Hola a Todas y todos! Lo sé, me quieren matar por demorarme tanto. La verdas este capítulo lo tenia a medias hace mucho, pero no habia tenido el tiempo para finalizarlo, han pasado muchas cosas desde la última vez que subí un capitulo, cambios de casi 180 grados en mi vida, y me ha costado adaptarme a todo, pero creo que finalmente agarré el ritmo (espero).
Simplemente quiero pedir las disculpas correspondientes, y espero que todo el tiempo que han tenido que esperar haya valido la pena. Espero que lo disfruten.
Un abrazo a todos!
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Correr tras de tí
Capitulo 7: Tropiezos.
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Sonrió presuntuoso mientras los flashes caían sobre él uno tras otro, giró su cuerpo a la vez que alzaba la mano saludando a los periodistas que se habían aglomerado fuera del edificio de Inversiones de Industrias Stark. La presentación había sido un éxito total, los inversionistas habían quedado complacidos con el nuevo proyecto al igual que la prensa que había ingresado al salón para redactar la noticia. Sin embargo afuera le esperaba la otra prensa.
-¡señor Stark, por favor alguna declaración sobre su persona!
-¿por qué ocultó que era un omega?
-¡Se rumorea de que tiene un alfa! ¿Es verdad?
Sí. Esa prensa.
Evitó hacer una mueca de desagrado. Simplemente inspiró y sonrió juguetón hacia las cámaras, dejando caer las gafas negras por el puente de la nariz para que pudieran observar sus ojos castaños.
-amigos, si hablan todos a la vez no puedo escucharlos- miró a una reportera morena, bastante joven, y que se veía un tanto azorada entre la masa de personas y cámaras que se movían a su paso. Reportera nueva, quizás su primera nota- tú querida, comencemos por tú pregunta- le dijo sonriendo coqueto. La chica boqueo un segundo sorprendida antes de acercarle el micrófono.
-¿cómo han sido las últimas semanas luego de que el mundo se enteró que es un omega?- la chica habló rápido y hasta podía ver su pecho subiendo y bajando de forma acelerada.
-básicamente lo mismo, aunque ahora me coquetean mas- hubo algunas risas. La chica continuó.
-¿Su cuenta de instagram fue una estrategia para aplacar las voces que hablaban en su contra?
-por supuesto que no. Estaba aburrido y soy narcisista, ¿qué esperaban?- más risas se oyeron mientras los reporteros se acomodaban tratando de acercar lo mas que podían sus micrófonos.
-El Capitán América es un alfa ¿ha sido muy difícil vivir con él?-pudo sentir como el ambiente tuvo un ligero cambio. Sonrió petulante.
-para nada. El Capitán también consume supresores y la relación dentro de la torre se lleva como la de cualquier equipo de superhéroes- hubo algunas risas ante lo último.
-¿nunca ha tenido conflictos con él por sus naturalezas?- se adelantó otro reportero.
-bueno, para ser justos ¿Quién no tiene conflictos conmigo?- más risas- además, es imposible enojarse con alguien que cocina tan bien. Es poco práctico.- volvió a acomodarse las gafas mientras le hacía una seña a los de seguridad- eso es todo por ahora, mi agenda es bastante apretada.
La masa de periodistas le siguió hasta el auto en donde le esperaba Happy tratando de conseguir alguna última declaración. Apenas la puerta se cerró soltó el aire de los pulmones, el auto arrancó rápidamente dejando pronto atrás al imponente edificio de Inversiones Stark. Aflojó su corbata y se desparramó de forma poco decorosa en el asiento de cuero. Había olvidado lo tedioso que era eso.
-¿muy agotado?- preguntó Happy mirándolo por el retrovisor.
-te ves demasiado contento para mi gusto- le dijo frunciendo el ceño- ¿qué de bueno hiciste con Pepper que te tiene así? No espera. Mejor no me digas. Es de mala educación que el ex novio pregunte esas cosas al actual.
Aflojó la corbata con tedio y se dedicó a mirar por la ventanilla polarizada el paisaje que había fuera. Steve se había ido junto a Natasha esa misma mañana, Fury los había llamado, y como ni él ni Bruce habían sido convocados, debía ser uno de los tan famosos asuntos secretos de Shield.
No habían dicho mucho, solo que estarían fuera algún tiempo. Rechinó los dientes, algún tiempo podía significar una semana a meses, y no quería reconocer que se sentía un poco ansioso porque Steve estaría lejos de él tanto tiempo.
Cuando llegó a la torre fue a ver a Pepper, la mujer estaba sentada tras el imponente escritorio de vidrio revisando algunos documentos. La charla fue breve, más que nada porque la pelirroja le miraba de una forma extraña con sus brillantes y calculadores ojos celestes que le dio una sensación de estar siendo completamente escaneado.
Si había alguien a quien nunca podría mentir, esa era Pepper. Bien, lo había hecho, pero siempre con el pulso acelerado por el miedo a ser descubierto, su amiga sabía leerlo de una manera escalofriantemente asombrosa, pudiendo ver tras su armazón y ver qué es lo que se escondía dentro de él. Y en este momento, no deseaba que viera su inquietud por la ausencia de Steve, porque si preguntaba no sabría que responder.
Las cosas se calmaron con relación a su figura pública, ya no hablaban tanto de él y los malos comentarios se habían reducido significativamente. Pepper le obligó a colocarse al día con los permisos que debía firmar para las construcciones de los nuevos edificios, además de la revisión de los planos. Gastaba casi toda su mañana en ello, para luego volver al pent-house para unirse a Bruce en las investigaciones que llevaba.
Para el diez de enero Clint volvió a la Torre. Había saltado de alegría al verlo y se lanzo a sus brazos entre las risas del arquero, pero hubo algo que llamo su atención. Cuando Clint se acercó a Bruce para saludarlo, el científico se sonrojo hasta las orejas, desvió su vista abochornada al piso y saludo de forma tímida a Barton. Por su parte Clint le sonrió como siempre, pero su mandíbula se encontraba un poco tensa al estrechar su mano, para luego suspirar y colocar cara de circunstancia.
-a veces esas cosas pasan- dijo al aire, mientras Bruce le volvía a sonreír un tanto abochornado, pero ya no tan tenso.
Los malditos no le quisieron contar a qué se debía eso.
Para su desesperación, no había rastro de Steve, cada día las ansias crecían en él, pero trataba de aplacarlas o simplemente ignorarlas mientras se sumergía en horas y horas de trabajo y proyectos. Tampoco reconocía que extrañaba el café y las donas en las mañanas que eran sólo para él.
Fueron necesarios cincos días más para que Steve se dignara a aparecer por la torre, su pecho con suerte lograba contralar lo desbocado y acelerado de su corazón apenas Jarvis le aviso del arribo del capitán.
Se limpio las manos con un paño, tratando de sacarse todo el aceite que se había derramado sobre sus brazos mientras arreglaba las motos que preparaba para Natasha y Steve, y se encaminó hacia la sala, no sin antes pararse frente a su reflejo en uno de los vidrios para arreglar su cabello. Se pateo mentalmente luego de hacerlo.
Después de todo, ¿por qué se arreglaba? ¿Por qué salía a recibir inmediatamente a Steve? Una lucha dentro suyo se dio lugar mientras iba hacia el encuentro del rubio. Por un lado esas ansias que le agobiaban por ver nuevamente a Steve contra su orgullo que le decía que no lo hiciera.
Si bien antes tenía motivos de sobras para hacerle caso a esa voz, ahora se habían reducido. Se detuvo en el pasillo que daba hacía la sala, aflojó sus manos que se habían vuelto puños en algún momento del camino, e inspiró un par de veces tratando de calmar ese gusanillo que se revolvía sin cesar dentro suyo, provocándole un leve mareo. Cerró fuertemente los ojos, volvió a inspirar y caminó recto, derrochando confianza a cada paso.
Lo primero que vio fue una cabellera dorada y una sonrisa deslumbrante que logró paralizarlo en su puesto a la vez que su estómago subía hasta su garganta. Steve hablaba algo con Clint, mientras Natasha había rodeado sugerentemente un brazo alrededor del cuello de Bruce.
No se habían dado cuenta que había llegado, pero no tuvo el tiempo de ofenderse por ello porque estaba muy ocupado en tratar de hacer funcionar su cuerpo, y su mente. ¿Cómo debía saludar a Steve? ¿Una broma casual quizás? Tal vez debería saltar sobre él como hacía con Thor y Clint cuando llegaban a la torre luego de estar afuera un tiempo. No, no podría hacer eso sin que su cara se tornara roja o le diera un infarto.
¿Quizás un apretón de mano?
-ey Tony, mira, ya llegaron- Bruce habló en un tono suave, pero en su raro estado actual parecía que le hubiera gritado y puesto electroshock, su columna se envaró y se sintió extrañamente tenso cuando todos se voltearon a verlo. Sonrió un tanto forzado.
-¡bienvenidos nuevamente a mi humilde morada!- les dijo abriendo los brazos y adelantándose un par de pasos.
-gracias por tu adorable recibimiento- le dijo Natasha sonriéndole levemente como saludo, él le guiñó un ojo en respuesta. Carraspeo un poco para envalentonarse antes de darse vuelta y mirar a Steve, su corazón se detuvo un segundo cuando conecto sus pupilas a ese mar azul.
-ey, Tony- le dijo Steve sonriéndole un poco para luego girar su vista a Clint- déjame mostrarte el archivo antes de la comida.
-¿tu cocinaras, no? ¡Hombre! Me dio tanta envidia cuando vi la fotografía- dijo Clint sonriente mientras palmeaba uno de los brazos de Steve, y sin más, los dos hombres desaparecieron por uno de los pasillos.
¿eh?
¿ey, Tony?
¿Ey, Tony?
¿!EY, TONY¡?
¡¿PERO QUÉ MIERDA?!
Sabía que su mirada debía ser estúpida en ese momento, sentía que había dejado caer su mandíbula, pero el shock no le dejaba cerrar la boca y recomponer su pobre postura. Su mente giraba una y mil veces a la vez que sentía un vacio asentarse en su estomago y ácido caliente burbujear en su pecho.
¿Ey, Tony? ¿Lo estaban jodiendo? ¿Ese había sido el caluroso saludo de Steve luego de dos semanas sin verse? Su ceño se frunció a la vez que encaja la mandíbula haciendo un esfuerzo sobre humano para no rechinar los dientes. Inspiró lentamente mientras que todo a través de sus ojos se ponía color rojo.
Ignoró a Bruce y Natasha que se encontraban al lado suyo, giró sobre sus talones, y pisando como un elefante se devolvió a su taller, echando chispas por los ojos y humo por las orejas.
¿Eso había sido todo? Se sentía como un completo imbécil. Durante las últimas dos semanas su cuerpo se había sumido en una ansiedad que cada día aumentaba por la ausencia de Steve. Los días que habían estado solos en la torre habían calado de forma más profunda de lo que llegó a pensar, y de alguna forma, con el pasar de los días, llegó a estar seguro que Steve también debía estar pasando por lo mismo, o por lo menos, por algo similar, después de todo había sido él el que lo había buscado, el que había susurrado palabras tiernas que se metieron bajo su piel, el que le dio abrazos que hacían extrañar su calor, el que le cocinó, el que le sonreía todas las mañanas. El que había sujetado su mano de una forma tan cálida como nadie lo había hecho hasta ahora.
¿Y ahora lo saludaba con un puto "ey, Tony"? No sabía si su rabia era hacía Steve o hacía sí mismo, después de todo, ¿Qué esperaba? ¿Un abrazo, un ramo de flores, un beso en la mejilla? Ni siquiera sabía qué esperar de ese reencuentro, pero de lo que estaba seguro era que no se esperaba uno tan escueto.
Golpeo su frente contra la mesa de metal mientras gruñía entre dientes maldiciones infinitas hacia Steve. Hacia el alfa Steve, y también hacia su omega que se revolvía dentro de él queriendo ir directamente hacia el rubio.
Como odiaba ser omega.
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-yo pensé que todo había ido bien- le soltó Clint apenas ingresaron a su habitación. Steve encendió la computadora que estaba sobre el escritorio para luego girarse a verlo interrogante. El arquero se encogió de hombros- ya sabes, con Tony. Pensé que avanzarías esos días que estuvieron solos.
-oh- dejo salir entendiendo a Barton- pues, de hecho, así fue- el agente alzó una ceja y su sonrisa cambió a una irónica.
-¿entonces pelearon?- preguntó dejándose caer en su cama. Steve se dedicó a teclear en la computadora antes de girarse nuevamente a su compañero.
-no, no lo hemos hecho- Clint alzó ambas cejas, su cara con una expresión que era de burlona sorpresa.
-¿y lo saludaste así? ¿Por qué?- dejó caer la vista al piso. Para ser franco, había estado muy ansioso mientras se encaminaban a la torre, durante las semanas que estuvo fuera junto a Natasha su cuerpo cosquilleaba por sentir la cercanía de Tony, siendo ya casi insoportable los últimos días.
Todas las mañanas lo primero que pensaba era en Tony, en la cara que debía tener en ese momento, con la ropa mal puesta, descalzo y el cabello alborotado con sus grandes ojos castaños buscando café. Durante las noches, mientras cerraba los ojos para dormir, lo imaginaba en su taller, con su cara concentrada observando algún artefacto sobre la mesa de trabajo, con la lengua entre los dientes y las gafas de seguridad puestas en la frente porque se le olvidaba que las llevaba ahí.
Tony estuvo ahí, en su mente todos los días.
Pero cuando le vio en la sala, sonriendo ampliamente y con los brazos abiertos, lo único en lo que pudo pensar fue en arrojarse contra él, apretarlo contra su pecho y oler ese exquisito olor natural que poseía y que se concentraba especialmente en su cabellera. Pero claro, aquello no le gustaría a Stark, por lo que se quedó en su sitio.
Pero cuando esos ojos castaños le miraron con esa chispa que destilaba emoción en cada línea de su iris, simplemente se bloqueó. Se sintió torpe, grande y desproporcionado al punto en que sentía que si trataba de moverse, rompería algo o se caería al piso, así que simplemente sonrió y lo saludó de la única forma en que su mente y cuerpo podían en ese momento de entumecimiento.
Ey, Tony.
Oh, dios santo.
-ahora entiendo- dijo urgido, comprendiendo la mirada de Tony cuando se fue con Clint. Oh por la santa trinidad, ¿cómo pudo haber hecho eso? ¿Cómo tan torpe? La risita de Clint le hizo volver a la realidad.
-oh, capitán, le falta un poco de tacto en relaciones amorosas.
-nunca lo he tenido- dejó salir en un quejido apesadumbrado. Clint se levantó de la cama y caminó hacía él, le dio un par de palmadas sobre el hombro antes de pasar un brazo despreocupado por su cuello.
-un consejo, de hombre a hombre, o de beta a alfa, ¿me entiendes? Arréglalo cuanto antes, porque mientras más tiempo dejas pasar más cosas se imaginará Tony, y los dos sabemos qué personalidad tiene Tony- autodestructiva, Tony tenía una tendencia hacía la autodestrucción cuando se sentía triste o abandonado. No podía dejar que pasara eso por su culpa.
-gracias por el consejo- le dijo mirándole agradecido, Clint le levantó el pulgar- ahora mira estos archivos.
-a la orden capitán.
Claro que acercarse a Tony representaba una odisea. Durante la cena ni siquiera le miro, inclusive su postura trataba de evitarlo, su cuerpo estaba ladeado hacía donde se sentaban Natasha y Bruce, y no paro de conversar con el científico durante toda la noche.
A la mañana siguiente trató de tentar terreno con unas donas y café, pero cuando fue al taller a dejarlas se encontró con que Tony estaba con Pepper, ambos con tazas de café y una caja de donas puesta sobre la mesa de trabajo. La pelirroja le miró calculadora, de ninguna forma le miró mal, más bien parecía curiosa, pero no le dijo nada cuando Tony desechó su ofrenda y se devolvió con la cabeza baja hacia la cocina.
El segundo día ni siquiera le vio la sombra. Natasha le dijo que había salido muy temprano en la mañana hacía algo relacionado con la empresa, preguntó a Jarvis si estaba en el edificio, pero la I.A le respondió que su jefe se encontraba en reuniones con el ejercito en una localización clasificada. Tony no llego ese día a la torre.
La ansiedad le quemaba por dentro, y todos lo podían ver. No tan solo porque Tony le rehuía muy eficientemente, sino que también porque al parecer, esa noche no volvería a la torre, y le preocupaba enormemente que le pudiera ocurrir algo, o que él decidiera hacer algo.
El reloj marcaba pasada la media noche, generalmente a esa hora ya estaría durmiendo, pero el insomnio había vuelto a él como cuando recién fue descongelado, y cómo lo que hacía en aquella ocasión, se encerró en el gimnasio con una torre de sacos de boxeo listos para destrozar.
Trataba de obviar la ansiedad y la preocupación que formaban un desagradable nudo en el inicio del estómago. Con cada puñetazo trataba de botar todos los malos pensamientos que le inundaban. No había razón de ser paranoico, y tampoco era razonable aquello, el pánico al igual que el temor nublaban el juicio, y él debía tener la mente despejada para cuando pudiera hablar con Tony, sin que ninguna palabra saliera a base de la ansiedad y desosiego que sentía en ese momento.
Siendo casi la una de la mañana, y con seis sacos destrozados, se vio extrañado cuando Jarvis le habló, generalmente no les hablaba a ninguno de ellos a menos que fuera un asunto importante o le hicieran una pregunta directamente.
-Disculpe que le moleste, Capitán Rogers, pero la señorita Potts desea hablar con usted.
-claro- dijo enseguida, sintiéndose más ansioso de lo que se sentía hace horas.
-por favor, acérquese al monitor junto a la puerta- le instruyó Jarvis. Se acercó a la pequeña pantalla que había a un costado de la puerta de acceso, y en unos segundos la pantalla negra se vio reemplazada por la imagen de Virginia, sólo le veía la cara, y por el leve movimiento de la imagen debía estar realizando esa video llamada desde su celular.
-señorita Potts- le saludó.
-Capitán- contestó de vuelta la pelirroja- espero que todo esté bien en la torre.
-todo perfectamente- respondió, colocándose recto y con las manos tras la espalda en un gesto casi involuntario- ¿ha ocurrido algo?
-Tony no llegará hoy a la torre- dijo la mujer, escrutándole con sus ojos celestes.
-me imagino que las reuniones son muy importantes- Pepper viró los ojos al cielo a la vez que un bufido salía de su boca.
-claro que lo son, pero Tony decidió quedarse a beber con Rhodey y un par de sargentos amigos, y no se quiere ir- a pesar de la molesta cara de Pepper al decir eso, no pudo evitar sentir un alivio. Tony estaba con el coronel, no debía de qué preocuparse.
-gracias por el aviso- contestó, y trató de no parecer tan aliviado ante la mirada de la pelirroja. Pepper tras unos segundos pareció decidir algo.
-¿ha sucedido algo estos días?- preguntó en un tono falsamente casual. Steve se tensó.- Tony ha estado de un humor especial, yo diría que molesto o irritado- comentó. Tragó en seco, y aunque hubiera deseado no comentar esto con Pepper, la mujer era como la madre-hermana-prima-abuela-novia-mejor amiga de Tony, parecía prudente hablarle con la verdad a ella.
- de hecho sí- dijo con un tono derrotado, pudo notar como Potts entrecerró los ojos- fue mi culpa- aseveró enseguida.
-lo escucho- Steve tomo un poco de aire antes de relatarle el frio saludo que le dio a Tony y del cual se encontraba profusamente arrepentido. Pepper chasqueó la lengua cuando terminó su breve relato- bueno, sin duda es un gran malentendido- aseveró- ¿qué harás al respecto?
-he tratado de hablar con Tony, pero el simplemente me rehúye- le dijo apesadumbrado. Pepper miró hacia un costado, pensando, antes de volver a mirarlo.
-waffles.
-¿perdón?
-Waffles- repitió la mujer, con una leve sonrisa- a Tony le gusta comer waffles para pasar la resaca- le dijo con una mirada significativa- hay una pequeña cafetería ubicada en Lower Manhattan, escondida en un sector poco transitado, Jarvis te puede dar la dirección- su pecho dio un brinco ante las palabras de Pepper, le sonrió emocionado a la mujer.
-claro, muchas gracias por el dato- Pepper le guiñó un ojo.
-no hagas que me arrepienta- le amenazó suavemente- iré a dejar a Tony a las siete.
A las 6:30 ya estaba listo y ansioso en el recibidor, echado tensamente en el sitial, con un pie repiqueteando frenéticamente contra el piso y pasando una y otra vez sus manos por su cabeza. Siendo un par de minutos después de las siete, escuchó el ruido del ascensor abriéndose.
Tony estaba ojeroso, con el cabello revuelto, y la chaqueta la llevaba arrastrando por el piso de cerámica sin ningún cuidado. No se dio cuenta de su presencia. Se levantó un tanto nervioso y caminó directamente hacia el castaño, quien dio un pequeño bote al reconocerlo.
-Steve- dijo entre dientes, más despierto de lo que había estado hace unos segundos- ¿qué haces tan temprano un sábado?
-voy a desayunar afuera- le dijo tratando de sonar casual mientras metía sus manos a los bolsillos.
-¿afuera?- cuestionó Tony con el ceño fruncido- ¿y solo?
-así es. Supe de una cafetería en Lower Manhattan que venden unos Waffles deliciosos, y quiero ir a probarlos- dijo de forma natural, trató de mantenerse neutral cuando los ojos de Tony brillaron ante la mención de los Waffles.
-¿y cómo se llama esa cafetería? Porque no sé si sabes, pero es muy temprano como para que una esté abierta- le dijo mientras se echaba la chaqueta al hombro.
-creo que se llama Noona Desert si no me equivoco- los ojos de Tony chispearon en reconocimiento del nombre.
-oh, claro, la conozco- le dijo.
-me dijeron que es muy buena. Yo sólo he probado los waffles tradicionales, pero creo que ahí venden una gran variedad, con salsas especiales, acompañados de frutas y azúcar flor, creo que algunas las venden con chocolate y manjar de cubierta- Tony se relamió los labios ante sus palabras- tengo mucha hambre, así que pensaba ir probarlos todos.
-¿todos?- preguntó Tony sorprendido. El asintió con una sonrisa.
-sí, hoy no tengo nada que hacer, y los waffles suenan deliciosos, ¿no?- el castaño parecía turbado, y Steve se regodeó en la duda y emoción que comenzó a aparecer en sus ojos- ¿quieres algo? Te lo puedo traer, pero creo que me demoraré, a menos que me quieras acompañar y pedir algo, si es que tienes hambre.
Los siguientes segundos fueron eternos para Steve mientras Tony se debatía entre tomar la oferta o no. Esperaba que su afán por los postres dulces y el café se doblaran en su favor. Cuando el semblante de Tony cambio a uno decidido tragó en seco.
-espera acá- le dijo sin más y desapareció dentro de la torre. A pesar de la inquietud que le dejo su respuesta, rápidamente una sonrisa se apoderó de su boca, si no estaba entendiendo mal, había ganado. Y aquello se confirmó cuando Tony volvió al recibidor, con el cabello mojado y ropa nueva.- ¿Qué esperas, vamos?
No le importó que mientras manejaba hacia la cafetería Tony iba en silencio, con los ojos entrecerrados y con cara de trasnochado. Obviamente resentía un poco el haber bebido anoche, así que lo dejó tranquilo mientras conducía por las calles de nueva york, la mañana estaba helada y la acera mojada por el derretimiento de la nieve, no le tomó mucho aparcar fuera de la cafetería.
Apenas entró se sintió cómodo, tanto el piso como las paredes eran de maderas, adornado de una forma que tan solo las abuelas lograrían y que daba la sensación de estar en casa. Había apenas tres personas a esa hora de la mañana.
Tony se dirigió sin ni una palabra hacia el fondo, a una mesa apegada a la pared con un cuadro de gatos colgando a un lado. Se sacó la chaqueta al igual que el castaño, y dio un vistazo rápido para ver si había ojos indiscretos, pero parecía que cada uno estaba en sus asuntos.
-¿qué se van a servir, niños?- le dijo una señora entrada en años, la mayor parte de su cabello era gris, un tanto rellenita y con un delantal con vuelos rosado pendiendo de su cintura. Las gafas redondas simplemente la hacían ver como una anciana adorable y amable.
-Waffles york- dijo enseguida Tony- con un café, bien cargado y sin azúcar.
-lo mismo, pero quiero un juego de naranja- la anciana asintió sonriente y se fue tras el mesón- ¿ya habías venido aquí?- preguntó con fingido interés.
-un poco.
Mientras esperaban el pedido, Tony se desparramo sobre la mesa, cerrando los ojos e inspirando lentamente. Por su parte se dedicó a apreciar el local y disfrutar la música que sonaba suavemente en la estancia, el olor que flotaba en el aire era simplemente delicioso.
-que lo disfruten, mis niños- le dijo con una sonrisa la anciana mientras dejaba sus pedidos en la mesa. Realmente se veía delicioso, eran dos grandes waffles espolvoreados con manjar y miel chorreando entre medio. Se lo devoró en un instante, y con vergüenza llamo nuevamente a la anciana para pedir dos más.
-deliciosos, ¿o no?- le preguntó Tony llevándose un bocado a la boca.
-definitivamente- le dijo relamiéndose los labios- hay que venir más seguido- Tony se le quedó mirando, pero no le dijo nada.
Meditó unos cuantos segundos antes de inspirar para tomar valor.
-Tony- comenzó despacio sin saber cómo continuar- yo emm…. Me alegra verte de nuevo- le dijo posando sus ojos en él. Por su parte el castaño le miró brevemente antes de bajar nuevamente la mirada a su plato, cortando lentamente su desayuno- eso es lo que quería decirte cuando llegué, más o menos- la verdad es que había querido abrazarlo y decirle que lo había extrañado muchísimo, pero aun no sabía cómo Tony recepcionaría sus palabras.
-oh- soltó Tony bebiendo de su café, su ceño levemente fruncido- pues no lo pareció- comentó. Steve sabia que le estaba recriminando indirectamente, Stark era lo suficientemente orgulloso para no reconocer cuando algo le había hecho daño.
-si lo sé, es que estaba tan emocionado por verte de nuevo que quería abrazarte, pero creo que eso no te hubiera gustado mucho- le dijo con sinceridad. Tony le miró rápidamente antes de volver su vista al plato, pero pudo ver que su semblante se había relajado bastante- y pues, no soy muy bueno con las palabras…- Tony bufó.
-¿qué no eres bueno con las palabras? Por favor Steve, das discursos motivacionales casi a diario- se mofó el castaño apuntándolo con su tenedor. El sonrió culpable.
-pero eso es distinto, y lo sabes- Tony no le respondió- entonces… ¿estamos bien?
-claro, nunca estuvimos mal- dijo el otro rápidamente. Tras darle un par de bocados más a sus waffles los ojos castaños lo miraron suspicazmente- ¿has hablado con Pepper?- le preguntó entrecerrando los ojos, él sonrió lo mas inocente que pudo.
-por supuesto que no- respondió. Tony chasqueó la lengua.
-no sabes mentir, capitán.
La salida fue todo un éxito, Tony parecía satisfecho con su torpe disculpa, su relación volvió a ser como era antes de marcharse, sólo que ahora el equipo estaba de nuevo en la torre. Ya no tenían tantos momentos solos como los que tuvieron durante navidad y año nuevo, pero veía con agrado como Tony era más pasivo a sus avances.
Natasha miraba todo con aprobación, mientras Clint le levantaba los pulgares en señal de ánimo. Su rutina continuó como antes, le iba a dejar el desayuno a Tony al taller cuando no se aparecía en la cocina, por las tardes entrenaban junto al resto del equipo, aunque Natasha y Clint tenían el gesto de retirarse un poco antes para dejarlos solos.
Había tratado de controlar esos celos que le atacaban cada vez que Tony abrazaba o besuqueaba a Bruce, también cuando corría directo a los brazos de Clint para refregar su mejilla con la del arquero. Inclusive sintió un leve pinchazo cuando llegó un día y vio a Tony durmiendo sobre las piernas de Natasha mientras ésta leía un libro en el sillón de la sala.
-es tu alfa- le había dicho Natasha una noche, sentándose junto a él en la terraza, corría una brisa helada que enrojecía las mejillas- con Tony aun no se marcan, es más que obvio que sientas celos.
-lo siento- se disculpó, sabiendo que la viuda había captado sus celos cuando la vio con Tony.
-no son necesarias, es natural- respondió ella acercándose a él en busca de calor- después de todo Tony es tú omega ¿no?
-sí, estoy seguro de ello- respondió con suavidad. Los ojos verdes le analizaron unos segundos antes de dejar caer la cabeza sobre su hombro.
-ten un poco mas de iniciativa, Steve- le dijo la pelirroja mientras ambos miraban las estrellas.
-no creo que sea prudente- respondió, la escuchó chasquear la lengua.
-¿qué esperas? Steve, ambos son adultos, la vida no es secreto para ustedes, saben muy bien todas las consecuencias de sus actos, además de que son maduros emocionalmente, por lo menos tú- sonrió un poco ante lo ultimo- la vida que nosotros llevamos no es para tomarse todo con calma, el día de mañana alguno de nosotros puede que no vuelva.
-eso no ocurrirá- le atajó- nunca dejaría que eso pasara.
-el destino no lo podemos controlar, Steve.
-creí que no creías en el destino- la pelirroja se encogió de hombros.
-me refiero a los eventos ocasionados por otros, que escapan de nuestro control. Quería ser un poco poética.
-veo que se te ha pegado algo de Bruce- Natasha sonrió.
-eso es lo lindo de tener la pareja perfecta. Te ayuda a ser mejor cada día- La mujer cerró los ojos, disfrutando de la brisa nocturna.
-¿no tienes frio?- le preguntó mirando las mejillas sonrojadas de su amiga. Natasha abrió los ojos lentamente, sus ojos verdes denotando nostalgia.
-No. Me recuerda a Rusia- murmuró. Steve no le preguntó más. Él sabía, quizás como nadie, que no importa que tan desarraigados estuvieran de sus hogares, o los malos recuerdos que aquello acarreaba, había cosas, pequeñas, que uno añoraba y le entregaban una agria nostalgia la cual les revivía recuerdos dulces de momentos mejores.
Miró hacia el cielo y recordó el ruido de la moto que Tony le había hecho probar ese día. Recordó con una leve sonrisa como Bucky le retaba a una carrera cuando volvían a los campamentos luego de un ataque exitoso, con las caras llenas de mugre y los rifles tras la espalda. Cerró los ojos y otro recuerdo vino a la mente.
"¿acaso pasaron por hamburguesas?"
Había bufado molesto cuando Tony les preguntó aquello mientras llegaban a la isla durante el ataque de Loki. En ese momento pensaba en lo idiota e irresponsable que podía ser Tony, pero luego, durante la batalla, aquel hombre irreverente y ególatra le había dicho "tú ordenas, capitán", le había legado el liderazgo sin chistar y había acatado sus normas.
Cuando le vio tendido en el piso, luego de llevar el misil por el agujero de gusano, no podía sino reconocer lo valiente y heroico que había sido con aquella acción. Por lo que al despertar, cuando rogó que nadie le hubiera besado, no pudo más que reírse, dejando que el peso de culpa, por haber pensado y dicho cosas malas de él, que se había asentado en sus hombros, se fuera.
-da el siguiente paso, Steve- le dijo Natasha antes de entrar nuevamente a la torre. Él se quedó un rato mas afuera, dejando que el frio de la noche le ayudara a dilucidar en cómo avanzar.
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Enero ya estaba llegando a su fin cuando un arcoíris destellante cayó en la terraza de la torre. La capa ondeando tras la gran y varonil figura le hizo sonreír travieso. Thor le recibió con los brazos abiertos, carcajeándose con su profunda voz.
-mi amigo, veo que te han consentido bien- le dijo una vez que lo bajó.
-¿me estás diciendo gordo?- preguntó en fingido tono herido. Thor se carcajeo nuevamente, acariciando su cabello con su gran mano.
-nunca me atrevería a decir tal ofensa- le respondió antes de entrar a saludar al resto del equipo.
Aprovechando que el equipo estaba nuevamente reunido, Tony organizo una velada agradable. Música, buena comida y tragos que calentaran el cuerpo. Thor, obviamente, había traído de su brebaje asgardiano.
-yo me haré cargo- había dicho Natasha posicionándose tras la barra, sonriéndoles con coquetería, ellos tomaron asiento en los pisos de la barra- caballeros, buenas noches, ¿Qué les sirvo?
-un Whiskey en las rocas, por favor- dijo Tony guiñándole un ojo, siguiéndole el juego- por cierto, ¿qué hace una dama como usted trabajando en un lugar como este?- Natasha suspiró dramáticamente.
-tengo que mantener a mi novio- respondió mientras pasaba un trapo seco por la barra, como si la estuviera limpiando- es un buen hombre, pero le cuesta encontrar trabajo.
-¿mantienes a tu novio? Eso no lo puedo creer. Una mujer como tú debiera estar llena de lujos- le dijo golpeando la barra. Natasha batió sus pestañas mientras miraba con melancolía una botella.
-son consecuencias del amor- respondió con un tono lastimero. La risa de Clint rompió la escena.
-¡eh Bruce! ¿Cuándo le compraras alguna joya a Nat?- le preguntó el arquero pescando al científico de la nuca y meciéndolo un poco. Banner tenía la cara un tanto roja- Tasha, sírveme un daiquiri.
-un saltamontes- dijo Bruce levantando un dedo.
-todo porque es verde, que narcisista Brucie-phoo – Le dijo con mirada acusadora. Todos rieron.
-¿y para ustedes caballeros?- Tony miró a Steve que estaba a su lado, seguido de Thor.
-un submarino- respondió Thor. Natasha tomó dos jarras que rápidamente las lleno de cerveza para luego llenar un vasito con el licor asgardiano- salud, mi amigo- le dijo a Steve, y ambos rubios bebieron.
Natasha se sentó tras la barra y la noche avanzó entre risas y copas siendo rellenas por la coqueta pelirroja. Sin embargo, en un punto de la noche, Thor dio signos de estar pasándose un poco con el licor asgardiano y la cerveza, ya que su posición se volvió más ligera y sus ojos brillaban por el alcohol. En algún punto de su larga charla, llegó el tema de Loki.
-mi hermano esta recapacitando- dijo Thor, Clint bufó incrédulo, los demás guardaron silencio- estos años en la prisión le han servido para meditar. Mi madre procura entregarles libros midgardianos para que conozca mas de su reino, además algunos sanadores van a tratarlo y lograr que deseche todo ese rencor que creció en el.
-¿cuernitos está en terapia psicológica?- preguntó con gracia. Thor parpadeo confundido por sus palabras.
-es bueno que tú hermano esté recapacitando. Todos tenemos derecho a una redención- dijo Steve mirando solemne al dios. El rubio sonrió feliz.
-por supuesto que sí. Si hubieran conocido a mi hermano siglos atrás era completamente distinto. Éramos un dúo inseparable, todas nuestras primeras veces fueron juntos- aseveró. Tony alzó una ceja y miró alrededor tratando de ver si era el único que encontró rara esa frase- es el mejor hermano que podía pedir, me ayudaba y apoyaba en todo.
-cuesta creerlo- masculló Clint sobre el borde de su copa. Thor al parecer no lo escuchó, ya que sonreía al parecer por algún recuerdo.
-hace tiempo, cuando el deseo por la batalla corría por mis venas sin freno, deseaba tener un corcel digno de mi, grande y fuerte, y que fuera invencible- sonrió con un poco de nostalgia y orgullo- mi hermano un día, con resolución, me preguntó si de verdad deseaba ese caballo, yo le dije que con todo mi corazón, y él tan sólo me dijo, espera nueve meses y lo tendrás.
Okey. Definitivamente eso era raro. ¿Acaso trataba de decir que ese mito era verdad? ¿Qué Loki….? Alzo lentamente un dedo para llamar la atención del asgardiano a la vez que comenzaba a formular la pregunta en su mente, pero la mano de Steve se interpuso, tomando la suya y escondiéndola bajo la barra, a la vez que le miraba seriamente y movía la cabeza lentamente de un lado a otro.
Dio un vistazo rápido alrededor, y los demás también tenían caras de que no preguntara absolutamente nada.
Sí, quizás era mejor no saber.
-estoy ansioso de poder tener a mi hermano de antaño- prosiguió el rubio sin percatarse del intercambio de miradas de sus compañeros- compartir las batallas, las victorias y las noches.
Okey, definitivamente había que cambiar de tema.
¿Jane sabría?
-¡ey, Thor! ¿Sabes que Steve le cocino a Tony mientras nosotros no estuvimos?- dijo Clint en un tono más fuerte del necesario. Thor tomó a Steve por los hombros.
-¡bien hecho mi amigo! Mi madre siempre ha dicho que el primer paso al corazón es el estómago- dijo para luego soltar una feliz carcajeada que fue secundada por los demás, mientras él sentía que sus mejillas se ponían rojas de indignación.
-¡¿están diciendo que soy un glotón?!- les grito indignado para luego beber de su vaso vacio y terminar masticando los hielos.
-por lo menos no engordas- miró furibundo la sonrisa de Clint. Luego hizo un puchero y con cara lastimera se volvió hacia Steve
-¿estoy gordo?- preguntó pronunciando su puchero- porque si es así es tu culpa- Rogers sonrió levemente antes de hablar.
-por supuesto que no, estas perfecto- su corazón dio un palpito especialmente fuerte. No encontró palabras para responder aquello, así que estiró su vaso vacío hacia Natasha quien lo tomo con una leve sonrisilla.
El primer día de febrero los recibió con una mañana brillante, pero helada. Arrastró sus pies descalzos por el piso de la torre hacia la cocina, mientras que con una mano acariciaba su cabello, apretando las hebras entre sus dedos y midiéndolos, necesitaba un corte de pelo.
Al parecer aun no había nadie despierto, o quizás ya todos se habían levantado y habían salido. No le importaba, ese día había despertado con una agradable sensación que dejaban esos sueños que uno no podía recordar apenas abrías los ojos, aunque tenía la leve sospecha de que había soñado con Steve.
Ocultó la sonrisa en el borde de la taza de café. Era increíble como en cosa de meses esos detalles que antes lo hacían rumiar todo el día ahora le dejaran una sensación agradable. Se sentía en paz.
Estúpido Steve.
Se rio por pensar que Steve era estúpido. Quizás el estúpido era él por pensar así. Mordió la taza levemente mientras pensaba en ese rubio patriota que era el príncipe azul de muchas. Todo parecía un sueño, un maldito sueño que en cualquier momento podía desaparecer, pero a diferencia de antes, de hace unos cuantos meses o semanas, ese sueño se estaba asentando como una realidad.
El que Steve de verdad le estuviera cortejando, que le dedicara sonrisas y cumplidos, que se preocupara por él, que tuviera paciencia con él, y todos sabían que tener paciencia con él era una tarea titánica. Por no decir imposible.
Pero Steve lo hacía.
Y no podía dejar de sentirse de una forma rara, infantil diría si fuera alguien más. Nadie tan perfecto existía. Steve era todo brillo y heroísmo, y aunque se sentía halagado y cuidado por él, cosa que nunca pensó sentir porque siempre se cercioró de ser autosuficiente, no podía dejar de sentirse agradado por ello.
Cerró los ojos aspirando el olor del café. Sabia cosas de Steve, muchas, gran parte aportada por los archivos, pero también por el propio Rogers que le contaba anécdotas que en un lugar pequeño de su alma deseaba que no se las hubiera contado a nadie más, como si fuera un secreto reservado sólo para ellos dos.
Salió de la cocina con paso lento, casual, mirando alrededor. Vio el comedor redondo de madera oscura, con un par de sillas descorridas y un libro grueso sobre ella. Un poco más allá, en la sala, había un poleron negro que sabía pertenecía a Clint, y sobre uno de los sitiales una manta roja que usaba Natasha cuando leía.
Un par de tazas estaban abandonadas en una de las mesillas.
Se quedó quieto observando esas cosas, simples y vulgares objetos, pero que habían sido extraños para él hasta que el equipo llegó a vivir con él. Y fue ahí cuando la torre pareció cobrar vida. Siguió caminando por el pasillo, topándose con una pantufla a medio camino, la reconocía, era de Bruce, siempre perdía las pantuflas cuando estaba muy cansado, sonrió de medio lado y con el pie la hizo a un lado para que nadie tropezara.
Ingresó a la sala donde estaba el televisor, justo antes de tomar asiento se percató de un detalle. Desde los ventanales, desde donde se podía ver la pequeña terraza de la torre, había una figura al final de ella, parada casi al borde del muro, que observaba la ciudad.
Steve.
Se acercó a la ventana y lo miró detenidamente, usaba una musculosa gris y unos pantalones oscuros, sus brazos cruzados sobre el pecho y parado rectamente en donde terminaba el pasto artificial.
Sonrió con sorna de medio lado. Parecía un guardián de la ciudad, un protector. Una figura que vigilaba desde las alturas a los simples mortales, bueno, Steve era eso, un icono, un ideal, un prototipo a seguir. Alguien fuera del alcance de los demás. Como pensó en algún momento que era para él, para ya no lo veía así.
Y se regodeó por ello. Por ser quien veía a Steve en facetas que muchos no lo han hecho.
Con un aire de renovado optimismo sacó el celular del bolsillo, y luego, después de hacerle el zoom necesario, disparó la cámara. Una fotografía simple, del héroe nacional, imponente como solo él sabía hacerlo, observando la ciudad.
"El Capitán desde el alba cuidando la ciudad" Colocó como titulo antes de subir la foto a su cuenta.
Dio una última mirada a la figura de Steve que aún no se movía, deseó saber en qué estaba pensando en ese momento. Quizás después le preguntaría, pensó antes de darle un sorbo a su tasa para encaminarse a su taller.
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Ese día había sido especialmente productivo. Junto a Clint se habían embarcado en una misión a Groenlandia junto a un pequeño equipo. La misión era simple, interceptar a un grupo terrorista que ocupaban como base el helado país.
Si le preguntaban, era un lugar bastante raro para instalar una base, pero aquello les sirvió a favor, ya que cuando comenzaron el ataque los enemigos estaban preocupados en refaccionar parte del bunker escondido en el hielo.
Simple y sin mucho daño, sus compañeros de equipos parecían más contrariados por el frio que por las heridas de la batalla. Una vez dejado a los prisioneros en una base en Alaska, retomaron el viaje de vuelta a la base central.
Ingresó al Trieskelon caminando despreocupadamente por los pasillos, en su mano la carpeta que debía entregar a Fury con el informe de la misión. Clint le había dicho que iría a asearse antes de tomar rumbo a la torre, por lo que iba solo, con el escudo en la espalda, rumbo a la oficina del director.
Cuando ingresó a la estancia, Fury estaba reclinado en su asiento, casi de forma despreocupada, con una mano en el mentón y su ojo mirando la pantalla del computador.
-linda foto- le dijo una vez que lo tuvo al frente. El hombre giró la pantalla al ver su ceño fruncido, la imagen de la foto que había subido Tony de él hace unos días quedó ante sus ojos- quien diría que Stark tiene un don para la fotografía. Quizás es una cosa de genios- soltó.
-aquí está el reporte de la misión, señor- dijo dejando la carpeta sobre el escritorio. Fury le dio un vistazo a la carpeta antes de girar la pantalla de la computadora nuevamente hacia él.
-¿algún contratiempo?- cuestionó.
-ninguno señor.
-no hablo de la misión- Se quedó mirando al hombre unos segundos. Fury chasqueo la lengua y se levantó de su asiento- puede que no sea de mi incumbencia, capitán, pero quisiera recordarle qué sucede en un mes más.
El director le miró significativamente con su único ojo tratando de hacerle entender a lo que se refería. Le tomó un par de segundos y unos cuentos cálculos para saber a qué se refería. Marzo estaba a la vuelta de la esquina, y con ello, el cumpleaños de Tony, y un nuevo celo.
-tomaremos los resguardos adecuados- respondió.
-no son resguardos lo que esperaba para esta fecha- Steve se agitó un poco por la no tan sutil insinuación del hombre.
-señor, con todo respeto, eso es un tema personal- le dijo de forma seria, cuadrando los hombros, mostrando una pose firme y seria, dando a entender que no tocaría ese tema. Fury le ignoró.
-si bien los alfas y omegas ya son escasos, eso no significa que no he visto como se emparejan- comenzó a caminar lentamente por la estancia, Steve no le quitó la vista de encima- generalmente en un par de días saben si son compatibles o no, se cortejan unas cuantas semanas, y a los pocos meses ya son una pareja oficial. ¿Me estoy haciendo entender?
Agradeció sus años de entrenamiento más que nunca, o sino, ahora estaría completamente ruborizado. Carraspeó un poco antes de hablar.
-entiendo que quiere decir, señor, pero como le dije, este es un tema personal.
-creo que no me está entendiendo, capitán- Fury volvió tras su escritorio y posó sus manos sobre el vidrio, mirándole muy seriamente con su único ojo- Tony pasó años auto medicándose cantidades ridículas de supresores, ahora está tomando una dosis normal, vive con un alfa que no es cualquier alfa, no me mire así Rogers, tendré un solo ojo pero veo todo- Steve le sostuvo la mirada, pero no pudo evitar sentirse desnudo frente al director- ahora dígame ¿cómo cree usted que vivirá su próximo celo?
Sintió un peso corroer su estómago cuando al fin comprendió a lo que Fury se refería. El hombre no estaba siendo entrometido, estaba preocupado por Tony, y quería una solución para lo que se venía.
Podía llegar a dimensionar el dolor y las molestias por las que pasaría Tony durante esos días, no sólo por la edad que tenía, sino que por su presencia y por la ausencia de las altas dosis de supresores que se le habían restringido. Había una sola forma de hacer llevadera esa situación y evitar que Tony pasara nuevamente por ese calvario.
Pero él no obligaría a hacer nada a Tony, y menos por algo calculado de forma fría. Él quería enamorar a Tony, cortejarlo, que poco a poco fuera bajando sus defensas para él, para al final, lograr llegar a su esencia descubierta. Eso había estado haciendo y así seguiría.
-abandonaré la torre por esos días- declaró con voz firme. Fury ni se inmutó-quizás así, Tony pueda llevarlo de mejor forma.
-usted es el capitán- respondió el director de forma suave, sentándose lentamente sobre su silla, entrelazando los dedos de las manos- hará lo mejor por su equipo. Pero a mi consideración, creo que debería barajar otras posibilidades, no todo es negro y blanco, Rogers.
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-eso estuvo entretenido, ¿no?
Trató de no sentirse ofendido por las miradas furibundas de los demás. Todos estaban sucios, con las caras llenas de cenizas y los trajes un tanto quemados. Pepper, parada junto a él, le miraba como si le quisiera asesinar.
-¡vamos!, detener a un maniaco obsesionado con la venganza que quería convertir a las personas en bombas me parece una muy buena forma de terminar la semana.
-Tony, cállate- le dijo Pepper alejándose de él y sentándose junto a Bruce. Iban de vuelta en el Queen Jet a la torre luego de vencer a un maniaco llamado Killian que tenía un especial rencor hacia él, y que quiso desquitarse convirtiendo a Pepper en una bomba.
Todo comenzó cuando una mujer de su pasado, una científica llamada Maya Hansen, con la cual compartió una noche y una mañana de anatomía, llegó a la torre pidiendo hablar con él. No mentiría, por un segundo pensó que podía venir acompañada con un niño parecido a él, y aquello no le causó mucha gracia a Steve, pero no hubo tiempo para hablar sobre aquello porque un loco llamado el Mandarín estaba propagando el terror por el mundo.
En momentos como esos se sentía genial tener un equipo, estando el sólo quizás habría salido malherido, y Pepper se habría convertido efectivamente en una bomba, pero gracias a ellos, trabajando unidos, sólo les tomo un par de días descubrir y desbaratar todo el plan de Killian, que finalmente termino destruyéndose al convertirse a él mismo en un explosivo iracundo.
Se sentía realizado, con el pecho hinchado y con ganas de incordiar a sus compañeros.
-En serio, después de tantos años seguía obsesionado conmigo, bueno no lo puedo culpar, ¿Quién puede? Soy un encanto.
-Tony- masculló Natasha. La ignoró.
- piénsenlo. Soy alguien lo suficientemente importante como para poder cambiar el pensamiento de las personas, sus comportamientos y objetivos, sin siquiera proponérmelo. No digo que en este caso haya sido lo idílico, pero….
-Tony- le cortó Rhodey, con una cara que decía claramente "cierra tu maldita boca".
-están celosos porque no tienen ese poder sobre los simples mortales.
-¿no eres mortal, mi compañero de hierro?- preguntó sorprendido Thor. Por el rabillo del ojo vio como Steve se pellizcaba el puente de la nariz exasperado.
-te explicaré luego lo que quiso decir Tony, Thor- le dijo suavemente Bruce al rubio, viendo como todos estaban molestándose con la pedorrata verbal del ingeniero.
-son unos envidiosos- aseveró.
-y tu un narcisista ególatra- contratacó Rhodey.
-no te enojes, mi amigo, te ayudaré a mejorar tu traje, es decir, le entregué al ejercito un traje con mi tecnología, sin costo debo agregar, y no pueden ni siquiera agregarle armas de forma decente. No sé qué enseñarán en las universidades, o en el ejecito estos días, pero en mis tiempos…
-Tony- repitió Pepper.
-… no era así, se enseñaba ingeniería de verdad, no como las cosas de ahora. Los chicos entran a exámenes con calculadoras y ni siquiera puedan armar una….
-Tony- masculló Rhodey.
-si no puedes armar tu herramienta básica, cómo vas a lograr diseñar nueva tecnología práctica, versátil y ecológica en esta era moderna llena de cambios…
-Tony- Natasha.
-eso me recuerda a una anécdota que siempre me contaba mi padre sobre la segunda guerra, no recuerdo los detalles, pero era sobre un viejo borracho. Quizás hablaba de él en tercera persona, ya saben, Howard tenía problemas con la bebida…
-Tony…- Clint.
-ahora que lo pienso, no sé cómo mi madre logró enamorarse de él. Es decir, ¿ustedes se enamorarían de alguien con hiperactividad compulsiva, maniaco, con problemas para controlar los vicios, y sumamente sarcástico con el cual no se puede mantener una conversación seria? Por lo menos, yo no.
-Tony- gimoteó Bruce.
-¿Se imaginan estar con alguien así? Dios, del cual no creo, me libre. Aguantar a una persona así debe ser sumamente agotadora, como que te succionan la energía del cuerpo, como un súcubo, pero menos divertido. Y que cambian de tema de forma inesperada porque su cerebro no puede mantenerse en una sola línea.
-Tony- Steve.
-ahora que lo pienso, ¿alguien sabe de dónde nació el mito de los súcubos? Yo quisiera saber, aunque me imagino que debe ser como la mayoría de mitos con criaturas sobrenaturales que suenan sexis y terminan siendo un conde o una baronesa desquiciada…
-¡Tony!
-¿Por qué todos me gritan?- preguntó impactado por las caras exasperadas de sus compañeros- si sé que me llamo Tony, pero no deben gritarlo….. se desgasta.
-solo cállate- le gruñó Pepper.
-cariño, sabes que no puedo.
-¡Que alguien lo calle o arrojo la nave al mar!
-¡oh! Por favor. No soy TAN exasperante- replicó indignado.
-lo siento Tony- y de un segundo para otro, estaba sentado sobre el regazo de Steve, con uno de sus brazos abrazándolo por el tórax, manteniéndolo firme contra él, y la otra mano puesta sobre su boca. Decir que estaba indignado era decir poco.
Entre la risa burlona de Clint que podía ver atreves del reflejo de una pantalla, la mirada socorrona de Natasha y la mirada de satisfacción de Peper y Rhodey, sólo pudo, en un intento de réplica pasiva, mirarlos a todos con su peor mirada de indignación mientras lamia la palma de la mano de Steve en un intento de asquearlo y que lo soltara.
Pero al cabo de un par de minutos en los que ya nadie lo miraba y parecían disfrutar de un retorno tranquilo, pudo percatarse de lo tenso que estaba Steve tras él, rígido como un árbol y que lo obligaba a mantener una posición también rígida e incómoda que decidió enmendar.
Grave error.
Sus ojos se abrieron sorprendidos y sus mejillas se colorearon abochornadas. Un algo, que bien sabía que lo era, pero no quería ni pensar su nombre, se mantenía duro junto a uno de sus muslos.
Steve carraspeo levemente y lo reacomodó, alejándolo de eso.
Su corazón palpitó inquieto, y lamentó su fantástica idea de lamer la mano de Steve para molestarlo. También carraspeó, en un intento de aligerar la tensión de su cuerpo, y lo que duró el viaje se mantuvo quieto y respirando de forma forzada.
El viaje más incómodo de su vida.
Estúpido Steve.
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Continuará...
