DISCLAIMER: J.K.R. ES DUEÑA DE H.P.

CAPITULO 7: AMIGOS

N/A: ESPERO ACTUALIZAR MÁS SEGUIDO, DISFRUTEN ESTE CAP, EN DONDE METI MIS SENTIMIENTOS EN SIRIUS AL PARECER, INCONCIENTEMENTE xD, Y DE UNA VEZ SE LO DEDICO A JAVIER Y KAREN QUE ME HACEN SENTIR EL MAL TERCIO T.T COMO A MI SIRI, PERO BUENO, SOMOS AMIGOS :) SE LOS PERDONO.

Por cierto el cap anterior, no se asusten, tranquilas, que no era un Lily/Remus ni lo será, ¿Como se les ocurre que Lily deje a James? Ella quiere a Remus pero no de la manera en que quiere a James, solo fue una manera que se me ocurrió a mi para explicar porque Lily fue tan importante para Remus, porque fue la unica que lo comprendio más alla que todos, que le brindo su apoyo, su cariñó y su amor de amigos. El beso fue de consolación, de amistad, de comprensión.


Había pasado una semana larga y lenta para James Potter, la primera luego de su graduación en Hogwarts. El caluroso clima que antecedía a un tortuoso y seco verano se agolpaba en cada lugar de aquel barrio muggle en donde sentado en una parada de autobús esperaba a sus amigos.

Llegar hasta donde estaba, había sido toda una proeza. Tanto él como sus padres poco conocían Londres, y menos las secciones en las cuales se aglomeraban las personas no mágicas. Esta ignorancia se debía a que el bello hogar de la familia Potter se encontraba en las afueras de la ciudad, en un lindo valle al que llamaban: Godric. El valle de Godric.

Después de haber pedido la dirección un par de veces, de confirmarla otras más y de preguntarle al primer muggle que se le cruzaba cuando sentía que estaba completamente perdido, había dado a parar a un pintoresco suburbio, bastante elegante. Su objetivo según el creía, o al menos así se lo indicó el llamativo señalamiento de hierro forjado con ornamentos en curvas y con una caligrafía bastante estilizada y rebuscada que rezaba: Privet Drive.

Sin saber muy bien que hacer, se había dispuesto a esperar al resto de sus acompañantes, pero ya se estaba arrepintiendo. Unas finas gotas de sudor resbalaron por su frente. La luz del sol se reflejaba en el ardiente pavimento de la avenida principal que se extendía justo enfrente de él, provocando que se encandilase y brillara todo. La garganta y la boca las sentía secas.

Simplemente no sabía si podía sobrevivir más en aquellas condiciones, en pleno mediodía con un astro brillante que rara vez se observaba en Londres. Ni una sola hoja de los árboles se movía, al contrario del chico con gafas que cada vez se removía más inquieto en su asiento.

La desesperación había empezado a invadirlo cuando escuchó a lo lejos, sobre la desolada calle, puesto que todos los habitantes estaban en sus casas refrescándose en el aire acondicionado o con algún ventilador, un ruido creciente, parecido al zumbido de una abeja. James confundido, se levantó y avanzó los pasos que lo alejaban de la avenida, examinándola. En efecto una mancha negra, borrosa por el vapor que emanaba del suelo, se acercaba por el lado izquierdo a toda velocidad. Aún con su mano fungiendo como visor sobre sus ojos, pudo distinguir algo hasta que la silueta estaba a unos metros de él.

Sirius Black se acercaba en una de esas cosas muggles, que usaban para transportarse. ¿Qué era? Una…mototecla…mozopleta…mopocleta…moto…motocicleta.

Aparcó arriba de la acera, sin importarle que aquello estuviera determinantemente prohibido, menos en esas urbes residenciales. Tampoco portaba casco.

James observó como su amigo se bajaba con maestría de aquella cosa, sonriéndole con victoria.

-Cornamenta- Dijo dándole un abrazo que el chico de lentes correspondió, tenían exactamente siete días sin haberse visto.

Cuando salieron del colegio, Sirius decidió dejar la casa de los Potter, alegando que no podía ser más una carga, y que con su mayoría de edad y graduado, podría ser autosuficiente y llevar una vida independiente. Así que solo, con sus maletas, se despidió de todos en la estación de trenes en Londres, y nadie había vuelto a saber de él, hasta ese día que habían acordado visitar a Lily Evans para luego trasladarse a la reunión de la Orden del Fénix.

-Pensé que tendría que ir a buscarte- Comentó con sorna el primogénito de los Black, separándose de su mejor amigo.

-Bueno, pero llegué. Hubiera sido más fácil en escoba.

-O en motocicleta…- Añadió orgulloso el dueño del dicho objeto, invitándolo con una mano para que se acercará a contemplar la flamante moto, que brillaba con su intenso color negro por los rayos solares.

-La conseguiste- Sentenció James con una sonrisa traviesa, viendo las curvas que formaban los tubos de escape y el motor. Ambos de un color cromo.

-Es mi nena- Susurró Sirius cual padre orgulloso de su única hija.

-¿Pero como? ¿Con que la compraste?

-Con dinero, ¿Con que más querías?

-Tonto, me refiero a que de donde conseguiste el dinero- Aclaró el mago de ojos castaños, lentamente para que no hubiera dudas, y su interlocutor le entendiera. Al parecer eso le ofendió.

-No te explicas- Se excusó antes de continuar- Mi tío Alphard, me dejó una herencia, que solo podía reclamar cuando cumpliera diecisiete -Terminó con una radiante sonrisa- No todos me odian en esa familia…bueno solo dos me quieren, aunque…mmm…ahh…da igual- Resolvió encogiéndose de hombros.

-Por eso te fuiste y me dejaste- Dijo dramáticamente Potter, haciendo cara de enojado.- Pero…¿Si conseguiste algún lugar en donde vivir? ¿No?

-Claro, Jimmy. Se que te preocupas por mí pero estaré bien, aunque me duela nuestra separación, sabes que es lo mejor para los dos- Mientras decía su declaración de amor, Sirius gesticulaba con las manos añadiéndole énfasis a sus palabras. Siguiendo el juego que el joven de gafas había empezado.

-Está bien. Basta- Cortó irritado el aludido- Será mejor irnos, con este clima es un milagro que siga vivo. Que Peter y Remus nos busquen en la casa de Lily.

-Ah…sobre eso- Murmuró Black con un gesto que mostraba de que acaba de acordarse de algo importante- Me dijeron hoy en la mañana, que nos veríamos directamente en casa de los Mckinnon , por cuestiones creo yo, de tiempo.

-Genial y hasta ahorita me lo dices.- Amenazó cabreado James con una mirada que no auguraba nada bueno- Pensar que pude irme desde antes y evitarme este infierno.

-Tranquilo no es para tanto- Trató de apaciguarlo Sirius, sin estar muy convencido. La delgada camiseta blanca que portaba se le comenzaba a pegar a la piel y de los jeans vaqueros ni se diga.

Unos minutos más tarde los dos magos, viajaban a una velocidad nada decente para aquellas calles, con el rugido atronador de la motocicleta. James encontró parecida la sensación a la de montarse a una escoba, con el viento azotando en su rostro y los cabellos volando, con ese sentimiento de libertad tan eufórico, la única diferencia es que no despegaban del suelo.

Se pararon frente a una hermosa casa de color neutro, con un perfecto jardín recortado y matas con bellas flores de colores, en la cochera descansaba un auto reluciente de limpio, y en la acera no se podía percibir rastros de basura o suciedad alguna.

Sirius chifló.

-Y pensé que mi madre era la loca de la limpieza- Comentó riendo.

Pero su amigo ya estaba frente a la puerta de la casa, tocando el timbre, ansioso.

Tocó una vez, dos veces y nadie abría. Estaba a punto de soltar un gritito de frustración cuando la mano de su acompañante lo detuvo.

-Descompondrás eso- Señaló el botoncito color blanco que estaba empotrado al margen de la maciza puerta de madera.

Justo en ese instante, abrieron. Una chica alta y delgada, con el rostro igual de largo, y castaño cabello, los fulminó desde el primer segundo en que los reconoció, sostenía la perilla con la mano, en la cual los nudillos se estaban tornando blancos. La reacción de estupefacción de los jóvenes no fue menor.

Hubo un silencio tenso, con el odio en las miradas, que solo fue roto por una cabellera roja que se asomó detrás de la mujer que seguía con sus diminutos ojos llenos de desdén.

Lily apartó a su hermana del rellano con un empujón, y luego salió mientras la puerta era cerrada con gran fuerza, provocando un seco golpe.

La bruja de unos intensos ojos verdes, les sonrió a sus amigos.

-Lo siento- Dijo algo avergonzada- Creo que se deben de imaginarse que ella es Petunia.

James y Sirius asintieron lentamente con la cabeza, todavía asustados.

-Están en lo cierto- Confirmó esbozando una triste sonrisa. De repente se vio atrapada por unos fuertes brazos que la apretaban contra un pecho mientras recibía pequeños besos en su cabeza. No necesitó preguntar para saber quien era el dueño de aquellos cariños.

Luego sus labios se unieron, primero despacio con ternura, para después sacar la añoranza de aquella semana sin haberse visto.

Mientras los enamorados llevaban a cabo su reencuentro, Sirius daba vueltas por el jardín tarareando una canción, contando hasta 60 en su mente. Evitaba ver hacia los novios y ser testigo de las asquerosas muestras de afecto como él les llamaba.

Pasada la cuenta regresiva, y viendo que aún no se separaban, decidió que era bueno ponerle fin. Ya tendrían bastante tiempo después.

-No es que este en contra de…. sus cosas- Se excusó, metiéndose cual humedad en una pared, separándolos.- Pero creo que me quieren lo suficiente para no dejar que me pudra aquí, mientras ustedes dos están muy entretenidos.

-Impaciente- Murmuró algo enfadado el chico de gafas, El acusado solo atinó a sonreírle, recibiendo una mirada de furia de su amigo.

-Pensé que Remus y Peter también venían- Habló Lily, para cambiar el tema, sentándose en el césped. Al tiempo que recibía miradas de interrogación, por su acto.

-¡No querrán entrar ahí!- Dijo alterada con sus ojos abiertos de terror, señalando su casa- Estando Petunia dentro. No. No.- Negó con la cabeza- Si lo hacen será bajo su responsabilidad.

Al parecer los dos animagos optaron por seguir el ejemplo de la chica y tomaron asiento junto a ella. Aún faltaban algunas horas para que comenzara la reunión de la Orden del Fénix.

-Por tiempo no pudieron. Nos vamos a encontrar todos en la casa de los Mckinnon- Respondió Black, jugando con las hebras del verde pasto.

-¿Y tus padres?- Preguntó James desconcertado.

-Están en el trabajo- Reveló Lily, con una mueca en sus labios.

-¿Qué pasa, Lils?- Inquirió su novio preocupado.

-Es que…No les he dicho que soy parte de la Orden.- Confesó.

-¿Por qué?- Cuestionó Sirius sorprendido. Lily no era de aquellas jóvenes que suelen ocultar cosas.

-Nosé como decirles. No he encontrado el momento.- Su voz denotaba aflicción. Debía ser duro decirle a tus padres muggles, que vas a luchar en una guerra del mundo mágico. El simple hecho de meterse a una guerra, horrorizaba. Y más con solo 17 años.

-Tranquila, amor. Pronto hallaras la ocasión perfecta. Seguro ellos comprenderán- La consoló Potter, pasando su brazo por los hombros de ella, para luego besarla en los labios que fueron inmediatamente correspondidos.

El joven de cabello negro y atractivos ojos grises, hizo una cara de exasperación y cansancio. ¿Cuántas veces tendría que soportar aquello en esa tarde? Las probabilidades le daban escalofríos. No es que no quisiera que se besasen, pero él se sentía incomodo, formando un mal tercio. Sentía que invadía un momento de privacidad. Volvió a tararear la bendita canción que lo distraía.

Al menos ahora lo consideraron porque se separaron rápidamente, el primogénito de los Black dio una cabezada, agradeciendo el detalle.

-¿Ya viste la nueva motocipleta de Sirius?- James señalaba el artilugio estacionado a unos metros de ellos. Al instantes todos rieron, por el error del chico.

-Es motocicleta.- Le corrigió Lily, dándole unas palmadas en la cabeza.

-¿Cómo?

-M-O-T-O-C-I-C-L-E-T-A.- Deletreó, con claridad para que entendiera.

-¡Vamos Cornamenta, hasta yo lo digo bien!- Exclamó divertido el dueño de aquella susodicha motocicleta.

-¡Me ofendes!- Grito indignado el aludido.

-Hey…¿Qué quieres decir con eso?- Protestó un Sirius Black que animado, fingía enojo.

Pero James empezó a reír por el hecho de que su novia no paraba de carcajearse. La risa de la chica era contagiosa, y el que diera risa su risa, daba más gracia. Los tres amigos terminaron sin acordarse de cómo empezó aquel carcajeo, solo sentía sus estómagos adoloridos. Una de las cosas hermosas de la amistad cuando eres joven, es que todo esta bien mientras estas acompañado de tus buenos amigos, todo es divertido, donde la alegría se contagia por si sola, sin tener motivo alguno.

En los momentos más oscuros se puede encontrar la felicidad, solo hay que saber como encender la luz, y la amistad es un mechero infalible.

La tarde se fue rápido, entre bromas y sin más besos comprometedores entre cierta pareja, para alivio de nuestro querido perrito.