Capítulo 6 'Una situación bizarra'
Los personajes son de Stephenie Meyer, la cual no ha aceptado regalarme ni un solo vampirito. La trama es nuestra.
Jasper POV.
El televisor pasó un buen rato encendido y era lo único que se escuchaba, salvándonos de un silencio incómodo. La verdad, ni le estaba prestando atención al partido de fútbol y era obvio que Alice, que estaba de brazos cruzados tratando de parecer una digna panzona derrotada, tampoco lo hacía. Finalmente tomé el control remoto de la disputa y apagué el televisor.
—Qué tal si...
—No.
—¡Ni siquiera he terminado de hablar! —repliqué indignado.
—Pues yo ya sé que no estaré de acuerdo con lo que sea que haya pensado tu pervertida cabeza.
—Eh, nena, que no te iba a decir que folláramos y grabáramos un video, tranquilízate y escúchame.
—Eres repugnante, de verdad. —dijo y yo me reí—. Pues habla, que no tengo todo el día
—¿Si hacemos una partida de videojuegos? —señalé el wii que había en el mueble del televisor. Ella me miró extrañada, sin haberse esperado que sugiriera eso—. No tengo la culpa de cómo trabaje tu retorcida mente cuando piensa en mí.
—Cierra la boca. —murmuró ruborizándose y fue a prender la consola. Puso el juego de Counter Strike, tomó los controles y regresó al sofá tendiéndome uno—. Bien, jugaremos videojuegos; pero debo advertirte que vas a recibir la mayor paliza de tu vida.
—Nadie me gana en este juego —bufé—, mucho menos una chica.
—Eres un maldito machista, por eso voy a disfrutar más mi victoria. —y, dándome una mirada casi atemorizante, presionó el botón de inicio.
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Tres horas después y todo mi equipo estaba muerto.
—Perdiste. —dijo Alice con tranquilidad.
—Tuviste suerte, ¿qué tal si jugamos otra vez?
—Jasper, es la tercera vez que te gano. —Replicó ella dando un largo suspiro—. Tienes que admitir que soy mejor que tú.
—Vale y tú admite que estás obsesionada conmigo.
—¿Qué dices? Claro que no. Es que eso… eso… no tiene jodido sentido. ¿Cómo voy a estar obsesionada contigo? —Le miré alzando una ceja, Alice bufó—. ¿Y qué tiene que ver esto con los videojuegos?
—No lo sé. —me encogí de hombros—.Pensé que lograría hacerte olvidar que acabas de darme una paliza en Counter Strike.
—Imbécil. —me pegó en el hombro.
—Pegas como niña.
—Soy niña, imbécil. —replicó con ironía y yo no pude hacer más que reírme.
Alice se puso de pie.
—Voy a dar un paseo afuera, ¿quieres venir? —asentí y la acompañé hasta afuera.
La parte de atrás de la casa de Alice tenía un pequeño jardín con muchas flores y plantas, dos grandes árboles, sobre uno había una casita y el otro tenía un columpio. También habían esculturas y una fuente donde en este momento se encontraban algunos pájaros. Era un lugar bastante cuidado, de verdad. Alice me señaló el columpio y me arrastró hasta allí. Se sentó y me indicó que tomara las cadenas del columpio para que la meciera. Joder, ella sí que sabía dar órdenes.
—Solo trata de no matarme. —dijo medio en broma.
Estuve un buen rato oyéndola reír y viendo cómo el viento acariciaba su piel. Parecía una cría, de verdad me daba mucha ternura, aunque a mí no me gustaran los críos.
—Hey. —me dijo luego de unos minutos—. Tengo hambre.
—¿Cómo que tienes hambre? Apenas han pasado… —observé mi reloj—. Cuatro horas desde nuestra comida.
—Pues yo estoy embarazada y necesito alimentarme.
Alcé una ceja y ella me respondió con una cara de circunstancias. ¿Esto era en serio? De verdad, Alice no podía dejar que una buena impresión de ella pasase por mi mente, era como si necesitara recordarme lo insoportable que podía ser cada cinco minutos.
—¿Qué se te antoja? —pregunté, derrotado. Mejor no discutir con una mujer embarazada con tendencias agresivas.
—Prepárame un sándwich —y, como para evitar que replicara, me dirigió una sonrisa angelical. Les juro que me sentía esclavizado, pero cómo resistirse a esos hoyuelos.
—Vale. —alcé las manos en señal de rendición—. Dame diez minutos.
Caminé hacia la cocina y, aunque nadie se había tomado la molestia de hacerme una visita guiada, conseguí los implementos para preparar la comida de Alice. Serví en un plato solo un sándwich (yo todavía no tenía hambre) y volví hasta el jardín con una bandeja en brazos. Vislumbré a Alice sentada en el césped y fui a su lado.
—Hey, te traje… —callé al ver que toda su atención estaba concentrada en un pajarito con plumas amarillas y negras que sostenía en las manos—. ¿Qué rayos haces con eso?
—¡No le digas "eso" a mi nueva mascota! La encontré mientras caminaba por el jardín, creo que se cayó de un árbol o algo así.
—Déjame verlo, no parece que esté bien.
Ella me lo tendió, un poco recelosa.
—Ten cuidado.
—Ajá. —dije examinándolo.
—¡Es muy lindo! Lo voy a bañar y le compraré una jaula y lo llamaré Teodoro. ¿Crees que vendan comida de pájaros en la tienda de la esquina? Deberían, la verdad, así que quizá vaya…
—Alice, no se mueve.
—¿Qué? —percibí algo de histeria en su voz—. Bueno, es que se cayó desde muy alto y seguro se fracturó algo. Hay vendas en el baño, si quieres las traigo.
—No creo que haga falta, tampoco respira.
—¿Cómo que no respira? —exclamó al borde de las lágrimas—. Hay que darle respiración boca a boca o algo…
—Alice, no tiene sentido, está muerto.
—Cla… claro que no. Teodoro sólo está dormido…
—Está frío, no se mueve y no respira. ¿Necesitas alguna evidencia más? Quizá ya lleva un par de horas muer…
—¡No te atrevas a decirlo! —se lanzó a mis brazos y rompió a llorar—. Mi pobre Teodoro tenía tanto por vivir.
—Oh, linda, no te pongas así. —murmuré incómodo, palmeándole la espalda—. Va a estar en un mejor, eh… lugar.
Todo el mundo sabía que esa era la frase más falsa del mundo, pero era como una cortesía utilizarla para calmar a la gente. De cualquier forma, no sirvió de nada, Alice siguió llorando como una desquiciada por un pájaro estúpido que había encontrado hacía cinco minutos. Yo que pensaba que lo había visto todo.
—Quizá estás un poquito hormonal. Por el embarazo y todo, ¿sabes?
—¡Y un cuerno! Yo quería a ese pájaro, de verdad. ¡Oh, Teodoro! —sollozó.
Suspiré e hice un gran esfuerzo para no rodar los ojos.
—Cariño, no te pongas así. Vamos a hacer algo para que te sientas mejor, ¿sí? Dime, cualquier cosa.
—Quizá… —se sorbió la nariz de una manera muy poco educada—. Quizá si le diéramos un entierro digno me sentiría mejor.
Esto tenía que ser una maldita broma, ella de verdad no me estaba pidiendo eso.
—Yo creo que es un poco irracional.
Ella me dirigió una mirada asesina.
—¡Teodoro necesita descansar en paz! —exclamó y volvió a su llanto sin control.
Dios, no más lágrimas, por favor. Una mujer llorando siempre logra cualquier cosa de mí.
—De acuerdo, de acuerdo, le haremos el funeral a Teodoro. Sólo… cálmate.
—¿De verdad? —me miró y yo asentí. Su semblante se iluminó en cuestión de segundos—. ¡Qué bien!
Me abrazó y con una expresión alegre se incorporó y me haló el brazo para que hiciera lo mismo. Esos repentinos cambios de humor comenzaban a inquietarme bastante, pero ya había dado mi palabra de quedarme todo el día con ella.
Fuimos a buscar los materiales para nuestro improvisado entierro, encontramos una caja lo suficientemente grande para meter a Teodoro y un poco de hilo para amarrarla. Alice me pidió que le diera unos minutos para vestirse para la ocasión. Yo seguía sin poder creer que estuviera haciendo eso, aunque no había salido ninguna cámara escondida, así que toda esta locura iba en serio.
—Ya estoy lista. —dijo luego de más de quince minutos.
Me giré para ver cómo bajaba por la escalera y estoy seguro de que mi cara fue un poema. Llevaba puesto un vestido de encaje negro con unos zapatos negros, unos guantes negros y un sombrero negro con una malla que le tapaba la cara. Genial, ahora sí podía decir que la madre de mi hijo estaba totalmente desquiciada.
Aunque por dentro estaba debatiéndome sobre si reír o llorar ante esa imagen de "viuda cliché de telenovela", traté de componer la expresión más seria que pude.
-Todo está preparado, deberíamos comenzar.
Ella asintió y me siguió hasta una esquina del jardín, detrás del árbol que tenía una casita, donde había un hoyo cavado para Teodoro, el honorable y amado pájaro. Espero que entiendan que era sarcasmo.
—¿Qué tal si dices unas palabras? —preguntó y la miré extrañado como si de repente le hubiese aparecido un tercer brazo. Alice suspiró y añadió—: Por Teodoro.
En ese momento deseé que Dios existiera y que el maldito pájaro reviviera para que yo no tuviera que hacer semejante ridiculez; pero qué va, no hubo suerte. De verdad, en mi vida pasada yo había sido una mierda de persona porque eso no tenía otra explicación.
—Alice no creo... —Ella se quitó el velo que cubría su rostro e hizo un puchero. Vaya, golpe bajo—.Vale, vale. Oh... Teodoro fue un gran pájaro que vivió una vida muy… de pájaros. Y ahora está en un mejor lugar, volando en el cielo… aunque no sé dónde más podría estar volando; pero, eh, espero que descanse es paz.
Alice lloró hasta que terminé de sepultar al ave y puse una roca como lápida. Jamás volvería a tener sexo con una inestable mental, se los juro. Me levanté para observar mi trabajo y me pareció graciosa la imagen de la pequeña tumba desde arriba, había hecho un buen trabajo.
—¿Ya no tienes hambre? —pregunté, esperando poder cambiar el tema—. El sándwich que te preparé esta en la cocina.
—Bueno, por qué no. —se encogió de hombros y me siguió hasta adentro de la casa.
Busqué el plato con su sándwich, lo tomé y lo llevé a la mesa del comedor. Alice se sentó en una silla frente a la mesa y le dio un mordisco al sándwich. Luego otro y otro y otro. Comió como una desesperada, y en menos de dos minutos ya había vaciado su plato.
—Te sientes mejor, ¿eh? —comenté.
—Claro que no, el dolor sigue ahí.
—Vale, comprendo.
—Oye, ¿por casualidad le pusiste mayonesa al sándwich? —preguntó con un matiz de inconfundible ansiedad luego de unos minutos.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Oh, mierda. —musitó y salió corriendo.
Tardé un poco en reaccionar sobre lo que acababa de pasar. Al final, decidí seguirla escaleras arriba. La vi meterse en el baño y cerrar la puerta tras sí. Pensé en abrirla, pero me pareció que eso era ya demasiada invasión a la privacidad. De cualquier manera, pegué el oído a la puerta y oí el inconfundible ruido que hacía una persona vomitando.
—¿Puedo pasar? —pregunté, tocando la puerta.
—¡No! —exclamó casi de inmediato y luego vino de nuevo el ruido—. Espérame abajo, por favor.
Era la primera vez que pedía algo con amabilidad, así que entendí lo serio del asunto.
—Si necesitas algo, grita.
—Ajá.
Bajé y me senté en uno de los sofás del recibidor. La situación me ponía algo tenso; no era por presumir, pero yo era un gran cocinero de sándwiches. Tenía que estar muy mal como para vomitar mi deliciosa receta. Alice bajó en lo que, a mi parecer, fueron unos eternos minutos y se le veía pálida.
—¿Todo bien?
—Parte de los síntomas del embarazo es la repulsión por algunos alimentos en específico y sin razón aparente. Yo, por ejemplo, no soporto el olor de los huevos revueltos y la mayonesa. —se encogió de hombros y tratando de parecer despreocupada, añadió—: No lo sabías, no es tu culpa.
La verdad, sí me sentía culpable porque debía saberlo. Tenía cuatro jodidos meses de embarazo y yo apenas estaba comenzando a ponerme al día con el tema. Tenía que investigar, tenía que entender de qué rayos trataba todo eso. El sonido de mi celular interrumpió mis pensamientos. Lo saqué del bolsillo trasero de mi pantalón y le hice un gesto a Alice para excusarme.
—¿Hola?
—Buenas tardes, Jasper, es Rupert.
Rupert era uno de los empleados que trabajaba en mi casa. Aunque llevaba más tiempo del que podía recordar prestando sus servicios, siempre había mantenido un tono respetuoso cuando se dirigía a mi familia.
—Oh, ¿qué tal Rupert?, ¿va todo bien?
—Es que hay dos jóvenes esperando en la entrada. Dicen que usted los invitó a la casa.
—¿Puedes decirle a Jaime que nos deje pasar? —se oyó que gritaba una voz a lo lejos. Rodé los ojos. Emmett nunca entendería que no todos los mayordomos se llamaban "Jaime".
—Sí, Rupert, yo los invité. Por favor, ¿podrías ponerlos al teléfono?
—Como usted diga, señor.
Unos segundos de silencio después, la voz de Emmett llegó a mis oídos.
—Hey, hermano, no me digas que olvidaste que nos habías invitado hoy a tu casa.
—Por supuesto que no. —mentí—.Yo voy en un rato, ¿les parece?
—Si nos dejas esperar en la habitación de juegos, podemos estar aquí toda la noche.
Rodé los ojos, maldito interés.
—Sí claro, pasen y esperen ahí. —dicho esto, colgué.
No es que estuviera apurado, tenía bastante tiempo para llegar y ellos no se irían hasta que (literalmente) los echara de mi casa, pero quería hacer algo antes. Observé mi reloj, eran las cuatro en punto, tendría que apurarme.
—Alice, debo irme. ¿Qué tal si te veo mañana? —le dije yendo hacia donde ella había estado esperando a que terminara mi llamada.
—Sí, vale, iré por tus cosas.
Alice se puso en pie de un salto y corrió escaleras arriba sin dejarme replicar. Antes de lo que creía, estaba de nuevo frente a mí con una bolsa donde había puesto mi ropa de la noche pasada perfectamente doblada y también se había quitado su "traje de viuda" negro y se había puesto algo más normal.
—Gracias, guapa. —sonreí.
Ella resopló, pero con más humor del que creía, contestó:
—De nada, guapo.
Se inclinó para despedirse de mí con un beso en la mejilla y, como dándose cuenta de la naturalidad de ese gesto, compuso una expresión de extrañeza y se alejó, cerrándome la puerta en la cara. Reí por lo bajo y me dirigí a mi auto. Jodida loca era Alice; pero era incluso divertida, para ser sinceros.
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—Quiero ese. —señalé el único pájaro amarillo con negro que estaba en la jaula. Se parecía mucho a Teodoro.
El encargado asintió y me lo tendió dentro de la jaula que le había comprado, junto con la bolsa de alpiste. Pagué, fui a mi auto y dejé en la parte trasera mi compra para dirigirme de nuevo a la casa de Alice.
Cuando llegué, noté que había un auto negro aparcado, lo que significaba que su madre debía haber llegado. Toqué el timbre y fue la embarazada histérica la que abrió la puerta. Frunció el ceño.
—¿Hola? —dijo alzando las cejas.
—Verás, pasé por la tienda de mascotas y pensé en traerte esto…—saqué la jaula con el pajarito detrás de mi espalda.
Lo cierto es que no esperaba que se lanzara a mis brazos a decirme cuánto me amaba; pero al menos una sonrisa hubiese estado bien. En cambio, me tuve que enfrentar a su expresión contrariada, como si la simple imagen le causara repulsión. ¿Ahora qué rayos había hecho mal?
—¿No te gustó? Pensé que era un buen detalle. Ya sabes, para mejorar nuestros lazos afectivos.
—¡Serás imbécil! De verdad no lo entiendes. —exclamó con consternación, llevándose las manos a la cabeza—. No puedes ir a comprarme un pájaro cualquiera y pensar en sustituir a Teodoro. ¡Es como si tú murieras y yo me tirara a tu hermano!
No sé por qué lo ilógico de la situación hizo que soltara una carcajada.
—Alice, soy hijo único; aun así gracias por dejar claro que soy insustituible.
—Dame el maldito pájaro. —me quitó la jaula y la bolsa de comida de las manos. Trató de volver a cerrarme la puerta en la cara, pero la voz de su madre lo evitó.
—¿Quién está en la puerta? —preguntó la señora Brandon.
—¿Nadie?
—Alice…
—De acuerdo mamá, es Jasper; pero ya iba de salida.
—Pregúntale si se quiere quedar a cenar. —se escuchó la voz de Jamie.
—No, Jamie, no quiere. Jasper tiene problemas de… anorexia.
—¡Alice!
—Joder. —masculló—. Bueno, ¿qué dices?
—Sois muy amables; pero he quedado con unos amigos. De cualquier forma, no tengo ningún trastorno alimenticio, eh. —dije lo suficientemente alto como para que me pudieran escuchar en el comedor.
—¡Gracias al cielo! —respondió Alice.
Bah, seguro estaba triste porque no me quedaba con ella, sólo tenía que admitirlo.
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El salón de juegos de mi casa tenía el tamaño de un apartamento promedio. Al entrar se veía un hockey de mesa al fondo, al lado izquierdo un mini bar, una máquina de hacer palomitas y también un refrigerador y una máquina expendedora de chocolates. En el centro, había unos sillones alrededor de una mesa baja y una puerta al final conducía a la sala de cine con capacidad para diez personas. ¿Ostentoso? Sólo un poco, ni se fijen.
Al entrar noté que Emmett y Jacob jugaban una partida de hockey, mientras Edward y Seth estaban sentados bebiendo cerveza.
—¿Me extrañaron? —pregunté, llamando su atención.
—Para nada, tu casa nos mantiene muy ocupados. —replicó Emmett.
—Pensé que estarían en la pista de boliche.
—Hasta hace unos minutos estábamos; pero a Seth le cayó una bola en el pie y se puso a gritar como una cría histérica de ocho años. —rió Jacob, pese a la mirada asesina del aludido—. Como sea, decidimos venir para acá.
—Cuéntanos de ti mejor, querido Jasper. —intervino Edward—. Faltaste hoy al instituto y en la fiesta de ayer te vi con la amiga de mi novia, Alice.
Cinco minutos era lo que habían tardado en sacar el tema. De verdad, hubiese apostado a que al menos pasarían diez; pero estos chicos eran rápidos.
—Eso es ridículo. —terció Seth—. Dicen que la chica está embarazada, ¿por qué Jasper querría juntarse con una chica que está embarazada si él le tiene terror a la paternidad?
—Querido Seth, estás corto de miras. —dijo Emmett—. ¿No puedes ver de qué va esto? Ayer nuestro Jasper armó un espectáculo frente a toda esa gente que deja bastante a la interpretación.
Suspiré, quién diría que Emmett era tan intuitivo. Fui a sacar una cerveza del refrigerador y luego a dejarme caer en uno de los sillones. Menudas viejas chismosas tenía como amigos.
—¿Tienes o no que ver con el embarazo? —Jacob nunca había sido muy paciente.
—Creo que sí. —respondí.
—Oh, momento. —Edward me miró—. ¿Creo que sí? ¿Eso significa que tú puedes ser…?
—El futuro padre.- concluí—. Sí, hay una posibilidad muy grande de que lo sea.
Se quedaron atónitos, pese a lo que habían visto ayer, ellos nunca se hubiesen atrevido a hacer suposiciones sobre algo de los que no les había hablado.
—Debiste decirnos. —reprochó Emmett.
—Escucha, no tenía ni idea de que iba a ser padre y créanme que la noticia me cayó peor que a ustedes. Lo siento, ¿de acuerdo?
—¡No, eso no! —respondió el interpelado—. ¿Por qué carajos no nos dijiste que te habías tirado a Alice Brandon? Quiero decir, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?
Rodé los ojos. Claro, es que Emmett no podía ser de otro modo. De verdad su vena cotilla resultaba exasperante en momentos como ese.
—A ver, me la tiré en el viaje de la playa, la primera noche y no, no te pienso decir cómo.
—¿Usaste mi casa para consumar ese tipo de perversiones? —Emmett fingió estar escandalizado, para luego reír y negar con la cabeza—. Te juro que tienes algún tipo de súper poder. ¿Alice Brandon? Riley lleva tirándole los trastos más seis meses y la chica no le presta un mínimo de atención y creo que no es el único, eh.
Bueno, genial, ahora teníamos que discutir sobre el estúpido club de admiradores de Alice. Es que de verdad, ella no era para nada fea. De hecho, todo lo contrario. Y tenía un trasero increíble, además. No es que importara, eh, ese era sólo un comentario objetivo.
—Verás, cuando una mujer ebria te tiene ganas y tú le tienes ganas y, además, hay una cama cerca, pues no hay demasiado que entender. —me encogí de hombros.
—Dejaste embarazada a Alice Brandon. —Seth silbó por lo bajo—. ¿Estás consciente del lío en el que te has metido?
Di un profundo suspiro y me llevé las manos al rostro.
—No, ¡joder! No tengo ni puta idea de en qué lío me he metido.
Creo que cada vez estoy cortando más feo los finales... ¿Ya ven que JAsper comienza a necesitar explicarse algunas emociones? Las cosas van poco a poco, no se pueden enamorar al primer día.. ¿o sí?
Bien. 9 días sin publicar. Merezco ser asesinada, yo lo sé. Para mí es demasiado tiempo, y lo lamento. En definitiva no es falta de inspiracion, ya que esta es mi historia favorita. Es solo que he estado muy ocupada estos días, pero aún así no hay excusa. Chicas, para el siguiente si se viene un Alice POV. Trataré de poner mas seguido JAsper POVS quizás cada cuatro capítulos.. Hum. Pueden ayudarme a decidir eso ^^.
Espero ser merecedora de algún humilde review para saber que les sigue gustando la historia, aunque la autora se desaparezca a ratos. Agradeciendo a: Skuld Dark, Alice y leitakhr por sus hermosos reviews que me ayudan a continuar... Al igual que todos los anteriores, los que me agregaron a favoritos y alertas.. y los que aún no se animan a comentar, pero aún así leen. Besos a todos y a cada uno de ustedes :)
Se despide, 'la chica que no puede dejar de escribir testamentos' Katherine.
