Desde niño me sentía perdido en medio de un mundo que apenas y reconocía como mío. Con las personas que nos miraban con esos ojos fijos cual puñales, por el simple hecho de ser diferentes… Por la maldición que pesaba sobre nuestras cabezas. Y yo… parado en medio de todo ese odio proveniente del exterior, no podía huir, por ser precisamente yo, el destinado a cargar ese odio sobre mis hombros de sangre real.
Si tan sólo ese odio se hubiera quedado afuera del reino… Pero ese pensamiento resultaba demasiado iluso, el odio crecía en todas partes, derivado de la ambición, la envidia y la arrogancia.
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MYTHICAL BUTTERFLY
VII
Un niño obligado a madurar a la fuerza… Una nación perdida en el caos… Una combinación de decadencia a los ojos de las naciones vecinas. La pérdida del Rey Alistair hace ya 10 años, había desestabilizado el reino, la fuerza y valor por las que era reconocido y temido se habían perdido, los campos habían dejado de dar frutos, la sequía crecía cada vez más, expandiéndose sobre los arrozales y maizales que alguna vez adornaron con esplendor los campos dentro de Overworld. Y con ella… el reclamo cada vez más urgente y fastidioso del concejo de ancianos de la corte real.
-¡¿Acaso se volvieron locos?! -la voz sumamente molesta del príncipe resopló, al lado del sonido de su palma estrellándose contra la madera de la mesa.
Todos los ancianos sentados alrededor de la misma, se miraron entre sí y como de costumbre iniciaron con sus especulaciones en forma de murmuras entre ellos.
-No me parece adecuado el tono de voz que está utilizando Alteza… -habló desde su posición el sacerdote del reino, al escuchar su voz la mirada plata del soberano se oscureció, volviendo aún más notoria su molestia.
-¿Ahora resulta que hasta mi forma de hablar le molesta? -tragó saliva y contuvo su furia en un suspiro. -Pues permítame referirle que si mi deseo es hablar así, pues lo hago, después de todo… como viven diciéndome… Overworld es mi reino y velo por él… así que… si le molesta tanto, las puertas se abrirán a su paso para que abandone la reunión -estiró el brazo hacia la salida, por lo que el guardián parado junto a la puerta lo reverenció enseguida, indicándole su lealtad.
El hombre al escucharlo sonrió por lo bajo. Y sin moverse del asiento, levantó la mirada nuevamente, encontrándose con el príncipe con el seño fruncido.
-Ahora permítame decirle Alteza que si usted se encuentra en el puesto que ejerce no es más que por el permiso del Clero… quienes reconocieron la dinastía del difunto Rey Alistair.
-QUE DESCANCE EN PAZ -pronunciaron todos los presentes al escucharlo.
-Así que es su deber, no su voluntad… seguir todos los mandatos del Clero… porque usted será el heredero al trono… pero nosotros somos quienes decidimos que se hace y que no se hace en este reino.
Alice y Eugeo que estaban parados tras la silla real del príncipe, abrieron grandes los ojos en sorpresa al escucharlo. El primero apretó el puño en que no llevaba escudo.
Alistair se quedó callado tras sus palabras. Siempre era así… por más que intentara aponerse, siempre terminaban saliéndose con sus propósitos.
-El día de la coronación debe ser lo más pronto posible… -profirió el Sacerdote. -Y como ya es de su conocimiento… no puede acceder a la corona sino es de la mano de una reina. Además… el tratado de paz con Underworld beneficiará no solo el comercio en nuestras tierras, sino el cese al fuego de una buena vez… sabe perfectamente que nuestro ejército no está en condiciones de seguir disputando guerras sin sentido…
Podía haber soportado todo lo que le dijera menos eso… -¡¿Sin sentido?! -apoyó ambas manos en la mesa. -¡¿En qué mundo vive usted?!
-Alteza… -lo llamó suave Sachisa que se encontraba sentada a un costado, como la hija y aprendiz del Sacerdote, había logrado colocarse como miembro del Concejo. -Le colocó la mano con delicadeza sobre una de las del príncipe apoyadas sobre la tabla, quien al sentirla y ver que deseaba frenarlo, apartó la suya, indicándole que estaba equivocada con él.
-Si… mi pueblo… ¡Mi gente! ¡Overworld! Está en esta situación… no es por nada más que por Underworld… ¡Jamás daré el alto a la guerra! ¡Veré el día en que Underworld caiga derrotado y hundido en el fango a mis pies!
-¡Alteza! -le reclamó el Sacerdote. Pero el príncipe levantó la mano, estirando el brazo frente a él, indicándole silencio.
-Y no tomaré esposa… -volteó de reojo a Sachisa, sabiendo a la perfección cuales eran los planes de matrimonio para él.
-Nuestro reino se ve débil… Porque no existe un Rey coronado sentado al trono… y no existe descendencia heredera al mismo… -bajó su tono de voz el Sacerdote. -Si usted contrajera matrimonio sería mucho más fácil lograr la impregnación…
-No voy a traer un hijo al mundo a sufrir lo mismo que yo… -le respondió serio y tras un suspiro de fastidio, empujó la silla hacia atrás, al ver sus intenciones, sus escoltas le abrieron paso y caminaron tras de él. -Se levanta la sesión… -habló sin siquiera mirarlos y siguió caminando.
-¡Ese niño estúpido! -se levantó de golpe de la mesa el Sacerdote, una vez el príncipe salió. -¡Todo esto es tu culpa! ¡Si te hubieras quedado impregnada en aquel día del ritual nada de esto estaría pasando! -le gritó a su hija aún en frente de todos los demás concejales.
-Sachisa no tiene la culpa de nada… -la anciana que dirigió el ritual irrumpe en su enojo. -Todo se llevó acabo como debía ser… además recuerde que esto lo supusimos desde un principio… todos pensábamos que el Rey Alistair era estéril… o la reina… las dificultades por las que la realeza pasa, son muy diferentes a las de los comunes… es más difícil para ellos procrear. En ese entonces el príncipe era solo un niño. -lo miró molesta.
-¿Y has seguido intentando meterte en sus aposentos? -cambió de tema al ver la intromisión de la anciana.
-Su Alteza no quiere nada conmigo padre… por favor entiéndalo… -bajó la cabeza, apenada por tal conversación frente a todos.
Afuera, los pasos veloces de las botas del príncipe seguido de sus escoltas, se hicieron escuchar, por las doncellas que caminaban en los largos pasillos, a las que comúnmente saludaría, pero se encontraba tan enfadado que terminó por pasar de largo.
Hasta el momento en que su mirada se cruzó con la de una joven de cabellos rubios cortos, cuyos mechones mecidos por el viento le hicieron llevar una mano hasta ellos para detenerlos y poder continuar con su camino. Mientras en la otra mano, llevaba una maleta de viajero. Aun así no se detuvo, pero le sonrió, a lo que obtuvo un inmediato sonrojo de la recién llegada como respuesta.
-Era… ¡Ese era! -dejó caer la maleta al suelo y se llevó ambas manos al pecho, al ver la figura escoltada ya varios metros lejos de su alcance.
-No era… nunca hables en pasado sobre la familia real. -Es su alteza el príncipe Alistair, -le ayudó a recoger sus cosas, la otra chica a su lado. Una joven herrera de rostro pecoso.
-¡Perdóneme señorita! -tomó la maleta que Elizbeth había cogido. -Usted tan amable me ayudó y guio por el castillo… y yo…
-Es normal Philia tranquila, eres nueva y no conoces nada, no pierdo nada mostrándote el lugar, al contrario, gano una amiga, -le sonríe. -Y por ser tu amiga te diré algo… Ahí donde lo ves… con ese porte divino y ese rostro de ángel… -miró de izquierda a derecha para cerciorarse de no ser escuchada. -Ese caramelo está más usado que la estufa donde preparan todos los alimentos desde el principio de los años del castillo…
-¿Cómo?... -se sonrojó ante lo que escuchó.
-Digamos que al príncipe le gusta mucho la compañía femenina… pero tranquila, que tú como eres de limpieza no creo que te vea alguna vez aparte de esta. -le guio con la mano por el camino a seguir, la chica nueva asintió.
Emprendieron su camino nuevamente, cuando una figura apareció corriendo por aquel pasillo, un hombre alto y de piel oscura, bastante fornido y de cabeza rasurada.
-¡Señorita Elizbeth! -llegó hasta ellas y la reverenció.
-Por favor Agil… sabes que no tengo ningún título… -se apenó la mencionada.
-Pero… es totalmente impropio que una persona como yo… le hable sin muestras de respeto señorita…
-Ya Ali te ha dicho eso varias veces… ya no eres más un esclavo… -lo miró con cierto pesar.
-A Gloria de Su Alteza el Príncipe Alistair, -respondió sin dudar.
-¿Me buscabas a mí? -le sonrió.
-En realidad… -acabo de encontrarme con su Alteza en los establos… me pidió muy encarecidamente que viniera a averiguar el nombre de la señorita que le acompaña Lady Elizbeth.
-¡¿Qué?! -Se sonrojó al instante la mencionada.
-¡¿Qué?! -Se llevó las manos a la cintura la herrera.
Minutos después, la misión que se le había encomendado, había sido cumplida. El príncipe que había ensillado su caballo halado por él mismo, mientras discutía juguetón con sus escoltas lo había montado y trotaba despacio frente a ellos.
-¿Así que Philia?... Es muy bonita, le va su nombre bonito también. Dile que esta noche cenará conmigo, -le sonrió a Agil, para luego mirar a Alice. -Ya sabía que me estarías viendo así… Alegra ese rostro o te saldrán arrugas.
-¿Se puede saber a dónde piensa ir Alteza? -preguntó preocupada sin tomarle atención a sus bromas.
-Voy a sobrevolvar Underworld. -Explicó parco.
-¡¿Qué?! -se sobresaltaron los tres presentes.
-¡Por favor, no diga cosas para asustarnos Alteza! -intervino Eugeo.
-No es por asustarlos… -entrecerró los ojos entonces. -Tengo que ver con mis propios ojos… todo lo que está pasando por allá… -dio una vuelta con el pegaso, deseoso de despegar.
-Pero entonces… por lo menos permítanos ir con usted. -Siguió su preocupación Alice.
-Ya les dije que no… los necesito aquí… ajusten la cerradura de mis aposentos y plántense afuera… hasta que yo regrese, si alguien pregunta… yo… tengo mucho dolor de cabeza. -Da la orden y enseguida se eleva.
-¡Ali! -corre un par de pasos la rubia al verlo marcharse. Eugeo llega a su lado y le pone la mano en el hombro, misma que ella toca con una de las suyas.
-¿Siempre es así de temerario?... -pregunta preocupado Agil.
-Peor… -responde cansada Alice y camina de vuelta al castillo, seguida de los dos hombres.
REINO DE UNDERWORLD
Las gotas apenas se iban disipando, la lluvia torrencial que infringió grandes pérdidas y daño a las tierras y cultivos, ahora no era más que un recuerdo de los sentimientos de tristeza que acarreaba con ella el mundo entero.
Sus zapatillas se hundían de a poco en el fango lodoso, al igual que las orillas de su brillante vestido naranja pálido, sin embargo, no había cosa menos importante en ese momento que sus ropas, al contemplar a la multitud que se había reunido a sus alrededores y escuchando animosos sus palabras, esperaban con emoción y ansias el día que ella les prometía a base de su trabajo duro.
Todos los habitantes de la zona habían acudido a su llamado y ahora yacían en un inmenso círculo tomados todos de las manos levantadas a los cielos.
-A través de todas nuestras plegarias y nuestro esfuerzo la tierra volverá a reestablecerse y los campos volverán a inundar el ambiente de olor dulces y de flores hermosas. -Proclamaba con su dulce voz la diosa, a lo que todos terminaron por soltarse y aplaudir a sus palabras.
Sus pequeñas hermanas gemelas miraban el ambiente con un esbozo de alegría, todos los aldeanos parecían bailar de la felicidad al tomarse de las manos y dar piruetas sobre el lodo.
-¿Lo ves Solus?... -se inclinó hacia ella la diosa de la fertilidad de Underworld. Stacia, diosa de nacimiento. -Aunque las personas se sientan tristes… siempre pueden volver a empezar…
-Stacia… -asintió entonces. Luego de empezar a sentirse culpable por la devastación de su pueblo por sus propios poderes no controlados ante una disputa con su hermano mayor.
-¿Yo también puedo ayudar? -la joven de cabellos dorados le sonrió animosa.
-Por supuesto que si Terraria…
Dada la aprobación de su amada hermana, cerró los ojos y el poder fluyó incesante hacia la tierra, cubriéndola de un manto dorado al instante, que la abarcaba cual olas del mar a su paso.
El príncipe Alistair que sobrevolaba la zona, abrió grandes los ojos en sorpresa, al ver pasar la ola dorada sobre los suelos de Underworld.
-¡¿Pero qué es eso?! -El pegaso se sacudió ante la pregunta de su amo, para enseguida comprender que no se quedaría con la duda y juntos bajarían a investigar la situación, por lo que empezó a planear en el aire para bajar despacio. -¡Eso es Sirrah! -le acarició el largo cuello del lado derecho.
A los pocos minutos estaba bajándose del caballo negro y miraba en todas direcciones, habiendo aterrizado en un pequeño bosque, el sonido del agua, llegaba claramente a sus oídos, por lo que el río debía estar cerca.
-Vaya Sirrah… caímos en un lugar muy bonito… hasta me parece que lo conocías, por la forma en que lo buscaste, ahhh… -le sacudió la melena. -¿Hay alguna yegua por aquí a la que buscas? -Ante su pregunta el Caballo relinchó y levantó las patas traseras una seguida de otra molesto.
-Ya ya…. Sólo estoy bromeando. -le sonrió. Y se percató de la maleza a sus pies, el lugar estaba bastante descuidado, pero repleto de frutos rojos por doquier, el olor era exquisito. -Tomó uno y se lo llevó a la boca, para enseguida cubrir sus labios con sus manos y abrir los ojos incrédulo. -¿Qué es esta fruta tan exquisita?... -se la tragó y tras dejar amarrado a Sirrah al tronco del árbol más próximo, se abrió camino entre los arbustos, hasta alcanzar una entrada al río.
Aquel lugar… por alguna extraña razón… le parecía tan familiar… que pudo sentir el sentimiento de nostalgia creciendo dentro de su pecho. El tronco del árbol acostado en el camino, lo atrajo de inmediato, una vista perfecta para sentarse y contemplar el río, hacia el cual camino y agachándose metió la mano sintiendo el agua tibia.
Al mismo tiempo, el festejo con los ciudadanos había concluido y la diosa de la vida caminaba tomando de la mano a cada una de sus hermanas, a pesar de ser sólo cuatro años menores que ella, la diferencia de estaturas y belleza era notoria, para las diosas gemelas, Stacia era un ejemplo a seguir en toda la palabra.
-¿Ahora podemos recolectar moras? -la mira entusiasmada Terraria.
-¡Sí! Así al llegar a casa podríamos entrar a la cocina y ayudar a preparar una tarta. -se emociona también Solus.
-Muy bien, entonces está decidido -les sonrió a cada una. Estaban emprendiendo camino, cuando la voz del Soberano de Underworld les cerró el paso.
-¿A dónde van? ¿No es tiempo de regresar ya al castillo?
-…Vector -volteó a verlo sobre su hombro la diosa mayor, sin soltar ni voltear con las niñas. -Sí… sólo vamos a recoger algunas frutas para hacer una tarta. -Le explicó simple.
-Las esperaré… -dijo cruzándose de brazos, a lo que las tres asintieron y se adentraron en el pequeño bosque frutal.
Una vez adentro, las gemelas se deshicieron de su agarre y emprendieron rutas diferentes de recolección, por lo que Stacia caminó sin rumbo fijo, fijándose solo en los arbustos repletos de frutillas coloradas, tomó una y llevándosela a la boca la saboreó, emocionándose del manjar de postre que terminarían haciendo.
Caminó un poco más hasta empezar a escuchar el sonido del río.
-Se dice que las frutas que crecen junto al río son las de mejor sabor… -Pensó y empezó a abrirse paso entre los arbustos, hasta cruzar al otro lado, encontrándose frente al tronco tirado en medio del camino y el río frente a ella. Miró en todas direcciones, hasta sorprenderse al ver unos cuantos ropajes a las orillas del río, pero no había nadie apreciable a simple vista. ¿Le habría ocurrido algo? -Los tomó en manos y asustada y presurosa se asomó a la orilla, en donde al segundo siguiente el agua la salpicó en todas partes, al emerger entre las aguas la figura de un joven, al verlo el sonrojo la invadió en proporciones altas, completamente desnudo hasta el inicio de sus caderas, el agua le escurrió sobre los pectorales, abdomen y deslizó sobre su ombligo en un segundo, por lo que enseguida se volteó.
-¡Por! ¡Por favor discúlpeme! -estaba por salir entre los arbustos, cuando la voz sorprendida de él la llamó.
-¡Señorita! -Su voz… la voz audaz y profunda con la que la llamó, aceleró su respiración. ¿Qué le estaba pasando?
-¿Disculpe?... -volteó a verlo sobre su hombro, apenas notando como los cabellos negros estaban echados todos hacia atrás, despejando la frente del muchacho.
-Disculpe usted… pero se lleva mis ropas… -le sonrió divertido, por lo que ella la soltó en un respingo asustada y con su impulsividad apoderada de ella, finalmente se volteó. -¡Es su culpa por bañarse en un lugar público y desaparecer así! ¡Pensé que se había ahogado señor!
-Mejor deme una mano para salir de aquí, que empieza a hacer frío. -le dijo sin borrar su sonrisa.
-¿En qué está pensando? ¡Es usted un atrevido!
-¿Stacia? -entre los arbustos moviéndose, el brazo del príncipe de Underworld se asomó para finalmente abrirle paso a él, cuyo seño se frunció y gesto se descompuso en negación y locura al verlos juntos. -¿Tú?... -miró fúrico a Alistair, quien lo mira sin comprender su estado de malestar. Tomó a Stacia de la muñeca y halándola bruscamente la aventó para que atravesara los arbustos de vuelta.
-¡Vector!, -cayó apoyando las muñecas sobre el fango y la maleza.
-¡¿Por qué?! ¡¿Qué demonios hacías tú con él?!
-¿De qué estás hablando?... -trató de levantarse, pero fue él quien la tomó nuevamente del brazo y la levantó de golpe.
-¡Te tenía que quedar claro! ¡Tú sólo puedes estar dentro de tu palacio! ¡Tú debes estar sólo conmigo!
Alistair al escuchar los gritos, salió del agua y así empapado como estaba se puso los pantalones pero no pudo avanzar más allá de los arbustos, debido a los guardias que acompañaban al príncipe de la nación que había irrumpido.
Continuará…
U_U Esto es necesario… sabíamos que sufriríamos con los relatos de lo que ocurrió antes de la historia que ya conocemos, pero para llegar al ALISCIA debemos pasar por todo esto.
¡Gracias por todo el apoyo!
Saludos especiales a: miku Ilovechocolats (siempre que te saludo por el punto que lleva, el sistema me lo terminaba borrando gomen), L' Fleur Noir (todo para ti gemelis), Alison428 (Dos reviews por uno xDDD) Gracias por tomarte la molestia de escribir dos por si uno no llegaba! Y Yui-sama que sé que lo leíste xDD ardió el mundo juajuajua.
ARIGATO MINNA-SAN!
JA NEE!
