6. Entrenamiento
Me desperté. Había soñado con Laura, Markus, Lily y la gente de mi distrito. Creía estar allí. Hasta que abrí los ojos y me devolvió al sitio donde sólo había soñado con estar en mis peores pesadillas desde que cumplí los 12 años. Me levanté. Hoy comenzábamos con los entrenamientos durante los próximos 3 días. El desayuno fue como siempre muy abundante como todas las comidas de la ciudad. Los consejos de Marlon fueron como siempre muy breves, un único: no mostréis vuestras habilidades, sólo aprended lo necesario para sobrevivir. Nos vestimos con un traje gris y rojo con el número 13 y bajamos al Centro de Entrenamiento.
En el Centro de Entrenamiento, ya estaban todos los tributos. Los profesionales de los distritos 1, 2 y 3 ya estaban en los puestos de armas, lanzando hachas y cuchillos a los maniquíes. Lo mismo hacían otros tributos pero con menos puntería o con menos experiencia. No se podían hacer comparaciones entre los profesionales, luchadores natos que querían ganar a toda costa, y los que son como nosotros, escogidos al azar solo queriendo salir de aquí con vida. A diferencia de ellos, nos fuimos a los puestos de supervivencia. Lo primero que hicimos fue atar nudos. Eran mucho mejores que los que había aprendido a hacer de pequeño. Cuando el monitor se volteó, cogí una estaca y le hice un nudo con el hilo de metal. Intenté lanzarlo. Salió como quería. Lo desaté como había aprendido. Miré a los cuchillos. "Perfecto para lanzar alguno durante los Juegos" pensé.
- Oye, - le susurré a Sarah - ¿tú tienes alguna habilidad con las armas?
- Bueno... Mi padre me enseñó a usar el arco, así que supongo que disparar flechas - dijo - ¿Y tú? - me preguntó
- ¿Por qué te lo iba a decir? Se supone que no podemos revelar nuestras habilidades - dije
- Oye, que yo te lo he dicho. Cumple el trato - dijo
- Vale - dirigí mi mirada hacia los cuchillos - Supongo que lanzar esos cuchillos - emití una minúscula sonrisa
Durante los siguientes dos días, hicimos lo mismo: pasar por los demás puestos de supervivencia. Las armas ni las tocamos.
Llegó al fin el tercer día, el día de la sesión privada. Solo, cada tributo, demostrando sus habilidades ante los Custodios, los controladores de los Juegos. Luego te ponen una nota del 1 al 13, la cual muestran públicamente, calificando tus habilidades.
En aquella sala, el tiempo pasaba lento. Todos los tributos se iban yendo y no volvían, ya que salían por otra puerta. Sarah entró y, según me contó después, mostró lo que podía hacer, creando una estrella de flechas en la diana.
Luego, fue mi turno. Entré, sólo para ver a todos los Custodios comiendo y riéndose, sin prestar atención a mi presencia.
- ¡León Adler! ¡Distrito 13! - dije con calma y en voz alta.
Me escucharon y se giraron. Cogí dos cuchillos y los até con los hilos de metal, y los oculté bajo las mangas. Luego cogí otros tres y los lancé al maniquí. Quedaron en línea vertical, sólo el del medio no quedó perfecto. Me giré para mirar a los Custodios. Volvían a estar como cuando entré. Dentro de mi cabeza, me comía la rabia. Seguramente estaban aburridos, por eso ya no dedicaban la misma atención que les pudieron haber dedicado a los profesionales. Lancé los cuchillos que había atado antes, hacia el maniquí, cortándole los brazos. Volví a girarme. Lo mismo. De acuerdo, se iban a enterar. Me fijé en una manzana verde brillante que estaba encima de una gran montaña de ensaladilla. Bien, objetivo perfecto y fijado. Lancé de nuevo los cuchillos atados al hilo de metal. Los cuchillos se clavaron en la manzana. Los atraje hacia mí tirando de los hilos, mientras que los Custodios me miraron atónitos. Solté ambos hilos como había aprendido. Sostuve la manzana con ambos cuchillos clavados mientras me miraban.
- Muchas gracias por su tiempo y atención. Buenas tardes - dije y dejé la manzana en la mesa, sin retirar los cuchillos de ella.
Salí de la sala y esbocé una pequeña sonrisa.
- ¿¡Qué!? - me gritó Effie
Había llegado mientras Sarah y yo hablábamos de nuestras sesiones privadas y oyó mi historia de lo que había hecho.
- ¿¡Tú sabes lo que has hecho!? ¡Puedes habernos costado los patrocinadores que ganamos con el desfile! - gritó como una fiera
No pensé que fuese tan grave. Al menos, cuando lo hice. Ahora, me lo estaba pensando. Justo llegó Marlon.
- ¡Marlon, lo escuchaste! ¡Dile algo! - siguió Effie
- Muy bonito, chaval - dijo. Creí que me iba a echar una reprimenda. Pero, esbozó una sonrisa - Estuvo muy bien eso que le dijiste. ¿Y como se quedaron?
- Con una cara de atontados - dije, copiando su sonrisa.
Esto hartó los nervios de Effie. Siguió soltando cosas en su enfado, mientras que Sarah no decía nada.
Nos situamos frente al televisor. Iban a dar las notas. Los profesionales estaban entre el 8 y el 10, los demás, algunos llegaban al 8 y la mínima fue un 5 que sacó uno de los tributos del distrito 6. Diane, la pequeña tributo del distrito 12, sacó un 7 al igual que Sarah. Quedaba mi nota. Mantuvimos la mirada en la pantalla, esperándonos lo peor. Hasta que un 11 apareció en la pantalla, junto a mi rostro. No nos fijamos en las notas de los que quedaban. Tenía la nota más alta de estos Juegos. Effie estaba contenta. Yo también. Y Marlon. Aunque se giró para decirme una cosa:
- ¿Sabes que esto es como una espada de doble filo? - me preguntó. Eso quería decir que había un punto malo en tener la nota más alta - Normalmente, los tributos con mayor nota mueren antes, porque son considerados una amenaza peligrosa, sobretodo por los profesionales. Esto va por los dos: Tened cuidado con ellos y sobretodo, seguid vivos.
