Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Cuando Ikki abrió los ojos se encontró con la sorpresa de ver que ya era tarde, cinco minutos tarde. Antes de dejar pasar otro minuto Ikki se levantó de su cama, salió de su cuarto y caminó al de Shun.

Era su deber como hermano mayor asegurarse de que el pequeño Shun durmiera exactamente las horas que necesitaba, desayunara lo necesario para estar activo todo el día y tuviera cuidado durante el camino a la escuela, la gente llegaba a conducir como loca. Siguiendo al pie de la letra su deber de hermano mayor, Ikki se aseguró de realizar todas sus tareas como lo venía haciendo desde hace diez años.

En la escuela y durante las clases Ikki salía un vez al menos de estas para asegurarse de que todo estuviera en orden, los niños a veces eran crueles con el pobre Shun, y aunque estaba en el mismo salón que Shiryu, si era honesto, Ikki no confiaba en el pelinegro; así que prefería asegurarse por si mismo de que todo estuviera en orden.

Después de dar su segunda vuelta, y mientras regresaba a su salón se encontró con una niña de su mismo curso, pero diferente grupo, Esmeralda.

- Hola Ikki, ¿Qué haces afuera? - preguntó la chica animadamente.

- Salí al baño - contestó el chico levemente nervioso.

- Pero estás afuera del de mujeres - lo miró sospechando.

Ikki miró hacia la puerta que estaba a su lado, efectivamente, era la de mujeres.

- ¿Otra vez vigilas a Shun?

A diferencia de otros niños o maestros Ikki siempre sintió la libertad de poder decirle a Esmeralda lo que hacía sin que ella lo juzgará, no sabía exactamente la razón por la que ella le brindaba esa confianza pero a él le hacía sentir bien, por lo que cuando pasaba algo ella era la primera en enterarse. Por supuesto, Ikki también tenía sus modos de hablar, por lo general solía ir al grano y la charla rápidamente se quedaba en silencio; debido a esto uno de los dos siempre buscaba una salida rápida de eso, argumentando una llamada de algún adulto, un "tengo muchas cosas que hacer" o "estoy castigado". A pesar de eso Ikki aún seguía confiando en Esmeralda y ella en él, aunque Ikki no lo supiera.

- Sólo me aseguro de que todo esté en orden.

- Ikki, ¿cuándo aprenderás? - Esmeralda movio la cabeza de un lado al otro, su amigo abrió la boca para hablar pero la chica continuó - creí que habías entendido que Shun es fuerte y puede cuidarse por sí solo después de lo que pasó hace meses.

- Esa pelea sólo sirvió para mostrarme que Shun no sabe controlarse, es demasiado joven.

- ¿Eso significa que continuarás atosigandolo?

- No lo molesto, sólo

me aseguro que todo este en orden.

Ante la mirada de la chica Ikki decidió despedirse y caminó a su salón.

No le gustaba que cuestionaran los métodos que él creía correctos para cuidar a su hermano.

Sin embargo, una duda le llegó, ¿Y si sólo exageraba? No lo creía posible pero existía una pequeña posiblidad de que lo que hacía dañara a su hermano. Esas dudas no lo dejaron poner atención al resto de sus clases hasta que llegó la hora del receso y pudo hablar con Esmeralda.

- ¿Es posible? - preguntó acercándose.

La joven se encontraba en los columpios disfrutando de una bolsa de papas por lo que el que Ikki se acercara la dejó un poco confundida.

- ¿De qué hablas? - preguntó antes de llenarse la boca de las frituras.

- ¿Es posible que esté sobreprotegiendo a Shun? - preguntó sentándose a lado de ella.

- ...Finalmente - Esmeralda miró hacia arriba, agradeciendo al cielo - has entendido que estás cometiendo un gran error.

- ¿Cómo estás tan segura? No tienes hermanos o algo por el estilo.

- No, pero si los tuviera no me gustaría tratarlos así. Entiendo que te preocupes pero no es necesario exagerar.

- ¿Exagerar? - Ikki se llevó la mano al mentón.

- Así es, tal vez es hora de dejarlo ir.

Ante las palabras de Esmeralda, Ikki miró hacia enfrente buscando a Shun con su mirada, al no encontrarlo pensó en la posibilidad de que las palabras de Esmeralda fueran ciertas y necesarias de seguir.

- Está bien - susurró Ikki siendo abrazado por la rubia.

Al día siguiente, a diferencia de otros días, Shun se levantó gracias al ruido que Hyoga hacía al estar acomodando su mochila, y no por su hermano. Desayunó sin escuchar la voz de Ikki recordándole que debía de hacerlo bien, ya que el desayuno era lo más importante del día. El camino a la escuela fue diferente de esos "minutos de supervisión", Ikki no estaba para tomarlo de la mano cual niño chiquito y cruzar así las calles. Tanto la sorpresa como la preocupación invadieron su joven corazón.

A lo largo del día, y lejos de Shun, Ikki se dedicó a hacer el tipo de cosas que un joven de su edad hacia, aunque a ciencia cierta no estaba contento con lo que hacía, sentía que le faltaba algo pero no lograba descubrir que era. Varias veces pensó en ver cómo estaba su hermano, así que ese impulso fue lo que lo llevó a buscar a Shun durante el receso; en cuanto vio a su hermano se dio cuenta de que no debió haberlo hecho.

En un lugar apartado del patio principal se encontraba Shun, sentado frente a la cerca que separaba la escuela de la calle, y del otro lado se encontraba un joven de playera roja que compartía el almuerzo con su hermano. Ikki pensó en ir a interrumpir la charla pero supo que no era correcto, y parecía que Shun disfrutaba la compañía de ese extraño hombre. Sintiéndose triste y solitario, Ikki abandonó la escena.

Después de tanto tiempo comprendió que había cosas que era mejor dejar ir.