El argumento pertenece a Suzanne Collins, y el fic a huckin-cupcakes. Yo sólo traduzco.
Capítulo 7
A pesar del vino, la enormidad de lo que estoy por hacer me abruma. No puedo dormir. Acabo dando vueltas, demasiado asustado de perder la consciencia. Veo a los tributos en mis sueños por la noche, y estar en el Capitolio las hace diez veces peor. Chicos con caras hambrientas, los cuerpos demacrados cuando mueren de hambre en condiciones desérticas. Chicos arañando sus gargantas, sus caras volviéndose azules mientras forcejean por respirar, envenenados. Chicos con sangre goteando de su piel, acuchillados o apuñalados o muertos a golpes. Cada vez, justo cuando creo que pasó lo peor, la perspectiva cambia y yo soy el chico muriéndome de hambre o sofocado o desangrándome.
Sé que les prometí a estos chicos que permaneceré lo bastante sobrio como para ayudarles, pero la culpa me tienta a romper esa promesa. Quiero olvidar la culpa. Culpa de que no pude salvar a esos chicos del Distrito 12 estos últimos veintitrés años en que fui mentor. Culpa de que o Peeta o Katniss, o ambos, morirán en estos Juegos. Culpa de que aún estoy vivo, cuando soy sólo un hombre barrigón de mediana edad que bebe para olvidar las cosas que ocurren fuera de mi pequeña burbuja feliz, mientras los chicos con completas vidas por delante terminan masacrados en nombre del entretenimiento.
A la mañana siguiente estoy exhausto, pero me arrastro fuera de la cama. Hoy es cuando mi trabajo real comienza. Hoy mis tributos empiezan a entrenar. Me visto lentamente y camino hacia el desayuno arrastrando los pies. Tal vez si voy lo bastante lentamente el tiempo se detendrá y los Juegos nunca comenzarán.
Cada año sigo esperando a que alguien intervenga, a que la gente del Capitolio se dé cuenta de cuán bárbaro es robar nuestros niños y obligarlos a luchar. Quisiera que se alzaran contra su propio amado gobierno, y que nos libraran a todos nosotros de esta pesadilla. La gente del Capitolio está demasiado cómoda en su vida, y la gente cómoda es complaciente. Incluso ellos están bajo el control del gobierno, así se den cuenta o no.
Se ha estado hablando de una rebelión por años, bullendo justo bajo la superficie, pero no pasa de ahí. El único contacto exterior que tenemos con los otros Distritos es a través de los Mentores de los Juegos, y cada vez que estamos juntos, estamos bajo constante vigilancia. No se supone que estemos incitando una rebelión cuando deberíamos estar supervisando el asesinato de nuestros niños. Cada palabra susurrada es silenciada, cada nota pasada es arrebatada por el Agente de la Paz más cercano.
Entro a la sala justo detrás de Peeta y comienzo a cargar mi plato con comida. Katniss luce irritada, y sigo con la mirada a ver qué está fastidiándola. Está mirando a Peeta y luego a sí misma, y me toma un minuto comprender que están vestidos con el mismo conjunto. Como un equipo. Ella no parece feliz al respecto pero no dice nada, asique supongo que Cinna y yo ganamos esta pelea por ahora.
Me sirvo tanto guiso como me es posible comer y trago un par de tazas de café antes de sacar mi petaca y tomar un largo trago. Bien. Ahora, a encarar el plan para hoy. Me apoyo en mis codos y miro a mis tributos. Ellos me devuelven la mirada, prestando mucha atención a cada palabra que digo.
—Ahora, vamos al caso. Entrenamiento. Primero que nada, si quieren, puedo entrenarlos por separado. Decidan ahora.
Nunca me ofrecí a entrenar a los chicos juntos, pero quiero trabajar con Cinna en cuanto a hacer a estos dos trabajar juntos.
—¿Por qué querrías entrenarnos pos separado? —pregunta Katniss.
Eso es exactamente lo que quiero oír. Incluso Katniss, que parece querer hacer todo sola, está subconscientemente aceptando la idea del Distrito 12 como un equipo. Antes de que se dé cuenta, Cinna y yo la tendremos pensando que trabajar en equipo fue su idea.
—Digamos que tienes una habilidad secreta de la que no quieres que el otro sepa —le digo.
Peeta ya parece saber que ella es buena con el cuchillo. A menos que esté escondiendo algo más grande que la habilidad de apuñalar a alguien, no creo que tenga nada que ocultar.
Ella mira a Peeta, que dice:
—Yo no tengo ninguna habilidad secreta. Y sé cuál es la tuya, ¿no? Quiero decir, comí suficientes de tus ardillas.
Esto me toma de sorpresa. ¿Ardillas? ¿Qué, puede correr lo bastante rápido para atraparlas? ¿Tal vez les tiende trampas? Seguro que no les arroja cuchillos. Eso sería desagradable.
—Puedes entrarnos juntos —afirma ella.
—Muy bien —digo, echándome hacia atrás en la silla y frotándome las manos—. Denme alguna idea de lo que pueden hacer.
El Distrito 12 tiene una distintiva desventaja en lo que respecto a cualquier habilidad especial, ya que los chicos no aprenden el oficio del Distrito hasta después de que sus días de Cosecha acabaron. Estoy de suerte que Katniss pueda arrojar un cuchillo y Peeta tiene el aspecto como si pudiese prensarme. Ninguno de estos tributos es alguna criatura de aspecto famélico que nunca tuvo una comida decente.
—No puedo hacer nada. A menos que cuentes hornear pan —responde Peeta.
Hacer pan no es una parte integral de los Juegos. Tampoco lo es decorar tortas u hornear galletitas. Él debe ser capaz de iniciar un fuego decente ya que trabaja en una panadería, pero a menos que tengas un grupo numeroso de aliados para cuidarte la espalda, encender un fuego es el epítome de la estupidez.
—Lo lamento, pero no. Katniss, sé que eres buena con el cuchillo.
Realmente estuve maquinando esta cosa del cuchillo en mi cabeza. Por lo que sé, pudo haber sido un golpe de suerte cuando lo clavó entre mis dedos y cuando lo clavó genialmente en la pared.
—No realmente. Pero puedo cazar. Con arco y flecha.
Cazar. El Distrito 12. Alguien estuvo infringiendo las leyes, pienso para mí con el fantasma de una sonrisa. En otros tiempos la hubiesen azotado hasta casi matarla, pero esta generación de Agentes de la Paz es un poco más relajada en lo que respecta a obedecer las leyes. Tendré que agradecerles la próxima vez que los vea. Regalarles una tarjeta o algo que exprese lo agradecido que estoy por su ineptitud.
—¿Y eres buena? —pregunto con una nota de desesperación.
Será capaz de cazar algunos conejos lentos, pero hay una diferencia entre un peludo pequeño bicho buscando un poco de pasto que masticar y un tributo que pelea por su vida.
Ella lo piensa por un minuto.
—Soy aceptable.
Oh. Nada especial, entonces. Oh, bueno. Estoy a punto de seguir cuando Peeta interrumpe.
—Es excelente —protesta él—. Mi padre le compra las ardillas. Él siempre cometa cómo la flecha nunca perfora el cuerpo. Siempre golpea a cada una en el ojo. Es lo mismo con los conejos que le vende al carnicero. Y hasta puede abatir ciervos.
Interesante. Los ciervos son lo más cercano a un tributo asustado y sediento de sangre que encontrarás en el Distrito 12. Quizás tengo algo aquí. Sólo quisiera que mis tributos me contaran directamente en qué son buenos y malos, en lugar de mansamente sugerir que podrían ser buenos en algo. Ambos están irritados con el otro por lo mismo.
Los siguientes minutos consisten en mí mirando de uno a otro de mis tributos, como si estuviese observando un atrapante deporte que ninguno de los dos quiere perder. Peeta argumenta que Katniss no debería menospreciarse, y ella argumenta que él está menospreciándose al no mencionar sus proezas de lucha libre y sus habilidades de levantamiento de pesos. Ella lo está mirando extrañamente como Effie lo hizo ayer antes de que rompiera mi botella, y yo estoy empezando a pensar que debería intervenir antes de que alguien salga herido. Léase Peeta. Las mujeres son seres peligrosos.
—…estarás viviendo en un árbol comiendo ardillas crudas y disparando flechas a la gente. ¿Sabes lo que me dijo mi madre cuando fue a despedirse? Como para animarme, me dijo que quizás este año el Distrito 12 por fin tendría un vencedor. Entonces me di cuenta que no se refería a mí, ¡se refería a ti!
Ouch. Quisiera hacer una mueca de simpatía pero lucho por mantener la cara impasible y pretender que no acabo de oír eso. Debo respetar el hecho que el chico no se dejó aplastar ni se rindió cuando su propia madre lo dio por perdido. Este arrebato detiene a Katniss de su ataque verbal, y se calma un poco cuando considera esto.
—Oh, se refería a ti —le dice después de un momento.
Pero por la expresión de Peeta no estoy tan seguro. No parece como si estuviese mintiendo; el pobre chico está al borde de las lágrimas. Además, esto no es algo sobre lo que generalmente alguien mentiría.
—Dijo: "esta chica sí que es una superviviente". Esta chica.
—Pero sólo porque alguien me ayudó —ella le da una mirada cargada de significado, y me quedo preguntándome cuál es exactamente la historia entre mis tributos.
No me parecen los mejores amigos, pero hay algo en sus pasados de los que no estoy para nada al tanto.
—La gente te ayudará en la arena. Estarán tropezándose entre ellos por patrocinarte.
Él no está equivocado. Después de tomar el lugar de su hermana, tener un debut magníficamente ardiente, y con toda la determinación contenida justo bajo la superficie, los patrocinadores enloquecerán por ayudar a Katniss Everdeen. Ya lo han hecho, y si puede mantener un buen espectáculo una vez que estén en la arena, más la seguirán pronto.
Él se gira hacia mí y dice:
—Ella no tiene idea. No tiene idea de la influencia que puede tener.
Sabiendo lo que Portia dijo ayer acerca del aprecio de Peeta hacia Katniss, esto me parece que está peligrando en ser una confesión acerca del modo en que siente respecto a ella, sin decirlo directamente. Katniss parece confundida por su afirmación y me figuro que es tiempo de seguir adelante. Apenas los hemos coaccionado hacia el modo trabajo en equipo, y no quiero espantarla de la idea por alguna confesión de chico–gusta–de–chica. Esto es una pelea a muerte, asique no veo cómo este tipo de conocimiento lo hará más fácil.
—Bueno, entonces. Bien, bien, bien. Katniss, no hay garantías de que habrá arco y flechas en la arena, pero durante tu sesión privada de entrenamiento con los organizadores de los Juegos, muéstrales qué sabes hacer. Hasta entonces, mantente alejada de la arquería. ¿Eres buena con las trampas?
—Sé algunas básicas.
—Podrían ser importantes para conseguir comida. Y Peeta, ella tiene razón, nunca subestimes la fuerza en la arena. Con frecuencia, la fuerza física inclina la ventaja hacia un jugador. En el Centro de Entrenamiento habrá pesas, pero no reveles cuánto puedes levantar delante de los otros tributos. El plan es el mismo para ambos. Irán a entrenar en grupo. Pasen el tiempo tratando de aprender algo que no sepan. Arrojen una lanza, utilicen mazas o aprendan a atar un nudo decente. Guárdense de mostrar en lo que son mejores hasta las sesiones privadas. ¿Está claro?
Ambos asienten. No puedes realmente discutir con el sentido común. Tener a otros tributos sabiendo lo que puedes hacer puede estar bien para los Profesionales, desde que todos saben que son máquinas de matar al nacer, pero si supieran que mis tributos son capaces de algo espectacular, los matarían de inmediato para quitarse de encima a la competencia. Es más fácil matar a alguien en la Cornucopia de lo que es encontrarlos después. Una rápida lanza en la espalda hace milagros por cambiar el resultado de los Juegos.
—Una última cosa. En público, quiero que estén juntos cada minuto —puedo ver que los dos están a punto de discutir y goleo con fuerza la mesa para acallarlos—. ¡Cada minuto! ¡No me discutan! ¡Estuvieron de acuerdo en hacer todo lo que yo les dijera! Estarán juntos y serán amables el uno con el otro. Ahora, lárguense. Encuentren a Effie en el ascensor a las diez para el entrenamiento.
Peeta parece resignado, pero Katniss luce disgustada. Sé que ella está pensando que todo esto es una farsa. Peeta es el enemigo, ¿asique por qué diablos debería poner en escena un espectáculo y aparentar que trabajarán juntos hasta el amargo final? Quiero contarle que hay posibilidades de que alguien más mate a Peeta antes de que ella deba enfrentarlo, incluso si acaban trabajando juntos. O ella podría ser asesinada antes de que él tenga que matarla. Hay veintidós otros tributos y cantidad de "accidentes" que han sido tramados por los organizadores de los Juegos, asique las probabilidades están a su favor en lo que a eso respecta.
Está mordiéndose el labio. Probablemente quiere gritarme, pero se conforma con salir a zancadas de la habitación con Peeta siguiéndola a la distancia. Un minuto después escucho un portazo y hago una mueca.
—Alégrate, preciosa —le digo a la habitación vacía, tomando otro trago de mi petaca—. Estar enojado significa que aún estás vivo.
