"La Esperanza Abandona"
12-Abril-2010
Carlos observaba los cuerpos inertes de tres infectados que lo habían atacado. Había sido difícil derrotarlos. Eran rápidos y muy resistentes. Pero pronto todo se terminaría. Pronto le pondría un fin a lo que había iniciado meses atrás. Siguió su rumbo. Cualquiera que lo hubiese visto desde lejos hubiera jurado que se trataba de otro infectado más…
Caminó durante un par de horas, llegó a un parque, subió a un quiosco y se desplomó a dormir. Una de las tantas cámaras al servicio de Él había logrado captarlo, pero el tipo que estaba a cargo de operarla, efectivamente, pensó que se trataba de un infectado más. Por lo cual no le dio importancia.
...
Cristian: -¡Fuego!-
Cristian desenfundó su revólver de alto calibre y derribó a un infectado de un certero tiro en la cabeza.
El grupo se había encontrado con una jauría de infectados. Resultaba difícil combatirlos en la oscuridad.
David: -¡Ahí vienen más!-
Siguieron disparando. Todo era frenético. Las luces de los disparos iluminaban momentáneamente los túneles del metro, dejando ver al grupo de infectados que se acercaban aullando.
Ángel: -¡Son demasiados!-
Cristian: -¡No se detengan!-
Los infectados caían. Uno logró acercarse lo suficiente a Asael y le escupió sangre en la cara.
Asael: -¡Ahhh mis ojos!-
Cristian rápidamente apuntó y disparó al infectado, la fuerza del impacto fue tal que arrojó a éste por los aires con la cabeza destrozada. Asael se arrodilló.
Asael: -¡Mierda no puedo ver nada!-
Todos se apartaron de él. Sabían lo que venía.
Asael: -¡Esperen! !No...!- comenzó a toser - ¡Arghh ghhh ahghh! ¡No seré uno... aghh de ellos!-
David: -¡Noooo!-
Tomó su pistola, la metió en su boca y jaló el gatillo. Las mejillas de Sonia, quien era la más cercana a él, se salpicaron de sangre.
Sonia: -¡Oh por dios!-
El cuerpo de Asael se desplomó. Los infectados seguían llegando. Uno de ellos tomó a David y se disponía a morderlo. Comenzaron a forcejear.
David: -¡Ayuda!-
Fernando se acercó corriendo y derribó al infectado de una patada. Éste respondió escupiéndole sangre, pero Fernando la esquivó. Tomó su pistola y vació el cargador en la cabeza del infectado.
David: -¡Gracias, te debo una!-
Fernando: -Sigamos peleando-
Parecía que los infectados finalmente se habían terminado. Los disparos dejaron de escucharse. Todos se quedaron esperando. Aún con las armas apuntando hacia el túnel.
David: -¿Jefe?-
Cristian bajó su arma. Se acercó al cadáver de Asael. Se agachó y toco su hombro.
Cristian: -Lo siento amigo-
Se incorporó y miró al resto.
Cristian: -Andando-
Mientras tanto. Ingresaban por la entrada del túnel soldados al servicio de Él. Iban por Cristian y su grupo.
...
Miguel observaba a Victoria dormir. Recordaba a Juan y lo mucho que él la amaba. No podía evitar sentirse mal por lo ocurrido el día anterior. Ahora sólo se trataba de Vicky y de él. Juró que la protegería con su vida. Se levantó y buscó algo de comer en la tienda. Todo lo que encontró fueron bolsas de frituras expiradas. Se dirigió a donde estaba la comida enlatada y encontró un par en buen estado. Regresó con Vicky, abrió una de las latas y comenzó a comer. Esperó a que Vicky despertara.
...
Finalmente Aquiles y los demás habían entrado a la ciudad. Aquiles permanecía callado y al frente del grupo, observaron a un grupo de infectados a lo lejos y se escondieron detrás de un auto. Contemplaron la situación.
Josué: -Son demasiados-
Miriam: -Deberíamos rodearlos-
Josué: -Buena idea, demos la vuelta a la cuadra-
Permanecieron agachados y comenzaron a rodear el edificio, pero al dar vuelta a la otra calle se encontraron con otro grupo de infectados.
Josué: -¡Carajo! El lugar está repleto-
Dalia: -¿Y ahora qué hacemos?-
Miriam: -Sigamos buscando alguna calle despejada-
Dalia: -Perderemos el rastro de Carlos-
Miriam: -No veo más opciones-
Josué: -Podríamos... atravesar el edificio...-
Miriam: -Mmm... pero el otro lado debe estar infestado de infectados igualmente... tal vez si...-
El sonido del motor de un auto los hizo girar la cabeza. Aquiles había logrado encender un jeep.
Aquiles: -¡Andando, el sonido llamará su atención!-
Todos abordaron el jeep rápidamente. Incluido Cerbero.
Aquiles: -¡Sujétense!- pisó el acelerador.
Todos los infectados dirigieron su mirada hacia el jeep que se acercaba a toda velocidad y comenzaron su embestida. Los primeros salieron volando, pero entre más llegaban más difícil era avanzar.
Miriam: -¡Derriben a los que puedan!-
Disparaban a los que se acercaban por los lados, uno logró tomar a Dalia del brazo.
Josué: -¡No!- le dio una certera patada en la cabeza al infectado, derribándolo.
Otro infectado saltó hacia la cajuela. Miriam se incorporó y le disparó en la cabeza. Esparciendo sus sesos sobre otros infectados que venían detrás de él.
Aquiles: -¡Mierda, cada vez es más difícil avanzar!-
A lo lejos más y más hordas de infectados se acercaban a toda velocidad, rugiendo como perros rabiosos. El sonido que emitían todos en conjunto era infernal. Miriam pensó que si sobrevivían a todo, ese sonido la atormentaría el resto de su vida.
Josué: -¡Empiezo a pensar que no fue una buena idea después de todo!-
Seguían disparando. Derribándolos. Un infectado logró sujetarse de una de las puertas del jeep y escupió sangre a Josué, la cual impactó en su pantalón.
Dalia: -¡Ughhh!-
Josué: -¡Asqueroso!- dio una patada en la cabeza del infectado, pero éste no cedía. Josué tomó su escopeta y le disparó directamente en el pecho, lanzándolo a la calle.
Miriam: -¡La calle de la derecha no está tan infestada!-
Aquiles rápidamente giró hacia esa calle y por fin pudieron avanzar rápidamente. No había tantos infectados, Miriam y los demás se encargaron de ellos. Josué se incorporó y miró hacia atrás. Venían corriendo cientos de ellos. Pero el jeep se alejó rápidamente.
Miriam: -Bien... y ahora... ¿Cómo encontramos a Carlos?-
Aquiles no respondió, seguía mirando hacia el frente. Un infectado apareció de repente y fue arrollado, se despedazó completamente. Lo cual provocó un pequeño sobresalto en Miriam.
Josué: -Ya encontraremos la forma-
Siguieron su rumbo hacia ningún lugar.
...
13-Abril-2010
Victoria despertó y vio a Miguel comiendo de una lata. Se sentó.
Miguel: -¿Cómo estás?-
Victoria: -Triste-
Miguel: -Lo sé...- tomó una lata de duraznos en almíbar y se la ofreció a Victoria con una sonrisa –Tus favoritos...-
Victoria le devolvió la sonrisa.
Victoria: -Gracias-
Comieron un par de cosas más.
Victoria: -¿Y bien, cuál es el plan?-
Miguel: -Alejarnos de la ciudad... buscar ayuda...-
Victoria: -¿Con quién? Oíste a ese grupo... todo ha sido destruido...-
Miguel: -Entonces... busquemos un lugar tranquilo... y esperemos a que de alguna manera la civilización se restablezca-
Victoria: -Suena bien para mí...-
Miguel: -Andando... tenemos todo el tiempo del mundo...-
Salieron del lugar tomados de la mano, Victoria apoyó su cabeza en el hombro de Miguel, quién giró la cabeza y miró la ciudad por última vez.
Horas más tarde Ben llegaría y examinaría el rastro de ambos, se percató de que ahora eran sólo dos personas, pero poco importaba ya que uno de ellos era la mujer. Sonrió y siguió el rastro mientras silbaba alegremente.
...
Carlos abrió los ojos. Estaba hambriento, muy hambriento. Buscó entre sus cosas y sólo encontró una lata de frijoles expirados. La arrojó lejos de él. Se incorporó y miró desde lo alto del quiosco. A un costado del parque pudo ver una tienda. Bajó y se dirigió hacia allí. Una vez dentro pudo encontrar más comida enlatada que aún podría durarle un tiempo. Recogió cuanto pudo y salió de allí. Faltaba poco para llegar al edificio principal. Se encontró con un infectado, que rugió pero no causó impacto en Carlos, simplemente tomó su cuchillo y lo decapitó. El rugido atrajo la atención de más infectados, los vio y dejó caer su mochila. Se preparó para recibirlos tomando el cuchillo firmemente.
...
Cristian calculaba que ya debían de estar cerca del edificio principal. De hecho estaba seguro que se encontraban a 3 cuadras como máximo. Miraba al techo del subterráneo constantemente buscando alguna alcantarilla que diera a la calle. Sus hombres estaban cansados y débiles, pero dispuestos a seguirlo hasta el final. Por fin visualizó a unos diez metros del grupo una boca alcantarilla vieja y oxidada en lo alto, con una escalera igualmente oxidada.
Cristian: -Bien, debemos de ser sigilosos, no sabemos qué nos espera allá arriba, preparen sus armas y síganme... cuando dé la señal ustedes...- se quedó callado observando al grupo.
Sonia: -¿Qué sucede jefe?-
Cristian: -¿Dónde está Ángel?-
Todos se miraron desconcertados. David se encontraba detrás del grupo.
David: -Estaba detrás de mí hace apenas 10 minutos...-
Cristian: -¡Shh!-
Todos se quedaron quietos, escuchando atentamente. Sólo se escuchaba a lo lejos el sonido de una lámpara descompuesta, que lanzaba chispas y se encendía y apagaba. De repente sonó un click muy cerca de ahí.
Sonia: -¿Qué...?-
Cristian: -¡A CUBIERTO!-
El grupo se dispersó en direcciones diferentes, no había muchos lugares dónde esconderse. Luego todos la vieron caer. Una granada.
Fernando: -¡Mierda!-
Para su suerte (o infortunio, pensarían algunos después) se trataba de una granada segadora. Que emitió una luz insoportable y un sonido ensordecedor. Todos, a excepción de Carla y Cristian, quienes lograron ponerse a cubierto, quedaron cegados y derribados debido al efecto de la granada. Ambos vieron surgir de la oscuridad a un grupo de hombres armados, bien equipados y con máscaras. Cristian tomó su arma y no vaciló. Le disparó en la cabeza al que iba frente al grupo, el casco, a pesar de ser resistente, no era competencia para el alto calibre de la bala de Cristian, su cabeza voló en pedazos. Carla también abrió fuego con su rifle de asalto contra dos de los atacantes. Uno recibió dos disparos en el hombro derecho y se desplomó al suelo. El otro recibió cuatro impactos, dos en el pecho, los cuales fueron bloqueados debido a su chaleco antibalas, pero los otros dos dieron directamente a su cuello, matándolo casi instantáneamente. Uno de los atacantes disparó un rifle de menor calibre que el de Carla contra Cristian, impactándole dos balas en la mano izquierda. Cristian rugió de dolor y dejó caer su revólver.
Carla: -¡Noooo!- respondió con una ráfaga de balas contra el atacante de Cristian, derribándolo pero dejándolo apenas herido. Carla pudo distinguir que lo que vestían eran uniformes de soldados de fuerzas especiales.
Uno de ellos gritó.
Soldado: -¡Basta!Arroja tu arma!-
Carla: -¿!Por qué habría de hacerlo!-
Soldado: -¡Hazlo o tu amigo muere!- hizo una señal a los demás soldados. Detrás de él surgieron dos que traían a Ángel golpeado.
Carla: -¡Ángel!-
Soldado: -¡Tienes hasta tres para arrojar tu arma!-
Carla: -¡Vete a la mierda!-
Soldado: -¡Uno!-
Carla pensó en abrir fuego nuevamente contra el soldado que estaba contando, pero llegó a la conclusión de que era una mala idea.
Soldado: -¡Dos!-
Carla: -¡Está bien!- arrojó su arma.
Los demás seguían en el suelo con las manos sobre los ojos.
Uno de los soldados se acercó a Carla.
Soldado: -Buena decisión preciosa-
Carla le escupió. Lo siguiente que vio fue la culata de un rifle acercándose rápidamente hacia su cara. Todo fue oscuridad después de eso.
...
El combustible del jeep se había agotado. Aquiles y los demás bajaron y continuaron a pie. Comenzaba a anochecer.
Josué: -¿Y ahora?-
Miriam: -Busquemos un lugar donde pasar la noche y mañana decidiremos qué hacer-
Dalia: -Por allá está un autobús-
Miriam: -Se ve resistente, pero no me fío mucho de él-
Dalia: -De acuerdo, por allá está un parque, podemos subir al quiosco y pasar la noche allí-
Josué: -Suena bien para mí-
Subieron a lo alto y se dispusieron a descansar. Aquiles se ofreció a montar la primera guardia, los demás aceptaron y durmieron. Aquiles observaba a Miriam dormir, seguía pensando en lo que había sucedido. Tenía que redimirse de alguna forma.
Por circunstancias diferentes días atrás habían llegado a ese quiosco Victoria, Juan y Miguel, horas antes había llegado Carlos y ahora ellos se encontraban ahí, descansando. Era una extraña coincidencia de la cual ninguno llegaría a percatarse jamás.
…
Victoria y Miguel habían avanzado un buen tramo a lo largo del día. La ciudad de México ya empezaba a perderse a la vista. Victoria había logrado ver una casa ligeramente escondida a un lado del camino. Constaba de dos pisos y tenía ventanas reforzadas con barras de metal. A ambos les pareció un lugar ideal. Se internaron con cautela y revisaron el primer piso. Estaba totalmente vacío. Subieron las escaleras e igualmente todo estaba abandonado. Sólo encontraron una nota sobre una cama en uno de los dos cuartos. Iba dirigida a un tal Alejandro.
"Querido Alejando, debido a lo que está sucediendo nos vemos en la penosa necesidad de abandonar la casa y alejarnos lo más posible de la ciudad. Esperamos que nos entiendas, no podemos seguir esperándote, lo sentimos mucho.
Con cariño, tus amigos José y Diana"
Victoria pensó que el tal Alejandro tal vez jamás llegó a la casa. Y eso le hizo pensar. Cuántas historias se estaban viviendo allá afuera. La de ella y Miguel era tan sólo una de muchas. Cuántas historias se vivieron y terminaron. Y pensó también cómo iba a terminar la suya...
Miguel: -Esperemos que estén bien...-
Victoria: -No hace falta lamentarse...-
Miguel: -Bien, cerremos y reforcemos las puertas de la planta baja, noté que sólo estaba la del frente y una que da hacia detrás de la casa-
Victoria: -Así es, andando-
Bloquearon ambas puertas con mesas que encontraron en el comedor de la casa en la planta baja. Luego subieron a la planta alta nuevamente y se dispusieron a cenar nuevamente comida enlatada. Miguel ya estaba cansado de ella, y añoraba los días en que su madre lo esperaba después de clases con la comida recién hecha en casa. Cenaron mientras platicaban alegremente, recordando buenos momentos en la escuela. A lo lejos el sol se ocultaba, dejando ver sus últimos rayos, y, no muy lejos de allí, Ben se acercaba alegremente, caminando por la carretera a un paso firme con su característica sonrisa en el rostro.
...
Carlos estaba oculto en las sombras. Era sigiloso y silencioso como un gato, y su aspecto maltrecho de vagabundo sólo contribuía a su camuflaje. Observaba, a dos cuadras de él. Cómo una alcantarilla se abría y de ella surgían un grupo de personas. Unos parecían policías y otros soldados enmascarados. Los soldados llevaban a punta de pistola a los policías hacia el edificio principal. Carlos no desaprovechó la oportunidad y comenzó a acercarse a paso lento, ya se había percatado de las cámaras y algunos humanoides en lo alto de los edificios. Sin embargo, no todo podía salirle bien, naturalmente. Uno de los humanoides le había seguido el rastro desde horas antes y se había percatado de que se movía de una forma demasiado estratégica para ser un infectado. Así que dio un salto desde el lugar donde se encontraba y aterrizó en el asfalto, rompiéndolo ligeramente. Estaba a 4 cuadras de Carlos, se dirigió hacia él.
...
Era una noche con luna llena. La cual, brindaba una luz reconfortante.
Aquiles estaba cansado, estaba cabeceando debido al sueño. De repente a lo lejos del parque pudo ver una extraña silueta moviéndose en la oscuridad. Al principio pensó que se trataba de un grupo de infectados, pero luego se percató de que era una sola silueta, lo cual lo aterró, ya que era enorme. Comenzó a acercarse al quiosco y su forma comenzaba a aclararse. La cosa comenzó a emitir gorgojos que dejaron paralizado a Aquiles, se detuvo y comenzó a olfatear el aire. Luego lanzó un rugido que casi le saca un grito a Aquiles, los demás despertaron. Josué dio un salto.
Josué: -¡¿Qué mier...?- Aquiles le cubrió la boca.
Miriam: -¿Qué sucede?- dijo en voz baja.
Aquiles apuntó con su dedo en dirección hacia la cosa. La cual emitió otro rugido. De la oscuridad surgió otra cosa, acudiendo al llamado de su amiga.
Dalia: -¡Oh por dios!-
Ambas cosas intercambiaron gorgojos, Aquiles imaginó que una de ellas le decía a la otra que había encontrado la cena. Se acercaron al quiosco y por fin comenzaron a adquirir forma ante los ojos aterrados del grupo. Andaban a cuatro patas, tenían escamas y parecían tener un color verdoso, medían alrededor de 6 metros de largo. Lo que más llamaba la atención, sin embargo, eran sus largos hocicos plagados de puntiagudos dientes.
Josué: -¿Qué... mierda... hacen un par de lagartos aquí?-
