Aquello era extraño, totalmente extraño.

El último recuerdo coherente que tenía era el haber acostado en el sofá, frente a Remus Lupin, pero ahora –inexplicablemente– corría por un bosque desesperadamente para evitar que alguna extraña criatura la encontrara.

No entendía muy bien qué era lo que en verdad pasaba, pero de lo único que tenía conciencia era de querer salvar su vida de aquella extraña criatura que ni siquiera había visto pero a la que le temía.

No sabía muy bien de quién escapaba, sólo sabía que debía correr por el lindero de aquel bosque buscando rápido una salida de aquel espantoso encuentro.

Miró hacia atrás, ahí venía, detrás de ella. Como una fiera salvaje en busca de su presa, aunque viéndolo bien era una fiera salvaje… venía corriendo a grandes zancadas en busca de la carne de Hermione, en busca de su juventud.

Hermione apresuró más el paso, buscando por todos los lugares algún escondrijo en donde pudiera meterse y aguardar a que estuviera segura.

Miró al cielo, la luna estaba totalmente llena; aquella noche había luna llena. Pero una luna que brillaba como nunca, que emitía un halo casi mágico que rodeaba a todo ser viviente del planeta… quizás no a todos, después de todo.

Desesperada siguió corriendo lo más rápido que podía, no quería ni siquiera mirar hacia atrás por temor a descubrir que aquella extraña criatura se cernía sobre ella.

Sin embargo, su temor fue tal que al final si miedo la venció y volteó la cabeza, y justo cuando giró el cuello sintió como si pie tropezaba con algo y caía estrepitosamente al suelo.

Sentía como la sangre corría por su brazo, y su pie dolí a montones –de seguro se había esquinzado, o peor, roto–. Con temor levantó la mirada y vio a varios metros a la extraña criatura, y por primera vez en la noche, logró reconocer lo que era.

Era un hombre lobo.

De pronto la oscuridad del bosque se cernió sobre ella, sentía el suelo debajo de su cuerpo, pero arriba de su cabeza no sabía nada.

De pronto todo se había quedado a oscuras, y sin embargo escuchaba cada vez más cerca los jadeos del animal, sediento de sangre.

Cada vez que los escuchaba sentía un extraño escalofrío. Era extraño… era raro, incluso se atrevería a afirmar, que era excitante.

Pensaba que ese hombre lobo la llamaba con cada jadeo, con cada respiración constante. Que con cada inhalación pronunciaba su nombre de una manera jadeante, casi en un gemido placentero que se traduciría en algo más.

Luego de unos minutos sintió como la bestia se posaba sobre ella, como apreciando lo que comería esa noche, como viendo y detallando cada cosa que poseía aquella chica.

Lentamente acercó la nariz y la olfateó un poco, pasó por su cara y luego fue bajando poco a poco hasta llegar a sus piernas, impregnándose de esa extraña esencia que lo confundía totalmente, sólo sabía que era extraño y excitante a la vez. Sólo sabía que tenía unas ganas inmensas mirar a aquella muchacha a los ojos convertido en humano.

Acercó su hocico a la cara de la chica, perdiéndose en los ojos de ésta inevitablemente. Sólo supo que era como estar en un vacío que lo consumía poco a poco y que cada vez reclamaba más y más, que cada vez llamaba más a sus deseos… que cada vez era más excitante.

La miró por un segundo más y algo extraño pasó.

Para ella de pronto dejó de aparecer un hocico largo, de pronto apareció la cara nítida de una persona, asustándola más aún.

Los finos rasguños dejados por las noches de luna llena, sus ojos cálidos y penetrantes… su cabello largo que caía hasta sus orejas. De pronto reconoció a aquel hombre lobo, de pronto supo quién se escondía detrás de la máscara de la licantropía.

Supo que era Remus Lupin…

Sudaba como nunca, y aquello era extraño.

Sus manos temblaban estrepitosamente y sus labios se abrían y cerraban continuamente a causa del sudor que caía por su cara.

Lentamente llevó sus manos hasta su rostro y se tapó con ella, como queriendo evitar aquello tan extraño que había soñado… como queriendo evitar haber visto la cara de Lupin en su sueño, como queriendo evitar las sensaciones que había sentido en él.

Había sido tan real, sintió con tanto temor ser apresada por aquella criatura, que estuvo a punto de mojar el sofá, había sentido tanta expectación al estar a punto de tocar la cara de Lupin con sus manos, al estar a punto de chocar con sus labios.

Todo había sido tan extraño… se sentía tan extraña de aquel sentimiento de culpa que empezaba a nacer dentro.

¿Por qué el rostro de Ron se le venía a la mente?, ¿por qué la cara de decepción en su cara?

No sabía muy bien qué sentir, o simplemente, qué opinar.

Sólo sabía que aquello que había sentido en ese sueño, se había apoderado completamente de su cuerpo y de su mente, llevándola casi a un estado catatónico que haría que ella se dejara llevar, que lograría que hiciera algo que en su sano juicio no haría.

¿Qué estaba pasando?, aunque esa pregunta se formulo un montón de veces el resto de la noche, no supo responderla con claridad, sólo venían a su mente hipótesis confusas que la hacía sentir aún peor.

Esa mañana despertó como siempre, aunque el recuerdo de la cara de Lupin en el cuerpo de un hombre lobo, no se iba.

Y, aunque se ruborizaba un poco cada vez que Remus la llamaba o la miraba, no sintió gran cosa aquel día, sólo la mera curiosidad por saber el por qué de ese sueño.

Sólo quería saber por qué había soñado precisamente eso un día antes de la luna llena, ¿a caso sería un pronóstico? No, eso era imposible. Ella nunca creyó en poder adivinar el futuro y por un sueño no cambiaría esa creencia.

Había sido un simple sueño, no había pasado de allí. Sólo era un sueño que la atormentaba por las confusas imágenes que se le venían a la mente, un sueño que la atormentaba por los extraños sentimientos que estuvieron involucrados en él.

Sólo eso, nada más.

—¿Hermione, está listo todo…? —dijo Remus a Hermione, quien se encontraba absorta en sus pensamientos con una especie de mezclador en la mano—. ¡Eh, Hermione! —repitió más duro, sacando así del trance a la chica.

Hermione ruborizaba lo miró un tanto apenada, ya tenía suficiente con el hecho de tener que morirse de vergüenza cada vez que lo veía, ahora él la había descubierto divagando de nuevo en ese extraño sueño.

—Sí, sí… ¿qué me decías? —respondió Hermione fingiendo estar terminando la poción.

Remus la miró por unos segundos, considerando si preguntar o no la causa de sus extrañas desapariciones del mundo terrenal. Pero, sin querer entrometerse en sus asuntos, le sonrió levemente y volvió a preguntar lo mismo.

—Te venía a preguntar si la poción ya está lista —repitió.

Hermione lo miró de nuevo. «De seguro sospecha algo», pensó al mismo tiempo que le dedicaba una sonrisa tímida.

Miró la poción y cayó en cuenta de la hora que era.

—¡Oh, sí! —dijo despertando de un letargo que al parecer no quería irse—. Ya va a estar lista, dame un minuto y te la sirvo en un vaso —pidió mientras terminaba de revolver.

Al cabo de un par de minutos, Hermione, con mucho cuidado, vertió de a poco la espesa poción en un vaso transparente que revelaba el interior grisáceo, casi negruzco, de la poción.

—Bien, creo que es mejor tomarla rápidamente, ¿cierto? —preguntó Lupin mirándola fijamente.

Hermione se había ido de nuevo del mundo terrenal, sólo estaba presente físicamente… aunque esta vez su letargo duró menos.

—¡Sí, sí!, claro —confirmó sin saber muy bien qué hacía.

Remus la miró extrañando, y de un solo sorbo absorbió todo lo que había en aquel vaso.

Miró a Hermione por última vez, antes de salir por la puerta e irse a recostar antes de que llegara la luna llena y tuviera que esconderse en algún bosque cercano.

En ese momento sólo quería que aquel amargo sabor pasase de una buena vez y poder así disfrutar del par de horas que le quedaban antes de que saliese la luna.

Miró detenidamente todos libros que aquel estante contenía, sin duda, ese señor del que tanto hablaba Dumbledore había sido alguien importante y estudioso. Se moría de ganas por saber qué había descubierto de Voldemort tan importante como para que Dumbledore se interesara en su estudio.

«Aunque Dumbledore quiere saber su pasado», pensó mientras veía como lentamente el ocaso inundaba el cielo y, sin ganas, debía levantarse y buscar qué hacer aquella noche.

¿Qué hacer en una noche de licantropía?


Hola ^^

Cómo están? Espero muy bien. Espero también que les haya gustado el capítulo, y si fue así, me lo hagan saber con un comentario. :)

Muchas gracias por leer y muchas gracias si comentan

Dan