidó cualquier cosa acerca de ser sólo amigos, importándole un pimiento todos y cada uno de sus argumentos acerca de por qué eso estaba mal.

Entonces la realidad y la situación chocó con el sonido de un portazo provocó que ambos se separaran de golpe. Hiccup miro el rostro de Astrid. Sus labios estaban rosados y húmedos, y tan apetecibles desde su punto de vista. Sus mejillas con un ligero tono carmín que se le antojaba morder y los ojos ligeramente desenfocados que daban a entender que aquella situación había removido sus hormonas. Él estaba seguro que debía verse igual y eso le hacía sentir condenadamente mejor que nunca.

Pero Astrid debió haber salido rápido de su trance porque instantáneamente se alejó de los brazos de Hiccup, de nuevo sintiéndose culpable. ¡Se suponía que iba a mantener las cosas simples! Absorbiéndole el alma por la boca no era en absoluto algo simple. Mierda.

—Nos descubrieron —dijo Hiccup con una risa suave.

Astrid lo miró y esta vez no dijo nada más. ¿Para qué? Era obvio que había querido besarlo, por más que fuera a perseguir a quien quiera que los haya visto para tratar de convencerlo de lo contrario sería inútil y totalmente desgastante. ¿Entonces?, pensó. No podía ir por la vida negando lo que sea que sentía por Haddock y luego besarlo totalmente gustosa. Astrid ahogó un suspiro de derrota.

—Oye —llamó mirando a Hiccup—. Esto no tenía que haber pasado, yo…

—Está bien —la interrumpió él suavemente, intentando no sonar tan desilusionado a través de su sonrisa caída. Justo cuando creía que tenía avances con Astrid, retrocedía tres pasos—. Esto no te obliga a corresponderme, lo entiendo. Sólo me da esperanzas.

Astrid lo miró largamente y luego volteó hacia la olvidada televisión con un gesto adusto. Definitivamente no se merecía alguien tan paciente como Haddock, pero esta vez no sería tan hipócrita como para decir que deseaba alejarlo, si su propio cuerpo reaccionaba plenamente ante él.

Mientras, Elsa se encontraba parada frente a la puerta de su casa, con su mano derecha sujeta el pomo y sonrojada. A su lado, Jack la miraba con sorpresa.

—¿Buenas noticias? —pregunto Jack simplemente, sonriendo de manera socarrona con las manos en los bolsillos de su chamarra azul.

Elsa se giró a verlo y le sonrió esperanzada.

—Eso espero. Tal vez sea mejor que volvamos mas tarde.


Hiccup dio su enésima vuelta por la sala y se decidió finalmente que lo haría. El martes ya había llegado, y darle a Astrid los días anteriores como espera desde lo que sucedió el sábado para que las cosas se tranquilizaran era más que suficiente, porque su mente no podía más de estar en el limbo. Miró su teléfono con renovado carácter y marcó el número de contacto que tenía en la pantalla. Al quinto timbrazo y el latido numero doscientos de su corazón, la voz de Astrid se escuchó al otro lado de la línea con un saludo.

—¡Hola Astrid! —saludó Hiccup de vuelta, carraspeando para evitar que su voz sonara demasiado aguda y nerviosa como si fuera un gato estrangulado—. Lo siento que te moleste, pero… La otra vez dijiste que te gustaba mucho ir a los estadios a gritarle a los jugadores y casualmente hoy hay un partido de rugby contra los Berseker… ¿Quieres ir?

Astrid se quedó en un mudo silencio por unos segundos, procesando la implicación de esas palabras. No sabía si el repentino palpitar acelerado de su corazón era por el hecho de que le encantaría presenciar el juego, o específicamente que le agradaría salir con él. Quizá la segunda, aunque no quiera admitirlo y mucho menos lo dijera en voz alta.

—¿Es una cita? —preguntó finalmente.

Hiccup se sonrojó y agradeció que ella no pudiera verlo. Inconscientemente movió los hombros en un gesto nervioso.

—Bueno —tomó aire y se armó de valor. No podía desaprovechar la oportunidad de dejarle entrever a Astrid lo que quería—. Si —titubeó por un segundo y pensó que quizá había sonado demasiado pretencioso, y se apresuró a tratar de arreglarlo—. ¡Pero ya sabes que yo no te obligaría a ir! Puedes invitar a quien quieras…

Astrid se tomó otros segundos en pensar en la situación, secretamente enternecida del hecho de que él fuera tan cuidadoso en no hacerla sentir incómoda u obligada a hacer algo que no que agradaría. Él no la había presionado en ningún momento desde el último beso que habían compartido, ni tampoco le había exigido una respuesta a su romántica declaración. No era estúpida, por supuesto que sabía leer entre líneas. Indudablemente la estaba invitando a salir juntos.

Astrid se descubrió entonces muy deseosa de ir con él y eso como que le asustó, porque obviamente nadie jamás le había llamado la atención desde hacía años. Ella se había prometido esperar a alguien, ¿Qué clase de persona seria si faltaba a eso? Por otra parte, las palabras de sus hermanas estaban comenzando a calar dentro de ella. No había vuelto en años ¿Quién no le aseguraba que él no la había olvidado? Sacudió la cabeza y recordó que aun estaba al teléfono. Tomó un respiro y finalmente se decidió.

—Acepto.

Total, ¿Qué podía perder? Ir al partido no haría ningún daño, sólo era un momento entre amigos que antes se habían dado un fabuloso beso. Astrid siguió diciéndose eso para excusar la emoción e incertidumbre que sentía. Y la felicidad.

"Every breath, every hour has come to this…"


Hiccup jugueteaba con sus dedos, su rostro ligeramente sonrojado mientras miraba fijamente sus botas militares.

¿Y si no viene?, se preguntó mentalmente. Estaba nervioso, y lo demostraba pasando de vez en cuando las manos por el cabello, observando frenéticamente la hora de su reloj. No había señal de Astrid o de sus amigos —si es que los había invitado— en su campo de visión, y diez minutos de retraso tampoco ayudaba mucho a sus crispados nervios, que ya comenzaban a crisparse y acelerar junto a los latidos de su corazón.

Fue una mala idea, se reprochó Hiccup con un suspiro abatido. Maldijo el momento en que se le ocurrió que invitar a Astrid a un partido deportivo a solas era la mejor forma de acercarse a ella en un plano más intimo luego de lo que había pasado entre ellos. ¿Qué clase de acosador era? Claramente tendría que haber tenido más paciencia. ¿Debería ir a su casa a disculparse o esperar un poco más? Se apretó la cabeza en un gesto de derrota.

―¿Haddock? ―el llamado de Astrid interrumpió los pensamientos de Hiccup, que inmediatamente volteó a mirar a la recién llegada y todas sus dudas se esfumaron mágicamente.

―¡Astrid! ―dijo Hiccup sin ocultar su sorpresa, poniéndose de pie rápidamente y sonriendo tal cual si hubiera recibido un millón de dólares gratis―. Creí que no vendrías ―confesó, sonando quizá un poco más emocionado de lo que debería.

―Yo dije que vendría y así fue ―en un acto repentino, Astrid agarró a Hiccup del antebrazo, provocando que un tono carmín cubriera las mejillas del él, mientras lo arrastraba hacia dentro del estadio y caminaba a paso decidido y animado―, ¡Hay que apresurarnos que quiero ver el haka!

Una vez adentro tomaron los lugares que les correspondían, colocados estratégicamente para poder observar claramente desde la comodidad de la segunda hilera de asientos. Astrid sonrió al ver que el lugar no se encontraba muy lleno, pequeños grupos de personas se esparcían de un lado a otro, perfectos para ver el partido sin que el olor a hombre sudado y hot dog inundara sus narices.

―Ya está a punto de comenzar ―señaló Hiccup con nerviosismo en su voz.

Astrid reparó en la manera en la que él parecía no caber en su asiento y lo miró con escepticismo.

―¿Qué te pasa? ―preguntó.

―Nada, es solo que ya quiero que empiece ―se excusó Hiccup, moviendo los hombros en un gesto que hacía desde hacía tanto tiempo de manera inconsciente y desviando la mirada hacia donde se suponía debían salir los jugadores.

Las cejas de Astrid se dispararon hacia arriba con sorpresa, y parpadeó en un intento de enfocar su vista y comprobar que había visto bien. Jodidamente que eso tenía que ser una broma. No podía ser posible que Haddock hiciera el mismo movimiento de hombros que hacía Hiccup. ¿Es que todos los malditos chicos que le gustaban tenían que tener las mismas malditas manías? Astrid entrecerró los ojos hacia él casi esperando que volviera a hacerlo de nuevo.

—¿Sucede algo? —preguntó cuando notó la lacerante e inquietante mirada azul de Astrid sobre él.

Astrid lo miró por un segundo más y finalmente decidió que debía haber sido su imaginación y en su lugar, negó con la cabeza.

—Nada importante —dijo simplemente y se concentró de nuevo en la cancha para ya no pensar en nada que tuviera que ver con Hiccup, Haddock, o nadie más.

Hiccup dejó escapar suavemente el aire que había retenido y se relajó un poco. Antes de que cualquiera pudiera decir algo más, los aplausos y gritos de las personas presentes en el estado anunciaron el inicio del esperado partido. Casi por inercia, Hiccup giró su cabeza hacia el verde pasto del campo en busca de los jugadores y de lo que sería ese momento uno de los más geniales de su semana.


Los jugadores se extendían por toda la cancha dando un espectáculo emocionante y profesional de su capacidad para jugar. Astrid los observaba con los ojos brillantes, gritaba de vez en cuando mostrando su inconformidad sobre algunas jugadas, su cabello agitándose con el viento cada vez que gritaba un "¡Genial!, ¡Vamos!" "¡Estúpido, era obvio que no iba por ese lado!"

―¡Señores y señoras!, ¡Con esto damos inicio al medio tiempo! ―la voz del locutor anuncio el tan esperado receso.

Hiccup dio un pequeño brinco al escuchar aquella voz proveniente de los altavoces. No, no, no por favor, que lo hayan olvidado, suplicó Hiccup internamente. Antes de que pudiera pensar en algo más, un sonido estático se escuchó por todo el lugar. Pasado de unos momentos se escucharon un par de voces y todo el estadio se animó.

Todos ya sabían lo que vendría. Era casi como una tradición de los estadios y la parte favorita de las parejas. La enorme pantalla de televisión del estadio se animó con un marco de corazones que decía Kiss Cam en la parte superior. Hiccup sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus remotas esperanzas se esfumaron de golpe.

―¡A-astrid! ¿Por qué no vamos a comprar cosas?, parece que esto va a tardar un poco ―dijo Hiccup a Astrid en un intento desesperado por alejarla.

―Espera ―contestó ella, animada―. Quiero ver qué las caras ridículas que hace la gente.

Tres parejas ya habían sido capturadas por la cámara y sentenciadas a besarse frente a todo el público. Y como si fuera un mandato del cielo o un cliché de películas bastante usado, de pronto la cámara pasaron a otro lado y fue ahí cuando Astrid observó sorprendida cómo en la gran pantalla del estadio podía observarse claramente a ella y Haddock.

"Heart beats fast,

Colors and promises…"

Tardó unos segundos en espabilar, pero una vez hecho se giró a verlo. Las miradas de ambos se interceptaron, y sus mentes se pusieron en blanco. "Beso" podía verse con grandes letras color rosa, y el cerebro de ambos pareció haber interpretado eso como un orden ineludible porque de repente a ambos les hormigueaban los labios y querían más que a cualquier cosa inclinarse uno al otro para besarse como dios mandaba. Para repetir lo que había sucedido hacía unos días en la casa de Astrid.

Pero las cosas no salieron precisamente así, porque antes de que Hiccup reaccionara e hiciera cualquier movimiento, Astrid se levantó de su lugar contra todo pronóstico y sin decir una palabra salió corriendo como si la estuviera persiguiendo la policía, dejando atrás una estela de grandes gritos de burla por todo el estadio que no podía creer semejante escena que había pasado justo en sus narices.

"How to be brave?
How can I love when I'm afraidto fall…"

Fue entonces cuando Hiccup despabiló y se levantó de su asiento.

―¡Astrid! ―gritó, yendo tras ella.

Era rápida, pero todo el entrenamiento de Hiccup había rendido sus frutos, pese a su prótesis. La alcanzó en cuanto ella iba atravesando el arco de la salida, tomando su brazo para retenerla a su lado. Seguramente pensaba correr hasta que llegara a su casa.

―¡No! ―gritó Astrid de vuelta, empujando a Hiccup en un acto reflejo. Se arrepintió de inmediato, especialmente al notar la expresión de desasosiego de él―. Lo siento, me altere. No quise empujarte.

―Eso no importa ―aseguró Hiccup, dando un paso lento pero firme en dirección a ella―. Nadie te estaba obligando. Yo jamás lo haría —se aventuró en recordarle, llenándose de confianza. Era ahora o nunca—. Porque ya sabes lo que siento por ti, y es en serio.

Gustar no era la definición correcta a lo que sentía, pero no podía simplemente soltarle de bocajarro cuando la amaba sin parecer un acosador. O sin decirle la verdad. Astrid en cambio lo miró con sorpresa repentina y después desvió la vista.

—No es posible —cortó de manera súbita, mordiendo su labio inferior—. Más bien, es complicado.

Hiccup arqueó la ceja y rodeó parcialmente el cuerpo de Astrid, obligando a ella a mirarlo de frente ahora. Pensaba llegar hasta lo más profundo de la conversación y no se rendiría a un rechazo. No esta vez.

—¿Porqué? —preguntó con postura seria pero paciente, mirándole con una profundidad que a Astrid parecía jalarla y absorberla.

No podía ignorar esos ojos esmeraldas por más que quisiera, y aceptar ese hecho era como una espiral en la que las demás verdades también cayeron de pronto sin poderlo evitar. Ya estaba demasiado cansada de fingir que no sentía nada ante él. Demasiado cansada de esperar en vano. Demasiado cansada de todo.

—Me gustas más de lo que llegué a pensar que podría pasar —reveló Astrid sin detenerse esta vez en pensar en las consecuencia, hablando de manera sincera y directa de nuevo en su dirección. Para ser una declaración romántica, su expresión denotaba mucho tormento. Hiccup la miró con una enorme sonrisa y dio otro paso en su dirección, pero Astrid le detuvo con un movimiento de su mano. No había terminado de hablar, y no sabía si sería capaz de decirlo con él tan cerca para enredar sus pensamientos y acelerar su corazón—. Pero no puedo empezar algo contigo por más que lo desee, porque tampoco he podido olvidar a alguien más, y le prometí que lo esperaría sin importar qué. Jamás rompo una promesa.

Esta vez, fue el momento de Hiccup de apretar los labios y desviar la vista. No se esperaba esa respuesta, y escucharla de pronto le inquietaba y entusiasmaba más de lo que pensaba exteriorizar. ¿Sería posible?

—¿Quién? —indagó, modulando su paciencia para no dar a entender cómo se sentía.

Astrid lo miró de manera vacía esta vez y negó con la cabeza. Ahora que lo había dicho, se sentía repentinamente muy cansada por la situación. No era de piedra por más que quisiera aparentarlo.

—Alguien que se fue hace mucho —soltó una risilla amarga y decidió que ya había terminado de hablar de eso—. Pero ¿Sabes? A veces creo que ya no lo volveré a ver y debo seguir con mi vida o moriré vieja y solterona —finalizó, caminando de nuevo hacia enfrente y pasando a lado del cuerpo de él sin intención de detenerse. Ya sólo quería irse de ahí y zanjar ese tema de nuevo.

Pero estaban lejos de terminar de hablar, no ahora que todas las cosas por las que habían pasado ambos se amontonaban unas con otras deseando gritar la verdad de todo. Hiccup se tomó unos segundos para asimilar la situación y de pronto se sintió la persona más estúpida del mundo. La respuesta había estado tan clara frente a él todo el tiempo y no la había visto.

"But watching you stand alone
All of my doubtsuddenly goes away somehow…"

—No puedo creerlo —murmuró apresuradamente con un deje de sorpresa, movilizándose para correr y alcanzarla, que tan sólo le llevaba unos cuantos pasos de distancia—. ¡Astrid, espera!

Astrid sin embargo no se detuvo e ignoró olímpicamente el llamado, sentenciando eso como si fuera un adiós. Entonces sintió cómo era jalada de la muñeca para voltearse y ahogó una exclamación de sorpresa cuando los brazos de Haddock la recibieron, abrazándola de la cintura y apretándola contra su cuerpo tan fuerte que deseaba fundirla a él y jamás soltarla. Astrid justo iba a abrir la boca para ordenarle que la soltara, a pesar de que su rostro estaba sonrojado como un tomate por la manera en la que su cuerpo reaccionada alegremente a la cercanía de él.

Y entonces, Haddock le tomó el rostro entre las manos y la besó profundamente. Y Astrid no pudo resistirse. No luchó ni un segundo, simplemente cerró los ojos y se dejó llevar de nuevo, permitiéndose sentir los labios cálidos contra los suyos aunque fuera sólo una última vez, atrapándole el labio inferior y emitiéndole escalofríos por toda la espalda, enredando los dedos entre las hebras desordenadas de cabello castaño rojizo. Astrid se dejó hacer, relajándose en sus brazos y correspondiéndole como si la vida se le fuera en ello. Tomando todo lo que podía antes de que el arrepentimiento la golpeara en la cara.

—Lo siento tanto, Astrid —susurró él con pesadumbre cuando se separaron apenas a un palmo de distancia. Apoyó la frente contra la de ella y suspiró con genuino arrepentimiento—. ¿Cómo no lo vi antes? Tú siempre me esperaste, y yo dudé de ti.

El corazón de Astrid se aceleró a mil latidos por segundo de un disparo, y dilató los ojos de la sorpresa. No puede ser, no puede ser, pensó en un repentino arrebato de exaltación. Intentó alejarse pero él la detuvo firmemente en sus brazos, negándole que no rechazara su contacto ahora.

—¿Cómo…? —intentó formular Astrid, sintiendo el peso de todas las cosas que él había hecho por ella. Rememorando todas y cada una de las situaciones en las que ella encontró similitudes e intentó mejor no pensar en ello para evitar el dolor y la decepción.

Lo siguiente que dijo él, fue una sentencia que le devolvió a Astrid la vida al cuerpo tan sólo para arrebatársela de nuevo por el peso de la situación. Por todas las mentiras.

"One step closer…"

—Soy yo, Astrid, soy Hiccup. He vuelto a ti —la miró a los ojos profundamente, y esa fue la mayor verdad del universo. Era el mismo hermoso verde esmeralda que siempre le hipnotizó, y que ahora parecían tan lejanos, empañados con la traición.

El mundo se detuvo y el suelo pareció abrirse bajo los pies de Astrid. Parpadeó con total y absoluto asombro, sin respirar y el cuerpo totalmente rígido. Luego, sus manos se movieron por inercia hacia el rostro de Hiccup, lentamente, los dedos temblando como si el simple roce contra su piel fuera a hacerlo desaparecer. Cuando las yemas acariciaron suavemente las mejillas de Hiccup y él se entregó totalmente a las caricias sin dejar de mirarla ni por un momento, Astrid ahogó un gemido de sorpresa y en ese momento simplemente lo supo con certeza.

Hiccup hacia vuelto hacia ella. Y la horrible verdad también le golpeó al darse cuenta de la situación por entero: Hiccup estaba con ella desde hace más de tres semanas y no le había dicho nada. Se lo había ocultado deliberadamente por una razón que desconocía.

"I have died everyday waiting for you…"

—¿Cómo te atreves? —comenzó Astrid lentamente, alejando sus manos de él como si ya no deseara tocarle en lo más mínimo, sintiendo la ira borbotear poco a poco. Cuando Hiccup intentó acercarse de nuevo, le dio un manotazo al mismo tiempo que se hacía un paso hacia atrás—. ¡Cómo diablos te atreves a estar aquí y no haberlo dicho!

—No estaba seguro que aun me quisieras —habló Hiccup apresuradamente, intentando acercársele de nuevo pero recibiendo una mirada asesina, por lo que se detuvo muy a su pesar pero siguió mirándola con el perdón velado en los ojos—. Había pasado tanto tiempo y…

—¡Tuviste mucho tiempo para decirlo! —interrumpió Astrid cada vez más molesta—. ¿Qué tal en cualquiera de las dos ocasiones que nos besamos, por ejemplo? ¡Era el jodido mejor momento!

—¡Tenía miedo Astrid! —dijo Hiccup esta vez levantando la voz, desesperado. Intentar mediar no estaba dando resultado, y se sentía bastante frustrado al respecto—. ¿Cómo podrías quererme después de haberte abandonado por tanto tiempo? ¿Cómo podrías aceptarme luego de que cambie tanto? …¡Perdí una pierna!

Aquella declaración no tomó a Astrid por sorpresa pero sí le hizo apretar los dientes con enojo. Por supuesto que había notado la novedosa prótesis de Hiccup en la playa. Ese detalle le había llamado en su momento muchísimo la atención, aun más el hecho de que él no se avergonzaba de su situación, no la intentaba ocultar como si fuera un mal, ni se sentía menos por ello. Jamás le había preguntando de qué le había pasado, porque no se sentía con la suficiente confianza como para hacerlo, o quizá porque no quería sentirse enternecida con Haddock y que eso le hiciera sentir aun más interesada en él.

Pero hoy, sabiendo que en verdad era el Hiccup que siempre quiso y esperó, quería desesperadamente saber qué había sucedido, con la misma fuerza con la que no quería saber para no quebrarse ante él. Tenía tantos sentimientos encontrados.

—Y un cuerno —dijo Astrid suavemente con una sentencia, frunciendo el ceño—. Te quise antes, y ahora también quiero a la persona en la que te convertiste —lo miró con dureza y negó con la cabeza—. Pero no puedo perdonar tu mentira.


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Ohmaigad, ¡Que intenso! ¿Astrid perdonará a Hiccup? (cofcofmás-de-treinta-reviews-en-este-capítulo-es-que-si,-menos-es-que-nocofcof). Con esto poco a poco nos acercamos al final, quizá unos tres capítulos más y un epílogo (si es que hago uno, todavía la estoy pensando).

Para los que tienen dudas respecto a cuándo actualizo, les comento que suelo hacerlo entre cada trece y quince días, porque necesito tiempo para escribir, que no tenga errores y que sea justo como quiero XD pero a veces, como en esta ocasión, actualicé unos días antes de lo normal gracias a Dragons, que me ha mandado reviews todos los días para pedirme que actualice. Mi corazoncito que ama los reviews por sobre todas las cosas no pudo negarle tantas peticiones así que me apresuré todo lo que pude para subirlo XD Cariño, este capítulo está dedicado a ti, ojala tuvieras cuenta registrada para platicar.

Hasta la próxima. Besos, Higushi.

¿Reviews? Reviews.

Pd. Dejando un review, apoyas a la causa y tu también demuestras ser TeamHaddock ;)