Todos los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya, sin ánimos de lucro.


Capítulo VII

Vincent se preguntaba si Magnus alguna vez había estado en una ciudad. Le daba la impresión de que venía un pueblo o una ciudadela muy pequeña. O al menos, eso dejaba entrever el danés. Éste miraba con curiosidad por todas partes, como si fuera la primera vez que veía tantas tiendas juntas y esa enorme cantidad de personas que caminaban sin parar.

Magnus no podía estar más contento con aquella salida. Por momentos, había creído que el otro, dominado por su esposo, no sería capaz de salir con él. Pero agradeció en su interior que eso no hubiera ocurrido. Le daba igual cómo lo había conseguido, lo único que le importaba en ese momento era divertirse con él.

El neerlandés sabía que todavía tenía tiempo para retractarse y regresar junto a Antonio. Sin embargo, no podía abandonar a ese hombre que se hallaba a su lado. Había algo en él que le llamaba la atención, aunque no estaba seguro de qué se trataba todavía. Quizás era la novedad que le suponía.

—¡Así que éste es el centro! ¡Vaya! ¡Cuando se lo cuente a mis amigos, no lo van a creer! —exclamó antes de pegar la cara por una vitrina de juguetes. Estaba sorprendido de que fuera tan vistoso. Tantas luces y todo, cada juguete parecía estar en su lugar, de tal modo de que invitaba a uno a ingresar al lugar.

—Magnus… —Claramente eso confirmaba sus pensamientos. Se rascó la nuca. Nunca se había caracterizado por ser alguien que se metiera en la vida de los demás, así que le sorprendió que tuviera esa duda y todavía le sorprendió más el hecho que la pregunta se deslizara por su boca:—¿De dónde vienes?

—¡De mi madre, por supuesto! —exclamó en broma, aunque eso le hizo ganar un palmazo por la nuca:—¡Oye! —se quejó, pues no entendió en realidad a que se debía que el otro le golpeara de ésa manera. Para él, fue una respuesta de lo más graciosa.

—Sabes que no te estaba preguntando eso —explicó un tanto irritado ya que no podía creer que le respondiera semejante tontería. Con cada minuto que pasaba con él, más creía que el danés era un niño en un cuerpo de hombre.

Negó con la cabeza antes de tomar una bocanada de aire. La noche apenas estaba comenzando y ya le estaba haciendo perder la paciencia. Menos mal que iban a tomar una buena cantidad de alcohol, porque de otro modo, no estaba seguro de si iba a poder soportarlo.

—Bueno… —Alejó el rostro del vidrio y se acercó nuevamente a su amigo antes de contestar:—De un pequeño pueblo a las afueras de la capital. Trabajé en una pequeña editorial allí pero.. —Sus ojos azules repentinamente brillaron antes de seguir hablando, cosa que el neerlandés notó pero no le dio mucha importancia:—¡Pero alguien como yo debe aspirar a algo más! —exclamó.

No estaba seguro cuál respuesta era peor. Pero debía admitir que debió habérselo esperado. Cuando lo había conocido, se había dado cuenta de que era un hombre sumamente ambicioso y que probablemente haría lo que fuera necesario para ascender.

—¿Por qué lo preguntas? —indagó el danés. El otro nunca había mostrado mucho interés por saber acerca de su vida, así que realmente le asombró que ahora lo hiciera.

—Bueno, veo que claramente nunca has… —Prefirió callarse, no quería sonar como un imbécil. Rápido, debía buscar otra que decir para tratar de que el otro no se sintiera ofendido por sus palabras, aunque su mente se puso en blanco y realmente no le venía nada inteligente.

—¿Nunca qué? —Era muy curioso, así que se quedó contemplando el rostro del neerlandés en busca de una respuesta. Desde que lo había visto en la oficina, aquel lunes, lo había encontrado bastante atractivo. Aunque fue el anillo en el dedo de Vincent lo que lo desanimó por completo en esa ocasión.

—Eh… —El más alto trataba de pensar en algo decente, cuando vio finalmente el bar al cual le estaba llevando a su empleado:—Allí es —Señaló el sitio en cuestión y se sintió aliviado, pues le había ayudado olvidar el tema del cual estaban platicando. Una gota de sudor cayó por su sien, realmente había sido una mala idea tocar tal tópico.

Por supuesto, la mirada del nórdico se dirigió adonde apuntaba su compañero. Desde afuera, no resaltaba mucho visualmente. Era una taberna muy al estilo de los años cincuenta y al parecer, tampoco había mucha gente allí. Lo decepcionó un poco ya que deseaba conocer más personas, pero por otro lado podría profundizar su relación con el neerlandés.

Sabía que esto último era algo que debía hacer. En ningún momento, se había olvidado de su deseo de avanzar en su carrera y gracias al destino, el jefe que le había tocado era increíblemente guapo y atractivo. Por supuesto, tampoco tenía ninguna ilusión con la especie de cita de la cual estaban disfrutando. Sin embargo, no iba a desaprovechar la oportunidad si ésta se le presentaba.

Vincent, por otro lado, guardó su anillo en el bolsillo. No quería que la gente malinterpretara la razón por la cual estaba allí con su acompañante. Además, sabía cómo la gente hablaba mal de otras, así que era mejor que nadie conociera su estado civil. Igual, solamente se trataba de una salida entre amigos. O al menos, eso era lo que pensaba originalmente, porque pronto eso estaba a punto de cambiar.

Una vez que ingresaron al lugar, Magnus contempló el sitio. Un pianista en el fondo, un par de parejas por allí, probablemente hablando de intimidades y a dónde irían luego de terminar el trago que estaban compartiendo y unos tres o cuatro hombres sentados en la barras, quienes seguramente ya iban por sexto o séptimo trago de whisky y quienes seguramente preferían estar allí antes que regresar a su hogar con su esposa e hijos.

Se rió, imaginándose la vida de todas las personas que por azares de la vida estaban compartiendo el mismo sitio al que nuestros dos protagonistas acababan de llegar. Vincent saludó con la mano al bartender. De inmediato, le hizo una señal para que se calle y tomó su acostumbrado lugar, en una esquina desde podía ver todo lo que sucedía. El danés simplemente se limitó a seguirlo.

—¡Así que éste es el lugar al que siempre vienes, Vinny! —Acto seguido, le dio una palmada en el hombro al neerlandés, entre risas. Al fin, no tendría que pasar una noche solo. Planeaba pasarlo tan bien como le fuera posible.

Además, pronto se percató del detalle del anillo de su compañero de copas. Aquello simplemente mejoraba sus perspectivas para la noche. Por supuesto, no quería que el otro se diera cuenta de la manera en que lo estaba observando. No. Debía seguir disimulando sus pretensiones.

—No me llames así… —Se quejó. Miró a otro lado, esperando que gracias a la música del lugar, nadie hubiera escuchado semejante sobrenombre. De inmediato, hizo una señal para que un mesero se les acercara.

Se limitó a pedir por los dos, en vista de que el otro no tenía la menor idea de lo que servían allí.

—Tienen la mejor cerveza artesanal de toda la ciudad —explicó una vez que el empleado se hubiera retirado a traer los pedidos:—Algo caro, pero vale la pena —añadió. Miró su móvil para ver qué horas ya eran. Tenía aún un par de horas antes de verse obligado a regresar, así que en parte estaba aliviado. Ya luego pensaría en lo que haría con el olor a cerveza.

—¡Voy a confiar en tus palabras, Vinny! —Magnus continuaba revisando con la vista el ambiente del bar. Sin duda, se veía a sí mismo regresando allí. Aunque, por supuesto, primero debía probar el alcohol que servían antes de afirmar tal cosa.

—No hay forma de que dejes de decir eso, ¿cierto? —le preguntó el aludido. Menos mal, los tarros con cerveza no tardarían en llegar y así, hacer que la salida fuera relativamente más agradable.

Aunque, por otro lado, comenzó a relajarse un poco más. Estaba con alguien con quién no compartía las angustias de los gastos. Se fijó en su sonrisa y por un momento, sintió que sus preocupaciones habían desaparecido. No tenía que estar ocultándole nada, podía ser completamente libre.

—Oh, vamos. Deberías relajarte un poco más, Vin. No todo en esta vida es trabajo y problemas, ¿sabes? —comentó en tanto se acomodaba mejor en su asiento:—Quiero creer que no siempre estás con esa cara, ¿cierto? Olvídate de todo —añadió antes de darle una suave palmada en el hombro.

—Ya lo sé. Es que… Antonio va a abrir una tienda y… —Se masajeó las sienes mientras que hablaba:—Yo he sido quién solicitó el préstamo y… —Se deprimió un poco. Si bien apoyaba al español en su ambicioso proyecto, no estaba seguro de que el mismo funcionaría y lo que temía era que ambos cayeran en la quiebra. Por Dios, eso era lo último que deseaba que sucediera y por ello, solía revisar sus facturas y documento.

En ese momento, el mesero les dejó los dos enormes tarros de cerveza y el neerlandés, ni corto, ni perezoso, tomó un largo sorbo del suyo. El sabor era mucho más delicioso y embriagante de lo que había recordado. Si aún había tenía dudas sobre aquella salida, rápidamente fueron disipadas con ese trago de alcohol.

—¡Oye, oye, oye! Esta noche nos vamos a divertir. Yo estoy aburrido de estar solo y tú estarás cansado de tus obligaciones maritales. ¡Nada de quejas! —Volvió a darle otra palmada antes de tomar su cerveza:—Es más, te propongo algo —le sugirió el danés.

—¿Qué tienes pensado? —Volvió a tomar otro sorbo de su cerveza. Aquella bebida dorada realmente le estaba relajando. No podía creer que hubiera pasado tanto tiempo sin probarla. Al mismo tiempo, estaba interesado en lo que el escandinavo estaba a punto de decir.

—¿Qué te parece si por una noche te olvidas de él y lo pasas bien como si fueras un soltero? Igual ya pareces uno —Le guiñó el ojo haciendo alusión al hecho de que el neerlandés se había quitado su anillo:—¡Anda! Apaga tu móvil —le suplicó:—Ya luego puedes inventarle una excusa —Insistió.

Por supuesto, Magnus no estaba realmente seguro de que dicha estrategia pudiera funcionar. Simplemente decidió arriesgarse. En tanto aguardaba por la respuesta de su superior, decidió probar la cerveza de una vez por todas. Quizás así se le quitaría el nerviosismo de una vez por todas.

Sus ojos no se apartaban de los labios del neerlandés. Podía arriesgarse a que el otro le despidiera en el acto. Su corazón latía con fuerza. Sea lo que sea que el otro decidiera, debía acatarlo… No. Cuando Magnus se proponía algo, lo conseguía de algún modo.

—¡Ah, en verdad esta cerveza es riquísima! —exclamó el escandinavo, para luego limpiarse la boca con la manga de su camisa. Por supuesto, en tanto disfrutaba del trago, no se perdía un solo movimiento que realizaba el neerlandés. Así de pendiente estaba de él.

Vincent lo pensó varias veces. Ya le había mentido a Antonio sobre el lugar en donde se hallaba, así que de todas maneras ya no había vuelta atrás. Apagó su móvil y se acercó aún más al danés. Su mano fue a colocarse encima de la rodilla del otro, con cierto temor, pero su compañero la tomó con seguridad para que no se arrepintiera.

—Se supone que debería volver a las once… —Vincent ingirió por completo su cerveza y pronto solicitó otra más. Quizás nada de esto estaba sucediendo y simplemente estaba alucinando o algo por el estilo:—No lo sé… —Un debate interno se abrió en ese instante, ya que no sabía cuál era la respuesta correcta.

Sin embargo, aquel hombre que se hallaba a su lado era irresistible. Desde un principio, sabía que habría de tener problemas con él. Con tal sólo verlo, lo había adivinado. Pero le daba igual en este momento. Tal vez, solamente tal vez podría

—¡Ya te dije! ¡Olvídate de eso! Nos vamos a divertir y eso es todo. ¿O no te interesa saber a dónde nos podría llevar esto? —Una sonrisa maliciosa se adueñó de su rostro:—No serías capaz de dejar a un danés que no conoce a nadie solo un viernes por la noche, ¿verdad? —le preguntó, tratando de ganarse la simpatía del otro:—Además, esto será entre tú y yo —añadió.

—Bueno, ¿qué es lo peor que podría suceder, tonto? —le preguntó. Suspiró. No es que no amara a Antonio, porque no dudaba de eso. Pero quizás estaba algo aburrido. Sí, esa la palabra correcta. Había estado con la misma persona desde la secundaria, por lo que siempre había tenido cierta curiosidad de lo que se sentiría estar con alguien más. Aunque en realidad el otro nunca había dicho explícitamente para liarse.

Claro que él se dijo que solamente sería una cosa de una sola vez y luego nunca más.

—¡Ese es el espíritu, Vin! —El danés estaba regocijándose por lo que había dicho el otro. Aún veía en sus ojos cierta duda, pero no le importaba en lo absoluto porque sabía cómo disiparla.

—Haz que no me arrepienta, idiota —le pidió y de un solo trago, terminó con su segundo tarro de cerveza.

Mientras tanto, el español había regresado ya a su casa. Dejó sus pertenencias de una manera bastante desganada. Como su esposo no iba a regresar hasta tarde, supuso que no tenía sentido ir de inmediato a cocinar. Por alguna razón, se sentía un poco preocupado por el hecho de que tuviera que quedarse tan tarde en su oficina.

Se tiró sobre el sofá y miró su móvil, pues quizás su pareja le había escrito mientras que regresaba a su casa. Pero no había un solo mensaje proveniente de aquel. Se preguntaba si el trabajo que estaba realizando era tan importante como para no dedicarle un solo sms a él. No estaba deprimido por ello, más bien era la decepción que se apoderaba de él. No entendía cómo era posible que en doce horas no hubiera sido capaz de comunicarse con él.

—Vin, ¿acaso estás enojado conmigo? —se preguntó en tanto su ánimo se desinflaba en el sofá. Miró un largo rato la pantalla de su Smartphone como si esperara que ocurriera algún milagro.

Pensó que quizás podría llevarle la cena a su oficina pero de inmediato recordó lo mucho que al neerlandés le gustaba su espacio personal, así que esa idea se deshizo tan pronto como llegó. Quizás solamente estaba teniendo ideas muy raras y no había nada que temer. Después de todo, Vincent siempre cumplía con su palabra, ¿cierto?

Le mandó un mensaje más al neerlandés y se prometió que no lo haría más, el mismo decía lo siguiente: "Espero que no te estés esforzando demasiado. Te amo." Colocó el móvil sobre su pecho como si aguardara una pronta respuesta que jamás llegaría. Tras unos cinco minutos, decidió ir a tomar un refrescante baño, para luego ir a acostarse. No estaba de ánimo para nada más, pese a ser un viernes de noche.

—Vin… —Estaba preocupado, no era algo que simplemente podía dejar de lado dicha sensación que se adueñaba de su pecho. Negó con la cabeza, confiaba plenamente en él. Debía haber una explicación razonable para que el otro no se comunicara con él. Tal vez le habían robado el móvil. ¡Sí, eso debía ser! Con esa idea, fue al baño.

Regresando con nuestro dúo, ya se hallaban tomando su cuarto tarro de cerveza en aquel instante. Vincent estaba mucho más relajado para esas alturas, por lo que su acercamiento al otro era más obvia. Su mano seguía apoyada sobre la rodilla del otro, acariciándola con mucha delicadeza. El danés estaba más que contento con el pequeño avance que había logrado.

—¿Por qué no continuamos con esto en mi piso? —le susurró Magnus y éste, más que nunca, estaba seguro de obtener una respuesta afirmativa por parte del otro:—Te aseguro que será la noche más espectacular de tu vida —le prometió antes de ponerse de pie.


¡Gracias por leer! ¡Felices Pascuas!