Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capítulo 7 – Yo seré la primera amiga de Gaara
.
La escena que estaba viendo Ino en esos momentos, la dejó impactada...
Se trataba de él, de Sabaku No Gaara, intentando consolar a una niña que lloraba cerca de los campos de entrenamiento, en un gesto que jamás se hubiera imaginado en él. Sorprendente, y a la vez enternecedor. Pero aquello no duró mucho. Su mano aún estaba acariciando los cabellos alborotados de la pequeña, cuando de pronto ésta levantó la mirada y lo reconoció; y en ese mismo instante, salió corriendo aterrorizada del lugar, como si se hubiese visto al mismísimo demonio.
Resignado, el varón observó en silencio cómo la niña huía de él, hasta perderse entre la multitud, para luego fijar la mirada en el suelo y apretar los puños con fuerza, en un esfuerzo por no demostrar emoción alguna ante lo que había ocurrido. Sin embargo, sus ojos decían otra cosa…
Tristeza, dolor y soledad. Eso era lo que Ino podía ver en esos ojos. Eso, y mucho más...
De pronto, el pelirrojo suspiró hondo y se levantó en un hábil movimiento, tomando por sorpresa a la rubia. Y en ese momento, ocurrió lo inevitable.
Sin poder reaccionar a tiempo, los enormes y vivaces ojos azul cielo de Ino se cruzaron repentinamente con los hermosos verde aguamarina de Gaara, en un contacto tan intenso como inesperado que ninguno de los dos pudo escapar.
Paralizados, ambos se quedaron mirándose a los ojos por largos segundos, sintiendo cómo comenzaban a perderse en la profundidad de la mirada del otro, y como sus mentes comenzaban a desconectarse de este mundo terrenal. Sus manos comenzaron a sudar frío y sus corazones comenzaran a latir fuertemente, mientras fuertes emociones los invadieron por completo, sin que ninguno de los dos los pudieran reaccionar.
Gaara…
Ino…
De pronto, y sin ser consciente de lo que estaba haciendo, los pies de Ino comenzaron a avanzar peligrosamente hacia el pelirrojo. Un paso, dos. Cada vez más cerca de él. Deseaba tanto poder acercarse a él, aliviar su tristeza, consolar su alma…
Gaara observó sorprendido como la kunoichi de larga cabellera dorada comenzaba a caminar hacia él, sin poder hacer nada por evitarlo. Estaba paralizado, atónito.
Y ella continuó avanzando, cada vez más cerca él.
Más.
Sus corazones comenzaron a palpitar con velocidad, sus manos sudaron frío. No podían hablar ni reaccionar. El contacto era inminente.
Hasta que de pronto…
—¡Yamanaka-san!
Unos gritos se escucharon a lo lejos, rompiendo con la magia del momento.
.
.
—¡Yamanaka-san!
¿Eh?
Ino dió de pronto un respingo y parpadeó un par de veces, antes de reaccionar ante el llamado. Al voltearse, terminó encontrándose con quien menos esperaba.
—¿Kouta-san? — preguntó incrédula, reconociendo frente a ella al alto y corpulento amigo de Temari a lo lejos.
Aún desorientada, la rubia sonrió torpemente y levantó la mano para saludar al jóven, cuando de pronto, una extraña brisa recorrió todo el lugar, levantando la arena a su alrededor.
Gaara…
De inmediato, volteó nuevamente la mirada con una angustia en el pecho, solo para descubrir que el pelirrojo se había ido. Lo buscó con la mirada a los lados, sin mucho éxito. Había desaparecido. Literalmente.
Pocos segundos después, el amigo de Temari llegó hasta donde estaba Ino parada, para encontrarla buscando con la mirada por todas partes, bastante angustiada.
—Kouta-san ¿Viste a donde se fue? —. Le preguntó de pronto ella, cogiéndolo por sorpresa.
—¿A dónde se fue quién?
—¿Cómo que quién? ¿Qué acaso no lo viste?— volvió a preguntar ella, para luego darle la espalda y continuar buscando en los alrededores, con la esperanza de poder ver al menos hacia donde se había ido el pelirrojo. No logró mucho.
—No tengo idea de qué me estas hablado.
—¿Cómo que no? ¿Acaso tú no…. — volvió a observar una vez más a sus alrededores, antes de darse por vencida. —Nada, olvídalo—. Soltó con desgano, para luego fijar la mirada en el horizonte en forma melancólica, mientras que en su mente comenzaban a formarse miles de interrogantes… ¿Porqué se habra ido, y sin decir nada?. Me hubiese gustado poder hablar con él. Se le veía tan triste…
—Oye Ino, ¿Estas bien?
La pregunta de Kouta hizo reaccionar a Ino.
—Si, estoy bien, ¿Por qué preguntas?
—Bueno, pareces estar algo ida, como si estuvieras fuera de tí. Es más, no es normal encontrarte así en ese estado andando por las calles de Suna...—. comentó el divertido, observando a la rubia de pies a cabeza.
—¿Cuál estado?— preguntó ella algo confundida, para luego observarse a sí misma. Y en ese momento, puso cara de terror. —¡Maldición! ¡Estoy hecha un desastre!
En el acto, la rubia pronto comenzó a sacudirse el polvo de las ropas, mientras intentaba planchar con las manos su atuendo arrugado. ¿Porqué no me cambié de ropa? se recriminó mentalmente, mientras soltaba su cabello al viento, notando lo enerredado que estaba. ¡No puede ser! ¡Aunque sea me hubiera peinado! Se castigó nuevamente, cuando de pronto algo llamó su atención. ¡Un momento! ¿Porqué me tendría que importarme tanto como me haya visto Gaara? ¿O será acaso que…
Antes de que pudiera continuar, el shinobi frente a ella la interrumpió.
—¡Hey!, no quise decir que te vieras mal. En realidad te ves muy bien, es solo que… nunca antes te había visto así, al natural. ¿Estuviste entrenando?
Entrenando…
—Si, desde el amanecer. Aunque más diría que estuve recibiendo una paliza—. Contestó sonriendo burlonamente, para de pronto notar lo extraño de la presencia del shinobi—. ¿Por cierto, como es que viniste hasta acá?
—Temari me pidió que viniera a recogerte. Pensó que te habría pasado algo malo.
Temari...
—¡Bah! debí suponerlo…— comentó con desinterés la rubia, sin muchas intenciones de discutir. En esos momentos, otros pensamientos ocupaban su mente.
Su mirada se veía tan triste…
La reacción de la rubia sorprendió con mucho a Kouta, quien casi termina dudando de que enfrente tuviera a la verdadera Ino, o a un clon. Normalmente, y luego de mencionarle que había sido enviado por Temari, hubiera esperado que la Yamanaka soltara un par de insultos bastante fuertes contra la Sabaku No, para luego partir a buscarla a ella y a su amigo, hecha una fiera. Pero en esta ocasión, ella no reaccíonó así. Algo malo debía haberle pasado, y pronto tendría que descubrirlo....
—Si, Temari me mandó buscarte. Seguro que cree que te vas a volver a perder o algo así y...
Ahora que lo pienso, ¿Porqué se habrá acercado a esa niña? Y más aún, ¿Porqué la niña huyó de él? Como si se tratara de… un monstruo o algo así, o... De pronto, Ino dio un respingo y sintió como un fuerte retorcijón en el pecho, de la culpa. Ella no había actuado muy diferente que esa pequeña niña, había juzgado a Gaara días atrás como un monstruo, un ente de muerte y destrucción. Pero luego de ver aquella mirada, estaba segura de que había algo más en él que aquella capa que dejaba ver a los demás…
—Y de seguro que en este momento está divirtiendose con tu amigo ese, el bajito con pelos parados en punta, y...
¡Diablos¡ Fui demasiado injusta con él. Se recrimínó mentalmente. No debí juzgarlo sin siquiera conocerlo lo suficiente, eso estuvo muy mal. ¿Y ahora que hago?
—Y fácil que ahorita ellos dos ya están confirmando su relación sentimental y...
Debería pedirle disculpas, o intentar conocerlo un poco más, pero... ¿Como lo hago? Temari no me diría nada, y no tengo suficiente confianza con Kankuro como para preguntarle. Vamos Ino, piensa, piensa…
La Yamanaka estaba comenzando a darse de golpes en la cabeza, cuando de pronto una fuerta mano la detuvo.
—¡Hey! ¡Ino! ¿Me estás escuchando?
—¿¡Eh?! — el grito del shinobi la hizo reaccionar— Si. Este… no. Lo siento, estaba con la mente en otra parte y no te estaba prestando atención. — de pronto, la rubia observó con curiosidad al varón, y una sonrisa maliciosa se formó en su rostro. — Oye, Kouta ¿Tienes algo que hacer esta tarde?
—¿Esta tarde? — preguntó él, observando al cielo mientras repasaba mentalmente su agenda para ese día—. En realidad no, pero..
—Perfecto—. Le interrumpió ella—. Entonces, ve a recogerme a la entrada de la mansión. Hay algo que quiero preguntarte.
En el acto, Ino se despidió rápidamente y partió a la carrera, dejándo al shinobi con una tremenda interrogante en el rostro.
Pocos segundos después, y cuando todo el lugar estuvo despejado, una pequeña figura en forma esférica que flotaba a pocos metros de distancia del lugar, se deshizo en el aire y cayó pesado al suelo, en forma de arena. Daisan no Me No Jutsu.
.
.
En esos mismos momentos, no muy lejos de los campos de entrenamiento…
Gaara estaba avanzando con el ceño fruncido y una mirada asesina por los enormes pasillos del último piso de la antigua torre de los Kages, con un aspecto tan aterrador, que más de uno salió corriendo con solo verlo. Pero aquello no le importó mucho. Lo único que quería, era llegar a la habitación principal de dicha torre, al despacho reservado única y exclusivamente para el uso de los Kazekages, para poder meditar.
Estando a escasos metros del recinto, el hábil shinobi levantó con rapidez su mano derecha, y en el acto la arena de su calabaza salió disparada hacia la puerta, abriéndola de un limpio golpe. Y apenas atravesó él el umbral, la misma arena volvió a levantarse tras él, solo para rápidamente la puerta en un limpio golpe.
Dentro de la habitación, el shinobi avanzó hasta llegar al enorme escritorio, y se sentó en el sillón principal, apoyándose de codos y cruzando las manos frente a él, para luego recostar su cabeza sobre ellas, dispuesto a meditar.
Lo que había pasado minutos atrás, lo había dejado totalmente consternado. Un segundo estaba intentando manejar la ira de ver otra vez a una persona huyendo de él; y al siguiente estaba observando casi hipnotizado los ojos de esa chica rubia de Konoha, como si se tratara de lo más impactante que hubiera visto alguna vez en su vida. Y eso era lo que lo tenía totalmente confundido.
¿Qué rayos fue lo que me hizo esa chica? Se preguntó, recordando cómo se sintió perdido ante la intensa mirada de la kunoichi sobre él, con esos ojos tan cálidos que no lo dejaban escapar. ¿Acaso fue un ninjutsu? Se preguntó de repente, solo para terminar descartando la idea. Era imposible que un hábil shinobi como él pudiera caer con una técnica ejecutada por una kunoichi tan mala como ella. ¿Genjutsu? Preguntó nuevamente, solo para terminar otra vez descartando la idea. Lo que había sucedido había sido tan real, que no dejaba opción a otra posibilidad. ¿Entonces, que fue lo que pasó?, volvió a preguntarse, solo para terminar tan confundido como al inicio.
No tenía idea de qué había pasado, o qué había hecho Ino en él. Pero de lo que estaba seguro, era que no le había gustado en absoluto. Jamás en su vida se había sentido tan expuesto ante alguien, como lo había estado frente a ella. Tan expuesto y tan vulnerable. Una experiencia que no quería volver a repetir.
—Tal vez sea lo mejor alejarme de ella…
"O tal vez no".
El sonido de una voz ronca proveniente de su interior le hizo tensarse en el acto.
—¿Ichibi?
No obtuvo respuesta.
Incómodo, el pelirrojo sacudió la cabeza en un intento por olvidarse de lo que había pasado, y luego caminó hasta la única ventana de la habitación, para echarle un vistazo al exterior. Si, si había algo que realmente le gustaba de aquella oficina, era sin duda la vista panorámica que le ofrecía de toda la ciudad.
Estaba observando con cuidado las calles de Suna, cuando de pronto, un punto en particular llamó su atención. Se trataban de unos largos y hermosos cabellos dorados, que avanzaban con prisa y bastante decisión, directo a la mansión.
Se ve apurada. Debe estar más desesperada de lo que pensé… se dijo molesto, para luego desviar la mirada y apretar los puños con fuerza, sintiendo que un intenso odio comenzaba a invadirlo por completo. Un odio como nunca antes lo había sentido en su vida.
Odio, y deseo de sangre…
¡Rayos! ¿Qué me está pensando?
Confundido, el pelirrojo cerró rápidamente las cortinas, y luego se dirigió hacia su asiento para recostarse en él.
Tengo que sacármela de la cabeza…
Fue lo último que se dijo, antes de coger una de las muchas carpetas que estaban apiladas al lado suyo, y comenzar a leerla detenidamente…
.
.
Para el atardecer, Ino y Kouta se encontraban ya a solas en una zona bastante alejada de la ciudad. Se trataba de unos antiguos campos de entrenamiento que Ino había descubierto accidentalmente dos días atrás, luego de haberse perdido por quinta vez en un intento por volver a la mansión sola. Para su suerte, el lugar estaba vacío.
Apenas llegaron, ambos se sentaron sobre unas rocas que habían sido colocadas a modo de banquetas, y se quedaron en silencio por un buen tiempo, sin saber como iniciar la conversación.
Durante toda la tarde, Kouta se había estado preguntando qué querría hablar Yamanaka Ino con él. La última vez que estuvieron juntos, él se había hartado de sus niñerías y la había dejado sola en la fiesta de bienvenida a los shinobis de Konoha, solo para terminar exponiendola a un gran peligro. Y aunque ya se había disculpado con ella por lo sucedido, aún sentía que le tenía una deuda.
A demás, por algún motivo que aún no podía entender, Ino le parecía extrañamente interesante. Esa insistencia por conseguir sus objetivos le parecía ciertamente admirable, aunque en algunos casos rayara en lo absurdo. Era más que obvio que había algo entre Temari y Shikamaru como para querer insistir en separarlos y….
¡Oh no!. Seguro quiere que le ayude con alguna otra loca idea y….
De pronto, Ino levantó la mirada, e inició la conversación. Una que en definitiva no se esperaba su acompañante.
—Kouta-san, dime, ¿Qué tanto sabes acerca de Sabaku No Gaara?
El alto shinobi abrió la boca sorprendido y sacudió la cabeza, antes de contestar.
—¿¡Acaso te oí bien?! — preguntó, aún incrédulo —¿Quieres que… hablemos de Gaara-sama?
—Si—. Contesto ella, segura de sí misma.
—¿Y porqué quieres que hablemos de él? — le cuestionó el varón, algo desconfiado. ¿Acaso quiere meter al hermano de Temari en otra de sus absurdas ideas? Debe estar loca…
—Es que…— Ino titubeó antes de inventar una mala mentira—. Creo que sería bueno para mí, como kunoichi invitada a presenciar su ascenso a Kazekage, saber más acerca de él.
—Más en qué sentido—. Cuestionó el shinobi, aún desconfiado.
—En todos los sentidos— contestó rápidamente ella.
—Sé mas específica—. Insistió el varón.
—Veamos…— Ino titubeó unos instantes, antes de continuar— Comencemos con su infancia. ¿Te parece?. A ver, dime… ¿Cómo era cuando era un niño? ¿Era un niño sociable? ¿Cuántos amigos tenía? ¿Fuiste tú uno de ellos? ¿O conoces a alguien con quien pueda hablar mejor del tema? ¿Y…. —
Ino comenzó a soltar en forma inconsciente miles de preguntas, cuando de pronto, el varón la cortó abruptamene.
—Que yo recuerde, Gaara nunca tuvo amigos.
La rubia paró en seco ante lo que acababa de escuchar.
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó, sorprendida.
—A que Gaara no tenía amigos cuando era un niño. Nadie jugaba con él.
—¿Cómo que nadie jugaba con él?
—En realidad…. nadie quería jugar con él.
¿Nadie quería… jugar con él?
Ino se quedó callada por unos instantes, antes de voler a hablar.
—¿Me estás diciendo que nunca tuvo un solo amigo?—. gritó, totalmente exaltada—.¡Pero es imposible que un niño crezca de esa forma! ¡Ningún niño debería crecer sin amigos! ¡Solo! ¡Eso es algo muy cruel! ¿¡Cómo pudieron ser tan insensibles y…
De pronto, unos recuerdos asaltaron su mente. Se trataba de un grupo de niños jugando alegres en los patios de la academia ninja de Konoha, años atrás. Entre su recuerdo, podía verse a sí misma jugando con Sakura, o más bien peleando por Sasuke. No muy lejos de ellas, se encontraba Shikamaru, quien para variar estaba recostado sobre el verde pasto observando las estrellas junto con Chouji, quien no dejaba de comer sus papitas favoritas. En otro extremo, podía ver a un Kiba saltando por los alrededores y gritando cosas sin sentido, junto con una Hinata tímida y un Shino nada hablador. Y alrededor de ellos, otros niños saltaban y corrían en el mismo patio, jugando todos juntos en perfecta armonía.
Un recuerdo bastante enternecedor, salvo por un pequeño detalle. En su recuerdo, también estaba la imagen de un niño de cabellos rubios y ojos azulinos, que estaba sentado sobre unos columpios a escasos metros del lugar, observando desde lejos con tristeza cómo los demás pequeños jugaban y se divertían juntos, ignorándolo por completo.
Naruto …
—Yo solo digo lo que recuerdo—. Las palabras del varón cortaron hicieron despertar en el acto rubia—. Cuando eramos niños, nadie quería jugar con Gaara.
—Pero… eso es tan cruel—.la voz le salió entrecortada, sintiendo que la culpa la agoviaba.
Despues de todo, ella también le había hecho lo mismo a Naruto.
—O vamos, ¡Eramos niños! Y los niños suelen ser crueles — intentó excusarse el varón, aún sabiendo que ya no tenía mucho sentido aquello. —A demás, nosotros no jugambamos con él porque… — desvió la mirada antes de continuar— en realidad, le teníamos miedo.
Miedo…
—Pero imagino que las cosas deben haber mejorado para él. Digo, ahora va a ser Kazekage, supongo que la gente debe verlo diferente. ¿Cierto?
—Bueno, el trato con sus hermanos ha cambiado bastante en estos años. Ellos se preocupan bastante por él.
Sus hermanos, pero…
—¿Y alguien más? ¿Algún amigo?
—Que yo sepa, no. Tuvo una alumna a quien entrenó hace un tiempo, pero dudo que la vea como algo más. Después de eso… creo que no hay nadie más cercano a él.
—¿Nadie?
—Si, nadie. La gente aún le tiene mucho miedo como para acercársele, pero supongo que con el tiempo eso pasará y….
Pero, ¿Por cuánto puede durar el miedo a una persona? Se preguntó de pronto, recordando cómo había reaccionado aquella niña luego de ver al pelirrojo tan cerca de ella. Al parecer, la gente en Suna aún seguía teniendole miedo a Gaara, y por eso nadie se acercaba a él. Y muy probablemente, por eso mismo el tampoco se acercaba a nadie.
Y pensar que todo cambió para el baka de Naruto cuando conoció a Sakura y Sasuke…
De pronto, los ojos de Ino se abrieron de par en par, y todo se esclareció en su mente.
Miedo, esa era la palabra clave. Todos le tienen miedo a Gaara, y por eso hasta ahora, nadie había sido lo suficientemente valiente como para acercarse a él, e intentar ser su amigo. Nadie… hasta ahora.
De pronto, Ino se irguió en un gracil movimiento hasta quedar parada frente a su acompañante, con una enorme sonrisa iluminando su bello rostro, y toda la confianza del mundo en ella, lista para autoimponerse una nueva misión.
—Pues entonces… ¡Yo seré la primera amiga de Sabaku No Gaara!
.
.
En esos mismos momentos, sobre uno de los tejados de la residencia más grande de toda Suna, se encontraba una pareja recostada de espaldas con las manos tras la nuca, observando a lo lejos el hermoso espectáculo que ofrecía atardecer de Suna, en medio de un ambiente de paz y tranquilidad como no habían experimentado en días. Sin embargo, ninguno de ellos se atrevía a bajar la guardia …
De pronto, unos fuertes ruidos les obligó a saltar en su sitio y ponerse en posición de batalla, solo para terminar descubriendo que se trataba de un grupo de palomas que acababan de aterrizartras ellos. Pocos segundos después, las aves partieron nuevamente en vuelo.
Aliviados, ambos suspiraron profundo y volieron a relajarse, para luego regresar a su posición inicial. Sin embargo, ambos sabían que su situación se había vuelto casi insoportable…
Hasta que la voz fuerte de Temari rompió con la fingida paz del momento.
—¡Esto es ridículo!
—¿A qué te refieres? — preguntó Shikamaru, fingiendo no entender de que hablaba la Sabaku No. Sin embargo, en el fondo sabía perfectamente a qué se refería ella.
—A que aquí estamos, por fin a solas, y no hacemos más que estar a la espectativa de que en algún momento, llegue Ino a arruinarnos el momento.
—Bah, no seas exagerada… — intentó disimular, cuando de pronto escucharon un aleteo tras ellos, que les hizo saltar del susto.
Apenas voltearon, vieron que se trataba de una paloma que al parecer, se había quedado resagada de su grupo.
—¿Ves a lo que me refiero? — preguntó de nuevo con intensidad la rubia de cuatro coletas—. Y lo peor de todo, es que casi puedo estar segura de que ella debe estar divirtiendose a montones ayá en la calle con Kouta, mientras que nosotros estamos aquí escondiendonos como un par de idiotas.
—Solo tenemos que darle tiempo.
—Tiempo para qué— Temari de pronto se incorporó y quedó sentada al lado del castaño, quien continuó tan tranqulo como de costumbre observando al cielo, con un aire de despreocupación total.
—Solo necesita tiempo para madurar, y estoy seguro que lo hará pronto….. — dijo como un susurro al aire, antes de levantarse y quedar a la altura de su chica, observándola fíjamente a los ojos. Esos mismos ojos verde esmeralda que tanto le gustaban.
—Pero…
Temari estaba a punto de decir algo más, cuando de pronto el castaño colocó su dedo índice sobre sus labios, cayándola.
—Dejemos de pensar en Ino, ¿Esta bien?— le dijo con una sonrisa, acercándose pelirgosamente a su rostro—. Por ahora quisiera que nos preocupáramos de otras cosas…
La rubia sonrió ante la propuesta del varón, y ambos se miraron por unos instantes, antes de comenzar a acortar la distancia entre ellos. Cada vez más cerca. Sus mejillas se sonrojaron, y casi podían sentir la respiración del otro en sus rostros.
Hasta que de pronto…
Unos pasos tras ellos les hicieron reaccionar.
Al instante, ambos saltaron del susto, solo para terminar descubriendo que se trataba de la misma ave que los había interrumpido minutos atrás, y que al parecer, aún no se había ido.
—¡Rayos! — gritó irritada la de cuatro coletas—Ya me cansé de andar asustándome de todo—. Volteó irritada hacia el castaño, y lo encaró—. Te doy tres días de plazo. Si no hablas con Ino antes de ese tiempo, lo haré yo.
Acto seguido, la rubia se dio la vuelta, y luego de un par de saltos habilmente ejecutados, desapareció.
Y Shikamaru se quedó solo en el techo, meditanndo.
Qupe problemáticas son las mujeres…
.
.
Llegada la noche, todos ingresaron a sus habitaciones a dormir pacíficamente, dispuestos a reponer energías para el nuevo día que estaba por llegar. Todos… menos cierta persona.
En su habitación, el pelirrojo aún se encontraba leyendo unos libros antiguos, cuando de pronto una imagen recorrió su mente. Se trataba de ella, de Ino, observándolo con esos ojos azul cielo tan llenos de vida, y esa sonrisa tan dulce y tierna. Un aspecto de inocencia total.
Sonrió debilmente ante la imagen, para de pronto ver como esta cambiaba radicalmente, hasta convertirse en una Ino que huía aterrada de él, igual como lo hiciera esa niña a la que intentó ayudar. La misma expresión de terror que vió en ella, el día que atacaron Suna.
En ese momento, sacudió la cabeza y puso expresión seria. Tengo que olvidarme de ella, es lo mejor… se dijo, convencido de que en algún momento, ella tarminaría huyendo de él, como todos los demás lo habían hecho.
Lo que nunca llegó a saber, es que esa noche, Ino tuvo un sueño totalmente diferente a los anteriores….
Fin del capítulo 7.
Hola a todos. Ahí tienen el capítulo 7. Disculpen las demoras, pero ando corta de tiempo. Demasiados compromisos que absorben mi tiempo por completo.
Sobre el fic: como verán, Ino ya está comenzando a interesarse más Gaara, sobre todo luego de su extraño encuentro. Y Gaara… bueno, puede ir sacando sus conclusiones. Por cierto, por su alguno nota el detalle, yo sé que en teoría Naruto es amigo de Gaara, pero no lo estoy considerando porque en realidad ellos no se ven mucho, y me gustaría que si lo hiciera con Ino.
Como siempre, gracias por leer, y espero que este capítulo haya sido de su agrado. Recuerden q sus comentarios hacen q valga la pena hacer este fic.
