Shaman King no es mío
El inquilino
VII. Deseo
Al parecer los proyectores del salón estaban fallando y la exposición del señor Kurobe tardaría unos cuántos minutos más. ¡Era escultor! ¿Para qué necesitaban esos estúpidos aparatos? Se recostó sobre la pared mientras veía cómo las personas entraban y salían de la sala. ¿Realmente era buena idea ir a ese lugar? Ni siquiera sabía si Damuko quería verlo pero ahí estaba él, cumpliendo con su cita.
—Profesor, ¿qué hace acá? Pensé que no vendría. —Y el Usui no supo cómo responder al ver al posible amor de su vida en frente de él y con un atuendo totalmente diferente a su estilo universitario—. ¿Profesor?
Al no obtener respuesta, lo único que pudo hacer fue huir. No se sentía capaz de tenerlo cerca y mucho menos después de lo ocurrido en el laboratorio.
—¿Por qué te vas? —Horo Horo la había seguido— prometí que vendría y aquí estoy. No tenemos que hablar de eso si no quieres. Podemos olvidarlo.
—¿Eso? ¿En serio se refiere a lo que pasó como "eso"? Definitivamente soy la mujer más estúpida de la universidad —Damuko iba a continuar con su camino pero Horo la tomó del brazo.
—¡Ni siquiera sé cómo pasó!
—Oh, no lo puedo creer. No lo creía tan casto, profesor.
—¿Qué? No. No me refiero a eso… es solo que todo pasó muy rápido y simplemente me dejé llevar.
—¿Entonces no le gusto? —la cara de Damuko mostraba algo de tristeza y que el Usui no respondiera con su marcada ansiedad, no le generaba un buen presentimiento.
El ainu, por el contrario, se encontraba pasmado ¿gustarle? ¡Por favor! Se había enamorado de ella muchísimo tiempo atrás. No era un simple gusto, pero ¿cómo decirle eso sin asustarla o agrandar más la situación? Estaba en un gran aprieto, sin duda. Necesitaba tiempo para pensar en una respuesta.
Por fortuna, alguien se apiadó de él y el tiempo le fue concebido.
—Hija ¿qué haces aquí? Pensé que me esperarías en la sala. Parece que todo está solucionado y la exposición comenzará con normalidad. —El señor Kurobe no lograba sentir la gran tensión que había entre los dos pero sí podía notar que había interrumpido algo—. ¿Y él es? — Dijo señalando a Horo.
—Horokeu Usui, profesor e investigador, además soy el director de la tesis de su hija y del laboratorio en el que ella trabaja.
—¿Usted es el científico loco? Tamiko habla mucho de usted. ¡Qué gusto conocerlo!
Si bien lo de 'loco' no le había caído en gracia, lo que menos quería era empezar una discusión con el señor.
—El gusto es mío.
—Mi turno comenzará en cinco minutos y espero verlo ahí, profesor. Vamos, hija, tú también eres parte de esto.
—Iré en un momento, padre. El profesor tiene que darme unas fórmulas para la investigación y como más tarde estaré contigo no podré conversar con él personalmente.
El hombre asintió y los dejó solos nuevamente.
—¿En serio volverás al laboratorio?
—Necesito hacerlo si quiero graduarme.
—¿Solo lo harás por eso?
Damuko no alcanzó a responder pues a lo lejos vio cómo un sujeto que ella conocía muy bien se acercaba a ellos.
—¿Qué hace él aquí?
El Usui volteó y no alcanzó ni a agudizar su vista cuando sintió un golpe sobre su mejilla.
—¿Quieres un té antes de dormir?
Después del beso en el museo, Anna y Yoh decidieron volver a casa pues ya nada de lo que había en el lugar les interesaba. El camino, si bien no fue incómodo, sí estuvo cargado de silencio.
Yoh ni siquiera respondió pues apenas la Kyoyama cerró la puerta, se acercó a ella con el único objetivo de repetir el momento; ella adivinó las intenciones del castaño y volteó su rostro.
—¿Ocurre algo malo?
Anna ni siquiera sabía de dónde iba a sacar el valor para decir lo que sabía que tenía que hacer.
—No —respondió— es solo que no puede repetirse.
—¿Por qué?
¿Por qué? Muy bien, esa respuesta ni siquiera la tenía. La salida fácil era confesar que un beso llevaría a algo más (cosa que no la enojaría para nada) y que eso complicaría la convivencia. También podía mentir argumentando que estaba cansada y que lo único que deseaba era dormir, o, incluso, si quería quedar como toda una 'dama', diría que ella no tenía sexo sin compromiso.
Patrañas, todo eran patrañas.
—Porque no está bien.
—¿Acaso estás saliendo con alguien?
¡Ahí estaba la maldita respuesta! ¡Lyserg! Se había olvidado de su novio. Tantos años de relación quedaron en la nada.
—No —no quería mentir pero tampoco quería quedar como la infiel del lugar— es solo que fueron cosas del momento, Yoh. Estaba melancólica por recordar a mi familia y simplemente me dejé llevar. No quiero que confundas las cosas. Somos amigos y ya está.
Anna vio la tristeza en los ojos del Asakura y se sintió peor.
—Tienes razón. Fueron cosas del momento.
—Yoh, lo siento tanto.
—No importa —Yoh se separó y comenzó a caminar hacia su habitación— Y no, no quiero té. Hasta mañana.
La rubia vio la puerta de la habitación cerrarse y maldijo internamente todas sus estúpidas decisiones. Dejó que pasaran algunas horas hasta verificar que Yoh dormía y marcó a Inglaterra.
—Perdón por no llamarte antes, he estado ocupada.
—Te entiendo, no tienes por qué preocuparte. ¿Pasó algo malo?
—No —volvió a mentir— es solo que te extraño —¿cuántas mentiras más iban a salir de su boca esa noche?
—Sí, es la primera vez que hemos estado separados por tanto tiempo pero pronto estaré de vuelta. Dame unos días más —la escuchó suspirar al otro lado de la línea— te hablo más tarde, debo salir.
No colgó, dejaría que Anna tomara la iniciativa.
—¿Lyserg?
—Sí, aún sigo aquí.
—Te amo —¿Qué tan mala idea era una mentira más?
—Lo sé. Duerme, Anna.
La Kyoyama colgó y dejó que todas sus equivocaciones la derrumbaran. Al menos por una noche se permitiría llorar.
Abrió el minibar de su hermano y buscó el licor más fuerte.
De hecho, ella no sabía mucho de alcohol. Sabía que su límite eran ocho cervezas y nunca lo sobrepasaba. Rebuscó entre las botellas y solo veía nombres extraños. ¿Tantas bebidas? ¿En serio? Harta de la situación, agarró algún frasco, lo abrió y bebió directamente.
Sí, ese ardor en su garganta y esa pérdida momentánea de consciencia era justo lo que necesitaba. Siguió bebiendo sin medirse y cuando mediamente recobró su compostura se vio vaciando el contenido de la botella en su boca.
Asqueroso pero necesario.
Tomó otra botella (esta vez sin leer) y bebió nuevamente.
Repitió algunos tragos hasta que, efectivamente, el límite estuvo superado. Marcó desde su celular al teléfono de Ren y dejó que su estado hablara por ella.
—¿Aló?
—Tú no eres, Ren.
—¿Pilika?
—¡Genial! Tú no pierdes el tiempo ¿verdad, Jeanne?
—¿Estás ebria?
—¡Y a ti qué te importa! ¡Pásame a Ren! —La ira se estaba mezclando con el alcohol y muy en su interior sabía que eso le traería problemas— ¡Ahora!
—Ren no está conmigo. Llámalo a su casa.
—¿Me crees tonta? Estoy llamando a su celular y además los vi salir del museo. Tantos años, Jeanne, tantos y aún sigues tras él. Te recuerdo que lo de ustedes no funcionó y él la pasó muy mal por tu culpa.
—¿En serio quieres hablar de algo que está superado? Yo ya me casé así que deja de acusarme. Y sea lo que sea que tengas con Ren debes arreglarlo con él, no conmigo. Hasta mañana.
La francesa colgó y Pilika acabó su segunda botella.
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—¿Quién era? —Jeanne le entregó el celular al chino mientras tomaba el teléfono fijo para llamar a un taxi— ¿Todo en orden?
—¿Yo te cuento que estoy casada y tú no pudiste contarme que tenías una relación con Pilika Usui? ¿A qué juegas, Ren?
—No tenemos nada.
—¿Ah no? ¿Entonces por qué está borracha y llamándote para buscar explicaciones? —Al no tener respuesta del hombre dejó que la operadora le indicara el número del vehículo— No me importa a dónde vayas ahora pero lo mejor es que te vayas y aclares tu cabeza. En serio, Ren, lo que sea que tengan deben aclararlo y pronto.
El Tao bufó, agradeció las atenciones que Jeanne le brindó en el apartamento de alquiler y dejó el lugar. No iría con Pilika, al menos no esa noche.
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El lunes, muy temprano en la mañana, Ren Tao pasó directamente a la universidad. Sabía que las clases de Pilika empezarían pronto y con algo de suerte podrían hablar un poco de lo que estaba pasando. Ni siquiera sabía qué iba a decirle, así que su valiente plan era dejar que la mujer hablara y entre los dos buscarían una solución acorde a las necesidades de los dos. Le era más fácil manejar una empresa mundial que lidiar con sus problemas sentimentales.
Caminó entre los pasillos y llegó a la facultad de ciencias. Al igual que su hermano, la Usui había decidido irse por la rama de las plantas, por lo que si quería hablar con ella debía ser cuidadoso y no dejar que Horo Horo supiera de esa visita.
Esperó unos cuantos minutos más cerca de las oficinas de profesores y la vio a lo lejos pero esta vez no iba sola: un sujeto rubio la seguía y, por lo que pudo notar, ella estaba bastante cómoda con la presencia del sujeto.
Tenía dos opciones: esperar a que el muchacho se fuera y buscarla o buscarla y alejarlo.
¿Qué haría Ren Tao? La segunda opción, evidentemente.
Entre más se acercaba, más podía escuchar la risa de la Usui: la estaba pasando muy bien. Carraspeó y las dos personas voltearon.
—¿Qué haces tú aquí?
—¿Buscarte te parece una respuesta acorde a tus necesidades?
—¿Buscarme para qué?
—¿Para hablar?
—No tenemos nada de qué hablar y, por si no lo notas, estoy trabajando.
—El sábado llamaste y Jeanne te contestó. Sí tenemos que hablar.
Redseb estaba bastante incómodo.
—Mi tutoría puede esperar.
—¡No! —contestó la Usui.
—Ya escuchaste al niño. Busquemos un lugar más apropiado.
—De hecho ya tengo 18 años.
—No me importa.
Pilika bufó y no le quedó más remedio que seguir al Tao.
—Esto te va a costar muy caro, Ren Tao —Atravesaron unos pasillos y quedaron enfrente de una puerta— ¿La oficina de Horo Horo? ¿En serio?
—Aquí estaremos tranquilos —Ren usó una llave y entró— ¿vas a quedarte ahí?
Pilika cerró la puerta cerrarse a sus espaldas y encaró al chino.
—Habla.
—De hecho, estaba pensando en que tú iniciaras esta conversación. Tú me llamaste en primer lugar.
—Me emborraché, Ren. No sabía lo que hacía.
—Ah, por favor, nos hemos emborrachado muchas veces y ambos sabíamos lo que hacíamos. No me trates de engañar.
Ren tenía un buen punto.
—Debemos aclarar lo que nos está pasando.
—Bien ¿cuáles son tus condiciones?
Ahí estaba otra vez. ¿Todo tenían que ser negocios para él?
—Sabes que no soy empresa, ¿verdad? No quiero comerciar, no trucar, ni nada de eso.
—¿Entonces qué quieres?
—Quiero una relación, algo en serio y la quiero contigo.
Sin pensarlo, la Usui se arrojó a los brazos del hombre y lo besó. Una chispa de esperanza creció en su vientre cuando se vio correspondida.
Sin embargo, todo se apagó cuando la luz de la puerta los alumbró y su hermano estaba bajo el umbral.
Cuatro ojos contra dos.
El Usui no dijo nada y simplemente se fue del lugar sin cerrar la puerta.
—¿Viste el golpe que tiene en su mejilla? —Pilika había tomado la palabra.
—Creo que debe preocuparte más lo que acaba de ver.
—Eso no me importa. Con razón ayer no llegó al apartamento —se separó de Ren y empezó a dar vueltas por la oficina— debo seguirlo. Ve a trabajar.
—Si vamos a enfrentarlo lo haremos juntos.
—No. Antes de esto debo saber qué le pasó.
No dejó que el Tao respondiera y dejó el lugar.
El domingo ni se vieron a la cara y estar cerca del otro era ridículamente incómodo. ¿Cómo habían permitido que eso pasara? ¿Cómo pasaron de ser los 'nuevos mejores amigos' a dos personas compartiendo espacio?
El lunes no fue diferente, contrario a lo que venía pasando, Yoh ni siquiera salió de la habitación mientras Anna se arreglaba para ir a trabajar; esta, por su parte, ni pasó por la cocina para hacer desayuno. Ya compraría algo por el camino.
Tomó sus llaves y presa de la culpa pasó por el cuarto del Asakura. Iba a tocar pero él se le adelantó y la encontró tras su puerta. Anna, desde esa posición no lograba ver completamente el interior, pero lo que tenía en frente era suficiente para imaginarse lo que estaba pasando.
—¿Te vas?
—Me llamaron de Grecia —mintió— quieren que vuelva para retomar las excavaciones. Ya sabes, los científicos no descansamos —esperó que la rubia tomara la palabra pero eso no pasó— si cuando regreses yo ya no estoy, dejaré las llaves sobre la mesa. El siguiente inquilino las necesitará. Además, pagué por adelantado así que podrás tomarte tu tiempo para escogerlo.
Anna pudo contarle la verdad en ese momento, decirle que tenía una relación que estaba a punto de terminar y que no le molestaría en absoluto seguir los besos del sábado anterior pero no lo hizo. No podía hacerle eso a Lyserg.
—Espero que te vaya bien en Grecia. Eres muy bueno en lo que haces, Yoh.
—Gracias.
El Asakura no dijo nada más y la Kyoyama no aguantó más la mirada de él sobre ella; sin saber qué más hacer, tomó su bolso y salió del apartamento. Con algo de suerte, cuando volviera en la noche, Yoh Asakura ya no estaría en su vida.
…..
—Estás muy sano —Fausto entregó una carpeta a Lyserg— no puedo hacer nada más por ti.
—¿Entonces cómo explica lo que me pasa con mi novia?
—No puedo ayudarte más. Puedo recomendarte un psicólogo, quizás exteriorizar tus emociones con un profesional pueda guiarte en tus problemas.
—¡No estoy loco!
—¿En serio crees que los psicólogos son para eso? Con razón tu novia te quiere dejar.
Diethel gruñó y Fausto retrocedió.
—No iré a un psicólogo, no tengo problemas y mi cabeza funciona perfectamente.
—Entonces le recomiendo que deje el trabajo y disfrute su vida. Vaya de vacaciones, pida un receso laboral. ¡Sea libre!
Hastiado de la situación, agarró la carpeta y dejó el consultorio. ¿Divertirse? ¿Eh? ¿Acaso era un adolescente para hacer esas cosas? Ya no tenía veinte años como para salir de fiesta y embriagarse. Era un hombre adulto con una empresa a sus espaldas y con un futuro asegurado. La diversión no estaba en sus planes.
Sin embargo ¿por qué no? Podría tomar un trago en algún lugar donde nadie lo conociera. Un café, quizás. Algo suave.
Cambió el rumbo de sus pasos y empezó a caminar por unas calles poco concurridas de Londres. A lejos vio unas mesas y sillas y supuso que era un excelente lugar para realizar sus planes de no-adolescente.
Se adentró y tomó asiento cerca de la ventana.
—¿Qué quiere tomar?
—Un jugo verde y sin azúcar adicional, por favor.
—Es una broma, ¿verdad?
Lyserg dirigió su mirada a la voz del mesero y se encontró con un sujeto bastante atractivo. Se sonrojó y bajó su rostro.
—¿No es una cafetería?
—Sí, hasta las 4 de la tarde. Desde esa hora hasta la madrugada se convierte en bar-discoteca y, como puede ver, son casi las 6.
—Estas cosas no se ven en Japón.
—Pues yo lo veo muy inglés.
El peliverde se irritó y dejó que sus emociones le ganaran.
—Entonces tráigame lo más fuerte del menú. La especialidad de la casa.
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No eran ni las 8 de la noche cuando el alcohol hizo efecto en el joven inglés. Si bien no estaba del todo ido, su personalidad era más jovial y animada. Incluso, había gastado una ronda de cerveza a las pocas personas que había en el lugar. Sin pensarlo mucho, pidió una canción y comenzó a bailar en la pista. ¡Qué carajos! ¿Por qué no podría tener 20 años otra vez? Poco le importaba que solo hubiera hombres, se sentía más cómodo así.
Los presentes se animaron y comenzaron a mover su cuerpo al ritmo de la música. Pronto, un grupo de hombres rodearon a Lyserg y al sentirse el centro de atención, pidió un trago más y un solo sorbo bastó para desquiciarlo. Dos minutos después se sorprendió besando al mesero mientras este le correspondía gustoso.
Sorprendido de sus actos y recobrando algo de su estúpida razón, salió corriendo del lugar. Tomó un taxi y apenas llegó a su casa, tomó sus maletas y metió toda su ropa allí. Morphin, aún despierta, entró al cuarto.
—¿Estás bien? ¿Por qué tienes la ropa fuera de lugar? Huele a alcohol ¿Acaso estuviste bebiendo? ¿A dónde vas?
Ignoró a Morphin mientras buscaba un vuelvo cercano a Japón desde su celular.
—¡Maldición! —El más cercano era en 8 horas.
—¿Lyserg? ¿Fue algo que te dijo Fausto?
—No, estoy bien. Ya los problemas de la empresa los pude solucionar así que no hay razón para quedarme aquí. Mantenme informado de todos los acontecimientos. Mañana regreso a Japón. Quiero estar solo, Morphin, cierra la puerta al salir.
La mujer obedeció y Lyserg se quedó solo. Vio la hora y calculó que en Japón ya debía ser la mañana del lunes. Sin más qué hacer, compró el tiquete y se acostó. Debía ver a Anna y pronto.
Continuará
¿Y DÓNDE ESTÁ MI GENTEEEEE? Prometí que volvería y aquí estoy. Para que vayan calculando, el fic está para 10 capítulos más el epílogo, por lo que nos seguiremos viendo por unas cuantas semanas más.
¿Les gustó? ¿Me odian? Recuerden que pueden dejarme sus opiniones en la caja de reviews o por mensaje privado. Os quiero.
Pd: "El Heredero", mi otro Fic, ya está terminado por si quieren pasar a leerlo. Los primeros capítulos son horribles porque escribía muy mal. Ahora solo escribo mal.
Pd2: recuerden que mi twitter y mi blog en Tumblr está en mi perfil, por si quieren seguirme o preguntarme algo.
Que Hao los bendiga
