Finalmente! PUEDO ACTUALIZAR MÁS SEGUIDO *0* y es que he tenido muchos problemas en la escuela, y mi madre ha decidido mandarme solo la primera hora mapa quedar presente, a no ser que tenga exámenes, en ese caso me va a retirar una vez que los termine. Eso me ha dejado tiempo para escribir y poder actualizar (w) aunque he bajado mucho en cuanto a reviews... creo que algo anda mal en mi fic. Lamento mucho que no se hayan besado en el capítulo anterior, no se si Arthur es muy tsundere o Alfred muy idiota, o probablemente ambas. Creo que el dibujo tampoco se pude ver, pero dejé el link en mi perfil, por si desean ver como era. Alfred era feliz viendo a "la futura reina" con ese vestido. Y aunque todos sabemos que Arthur será la reina, lo que no se sabe, es como llegará a serlo y que dificultades deberá atravesar para finalmente ser feliz con el tragahamburguesas.

Disclaimer: Hetalia y sus personajes pertenecen a Himaruya.
Advertencias: Arthur y sus fantasías sensuales en la ducha, fuera de eso, nada.
Spoiler: El auto favorito de los de Alfred es un Audi A1azul.

Ahora, les dejo el capitulo... espero que lo disfruten, ya me me esforcé mucho en escribirlo con tan pocos días, y probablemente tenga faltas de ortografía o redacción, no estoy segura, no lo alcancé a revisar, así que si me falla el léxico o algo, avísenme y luego me encargo de corregirlo c;


Cardverse y el Reino de las Espadas

7.

Por la mañana, al abrir mis ojos, me di cuenta que no estaba en mi cama. Era un lugar mucho más grande, las paredes eran blancas, y dos de cuatro muros estaban hechos de cristales gigantes. Estaba aún en el pent-house de Alfred. Me di vuelta y vi la hermosa vista del sol cercano a la cordillera, hermoso. Me volteé hacia el otro lado, pero me di cuenta que no estaba solo. Me encontré con la mirada fija de Jones sobre mí. Estaba acostado en la cama, tan solo con mi camisa y ropa interior. Junto a mí, sentado en el piso con las piernas cruzadas a lo indio, y ambas manos apoyadas en su rostro, estaba Alfred, con el rostro completamente serio. Como si estuviese concentrado contemplándome. Me siento en la cama, y le saludo, parce salir de una especie de trance, solo para saludarme. Estaba con su torso desudo ¡Oh, pero que vista! Sus bíceps, tan sensualmente marcados, y su piel ligeramente bronceada, ¡Que encanto! Y para aumentar su sensualidad, una cadena de plata tipo militar colgándole del cuello y cayendo sensualmente hasta su pecho. ¡Qué manera de empezar la mañana! y los mismos pantalones de la noche anterior, creo que moriré con este hombre tan apuesto frente mio.

-Buenos días. Hasta que despiertas, bello durmiente.

-¡Alfred!

-No, la vieja de serviaseo. –Jones rodeó los ojos- ¿cómo amaneciste?

-Con los ojos cerrados.

-Dude…

-Tu empezaste con el sarcasmo. ¡Idiota!

Alfred me sonrió y se acercó a mí, pero yo me alejé un poco, no me gusta tener a este sensual idiota gordo cerca mio, no lo sé, me hace sentir extraño. Tengo que reconocer que siento una leve atracción a su persona, pero no es más que eso, una leve atracción. Aunque en realidad, me asusta un poco el hecho de intentar "ser algo más" ni siquiera estoy seguro si lo que hay entre nosotros sea amistad, es más, ni siquiera sé si haya un "nosotros" entre Alfred y yo. Lo único que sé, es que al parecer es lunes, y ya me perdí el seminario de demografía avanzada. Lo único que me queda, es encontrar la forma de volver a casa temprano. No sé qué hora es, pero a las cinco quince tengo una importante charla de pre-graduados de la facultad de humanidades, y a esa no me conviene faltar. La próxima semana será nuestra titulación, por lo que faltar a estos encuentros es completamente perjudicial para mi futuro. Me intento acercar un poco para preguntarle la hora, pero esta vez es él quien retrocede unos cuantos centímetros de distancia.

-¡Oye Arthur, con calma!

-Solo quiero preguntarte la hora

-Ha jajá, en ese caso – sacó su celular, lo miró y luego lo guardó- ah espera, no vi la hora –sacó su teléfono nuevamente, pero esta vez sí se fijó bien- son las once cuarenta y ocho.

-Oh no… ¡No alcanzo a llegar antes de las seis!

-¿Tienes una cita?

-No, es un asunto en la universidad.

-¡Uf! Me alegra.

-¿ah?

-Ya sabes, que no sea una cita.

-Alfred… tengo que marcharme, es lunes.

-Ya lo sé, pero ¿Por qué no desayunamos primero? Odio saltarme las comidas.

-Como quieras.

-¡Yay!

Alfred se pone de pie, y camina hacia la larga mesa que está al otro extremo de la habitación. Me hace una seña para que me pare a comer. Yo me acerco hasta la mesa de madera fina y delicada, del mismo jugo de las sillas. Jones me indica que me siente en el puesto que queda enfrente de él. Sonrió levemente en señal de agradecimiento, y tomo asiento. Hay mucha distancia entre ambos puestos, es como juntar tres mesas del mismo tamaño de la que teníamos en la casa de mi madre. Alfred mira la puerta, de donde llega una señora, bien arreglada, con uniforme de mucama moderna. Ella trae un carrito metálico con muchos platos, los cuales distribuye a lo largo de la mesa, y tras hacer una reverencia, puedo oír un comentario que le hace al heredero Jones.

-La hiciste, Jones, por fin trajiste un chico lindo –le dijo la joven- creo que si tienes buen gusto después de todo.

-¡Que dices! –Le responde el chico de mechón anti gravedad

-Ah, no te hagas el inocente conmigo. Podrás hacerte el inocente con todo el mundo, pero a mí no me engañas, Jones. Te conozco desde que eras un bebé. Tú eres el único hombre en todo el universo de las cartas que le hace la competencia en perversión al nuevo rey Diamantes, solo que tú lo encubres con tu inmadurez, a diferencia de Bonnefoy, que demuestra su depravación abiertamente.

-¡Que mal pensada eres, mujer! No fornico con todas las personas que traigo.

-Ah no, ¡claro que no, como puedo decir tal calamidad! –Dijo la mujer en tono sarcástico- Alfred, ¿Qué le hiciste a este pobre chico?

-¡Nada! Simplemente… -Alfred se sonrojó y miro su plato de comidas- … y-yo solo dormí con él. No hicimos nada, y además… ¡ESO TAMPOCO TE INCUMBE!

-Oh… Okay, me voy al piso de abajo. Cualquier cosas me llaman. Y Chico, -hablándome a mí- escapa si es que puedes.

La mujer se retiró, dejando a Jones comiendo cabeza agacha. Me llamó mucho la atención lo que dijo esa señora. ¿De verdad Alfred es un hombre pervertido? , pues a mí no me parece, además si lo fuera… ¿Por qué demonios no me hizo nada anoche? A no ser que tal vez yo no le guste. ¡Oh no!, mi inseguridad regresa, y siento que esa pequeña hadita que revolotea solo para molestarme y hacerme ver que no tengo la razón, aparece furiosa. Es mi subconsciente. Para evitar que me diga algo aquella criatura mágica, corto un pedazo de panqueque con un cuchillo y lo llevo a mi boca, masco muy suavemente, hasta que prácticamente se hace papilla en mi boca, ya que bolo alimenticio es mucho decir. Trago y luego miro a Alfred. Su rostro cambió de estar calmado, sonriente a estar preocupado y un poco molesto. Me acerco un vaso con jugo de naranjas para beber un sorbo, posteriormente lo regreso a la mesa y veo a Alfred, que como de costumbre, ya se había devorado su plato.

-Arthur…

- ¿Qué? – no le hablo más, o siento que la voz se me quebrará.

-Y-yo bueno, jeje, verás… es normal que mi empleara malpensara… pero…

-¿hm?

-Ah vamos dude, es que es primera vez que me acuesto con alguien en la misma cama, solo a dormir.

-¿Y eso a mí qué?

-¡A ti qué!... Arthur, a mis veintiún años jamás había dormido con alguien más.

-No te creo, a que te has acostado con muchas.

-Sí, es verdad… me he acostado con muchas y muchos de la clase alta. Pero eso no quiere decir que haya dormido con ellos.

Inmediatamente me sonrojo, y volteo el rostro mientras me muerdo el labio inferior con mis dientes superiores, sin hacer presión con los inferiores para no lastimarme, al mismo tiempo, alejo un poco en plato, en señal de que ya no quiero comer más. Oigo que Alfred gruñe levemente, y que intenta llamar mi atención, mas no volteo a mirarle, ya que aún siento el ardor en mis mejillas, producto a lo mencionado anteriormente por el joven Jones. ¿Por qué rayos dijo eso? No comprendo, pero ¡oh por el amor de…! Es primera vez en mi vida que tengo el impulso que me hace querer besarlo. ¡Estúpido Alfred! Como detesto este deseo de juntar mis labios con los suyos, gruesos y hermosos, y sentirlos saboreando, jugando, poseyendo mis labios. ¡Que rabia me da! He tenido muchas oportunidades con chicas y chicos, pero siempre les he rechazado, sobre todo a las chicas. Y ahora, que de verdad me siento atraído por un idiota, resulta ser el idiota más grande del universo. Lo peor, que me cambió el tema, parece que notó mi incomodidad al respecto.

-¿Te vas a comer eso?

Intento reaccionar, me volteo y aun con las mejillas coloradas, le respondo levemente por lo bajo

-N-no…

-Arthur ¡tienes que comer! , mírate lo desnutrido que estas, se te sienten los huesos de la columna.

-No tengo hambre.

-Pero odio tirar la comida. Tienes que nutrirte más.

-Alfred, hoy no insistas, ¡tengo una importante charla en unas horas y de donde estamos a mi universidad son al menos unas ocho horas de viaje en bus!

-¿Viaje en bus?

-Si, en bus. Además, unos ladrones me asaltaron y quedé sin dinero para regresar.

-Hahaha, pero no tenemos que usar el bus. Mi jet privado o mi helicóptero de larga distancia vendrán a recogernos a las una y media de la tarde.

-¿Ah?

-¡Qué! ¿Pensabas que el príncipe Jones se quedaría varado y regresaría en bus? … Arthie, Arthie, Arthie ¡eres tan predecible!

-¡ya basta!

-Buenos, pero si no quieres más, por lo menos podrías usar el tiempo que aún nos queda hasta que nos recojan en ducharte, las toallas están en el baño al igual que todo lo que necesites.

-Necesito ropa interior limpia.

-¡No Problem! Te puedo prestar algo mío, creo que tengo unos boxers limpios en el segundo cajón de arriba hacia debajo de la corrida del medio en el estante del baño. Por mientras, pediré que retiren la mesa y jugaré con mi consola de videojuegos.

-Bien, Gracias Alfred.

-Por nada.

Me paro de la mesa y me dirijo al baño, llevo mi bolsito y abro el agua caliente. Corro la cortina y a medida que me voy desvistiendo, el agua escurre hasta finalmente estar tibia a mi gusto, una vez que me quito la camisa y mi ropa interior, me meto a la ducha y me mojo el cabello inmediatamente, y busco algún envase de champú para lavar mi cabello. Creo que debí pensar en esto antes de entrar a la ducha. Con la mano alcanzo una toalla limpia y me seco un poco para Salir de la ducha a buscar con que lavarme el cabello y jabonarme el cuerpo. Una vez que encuentro un champú con una botella tan elegante, que me dio un poco de cosa ocupar, al igual que el jabón líquido.

Luego de tomar ambas botellas, regreso a la ducha, y coloco un poco de champú en mi mano izquierda, un poco menos que el tamaño de una moneda para ser exacto. Comienzo a lavar mi cabello, haciendo espuma, Mientras dejo que actué por unos instantes, repito lo mismo con el jabón, a diferencia que mientras paso mis manos enjabonadas por mi cuerpo, recuerdo a Alfred. Suavemente pasaba mi mano enjabonada por mis brazos, estómago, cintura… pensando que es Alfred quien lo hace, que es Alfred quien me toca y acaricia así de despacio como yo lo hago. Bajo ambas manos a mis muslos y me detengo. ¡Es demasiado pervertido en lo que pienso! Y por otro lado irreal, Alfred jamás se fijaría en alguien como yo.

Termino de jabonarme y de enjuagarme, intentando alejar esos pensamientos de mi mente, y lo logro. Una vez que ya he finalizado mi ducha, cierro el grifo del agua, me envuelvo en una toalla de la cintura hacia abajo, luego salgo y me seco el cuerpo y el cabello con otra toalla. Me seco en cabello, en lo que Alfred entra al baño. ¡Rayos, olvidé colocar el seguro de la puerta! Rápidamente, me giro dando la espalda al heredero del trono, ya que no quiero que vea esa fea marca que llevo en mi hombro. Pero al parecer, la notó.

-¡Wow Arthur! ¿Tienes un tatuaje en el pecho?

-¡Claro que no, idiota!

-¿Entonces qué es?

-Una marca de nacimiento. Ahora déjame en paz.

-Dude, déjame verla.

-No, es muy fea.

-¿Por favor? – siento que se acerca, y me pongo nervioso- solo quiero ver como es.

-¡Que no!

En eso suena el celular de Alfred, este sale del baño para contestarlo, lo que me da un suspiro de alivio. Corro a cerrar la puerta con seguro, y rápidamente me coloco mi camisa. No puedo creer que Jones casi ve esta estúpida y fea marca de nacimiento. Una vez que termino de secarme el cuerpo, medianamente el cabello, y de vestirme con la ropa que traía en el bolso, salí del baño, no antes sin dejarlo ordenado y limpio, y me senté junto a Alfred en el enorme sofá, mientras el chico intentaba buscar zombies y exterminarlos. Lo gracioso era, que cuando los zombies aparecían de improvisto, Alfred chillaba como un pequeño niño asustado. Me atreví a acariciar su cabello para calmarle, pero cuando acerqué mi mano, Jones me sujetó bruscamente de la muñeca, haciéndome soltar un leve gemido de dolor. Inmediatamente me dejó libre, pero volteó a verme directamente a los ojos, con una expresión un tanto fría y enfadada en el rostro. En ese instante me dio mucho miedo.

-Nunca intentes hacer eso, Kirkland.

Me dijo fría y secamente. Todo mi interior se llenó de una especie de escalofríos extraño, y una sensación agria recorrió mi interior. Dejó el juego y apagó la consola, luego se puso de pie y se fue al otro extremo de la habitación para hacer una llamada, dejándome solo y completamente desconcertado ahí en el sofá. Mi subconsciente aparece triunfante, restregándome en la cara que Alfred no está interesado en mí, y que lo olvide de una buena vez, o de lo contrario, podría salir gravemente lastimado. Alfred no miró hacia atrás, simplemente hablaba por su celular, furioso, tratando terriblemente mal al receptor con el cual se comunicaba. Me compadecí enormemente de aquella pobre persona. Creo que después de todo, Alfred y yo somos polos completamente opuestos.

Me quedé sentado, mirando mi muñeca, cuando Alfred regresa con una bolsita de hielo, se sienta junto a mí y me hace una seña para que extienda mi muñeca, le miro desconfiado, pero la serenidad en su rostro me hace arriesgarme. ¡Imbécil! Primero me lastima y luego intenta ayudar. Extiendo mi muñeca, y Alfred cuidadosamente coloca el hielo en la zona irritada. Este idiota tiene mucha fuerza, de verdad que yo lo había mirado en menos en ese sentido. Aunque con esos divinos, perfectos y marcados músculos, ¡Oh rayos! Que precioso es… No puedo creerlo, pero creo que me siento tal y como me sentía a penas lo vi por primera vez… como una quinceañera a punto de perder su…

-¿Qué piensas, Arthur? –Me pregunta Alfred, provocando un enorme sonrojo en mis mejillas- ¿Por qué te muerdes el labio?

-Y-yo no estoy… -voltee la cabeza, y la mano libre la coloqué en mi Menton, mientras apoyaba el codo en una rodilla- ¡Eres un idiota!

-No quise lastimarte. Pero de verdad, odio que toquen mi cabello o lo que sea de mi cuerpo. Más bien, si es para hacerme sentir débil.

-¿Débil?

-Yes, se supone que soy un héroe. Los héroes no le temen a nada.

-A veces si tienen miedo.

-Pero los héroes enfrentan sus miedos porque son fuertes, no esperan a que su damisela en peligro, o en este caso damiselo, les reconforte cuando tienen un pequeño miedo. No es que yo haya tenido miedo, Hajajaja soy genial y los geniales no se asustan. Pero no quiero que hagas eso otra vez.

-Alfred, no me lastimaste.

-¿ah no?

-No.

…TÚ NUNCA ME LASTIMARÍAS…

¡Ahora son mis pensamientos! No puedo creer que por un minuto pensé tales estupideces. Me siento como en el inicio de todo, cuando recién la conocí. A diferencia que ya no actuó tan torpemente como antes y que me he acostumbrado a tutear a este idiota. Pero por muy idiota que sea Alfred, no puedo evitar sentirme así. Creo que nunca me había sentido atraído por nadie, ni siquiera Francis, y ahora que experimento ese sentimiento de "derretirse por alguien" resulta que es el equivocado, el heredero al trono, el empresario más joven y exitoso de nuestro reino, el excéntrico, filántropo y hermosamente perfecto Alfred F. Jones, alguien que jamás se fijaría en. Yo creo que no me ve ni como amigo. Pero aun así, yo pienso en él.

Quisiera quitarlo de mi mente de una buena vez, pero ni borrándolo completamente de mi retina, podría removerlo de mi corazón. ¡Como lo detesto! Lo detesto porque quiero besarlo, abrazarlo y decirle que…

-¡Arthur, reacciona! – siento que chasquea los dedos frente a mi rostro- ¡Te digo que ya llegó el helicóptero a buscarnos! El jet no tenía como aterrizar, por lo que enviaron el helicóptero real, que nos espera en la azotea.

-Ah… a… ¿La azotea?

-Si si… En la azotea hay un helipuerto, subamos que nos esperan.

-Ah, bien. Gracias Alfred.

-Por nada Arthur.

Ambos caminamos hacia la puerta de entrada, una vez que salimos, Alfred cerró con llave la enorme habitación, y luego bajamos las escaleras, hasta llegar al último piso ejecutivo. Cuando llegamos, cruzamos el piso desde la puerta de las escaleras a otra puerta blanca paralela a esta, la cual después de empujarla, nos dio paso a otras escaleras, solo que estas eran rectas y largas. Al llegar al final de las escaleras, pude notar que estas conducían a la azotea del edificio, el cual tenía una gigantesca letra "H" sobre la cual había un helicóptero, muy elegante a decir verdad, de un blanco brillante con diseños azules de picas, y el símbolo real. Alfred se acercó a mí, y antes de que avanzáramos hacia la azotea, metió su mano a mi bolso, como si buscara algo en su interior.

-¿Qué buscas, Alfred?

-¿Cómo rayos se usa esta cosa?

-Alfred, dime que necesitas.

-Tu cintillo para el cabello y tu pañuelo de seda.

-¿Par que los quieres ahora?

-¿A caso se te olvidó que eres mi novia?

-Alfred, por favor ¡n-no digas esas cosas!

-Pero el señor que pilotea el helicóptero es conocido de uno de los parlamentarios que había ayer en la boda, y también es un hombre muy chismoso. ¡Hazlo por mí, Arthur, te lo pido!

-Ahh, está bien. ¡Pero es última vez!

-Ha jajá, gracias Arthie

-No lo menciones.

Le paso a Alfred el cintillo y el pañuelo, y el más alto se paró enfrente mio, colocándome el cintillo, luego de que lo acomodó cuidadosamente en mi cabello, subí la mirada y me encontré con su rostro serio, sus ojos azules brillantes y sus mejillas completamente coloradas. Tenía la cabeza agacha y pasaba el pañuelo de seda por mi espalda, rodeándome suavemente y acercándome a su cuerpo. La distancia cada vez disminuía, nuestras miradas se encontraron. Podía sentir el ardor de mis mejillas, a la vez que mi mirada se perdía en esos zafiros preciosos. Nuestra distancia se acortaba lentamente. Alfred me rodeó con sus brazos los hombros, y ya casi ni quedaba distancia entre nuestros labios. Me decidí a tomar un pequeño impulso para besarle, Alfred hizo lo mismo, pero nuestros labios no se encontraron. A lo lejos, desde helicóptero, un hombre de unos cincuenta años presenciaba la escena, y justo en el instante que fundiríamos nuestros labios en un anhelado beso, el hombre interrumpió, arruinando el momento.

-¡Ya es hora de partir tortolitos, pueden seguir dándose besitos cuando lleguemos a Espadas!

Ambos nos separamos instantáneamente mirando hacia el lado contrario al que se encontraba el otro. Yo sujetaba mi cara y fruncía en seño, mientras Jones reí tontamente y pasaba su brazo derecho por detrás de la nuca.

El hombre se acercó a Jones, entregándole el plan de vuelo, y dándole las indicaciones de este. Alfred, aun con el rostro levemente sonrojado, sonrió y avanzó con el hombre, quien le explicaba los controles. Luego de unos minutos de conversación en un idioma demasiado técnico en cuanto a lo que de helicópteros se refiere, Alfred me toma de la muñeca y se dirige al helicóptero, una vez parados frente al autogiro, Alfred me ayudo a subir. El helicóptero tenía dos corridas de asientos, aproximadamente para cuatro o cinco personas. Jones se acercó y acomodó mi asiento, me ajustó el arnés de seguridad y luego cerró la puerta, le ajustó el seguro y de dio la vuelta para sentarse a mi lado, ajustar su arnés de seguridad y esperar que el piloto se suba y ponga en marcha la máquina.

Una vez que despegamos, o como se diga, Alfred me dijo que en una hora diez estaríamos en Espadas. Giré la cabeza para intentar ver hacia afuera, pero no pude ver mucho. Jamás había volado antes, por lo que comencé a sentirme un poco mareado. Alfred lo notó, y discretamente colocó su mano sobre mi rodilla, lo cual me puso nervioso y me hizo sonrojar. El piloto volteó para preguntar como andaba todo, y al vernos, soltó una risita, seguida de comentario "!Al fin te encuentras una chica bonita, eh Jones!".

Alfred no retiró la mano, pero si se sonrojó un poco. Yo me sonrojé bastante. Una vez que llegamos a Espadas y estábamos a punto de aterrizar, Alfred parecía serio nuevamente. Pasó de estar alegre y comportarse de manera seductora e infantil, a ser un hombre completamente frio y serio. Nuevamente se dio cuenta de lo que pensaba. Al parecer tiene poderes telepáticos o algo. ¡Pareciera atinarle a este tipo de pensamientos! O tal vez, solamente se puede percatar de lo que estoy sintiendo.

-¿Pasa algo?

-No, no es nada.

-Sí, algo te sucede. ¿Es or que comienzo a actuar de manera madura?

-Exacto. No comprendo por qué eres tan cambiante.

-Ah –suspiró- verás que al ser el heredero al trono, tengo que comportarme de manera seria y mantener el protocolo.

-Pero ¿Por qué conmigo eres tan infantil?

-E-es que… cuando estoy contigo, creo que puedo ser yo mismo.

-A-Alfred… tú…

-Arth… Alice, necesito decirte algo, antes de que aterricemos y tenga que actuar de manera recatada nuevamente.

- Anda, dime.

-Es que… ¡uf! Que nervios, ya sabes, tengo que usar todo el tiempo esta máscara de hombre serio, maduro y me es difícil ser directo con las personas, pero yo…

-¡Ve al grano, Jones!

-¿Quieres ir a comer algo conmigo? Ya sabes, después de la reunión esa en tu Universidad.

Me quedé reflexionando unos minutos, incluso mi hada me miraba fríamente con sus brazos cruzados, pero luego me dije ¡Qué más da! El chico es apuesto, tiene mi edad y confía en mí, puede ser que el idiota se comporte, a veces es impulsivo e infantil, pero aun así es tonto es u galán.

-Alfred, no tengo teléfono para llamarte.

-Si recuerdo, rompiste el tuyo.

-Sí, y me corté la pierna con…

-No fue con tu teléfono. Aquella noche caíste sobre pedacitos de vidrios de botellas rotas que había en el suelo, tu teléfono roto no fue lo que te cortó, en realidad te protegió de enterrarte aún más ese vidrio que te saqué mientras seguías desmayado.

-Ah, no sabía eso. Solo recuerdo que sentí el dolor y pensaba que era por el teléfono.

-Eso no suena muy lógico.

-Tienes razón. Entonces ¿Cómo nos juntamos?

-Hm… ¿Te parece que te vaya a buscar a la salida de tu sede?

-Buena idea. La charla de pre-graduados durará como una hora y algo.

-Okay, puedo esperar un poco.

El helicóptero aterrizó en la azotea de un edificio de la clase alta. No era el edificio en el que conocí a Alfred, pero era uno de los de las empresas Jones. Una vez que bajamos del helicóptero, caminamos hasta las escaleras, Alfred le dio las gracias al hombre, y luego de que bajamos cada peldaño, llegamos le último piso, estructuralmente similar a los otros dos que visité. Luego nos dirigimos al ascensor, y bajamos hasta el estacionamiento en el subterráneo del edificio. Cuando estábamos ahí, en aquel enorme lugar de cemento pintado azul con un par de autos aparcados. Al fondo, había un lugar reservado, era muy elegante. En aquel lugar, había estacionado un Audi A1 convertible azul. Era el auto de Alfred.

Nos subimos a su vehículo, el cual por dentro era muy elegante y espacioso, y tras abrocharme el cinturón de seguridad, nos ponemos en marcha. Alfred sonríe y me comenta que de todos sus automóviles, este es su favorito, y prefiere conducirlo por su cuenta. Las calles son hermosas, o al menos lo son en el barrio alto de Espadas. Mirar por la ventana hacia afuera y ver tan elegantes mansiones y calles limpias, no tiene precio. Es un sueño vivir en estos lugares, barrios tranquilos, sin temor a ser asaltado, con un enorme jardín y piscina. Aunque no sé nadar. Seria hermoso vivir en una de estas casas, por algo me he esforzado tanto en mis estudios, para poder tener un trabajo decente y vivir en esta zona del reino. Todo esto es como un sueño, enormes entradas a las enormes mansiones. Aunque me deprime el hecho de saber, que socioeconómicamente no pertenezco a este lugar. Nuevamente, Alfred lo nota.

-Qué sucede Arthur, ¿Acaso no te gusta este barrio?

-Me encanta, es como un sueño, pero…

-Temes no encajar aquí.

-Es que en realidad, no encajo.

-¡No pienses así!, eres lindo e inteligente, de seguro que encajas en cualquier lugar, y eso que no acostumbro a alagar a las personas a menos que lo merezcan. ¡Tú lo mereces!

-Alfred, no te digo que no sea un barrio soñado para vivir, tener una mascota, un conyugue y criar hijos, pero de verdad temo que la sociedad me juzgue.

-Se lo que se siente. La sociedad me juzga demasiado, y para mí, este barrio a pesar de ser más bajo que en donde vivo aunque quede en una zona más alta de la ciudad, me parece tranquilo, ideal para tener una vida plena y un final feliz, lejos de ese palacio infernal.

-¿Por qué crees que es infernal, Alfred?

-Porque no hay libertad. No puedes tener una mascota, ni un conyugue, ni criar hijos. Y en el caso de que se pudiese, ¿Quién rayos querría tener una mascota e hijos conmigo?

-Hay muchas mujeres peleándose…

-Lo hacen por el trono, no por Mí. Nunca ha sido de mí. Tú eres el primero que me ve como Alfred, no como el señor Jones ni como su alteza. Todos me ven como un empresario y/o un heredero al trono. Eres el primero que me ve como persona.

El resto del camino fue silencioso, bajamos desde la zona de mansiones, a la de casas grandes y lujosas, luego pasamos por el barrio de altos y costosos edificios, rodeamos el palacio y alcanzamos al parque que divide el lado rico y el lado pobre de la cuidad, una vez que cruzamos el parque, atravesamos por la clase media alta, y tras algunos minutos en los que quedamos en una congestión vehicular en la zona de clase media, llegamos a mi barrio, la clase media baja. La diferencia es enorme, pero al fin estoy en casa. Alfred me deja en mi edificio, en la puerta para ser exactos, y una vez que ambos nos despedimos de un abrazo, me quito el cintillo, el pañuelo y rápidamente los guardo en mi bolso mientras camino desde la recepción hasta el ascensor.


HAJAJAJAJÁ ~ -risita heróica plz-

Espero que les haya gustado este capítulo, y que no quieran matarme por el hecho de que nuevamente no se besaron... caso wn casi... pero no lo hicieron por culpa de ese viejo piloto de helicópteros (;A;*) pero bueno... por lo menos el gordo le tocó la piernecita a Arthie ... asi que cuenta como algo.

Y bueno, ya no se que más escribir, más que espero poder actualizar pronto, esta vez ya comencé a escribir lo que sigue, aunque no daré spoiler ni adelanto por que tengo sueño y quiero dormir, son las cuatro y cuarto de la mañana aprox, y no he estudiado para mi disertación de Hitler, aunque tampoco lo necesite.

Hasta la próxima, cuídense y que estén bien... !Nos leemos luego!


Alfred: !Por lo menos dejame besar a Arthie~
J.K. Fraanchi: muahahaha...
Alfred: !Pero que villana eres! te las verás con el hero
J. : Paciencia! ... es mejor que esperes y verás que valdrá la pena

...